Aquí relato nuestras salidas por los caminos del Berguedà y comarcas vecinas. Como lo pasamos muy bien, queremos comunicar sobre todo buen humor y alegría pero también tiene un fondo muy serio: el camino como bien patrimonial, pieza esencial para entender la historia y digno de conservación. Es nuestra misión desde hace más de 15 años.



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martes, 2 de julio de 2013

21/06/2103 – La Cingle de la Por

Querido lector, ¡cuántas cosas han pasado desde la última vez que salimos! Patum, viajes, mal tiempo, gripes. Pero hoy por fin parece que podremos salir. Advierto a Pep que ni yo ni Carles nos sentimos en buenas condiciones físicas para enfrentarnos a los escarpados caminos de Picancel, después de todo lo que ha pasado. "Iremos a donde tú digas", me había dicho magnánimamente por teléfono dos días antes. "Luego lo hablamos en el Mikado".

Una vez en el Mikado, Pep nos dice que arriba todavía hay mucha nieve y más vale continuar con el Picancel, como no hace mucho calor, y concretamente el camino de Sant Miquel pasando por la Casa del Bosc. Miro a Pep estupefacto pero como Carles tampoco protesta, pienso que igual sí será buen momento para ponerme a prueba.

Henos por enésima vez en el Pont del Climent. Pero en vez de ir directamente al Portell de l'Ovellar, Pep propone ir a la Casa del Bosc por el camino al Coll del Biel; sospecha que el Portell de l'Ovellar es una creación relativamente reciente y cree que el camino tradicional pasaba por el Coll.

Una vez pasado el puente, tomamos un camino poco marcado que sube en diagonal hasta el Coll del Biel. Desde aquí, se ve un profundo valle creado por el Rec del Coll del Tell y, al otro lado, un llano intermedio donde en otros tiempos se habría visto el tejado de la Casa del Bosc.

Bajamos al fondo del valle, cruzamos el torrente y tras algunas dudas, encontramos el camino que sube a la casa. Visible, sólo queda una cisterna rectangular de agua cortada en la roca. Hay algunas piedras de la casa escondidas en la vegetación al lado.

La pequeña cisterna de la Casa del Bosc. Las paredes de la casa están escondidas en la vegetación atrás.

La primera vez que hice esta ruta fue una excursión de verano al Serrat de Migdia hace casi 20 años, con mi esposa y mi hijo, todavía niño. Recuerdo el calor, lo empinado del camino y las quejas justificadas de mi familia. Ahora, con la madurez, entiendo que todo es cuestión de dosificarse, disfrutar de los tramos planos o de poca pendiente, acometer las subidas con la velocidad adecuada y saber leer el entorno. 

Camino a la Cingle de la Por

El nombre de la Cingle de la Por (Roca del Miedo) viene de una pared infranqueable que cierra el Torrent Fred con una salida por el Collet dels Pins al oeste y el Grau de Rosa al este. Es un lugar oscuro, con cierto aire siniestro, creado sobre todo por una haya centenaria que impedía que entrara la luz. Decían las leyendas que aquí se reunían las brujas locales.

Muerte de un gigante. Lo que queda del haya monumental en la Cingle de la Por.

Pero al situarnos en la hondonada debajo de la pared, vemos que algo ha cambiado desde la última vez que estuvimos aquí. La última subida ya no se ve tenebrosa sino perfectamente iluminada por la luz del día y hay un caos de ramas y troncos cortados con sierra. Un camino ha sido abierto entre los restos de árboles; la gran haya habrá caído en una de las tormentas de esta primavera y arrastrado con ella el resto de los árboles. "La Cingle de la Por ja no fa por", pienso a modo de obituario.

