Aquí relato nuestras salidas por los caminos del Berguedà y comarcas vecinas. Como lo pasamos muy bien, queremos comunicar sobre todo buen humor y alegría pero también tiene un fondo muy serio: el camino como bien patrimonial, pieza esencial para entender la historia y digno de conservación. Es nuestra misión desde hace más de 15 años.



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sábado, 3 de septiembre de 2011

26/8/2011 – En busca del Camino de la Sal

El 11 de agosto, Pep y yo fuimos a Ansovell en el Alt Urgell. Los mapas antiguos marcaban un Camí Cardoner que supuestamente traía la sal de Cardona a esta parte del Cadí. Un plafón cerca del Santuario de Boscalt muestra una raya negra como Camí Cardoner y otra raya paralela pero a mayor altitud como Camí Ramader o camino pecuario. Tras caminar durante todo el día, las conclusiones fueron: el Camí Cardoner es ahora una ruta de BTT compuesta mayormente por pistas forestales modernas con algún tramo residual de camino de cierta categoría. Del Camí Ramader, ni rastro. A pesar del paisaje espectacular, me marché de allí con una sensación de engaño.

El plafón de los enredos. Abajo de todo se ve el trazado del supuesto "camí ramader" y un poco más arriba y paralelo, el "camí cardoner"

El Santuario de Boscalt

 Un detalle de la muralla del Cadí

Una de las pocas cosas positivas de aquella jornada: frambuesas silvestres

El 19 de agosto, yo estaba en Inglaterra pero Pep y Carles fueron a Querforadat en busca de esos esquivos caminos de la semana anterior y también para visitar el Castell de Miralles entre Querforadat y Cava. Efectivamente hay una torre medieval, con cabañas y paredes de campos más modernas. Lo que se marca como Camí Cardoner entre estos dos pueblos no convenció a Pep y atribuye los caminos y pistas a caminos de comunicación locales. Del Camí Ramader, ni rastro.

El miércoles siguiente, vuelvo de Inglaterra y al dejar el coche en el garaje, veo como escupe refrigerante hirviendo sobre el suelo. Algo le pasa al coche. El día siguiente, llamo a Jaume, mi mecánico de cabecera en Guardiola, y se lo explico. “¿No vas a caminar mañana?”, me pregunta. “Trae el coche y lo miramos”. El viernes, llevo el coche con gran nerviosismo, ya que no queda refrigerante en el radiador. Durante 30 segundos terroríficos al salir del túnel de Guardiola, la aguja de temperatura entra en la banda roja. Pep y Carles me recogen y cuento a Pep lo de la banda roja. “A ver si has quemado la culata”, me dice. Esas 7 palabras son suficientes para desencadenar un ataque de hipocondría mecánica que tardará un par de horas en calmarse.

Aparcamos el coche en el Coll de Pallers, detrás del pueblo de Estana. Vemos un camino que marcha hacia el norte pero, de momento, lo dejamos y seguimos el GR, también marcado como Camí Cardoner, hacia Querforadat. Vamos bajando por campos y luego flanqueando por bosque hasta entrar en el Prat de la Ribera.

Caminando por el bosque hacia Querforadat

Vista de Querforadat

Comienzan pistas que nos llevarán hacia Querforadat. Cerca de Querforadat, encontramos a un padre y su hija adulta que quieren hacer una ruta propuesta por una casa rural en Nas que les llevará al Prat de Cadí. Les acompañamos un rato, subiendo por las pistas, hasta que nuestra ruta se separe para subir al Coll d’Oruga. Allí, Pep ve un canal de riego sin agua y opta por seguirlo en vez de buscar un camino. Al final, un camino cruza el canal y nos separamos; yo sigo el camino con Carles y Pep continúa por el canal. Nos volvemos a encontrar en la Collada Jussana, donde hay una estela en recuerdo a un montañero. El canal continúa al oeste del Turó de Collada Jussana y acaba muriendo en una fuente seca.

Estamos en una especie de tierra de nadie debajo de la Canal Baridana y nos volvemos a separar. Yo tiro hacia la izquierda, buscando el camino que sube hacia la Canal. Esta canal la subí hace ya unos 15 años como miembro de un pequeño grupo con un guía. Era julio y hacía al menos 35 grados. Yo aún era muy urbanita y todo mi equipo había sido comprado en la cadena Coronel Tapioca; poco práctico y pesaba demasiado. Cuando nos plantamos en el embudo invertido de la canal, me parecía la entrada del infierno; 400 metros de desnivel subiendo la ‘tartera’; por cada dos metros que subía, perdía medio metro deslizando hacia abajo en las piedras. Encima, el guía tenía prisa porque había reservado mesa para nosotros en Toloriu. Como era de suponer, llegué arriba el último, extenuado; 15 minutos después, el guía ya quería bajar. Juré no subirla nunca más.

