Aquí relato nuestras salidas por los caminos del Berguedà y comarcas vecinas. Como lo pasamos muy bien, queremos comunicar sobre todo buen humor y alegría pero también tiene un fondo muy serio: el camino como bien patrimonial, pieza esencial para entender la historia y digno de conservación. Es nuestra misión desde hace más de 15 años.



jueves, 10 de septiembre de 2026

4/9/2026 – Cal Parra

“Estem a punt?”, pregunta Pep en el WhatsApp del grupo el jueves por la tarde. Le recuerdo que el viernes hará 36ºC de máxima en Berga y si quiere salir, sería para volver a mediodía. Añado que hay dos caminos que quiero mirar cerca de la Mina del Far y una casa que me parecía recordar que mencionó César August Torras, Cal Parra.

Aparcamos en la entrada de la pista de la Mina del Far. Aún hace un poco de fresco pero no durará. Mis lectores recordarán que en nuestra última salida en junio, la vuelta al coche la hicimos por un camino que venía de Cal Guitard a la zona minera. Pues allí teníamos un camino por mirar que bajaba la cuesta y ese fue nuestra primera tarea.


Otra vez en la Mina del Far

Subimos el camino de Cal Guitard y justo cuando pensaba que había sido otra alucinación mía, vemos el camino, que se vuelve cada vez más tenue a medida que lo bajamos y acaba llevándonos delante del gran depósito.

El segundo camino era la continuación del camino de Cal Guitard al otro lado de la pista de la mina. El camino es claro. Al poco rato, le cruza otro camino igual de claro que no seguimos. Salimos a una pista herboso que conecta una serie de torres eléctricas. Nuestro camino continúa al otro lado de la pista pero Pep quiere seguir la pista hacia el sur hasta el final. Llegamos a la última torre, situada sobre un promontorio con una caída libre de casi 100 metros a la carretera abajo.


La carretera y el Pont del Far a vista de pájaro

“Continúa un camino”, declara Pep con júbilo. Tras dudar unos instantes, le sigo por un rastro débil y cada vez más tapado, evitando mirar a la derecha, que acaba muriendo tras un cuarto de kilómetro en una carbonera. No queda otro remedio que volver por el mismo camino, esta vez evitando mirar a la izquierda.

Salimos nuevamente a la pista, volvemos al camino y continuamos la bajada, dando la vuelta a tocar de la carretera. Había pensado, sin pruebas, porque ni Pep ni Carles lo habían dicho, que este camino nos iba a llevar a Cal Parra. Viendo mi cara de decepción, Carles se apresura a tranquilizarme: “Confía en nosotros, Steve”. “¿Confiar en vosotros?”, pienso.

Volvemos a la pista de las torres eléctricas y la seguimos unos 100 metros hacia el norte. De repente, Carles y Pep se paran y consultan la aplicación del ICC en el móvil de Carles. Hablando en voz baja, levantan periódicamente la vista del móvil y señalan distintos puntos. Finalmente, se ponen de acuerdo y emprenden la bajada hacia el oeste, primero por el bosque y luego por un terreno más abierto. Y de repente, delante de nosotros, surgen las paredes de Cal Parra, con un fragmento del camí ral de Bagà que pasa al lado.


Cal Parra

“¿Cómo sabíais que la casa estaba aquí?”, pregunto. “El dibujo del relieve en el mapa, la orientación, el tipo de terreno, cómo cambia la vegetación, es algo intuitivo, casi un arte, tenía que estar aquí”, explica Carles. “Es un don”, añade Pep. “O lo tienes o no lo tienes”. Es evidente que ese don yo no lo tenía.

Volvemos por un camino perdedor que nos deja al pie de estos misteriosos cargadores/depósitos de agua, que volvemos a explorar sin sacar en claro del todo su funcionamiento.


El interior del posible cargador

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 5,1 km; 300 metros de desnivel acumulado.


Cómo queda el mapa después de esta salida

PD. Cuando bajo el track al ordenador en casa, veo que el mapa online del ICC marca claramente un pequeño cuadrado con el nombre Cal Parra. Seguramente en la app de Carles también se veía la casa con la misma claridad. O sea, nada de dones o sextos sentidos. “¡Sois unos tramposos!”, escribí indignado cuando les envié el track y los waypoints. La respuesta de Pep no tardó en llegar. “En la aplicación de Carles, la casa no se veía. ¡Exigimos una rectificación!”.

 

martes, 1 de septiembre de 2026

28/8/2026 – Más casas en Malanyeu

Tras casi tres meses de calor africano, hoy por fin hay una tregua y nos reunimos Pep, Carles y yo en L’Oreneta. Pol no vendrá; está trabajando como guía en el Museu de la Mina en Sant Corneli. El calor no ha impedido a Pep completar su programa de excavaciones. “A las 7 empezábamos y a las 12 a casa”, explica.