Llegamos al pie de la roca. El cielo se ha ido nublando y para evitar problemas mayores, Pep declara que es el momento de dar la vuelta. Propone comer en la Casa del Bosc. Para gran sorpresa mía, he subido sin grandes dificultades pero Carles aún acusa los efectos del virus y cuando llegamos otra vez a la Casa del Bosc, con el descenso al Portell de l'Ovellar a la vista, confiesa que se siente agotado. Come su bocadillo en silencio, sin duda pensando en el retorno a casa, donde le esperan una cama con sábanas limpias, un té reconfortante y un par de aspirinas. Pero a Pep todavía le queda un lugar por visitar: una cueva detrás de la casa. Con una paciencia encomiable por parte de Carles, ponemos rumbo al norte por los antiguos campos de la casa, invadidos por el bosque. Seguimos un camino prácticamente borrado hasta llegar a un pequeño hueco en la roca utilizado por el carbonero y con la tierra todavía negra de donde hizo fuego hará quizás unos 70 años. Empalmamos con otro camino que bajaba de las carboneras en el Racó del Pic de Perris y luego con el camino señalizado que baja del Coll de Tell.

 
División de caminos. A la izquierda, al Coll de Tell. A la derecha, a la Casa del Bosc.

Comienzan a caer gotas de lluvia pero, ahora sí, nos encaminamos hacia el Portell de l'Ovellar, una brecha abierta en la roca que crea una ruta casi en línea recta con el Monasterio de la Portella. 

 La entrada en el Portell de l'Ovellar desde el sur

Y desde el norte

Pep muestra la forma semicircular del barreno taladrado en la roca para poner la dinamita. "Aquí está la prueba irrefutable. Este camino se abrió con explosivos y antes las rutas eran otras", sentencia. "Dilo en tu blog". Del dicho al hecho.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 5,25 km; 550 metros de desnivel acumulado.

jueves, 27 de junio de 2013

24/5/2013 – El Rec de Can Volat, de la A a la Z

Hoy no viene Carles. Tiene la Patum a la vuelta de la esquina y tiene que poner el hotel a punto. Pero incluso ausente, la sombra de Carles es muy larga. Resulta que ha encontrado una 'mina' (nunca mejor dicho) de información nueva sobre minas y fraguas y Pep está ansioso por tener noticias de primera mano. Pero sin la compañía erudita de Carles, Pep tendrá que ser amable conmigo; me tendrá que esperar, escuchar e incluso contestar. ¡Todo un lujo para mí!

Queríamos dejar la ruta más turística hacia el Coll del Tell para cuando Carles pudiera venir, ya que no la conoce. Pep elige otra ruta mucho más académica (ver Glosario), el Rec de Can Volat, ya que quedaban unas cuantas colitas (ver Glosario) y hoy era una buena oportunidad para liquidarlas todas.

Una vez más cruzamos el Pont del Climent y hacemos el largo camino al lado del río Merdançol hasta llegar a la riera en cuestión. Entramos en el pequeño valle y empezamos a adentrarnos por un camino amable, un túnel verde con auténticas alfombras de oreja de oso y el sonido del agua siempre presente.

Las aguas apacibles del Rec de Can Volat

Pero, como pasa en la vida misma, lo bueno acaba y llegamos al final del valle. Se acaban los caminos amables y el sonido alegre de los riachuelos. Ahora toca sudar. Desde aquí salen dos grandes ramales, uno hacia el este, hacia el Collet de Coma Argentosa y otro hacia el oeste, el Collet del Llop. Comienza un arduo subir y bajar, siguiendo caminos medio borrados que mueren en la última carbonera, hasta quedar seguros de que los hemos hecho todos, todos, todos.

Oreja de oso en su punto

Una vez más, los cazadores han estado trabajando duro, limpiando los caminos principales y marcando con sus puntos de pintura. Durante un momento, me pongo en el lugar del jabalí, que se creía a salvo en este terreno inhóspito. Ahora no tiene lugar para esconderse, todo ha quedado accesible y al descubierto. Pero los cazadores también han tenido un pensamiento para los árboles y en más de un lugar vemos que han cortado ramas de hiedra, liberándolos de su abrazo mortal.

