Aquí relato nuestras salidas por los caminos del Berguedà y comarcas vecinas. Como lo pasamos muy bien, queremos comunicar sobre todo buen humor y alegría pero también tiene un fondo muy serio: el camino como bien patrimonial, pieza esencial para entender la historia y digno de conservación. Es nuestra misión desde hace más de 15 años.



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lunes, 4 de julio de 2016

15/4/2016 – La Riera de Merlès (Puigcercós)

“¿Dónde vamos?”, pregunto a Pep, ya en el coche. “Hoy, vamos a donde no quisisteis ir la semana pasada: Mora Vella. ¡La banca siempre gana!”, proclama triunfalmente.

Aparcamos delante de la pista de Les Heures. Pasamos nuevamente debajo de la Balma de Les Heures pero esta vez no paramos sino que cruzamos el Rec de Les Heures y continuamos hacia el sur por lo que parece ser un camino ancho, pero es difícil saberlo. Esta zona está llena de pistas antiguas que se han naturalizado. Un corzo se va corriendo, con un ruido de ramas rotas.

Salimos del bosque a la vista de Mora Vella o Mora de Dalt, ahora en ruinas. Pep inspecciona la pared norte; las piedras en la base podrían ser medievales, dice. Mientras Pep y Carles intercambian comentarios sobre las maravillas de esta casa, paso al otro lado. Me parecen ver unas piedras que tienen un aspecto raro en la pared. “Aquí también hay algo que deberías mirar”, aviso a Pep. Cuando llega, clava la vista en el suelo, donde hay una piedra con un agujero que yo ni siquiera había visto. “Una piedra de prensa medieval. Excelente hallazgo”, dice Pep. “Supongo que te referías a esto, ¿no?”. “Por supuesto”, miento. Señalo la pared detrás como si quisiera descartar definitivamente algo que evidentemente no podía ser: “Y esta pared, ¿qué te parece?”. Pep le dedica una mirada breve. “Nada. Todo de época moderna”.

Retrocedemos hasta una pista que nos sube al Serrat dels Corbs, el mismo sitio donde acabamos la semana pasada antes de iniciar la bajada. Al otro lado del valle, vemos otra vez la casa de Puigcercós, nuestro destino. Giramos hacia el norte y dejamos la pista principal para tomar otra secundaria que planea debajo de la cresta. Cuando muere al cabo de 500 metros, inicia un camino despejado que bordea el valle del Torrent Llarg sin subidas ni bajadas, salvando una cuesta empinada y boscosa. Es quizás el momento más relajante del día.

El camino que va a Puigcercós

Empieza a hacer calor y nos quitamos los jerseys. Nuestro camino muere en una fuente desde la cual arranca una corta pista de desembosque que entra en aquella pista que pareció tan interminable a mi hijo la semana pasada. Subimos al cruce del estanque y tomamos la única pista que quedaba, a la derecha, y al cabo de media hora nos plantamos en la casa.

Comemos bajo una encina al lado de la casa. Aquí es más montañoso, lo que ha propiciado la supervivencia de caminos. Hemos visto el arranque de algunos caminos más que Pep ya está reservando para el próximo invierno. Con las ruinas de la casa delante, nos transportamos mentalmente a un pasado remoto. “La verdad, no me veo corriendo detrás de aquel corzo con una lanza en la mano”, admite Pep. “No haría falta. Ya haría 20 años que nos hubiéramos muerto”, le contesto. “Y Carles sería un anciano”.

Las ruinas de la casa de Puigcercós

Empieza a soplar el viento y es hora de ponerse en marcha. Vamos por una pista que sigue el valle del Rec de Les Heures hasta llegar a una cresta, donde vemos un camino que la cruza. Giramos para bajar. Es un camino que también eligen las motos y la erosión ha dejado profundos surcos en algunos tramos de mucho pendiente. Eso de las motos es cada vez más polémico. Dejando de lado el aspecto legal, hay gente que dice que las motos ayudan a conservar los caminos y otros que dicen que los estropean. Pero lo cierto es que no hay la misma permisividad de antes y los forestales empiezan a denunciar a los motoristas que circulan por los senderos.

Llegamos al camino antiguo de la Riera de Merlès, ligeramente al norte de la casa de Les Heures. 

El camino antiguo de Les Heures

Bajamos a la riera. Allí, hay el molino de Vilartimó, con la casa arreglada arriba y la estructura del molino abajo, colgado sobre el agua, con una evidente factura medieval, dice Pep. Un poco más arriba, la presa del molino, y un poco más abajo, la presa del cercano molino de Les Heures. Cruzamos saltando las rocas y subimos a la pista al otro lado, en la ribera izquierda, y empezamos a bajar.

 El viejo molino de Vilartimó

Y la vista mirando río abajo

Pasamos delante del molino de Les Heures y poco después, el puente de las Goles de Les Heures, que cruzamos. Diez minutos después, estamos en el coche. La cantidad de molinos que hay en esta riera no deja de asombrarme. Algún día, alguien tendrá que hacer un estudio serio sobre el tema.