Surge la pregunta recurrente: “¿Dónde vamos?”. Deseoso de un inicio suave, propongo la zona entre Bellver y Els Plans. Para mi sorpresa, Pep lo acepta. “Pol dijo que había encontrado una casa medieval encima de Bellver. Según la documentación, se llamaba Salzeda. Y yo nunca he estado allí”. Yo había entrada en esta zona en alguna ocasión hace muchos años y tenía marcados algunos caminos que convergían en la casa de Els Plans.

Aparcamos en nuestro lugar habitual frente a Les Escoles. Dejando la casa de Bellver a nuestra derecha, Pep enseguida emprende la subida, resuelto a visitar todos los puntos elevados donde podría haber una casa. “Adiós a la salida plana”, pienso. De hecho, nada más salir del coche, sabía que acusaría los meses sin caminar con mochila.

Vamos pasando por zonas que, hace mucho tiempo, eran campos de cultivo, probablemente de patatas, al estar orientados al noroeste. Pero ni rastro de casa. “¿Por qué no preguntamos a Pol dónde la encontró?”, propongo, con la loable intención de hacer más eficiente la salida. “Nos manda la ubicación y tema resuelto”. “¡Ni hablar!”, contesta Pep. “Un investigador con mi experiencia no necesita hacer trampas”.

Seguimos vagando en una línea ondulante hacia el sur hasta salir en una pista estrecha o camino ensanchado que nos acaba llevando a Els Plans. Delante de la casa, Pep estudia mi mapa, siguiendo el trazado del camino con el dedo hacia el norte. “Sería el camino para ir hacia La Nou desde El Llomar pero yo recuerdo que en La Minuta había otro camino que iba directo al núcleo de Malanyeu desde Els Plans”. Sigue una larga conversación sobre caminos públicos que cruzan propiedades privadas y la reticencia de los propietarios a permitir que se dé de conocer la existencia de estos caminos.

Continuamos hasta tener el Coll de la Creu de l’Oració (y la carretera actual) a la vista y damos la vuelta. Una vez de vuelta a Els Plans, encontramos el camino de Malanyeu enseguida y lo seguimos hasta tener la casa de Bellver a la vista.

 

La casa de Bellver y detrás, el núcleo de Malanyeu

“Bueno, ya estamos de vuelta en Malanyeu”, observo, pensando que ya se ha acabado el paseo. “Lástima que al final no encontramos la casa”. “¡Qué dices! La búsqueda no ha acabado ni de buen trozo”, contesta Pep y da la vuelta para entrar otra vez en el bosque. De nuevo, caminamos hacia el sur pero a menor altura. Bajamos pequeños barrancos y subimos pequeñas crestas pero no encontramos nada. Ya estamos otra vez cerca de Els Plans. “¿Qué?”, insisto. “¿Llamo a Pol?”. “Vale, de acuerdo”, acepta Pep a regañadientes. Le llamo pero no contesta. Debe estar metido en la galería. Envío un WhatsApp desesperado: “¡¡¡Pol!!! ¡¡Te necesitamos!!”.

Pep mira alrededor suyo. Estamos en un bosque hostil, lleno de zarzas y boj muerto. “Quizás sería un buen momento para comer”, dice. “¿Qué prefieres?”, me pregunta Carles. “¿Zarzas o ramas de boj?”. Me recuerda el anuncio en que un grupo de millennials urbanitas se disponen con alegría a montar un picnic en un claro casi tan asqueroso como el lugar en el que nos encontramos ahora. “Algún sitio más amable, ¿puede ser?”, aventuro.

Giramos hacia el oeste y bajamos hacia la carretera. El bosque se vuelve más espaciado, con pequeñas terrazas herbosas que invitan a sentarse. Tenemos la carretera a la vista cuando de repente vemos el perímetro inconfundible de una casa. “Ya no te necesitamos”, le escribo a Pol por WhatsApp y mando la ubicación. Cerca de la casa, hay una trumfera, y cerca de la trumfera, encontramos un lugar perfecto para comer.

Mientras comemos, me entra un WhatsApp de Pol: “Esta no es la mía”, dice y manda la ubicación, seguida de una pequeña reseña histórica según la cual fue dividida en dos casas en época moderna. La ubicación la sitúa en un pequeño plano encima de Cal Anglada. “11 minutos a pie según Google”, dice Carles.

Los 11 minutos son una quimera porque barreras sucesivas de zarzas nos impiden caminar en una línea recta. Sin embargo, los desvíos obligados nos llevan a otra posible casa unos 270 metros al norte. Veinte minutos después, llegamos a la pila de piedras que actualmente es Salzeda, y efectivamente, son dos casas.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 6,9 km; 200 metros de desnivel acumulado.