 La Portelleta. Aquí se ve claramente su importancia como punto de acceso a la cresta


La vista hacia Borredà

Salimos al Collet del Llop y aquí decidimos comer. Subimos a un pequeño promontorio y delante tenemos la Portelleta, donde hace 2 semanas no podíamos ver más de 10 metros por la niebla. Después de comer, me aparto un poco para tomar vistas y enseguida estoy rodeado de mariposas y el canto de pájaros. ¡Que lejos queda la crisis! Extiendo las manos como San Francisco de Asís pero ningún animal se fía de mí y me quedo solo. La voz de Pep me devuelve a la realidad. Está impaciente por llegar a casa y ver qué tesoros le ha enviado Carles por Internet.

El camino de vuelta. Pep me tiene secuestrados los mapas para que no me quede atrás

Y tal como venimos, volvemos.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 8,5 km; 690 metros de desnivel acumulado.

miércoles, 29 de mayo de 2013

10/5/2013 – La Portelleta

Al levantarme, miro por la ventana y sólo veo niebla. El hombre del tiempo nos había advertido que pasaba un frente pero teníamos la esperanza de que la niebla acabara levantándose.

Hoy el plan era subir la Portelleta, uno de los pasos a la Carena de Salga. Yo personalmente nunca había subido este camino, así que prometía ser todo un descubrimiento.

Una vez más, cruzamos el Pont del Climent pero, al acabar la pista, en vez de seguir recto, giramos a la derecha y nos adentramos por uno de los pequeños arroyos. Los excursionistas han marcado el camino con ‘fites’ o montículos de piedras y también los cazadores han ido marcando con pintura todos los caminos, creando una red propia.

Iniciamos el camino hacia la Portelleta. Observad el punto rojo, marcando la red creada por los cazadores  

Llegamos a una segunda bifurcación. Giramos a la izquierda; el camino de la derecha lo haremos de bajada. Mientras seguimos al lado del agua, el camino es casi plano. Sin embargo, llega un momento que entra en la canal y el camino empieza a tener cada vez más pendiente. La niebla se va cerrando alrededor nuestro y nuestro universo se va haciendo cada vez más pequeño. Hay mucha humedad y el camino se hace resbaladizo sobre las piedras.


La niebla se hace más espesa

Dejamos un camino a la izquierda y llegamos al pie del ‘grau’, que es una zona de escalada fácil usada como atajo. Con lo resbaladizo que está la piedra, Pep desaconseja probar la subida y damos media vuelta. Cogemos el camino a la izquierda para buscar el camino antiguo a La Portelleta, que encontramos, saliendo de una carbonera. Hay tanta humedad que parece que está lloviznando, pero es la condensación que cae de los árboles. Recordando las circunstancias trágicas de la muerte de mi GPS el año pasado, temo por mi electrónica pero de momento, no da muestras de desasosiego.

A falta de horizontes, nuestra visión se fija en lo más próximo

El camino va subiendo con fuerte pendiente con interminables eses. Entroncamos con el camino que viene del ‘grau’ y poco después, veo otro camino a la izquierda que Pep desecha: “Camino de rebecos”, me dice escuetamente. Cincuenta metros más de desnivel y llegamos arriba. A la Carena (o arista) de Salga, ya había estado unas cuantas veces y sabía que había una vista que abarcaba media Cataluña, pero hoy es invisible; no vemos más de 10 metros a la redonda.

Pep quiere dar cierta formalidad a la ocasión y hace las presentaciones: “La Portelleta, Steve; Steve, La Portelleta”, dice con un gesto aristocrático de la mano. “Encantado”, respondo y nos sentamos para tomar un refrigerio. Sin embargo, el sudor empieza a enfriarse y nos obliga a ponernos nuevamente en movimiento. Bajamos por el mismo camino, intentando no resbalar en el fango ya que hay mucha pendiente.

La vista desde la Portelleta

Al llegar al camino desechado, le viene a la memoria de Pep una noticia de que los cazadores habían abierto un camino nuevo a la cresta, en el Serrat dels Toixons, y ahora se convierte en un camino digno de seguir. No hay duda que antiguamente fue un camino de animales, pero ahora está arreglado con troncos y escalones. La niebla nos impide ver el precipicio a nuestra izquierda pero se intuye. “Echo de menos alguna banderilla”, pienso.

