Aquí relato nuestras salidas por los caminos del Berguedà y comarcas vecinas. Como lo pasamos muy bien, queremos comunicar sobre todo buen humor y alegría pero también tiene un fondo muy serio: el camino como bien patrimonial, pieza esencial para entender la historia y digno de conservación. Es nuestra misión desde hace más de 15 años.



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martes, 18 de octubre de 2016

7/10/2016 – La mina de hierro de Coll de Jou

Resulta que Pep ha encontrado otro documento en el Archivo de la Corona de Aragón sobre una explotación de hierro en el Coll de Jou y lo tiene que averiguar in situ y tiene que ser hoy.

Hace 5 años que no subo por ese camino y tiene un desnivel muy respetable. Intento mirar el lado positivo: será una buena prueba para ver cómo voy llevando los 60 años.

Aparcamos en una pequeña explanada en la curva de la carretera a Coll de Pal, debajo de la casa de Hospitalet. Desde que estuvimos aquí la última vez, han cambiado el tejado, sustituyendo las tejas rojas por otras negras que parecen hechas de pizarra. En el Valle de Arán, sería lo más habitual pero aquí desentona bastante. Igual que hace 5 años, una multitud de perros, atados en puntos estratégicos para que nadie se desvíe del camino, ladran a nuestro paso.

La casa de Hospitalet con su nuevo tejado

Y empezamos a subir. Es una ruta clásica del excursionismo, un camino milenario y una de las joyas del Parque de Cadí-Moixeró. De hecho, más que un camino, es una obra de arte. Mirando los peñascos desde la carretera, parece imposible que pudiera haber un camino que lleva hasta arriba de todo, pero allí está. Con múltiples curvas, va superando todos los obstáculos con suma maestría y elegancia.

Para la descripción, os remito a la salida del 15/7/2011 que complemento con una pequeña selección de fotos actuales.

Subiendo a la casa de Claper

La casa de Claper

El cielo de la mañana con Les Montanyetes y el Serrat Gran

La vista hacia Ensija

Llegando a la Roca Sança

Seguimos subiendo

Entre Roca Sança y Coll de Deogràcies

Llegamos arriba al Coll de Deogràcies; 730 metros de desnivel y no me ha dolido nada. Allí Pep y Carles comen un plátano y hablamos de temas de sostenibilidad y economía circular. A mí no me gustan los plátanos y los bocadillos los guardo para luego. Un poco más tarde, descubriré que fue un error.

El Coll de Deogràcies

Hacemos la corta distancia que nos separa del Coll de Jou y Pep y Carles empiezan a hacer una batida. Cerca del poste indicador del Coll, Pep encuentra un trozo de mineral de hierro y al lado, un pequeño hoyo.

El poste indicador del Coll de Jou

Mirando hacia La Cerdanya y el Pirineo

Resulta que en 1599, subió desde el pueblo de Urús en Cerdanya una pequeña comitiva para tomar posesión de la mina y autorizar su explotación. Fueron al menos 7 personas: el Delegado del Procurador Real de la Cerdanya, el Procurador del Señor de Gaspar de Vilanova y Perves (propietario de la zona), el descubridor del mineral, dos testigos, el alcalde de Urús y un notario. Hacemos un pequeño viaje en el tiempo. Hoy subimos con ropa ligera, hecha con materiales técnicos: camisetas que dejan evaporar el sudor, chaquetas y botas con Goretex que impiden la entrada del frío y del agua, pantalones con Windstop para que no pase el viento.

En aquel tiempo, con las exuberancias vestimentarias de la Edad de Oro española, no había nada de eso y, aunque hubieran subido a lomo de mulas, no creo que fueran acostumbrados a entornos de alta montaña. Tiene que haber sido algo digno de ver, todas esas autoridades agrupadas alrededor de una roca de color rojizo en medio de la nada. Y luego, cuando se llevó el mineral a la fragua, el maestro herrero lo rechazó por inadecuado y no rentable y la explotación fue abandonada. Mucho gasto para nada, pienso, como esos aeropuertos sin aviones o pasajeros en dominios antiguos o actuales del PP.

Cuando alzamos la vista del suelo, vemos pasar un quebrantahuesos casi a tocar, que luego sube para reunirse con un grupo de unos 30 buitres que están dando vueltas en el cielo. Algo han encontrado.

