Aquí relato nuestras salidas por los caminos del Berguedà y comarcas vecinas. Como lo pasamos muy bien, queremos comunicar sobre todo buen humor y alegría pero también tiene un fondo muy serio: el camino como bien patrimonial, pieza esencial para entender la historia y digno de conservación. Es nuestra misión desde hace más de 15 años.



lunes, 30 de marzo de 2026

27/03/2026 – El Mal Pas de Sant Julià de Cerdanyola

Cuando llego al bar, Pol está allí pero no viene a caminar. Nos muestra su agenda en el teléfono. Ni un viernes libre por culpa del Museo de la Mina, pero los lunes los tiene bastante bien. Pep propone hacer salidas los lunes también hasta completar el catálogo de patrimonio de La Nou. Carles no tiene tan claro que pueda venir los lunes y en mi caso, de hacerse, tendría un dilema: incluir las posibles salidas también en el blog o ceñirme a los viernes.

Pero esto es el futuro y todavía no existe. Pep gira hacia mí. “Estás de suerte”, dice. “Después de tantas rutas impuestas, hoy te dejo a ti elegir dónde vamos”. “Pues miramos aquellos caminos que no me dejaste mirar la semana pasada”, contesto sin vacilar. “De acuerdo, pero tiene que ser desde Malanyeu”, sentencia.

Estamos inmersos en la Volta de Catalunya y hoy, los ciclistas pasarán por Sant Julià y subirán a la Collada de Sobirana antes de bajar a La Pobla de Lillet. Pep teme verse atrapado en el pueblo sin posibilidad de entrar o salir durante horas. El día siguiente, pasaron dos veces por Berga y creo que sinceramente sus temores fueron infundados pero a toro pasado, todo es fácil.


El valle de Malanyeu

Aparcamos en la pista que va a la Font de les Travesses. Estamos en la cara norte, no hay sol y hay un viento frío que hace crujir los pinos. Y esta pista tiene unas rampas con bastante pendiente que me hacen temer lo peor.

Me pongo en marcha con resignación. Voy a mi ritmo; en las subidas, quedo atrás; en los tramos planos, casi atrapo a Pep y Carles. Tras algo más de medio kilómetro, entramos en la pista de Cal Pigot y se aplana. Me hago un autochequeo: dejando de lado el viento y la ausencia de sol, me encuentro bastante bien, sin el cansancio de la semana anterior.

Bajamos directamente a la pista de Moneny, sin pasar por la Font de les Travesses. “¿No coges el camino a la Collada de les Bassotes?”, pregunto con recelo. “Esto lo haremos a la vuelta”, contesta Pep crípticamente. Así que pasaremos por el Mal Pas. La última vez que estuve allí fue en diciembre de 2013 (está en el blog) y siempre lo he hecho de bajada.


Panorámica del Mal Pas. La aproximación se hace por la larga franja de bosque que desemboca en La Creueta. El Mal Pas es la pequeña mancha verde que sube al final.

Entramos en el camino del Mal Pas, ahora señalizado, que pasa por encima de la casa reconstruida de Moneny. Es un bosque de robles que ha conquistado los antiguos campos y que se va haciendo más denso a medida que avanzamos. 


Carles señala retos actuales y futuros

Pasamos por una faja amplia de encinas y carboneras antes de salir a La Creueta, una plataforma amplia, antesala del Mal Pas. Aquí hay vistas despejadas en todas las direcciones excepto el norte. Se ha colocado una cruz nueva con una pequeña placa. Miro el GPS. “De momento, llevamos 200 metros de desnivel desde el coche”, pronuncio, sorprendido por la ausencia de cansancio. “No creo que hagamos mucho más”, dice Pep con optimismo.


La Creueta

Y el Mal Pas, una franja estrecha entre dos paredes, a la derecha del pino

El camino señalizado pasa a pie de las rocas. Antes, pasaba un poco más abajo. La vegetación esconde el precipicio cercano hasta que salimos al pequeño triángulo que es el Mal Pas propiamente dicho. Hay un corto paso de roca, ahora con una cuerda, que pienso que ayuda más en la bajada que en la subida, y luego el camino continúa con el abismo a medio metro a nuestra izquierda. Hacemos un giro de 90 grados y continuamos la subida, ahora con el precipicio a nuestra espalda. Por fin, salimos arriba, donde se ha colocado un poste indicador.