Tras hacer 75 metros de desnivel, volvemos a estar arriba. Tomamos nota y volvemos a bajar. Al volver a situarnos en la bifurcación hacia el ‘grau’, tomamos un camino transversal que nos lleva a la zona llamada “La Gleva”, debajo de la montaña de Salga Aguda. Aquí almorzamos, en un claro creado por los cazadores para esperar la llegada de los jabalís.

El camino de bajada

Ante la poca visibilidad, la humedad y el frío y habiendo alcanzado nuestro objetivo primario, decidimos que es hora de volver a casa. Buscamos el camino de bajada. Al principio, parece más bien un camino de bajar troncos pero al llegar a la primera carbonera, adquiere más categoría. Al salir del bosque, vemos como la niebla empieza a levantarse. Al salir a la pista del Pont del Climent, empiezan a aparecer manchas de azul en el cielo y al llegar al puente, la niebla ya se está batiendo en retirada y empieza a salir el sol.

Un insecto espera pacientemente la floración de la oreja de oso

Al llegar a Berga, ya no quedan restos de nubes, el sol brilla con fuerza y hace una temperatura auténticamente primaveral. A veces, ocurren cosas que parecen hechas adrede.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 6,9 km; 670 metros de desnivel acumulado.

martes, 14 de mayo de 2013

3/5/2013 – Can Volat


La semana siguiente fueron 5 días pasados por agua. Además, el virus se había adueñado de mi cuerpo, causando daños celulares de tal magnitud que sólo me quedaban fuerzas para tragar comprimidos de aspirina. Para esta semana, pido a Pep una salida para convalecientes.

Con la lluvia, el pantano está lleno. Imposible pasar por el Pont del Doro y aparcamos en el Pont del Climent, pasado Vilada. Pero antes de cruzar el puente, recorremos la pista plana hacia el oeste para ver la presa utilizada por la antigua fábrica textil, cerca del Pont del Doro. Cae una cantidad impresionante de agua. La presa es moderna pero aún se ven restos de la presa antigua.

La presa del Molí de Baix

Volvemos al puente, lo cruzamos y seguimos hacia el este el camino que bordea el río. En los mapas hay el topónimo del Rec de Can Volat, que es un arroyo que sube hacia la Carena de Salga, y el mapa de la Alpina marca una casa con el mismo nombre muy cerca del camino del río. En vez de subir por una canal, Pep propone buscar esta casa y así no me cansaré tanto.

 El Pont del Climent


El camino empieza bastante plano, apto para convalecientes. Primero es una pista, hasta la bifurcación a la Portalleta, y luego es camino. Con el efecto acordeón que hace la memoria, ya no me acordaba de las subidas y bajadas que vienen luego y volver a recordarlas en primera persona es un duro golpe para mi cuerpo aún debilitado.


El camino que bordea el río

Restos de la pasarela para cruzar el río cerca de la Font de la Pega

Pero, tras un pequeño desvío para visitar la Font de la Pega (que tome nota nuestro amigo de los hornos), por fin llegamos a donde tendría que estar la casa de Can Volat. Efectivamente, es una zona relativamente llana con algunos campos y nos dividimos para recorrerla toda pero de la casa, ni rastro. “Can Volat s’ha volat”, piensa mi alterego catalán. Tan sólo encontramos un lugar que da la impresión de que podría ser un buen lugar para poner una casa pero sin restos de construcciones. Pero al ir subiendo la cresta, vemos que arranca un camino inédito para nosotros. Lo seguimos hasta su empalme con el camino ya conocido que sube el Rec de Can Volat. “Sen’s ha girat feina”, dice Pep. “Tenemos cosas para hacer aquí”.

 Bajando otra vez al río después de buscar Can Volat

Imposible pasar

Pep quería ver el molino de Canemars pero al llegar al río, las piedras para cruzar han quedado sumergidas bajo el agua crecida y es imposible vadear el río. No nos queda más remedio que dar la vuelta y encaminarnos nuevamente al Pont del Climent.

Con el coche, vamos hasta la pista que va al molino. Ha habido una tala de árboles aquí y ahora el acceso al molino está mucho mejor. Con suerte, algún día será un lugar agradable para picnics familiares. Con el agua y las cascadas, es un lugar bastante idílico, pero yo ya estoy muy cansado y sólo pienso en volver a casa.

