Aquí relato nuestras salidas por los caminos del Berguedà y comarcas vecinas. Como lo pasamos muy bien, queremos comunicar sobre todo buen humor y alegría pero también tiene un fondo muy serio: el camino como bien patrimonial, pieza esencial para entender la historia y digno de conservación. Es nuestra misión desde hace más de 15 años.



martes, 23 de abril de 2013

12/4/2013 – Canal de Verdaguer


Hoy estamos de enhorabuena. Nos acompaña un conocido de hace tiempo. Me pide que le guarde el anonimato pero sí puedo revelar que es toda una autoridad en el mundo del excursionismo y su interés (u obsesión, según si mire) actual gira en torno a los hornos de alquitrán de pino (forns de pega, en catalán). Evidentemente, Pep está encantado de tenerlo con nosotros; por fin, puede hablar con alguien de su mismo nivel.

Hoy toca la Canal de Verdaguer. El único acceso practicable es desde el Collet de les Fustes pero esta vez Pep propone pasar por el Molí de Pedret, Santeugenia y Bossoms y luego subir una cresta hasta llegar al Collet. No acaba de explicar las razones de esta decisión.

Aparcamos una vez más en el Pont de Pedret y tomamos el camino hacia el molino. Es un camino muy bonito, plano y recomendable para salidas de familia y las ruinas del molino añaden un punto de interés. Mientras Pep conversa animadamente con nuestro invitado, entramos en la pista de Santeugenia pero en vez de pasar por el camino antiguo que iba enlazando las casas de Santeugenia, el Llevaig y Bossoms, toma la pista que sigue el Rec de Bossoms.

Esta pista, aparte de ser bastante fea, sube y baja como una montaña rusa. “¿Por qué no has tomado el camino de las casas?”, me atrevo a preguntarle. “Es más recto”, me dice escuetamente y reanuda su conversación con nuestro invitado. Llegamos a la Font de Bossoms; al lado, sigue el camino a la casa pero Pep pasa de largo y sigue por la pista. “¿Por qué no has tomado el camino?”, le pregunto, acusador. “Lo de más recto ya no vale. Por la pista es más largo”. “Así tengo más tiempo para hablar con nuestro acompañante”, por fin me contesta, acorralado. Está claro que mis preguntas le importunan y me callo.

La casa de Bossoms. Detrás, las montañas de Figols

Llegamos a la casa de Bossoms, todavía entera pero deshabitada y rodeada de prados. Tomamos otra pista hacia el norte que luego dejamos para subir una áspera cuesta sin camino. En una superficie de roca inclinada, Pep ve un dibujo inconfundible. Indica la ubicación de un horno de aceite de enebro. Como la bolsa de Mary Poppins, nuestro acompañante abre su mochila y empieza a sacar cosas. Todo lo necesario para limpiar y desbrozar, una cinta de medir, hasta una cuerda de escalada.

El dibujo del horno de aceite de enebro

Una vez satisfecha nuestra curiosidad, continuamos la subida hasta llegar a una pared de roca. Nuestro acompañante y Pep se meten dentro del boj y suben con cierta dificultad. “No vengas, Steve”, me dice Pep. “No subirás”. “¿Tampoco con una cuerda?”, pregunta nuestro acompañante desde arriba. “Tampoco”, confirma Pep.

No llego a ver por donde han subido y opto por buscar otra ruta con Carles. Igual sí que lo podría haber subido pero nunca lo sabré. De todas formas, encontramos un tenue camino de flanqueo que seguramente era el camino que venía al horno desde la casa de Sant Miquel y lo seguimos hasta encontrar un lugar más fácil para subir.

Pep nos comunica que hace 20 años le dijeron que había un horno de aceite de enebro pero nunca lo había conseguido encontrar, hasta ahora. Al final, todo llega.

Llega la primavera a marchas forzadas. Narcisos silvestres cerca del Collet de les Fustes.

Llegamos al Collet de les Fustes e iniciamos el descenso de la Canal del Verdaguer. Bajar estas canales, sobre todo ahora con los caminos recién limpiados, es una delicia. El sol acaricia pero no agobia; además, estamos protegidos por las hojas de los árboles. Los pájaros cantan como si quisieran darnos la bienvenida. Aparte de nosotros, los únicos indicios de presencia humana son el camino y las carboneras espaciadas a intervalos regulares.

Musgo en los árboles en el tramo inferior de la Canal de Verdaguer

Y así llegamos al camino transversal que va enlazando las distintas canales, ya cerca del pantano. Ahora toca dar la vuelta y buscar el camino lateral que pasa debajo de la Cingle de les Cabres. Subir estas canales, a pesar de tener los caminos recién limpiados, es un suplicio. El sol sólo hace que sudemos más, y el sudor me entra en los ojos y produce un incómodo escozor. Las hojas y las ramas de los árboles nos obstaculizan y rascan. Los pájaros, parece que se mofan de nosotros con sus cantos burlones.

Cruzamos el fondo de la canal para tomar el camino lateral. Carboneras y más carboneras. Llegamos a una bifurcación y giramos nuevamente para tomar el camino que pasa a pie de precipicio en la Cingle de les Cabres. Por fin, salimos a un collado, con una magnífica vista delante y aquí comemos.

Después de comer, empalmamos nuevamente con el camino de la Canal de Verdaguer y volvemos a salir en el Collet de les Fustes. “¿Tanto bajar y subir para acabar en el mismo sitio?”, me pregunto. La tentación de dejarme llevar por pensamientos lúgubres sobre la futilidad de la acción humana es enorme, pero los otros ya se marchan hacia La Covil y yo tengo que pedir un favor a Pep.

Camino empedrado cerca del Molí de Pedret; foto tomada en 2004

Por la mañana, no había podido sacar fotos del Molí de Pedret y le pido que vayamos hacia la Font Bona desde La Covil en lugar de pasar otra vez por la Mesquita. Pep accede magnánimamente. Desde un collado cerca de la Font Bona, baja un camino serpenteante que desemboca en los campos de Santeugenia y así llegamos otra vez al Molí de Pedret. Pero la luz no es buena y tendré que tirar de fotos de mi archivo.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 11,5 km; 850 metros de desnivel acumulado.