Con la energía del plátano, Pep quiere mirar si hay más explotaciones y caminamos por el sendero de la cresta hacia Penyes Altes. Pero esa energía yo no la tengo y cuando empieza una nueva subida, no tardo en quejarme. Y así vamos hasta que Pep se cansa de oírme y nos paramos para almorzar en lo alto de un pequeño cerro con vistas que abarcan todas las montañas hacia el sur. Una Vanessa atalanta (una mariposa muy vistosa) va patrullando las rocas delante nuestro, ahora a la derecha, ahora a la izquierda, sin parar y por motivos que desconocemos. ¿Qué va a defender si aquí está sola?

Vanessa (foto de Dolors Agustí)

Desde donde comemos, Pep divisa una roca de color rojizo hacia abajo y decide que hay que explorarlo. Hacemos un descenso precario sin sacar nada en claro y luego un flanqueo igual de precario hasta volver otra vez al camino.

La vista desde nuestro comedor, con Pedraforca y Ensija en el fondo. Penyes Altes es el pico de forma triangular a la derecha

A partir de aquí, iniciamos el largo descenso, disfrutando de los colores, el aire cálido y las vistas. En Claper, en vez de continuar hacia la casa de Hospitalet, Pep gira hacia la izquierda por el camino señalizado que se adentra en el valle y probablemente era el camino usado por los de Claper para llegar a la casa y actual refugio de Rebost.

El camino de Claper hacia el fondo del valle

Al llegar a la pista que sigue el fondo del valle, tomamos nota de un cargador perdido en la vegetación que también era la estación final de un teleférico que bajaba barita desde la mina en la Collada de la Bòfia. Desde aquí, se cargaba en camiones que luego llevaban el mineral a Bagà.

Bajando por la pista hacia el coche, vamos comentando la salida. “Estas rutas clásicas las hemos hecho tantas veces que, sin algún incentivo, no las haríamos”, concluye Pep. “Pero luego, cuando las haces, te das cuenta otra vez de lo majas que son”.

Bajando la pista hacia el coche


Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 11,6 km; 930 metros de desnivel acumulado.

domingo, 27 de septiembre de 2015

7/8/2015 – El término municipal de Bagà – 3ª parte (Tosa d’Alp)

El día antes, había quedado para tomar un café con Josep Mª. “¿Estás libre mañana?”, le había preguntado. Resultaba que sí y le apetecía venir, a pesar de advertirle que últimamente sólo buscamos postes.

En el transcurso del café, también le hablé de otro proyecto mío que se iba postergando año tras año, Les Gorges de Carança. Es una excursión larga, exigente y, sobre todo, obliga a madrugar o pasar la noche antes fuera de casa. “Pues el domingo vamos allá”, me dijo. “A las 6 te vengo a buscar”.

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Henos aquí una vez más en el Coll de Pal. Ahora se trata de buscar el límite municipal que sube al lado de la pequeña estación de esquí hasta la cima de Tosa d’Alp. Pep luce un nuevo gorro al estilo de Van Damme en la Legión Extranjera, un regalo de cumpleaños, nos confesará. Caminamos hacia el norte, bajando hacia el fondo del valle. Con nuestra perspectiva, se ve perfectamente su origen glaciar y Pep, al tener a alguien diferente con quien hablar, se prodiga en explicaciones. Desde mi posición habitual detrás, me llegan palabras sueltas, “lago colmatado”, “búnquers”, “derechos de pastura”, “cruces” y “postes”. Pero también tengo los ojos puestos en una pareja de águilas que planean sobre nuestras cabezas. El calor persistente ha cambiado el color de la hierba, un verde amarillo bastante atractivo, diferente del amarillo de la sequía pertinaz.

Aquí se ve perfectamente la forma lacustre del valle

Llegamos abajo a la altura de la estación de esquí y ahora toca subir, porque resulta que el límite sube por la cresta y así lo atestiguan los postes de granito. Es una subida ingrata, con un desvío hacia el corral moderno de Comabella, construido al lado de la pleta antigua, que se ve claramente desde nuestra atalaya. Allí Pep señala las rocas atrás y explica la costumbre de las ovejas de buscar sombra entre las rocas, a veces metiéndose en lugares realmente precarios, donde sólo hay sombra para la cabeza (de allí el nombre de estos lugares en catalán, “amorriador”).