El molino de Canemars

Las ruedas de moler en el interior

Y la cascada

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 11,6 km; 580 metros de desnivel acumulado.

sábado, 4 de mayo de 2013

19/4/2013 – Canal de Sant Miquel


El hombre del tiempo había pronosticado mal tiempo para hoy pero, mirando por la ventana a las 7.30, vemos que aún puede aguantar y decidimos probar suerte.

Ahora tocaría la zona de la Canal de Sant Miquel y el acceso es desde el Pont del Doro. Cuando el pantano está lleno, este puente está sumergido pero cuando llegamos, vemos que todavía se asoma del agua. Al estar al final del pantano, aquí se acumula la basura y entre la fábrica textil abandonada arriba y restos de todo tipo aquí abajo, la impresión dista mucho de ser idílica.

El Pont del Doro

Pero hoy el puente es sólo un medio para un fin y el fin es ir a la Canal. Cruzamos; un poste de la Xarxa Lenta indica la subida por la Canal dels Colletons pero nosotros seguimos el camino que flanquea el pantano hacia el oeste hasta llegar a las ruinas de la casa de Cal Mitger, con el área recreativa del Molí del Cavaller en la otra orilla.

Vista del pantano desde Cal Mitger

Aquí empieza la entrada de la Canal de Sant Miquel. Aunque no tiene ninguna señalización oficial, es quizás la más asequible de todas las canales ya que empieza con una larga entrada en el valle por un camino casi plano. Aquí el musgo en los árboles es espectacular. A juzgar por las huellas, los motoristas también conocen el camino.

Entrando en la Canal de Sant Miquel

Finalmente, después de recorrer casi un kilómetro por el fondo del valle, el camino empieza a elevarse para dirigirse hacia el Coll del Reposador. Pero justo en ese momento Pep nos confiesa que en realidad no quería subir la Canal de Sant Miquel sino buscar un camino que sube una canal contigua, la Canal de la Fagedeta. Alguien le había dicho que se podía subir esa canal pero él nunca lo había hecho. Tenemos delante la entrada a la Canal pero nuestra primera incursión es infructuosa; una barrera infranqueable de piedra nos impide continuar por el fondo.

Volvemos a la bifurcación y subimos un poco más por el camino principal. Y al poco rato vemos otro camino que marcha hacia la izquierda. Ya lo habíamos visto en otras subidas pero, por razones que no acabamos de explicarnos, nunca lo habíamos seguido. Quizás era por una suposición inconsciente de que era simplemente una variante del camino principal. Pero con los años, hemos ido soltando barreras conceptuales y hoy entramos en el camino sin complejos.

Como he venido contando en las últimas entradas, un grupo de cazadores se ha dedicado a limpiar todos los caminos que suben las canales. Es una mala noticia para la población de jabalís pero muy buena para nosotros porque caminos que antes sólo eran insinuaciones ahora tienen una claridad diáfana.

Subiendo la Canal de la Fagedeta

Este camino sí tiene continuidad. Hacemos 300 metros de desnivel enlazando carboneras; incluso hay una fuente cerca de la salida en Els Colletons. Salimos en los prados detrás de la casa de Sant Miquel, justo a tiempo para ver una multitud de buitres que vuelan a baja altura alrededor nuestro. Pero no tardan en aburrirse y se marchan; aún debemos hacer cara de salud, incluso después de esta subida.

Por fin salimos del túnel

Los prados están empezando a llenarse de flores. Caminamos hacia la casa. Aquí tenemos vistas despejadas hacia el sur y el oeste y vemos como empiezan a amontonarse las nubes de lluvia. Pep quería mirar caminos por la zona de Baumort pero viendo cómo está cambiando el tiempo, decidimos acortar la salida y bajar por la Canal de Sant Miquel.