La temida Canal de Baridana

Nos volvemos a encontrar ya cerca del camino que lleva a la canal y bajamos hacia la Font de les Planes. Allí, encontramos a la misma pareja familiar, comiendo pero algo desanimados. Habían llegado a la Collada Jussana Superior pero no habían sabido encontrar el camino de flanqueo que les llevaría al Prat de Cadí sino que habían seguido las pequeñas pilas de piedras o ‘fites’ en catalán hasta llegar a la fuente. Se marchan derrotados hacia abajo. Mientras Pep y Carles buscan una pleta debajo de la fuente, yo me quedo en la sombra. Al ser el único punto de agua en los alrededores, se congrega una buena cantidad de aves pequeños que, al final, me acaban aceptando y se dejan ver.

Detalle del Cadí desde la Font de les Planes

Vuelven Pep y Carles, espantando todos los pájaros, y bajamos hacia la Collada Jussana Superior. Allí vemos claramente el camino de flanqueo hacia el Prat de Cadí pero no acabamos de ver el camino de bajada, distraídos por los restos de una barraca. Al final, vemos unas ‘fites’ que bajan por una mala cuesta. ¿Por qué tiene la gente esa manía de marcar por dónde pasan si no hay ningún camino?, me pregunto. También en la última subida hacia el camino de la Canal Baridana, había encontrado unas ‘fites’ que subían una especie de arroyo de piedras para acabar dejándome tirado en una cuesta asquerosa.

Con un flanqueo incierto, salimos finalmente a la Collada Jussana (Inferior) donde vemos el camino correcto de subida. Tras inspeccionar una pleta debajo del collado, continuamos la bajada.

La estela en la Collada Jussana con el Cadí de fondo

Pep quiere hacer un último intento de encontrar el famoso ‘camí ramader’. Entramos en una zona de prados y giramos hacia el este por pistas. La última pista se muere y tenemos que bajar la cuesta como podemos hasta llegar al siguiente nivel de pistas, que nos lleva a una zona de artigas (ver Glosario) llamada Cul d’Hivern (sic). Allí Carles descubre una barraca con una forma circular casi perfecta desde donde se cuidaba toda esa zona y, tras recibir las felicitaciones de Pep, vemos un camino de flanqueo que sí, esta vez sí, parece bueno, ya que está casi a la misma altura que el Coll de Pallers. Sin embargo, al cabo de unos 350 metros, se muere en una fuente y nos vemos abocados a otro descenso precario hasta entrar en una red de pistas forestales debajo del Coll. Al final, dejamos las pistas y hacemos una subida nada recomendable sin camino hasta el Coll de Pallers.

Con el coche a la vista, empiezo a saborear un merecido descanso pero oigo a Pep que me llama desde detrás. Quiere subir el camino que dejamos al principio de todo y, como portador del GPS que nunca pierde la señal, reclama mi presencia. Lo seguimos unos 150 metros y damos la vuelta. Parece bueno pero tendrá que esperar otra ocasión. “Éste hace 20 kilómetros, 1.000 metros de desnivel y parece que ha ido a comprar el periódico en la esquina. Y yo, hecho un flan”, pienso indignado.

Bajando hacia Martinet, en cuanto tengo cobertura, llamo a mi mecánico. “¿Cómo está el coche?”, pregunto ansioso. “He cambiado el termostato de la bomba de agua y ahora va bien”, me contesta. “¿No se ha quemado nada?”. “Tranquilo, está todo bien. Te dejo la factura con mi hijo, que tengo que dar una clase de yoga”. ¿Un mecánico que es profesor de yoga?, dice Pep extrañado.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 16,7 km; 880 metros de desnivel acumulado.

lunes, 25 de octubre de 2010

21/10/2010 – Bastanist (3)

Este jueves, tampoco pude ir. Quedé con Josep María para el día siguiente. Carles y Pep volvieron a Bastanist, ya por última vez este año y buscaron los caminos a Bescarán. Subieron primero por el torrente de Bescarán en un camino muy tapado. Luego el camino fue alejando del torrente haciendo curvas hasta llegar a las ruinas de la casa. De ahí siguieron un camino de flanqueo de gran belleza paisajística por las rocas que fue enlazando prados y cruzó el Serrat de Bartulló. “Un camino espectacular”, me dijo Pep nada más volver a casa para darme envidia. Desde el Serrat, el camino bajó hasta llegar al GR que va de Bastanist a Montellà, cerca de la casa de Les Valls y de allí, siguieron el GR hasta Bastanist.

La casa de Les Valls, mirando hacia Estana

14/10/2010 – Bastanist (2)

Esta semana he ido a Inglaterra. Carles y Pep volvieron a Bastanist para acabar de aclarar el camino antiguo a Estana. Al llegar al Torrent de l’Infern, el camino se separó del GR y acabaron llegando otra vez a Cal Guerra y de ahí siguieron un camino paralelo al torrente que les dejó en la pista del Coll de l’Estenedor delante del camino tan maravilloso que descubrimos el 23 de septiembre. Evidentemente, allí se produce una división de caminos: a la derecha hacia Estana y a la izquierda hacia el Cadí. Por las Bordas del Baster, subieron a Estana y luego bajaron por caminos hasta una curva en la carretera desde Montellà. Volvieron a la Borda del Ponçi y de allí a otra borda llamada Cal Tulla situada en un lomo encima de Bastanist y luego a Bastanist.

viernes, 15 de octubre de 2010

8/10/2010 – Bastanist (1)

Hoy Pep no puede venir y me toca una vez más hacer de monitor para Carles y Josep María. Pep me dio instrucciones para buscar el camino de Bastanist al Coll de l’Estenedor e inspeccionar las bordas entre Estana y Bastanist.