El molino de Les Heures

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 14,3 km; 450 metros de desnivel acumulado.

jueves, 28 de abril de 2016

8/4/2016 – La Riera de Merlès – La Balma de Les Heures

Mal tiempo, Semana Santa y el 90 cumpleaños de mi padre nos han impedido salir hasta hoy. Pep propone continuar subiendo el valle de la Riera de Merlès, reanudando desde donde lo dejó con Carles en marzo. Esto implicaría entrar en el municipio de La Quar, en la zona de Les Heures. Hoy, nos acompaña mi hijo Anthony, que ha subido a Berga para desestresarse. La verdad es que ha aprendido a disfrutar de nuestras salidas y aprovecha la ocasión para escuchar las sabias palabras de Pep.

En el coche, vamos remontando la carretera que bordea la Riera de Merlès. Mientras Pep aparca cerca de la casa de Montclús, Anthony comparte sus reflexiones durante el viaje: “Os hace falta un perro. Una mascota que espere impacientemente el momento de abrir la puerta del coche para salir corriendo a descubrir cosas nuevas”. Nos quedamos pensativos unos segundos. “No”, contesto finalmente. “Para eso no nos hace falta el perro. Ya lo hace Carles”.

Liquidado el tema del perro, cruzamos a la ribera izquierda de la Riera por un puente y vamos caminando hacia el norte por una pista. La estrategia es ir bajando a la Riera cada vez que se ve una extensión importante de roca para ver si hay agujeros. Tras las lluvias del último mes, el agua baja con una alegría que hace muchos meses que no hemos visto.

Uno de los tramos de la Riera de Merlès

Así vamos contando agujeros hasta llegar al Gorg de les Heures, un lugar donde la Riera se estrecha, formando un angosto pasillo y luego se ensancha, con una amplia explanada de roca muy popular en verano para bañarse. Mientras Pep va corriendo de un lado a otro, documentando agujeros de antiguas pasarelas, nosotros le contemplamos desde el puente, compartiendo un pequeño tentempié y conversando. “¡Filistinos!”, nos reprocha cuando llega al puente. “A mí basta la historia para alimentarme”.

La entrada al Gorg de Les Heures

Pero enseguida le pasa la indignación; cruzamos la carretera y entramos en una zona de bosque bajo la casa de Les Heures. Siguiendo el pequeño valle del arroyo, llegamos a unos campos donde el valle se ensancha. Allí hay un cerezo en flor, un roble centenario y, a la derecha, una serie de terrazas con unas construcciones en el hueco de una roca. Es la Balma de Les Heures. Quitando a Pep, ninguno de nosotros había estado aquí antes. Es un entorno idílico, perfecto para picnics. Exploramos el interior de la Balma. Su último uso era como almacén y corral pero Pep está convencido que en la Edad Media, era una vivienda.

 El entorno de la Balma de Les Heures, que se ve al fondo

 Vista del interior

Y desde la 'terraza'

Subimos a una pista detrás de la Balma e iniciamos un largo ascenso con una pendiente suave, primero subiendo el Rec de Les Heures, pasando por el Baga de les Heures y luego entrando en el valle del Torrent Llarg. Esta zona también se escapó de los incendios de 1994 y es un bosque maduro de pino albar. Mientras Pep y Carles van delante, yo sigo unos 50 metros detrás, disfrutando del bosque y el canto de los pájaros. Y detrás mío, viene Anthony, como un alma en pena, arrastrando los pies y consultando su móvil cada 10 minutos. Más tarde, me confesará que aquella pista se le hizo eterna. “Las pistas son para hacer en coche, no para caminar”, sentencia.

Llegamos a un cruce de pistas. Allí hay un estanque con pequeñas carpas rojas. “Alguien vació allí una pecera”, pienso. Pep propone comer en la casa de Puigcercós y continúa por la pista al otro lado del cruce, que sube con bastante pendiente. De repente se para. “No vamos bien”, y damos media vuelta y giramos por la pista que estaba a la izquierda en el cruce, hacia el sur. Salimos del bosque en una especie de planicie, con la casa de Colldesegrià a la vista. “Por aquí hay unas tinas”, musita. “Nunca las he encontrado”, y gira hacia el oeste. Pero al cabo de unos 100 metros, desiste. “No las vamos a encontrar y se nos hará tarde” y da media vuelta. Miro a Pep preocupado. No estamos acostumbrados a tanta indecisión.

Vemos la casa de Puigcercós desde el otro lado del valle. En el fondo, Puigmal nevado

Salimos a la cresta y, al otro lado del valle, vemos la casa de Puigcercós en ruinas, sobre otro llano. “Había que tomar la pista a la derecha en el cruce”, concluye Pep. Continuamos por la pista hacia el sur. “¿Por dónde queréis bajar?”, pregunta Pep. “Podemos bajar por aquí e ir La Mora o continuar un poco más y bajar por Montclús. Los dos sitios me interesan pero por La Mora habrá más asfalto”. “Que haya el mínimo de asfalto”, interpone Anthony. “Pues, en honor a nuestro invitado, así se hará”, dice Pep.