Pep inicia a Josep Mª en los misterios de los postes

De repente, un destello de luz me ciega. Es la cabeza de Josep Mª, que nunca se pone gorro sino que cubre la calva con un protector solar en spray y cuyas gotas reflejan los rayos del sol. La verdad, teniendo tan poco pelo, no entiendo porqué no se pone un gorro. No quiero pensar qué cosas habrá creciendo allí dentro de 30 años.

Finalmente, la pendiente se suaviza y se ven las instalaciones de esquí de La Molina. Subimos a un pequeño cerro para documentar otro poste y allí nos cubre una nube de insectos que se nos meten por todas partes. Son hormigas voladoras que precisamente han escogido ese lugar para concentrarse. En la pista de tierra, se ven familias que pasean, aprovechando la telecabina para subir al refugio.

El refugio a la vista

Un último esfuerzo y llegamos al punto geodésico, con su correspondiente poste al lado. Pep señala una zona de sombra abajo, cerca del camino que va a Coll de Jou. “Ahí está nuestro amorriador para almorzar”, dice. Pero yo he visto que el refugio está en plena actividad. No puedo dejar pasar la oportunidad de reponer cafeína y me separo del grupo para tomar un cortado. La verdad, he probado mejores pero a 2.500 metros, uno hace lo que puede.

La cicatriz de antiguas explotaciones mineras

Cuando llego al lugar del almuerzo, ya están todos instalados. Miro a mi alrededor. “Ahora empezará a dar vueltas como un perro buscando donde sentarse”, dice Pep a los demás. Miro a la izquierda, a la derecha, giro para mirar atrás. “Luego dirá que hemos cogido los mejores sitios”, continúa Pep. “¿Cómo es que nunca quedan sitios para sentarse cuando llego yo”, me quejo. Pep mira a los otros dos. “¿Lo veis? Le conozco mejor que a mi mujer”, dice. Pero por fin encuentro un sitio y me siento, contemplando a los senderistas haciendo la etapa de hoy de los Cavalls del Vent, una ruta de trekking que recorre los refugios del Parque de Cadí-Moixeró.

Después de comer, continuamos hacia la antigua cabaña de los mineros en la cara sur de Tosa d’Alp. El camino parece bastante abandonado desde la última vez que estuvimos aquí. Es un camino bastante precario, igual alguien tuvo un susto o vértigo y corrió la voz. O el libro donde está la ruta cayó en el olvido. De todos modos, me alegro por los rebecos.

Rebecos, madre y cría

Vista de Comafloriu y la cresta de los Rocs de Canells

Llegamos a Comafloriu. Con esta hierba larga y amarillenta, parecen las prairies del Oeste americano, pero con vacas en lugar de bisontes. Bajando hacia el coche, nos asomamos a una cresta. Allí hay un grupo grande de ovejas, algunas en una antigua pleta, otras buscando sombra entre las rocas, tal como explicó Pep esta mañana, y el pastor con dos perros bajo un paraguas enorme a cierta distancia. No parece tan diferente de cuando Pierre Maury, uno de los últimos cátaros, venía de Montaillou a principios del siglo XIV para cuidar ovejas en el Coll de Pal.

Ovejas buscando la sombra

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 11,8 km; 570 metros de desnivel acumulado.

24/7/2015 – El término municipal de Bagà – 2ª parte (La Serra dels Corts)

Ha pasado más de un mes. Hice un nuevo viaje a Inglaterra y luego, en San Juan, empezó una ola de calor, con temperaturas próximas a los 40 grados, que iba a durar más de un mes, con pequeñas treguas. Pep se había comprometido a colaborar en una excavación en el Castillo de Berga, Carles prefiere estar en la piscina y yo tampoco tengo muchas ganas de exponer el ADN maltrecho de mi piel a este sol abrasador.

Pero precisamente estos días, ha habido una tregua en el calor intenso y Pep está libre. Carles está disfrutando de unas merecidas vacaciones con su familia y yo estoy saliendo de unas anginas que me han dejado casi afónico pero decido salir. “Una excursión para convalecientes”, consigo decir entre sibilancias por teléfono el día anterior. “Descuida”, me asegura Pep. “Haremos la Serra dels Corts; un paseo de abuelos”.

Aparcamos el coche cerca del Xalet de Coll de Pal, un edificio de la Diputación pensado originalmente para colonias que ahora casi siempre está vacío. No tiene conexión a la red eléctrica y todo se tiene que hacer con gasóleo o bombonas de gas butano: una ruina. Aquí mismo empieza la ruta de la Marmota, creada hace poco por el Parque de Cadí-Moixeró, aunque es más fácil verlas desde el coche yendo a Coll de Pal.