Dejamos el coche en el aparcamiento del santuario y ponemos rumbo al sur. El hombre del tiempo nos prometía cielo tapado como preludio a una gran borrasca que se abatiría sobre Cataluña durante los próximos días. Pero aquí hace sol y una temperatura muy agradable. Seguimos un camino que luego se junta con una pista naturalizada que entra en el valle del Riu de Bastanist. En una bifurcación, giramos a la derecha y empezamos a subir, desembocando finalmente en una zona extensa de antiguos campos dispuestos en distintos llanos, ahora conquistados totalmente por el bosque. ¿Es el Pla de la Vedella? Ninguno de los mapas que tenemos se ponen de acuerdo sobre dónde colocar los topónimos. Desde esta ‘artiga’ (ver Glosario), no hay ningún camino claro que continúa subiendo pero se puede ascender sin problemas por la cresta hasta salir en la pista del Coll de l’Estenedor donde estuvimos hace dos semanas.
Vamos bajando por la pista hacia Estana. Cuando entramos en la zona de cultivo, el paisaje se vuelve muy plácido, casi inglés.


Bajando por la pista

Anotamos Can Guerra, luego las ruinas de una barraca cuyo nombre desconocemos. Allí comemos con la Borda del Poncí a la vista al otro lado del pequeño valle. Dejamos arriba a la izquierda las dos Bordas del Baster y entroncamos con el tramo del GR que va de Estana a Bastanist. Carles había grabado en su GPS el trazado del camino antiguo de Estana a Bastanist para ver si seguía el GR o si se desviaba en algún momento del camino marcado.
Llegamos a una curva de la pista a la Borda del Poncí pero la ruta marcada en el GPS de Carles parece continuar recto. Veo un camino muy marcado que baja al torrente pero luego se difumina en los prados. Al final, vemos un camino que va de llano al otro lado del torrente y a Carles le parece que puede ser el camino que tiene en su GPS. Lo seguimos.

Nuestros lectores pueden tener la impresión que somos expertos infalibles en todo lo relacionado con los caminos y este blog, con cierta dosis de ironía inglesa, puede haber alentado esta impresión. Para que vean que no es así, sigue el relato de una equivocación.
Nuestro camino va siguiendo la cuesta encima del Torrent de les Bordes, a veces se ve bien y otras veces está prácticamente perdido por la erosión. Al cabo de poco rato, vemos Bastanist detrás de un lomo al otro lado del torrente pero está claro que nuestro camino no va hacía allí y al final, se pierde del todo. “El track me marca un descenso”, dice Carles. Me asomo por la cuesta, que baja en picado por el bosque. Muy abajo, se oye el rumor del agua. “Pues no sé cómo”, pienso. Mi intuición me dice de volver atrás pero nos retrasaríamos por lo perdido del camino y viendo un punto con menos pendiente, decido probar la bajada. No tarda en volverse más empinada y hacemos un descenso incómodo, lento y nada recomendable. Creo que mi intuición fue la mejor consejera.
Pero al final llegamos abajo y, por suerte, al otro lado veo un camino muy marcado, probablemente hecho por las vacas que bajan para beber, que nos sube al viejo camino donde vemos nuevamente las marcas del GR. A partir de allí, la cosa vuelve a ser divertida. Pasamos por la borda de Cal Baster y de allí a Bastanist. El guarda del santuario ha abierto la puerta de la iglesia; entro para presentar mis respetos a la Virgen.

Interior del santuario de Bastanist

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 13,4 km; 660 metros de desnivel acumulado.

sábado, 9 de octubre de 2010

1/10/2010 – El Pas de la Roca Plana

Nuestros lectores recordarán que la semana anterior, Pep y yo estuvimos comiendo en el Prat de l’Estenedor frente al Pas de la Roca Plana. Ninguno de los dos lo habíamos subido y aunque estaba marcado en el Alpina, yo me resistía a probarlo. Sin embargo, desde el Prat de l’Estenedor, me parecía más asequible y accedí a subirlo la próxima semana.

Hoy tenemos un invitado, Esteve, un amigo de Pep de los partidos de ajedrez y nativo del Berguedà pero actualmente es profesor de psicología en una de las universidades de Barcelona (no sé cuál). Desde hace unos cuantos años, se apunta a una o dos salidas al año con nosotros.


Volvemos a subir la larga pista al Prat d’Aguiló y caminamos al refugio para hacer el tramo del Camí dels Collets que nos faltaba por completar. La niebla estaba enganchada a la cresta del Cadí y allí nos íbamos a meter. Iniciamos el flanqueo hacia el Prat de l’Estenedor. En algunos puntos, el camino parece buscar el único sitio por donde se puede pasar entre las formaciones rocosas y eso me hace plantear una vez más una de nuestras eternas preguntas: ¿qué vino primero, el paso o el camino? O sea, ¿había un paso y por eso existe el camino o el paso se hizo cuando se hizo el camino?