Continuamos por la pista, parando en una explanada de roca para comer. Pasamos bajo una línea de alta tensión y poco después, Pep encara ya la bajada, sin camino como es su costumbre. Vamos bajando como podemos por una pendiente fuerte y rocosa, con plantas espinosas que nos rascan y pinchan. Detrás mío, Anthony intenta buscar la ruta menos dolorosa pero con poca suerte. Está claro que jugar al tenis en Barcelona no prepara para bajar estas cuestas.

Ante sus quejas, desde más abajo Carles contesta: “Es culpa tuya. Tú elegiste venir aquí”. “Sí, ‘mínimo de asfalto’, dijiste”, corroboro. “Con lo bonito que es el asfalto”, concluye Carles. Pero cuando parece que tendremos bajar toda esa cuesta dando tumbos, vemos un camino a unos 200 metros hacia el norte y nos lanzamos directamente hacia él como si fuera una balsa salvavidas. Cuando llegamos, parece hecho más por motos que por personas pero está despejado y nos lleva hacia abajo sin más percances.

Desde allí, Pep nos lleva hacia un rectángulo de piedras en un llano rocoso encima de la casa de Montclús. “Aquí excavaron”, dice Pep. “Había cerámica del siglo IX-X”. Medio kilómetro después, estamos en el coche.

Todo lo que queda de la casa medieval de Montclús

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 17,2 km; 450 metros de desnivel acumulado.

La primavera avanza imparable en Montclús

P.S. El día siguiente, Anthony no se levantó hasta mediodía. Estaba destrozado, pobrecito.

martes, 2 de julio de 2013

21/06/2103 – La Cingle de la Por

Querido lector, ¡cuántas cosas han pasado desde la última vez que salimos! Patum, viajes, mal tiempo, gripes. Pero hoy por fin parece que podremos salir. Advierto a Pep que ni yo ni Carles nos sentimos en buenas condiciones físicas para enfrentarnos a los escarpados caminos de Picancel, después de todo lo que ha pasado. "Iremos a donde tú digas", me había dicho magnánimamente por teléfono dos días antes. "Luego lo hablamos en el Mikado".

Una vez en el Mikado, Pep nos dice que arriba todavía hay mucha nieve y más vale continuar con el Picancel, como no hace mucho calor, y concretamente el camino de Sant Miquel pasando por la Casa del Bosc. Miro a Pep estupefacto pero como Carles tampoco protesta, pienso que igual sí será buen momento para ponerme a prueba.

Henos por enésima vez en el Pont del Climent. Pero en vez de ir directamente al Portell de l'Ovellar, Pep propone ir a la Casa del Bosc por el camino al Coll del Biel; sospecha que el Portell de l'Ovellar es una creación relativamente reciente y cree que el camino tradicional pasaba por el Coll.

Una vez pasado el puente, tomamos un camino poco marcado que sube en diagonal hasta el Coll del Biel. Desde aquí, se ve un profundo valle creado por el Rec del Coll del Tell y, al otro lado, un llano intermedio donde en otros tiempos se habría visto el tejado de la Casa del Bosc.

Bajamos al fondo del valle, cruzamos el torrente y tras algunas dudas, encontramos el camino que sube a la casa. Visible, sólo queda una cisterna rectangular de agua cortada en la roca. Hay algunas piedras de la casa escondidas en la vegetación al lado.

La pequeña cisterna de la Casa del Bosc. Las paredes de la casa están escondidas en la vegetación atrás.

La primera vez que hice esta ruta fue una excursión de verano al Serrat de Migdia hace casi 20 años, con mi esposa y mi hijo, todavía niño. Recuerdo el calor, lo empinado del camino y las quejas justificadas de mi familia. Ahora, con la madurez, entiendo que todo es cuestión de dosificarse, disfrutar de los tramos planos o de poca pendiente, acometer las subidas con la velocidad adecuada y saber leer el entorno. 

Camino a la Cingle de la Por

El nombre de la Cingle de la Por (Roca del Miedo) viene de una pared infranqueable que cierra el Torrent Fred con una salida por el Collet dels Pins al oeste y el Grau de Rosa al este. Es un lugar oscuro, con cierto aire siniestro, creado sobre todo por una haya centenaria que impedía que entrara la luz. Decían las leyendas que aquí se reunían las brujas locales.

Muerte de un gigante. Lo que queda del haya monumental en la Cingle de la Por.

Pero al situarnos en la hondonada debajo de la pared, vemos que algo ha cambiado desde la última vez que estuvimos aquí. La última subida ya no se ve tenebrosa sino perfectamente iluminada por la luz del día y hay un caos de ramas y troncos cortados con sierra. Un camino ha sido abierto entre los restos de árboles; la gran haya habrá caído en una de las tormentas de esta primavera y arrastrado con ella el resto de los árboles. "La Cingle de la Por ja no fa por", pienso a modo de obituario.