Caminamos por la pista hacia el Coll de Pal. La idea es reanudar nuestro seguimiento de los postes del término municipal desde donde los dejamos al otro día, en el Torrente de Coll de Pal. Como el camino es plano, vamos contemplando el paisaje matinal. Al no estar Carles, Pep me cuenta cosas y yo le contesto en susurros.

Vista de Puigllançada con el sol de la mañana

Llegamos debajo del Coll de Pal. Pep no encuentra postes pero no importa. Cruzamos la carretera y subimos por la cresta. Pronto empiezan a aparecer los postes modernos de granito. Entramos en una zona extensa de hierba y aparecen los ‘paravents’. La línea de postes deja de subir y se encamina hacia el suroeste. 

Pep documenta

Pasamos una línea de roca y el paisaje cambia. Estamos en una especie de plataforma amplia con una pared rocosa que cae directamente a la carretera a la izquierda y, a la derecha, más rocas que suben, y una especie de camino que nos va llevando a los postes y cruces, algunos más antiguos que otros. Sorprendemos a un grupo de rebecos, no están acostumbrados a ver gente por aquí.

La plataforma que marca el límite del municipio. Abajo, el Xalet de Coll de Pal

De repente, Pep pierde la línea de postes y decide subir. Sube demasiado pero decidimos asomarnos a un lomo. De repente, surge la vista de Comofloriu, Tosa d’Alp y la sierra hacia Penyes Altes. Es una vista que he visto decenas de veces pero no desde aquí y nos sentamos un rato para contemplarlo.

Comafloriu y el Serrat Gran

Al bajar, entramos en un terreno escabroso y ya no recuperamos ese paseo plácido que me había prometido ayer por el teléfono. Comemos en un collado, cerca del Roc Negre donde por fin recuperamos los postes, y luego buscamos la manera de bajar a la Collada de la Bòfia entre las rocas.

Una vez abajo, Pep quiere seguir la línea un poco más hacia el sur. No tiene pérdida: no sólo hay postes sino también una valla. Tras unos 100 metros damos la vuelta y bajamos al coche. “No creo que salgas en el National Geographic con ese nuevo proyecto tuyo”, le digo a Pep, escéptico. “Sólo hay que seguir el hilo metálico de la valla”.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 7,1 km; 290 metros de desnivel acumulado.

19/6/2015 – El término municipal de Bagà – 1ª parte (Puigllançada)

Pasan las semanas – un parón obligado por la Patum que aproveché para ir a Brighton, una amenaza de tormenta que no se materializó y ya ha pasado medio junio.

En sus investigaciones en el Archivo de la Corona de Aragón, Pep ha encontrado otro documento de gran valor. En el siglo XVIII, una comitiva de autoridades recorrió todo el perímetro municipal con un notario, dejando constancia de todos los ‘pedrons’ o pequeñas torres de piedra seca y cruces grabadas en la piedra que marcan el límite de Bagà.

Todo eso lo quiere recorrer Pep, para ver qué es lo que queda de la descripción tan detallada que hizo el notario en ese documento tan árido que Pep encuentra tan fascinante. Y quiere empezar en el Coll de Pal. “¿Por qué quieres buscar caminos”, me justifica por teléfono, “si los hemos hecho todos?”.

Desde la cima de Tosa d’Alp, el límite municipal baja hacia los dominios de la pequeña estación de esquí de Coll de Pal, cruza la carretera y da la vuelta de Puigllançada, volviendo a cruzar la carretera para subir hacia la Serra dels Corts.

Vista desde la falda de Puigllançada, con el complejo ganadero de Comabella y la pequeña estación de esquí

Desde el Coll de Pal, bajamos siguiendo por el lado derecho del valle hacia el norte, contra un viento que sorprende por lo frío. Vemos un rebeco macho solitario que nos reta con sus soplidos. “¿Por qué nos reta si luego se va?”, me pregunto. No soy experto en psicología rebequiana y no tengo respuesta. Llegamos al fondo del valle, donde hay una especie de pista. Pep busca su primer pedró, con el documento en la mano. No lo encuentra y nos hace subir en línea recta como podemos hasta salir en una cresta. Aquí hay un poste de granito moderno y cerca, una cruz grabada en una piedra, con signos de ser antigua.