La casa y la iglesia románica de Sant Miquel

Pasamos la casa y caminamos hacia el Camp de la Collada. Tomamos un camino de atajo para no pasar por la pista y en ese momento suena el móvil de Pep. Es un colega de la Sociedad de Arqueología. Pep contesta con voz jovial pero su cara enseguida se vuelve seria. “No me jodas”, dice y se sienta. Carles y yo nos alejamos para darle un poco de intimidad y cuando se reúne con nosotros, nos informa que el Secretario de la Sociedad de Arqueología murió la noche anterior de un infarto fulminante. Justamente, Pep había estado con él quizás una hora antes de morir, ayudando a montar un espectáculo para la Coral de Gironella. Se acababa de jubilar con 62 años de una caja de ahorros y estaba lleno de proyectos y aparentemente en perfecto estado de salud.

“No es justo”, protesta Carles. Aquí el lector me permitirá un pequeño inciso. Es cierto que la esperanza de vida ha mejorado mucho y una muerte repentina a una edad relativamente joven siempre impacta. Pero también es cierto que nadie nace con un certificado de longevidad garantizada en la mano y la estadística sólo es fiable para lo general, no para lo particular. Carpe diem, decían los filósofos. Si viviéramos cada día como si fuera el último (y algún día lo será), seguro que cambiarían muchas cosas.

En el Coll del Reposador. Delante, Gotzera y Sobrepuny. El tiempo empieza a complicarse

Comemos en silencio en el Coll del Reposador, a la entrada de la Canal de Sant Miquel. Reflejando el estado de ánimo imperante, las nubes son cada vez más espesas y nos damos prisa para iniciar el descenso. Aquí, en los tramos de más pendiente, se nota más el paso de las motos, a pesar de que legalmente las motos no pueden salir de las pistas forestales. Hay motoristas que dicen que los caminos se conservan gracias a ellos. Pero, mirando las zanjas excavadas en la tierra por los neumáticos, ese argumento no me convence. “Habla de eso en tu blog”, me dice Carles. Y así he hecho.

Volvemos a empalmar con el camino de entrada en la Canal de la Fagedeta y deshacemos el camino ya recorrido hasta el coche. Una hora y media después, empieza a llover en Berga.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 7,5 km; 450 metros de desnivel acumulado.

martes, 23 de abril de 2013

12/4/2013 – Canal de Verdaguer


Hoy estamos de enhorabuena. Nos acompaña un conocido de hace tiempo. Me pide que le guarde el anonimato pero sí puedo revelar que es toda una autoridad en el mundo del excursionismo y su interés (u obsesión, según si mire) actual gira en torno a los hornos de alquitrán de pino (forns de pega, en catalán). Evidentemente, Pep está encantado de tenerlo con nosotros; por fin, puede hablar con alguien de su mismo nivel.

Hoy toca la Canal de Verdaguer. El único acceso practicable es desde el Collet de les Fustes pero esta vez Pep propone pasar por el Molí de Pedret, Santeugenia y Bossoms y luego subir una cresta hasta llegar al Collet. No acaba de explicar las razones de esta decisión.

Aparcamos una vez más en el Pont de Pedret y tomamos el camino hacia el molino. Es un camino muy bonito, plano y recomendable para salidas de familia y las ruinas del molino añaden un punto de interés. Mientras Pep conversa animadamente con nuestro invitado, entramos en la pista de Santeugenia pero en vez de pasar por el camino antiguo que iba enlazando las casas de Santeugenia, el Llevaig y Bossoms, toma la pista que sigue el Rec de Bossoms.

Esta pista, aparte de ser bastante fea, sube y baja como una montaña rusa. “¿Por qué no has tomado el camino de las casas?”, me atrevo a preguntarle. “Es más recto”, me dice escuetamente y reanuda su conversación con nuestro invitado. Llegamos a la Font de Bossoms; al lado, sigue el camino a la casa pero Pep pasa de largo y sigue por la pista. “¿Por qué no has tomado el camino?”, le pregunto, acusador. “Lo de más recto ya no vale. Por la pista es más largo”. “Así tengo más tiempo para hablar con nuestro acompañante”, por fin me contesta, acorralado. Está claro que mis preguntas le importunan y me callo.