Llegamos al pie de la roca. El cielo se ha ido nublando y para evitar problemas mayores, Pep declara que es el momento de dar la vuelta. Propone comer en la Casa del Bosc. Para gran sorpresa mía, he subido sin grandes dificultades pero Carles aún acusa los efectos del virus y cuando llegamos otra vez a la Casa del Bosc, con el descenso al Portell de l'Ovellar a la vista, confiesa que se siente agotado. Come su bocadillo en silencio, sin duda pensando en el retorno a casa, donde le esperan una cama con sábanas limpias, un té reconfortante y un par de aspirinas. Pero a Pep todavía le queda un lugar por visitar: una cueva detrás de la casa. Con una paciencia encomiable por parte de Carles, ponemos rumbo al norte por los antiguos campos de la casa, invadidos por el bosque. Seguimos un camino prácticamente borrado hasta llegar a un pequeño hueco en la roca utilizado por el carbonero y con la tierra todavía negra de donde hizo fuego hará quizás unos 70 años. Empalmamos con otro camino que bajaba de las carboneras en el Racó del Pic de Perris y luego con el camino señalizado que baja del Coll de Tell.

 
División de caminos. A la izquierda, al Coll de Tell. A la derecha, a la Casa del Bosc.

Comienzan a caer gotas de lluvia pero, ahora sí, nos encaminamos hacia el Portell de l'Ovellar, una brecha abierta en la roca que crea una ruta casi en línea recta con el Monasterio de la Portella. 

 La entrada en el Portell de l'Ovellar desde el sur

Y desde el norte

Pep muestra la forma semicircular del barreno taladrado en la roca para poner la dinamita. "Aquí está la prueba irrefutable. Este camino se abrió con explosivos y antes las rutas eran otras", sentencia. "Dilo en tu blog". Del dicho al hecho.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 5,25 km; 550 metros de desnivel acumulado.

jueves, 27 de junio de 2013

24/5/2013 – El Rec de Can Volat, de la A a la Z

Hoy no viene Carles. Tiene la Patum a la vuelta de la esquina y tiene que poner el hotel a punto. Pero incluso ausente, la sombra de Carles es muy larga. Resulta que ha encontrado una 'mina' (nunca mejor dicho) de información nueva sobre minas y fraguas y Pep está ansioso por tener noticias de primera mano. Pero sin la compañía erudita de Carles, Pep tendrá que ser amable conmigo; me tendrá que esperar, escuchar e incluso contestar. ¡Todo un lujo para mí!

Queríamos dejar la ruta más turística hacia el Coll del Tell para cuando Carles pudiera venir, ya que no la conoce. Pep elige otra ruta mucho más académica (ver Glosario), el Rec de Can Volat, ya que quedaban unas cuantas colitas (ver Glosario) y hoy era una buena oportunidad para liquidarlas todas.

Una vez más cruzamos el Pont del Climent y hacemos el largo camino al lado del río Merdançol hasta llegar a la riera en cuestión. Entramos en el pequeño valle y empezamos a adentrarnos por un camino amable, un túnel verde con auténticas alfombras de oreja de oso y el sonido del agua siempre presente.

Las aguas apacibles del Rec de Can Volat

Pero, como pasa en la vida misma, lo bueno acaba y llegamos al final del valle. Se acaban los caminos amables y el sonido alegre de los riachuelos. Ahora toca sudar. Desde aquí salen dos grandes ramales, uno hacia el este, hacia el Collet de Coma Argentosa y otro hacia el oeste, el Collet del Llop. Comienza un arduo subir y bajar, siguiendo caminos medio borrados que mueren en la última carbonera, hasta quedar seguros de que los hemos hecho todos, todos, todos.

Oreja de oso en su punto

Una vez más, los cazadores han estado trabajando duro, limpiando los caminos principales y marcando con sus puntos de pintura. Durante un momento, me pongo en el lugar del jabalí, que se creía a salvo en este terreno inhóspito. Ahora no tiene lugar para esconderse, todo ha quedado accesible y al descubierto. Pero los cazadores también han tenido un pensamiento para los árboles y en más de un lugar vemos que han cortado ramas de hiedra, liberándolos de su abrazo mortal.

 La Portelleta. Aquí se ve claramente su importancia como punto de acceso a la cresta


La vista hacia Borredà

Salimos al Collet del Llop y aquí decidimos comer. Subimos a un pequeño promontorio y delante tenemos la Portelleta, donde hace 2 semanas no podíamos ver más de 10 metros por la niebla. Después de comer, me aparto un poco para tomar vistas y enseguida estoy rodeado de mariposas y el canto de pájaros. ¡Que lejos queda la crisis! Extiendo las manos como San Francisco de Asís pero ningún animal se fía de mí y me quedo solo. La voz de Pep me devuelve a la realidad. Está impaciente por llegar a casa y ver qué tesoros le ha enviado Carles por Internet.

El camino de vuelta. Pep me tiene secuestrados los mapas para que no me quede atrás

Y tal como venimos, volvemos.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 8,5 km; 690 metros de desnivel acumulado.

miércoles, 29 de mayo de 2013

10/5/2013 – La Portelleta

Al levantarme, miro por la ventana y sólo veo niebla. El hombre del tiempo nos había advertido que pasaba un frente pero teníamos la esperanza de que la niebla acabara levantándose.