Pep ya empieza a encarar el día con optimismo y seguimos subiendo por la cresta, pasando por postes de granito pero ya no hay cruces. En cada poste, Pep se para y lee la descripción de su documento notarial: un pedró de 10 palmos de alto con una cruz grabada en una roca a 3 palmos a sol poniente, o algo así. No es el tipo de excursión que me gusta y además, ahora que hemos salido del viento, hay muchas moscas. Pero al final, me relajo y mientras Pep fotografía los números grabados en los postes, yo fotografío flores y rebecos.

Flores

Y rebecos

Bordeamos uno de los dominios de esquí de La Molina. El límite municipal ya no tiene pérdida; es una valla. Giramos hacia el sur; de vez en cuando, hay una cruz, algunas modernas, otras más antiguas. Nos paramos en una roca con un ‘paravent’ para almorzar y disfrutar de las vistas, sobre todo hacia Puigmal y Montgrony.

Parte de la panorámica desde nuestro comedor

Llegamos a la cresta encima de la Collada de las Tortes. Aquí se pueden ver rebecos con cierta facilidad. Es un lugar tranquilo; no suele venir gente y espero que siga así. Giramos hacia el oeste y pasamos por las Fontetes de la Pardinella, una fuente arreglada, y no tardamos en volver a tener el Coll de Pal a la vista.

En el camino de vuelta, mirando hacia Tosa d'Alp

Y hacia el oeste

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 9,25 km; 500 metros de desnivel acumulado.

martes, 16 de julio de 2013

5/7/2013 – La vuelta de Tosa d’Alp


Esta semana, sin clase de música, tenemos todo el tiempo del mundo y accedo a ir a la Tosa d’Alp. Carles no viene; está siguiendo una cura anti-estrés en la playa con su familia. A ver si le funciona.
Aparcamos en el Coll de Pal. Hay un fuerte viento del norte, canalizado por el propio collado, que nos obliga a abrigarnos. Caminamos hacia el norte por el GR4, que sigue el torrente. Pep me muestra unos nidos de ametralladoras de piedra a la derecha, parte de la Línea Gutiérrez. Esta línea de defensas fue construida cuando se acababa la Segunda Guerra Mundial, a modo de Línea Maginot española, y debía formar una barrera infranqueable que frenaría cualquier intento de los Aliados de invadir España para derrocar el régimen de Franco. Nunca se llegó a completar pero debía haber surtido efecto igualmente, porque la temida invasión nunca llegó a materializarse.
Líneas eléctricas se mezclan con torres de telesillas mirando hacia el Coll de Pal
Quitando las torres de alta tensión que pasan por el Collado, es un paisaje eminentemente alpino pero al acercarnos al edificio de la estación de esquí de Coll de Pal, vemos que se han multiplicado las obras, con torres de telesillas y pistas de descenso, para conectar esta pequeña estación con la macroestación de La Molina.
Las telecabinas de La Molina
Amaina el viento y vuelve el calor pero el paisaje se va tecnificando cada vez más. Pasamos debajo de la telecabina, que está funcionando y al cabo de unos cientos de metros más, vemos la explicación. La estación ha gastado mucho dinero en modernizar sus instalaciones para todo tipo de deporte de invierno para también ha creado diversas rutas para descensos de bici y pronto vemos pequeños grupos de jóvenes bajando. La telecabina se utiliza para subirles hasta el punto de partida.
No puedo dejar de admirar este esfuerzo que ha transformado la montaña en una maravilla de la tecnología del entretenimiento al aire libre pero a Pep le sobra todo esto. Está buscando minas de hierro y manganeso. Cerca del Coll de la Mola, ve los pilas de tierra y piedra que delatan la presencia de la mina. Cuando llegamos, vemos una galería cortada en la roca que se mete bastante para adentro, aunque sólo la seguimos unos metros por falta de linterna.

Continuamos por la pista pero llega un momento que tenemos que subir. A veces por pista y a veces simplemente subiendo la cuesta, ganamos altura. Vemos los restos de bases de teleféricos, que parecen venir del Serrat de les Pedrusques.