Nota histórica: Los hornos de aceite de enebro (forns d’oli de ginebre, en catalán) se construían sobre una roca plana e inclinada sobre la cual se marcaban unos surcos. Sobre un pequeño fuego se colocaba una lata con ramas cortadas de enebro dentro y se destilaba la madera. El aceite salía por unos agujeros en la lata y corría por los surcos hasta llegar a un recipiente. Se utilizaba como medicina popular, sobre todo para animales.

viernes, 29 de marzo de 2013

22/3/2013 – Canal del Sant y Canal de l’Avellanosa


Un cúmulo de circunstancias me han impedido salir hasta ahora. En el fin de semana del 9 y 10 de marzo, estuve en Inglaterra. Cuatro días sin ver el sol, con frío y humedad mientras aquí se disfrutaba de un tiempo cálido y primaveral. Ese fin de salida, Pep y Carles recorrieron la carretera del valle del Llobregat, anotando puentes y molinos.

Pero hoy por fin podemos reanudar nuestro repaso de las canales de Picancel. En el Mikado, Pep mira con desaprobación mi magdalena. “No sé cómo puedes comer esas bombas de colesterol”, me dice. Pregunto a Marta, la dueña del Mikado, cuánto pesa cada magdalena. Entra en la cocina. 85 gramos, me dice cuando sale. Sumando 4 semanas desde la última salida, eso hace 2,5 kilos. Un buen stock.

Como Pep quiere hacer todas las canales por orden, parecía que hoy haríamos la Canal de l’Avellanosa y la Canal del Verdaguer. Seguimos la misma ruta que la salida anterior hasta la casa de Mesquita. Aquí, giramos a la izquierda y tomamos el camino que va al collado de la Terma Alta, una piedra clavada que marcaba la división entre los dominios de los Pinós y los de los Berga; aún se pueden ver los escudos grabados.

La Terma Alta

Y el escudo de Berga

El camino continúa hacia el norte, limpiado recientemente por los cazadores. Aquí está La Taleia (o Atalaya en castellano); aún no hemos decidido si es una simple casa o algo más antiguo. Mientras vamos bajando, empiezo a hacer cálculos y algo no cuadra. “¿Cómo vamos a llegar a la Canal de l’Avellanosa?”, pregunto a Pep. “Y si subimos la Canal de l’Avellanosa y bajamos la Canal del Verdaguer, ¿cómo vamos a llegar al coche desde allí abajo?”. “Es que nos falta la Canal del Sant”, me contesta, mientras examina sus uñas. “Ya estamos otra vez con las agendas ocultas”, pienso. “¿No dijiste que no había camino para subir esa canal?”, le digo. “Dije que no lo había visto, no que no hubiera”, precisa Pep.

El camino de la Terma Alta a la Taleia

En eso llegamos al collado donde está la Taleia y bajamos hacia el este, hasta la entrada de la Canal del Sant, marcada por una gran carbonera. Y efectivamente se ve un camino que sube por el centro del valle, ahora despejado por los cazadores. Vamos empalmando carboneras, desviándonos brevemente para mirar un camino lateral que se encamina hacia la Terma Alta pero sin llegar a conectar por lo tapado. En total, 200 metros de desnivel que llevan la magdalena al límite de sus posibilidades. En el collado arriba, llamado Passant del Llop en el mapa del Alpina, vemos que el camino continúa en descenso al otro lado y finalmente nos deja en los campos de la Mesquita.

La entrada de la Canal del Sant. El musgo que cuelga de los árboles es uno de los alicientes de estas canales

Nos dirigimos al camino del Cap de l’Avellanosa. Allí, en el collado, se ve un camino un poco perdedor que inicia el descenso. De hecho, de tan perdedor que es, lo perdemos pero recuperamos un camino muy marcado en el primer collado de los Agullons del Sala y que es lo que conocía Pep. Este camino entra en el centro de la canal y luego sigue bajando por el lado izquierdo. Entre las típicas carboneras, vemos muros que nos dejan un poco perplejos: no tienen la forma de carboneras; y encarados hacia el norte, no pueden ser campos. Al final, deducimos que pueden ser bancales para el cultivo de los avellanos que han dado nombre a la Canal.

Después de la dura subida de la Canal del Sant, la bajada es muy relajante. Llegamos a un collado que marcaría el final de l’Escanyacabres. Aquí hay un cruce de caminos. A la izquierda, el camino de vuelta a la Canal del Sant; a la derecha, el camino a la Canal del Verdaguer; y delante, el camino que habría cruzado el río Merdançol, ahora cortado por el pantano. Seguimos este último un rato hasta que empieza a bajar demasiado y luego volvemos al cruce.

Decidimos almorzar en la carbonera a la entrada de la Canal del Sant. Aquí cada uno escoge una piedra y un lugar para sentarse según su rango y antigüedad.

Vista de la presa desde encima de Pedret. Detrás, el pantano y las montañas de Figols

Sólo nos queda deshacer el camino hasta Pedret, pasando nuevamente por la Terma Alta. Salimos a la iglesia ante un paisaje idílico. Hace sol con una brisa suave y la cantidad justa de nubes para ir variando la luz. Los prados tienen un verde perfecto. Cantan los pájaros, revolotean las mariposas. Una mujer lee bajo un árbol acompañada por sus dos perros. Cuando llegamos al coche, ya está llegando más gente dispuesta a pasar un final de tarde al aire libre.

Berga y Queralt desde Pedret con la luz de la tarde

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 11,9 km; 830 metros de desnivel acumulado.

domingo, 24 de febrero de 2013

21/2/2013 – Regreso a Picancel


Avanzamos la salida un día esta semana por la previsión de mal tiempo. Ya habíamos hablado de volver a las canales de Picancel. “Hay que repasarlo todo”, me confesó Pep. Los primeros mapas de 1:5000 que tuvo Pep fueron precisamente de estas montañas y si no me hubiera conocido un año después, igual hoy todavía estaría subiendo y bajando esos inhóspitos barrancos. Sea como sea, Pep no desaprovecha la oportunidad de culparme a mí el hecho de que haya estado alejado tanto tiempo de su amada sierra.

Pep tiene un compromiso a primera hora y quedamos que no iría al Mikado hasta pasadas las 8.30. A las 8.40, cuando estoy a punto de salir de casa, Carles me llama indignado. Ya lleva 45 minutos esperando, ha desayunado y está en la calle. Evidentemente, hubo un fallo de comunicación pero yo, sin café y magdalena, no doy un paso y consigo convencerle para que vuelva al Mikado. Pep no tarda en llegar. Repasando opciones, Pep decide empezar desde Pedret. Yo no he traído mapas para esa zona así que iremos ciegos, con sólo el mapa del Alpina para orientarnos.