La casa de Bossoms. Detrás, las montañas de Figols

Llegamos a la casa de Bossoms, todavía entera pero deshabitada y rodeada de prados. Tomamos otra pista hacia el norte que luego dejamos para subir una áspera cuesta sin camino. En una superficie de roca inclinada, Pep ve un dibujo inconfundible. Indica la ubicación de un horno de aceite de enebro. Como la bolsa de Mary Poppins, nuestro acompañante abre su mochila y empieza a sacar cosas. Todo lo necesario para limpiar y desbrozar, una cinta de medir, hasta una cuerda de escalada.

El dibujo del horno de aceite de enebro

Una vez satisfecha nuestra curiosidad, continuamos la subida hasta llegar a una pared de roca. Nuestro acompañante y Pep se meten dentro del boj y suben con cierta dificultad. “No vengas, Steve”, me dice Pep. “No subirás”. “¿Tampoco con una cuerda?”, pregunta nuestro acompañante desde arriba. “Tampoco”, confirma Pep.

No llego a ver por donde han subido y opto por buscar otra ruta con Carles. Igual sí que lo podría haber subido pero nunca lo sabré. De todas formas, encontramos un tenue camino de flanqueo que seguramente era el camino que venía al horno desde la casa de Sant Miquel y lo seguimos hasta encontrar un lugar más fácil para subir.

Pep nos comunica que hace 20 años le dijeron que había un horno de aceite de enebro pero nunca lo había conseguido encontrar, hasta ahora. Al final, todo llega.

Llega la primavera a marchas forzadas. Narcisos silvestres cerca del Collet de les Fustes.

Llegamos al Collet de les Fustes e iniciamos el descenso de la Canal del Verdaguer. Bajar estas canales, sobre todo ahora con los caminos recién limpiados, es una delicia. El sol acaricia pero no agobia; además, estamos protegidos por las hojas de los árboles. Los pájaros cantan como si quisieran darnos la bienvenida. Aparte de nosotros, los únicos indicios de presencia humana son el camino y las carboneras espaciadas a intervalos regulares.

Musgo en los árboles en el tramo inferior de la Canal de Verdaguer

Y así llegamos al camino transversal que va enlazando las distintas canales, ya cerca del pantano. Ahora toca dar la vuelta y buscar el camino lateral que pasa debajo de la Cingle de les Cabres. Subir estas canales, a pesar de tener los caminos recién limpiados, es un suplicio. El sol sólo hace que sudemos más, y el sudor me entra en los ojos y produce un incómodo escozor. Las hojas y las ramas de los árboles nos obstaculizan y rascan. Los pájaros, parece que se mofan de nosotros con sus cantos burlones.

Cruzamos el fondo de la canal para tomar el camino lateral. Carboneras y más carboneras. Llegamos a una bifurcación y giramos nuevamente para tomar el camino que pasa a pie de precipicio en la Cingle de les Cabres. Por fin, salimos a un collado, con una magnífica vista delante y aquí comemos.

Después de comer, empalmamos nuevamente con el camino de la Canal de Verdaguer y volvemos a salir en el Collet de les Fustes. “¿Tanto bajar y subir para acabar en el mismo sitio?”, me pregunto. La tentación de dejarme llevar por pensamientos lúgubres sobre la futilidad de la acción humana es enorme, pero los otros ya se marchan hacia La Covil y yo tengo que pedir un favor a Pep.

Camino empedrado cerca del Molí de Pedret; foto tomada en 2004

Por la mañana, no había podido sacar fotos del Molí de Pedret y le pido que vayamos hacia la Font Bona desde La Covil en lugar de pasar otra vez por la Mesquita. Pep accede magnánimamente. Desde un collado cerca de la Font Bona, baja un camino serpenteante que desemboca en los campos de Santeugenia y así llegamos otra vez al Molí de Pedret. Pero la luz no es buena y tendré que tirar de fotos de mi archivo.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 11,5 km; 850 metros de desnivel acumulado.