Mirando hacia Cerdanya mientras caminamos hacia el Serrat de les Pedrusques

Hacemos 400 metros de desnivel, subiendo por instalaciones y pistas de esquí. Finalmente, llegamos a una pista transversal que marcha hacia el oeste. Empezamos a dejar atrás toda la parafernalia del esquí. Cerca del collado que marca la divisoria entre la cara norte y la cara sur, vemos una barraca de mineros y, un poco pasado el collado, un camino sigue la cara sur del Serrat de les Pedrusques hasta llegar a unas bocaminas y los restos de una barraca. Todavía se ven restos de la veta de mineral negro que los mineros debían buscar. Almorzamos en la sombra de una bocamina, con una vista enorme delante que abarca Coll de Jou, Penyes Altes, Pedraforca, Prat d’Aguiló y el comienzo del Cadí. Estas minas, Pep ya las conocía de una excursión anterior pero no había tenido tiempo para estudiarlas detenidamente.

Mirando hacia el Moixeró, con Penyes Altes, el Cadí y Pedraforca

Después de comer, continuamos por la pista hacia el Puig de la Mena, donde había otras dos minas, más pequeñas. Pero antes de llegar a la barraca de mineros bajo la Font de la Mena, Pep ve una explanada bajo la pista. Resulta ser un cargador. ¿Llegaría un teleférico aquí? Pero, ¿desde dónde? Pep se asoma y ve más abajo unos restos delatadores y un camino muy tenue que baja.
Vamos bajando, acercándonos a ese caos de barrancos que son les Muntanyetes. Grupos de rebecos nos ven y se apartan corriendo. Por fin llegamos abajo y en la roca vemos cuatro o cinco agujeros excavados y otra explanada para el teleférico de salida. Pep se emociona, sabía que le faltaban unas minas pero nunca creía que sería tan fácil encontrarlos. Le digo que es fruto de la experiencia. Está claro que hace décadas que no viene nadie por aquí.

 Vista de les minas tomada por Pep con la base del teleférico inferior en primer plano
 
Mirando hacia el Serrat Gran desde las minas
Seguimos un camino de flanqueo que va hacia la Mina de la Mena, la más importante y la más conocida, situada debajo de la barraca de mineros de la Font de la Mena. En los pasos más delicados, Pep se para y se asegura de que yo no cometa ninguna torpeza. “¿Ves cómo te cuido?”, me dice. “Como un polluelo”. No puedo negarlo, aunque creo que exagera mi fama de torpe. Sea como sea, llegamos a la barraca sin percances, e iniciamos el camino de flanqueo hacia Coma Floriu. Antiguamente, este camino era usado por los mineros para ir a Bagà y durante muchos años, después del abandono definitivo de las minas en los años 60, fue un camino desconocido para el gran público, que seguía obedientemente la ruta señalizada por la cresta hasta el refugio del Niu d’Áliga en Tosa d’Alp. Antes del pestivirus, era una buena ruta para ver grandes grupos de rebecos y aún hoy es fácil verlos.
Comafloriu desde la barraca de mineros


Y el arranque del camino en Comafloriu mirando hacia Tosa d'Alp
Luego el camino se publicó en un libro de rutas y luego en el mapa de Alpina y se popularizó, con cierto enfado por parte de los responsables del Parque de Cadí-Moixeró, que querían que se dejaran tranquilos los rebecos. Recorriendo hoy este camino, me parece notarlo erosionado en algunos tramos y me pregunto si será por desgaste natural o por el paso de gente, aunque hoy sólo estamos Pep y yo. Una hora después, ya estamos en el coche.
Imagen intemporal (quitando la torre de alta tensión)
Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 16,4 km; 680 metros de desnivel acumulado.

sábado, 2 de junio de 2012

24/05/2012 – La Canal de la Llorença

La tercera semana de mayo, pillé una gastroenteritis que me dejó postrado en la cama. Mientras purgaba mis pecados (nunca mejor dicho), el 17 de mayo, Pep llevó a Carles a ver minas entre la Pleta Vella y Tosa d’Alp.

La semana siguiente, aún convaleciente, Pep me llama. Sigue inmerso en su diálogo con los notarios del siglo XVIII y XIX y estableciendo conexiones con otro interés suyo, las minas de hierro y las fraguas. Precisamente, en las canales del Moixeró, hubo unos contratos de arrendamiento para la explotación del carbón vegetal destinado a las fraguas que le han dado la idea de continuar con unas incursiones que hicimos en julio del año pasado.

“Tenemos que volver a las carboneras”, me dice por teléfono. Y para animarme a morder el anzuelo, añade: “Sabes que tienes colitas allí”. “No querrás subir la Canal de la Llorença, ¿verdad?”, pregunto, recordando una subida agotadora hace unos cuantos años. “No creo que nos dé tiempo”, me contesta, con voz tranquilizadora.