Hoy el plan era subir la Portelleta, uno de los pasos a la Carena de Salga. Yo personalmente nunca había subido este camino, así que prometía ser todo un descubrimiento.

Una vez más, cruzamos el Pont del Climent pero, al acabar la pista, en vez de seguir recto, giramos a la derecha y nos adentramos por uno de los pequeños arroyos. Los excursionistas han marcado el camino con ‘fites’ o montículos de piedras y también los cazadores han ido marcando con pintura todos los caminos, creando una red propia.

Iniciamos el camino hacia la Portelleta. Observad el punto rojo, marcando la red creada por los cazadores  

Llegamos a una segunda bifurcación. Giramos a la izquierda; el camino de la derecha lo haremos de bajada. Mientras seguimos al lado del agua, el camino es casi plano. Sin embargo, llega un momento que entra en la canal y el camino empieza a tener cada vez más pendiente. La niebla se va cerrando alrededor nuestro y nuestro universo se va haciendo cada vez más pequeño. Hay mucha humedad y el camino se hace resbaladizo sobre las piedras.


La niebla se hace más espesa

Dejamos un camino a la izquierda y llegamos al pie del ‘grau’, que es una zona de escalada fácil usada como atajo. Con lo resbaladizo que está la piedra, Pep desaconseja probar la subida y damos media vuelta. Cogemos el camino a la izquierda para buscar el camino antiguo a La Portelleta, que encontramos, saliendo de una carbonera. Hay tanta humedad que parece que está lloviznando, pero es la condensación que cae de los árboles. Recordando las circunstancias trágicas de la muerte de mi GPS el año pasado, temo por mi electrónica pero de momento, no da muestras de desasosiego.

A falta de horizontes, nuestra visión se fija en lo más próximo

El camino va subiendo con fuerte pendiente con interminables eses. Entroncamos con el camino que viene del ‘grau’ y poco después, veo otro camino a la izquierda que Pep desecha: “Camino de rebecos”, me dice escuetamente. Cincuenta metros más de desnivel y llegamos arriba. A la Carena (o arista) de Salga, ya había estado unas cuantas veces y sabía que había una vista que abarcaba media Cataluña, pero hoy es invisible; no vemos más de 10 metros a la redonda.

Pep quiere dar cierta formalidad a la ocasión y hace las presentaciones: “La Portelleta, Steve; Steve, La Portelleta”, dice con un gesto aristocrático de la mano. “Encantado”, respondo y nos sentamos para tomar un refrigerio. Sin embargo, el sudor empieza a enfriarse y nos obliga a ponernos nuevamente en movimiento. Bajamos por el mismo camino, intentando no resbalar en el fango ya que hay mucha pendiente.

La vista desde la Portelleta

Al llegar al camino desechado, le viene a la memoria de Pep una noticia de que los cazadores habían abierto un camino nuevo a la cresta, en el Serrat dels Toixons, y ahora se convierte en un camino digno de seguir. No hay duda que antiguamente fue un camino de animales, pero ahora está arreglado con troncos y escalones. La niebla nos impide ver el precipicio a nuestra izquierda pero se intuye. “Echo de menos alguna banderilla”, pienso.

Tras hacer 75 metros de desnivel, volvemos a estar arriba. Tomamos nota y volvemos a bajar. Al volver a situarnos en la bifurcación hacia el ‘grau’, tomamos un camino transversal que nos lleva a la zona llamada “La Gleva”, debajo de la montaña de Salga Aguda. Aquí almorzamos, en un claro creado por los cazadores para esperar la llegada de los jabalís.

El camino de bajada

Ante la poca visibilidad, la humedad y el frío y habiendo alcanzado nuestro objetivo primario, decidimos que es hora de volver a casa. Buscamos el camino de bajada. Al principio, parece más bien un camino de bajar troncos pero al llegar a la primera carbonera, adquiere más categoría. Al salir del bosque, vemos como la niebla empieza a levantarse. Al salir a la pista del Pont del Climent, empiezan a aparecer manchas de azul en el cielo y al llegar al puente, la niebla ya se está batiendo en retirada y empieza a salir el sol.

Un insecto espera pacientemente la floración de la oreja de oso

Al llegar a Berga, ya no quedan restos de nubes, el sol brilla con fuerza y hace una temperatura auténticamente primaveral. A veces, ocurren cosas que parecen hechas adrede.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 6,9 km; 670 metros de desnivel acumulado.

martes, 14 de mayo de 2013

3/5/2013 – Can Volat


La semana siguiente fueron 5 días pasados por agua. Además, el virus se había adueñado de mi cuerpo, causando daños celulares de tal magnitud que sólo me quedaban fuerzas para tragar comprimidos de aspirina. Para esta semana, pido a Pep una salida para convalecientes.

Con la lluvia, el pantano está lleno. Imposible pasar por el Pont del Doro y aparcamos en el Pont del Climent, pasado Vilada. Pero antes de cruzar el puente, recorremos la pista plana hacia el oeste para ver la presa utilizada por la antigua fábrica textil, cerca del Pont del Doro. Cae una cantidad impresionante de agua. La presa es moderna pero aún se ven restos de la presa antigua.