El camino modificado, a pie de roca

Ahora me toca a mí

Bajamos hacia la pista de la Collada de les Bassotes. Empezamos a ver carboneras y luego antiguos bancales, con caminos que van saliendo a la izquierda y la derecha. Al estar orientado al noroeste todo tiene un aire fantasmagórico, con antiguas paredes cubiertas de musgo. Hace tanto tiempo que no venimos aquí que nos parece que es la primera vez que estamos viendo todo esto. “Tiene que haber barracas aquí”, dice Pep. “Habrá que volver. ¿Cómo es que no vimos todo esto cuando venimos?”, se interroga. Cuando miro los mapas en casa, compruebo que sí habíamos visto las carboneras y los bancales, pero igual han pasado 20 años desde entonces.

Llegamos a la pista y bajamos a la Font del Bullidor. Desde allí, buscamos el camino más importante para explorar, que nos acaba llevando a la Collada dels Pedrons en una larga subida, como habíamos sospechado. En la Collada, tomamos el paso desconocido pero resulta ser un camino nuevo que recorre la cresta, creado desbrozando la vegetación. Damos la vuelta y seguimos un camino intermedio que nos lleva a la Collada de les Bassotes.


El largo camino a la Collada dels Pedrons

En todo este largo trayecto, vamos comentando distintos temas, incluido el programa satírico Polònia en TV3. Uno de los sketches recurrentes lo protagonizan Macià y Companys (presidentes de Cataluña en la Segunda República y la Guerra Civil, respectivamente), sentados en sillones en el Cielo, elegantemente vestidos con trajes de la época, comentando la actualidad abajo en la Tierra. Esta semana, les había visitado Chuck Norris, recién fallecido. Como antiguo karateka, les comento a Pep y Carles que por los movimientos que hacía el actor, era evidente que sabía karate: el juego de caderas en los puñetazos no se puede improvisar. Pep bromea que llegará el día en que nosotros dos también estaremos sentados allí arriba, mirando cómo Carles se espabila sin nosotros.

Buscamos un sitio para comer en la Collada. Para tener vistas de Puigllançada y el Coll de Pal, hay que exponerse al viento frío del norte, así que nos movemos unos metros para abrigarnos, a costa de perder el sol y tener una vista compuesta básicamente por árboles. No es muy cómodo así que no perdemos el tiempo. Al levantarnos, me doy cuenta que 3 metros más allá, habríamos tenido sol y una temperatura mucho más cálida. ¿Serán ciertas mis sospechas sobre las intenciones de Pep al escoger los lugares para almorzar?

Tomamos la pista que nos llevará al paso para volver a Malanyeu. Al poco de venir aquí, aún había visto el camino original, hecho para hacer con animales, con la Font de les Estoralles a media subida. La próxima vez que vine, se había abierto una pista extraordinariamente fea, que parecía que iba dejar una cicatriz imborrable, y la fuente había quedado en un lodazal por el paso de las máquinas. Hoy, casi 30 años después, la pista se va naturalizando poco a poco y la fuente ha sido reconstruida, con una pequeña balsa y una bañera que recoge el agua que sale de una espita. Pero el antiguo camino se ha perdido para siempre.

Llegamos a la cresta de la Serra del Mill. Al otro lado baja el camino entre robles, ahora en pleno sol. Luego entramos en una serie de pistas que también ha destrozado caminos antiguos que nunca he podido ver. Hacemos 150 metros de bajada hasta la Font de les Travesses por fuertes pendientes. Aquí no creo que las pistas se naturalicen nunca; han quitado toda la tierra, dejando la roca viva.


Pep contempla la fuerza de la Naturaleza en la Font de les Travesses

Para llegar al coche, dejamos la pista para tomar un camino conocido que nos deja a poca distancia.

En la subida desde la carretera hasta el pueblo, hemos ido viendo zonas cultivadas y algún camino, incluido lo que parece ser el camino antiguo de Malanyeu desde El Far. “Tenemos mucho trabajo aquí”, dice Pep con satisfacción. “¡Que no acabe nunca!”. Y yo me voy cansado pero con buenas sensaciones. No está todo acabado todavía.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 10,6 km; 640 metros de desnivel acumulado.