El Camí dels Collets

Con esos pensamientos, voy cruzando torrentes, pedregales (tarteras en catalán) y pequeños collados hasta llegar al Prat de l’Estenedor. Delante, el Pas de la Roca Plana, perdido en la niebla. Iniciamos la subida por la cresta.

Esteve es 11 años más joven que nosotros pero, siendo neourbanita, sube pocas montañas y pronto empieza a resoplar. Pero como buen psicólogo, conoce nuestro perfil y no tarda en sacar temas que nos hará detenernos para conversar y así puede reponer fuerzas. Y nosotros caemos gustosamente en la trampa ya que la compañía es amena.


Entramos en la niebla debajo de la Roca Plana

Salimos del bosque y vamos subiendo como podemos por la cuesta. Cruzamos una pequeña ‘tartera’ y entramos en un pequeño valle que en el mapa tiene el nombre de Prat Sistrer, aunque de prado tiene muy poco. La niebla a veces se levanta y a veces baja, ofreciéndonos vistas de gran belleza o totalmente fantasmagóricas. A la entrada del valle, una cruz de madera nos parece advertir de los peligros que nos esperan si continuamos.

La cruz de madera

Desoyendo el consejo, continuamos por una fuerte pendiente hasta salir a una cresta. Seguimos la cresta hasta llegar a la pared. Ahora tocará escalar; no tiene ninguna dificultad técnica y alguna alma caritativa ha puesto pequeños montículos de piedras que nos guían certeramente pero yo no soy ningún escalador. Intento no pensar en lo que podría pasar si diera un paso en falso o me enredara con mi palo y me centro en seguir las botas de Esteve. Como todo en este mundo, la escalada se acaba y sólo nos queda un flanqueo para llegar al hueco entre dos cimas que es el Pas de la Roca Plana.

Casi estamos arriba

El último flanqueo al Pas de la Roca Plana
Un Pep exultante

Tras saborear el triunfo, emprendemos nuevamente la subida hacia el Pas dels Gosolans, caminando justo debajo de la cresta del Cadí. Estamos en el municipio berguedano de Gisclareny, en el enclave de Cortils. A medida que ganamos altura, se abre la vista de toda la zona de prados, con la cabaña de Cortils abajo, y detrás, la Serra Pedregosa, y detrás, la cara norte de Pedraforca.


La Coma dels Cortils


La cara norte de Pedraforca

El Gat

Cruces de hierro cerca del Pas dels Gosolans

Las veces que había estado en esta parte del Cadí, había venido desde el Pas dels Gosolans o desde Comabona, nunca desde aquí, y las perspectivas son totalmente inéditas para mí.

Llegamos al Pas dels Gosolans y bajamos hacia el refugio, ahora cerrado, parando para comer en un pequeño prado soleado.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 10 km; 710 metros de desnivel acumulado.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

23/9/2010 – Prat de Cadí

El hombre del tiempo nos amenazó con lluvias intensas el viernes y decidimos pasar la salida nuevamente al jueves. Yo tenía un compromiso que me tenía ocupado hasta las 9.30 y Pep no encontró a nadie que pudiera salir antes. Por lo tanto, o venía conmigo o se iba solo. Pero en el fondo, Pep es una persona sociable y además yo tengo el GPS que nunca pierde la señal.

Dejamos el coche en el Coll de Pallers, justo al otro lado del pequeño pueblo de Estana, y emprendemos el camino para subir al Prat de Cadí. Es uno de los itinerarios clásicos de esta parte de Cerdanya y paso obligado para todos los que quieren subir al Cadí por el Canal de Cristall. Es un camino ancho, atractivo, asequible y muy recomendable.



Camino del Prat de Cadí

El mismo camino ya más cerca del Prat de Cadí

El destino del camino no se ve hasta que de repente sales al prado ya que el relieve del terreno lo esconde. Hacía años que no iba allí. Las vacas habían cortado la hierba hasta dejar el prado como un campo de golf, si no fuera por la muralla detrás.

El Prat de Cadí

Damos una vuelta en busca de estructuras y luego tomamos la pista que marca el inicio del Camí de Collets. La pista, medio naturalizada, va llaneando, entrando en los barrancos y saliendo a las crestas con las curvas de nivel. Sin embargo, al cabo de poco rato, un montículo de piedras marca el inicio del camino, que emprende una fuerte subida. A partir de aquí, tiene el perfil que ya conocemos del otro lado del Prat d’Aguiló de subidas a pequeños collados y bajadas para cruzar barrancos, con cabañas y pletas en pequeños prados. Sin embargo, aquí también abundan las plazas carboneras, indicando una explotación intensa del bosque en el pasado.