Dejamos el coche en el puente gótico de Pedret sobre el Llobregat, reclamo turístico de primer orden, y subimos hacia el segundo reclamo, la iglesia de Pedret, abierta para visitas guiadas los fines de semana.

 Pont de Pedret

Iglesia de Sant Quirze de Pedret

Pep decide subir a la casa de la Mesquita por las pistas para así tener más tiempo para charlar con Carles de sus avances en los archivos. Les recuerdo que estoy esperando las fichas. Pep me mira con aire reprobador. “Tiempo al tiempo. Todavía estamos planteando cómo vamos a hacer las fichas. No quieras correr antes de andar”. Empiezo a sospechar una conspiración para impedir que mi best-seller vea la luz del día.

En eso llegamos a las ruinas de la casa de la Mesquita. Su nombre no tiene nada que ver con la conquista árabe de la península ibérica sino que quiere decir “pobre” en catalán antiguo. 

Ruinas de la Mesquita

En el fondo, Puig Arbessós, visto desde la Mesquita. Aquí hay los restos de un castillo pero el acceso no es nada fácil

Pep quiere ir hacia la izquierda a la Terma Alta, la Taleia y subir la Canal de l’Avellenosa. Yo tenía una colita en el camino que va a la casa de Covil e insisto en que vayamos a la derecha para buscar esa colita. Tras cierta resistencia, Pep finalmente accede y, unos 10 minutos después, nos plantamos en la colita. El camino parece recién limpiado por los cazadores pero, aún así, Pep duda de su autenticidad … hasta que llegamos a la primera carbonera.

Seguimos subiendo hasta salir al Cap de l’Avellenosa. A nuestra izquierda vemos la curiosa formación llamada l’Escanyacabres y delante el camino que baja por la Canal de l’Avellenosa. 

El lomo de l'Escanyacabres. Al fondo, el pantano de La Baells

Seguimos hacia el este y entramos en una zona de campos, que se debían cultivar desde la casa de Covil. Seguimos subiendo y salimos en los Agullons del Sala, una de las muchas aristas que se extienden hacia el pantano. Salir de repente de los árboles con el precipicio delante nuestro y la enorme pared que corta la Canal del Verdaguer me produce una sensación muy extraña en las piernas y el estómago y un fuerte deseo de aplastarme contra el suelo como una cucaracha para no caer en la tentación fatídica de acercarme al borde.
 Mirando hacia la Canal del Verdaguer. La foto no hace justicia a la abrumadora impresión de vacío.

Pep inicia a Carles en los misterios de las canales de Picancel

Justo en ese momento, se despejan las nubes y sale el sol. Pasamos un rato aquí digiriendo las sensaciones y las vistas, ya que ni siquiera Pep ha estado aquí. “A ver si podemos bajar a la Canal”, musita Pep. “Esa aparente resistencia inicial a mi propuesta, ¿no habrá formado parte de una agenda oculta para traernos al fondo de la Canal del Verdaguer?”, especulo, mientras bordeamos el abismo en busca de una manera de bajar. Finalmente, llegamos a una canal secundaria con una pendiente asequible e iniciamos el descenso, sin saber si nos veríamos frenados por un salto infranqueable y tendríamos que volver a subir. Pero luego se intuye un camino, que va cobrando claridad, hasta entrar en el camino principal.

Carbonera en la Canal del Verdaguer. Observad el negror de la tierra.

Yo había subido la Canal del Verdaguer con Pep hace muchos años pero era otra ruta que se aparta del fondo del valle. Esta vez se ve un camino muy claro, con signos de haber sido limpiado no hace mucho, que va pasando por carboneras. Bajamos unos 100 metros de desnivel por el valle y, durante la próxima hora, exploramos caminos secundarios antes de reemprender la subida nuevamente, saliendo en el camino señalizado de Sant Miquel a Covil en el Collet de les Fustes, que recorre la cresta.

Pep se apoya con ademán relajado en su bastón. Para él, esos barrancos son como su segunda casa.

Todo este valle sirvió de refugio para el maquis después de la Guerra Civil y la casa de Covil fue su cuartel general. Para acabar con ese nido de avispas, la Guardia Civil obligó a todos los habitantes del valle de la Portella a marcharse y dinamitó la casa de Covil. En esa casa almorzamos.

Camino a Covil desde el Collet de la Fusta

Desde Covil, hay dos posibilidades para volver a Pedret. Por la izquierda, pasando por la Font Bona o por la casa de la Mesquita. A mi me parecía que por la izquierda sería más recto pero Pep prefiere por la derecha y así se hace. Y menos mal que no me hizo caso, dirá Pep cinco minutos después, porque muy cerca de la casa, Carles ve unas piedras sospechosas en el bosque y resulta ser la casa medieval de Covil.

La casa de Covil

“Las veces que he venido por este camino y no la he visto”, se lamenta Pep. Pero a veces hace falta una mirada fresca. Seguimos el camino a la Mesquita, de mucha categoría aunque no señalizado. Como otros caminos en Picancel, muestra signos de erosión por el paso de motos en los puntos de más pendiente y, a juzgar por las huellas, parece que siguen viniendo, a pesar de que esté prohibido.

Desde La Mesquita, tomamos el camino de la cresta hacia el sur, saliendo en la Rasa del Guimbas, y desde allí, sólo hace falta seguir la pista que bordea el torrente hasta llegar a la iglesia.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 11,0 km; 590 metros de desnivel acumulado.

PD. Picancel es una sierra con picos en forma de dientes de sierra que va de oeste a este desde la presa del pantano hasta Borredà, flanqueando la ribera sur del Merdançol. Visto desde la carretera de Vilada, parece impenetrable pero la verdad es que está lleno de caminos, algunos para explotar el bosque y otros más importantes para acceder a distintos puntos del valle de la Portella. Vamos a dedicar al menos una parte de la primavera a repasar esta misteriosa sierra.

15/02/2013 – Luces y sombras en Cal Cabanes


Pep me dice que escoja yo el lugar para la salida de hoy pero he estado muy ocupado y llego al Mikado sin ideas. En la tele, se suceden las revelaciones sobre corruptelas; se ve que nuestras instituciones políticas y económicas están podridas.