PD. El domingo hará otro temporal de viento, con rachas de casi 160 km/h en Queralt.


domingo, 29 de marzo de 2026

20/3/2026 – Los años no perdonan

En teoría, Pol vuelve a estar libre la semana que viene y eso significa que volveremos a La Nou. Así que hoy será la última salida a Sant Julià de Cerdanyola.

Pep entra en el bar con el aspecto ojeroso de una persona que ha dormido poco. “Tengo una barraca como waypoint de la última salida pero no encuentro la foto”, dice nada más sentarse. “Está muy cerca de la Collada de les Bassotes. No entiendo qué podría haber pasado. Llevo días dando vueltas al asunto. Tenemos que volver”.

En el barrio de La Guingueta, vemos árboles caídos en el lecho del torrente por la temporal de viento del domingo pasado. La gente de allí debe haberse llevado un buen susto, oyendo el estruendo de los troncos que se partían.

Aparcamos en la pista de Fontanals cerca del cruce con La Vía y subimos a la Collada de les Bassotes. Son 130 metros de desnivel de golpe con fuerte pendiente. Encuentro dura la subida.

Cuando llegamos al waypoint, lo que encontramos no es una barraca sino un camino. “Ya que estamos, sigamos el camino”, dice Pep. El camino nos lleva al pequeño collado donde hay los dos caminos que cruzan hacia el norte. Carles ha quedado un poco más arriba, buscando una barraca que no existe. “Los dos hemos resuelto un problema: Yo he aclarado un pequeñísimo error y Steve ha podido seguir un camino que no sabía que existía”, dice Pep cuando nos volvemos a encontrar.


Explorando infructuosamente la cara norte de la Serra del Pacient, encima de la Collada de les Bassotes

Sin embargo, rechaza mi propuesta de aclarar los demás caminos que han quedado colgados. “Lo haremos en otra salida. Hoy tenemos que centrarnos en las barracas”. Y da la vuelta para volver a la Collada.

En el descenso, Pep nos comenta la película Balandrau, viento salvaje. Para los no catalanes, Balandrau es un pico en el Pirineo oriental catalán. El 30 de diciembre de 2000, lo que iba a ser una ascensión fácil se convirtió en una trampa mortal, con 9 muertes, por un cambio repentino de la meteorología. Nos recomienda verla. De hecho, ha sido uno de los grandes éxitos del pequeño cine de Berga.

Bajamos hacia La Quadra. Hoy, hay gente. Dos coches aparcados, un generador portátil en la puerta y humo que sale de la chimenea. Un perro simpático al lado de los coches, atado con una cuerda larga, quiere conocernos, pero le deben haber enseñado a quedarse quieto y solo mueve la cola.


Una de las muchas barracas de hoy

Continuamos por la Vía, ahora convertida en una pista frondosa. Consultando los puntos marcados en su móvil, Carles localiza barracas en las pequeñas hondonadas aterrazadas bajo la Vía orientadas hacia el noreste. Francamente, no estoy a gusto. Todo es subir y bajar sin camino, apartando zarzas y esquivando troncos caídos. Luego, cuando Pep me llama para marcar el waypoint con mi GPS, todo son prisas. Después, cuando saca el móvil para fotografiar la barraca, resulta que estorbo. Y luego corriendo a la próxima barraca. “Antes, no eras tan hiperactivo”, le reprocho. “Creo que la culpa la tiene esa pila de documentos que tienes en casa para transcribir, que te tiene siempre tensionado”.


La continuación de la Vía después de La Quadra

Localizadas todas las barracas bajo la Vía, ahora hay que subir. Un camino sube por la cresta hasta llegar a la pista que va al Els Planassos. Otra pendiente empinada, 150 metros de golpe. Noto mucho cansancio en las piernas y me pregunto si mis días de caminar con Pep y Carles están terminando.

Es con esos ánimos decaídos que finalmente llego a la pista. Giramos a la derecha hacia el Collet de les Estellades. Aquí hay otra pequeña vaguada con campos aterrazados y una barraca. Con lo lejos que está del pueblo y los 400 metros de desnivel, puedo entender las pocas ganas de venir que habría tenido el pobre al que le tocó esta parcela.

Una vez documentada la barraca, nos sentamos en una pequeña mancha de terreno donde llega el sol, con una vista compuesta básicamente por los árboles que tenemos delante, y comemos. Creo que Pep lo hace a propósito. En este entorno poco amable, dedicamos el mínimo tiempo posible al almuerzo y así puede volver a casa sin perder tiempo.