El Cadí desde el Camí dels Collets

Hoy caminamos por un paisaje desierto pero con tanta evidencia de actividad humana, hace un siglo esto tenía que haber estado muy distinto. En cada collado, habría al menos una persona, cuidando el ganado o cortando el bosque. Llegamos al Prat de l’Estenedor. El Prat d’Aguiló parece cerca pero el cielo amenazador y la hora desaconsejan continuar. Paramos para comer. Delante, el camino al Pas de la Roca Plana, una de las rutas para cruzar el Cadí. El mapa del Alpina marca un camino que baja al Coll de l’Estenedor con la posibilidad de ir a Bastanist o volver a Estana.
Pep estudia sus opciones cerca del Prat de l'Estenedor

Un poco pasado el Prat de l’Estenedor, vemos unos montículos de piedras que marcan el descenso, que desemboca en un camino bien trazado que continúa el descenso hacia el Coll de l’Estenedor. Salimos a una pista erosionada que lleva al collado y continúa con fuerte descenso. No se allana hasta pasado el Serrat de la Descarrega. Lo escarpado del terreno descarta otros caminos y seguimos la pista, por un paisaje homogeneizado por la explotación forestal. Empezamos a aburrirnos cuando, pasada una fuente, vemos un camino que sale a la izquierda. Lo tomamos y se nos abre un mundo de magia. Primero está bastante tapado hasta un pequeño collado. A partir de allí, ha sido limpiado y va llaneando por el bosque hacia Estana, cruzando barrancos, pasando pequeños collados y graus o pasos en la roca. El juego de colores entre los árboles, el musgo y las piedras con el ruido de los pequeños torrentes es de lo más refrescante. Uno se da cuenta de lo mucho que se ha perdido en personalidad paisajística – sobre todo en micropaisajes – en nombre de un progreso homogeneizador.

El camino hacia Estana

Salimos en una pista en los campos muy cerca del Coll de Pallers. Damos gracias a nuestra buena fortuna por haber encontrado este camino. Es muy difícil que lo hubiéramos visto desde el Coll de Pallers.

El viernes hizo sol y no llovió hasta las 4.30 de la tarde.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 16,6 km; 760 metros de desnivel acumulado
.

viernes, 24 de septiembre de 2010

16/9/2010 – Valle de Ridolaina (5)

Esta será nuestra última visita a este valle antes de pasar a Bastanist. Últimamente, nuestro punto de reunión es el hotel de Carles a las 7 de la mañana y, aunque a esta hora aún no ha salido el sol, Pep todavía no quiere pasar a una hora más civilizada. Hoy llego en un estado catatónico, esperando ansiosamente mi dosis de cafeína y azúcar. Carles me muestra unos libros que miro sin ver. Pep, lleno de vitalidad, quiere hacerme partícipe en la planificación de la ruta pero contesto en monosílabas. Subimos al coche y como será un viaje largo en carretera y pista forestal, empiezan las bromas para hacer más llevadero el viaje. A medida que las preciadas moléculas de cafeína llegan a los famélicos receptores en mi cerebro, una sonrisa casi imperceptible se esboza en mis labios, luego alguna risita, un comentario y cuando Pep cuenta cómo una abeja le picó la nariz el día anterior, ya estoy de vuelta en el mundo de los vivos. Esta milagrosa transformación obrada por una humilde taza de café no tarda en estar en boca de todos.
Subimos la pista hacia el Prat d’Aguiló. Pep quería localizar los tramos del camino antiguo que no han quedado absorbidos por la pista y vamos parando en distintos puntos. Dejamos el coche en el Coll de l’Home Mort y seguimos las marcas blancas y amarillas del PR hacia abajo.



Una barraca en buen estado en la zona del Pradell, debajo del Coll de l'Home Mort

Dejamos a la derecha una pista que va a la zona llamada Jaça de Dalt en el mapa y continuamos bajando. Acaba la pista; un corral y una barraca, y debajo empieza un camino que sigue bajando la cresta hasta llegar cerca del Torrente de les Eres. Allí cruzamos un canal que debe ser el que encontramos en Les Eres el primer día y lo seguimos hasta la captación en el torrente.
En ese punto, nos dividimos. Pep quiere ver la casa con corrales que todavía no tenía nombre y se lleva un voluntario, Carles. Yo no quiero seguir bajando para ver lo que ya he visto y vuelvo a subir por donde hemos venido con Josep Maria para buscar la Jaça de Dalt. El trato es que nos encontraremos en ese prado.
Llegamos a la pista que dejamos a la derecha en el descenso y la seguimos hasta un pequeño prado. Tras anotar el inevitable corral y barraca, vemos abajo un prado más extenso que parece más atractivo y bajamos. Entramos en un llano cruzado por varios pequeños riachuelos (un estanque glaciar que se llenó de sedimento, nos dirá más tarde Pep), una plantación de cardos ya marchitados y una cantidad impresionante de aves de todo tipo. Exploramos el prado a fondo pero no vemos ningún camino que baje. Me alegro de no haber ido con Pep porque ahora sé que subirán la cuesta a la brava.



Prat de la Roca, con el Pirineo detrás
Nos cansamos de esperarles y subimos por un valle arduo e ingrato hasta llegar al Prat d’Aguilò. Comemos encima del refugio.