Pero Pep y Carles tienen temas más importantes a considerar; los tentáculos de sus investigaciones se van extendiendo desde las fraguas y ahora llegan a los molinos. Eso promete no acabar nunca. Les advierto que estoy esperando las fichas para escribir mi best-seller y hacer millonaria a mi mujer, a lo cual Pep me contesta que irían más deprisa si yo echara una mano. Pero no me veo leyendo manuscritos en catalán antiguo (o peor aún, latín medieval) en un archivo y vuelvo a centrarme en buscar la salida de hoy.

Al final propongo que volvamos a la zona de Sobirats e intentemos sacar algo más en claro de esa zona confusa. “Hay un molino en Cabanes”, añado a modo de señuelo.

Aparcamos el coche en el collado al lado de la casa de Cal Cabanes, debajo de Sobirats. La primera tarea es buscar el camino que iría hacia Platetes, que encontramos con relativa facilidad, saliendo de una pista. El camino desemboca al final de otra pista y nos desviamos para explorar los caminos que bajaban hacia el sur y el norte, bordeando el Merdançol e incluidos algunos en la Xarxa Lenta.

Camino a La Teiola, con la marca amarilla de la Xarxa Lenta

Volvemos a subir y entramos en la umbría, con pistas nuevas y signos evidentes de una tala reciente. Pep protesta una vez más contra la proliferación de pistas pero veo que han cortado los pinos y dejado las hayas. Argumento que dentro de unos 20 años, todo este valle será un hayedo precioso y las pistas excavadas en las laderas se habrán convertido en vías cubiertas de hierba, con flores silvestres en las taludes, invitando a tranquilos paseos familiares para disfrutar de la naturaleza.

Pero lo cierto es que la visión actual no es muy amable y continuamos por la pista, dejándola en el fondo del torrente para subir una especie de camino que se dirige hacia la cresta, que lleva el nombre de Terrer Roig, por el color rojo de las rocas. Pero el camino muere antes de llegar y buscamos la cresta que nos separa de la Baga de Platetes sin camino, con la esperanza de encontrar un camino en el collado … que no existe.

Según nuestra teoría de los árboles viejos, este árbol marca el paso de un camino importante pero aquí, en una pista en la Baga de la Roca Roja, la cosa no está tan clara

Almorzamos, oyendo los gritos y silbidos de dos hombres en el bosque abajo. Después de comer, bajamos hacia el norte en busca de ese camino transversal a Platetes que estamos convencidos que existe. Salen a nuestro encuentro dos hombres corpulentos en ropa de camuflaje y acento del Este Europeo pero no son paramilitares serbios sino leñadores y nos saludan amistosamente. Un poco más adelante, vemos el fruto de su trabajo, en forma de troncos, ramas y pistas.

Al final, encontramos el tan ansiado camino y tiene buen aspecto. Imposible seguirlo hacia Les Platetes por el caos de troncos y ramas, así que damos la vuelta hacia el sur y lo seguimos durante medio kilómetro antes de que entre en una pista.

El avance imparable del progreso. Una pista nueva cerca de Cabanes.

Aquí ya no podemos hacer más para hoy y volvemos al coche pero como aun nos queda tiempo, Pep propone ir al molino de Cabanes. Le recuerdo unas colitas que tuvimos que dejar en la salida del 7 de diciembre debajo de la casa de Cabanes y hacia allí nos encaminamos. Encontramos la colita, que nos lleva directamente hacia el molino, pero cuando casi estamos abajo en el Merdançol, vemos que el camino está cortado por un trozo de roca que se ha desprendido y hay que hacer un pequeño salto.

Pep y Carles pasan sin problemas y ahora me toca a mí. De todos es sabida mi fama de torpe. Desde una posición segura, Pep se prepara para guiarme. Primero me quita los mapas para que no sufran ningún percance. “Pon el pie aquí, el palo allá”, me dice, “luego un salto … e irás para abajo”. “Con ese don que tienes para animar e infundir confianza, deberías haber sido coach”, le digo, pasándole también mi mochila para quitar lastre. Pero hago el salto y aterrizo al otro lado sin novedad.

Sólo nos queda inspeccionar las escasas ruinas del molino antes de ir al coche.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 10,3 km; 450 metros de desnivel acumulado.

sábado, 9 de febrero de 2013

La Garganta – 1905 visto desde 2013

Al famoso excursionista catalán César August Torras también le impresionó la ruta de La Garganta y me he permitido transcribir su descripción en su Guia Itinerari del Bergadá, publicada en 1905, por el interés histórico y la abundancia de adjetivos. La ortografía es pre-Pompeu i Fabra pero se entiende bien.

De l’estació de Serchs a Massanès y Saldes per la Garganta y Fígols

6 h. Bellíssima excursió, molt recomanable. Pot fer-se en cavalleria.

20 m. Pont de Raventí (hoy Cercs). Se segueix l’antich camí ral de Berga.

35 m. Collet de Melques, 691 metres altitut.

40 m. Se deixa’l camí ral a la dreta, prenent-se un viarany que s’enfila revoltant per la vessant de la serra, per entre la pinosa.

1 h. El camí va planejant, dominant-se la vall del Llobregat. Al fons s’oviren La Consolació y el congost del riu, tancant l’espay superior d’aquest el Puigllançada y les altes serres de la vall del Llobregat.

1h. 5m. Se revolta un cap de serrant, entrant-se en la vall de la Garganta o del Sargantaner. Preciosa boscuria de pins y faigs. Terrer molt rost. Hermós engorjat. La vessant oposada de la vall es abrupta, encinglerada, de cayents soberques, encimats els cingles en grosses graonades. El riuet corre remorós al fons. La vall va extrenyent-se. El bosch que cobreix tots els aiguavessos es fornit, espés, imposant, sobressortint, entre l’arbreda, faigs magnifichs centenaris. A mida que’l camí va engorjant-se, els tons del paisatge se fan més enèrgichs, els muradals se presenten molt feréstechs, amenaçants; una formidable aresta s’avança bipartint l’encongida sotalada.