Descendemos hacia La Quadra en dirección oeste, documentando una barraca no incluida en el catálogo en otra vaguada aterrazada. La gente que había dentro de La Quadra se ha marchado.


La penúltima barraca de hoy

Volvemos al coche y vamos por la carretera asfaltada para ubicar un par de barracas más cerca de la carretera. Hoy, he tenido suficiente.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 8,5 km; 500 metros de desnivel acumulado.

 

viernes, 27 de marzo de 2026

13/3/2026 – Las barracas de Els Serrats

La semana siguiente (26/2/26), volvimos a la zona de la Roca Roja para liquidar los últimos rincones sin mirar y luego bajamos el Clot de Pujals. Más barracas. Nada blogable, excepto una curiosa estructura de madera para la observación de fauna. Y la semana siguiente, nos quedamos en casa por lluvia.

Hoy, hará sol, mucho sol, y temperaturas suaves a mediodía. Pep quiere subir el Valle de l’Albiol por encima de la Font del Bullidor. Es una zona que todavía tiene algunos misterios para nosotros.

Aparcamos en el camino que va a la piscina y subimos hacia el depósito de agua. Al hacer la pista del depósito de subida en vez de bajada, como la última vez que estuvimos por aquí, vemos los restos de un camino que se marcha hacia la izquierda desde el depósito, cruza la Vía y continúa al otro lado, buscando la cara sur del Serrat de les Lloses. 


Vistas desde el camino

Es un camino con mucho encanto, aprovechando una faja para buscar la Font del Bullidor, con largas vistas hacia Pedraforca y el Cadí. Tengo la impresión de que no es la primera vez que vengo aquí pero los mapas son confusos al respecto.


Bajando hacia la fuente

Llegamos a la fuente y luego bajamos a la pista del Collet de les Bassotes para confirmar una barraca que se anotó en el mapa hace mucho tiempo. La encontramos en el mismo sitio y damos la vuelta. Justo en ese momento, viene un ciclista solitario de nuestra edad o quizás un poco más y paramos para charlar un poco. Lleva una bicicleta de montaña eléctrica. “Necesito la batería para subir las cuestas. Es lo que tiene la edad”, nos explica. “Pero la pongo al mínimo; quiero sentir el esfuerzo de las piernas”. Nos pregunta dónde vamos. “Al Collet de les Bassotes”, contesta Pep. “Subid por el camino. Es mucho más bonito que la pista”, nos recomienda. “Así haremos”, contestamos.

Volvemos a la Font del Bullidor y subimos por el camino que va siguiendo el pequeño torrente. A medida que entramos en la zona cultivada, salen caminos paralelos a diferentes niveles y dos que pasan la cresta hacia el norte en diferentes direcciones. Uno lo seguí hace mucho, mucho tiempo pero no está claro. Merecen una salida monográfica.

Aquí, al estar bajo la sombra de la Baga de l’Albiol, es un paisaje más suave que las cuestas ásperas de Les Deveses. Predomina la hierba y el musgo y no hay obstáculos infranqueables ni trampas para tobillos y rodillas. Guiados por el móvil de Carles, vamos buscando las barracas que constan en el catálogo, hasta llegar al collado.

Bajamos el camino hacia el Cap del Pla para localizar la última barraca de hoy y luego buscamos un lugar con un poco de sol para comer. Hace una temperatura suave y los pájaros cantan. Cuento 6 especies.


Volviendo por la Vía

La vuelta se hace sin complicaciones, por la Vía. En casa, repaso los caminos que hemos ido encontrando. Hay muchos cabos sueltos que valdría la pena atar. En efecto, el primer camino lo había hecho pero estaba mal puesto. Medio frasco de Tippex después, ya está todo donde tiene que estar. Pol estaría horrorizado.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 9,9 km; 435 metros de desnivel acumulado.

 

domingo, 1 de marzo de 2026

20/2/2026 – Las terrazas colgantes de l’Albiol

Tras un viernes lluvioso, hoy nos reunimos otra vez con la promesa de un día primaveral. Pol viene a tomar el café pero no viene a caminar. De hecho, no vendrá hasta finales de marzo. Tiene visitas escolares en el Museu de la Mina. Eso sí, me devuelve los mapas. “Están al día”, me asegura.