El Prat d'Aguiló, ya con los colores de final de verano
Al final, llegan Pep y Carles. Habían encontrado un par de vaqueros y tienen información fresca. Entre otras cosas, la casa que en nuestros mapas se llama Cal Paraire es Cal Calamites y la Cal Paraire de verdad es la otra casa más abajo, que hasta ahora no tenía nombre. También sabían el nombre de la otra casa sin nombre, debajo de la Torre de Sant Romà. Lo que habíamos puesto como Planells de la Baga se llama els Fangassos y la Jaça de Dalt se llama el Prat de la Roca. Mientras ellos suben la cuesta detrás del refugio para buscar un lugar para comer, nosotros tomamos un café en el refugio. Pep se despide de nosotros con una mirada desaprobadora pero porqué privarse de estos pequeños placeres, pienso.
La cabecera del valle de Bastanist, nuestro próximo destino
Nos reunimos en la punta de la cresta, que luego bajamos bajo un cielo cada vez más amenazador hasta llegar al coche. Volviendo a bajar la pista, miramos una pleta cerca del Coll de Jou y luego Pep y Carles van enlazando tramos del antiguo camino mientras yo y Josep Maria vamos bajando en el coche. Ya está lloviendo.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 11,8 km; 650 metros de desnivel acumulado.

sábado, 18 de septiembre de 2010

10/9/2010 - Valle de Ridolaina (4)

Antes de dejar este valle, quedaba por ver si realmente había un camino que seguía el fondo del valle y qué conexiones había desde abajo con la Torre de Sant Romà. Dejamos el coche en el Pla de Nas, frente al camino de subida tan áspero desde la Molina de Ridolaina que hicimos el primer día. La idea era hacer este camino de bajada y subir por otro camino pasado el Coll de Nas. Sin embargo, esto supondría dar más vuelta y como (la hija de) Pep tiene clase de música, las probabilidades de que también lo tendríamos que hacer de subida no eran despreciables.
Así que henos aquí, bajando este camino infame. Pasamos por la Molina de Ridolaina y continuamos hasta donde dejamos el primer día una colita que se adentraba en el valle, debajo de la casa de Sant Romá.

La casa de la Molina de Ridolaina. Todavía no le tocaba el sol

Vemos más canales; eso de los canales de riego era una auténtica obsesión en este valle. La colita se muere en el último prado, que tiene el nombre muy apropiado (en nuestro caso) de Camp dels Rucs (Campo de los Burros). Subimos el prado; hay una pista para el mantenimiento de uno de los canales que aún funcionan que, tras unas subidas y bajadas, nos deja abajo, encima del canal, que bordea el peñasco de la Torre, cerrando el paso a los animales con una barrera de madera.
Queridos lectores, lo que voy a relatar no quiero que lo hagáis en casa. Hay cosas que se hacen en nombre de la ciencia o por la terquedad de Pep (que viene a ser lo mismo) que rayan en la imprudencia y ésta es una de ellas.
Pep quería asegurar fuera de toda duda que no había ningún camino que siguiera por el fondo del valle, así que cruza la barrera y sigue el canal. Si hay un camino al final, él continuará, así que estamos obligados a seguirle, yo el último. El paso se hace cada vez más estrecho y al final caminamos sobre una estrecha repisa de hormigón con una caída de unos 3-4 metros a nuestra izquierda. “Si hay que volver por el mismo sitio, me va a oír”, pienso. Me vino el recuerdo de un paso mucho más estremecedor encima de Aigua d’Ora hace unos cuantos años que, en nombre de la ciencia, también hicimos de ida y de vuelta. El terreno se allana y llego a la captación. Pep se ha metido dentro del bosque pero no tarda en volver. “Media vuelta”, dice. “Aquí no hay nada”. “Lo sabía”, pienso.


Carles y Josep Maria esperan la vuelta de Pep al inicio del canal

Una vez de vuelta en tierra firme, en la pista, Pep me sonríe benévolamente: “Ahora podemos ir donde tú quieras”. “Mientras sea a la Torre de Sant Romà”. “Claro”, contesta. Estamos justo debajo de la Torre y no hay otro sitio donde ir. “Y pasando por la casa de Sant Romà”, continúo. “Sería todo un detalle de tu parte”, concede.
Subimos a la casa, que Pep inspecciona, y luego a la Torre, que también inspecciona. Desde la casa de Sant Romà, se ven restos del antiguo camino que debía seguir el trazado que ahora ocupa la pista que va hacia los prados de Cal Paraire y Les Eres. Buscamos sombra y comemos.
Para volver, continuamos por la pista hasta situarnos encima de la Molina de Ridolaina. Al lado de la pista, las ruinas de otra casa, cuyo nombre tampoco sabemos de momento. Buscamos el camino que baja desde esa casa a la Molina, que encontramos, ahora convertido en una especie de pista. Bajamos rápidamente a la Molina pero no hay tiempo para buscar otra ruta y subimos ya por segunda vez el camino directo al Pla de Nas. No ha perdido nada de su encanto desde que lo subimos hace ya un mes.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 14 km; 740 metros de desnivel acumulado.

viernes, 27 de agosto de 2010

13/8/2010 – Valle de Ridolaina (1)

Este valle ya lo habíamos mirado desde los prados altos y sospechábamos que sería complicado. Para colmo, Pep no puede venir y me toca a mí hacer de monitor de Carles y Josep Maria. Como nadie ha estado aquí, decido partir de Nas y buscar una ruta que hiciera un circuito del valle. Nas es un pequeño pueblo situado en un altiplano. Quedan algunas casas que todavía trabajan el campo pero la mayoría son casas restauradas con cariño como segundas residencias.