La roca que divide los dos valles

1h. 10m. Enforch de la vall. Dues amagades corrents s’ajunten en el clot. Cingles feréstechs, penyals aïrats, baumes pregones, corcades penyes, cayents de formes rares, roques despreses, s’alcen en orri a tots dos costats. Les corrents d’aigua salten encongides, apressarades, como esferehides, rebotent d’ací d’allá entre l’estimbat rocater, como esma-perdudes. Paisatges geganteschs y sorprenents s’ofereixen arreu. Les dues valls que s’ajunten provenen: la de l’esquerra, la més meridional, de l’indret de Fumanya; l’altre, la de Querot Negre, de Fígols. S’atravessa’l curs de l’aigua junt a l’enforch y’s puja pel costat esquer del torrent de Querot Negre. Se va muntant per sota les avançades penyes, semblant sempre impossible que’l camí puga endinzar-se y ascendir entre tant estimbat terrer. L’espectacle mostra tons enérgichs y imposants; el colorit de les penyes, llur contextura, lo encongit de la gorja, tot es aclaparador; el blau del cel tot just se deixa veure, formant un puríssim velarium en el cim d’aquells alts y ferms puntals. Se va sempre amunt. La gorja va enfondint-se, més el penyals enrondants se presenten a tot’hora enterchs, alts, amenaçants.

Entrada del Torrent de Fumanya

1h. 30m. Bauma del Gallaret, grandiosa, sobre’l camí. Aquest va enlairant-se entre una sublim soletat, y un aterrador quietisme; les petjades, el més lleu remor, ressona sinistrament: el viarany s’enfila recargolant-se com un serpent.

Bauma del Gallaret

1h. 40m. A l’altra part de l’esquerpa vall s’obre grandiosa, ab proporcions gegantesques y arquitectonich, la grandiosa bauma de la Garganta, presentant amples y colossals arcades, pilans enormes, misteriosa foscor en son fons. Altres baumes menys pregones, espadades, inexpugnables moltes d’elles, l’enronden com un vol de casetes a l’entorn de grandiosa catedral. Cal girar la vista endarrera: quin meravellós aspecte’l de la feréstega gorja! El camí puja most rápit, como si, cansat de tant d’esforç, vulgués sortir d’aytal encongiment.

Bauma de la Garganta

Per fi s’arriba dalt d’un replà ample de les cingleres, aon l’amagada vall comença.

1h. 50m. Font de la Perera.

1/2/2013 – Sorpresa en La Garganta

Pep tiene un compromiso y no puede venir. De todos modos, independientemente de si hubiera venido o no, yo ya había previsto un cambio de escenario. Temía que mis lectores se estuvieran cansando de vernos volver una y otra vez a Viladonja y sus alrededores e intuía la necesidad de un cambio radical.


Para ello, había pensado en una colita (ver Glosario) que teníamos pendiente desde marzo de 2009 encima de la Rodonella. La Rodonella es un pequeño núcleo de casas construidas alrededor de la masía del mismo nombre y por donde pasaba el antiguo camí ral desde Berga. Detrás de las casas, hay un barranco que parece impenetrable y efectivamente lo es. Pero en la torre de alta tensión a media cuesta, arrancan dos caminos: uno sube hasta la Artiga, pasando por la barraca de Carbonís y el otro marcha hacia La Garganta y éste es precisamente la colita.

El hombre del tiempo nos había prometido un día despejado con temperaturas suaves y a las 9, nos presentamos Carles y yo en la Rodonella, justo a tiempo para ver cómo una capa de niebla alta se extiende por todas partes, impidiéndonos ver las cimas … y el sol.

El primer paso es una subida nada simpática por la pista de mantenimiento de la torre eléctrica: 180 metros de desnivel con unos gradientes inverosímiles. Pero llegamos a la torre y entramos en la tan ansiada colita. Es un camino bastante marcado que va marchando hacia el norte durante 1 kilómetro aproximadamente hasta que, de repente, desaparece.

Perplejo, consulto mis mapas. Veo que nos queda poco para llegar a la cresta y progresamos como podamos hasta la cresta. Desde allí bajamos, a veces con camino a veces sin, hasta llegar a la pista que lleva a La Garganta, ahora marcada como camino de la Xarxa Lenta.

Camino de bajada al Torrente de la Garganta

Carles no conoce La Garganta así que decido hacer este camino e improvisar sobre la marcha. Había hecho este camino en 2008 con Pep, cuando aún no estaba marcado. Antiguamente, era un camino clásico para subir a Figols desde el valle del Llobregat y pasa por un desfiladero espectacular.

Vamos entrando en el valle. A nuestra derecha, vemos entre los árboles el antiguo patio de carbón de la central térmica, ahora cerrada. Su aspecto de desolación evoca pensamientos de catástrofe posnuclear.

La punta final del patio de carbón, desde el camino de La Garganta

Un camino sale de la pista y cruza el torrente en el punto donde bifurca en dos valles. Aquí el paisaje es mucho más agreste, sólo interferido por la presencia de la línea que lleva la electricidad al pueblo de Figols.

 Tomando vistas en la Bauma del Gallaret

Subiendo hacia Fígols

El camino, con una categoría incontestable, va subiendo el valle derecho en curvas pronunciadas, pasando al lado de una pequeña cueva, con la vista de otra cueva, mucho más grande, en las rocas al otro lado del torrente. Finalmente el valle se ensancha. Aquí, se tiraba la tierra de las minas de carbón cercanas y se extiende delante nuestro una cuesta de tierra lisa en la cual se ha vuelto a marcar un trazado para el camino.

Pero justo en ese punto, veo una novedad que no habíamos visto en 2008. A la izquierda marcha un camino despejado pintado con flechas rojas. Tiene la intención clara de bordear el promontorio y entrar en el otro valle, el del Torrente de Fumanya.

 El camino que conecta los dos valles

Carles sonríe féliz con el descubrimiento

Lo seguimos. El camino es verdaderamente espectacular. Por una estrecha repisa que bordea el precipicio, nos lleva primero a la cueva grande, luego da la vuelta de la punta y entra en el siguiente valle, siempre con el abismo a tocar. “Desde luego, aquí las depresiones se curan rápido”, pienso, mirando la caída libre de 60-70 metros a mi izquierda. Si no hubiera sido por las marcas rojas, no creo que hubiéramos tenido la confianza de seguir este camino colgado.