La presa del Molí de Baix

Volvemos al puente, lo cruzamos y seguimos hacia el este el camino que bordea el río. En los mapas hay el topónimo del Rec de Can Volat, que es un arroyo que sube hacia la Carena de Salga, y el mapa de la Alpina marca una casa con el mismo nombre muy cerca del camino del río. En vez de subir por una canal, Pep propone buscar esta casa y así no me cansaré tanto.

 El Pont del Climent


El camino empieza bastante plano, apto para convalecientes. Primero es una pista, hasta la bifurcación a la Portalleta, y luego es camino. Con el efecto acordeón que hace la memoria, ya no me acordaba de las subidas y bajadas que vienen luego y volver a recordarlas en primera persona es un duro golpe para mi cuerpo aún debilitado.


El camino que bordea el río

Restos de la pasarela para cruzar el río cerca de la Font de la Pega

Pero, tras un pequeño desvío para visitar la Font de la Pega (que tome nota nuestro amigo de los hornos), por fin llegamos a donde tendría que estar la casa de Can Volat. Efectivamente, es una zona relativamente llana con algunos campos y nos dividimos para recorrerla toda pero de la casa, ni rastro. “Can Volat s’ha volat”, piensa mi alterego catalán. Tan sólo encontramos un lugar que da la impresión de que podría ser un buen lugar para poner una casa pero sin restos de construcciones. Pero al ir subiendo la cresta, vemos que arranca un camino inédito para nosotros. Lo seguimos hasta su empalme con el camino ya conocido que sube el Rec de Can Volat. “Sen’s ha girat feina”, dice Pep. “Tenemos cosas para hacer aquí”.

 Bajando otra vez al río después de buscar Can Volat

Imposible pasar

Pep quería ver el molino de Canemars pero al llegar al río, las piedras para cruzar han quedado sumergidas bajo el agua crecida y es imposible vadear el río. No nos queda más remedio que dar la vuelta y encaminarnos nuevamente al Pont del Climent.

Con el coche, vamos hasta la pista que va al molino. Ha habido una tala de árboles aquí y ahora el acceso al molino está mucho mejor. Con suerte, algún día será un lugar agradable para picnics familiares. Con el agua y las cascadas, es un lugar bastante idílico, pero yo ya estoy muy cansado y sólo pienso en volver a casa.

El molino de Canemars

Las ruedas de moler en el interior

Y la cascada

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 11,6 km; 580 metros de desnivel acumulado.

lunes, 6 de diciembre de 2010

3/12/2010 – Últimos caminos en La Portella

Hoy hace un frío de mil demonios y como nevó a principios de semana, juzgamos prudentes no volver a La Pobla de Lillet de momento, ya que el lunes cayeron 20 cm allí.


Propongo a Pep matar algunas colitas (ver Glosario) que dejamos esta primavera en la zona de Les Bagues en la riera de La Portella. Aquellos lectores que quieran informarse pueden consultar las salidas del 9 y 16 de abril. Pep nos está esperando en Cal Rosal pero yo estoy muy bien en la cafetería. Para retrasar un poco más la salida, pido otro café … como paga Carles. Pero llega un momento en que no puedo demorar más lo inevitable y ponemos rumbo al sur.

El domingo pasado, hubo elecciones para elegir un nuevo presidente de Cataluña. Josep Mª es una persona muy comprometida con la política y tiene una ideología muy sólida. Durante el corto viaje a Cal Rosal, ya empieza el debate. Continúa en el trayecto en coche a la casa de Gotzenes que vigila la entrada al valle de la Portella y, como había muchos tramos de pista forestal, prosigue durante 10 kilómetros de marcha, interrumpido solamente por las subidas.

Pero vayamos por puntos. En Gotzenes, el termómetro del coche de Pep marca -5ºC. Exijo el libro de reclamaciones; no hay derecho. Pep y Carles me recuerdan que el lugar lo elegí yo. Cruzamos la riera en un punto donde el agua se encajona entre piedras, llamado el Gorg del Boix y buscamos la manera de subir a la casa de Les Bagues, donde había la colita que me interesaba. De momento, la escarcha y el hielo son compañeros constantes; para tener sol, estamos en el lado equivocado del río, pero llega un momento en que ya no tengo frío … como no paramos de movernos. Eso sí, voy muy abrigado. La deseada colita empieza muy bien pero al llegar a la primera cresta, sólo hay una opción: subir. En algunos puntos, el camino se parece sospechosamente a un camino para bajar troncos y en otros, se parece más a un camino para personas. Salimos a una pista y vamos hacia otra colita que Pep vio cuando se tuvo que marchar antes (ver salida del 26 de marzo).