Vista del valle de Ridolaina desde el Pla de Nas


Vista de Montellà y el Pirineo desde el mismo punto

Dejamos el coche a las afueras del pueblo y tomamos la pista señalizada como PR hacia Prat d’Aguilò. La primera parte es plana, pasando entre campos hasta llegar al final del altiplano, frente al camino – si todo va bien – por donde volveremos. La pista gira para encarar el valle. Delante, el espolón rocoso llamado Coll de Nas. César August Torras describe una ruta que va planeando desde el Coll de Nas hasta cruzar el fondo del valle en una zona de prados llamada Les Eres y luego sube hacia Prat d’Aguilò. A ver si lo podemos encontrar.
En el collado, tomamos vistas y continuamos por la pista. En cierto momento, la pista baja y marcha un camino de llano. Decido tomar este camino, aún a expensas de perder la ruta de Torras. Nuestro camino pierde las señales del PR y no tarda en empezar a subir – mala señal, acabaremos en el Cortal de l’Oriol. El camino sube por el bosque. De vez en cuando, la vista se despeja y vemos el otro lado del valle, dominado por la Torre de Sant Romà sobre un peñasco. Salimos en una curva de la misma pista. Al otro lado, vemos una zanja erosionada y poco profunda pero decidimos que no es un camino y continuamos subiendo por la pista. Cruzamos una zona de prados – Prat de l’Ordi – y llegamos a una abundante fuente.

Font Tosca

Justo allí, sale el PR a la pista. Si queremos buscar el camino de Torras, habrá que bajar ese camino. Pero decidimos continuar. Llegamos al Cortal de l’Oriol, un llano despejado con una cabaña moderna y fea.
La pista continúa hacia la cabecera del valle, sale del bosque y el terreno es más áspero y pedregoso. Cruzamos un primer torrente, Torrent de l’Abeurador, de repente vemos una zanja poco profunda que pasa por debajo de la pista, es un canal de agua pero ya en desuso. Damos la vuelta de una cresta y nos aproximamos al torrente principal, Torrent de les Eres. Debajo vemos otra pista más pequeña que corre paralelo a la nuestra y luego restos de tubo de hormigón. Al llegar al torrente, vemos una esclusa y el tubo de hormigón por el que se debía desviar el agua.
Continuamos por la pista, ya por el otro lado del valle. Empezamos a ver campos, estamos en Les Eres. Oímos ruido de agua encima nuestro, es otro canal, éste más local, para regar los prados y todavía en uso. Decido dejar la pista y seguir el curso del canal, ahora seco habiendo descargado su agua. Se difumina en un torrente cercano. Buscamos un sitio para comer.
Según los mapas, hay una casa aquí, Cal Paraire, que ya estaba abandonada cuando pasó Torras. Si volvemos sin buscarla, la bronca de Pep será tremenda así que retrocedemos por la pista. Por suerte, al cabo de poco rato, se ven unas ruinas y allí está. Seguimos un camino que va hacia el torrente debajo de la casa e intuimos un paso para cruzarlo pero una valla de alambre de púas nos hace desistir, y además nos apartaría de la ruta planeada.

Los restos de Cal Paraire

Continuamos por la pista y al poco rato, vemos otras ruinas de unos corrales y lo que parece ser una casa. No sabemos su nombre. Empezamos a ascender, ya hacia la Torre, unos restos medievales que vigilaban el paso por el valle. Pero, ¿dónde están los caminos? Nos invade una sensación de no haber encontrado la llave que nos abriría la puerta a los caminos históricos. Desde aquí arriba, es imposible bajar por lo escarpado del terreno.

La Torre de Sant Romà y detrás, el Cadí

Continuamos por la pista, vuelven a aparecer campos y abajo, vemos las ruinas de una casa, que el mapa llama simplemente Sant Romà. Desde aquí, tiene que haber un camino que baja a la Molina de Ridolaina, en el fondo del valle. Un primer intento nos lleva a un barranco donde pasa otro canal, pero está muy tapado y en terreno poco amable. Doy la vuelta y bajamos por prados debajo de la casa. Salimos al mismo canal pero esta vez con un camino ancho y despejado que va bajando. Éste nos llevará a buen puerto, pienso, y lo seguimos.

El canal debajo de la casa de Sant Romà

Al acercarnos a la casa abandonada de Molina de Ridolaina, vemos otro canal, también con agua, que cruzamos. Desde luego, este valle está lleno de canales. Volveríamos a encontrar el canal pasada la casa. Ahora nos toca encontrar el camino de subida a Nas, que encuentro justo donde tiene que estar, a pesar de las dudas de Carles. Empieza amable pero no tarda en coger pendiente por una cuesta dura y pedregosa y con el calor de la tarde, realmente no es agradable. “Aquí hace falta una escalera mecánica”, pienso, pero peor lo estarán pasando tres ciclistas que adelantamos mientras empujan sus bicis sobre las rocas.