El camino baja por la línea de árboles arriba a la izquierda

Por fin, entramos en el lecho del Torrente de Fumanya. El camino lo cruza y sube hasta otro promontorio donde hay los restos de un cabrestante que se utilizaba para bajar troncos por un cable.

Cruzamos el Torrente de Fumanya

El cabrestante

Aquí el camino marcado se divide; una rama sigue un camino que ya conocía y que nos llevaría otra vez a la pista de La Garganta. La otra rama sube por un camino de arrastrar troncos que también conocía. Arriba tenía marcado un cruce donde había una colita pendiente desde aquella salida de 2008. Subimos el camino de troncos y en el cruce, el camino de marcas rojas marcha a la derecha, donde, si es el camino que ya conocía, volvería a cruzar el torrente y subiría por un ‘grau’ (ver Glosario) hasta la pista que viene del grupo de casas debajo de Figols y la Font de la Perera.

Tomamos el camino a la izquierda y empieza un largo flanqueo hacia el oeste por un bosque de hayas. Tenía la esperanza de que sería el camino de la barraca de Carbonís, que habíamos buscado infructuosamente desde la barraca en 2009.

En el camino de flanqueo hacia la cresta

Con la niebla que por fin empieza a levantarse, salimos a la cresta de las Cingles del Ba … y el camino desaparece.

La niebla empieza a levantarse. En el fondo, se ve la cima de Puigllançada, pero ya eran las 3:30 de la tarde

Hay algo aquí que no hemos entendido. ¿Por qué se muere el camino en la cresta? ¿Había que subir la cresta hasta algún ‘grau’ escondido? Estamos en un país muy roto, lleno de rocas y paredes, y no me parece prudente seguir subiendo a estas horas de la tarde, con el riesgo de quedarnos sin luz. Opto por bajar sin camino, intentando esquivar los precipicios. El terreno nos lleva naturalmente hacia un barranco donde un cazador ha creado un precario ‘grau’ para salvar un pequeño salto.

Vista del pantano antes de emprender el descenso. Abajo a la derecha, se ve la torre de alta tensión que marca el arranque del camino que seguimos esta mañana pero llegar hasta allí iba a costar lo suyo.

Un buen gestor siempre sabe delegar en colaboradores de confianza y mando a Carles por delante para que vaya identificando los posibles peligros y buscando la mejor ruta de bajada. Lo único que me preocupa es que él tiene las llaves del coche. Le advierto que vaya con cuidado; no quiero quedarme sin transporte. Salvado el pequeño grau, las huellas del cazador buscan la manera de bajar la cuesta por una especie de ‘tartera’ o pedregal, hasta llegar otra vez al primer camino que tomamos desde la torre de alta tensión.

Ahora en terreno conocido, por fin nos permitimos almorzar, acompañados por la colilla que dejó el cazador sobre una piedra que probablemente era su asiento mientras esperaba la llegada de los jabalís, y luego emprendemos la ruta hacia la torre. Vemos abajo una gran carbonera que no habíamos visto en la ida y concluyo que es un camino de carboneros y, al llegar a la última plaza carbonera, que no habíamos visto, el camino se muere.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 8 km; 625 metros de desnivel acumulado.

jueves, 31 de enero de 2013

18/1/2013 – Desconcierto en Cal Calvari

“¿Dónde vamos hoy”?, pregunta Carles, al entrar en el Mikado. Pep me señala con la cabeza. “El inglés tiene un plan”. Sí, efectivamente, el inglés tiene un plan. En la salida del 30 de noviembre, tuvimos que dejar una zona donde estaba marcado un grupo de casas en el mapa del Alpina, incluyendo una con el nombre de Cal Calvari. Detrás de la sierra del mismo nombre, en el valle del Torrent de l’Estany, el Alpina marca otras dos casas, Cal Brutinat y La Roqueta. También donde dejamos el coche aquel día, en el puente que cruza el Rec de la Riba, habíamos visto el arranque del camino antiguo de Sant Esteve de la Riba, que subía para pasar encima de la actual carretera. Todo eso me proponía esclarecer.


Había nevado un poco la noche anterior y, subiendo la carretera de Sant Esteve de la Riba, aún queda medio dedo de nieve en las zonas de sombra. Pero confiamos en tener un día soleado hoy. Subimos el trozo de camino que encontramos, que pasa por unos puntos muy pintorescos al lado de las rocas. Vemos un camino que marcha hacia atrás pero parece de animales y lo descartamos. El camino entra en la zona de campos encima de Cal Calvari y tenemos que pelear con el espino negro para avanzar.

El camino antiguo de Sant Esteve de la Riba

Por fin salimos al otro lado pero no hemos visto a Cal Calvari. Retrocedemos por la carretera. No hay rastro de la casa. ¿Habrá quedado destruida cuando se hizo la carretera? Bajamos al río para inspeccionar unos agujeros sospechosos que indicarían una presa medieval y, al volver a la carretera, volvemos a entrar en los campos de espino negro. Diez días después, al escribir esta crónica, aún tengo las marcas de las rascadas.

Unos agujeros sospechosos que indicarían la presencia de una presa medieval

Seguimos sin encontrar la casa pero encontramos un camino al lado de los campos que sube hasta empalmar con una antigua pista de la cual sale otro camino transversal que entronca con otro que viene desde abajo. ¡Vaya lío!, pienso. Pep y Carles toman la rama que sube y yo la que baja, que luego va flanqueando hacia donde está el coche pero a más altura. De repente, para mi gran sorpresa, entronca con otro de gran categoría, que viene de abajo y marcha hacia Moreta.

No hay cobertura de móvil y mientras pienso cómo puedo contactar con Pep y Carles, les oigo que bajan. Les comunico la buena nueva y Pep hasta me felicita por el hallazgo. Parece uno de los caminos que está marcado en los mapas antiguos y conectaría Moreta con Sant Esteve de la Riba. Con la autoestima boyante por esas breves palabras de elogio, emprendemos la ruta hacia el sur. Su categoría es incontestable y sube para bordear una pared de roca que bordea el río. Tras pasar el precipicio, entra en una zona de cultivo y poco después se divide en tres.

