Tras casi tres meses de calor africano, hoy por fin hay una tregua y nos reunimos Pep, Carles y yo en L’Oreneta. Pol no vendrá; está trabajando como guía en el Museu de la Mina en Sant Corneli. El calor no ha impedido a Pep completar su programa de excavaciones. “A las 7 empezábamos y a las 12 a casa”, explica.
Surge la pregunta recurrente: “¿Dónde vamos?”. Deseoso de un inicio suave, propongo la zona entre Bellver y Els Plans. Para mi sorpresa, Pep lo acepta. “Pol dijo que había encontrado una casa medieval encima de Bellver. Según la documentación, se llamaba Salzeda. Y yo nunca he estado allí”. Yo había entrada en esta zona en alguna ocasión hace muchos años y tenía marcados algunos caminos que convergían en la casa de Els Plans.
Aparcamos en nuestro lugar habitual frente a Les Escoles. Dejando la casa de Bellver a nuestra derecha, Pep enseguida emprende la subida, resuelto a visitar todos los puntos elevados donde podría haber una casa. “Adiós a la salida plana”, pienso. De hecho, nada más salir del coche, sabía que acusaría los meses sin caminar con mochila.
Vamos pasando por zonas que, hace mucho tiempo, eran campos de cultivo, probablemente de patatas, al estar orientados al noroeste. Pero ni rastro de casa. “¿Por qué no preguntamos a Pol dónde la encontró?”, propongo, con la loable intención de hacer más eficiente la salida. “Nos manda la ubicación y tema resuelto”. “¡Ni hablar!”, contesta Pep. “Un investigador con mi experiencia no necesita hacer trampas”.
Seguimos vagando en una línea ondulante hacia el sur hasta salir en una pista estrecha o camino ensanchado que nos acaba llevando a Els Plans. Delante de la casa, Pep estudia mi mapa, siguiendo el trazado del camino con el dedo hacia el norte. “Sería el camino para ir hacia La Nou desde El Llomar pero yo recuerdo que en La Minuta había otro camino que iba directo al núcleo de Malanyeu desde Els Plans”. Sigue una larga conversación sobre caminos públicos que cruzan propiedades privadas y la reticencia de los propietarios a permitir que se dé de conocer la existencia de estos caminos.
Continuamos hasta tener el Coll de la Creu de l’Oració (y la carretera actual) a la vista y damos la vuelta. Una vez de vuelta a Els Plans, encontramos el camino de Malanyeu enseguida y lo seguimos hasta tener la casa de Bellver a la vista.
La casa de Bellver y detrás, el núcleo de Malanyeu
“Bueno, ya
estamos de vuelta en Malanyeu”, observo, pensando que ya se ha acabado el
paseo. “Lástima que al final no encontramos la casa”. “¡Qué dices! La búsqueda
no ha acabado ni de buen trozo”, contesta Pep y da la vuelta para entrar otra
vez en el bosque. De nuevo, caminamos hacia el sur pero a menor altura. Bajamos
pequeños barrancos y subimos pequeñas crestas pero no encontramos nada. Ya
estamos otra vez cerca de Els Plans. “¿Qué?”, insisto. “¿Llamo a Pol?”. “Vale,
de acuerdo”, acepta Pep a regañadientes. Le llamo pero no contesta. Debe estar
metido en la galería. Envío un WhatsApp desesperado: “¡¡¡Pol!!! ¡¡Te
necesitamos!!”.
Pep mira alrededor suyo. Estamos en un bosque hostil, lleno de zarzas y boj muerto. “Quizás sería un buen momento para comer”, dice. “¿Qué prefieres?”, me pregunta Carles. “¿Zarzas o ramas de boj?”. Me recuerda el anuncio en que un grupo de millennials urbanitas se disponen con alegría a montar un picnic en un claro casi tan asqueroso como el lugar en el que nos encontramos ahora. “Algún sitio más amable, ¿puede ser?”, aventuro.
Giramos hacia el oeste y bajamos hacia la carretera. El bosque se vuelve más espaciado, con pequeñas terrazas herbosas que invitan a sentarse. Tenemos la carretera a la vista cuando de repente vemos el perímetro inconfundible de una casa. “Ya no te necesitamos”, le escribo a Pol por WhatsApp y mando la ubicación. Cerca de la casa, hay una trumfera, y cerca de la trumfera, encontramos un lugar perfecto para comer.
Mientras comemos, me entra un WhatsApp de Pol: “Esta no es la mía”, dice y manda la ubicación, seguida de una pequeña reseña histórica según la cual fue dividida en dos casas en época moderna. La ubicación la sitúa en un pequeño plano encima de Cal Anglada. “11 minutos a pie según Google”, dice Carles.
Los 11 minutos son una quimera porque barreras sucesivas de zarzas nos impiden caminar en una línea recta. Sin embargo, los desvíos obligados nos llevan a otra posible casa unos 270 metros al norte. Veinte minutos después, llegamos a la pila de piedras que actualmente es Salzeda, y efectivamente, son dos casas.
Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 6,9 km; 200 metros de desnivel acumulado.