Así se ve el mundo a 5 grados bajo cero

El Gorg del Boix

El debate continúa y Josep Mª hace una exposición detallada de sistemas políticos y económicos, con la independencia de Cataluña como eje central. Con tanta abstracción ideológica, empiezo a distraerme con pensamientos míos y voy quedando atrás. En el kilómetro 9, les atrapo y justo en ese momento, oigo a Pep decir algo que me deja atónito: “En el fondo, todos buscamos la felicidad”. ¡Pues, sí señor! Quizás al lector le sorprende mi emoción pero hace 11 años, cuando conocí a Pep, si algo no se podía tocar o medir, no existía. Uno de los efectos secundarios era que no hacía bromas. Ahora sí hace bromas y quisiera pensar que el roce conmigo ha contribuido en alguna pequeña medida a esta evolución.

Bajamos la colita de Pep hasta que entre en la pista, ya cerca de la riera de Portella y miramos algunas colitas más, que se mueren en carboneras.

Salimos de las sombras en busca de un poco de sol para almorzar y luego continuamos por la pista siguiendo el valle hacia abajo. En la primavera, no habíamos podido localizar el Molino dels Porxos pero el contacto de Pep insistía en que estaba. Ahora, bajando por la pista, vemos la presa para desviar el agua y, un poco más adelante, una rueda de molino en la ribera de la riera. Sin embargo, no se ven restos de la casa.

La rueda del Molino dels Porxos


Bajamos la interminable pista hacia Gotzenes. Para hacer la ruta más llevadera, nos dedicamos a una clase de pronunciación inglesa. Cuando llegamos a la palabra “caught”, ya no puedo contener la risa. El único que la pronuncia correctamente es Pep pero él se niega a interesarse por el idioma (“¡Si quieren hablar conmigo, que aprendan catalán!” dice). Otra espina que tiene clavada Pep es la casa de la Solana que se ve a media cuesta entre la casa de Salabuc y Mascaró. En el pasado ha intentado llegar desde Salabuc pero la vegetación le cerró el paso y en aquel tiempo, no estaba Josep Mª para abrir paso por las zarzas. Ahora, desde la pista, vemos un camino que sube hacia la Solana que podría darnos la clave para acceder a esa zona. Queda reservado para una próxima salida.


Volviendo a casa

Tengo la impresión de haberme reído mucho hoy, a pesar del frío. Cuando llego a casa, me entero que una huelga sin aviso de los controladores aéreos ha provocado el caos en los aeropuertos.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 15,4 km; 435 metros de desnivel acumulado.

lunes, 26 de abril de 2010

23/4/2010 – La Baronsa

Pep y Carles tienen que volver pronto a casa y han quedado para las 7 de la mañana. Yo todavía no estoy preparado mentalmente para madrugar tanto e intento programar una contrasalida con Josep Mª pero en el último minuto le sale un imprevisto y no puede venir. Así que o voy con Pep y Carles o salgo solo o me quedo en casa.
Heme aquí en estado de shock a las 7 en casa de Pep. Dejamos el coche en la carretera que va a La Portella, encima del valle de Vilardell. El objetivo es localizar los caminos de la Minuta alrededor de la casa de La Baronsa. Bajamos una pista pedregosa que acaba en un camino que pronto se junta con el final de otra pista. Giramos a la izquierda y seguimos la pista en un flanqueo bajo Les Planes. En una cresta, se ven unas tejas y unos restos de pared. Es una casa que se llevó por delante la pista; no sabemos su nombre pero podría ser antigua.
Damos la vuelta y volvemos al final de la pista. Esto tiene toda la pinta de ser una salida de lo más académico (ver Glosario). ¿Y para eso he trastornado mis biorritmos? protesto. Desde la pista, continúa un camino que baja al fondo del valle y entra en otra pista. Llegamos a una división de pistas que tomamos para subir a la casa de La Baronsa. Vemos marcas de la Xarxa Lenta (ver Glosario) pero pronto las volvemos a dejar. Seguimos una pista aburrida hasta la casa. Estamos sobre el trazado del camino de la Minuta pero poca cosa queda. Llegamos a la casa. Está en ruinas pero debía ser bastante grande en su tiempo. Comemos un poco. Dos perros enloquecidos pasan ladrando por el bosque detrás de la casa. Deben estar persiguiendo algo.


La Baronsa

Pasada la casa, se ven restos del antiguo camino, que seguimos, para entrar nuevamente en pistas. Continuamos así hasta volver a situarnos en la carretera de La Portella. En el tiempo que queda, Pep propone buscar otra casa, La Bena.

Sant Maurici desde la Collada de l'Alzina

Caminamos por la carretera hacia Sant Maurici y la dejamos en la Collada de l’Alzina para seguir una pista que, a medida que avanzamos, se va haciendo más interesante. Pasamos por antiguos campos y la pista se va estrechando, hasta casi parecer un camino. Entramos en una ‘artiga’ (ver Glosario) que nos da la impresión de tener algo muy viejo dentro. La pista acaba y continúa un camino que emprende la bajada hacia la casa. Ahora es interesante de verdad pero se acabó el tiempo y tenemos que volver. De vuelta en la Collada de l’Alzina, vemos un trozo del antiguo camino de carros a la casa de La Tor, todavía empedrado. La próxima salida, cambiamos de zona.