El camino antiguo de Pont de Moreta a Sant Esteve de la Riba

Cada uno de nosotros sigue una rama y cada rama parece morir en los campos. ¿Qué le pasó a nuestro camino tan bonito? Es un misterio. Paso al plan B y conmino a los demás a subir a la cresta, siguiendo caminos de ciervos. En algún punto de la cresta, tendría que haber un camino que pasa al otro lado. Llegamos al primer collado. Veo un posible camino que baja por la umbría pero Pep lo descarta. Le interesa más conectar con las casas del grupo de Cal Calvari y encontramos otro camino, bastante claro, que va en ligero descenso por la cara soleada, cruzando campos marginales en diagonal. Todo va bien hasta que entramos en una zona aterrazada en una hondonada y el camino desaparece en la maleza.

No lo sabemos en aquel momento pero cuando bajo el track al ordenador, veo que nos quedamos justo encima del camino donde Pep y Carles subieron y yo bajé y probablemente estábamos a menos de 50 metros de donde Pep y Carles dejaron el camino.

Pero en esa hondonada, es imposible ver una conexión y no queda más remedio que deshacer el camino hasta el mismo punto. Hasta ahora, no hemos conseguido alejarnos más de 500 metros del coche y parecemos condenados a zigzaguear por esta cuesta sin encontrar la llave que lo va a aclarar todo. Seguimos la afilada arista sin camino hasta el siguiente collado. Se ve algo que podría bajar hacia la derecha pero Pep prefiere ir a la izquierda por un camino que se hace cada vez más marcado a medida que bajamos hasta que llegamos al Torrent de l’Estany y, poco después, avistamos las ruinas de Cal Brutinat. De las 6 casas posibles, de momento es la única que hemos encontrado.

Seguimos un camino hacia el norte desde la casa que va paralelo a la pista hasta la bifurcación del valle, con una rama hacia la casa de Les Planes y la otra hacia el pueblo de Sant Jaume de Frontanyà. Aquí buscamos un sitio al sol para comer. Pep y Carles encuentran unas rocas y allí se sientan y se enfrascan inmediatamente en una conversación profunda. Pero para mí, no hay sitio sobre las rocas y me tengo que alejar, encontrando finalmente un buen sitio a unos 20 metros, y empiezo a comer plácidamente mi bocadillo. Al cabo de unos 10 minutos, Pep y Carles levantan la cabeza y se dan cuenta que no estoy con ellos. “¿Pasas de nosotros?”, me espeta Pep. “No puedo ir en contra de mis genes insulares”, justifico, recordándoles el tradicional distanciamiento de Gran Bretaña, separada de Europa por el Canal de la Mancha. Pero esta vez Europa tiende la mano a la insularidad británica y se reúnen conmigo.

Es hora de buscar la forma de volver al coche. Mirando mi mapa, tenía una colita en la casa de Pont de Moreta que parece ir al encuentro de ese camino tan marcado que perdimos. Pero hay que llegar a Pont de Moreta y parece obligado pasar por el molino de Moreta.

El Molino de Moreta

Volvemos a Cal Brutinat y tomamos otro camino hacia el sur, buscando la segunda casa, La Roqueta, … que no encontramos. Salimos a la pista con las manos vacías y seguimos bajando. Me resisto a crear que hay que dar el rodeo por el molino para llegar a Pont de Moreta y señalo una pista antigua que baja hacia el torrente y que podría echarnos una mano. Pero Pep lo descarta. “Quedará muerta abajo y tendremos que volver a subir”, sentencia, y continuamos. En la cresta encima de la presa del molino, ya no queda más remedio que bajar, primero sin camino. Luego, a media bajada, encontramos un camino muy marcado. Lo seguimos hacia atrás para ver el arranque y salimos al final de la pista que Pep no me dejó seguir. Pero el camino continúa y lo seguimos hasta el punto donde queda sepultado por las obras de la pista.

Damos la vuelta y el camino nos lleva a la presa del molino, donde cruzamos el río, pasamos al lado del molino, volvemos a cruzar el río e iniciamos la subida hacia Pont de Moreta. Allí en Pont de Moreta, hay un pequeño laberinto de caminos. Pep expresa un interés por visitar el molino del Puig pero, recordando el hedor a muerte en la salida del 29/10/2010, le comunico mi negativa a volver allí e insisto en buscar mi colita. Aún así, me cuesta encontrarla y la volvemos a perder en una zona de campos. Pero al final, encuentro un camino más fiable y lo seguimos, cada vez más perdedor, saliendo en el punto donde el camino se dividió en tres. Resulta que la rama correcta era la que siguió Pep.

El camino de Pont de Moreta pasa encima de las rocas que se ven al fondo

Pasamos el punto donde yo encontré el camino por la mañana y seguimos bajando para ver el punto de arranque. Finalmente entra en el camino de Sant Esteve de Riba que seguimos al principio y resulta que es el ‘camino de animales’ que habíamos despreciado al principio.

La salida ha sido un fracaso relativo pero nos podemos marchar de allí con cierta satisfacción. Hemos resuelto algunas conexiones importantes y dejado otras en el aire. No sé cuándo volveremos allí; está en el quinto pino.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 9,8 km; 460 metros de desnivel acumulado.

sábado, 19 de enero de 2013

11/1/2013 – Últimas conexiones en Moreta

Nuestros lectores recordarán que acabamos la salida de la semana pasada descubriendo lo que era probablemente el camino de la Minuta de Moreta a Palmerola pero no lo pudimos seguir por falta de tiempo. Eso no podía quedar así y así se lo hice saber a Pep.

Aparcamos el coche en el punto de entrada del camino desde el Pedronet de Sant Isidre en la carretera. El termómetro marca 3ºC. “Una temperatura de lujo”, proclama Pep. Hacemos la corta subida hasta llegar al punto de unión con el camino transversal. Pep, deseoso de ver el castillo (que todavía no ha visto de cerca), quiere ir a la izquierda pero yo insisto en ir a la derecha primero porque si dejamos esa rama para después, lo más probable es que nos quedemos otra vez sin tiempo. Se produce una discusión corta pero intensa pero finalmente hago valer mis tesis y giramos a la derecha. El camino nos lleva directamente a Les Cases de Moreta.

Les Cases con la casa e iglesia de Moreta detrás

Con Les Cases en primer término, la gran casa de Moreta detrás y, al otro lado del río, las casas y la iglesia de Viladonja, recuerdo haber contemplado la misma vista hace más de dos años cuando Viladonja era un lugar desconocido para mí y toda esa zona estaba en blanco.
Dejamos de contemplar la lejanía y nos centramos en lo que tenemos aquí. Visitamos las ruinas de otra casa cercana, probablemente bastante más antigua, y luego miramos algunas pequeñas colitas que nos quedaban. Entre subidas y bajadas, acabamos otra vez en el camino del Pedronet. Bajamos hasta el cruce y giramos en la otra dirección.