Volvemos a ser cuatro, con Emili. Aparcamos el coche debajo de la casa de Hospitalet de Roca-Sança e iniciamos la subida por la ruta clásica del Coll de Jou. Antes de llegar a la casa del Claper, giramos a la izquierda por una de mis colitas (ver Glosario) y entramos en el Clot de la Miquela. Allí, hay una bifurcación: un camino marcado baja nuevamente hacia la casa de Hospitalet y otro más tenue entra en la canal. Vamos anotando carboneras, algunas con paredes bien formadas, hasta llegar a la última metida en un hueco bajo las rocas. A pesar de lo escabroso del camino, no deja de ser curioso pensar que esas carboneras probablemente datan del siglo XVIII.

Buscad la línea de árboles en diagonal a la izquierda que sube detrás de las rocas puntiagudas. Aquí es donde nos metimos.

No hay salida y tenemos que deshacer el camino hasta ver la posibilidad de flanquear hacia el Camp del Teixó. Bajamos por el Claper y entramos nuevamente en el Clot de la Miquela, esta vez bajando hacia Hospitalet y luego desviando hacia la derecha.

 Coma Floriu desde el Camp del Teixó

La casa del Claper

Cruzamos la Carena de la Miquela y encaramos el camino de la Canal de la Llorença. “No querrás subir la Canal de la Llorença, ¿verdad?”, vuelvo a preguntar, ansioso. Hasta ahora, me he sorprendido a mí mismo con la energía que tengo, sobre todo teniendo en cuenta cómo me sentía hacía tan sólo un par de días, pero temo no poder afrontar con garantías la subida de esa canal infernal. “Aún hay colitas en el Torrent dels Molins”, me contesta, crípticamente. Efectivamente, en el torrente, sube un camino muy tapado que va enlazando carboneras hasta salir en otro camino despejado por los cazadores que debe venir de una colita mía en la Carena de la Miquela. Giramos hacía la izquierda y al cabo de un rato, salimos al Llís de l’Hospitalet, un lomo despejado, que cruzamos para plantarnos en el camino que marca la entrada en la Canal de la Llorença.

Pep y Emili toman vistas en el Llís de l'Hospitalet. El árbol marca la entrada del camino de la Canal de la Llorença. Detrás, la Roca Gran

“Lo subimos un poco para marcar el inicio en el GPS”, dice Pep. “Lo sabía”, pienso. “Luego querrá subir a Penyes Altes”. El camino sube a media altura por el lado este de la canal. La cosa va bien hasta que el camino empieza a empinarse. Siento que la energía me deja y pierdo a los otros de vista. Heme aquí subiendo penosamente una cuesta pedregosa, solo, abandonado. Ya veo los buitres volando en círculos encima mío, evaluando mi potencial nutricional. Cuando siento que ya no puedo continuar, oigo la voz de Pep que me llama. ¡Ha vuelto para buscarme! Y me acompaña hasta dónde han parado para comer.

Tras el repostaje, me siento con fuerzas para continuar y hacemos unos 100 metros más de desnivel, cruzando un hayedo, hasta Les Planelles, una especie de collado amplio donde el camino nuestro se junta con el camino que sube por el fondo de la canal. Aquí se puede seguir subiendo, ya sin camino, hasta el Collet de la Guilla, muy cerca ya de Penyes Altes.

La Font de l'Hospitalet

Pero no continuamos. Deshacemos el camino hasta la fuente de l’Hospitalet, que tiene un agua deliciosa. Mientras descansamos, observo unas nubes muy oscuras que se asoman detrás de Coma Floriu. “Parece que va a llover”, aventuro, como buen inglés. Pep me mira con el aire de alguien que posee conocimientos superiores. “A lo mejor está lloviendo en Cornualles pero aquí no va a llover”, sentencia.

Al entrar en el pueblo de Bagà, empiezan a caer las primeras gotas.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 7,9 km; 980 metros de desnivel acumulado.

lunes, 1 de agosto de 2011

22/07/2011 – Les Muntanyetes

Puestos a repasar caminos en el valle de Hospitalet, pedí a Pep visitar la zona de Les Muntanyetes. Como expliqué la semana pasada, es una zona con un paisaje espectacular, agreste pero a la vez bastante accesible. En el coche, Pep saca un tema que le preocupa desde hace tiempo: la insostenibilidad del modelo económico actual. “¿Cómo es que yo, que no soy nadie, puedo ver algo que los políticos y economistas son incapaces de ver?”, pregunta retóricamente y aboga por un modelo de decrecimiento controlado antes de vernos abocados irremediablemente a un modelo de decrecimiento descontrolado. Yo, tomando el papel del abogado del diablo, argumento que sí lo ven pero quién se atreve a decir al país que lo del crecimiento indefinido se acabó. Sería su muerte profesional. Y a los cientos de millones de chinos, después de décadas yendo en bici, ahora que tienen el coche casi al alcance de la mano, ¿cómo les dices que tienen que volver al pedaleo?