El camino empedrado de La Tor

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 12,6 km; 380 metros de desnivel acumulado.

lunes, 19 de abril de 2010

16/4/2010 - El Valle de la Portella - 6ª parte - La Riera

Esta vez entramos desde el sur. Pep quiere comprobar los caminos de comunicación desde las casas de Mascaró y Corrúbies. Dejamos el coche aparcado en la pista frente a la casa de Gotzenes, situada majestuosamente encima de un pequeño montículo. Ahora es una casa en ruinas pero su forma cuadrada y las piedras talladas delatan su origen como torre medieval. Como las estatuas que guardaban la entrada a Gondor en la película del Señor de los Anillos, esta torre vigilaba la entrada a los dominios de los señores de Portella.



La torre de Gotzenes


Esta zona fue quemada en los incendios de 1994 pero ahora se está recuperando. Tiene el paisaje típico del Baix Berguedà de pino, encina y piedra, con la riera que corta una profunda fisura.

Dejamos la pista para subir a la casa de Salabuc. Queda muy poca cosa. Tras una ardua subida y un largo trozo de pista, tomamos un camino de cresta bien conservado que nos lleva a Mascaró.



Vista desde el camino de Mascaró, mirando hacia el Monasterio

Desde la Collada de Máscaro, teníamos dos colitas (ver Glosario): una hacia la izquierda y otra hacia la derecha. Tomamos la de la izquierda, que nos lleva al Torrent de Bossoms. Las motos han cortado profundas zanjas en algunos puntos pero las eses dan fe de su antigüedad. Visitamos brevemente la casa de Bossoms: una casa bien conservada del siglo XVIII situada en un bonito prado – todo muy bucólico. Volvemos a subir a la casa de Mascaró pasando por la fuente y emprendemos el camino antiguo a Corrúbies, matando algunas colitas sin gran interés.

En la entrada anterior, canté las alabanzas de Corrúbies así que no me repetiré aquí. Sólo diré que aquí comimos en un silencio monacal.


Corrúbies vista desde Mascaró

Carlos había grabado en su GPS los caminos marcados por la Minuta municipal (ver Glosario) de La Quar de 1924. Interesaba sobre todo identificar el tramo final del camino del Monasterio de La Portella a Sant Miquel: hay pistas y hay caminos señalizados pero ninguno corresponde al camino marcado en la Minuta.

Tomamos el camino de Camp Teiós y en cierto momento lo dejamos y subimos 20 metros para plantarnos en el camino de Sant Miquel. Hacemos un breve inciso para subir el camino de Canals Males. Actualmente, este camino se ha vuelto más turístico porque la gente lo sube para llegar a la Cueva de Massana, un conocido maquis local, pero Pep sólo quiere marcar las carboneras. Dejamos el camino en la última carbonera y volvemos a bajar al camino de Sant Miquel.


Carles va siguiendo el camino en el GPS. Entramos en unos campos y el camino marcha a la derecha, subiendo la cuesta. No vemos nada pero seguimos el track. A ratos se intuye alguna cosa. Esta cuesta también se quemó en 1994 y ahora es una pendiente áspera de piedras y plantas que punchan. Tras una sesión de acupuntura gratis, llegamos a la pista y giramos a la derecha, siguiendo el track. La pista luego gira a la izquierda pero el camino de la Minuta sigue subiendo recto. Hay una pista vieja que llanea hacia el barranco pero Pep la descarta y decidimos dejarlo correr. 

Entramos en la zona de La Plana y volvemos a buscar la casa del Alpina. Nada, sólo campos. Concluimos que esa casa no existe. De repente, Carlos dice, “Estamos en el camino de la Minuta” y ahí se ve. Deshacemos su recorrido y nos plantamos encima de la pista que descartó Pep. 

Damos media vuelta y lo seguimos hacia Sant Miquel. Llegamos a la pista principal y el track nos hace continuar por una pista transversal que habrá comido el camino antiguo. De repente, el track marcha a la derecha y allí, efectivamente, se ve el camino que sube. Lo seguimos hasta situarnos debajo de la casa de Sant Miquel. Por lógica, tendría que haber otro camino que va a Mascaró por la ruta más corta, aunque no está marcado en ningún mapa. Enseguida lo vemos (¡somos unos cracks!) y nos sitúa en la cresta delante de Mascaró.

Una vez más, hemos comprobado la precisión casi milimétrica de los planos de las Minutas, hechos sin electrónica y sin satélites. Desde aquí, quiero agradecer al topógrafo D. José Mª Mascarós, dondequiera que esté, su habilidad y su buen hacer profesional. ¡Buen trabajo!

Ahora toca la segunda colita desde la Collada de Mascaró, también marcado en la Minuta. Están cortando árboles en la zona pero de momento han respetado el camino. Lo seguimos hasta situarnos en la pista que recorre el fondo del valle, giramos a la derecha y la seguimos hasta el coche. Parece no acabar nunca. El ruido del agua reconforta y el agreste paisaje entretiene pero las piernas me dicen que mañana me voy a enterar.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 18,7 km; 860 metros de desnivel acumulado.