El camino desemboca en la bonita casa de Jan Bonic. Pasamos delante de la casa y el camino continúa hasta una zona extensa de campos, donde vemos las ruinas de otra casa, Can Roca. Aquí empalmamos con la Xarxa Lenta del Ripollès y un camino pintoresco nos lleva hasta la pista debajo del castillo de Palmerola. La ruta señalizada sube por la pista pero tiene que haber otra ruta más directa.

Carles ve un camino que marcha hacia la izquierda justo después de cruzar el Torrent del Castell que tiene muy buena pinta. Lo seguimos un rato pero empieza a hacerse un poco difuso y Pep lo descarta. “Camino de animales”, sentencia y da media vuelta.

Siguiendo las marcas amarillas, llegamos al castillo desde atrás. El castillo aún está muy entero pero los otros edificios se van degradando poco a poco. Es propiedad de la Generalitat pero cómo no tienen un duro, así está. Es una pena. Comemos en el porche de la iglesia bajo el calor suave del sol de mediodía, sólo molestado por algún zumbido de un abejorro. No puedo dejar de recordar una salida traumática cerca de Castellar de N’Hug cuando fui atacado por avispas y al final me levanto. Allí justo detrás mío, hay un pequeño agujero en la pared por donde los insectos entran y salen.

Entrada a la masovería del castillo

Iniciamos el regreso por la misma ruta, buscando por dónde podría salir ese camino más directo. Al final decidimos que Pep despreció con premura excesiva el camino de Carles y que deberíamos haber insistido un poco más. Pero ya no hay tiempo y tenemos que volver. Deshacemos el camino hasta Cal Jan Bonic y luego seguimos la pista hasta el coche.
Vista desde el Coll de Borredà en el camino de vuelta a casa: se ve el pueblo de Borredà y detrás, las montañas de Picancel a la izquierda y las montañas de Queralt y Capolat al fondo 

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 11,4 km; 440 metros de desnivel acumulado.

sábado, 12 de enero de 2013

4/1/2013 – Más caminos en Moreta

Cada vez que subimos la carretera hacia Viladonja, vemos un poste indicador del equivalente de la Xarxa Lenta en el Ripollès, situado al lado de las ruinas de la casa de Vinyassa, que indica la casa de Moreta y el castillo de Palmerola. Además, el camino consta en los mapas antiguos, junto con otro un tanto espectacular, en el sentido de que sube perpendicularmente la cuesta y vuelve a bajarla igual de perpendicular al otro lado, pasando debajo del Pedronet de Sant Isidre.

Propongo que miremos estos caminos. Aparcamos el coche debajo del poste. El camino sube hacia el norte y acaba empalmando con una pista antigua. Nos desviamos para seguir un camino que baja al río y luego otro de carboneros que entra en el bosque, saliendo finalmente en los campos de Moreta.

En el primer plano, la casa del Solà y detrás, el núcleo de Viladonja

Aquí se produce una divergencia de objetivos que pone a prueba la cohesión de nuestro grupo. Hay uno (yo) que quiere ir hacia arriba, atraído por el espacio en blanco en el mapa. Otro (Pep) quiere mantener el rigor científico y volver a bajar para atar la conexión desde la Vinyassa con Moreta. Carles, siempre discreto, se mantiene al margen. Al final, decidimos que hay tiempo para todo y entramos en la pista que pasa por debajo de la casa de Moreta para buscar la conexión con la Vinyassa. Encontramos un camino que promete y, al poco rato, conecta con la pista que dejamos atrás al principio.

La casa de Moreta y detrás, la Collada de les Cases, que da acceso al castillo

Una vez hecha la conexión, damos la vuelta y subimos hacia la zona llamada Els Terrers, donde yo tenía otra colita. El camino se adentra en el bosque de Moreta y lo dejamos cuando empalma con una pista. Flanqueamos hacia el sur y empalmamos con caminos históricos que suben hacia la Collada de les Cases. La continuación hacia la Collada de Cal Jaume y el castillo de Palmerola, ya lo conocía de una salida anterior. Lo que me interesaba era un camino muy bonito que había tenido que dejar en esa salida y que debería enlazar con el camino de la Minuta que rodeaba Sant Isidre.

Encontramos el camino, igual de claro como hace dos años, que va hacia el sur. Sin embargo, al poco rato, hace un giro de 90 grados y baja la cuesta en línea recta hacia una pista. Al final, mi camino tan bonito, que he esperado dos años para seguir, resulta ser un vulgar camino para bajar troncos. Pep no quiere tirar la toalla y seguimos un camino transversal tras otro; todos se mueren al cabo de pocos metros, dejándonos tirados en medio de un bosque caótico. Al final, ato cabos: “Son caminos de ciervos”, concluyo y, harto de pelear con zarzas y árboles caídos, abandono a Pep y Carles y sigo un tenue sendero que me lleva hasta la cresta. Pep y Carles también se rinden a la evidencia y al poco rato, me los encuentro arriba y subimos hasta el Pedronet, una pequeña capilla con una estatua del santo, y allí almorzamos.

El Pedronet de Sant Isidre. ¿Valió la pena?

Bajamos un camino de cresta, extrañados de no encontrar ese famoso camino de la Minuta. Finalmente, a 200 metros de la carretera de la Moreta, un camino transversal de categoría indudable cruza el nuestro. Llegamos a la conclusión de que es el camino de que buscábamos. La espectacularidad de su trazado en los mapas antiguos es un simple error. Pero, como suele pasar, no tenemos tiempo para seguirlo y tenemos que dejarlo para otro día.

Bajamos hasta la carretera, que seguimos hacia la Moreta, desviándonos para bajar una larga pista abierta sobre un camino (aún se ven restos del camino antiguo) que conectaba las Cases de Moreta con Can Saiol. Antes de ir al coche, nos desviamos para ver la presa del molino de Capdevila, todavía bien conservada, con agujeros cerca que indicarían una posible presa medieval.

La presa del molino de Capdevila

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 11,4 km; 545 metros de desnivel acumulado.