La última subida con una ciclista que seguramente quería estar en otro lugar

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 19,4 km; 650 metros de desnivel acumulado.

sábado, 14 de agosto de 2010

6/8/2010 – Caminos de Montellà a Prat d’Aguilò

Hoy será un día largo; lo sé porque yo propuse la ruta. Sin embargo, un café hecho con esmero por Carles en su excelente establecimiento me da los miligramos de cafeína necesarios para afrontar con optimismo el reto.
El libro de César August Torras sobre la Cerdanya publicado póstumamente en 1924 habla de una serie de rutas de Montellà a Prat d’Aguilò; también habla de un camino desde Bastanist a Prat d’Aguilò que pasaba por Les Valls, Escàs, Roques Llongues y la Balma de l’Espluga. Por su parte, el Alpina viejo muestra un camino que baja directamente desde el Coll de l’Home Mort a la casa de Bescaran y Bastanist. Nos proponíamos investigar todo esto.



El pueblo de Montellà y detrás, el Pirineo

Aparcamos el coche en la carretera de Montellà y tomamos la ruta señalizada a Prat d’Aguilò. Primero es pista, subiendo por los campos, luego entra en el bosque. En cierto punto, vemos restos del antiguo camino al lado de la pista. La pista vuelve a entrar en zona de cultivo y marcha un camino de llano. Errores de toponimia del mapa del ICC nos despistan y yo me quedo a situarnos en el mapa con el GPS mientras Pep y Carles suben a buscar la casa de La Cabana.
Reemprendemos la ruta. El camino entra en el bosque y tras una corta subida, sale a la pista que viene del Coll de Guilera. Al final de la pista, baja un camino a la derecha a Escàs, que dejamos, y sube otro a la izquierda, que tomamos. Se alternan tramos llanos con otros de subida fuerte, siempre en un bosque más bien joven. En una cresta, marcha otro camino a la derecha a la casa de Escàs, que se ve abajo – debe ser el camino de que habla Torras.

Serrat de Vurtuló delante del Cadí

Entrando en la zona de la Espluga

Seguimos subiendo y finalmente el paisaje se despeja. Estamos flanqueando la parte alta del valle de Bescaran: a la izquierda, los ariscos de l’Espluga, delante los peñascos del Serrat de Vurtuló y detrás el Cadí y abajo, el valle de Bastanist y detrás, el pueblo de Estana. Llegamos a la Espluga, una serie de huecos en la pared rocosa, con signos evidentes de haber sido utilizada para guardar animales. Torras dice que se guardaban allí hasta 200 ovejas.

Carles estorba la vista del Cadí cerca de La Portella

Continuamos subiendo y pasamos un ‘grau’ llamado La Portella. El camino deja de subir, ya era hora. Llegamos a un corral y oímos voces. Es padre e hijo que están localizando sus yeguas. El encuentro es providencial porque nos ponen nombres a todos esos corrales anónimos que hemos ido encontrando. Nos desaconsejan el camino directo a Bastanist desde el Coll de l’Home Mort por perdido. Les acompaña un perro peludo de montaña que debía estar pasando un calor terrible. De tanto jadear, parece que tenemos una locomotora detrás y en las pausas, busca un sitio de sombra para descansar. La conversación es muy amena y nos separamos en el Coll de l’Home Mort. Buscamos algún corral más por las inmediaciones y luego comemos en la fuente debajo del collado.

Corral del Racó cerca del Coll de l'Home Mort

La subida ha abierto el apetito y comemos todo lo que llevamos encima. Decidimos hacer caso de nuestros informadores y emprendemos la vuelta por la Espluga. Es curioso lo rápido que se va cuando el camino es de bajada. Tomamos el camino a Escàs en la cresta, que baja con fuerte pendiente.

La casa de Escàs

Volvemos a estar escasos de agua pero vemos una fuente hecha de troncos ahuecados cerca de la casa, rodeada de caballos y vacas. Pep se acerca y de repente se oyen palabras impropias de un hombre de ciencia. Resulta que los animales han hecho sus necesidades encima de la fuente y no se aconseja beber esa agua si no quieres pasar la noche en el WC. Sin comida y casi sin agua – la situación empieza a tomar un giro dramático.

La fuente de la decepción

Tomamos un camino que cruza los campos y luego empalma con el GR que sube desde Bastanist. Entra en un bosque amable con musgo al lado del camino, que va bajando en suave pendiente. “Esos son los caminos que te gustan a ti, ¿verdad?”, me dice Pep, socarrón. Pues sí.

Los caminos que me gustan

Salimos frente a la casa de Sant Bartomeu. Mientras Pep y Carles inspeccionan la casa, veo un hilo de agua que sale de un tubo y lleno la botella. Continuamos la bajada, ya por campos, hasta llegar al coche.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 19,4 km; 1.060 metros de desnivel acumulado.