Inmersos en la polémica, llegamos a Hospitalet y aparcamos el coche. Hace un día muy desapacible y las montañas están medio tapadas por las nubes.

Coll de Jou perdido en las nubes cuando bajamos del coche

Pasamos por los perros que ladran y nos adentramos por la pista por la que antes bajaban la barita de la Bòfia. Anotamos un cargador que recibía el mineral desde un teleférico y subimos por el PR hacia Claper. De momento, no hacemos caso de los caminos que marchan hacia la derecha porque nuestro primer objetivo es buscar el trozo de camino antiguo que nos faltaba la semana pasada entre Claper y la Roca-Sança. Tras algunas dudas encima de Claper, vemos un zigzageo familiar que, aunque más tapado, nos lleva justo al punto que habíamos visto encima del Camp de Teixó. La hazaña es gloriosa pero no somos los únicos que lo han descubierto: en la subida vemos excrementos de caballos y vacas. “No hay secretos para estos”, pienso.
Bajamos al Camp del Teixó y nos plantamos delante de un camino que vimos la semana pasada que se adentra en el Canal de la Miquela. “¿Lo miramos?”, pregunta Pep. “Para eso estamos”, replico con voz firme. Seguimos un camino tapado y accidentado que yo jamás haría solo que finaliza en el Clot de Roca-Sança, con carboneras y los restos de una barraca de piedra. Eso sí, el hayedo está precioso. Damos media vuelta, pasamos el Claper y continuamos por el camino por donde venimos, desviándonos para subir al Planell de la Foradada. Al final del prado, un camino de cresta sube primero a la Pleta de la Foradada y luego a un camino transversal que, por el oeste, marcha hacia el camino de Coll de Jou y por el este, hacia el Torrente del Serrat Gran.

Pleta de la Foradada

Un detalle de la vista donde comimos

Vamos primero hacia el oeste. Lo mantienen los cazadores pero sigue siendo muy precario. Llegamos a un promontorio donde comemos. Abro la última botella de cerveza inglesa hasta mi próximo viaje. Mi valor en el equipo perderá muchos puntos a partir de ahora. Mientras Pep continúa hacia el camino del Coll de Jou, yo me quedo disfrutando de la vista (es que todavía estoy malito del pie, ¡aunque va mejorando!). Al cabo de media hora, Pep vuelve. El camino se perdió antes de llegar al camino de Coll de Jou, aunque se podía llegar sin camino.

El Moixeró, cortado por las nubes

Damos media vuelta y recorremos el camino al otro lado. En este sentido, el camino está mucho más despejado y lo usa el ganado para llegar a zonas de pastura. Llegamos al final del camino y pasamos a la umbría en busca de las pistas de desembosque debajo del Mirador del President. Ahora podemos ver todo lo que hemos hecho desde el otro lado.

El camino hacia el Torrente de Serrat Gran

En la pista, la Naturaleza vuelve a regalarnos con una abundancia de fresas. Ya llevamos un mes comiendo fresas y aquí, a 1.700 metros y mirando hacia el norte, hemos llegado justo a tiempo para pillarlas en su punto. Nos lanzamos al expolio. Delante nuestro una capa de nubes planas da a las montañas una falsa apariencia de meseta pero ahora poco a poco se van levantando y vemos el resto de las montañas detrás.

Otra vista del Moixeró y el valle de Hospitalet, con la capa de nubes planas

Detalle de uno de los canales que suben hacia Tossa d'Alp

Entramos en la zona activa de tala y bajamos por pistas y caminos de arrastre de troncos hasta llegar otra vez a Hospitalet.

Vista de la casa de Hospitalet al volver al coche

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 14 km (16 km para Pep); 900 metros de desnivel acumulado (1.050 metros para Pep).

Cuando llego a casa, me entero que un joven noruego ha protagonizado un masacre en su país.