Pep ya sabía que no vendría Pol y ha decidido volver a Sant Julià de Cerdanyola. Yo pensaba que esas cuestas infernales eran historia pero, ante mi sorpresa, me dice que quedan barracas en la solana encima del valle de l’Albiol. Por esta solana, baja un camino que era utilizado habitualmente por los mineros que vivían en el pueblo para bajar al Collet. Ahora está marcado como parte de la Xarxa Lenta pero, según me informa Pep, no tiene continuidad en el río porque el puente lleva años cerrado, esperando una reparación.

Aparcamos en el lugar de siempre pero, por primera vez desde que venimos aquí, cruzamos el pueblo para ir a La Creu. Caminando por las calles del pueblo, recuerdo con nostalgia los lugares y personas que ya no están: la tienda de Mª Àngels, el bar El Niu, y el olor del humo de leña me transporta a aquellos años en la década de los 90 cuando primero descubrí El Berguedà.


Vistas imponentes desde La Creu

Desde La Creu, continuamos hacia el Cap dels Ruquets. Al llegar al Clot de Pujals, vemos unas piedras sospechosas y Pep decide bajar un poco. Anotamos la primera barraca pero no es el objetivo prioritario de hoy y damos la vuelta. Luego vamos a La Tossa, donde se ha hecho un pequeño camino que lleva a un mirador sin barandillas colgado sobre el abismo, con El Collet abajo y detrás, el valle del Saldes, Ensija y Pedraforca. En teoría, había una barraca por estas cuestas pero no la vemos por ningún lado. Se habrá puesto en una ubicación equivocada.

Volvemos al Cap dels Ruquets y empezamos a bajar por el camino del Collet. Por todas partes se ven pequeños campos con paredes de piedra seca, ahora yermos y poblados por arbustos y encinas que luchan por sobrevivir en la tierra seca. Sin embargo, el camino nos aleja del objetivo que se ha fijado Pep: un arisco que va hacia la cabecera del valle.


Pep resolverá el enigma al pie de las rocas inferiores

No tardamos en dejar el camino para ir bajando los bancales, buscando uno que tenga la continuidad suficiente para llevarnos hacia la pared de roca. Seguro que antes todos los campos estaban conectados por pasos transitables pero, al igual que las terrazas bajo Les Deveses y L’Enzinet, tenemos que progresar buscando sitios donde la pared de piedra seca se ha erosionado y los ciervos han aprovechado esos puntos para crear sus propios caminos.

Llegamos a un bancal largo que nos planta debajo de la pared y ahora toca el proceso contrario: subir por los puntos donde la pared se ha abierto. Llegamos a una pared especialmente alta. Pep sube primero, con cierta dificultad, luego Carles, ayudado por el bastón de Pep, y cuando llego yo, veo que bajan los bastones para que pueda afianzarme. Pero cuando me agarro a los bastones, ellos me cogen por los brazos. “A la de tres”, dice Pep. Entiendo que pretenden subirme como un saco de carbón. “Parad, parad”, les imploro. “Uno, dos …”, continúa Pep. “¡Tengo una lesión!”, grito desesperado. Milagrosamente paran. “En el hombro derecho. Por limpiar el horno”, consigo explicar. “Solo necesito un punto de apoyo. Ya subiré yo”.


El refugio desde el cual se cuidaban los campos

Llegamos a la roca, donde efectivamente hay una balma-refugio que da sentido a todos los campos que vemos a nuestro alrededor. Volvemos a una pequeña plataforma debajo del camino del Collet, con vistas de todo el valle. Aquí comemos.


Nuestro comedor

Y la vista

Para volver, tomamos la pista que regresa al pueblo por el cementerio. Aquí, todos los huertos parecen abandonados. Antes, cuando yo paseaba por aquí los fines de semana, había jubilados de la mina trabajando aquí pero esto fue hace 30 años. Parece que los únicos huertos activos son los que están dentro del perímetro del pueblo.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 6,7 km; 250 metros de desnivel acumulado.

PD. Cuando llego a casa, miro los mapas de La Nou. Para mi asombro, Pol solo ha marcado los waypoints en el papel. No se ha atrevido a introducir ningún camino nuevo. ¿Qué les pasa a los GenZ?, me pregunto. ¿Tienen papirofobia?