Nota histórica: Los hornos de aceite de enebro (forns d’oli de ginebre, en catalán) se construían sobre una roca plana e inclinada sobre la cual se marcaban unos surcos. Sobre un pequeño fuego se colocaba una lata con ramas cortadas de enebro dentro y se destilaba la madera. El aceite salía por unos agujeros en la lata y corría por los surcos hasta llegar a un recipiente. Se utilizaba como medicina popular, sobre todo para animales.

viernes, 29 de marzo de 2013

22/3/2013 – Canal del Sant y Canal de l’Avellanosa


Un cúmulo de circunstancias me han impedido salir hasta ahora. En el fin de semana del 9 y 10 de marzo, estuve en Inglaterra. Cuatro días sin ver el sol, con frío y humedad mientras aquí se disfrutaba de un tiempo cálido y primaveral. Ese fin de salida, Pep y Carles recorrieron la carretera del valle del Llobregat, anotando puentes y molinos.

Pero hoy por fin podemos reanudar nuestro repaso de las canales de Picancel. En el Mikado, Pep mira con desaprobación mi magdalena. “No sé cómo puedes comer esas bombas de colesterol”, me dice. Pregunto a Marta, la dueña del Mikado, cuánto pesa cada magdalena. Entra en la cocina. 85 gramos, me dice cuando sale. Sumando 4 semanas desde la última salida, eso hace 2,5 kilos. Un buen stock.

Como Pep quiere hacer todas las canales por orden, parecía que hoy haríamos la Canal de l’Avellanosa y la Canal del Verdaguer. Seguimos la misma ruta que la salida anterior hasta la casa de Mesquita. Aquí, giramos a la izquierda y tomamos el camino que va al collado de la Terma Alta, una piedra clavada que marcaba la división entre los dominios de los Pinós y los de los Berga; aún se pueden ver los escudos grabados.

La Terma Alta

Y el escudo de Berga

El camino continúa hacia el norte, limpiado recientemente por los cazadores. Aquí está La Taleia (o Atalaya en castellano); aún no hemos decidido si es una simple casa o algo más antiguo. Mientras vamos bajando, empiezo a hacer cálculos y algo no cuadra. “¿Cómo vamos a llegar a la Canal de l’Avellanosa?”, pregunto a Pep. “Y si subimos la Canal de l’Avellanosa y bajamos la Canal del Verdaguer, ¿cómo vamos a llegar al coche desde allí abajo?”. “Es que nos falta la Canal del Sant”, me contesta, mientras examina sus uñas. “Ya estamos otra vez con las agendas ocultas”, pienso. “¿No dijiste que no había camino para subir esa canal?”, le digo. “Dije que no lo había visto, no que no hubiera”, precisa Pep.

El camino de la Terma Alta a la Taleia

En eso llegamos al collado donde está la Taleia y bajamos hacia el este, hasta la entrada de la Canal del Sant, marcada por una gran carbonera. Y efectivamente se ve un camino que sube por el centro del valle, ahora despejado por los cazadores. Vamos empalmando carboneras, desviándonos brevemente para mirar un camino lateral que se encamina hacia la Terma Alta pero sin llegar a conectar por lo tapado. En total, 200 metros de desnivel que llevan la magdalena al límite de sus posibilidades. En el collado arriba, llamado Passant del Llop en el mapa del Alpina, vemos que el camino continúa en descenso al otro lado y finalmente nos deja en los campos de la Mesquita.

La entrada de la Canal del Sant. El musgo que cuelga de los árboles es uno de los alicientes de estas canales

Nos dirigimos al camino del Cap de l’Avellanosa. Allí, en el collado, se ve un camino un poco perdedor que inicia el descenso. De hecho, de tan perdedor que es, lo perdemos pero recuperamos un camino muy marcado en el primer collado de los Agullons del Sala y que es lo que conocía Pep. Este camino entra en el centro de la canal y luego sigue bajando por el lado izquierdo. Entre las típicas carboneras, vemos muros que nos dejan un poco perplejos: no tienen la forma de carboneras; y encarados hacia el norte, no pueden ser campos. Al final, deducimos que pueden ser bancales para el cultivo de los avellanos que han dado nombre a la Canal.

Después de la dura subida de la Canal del Sant, la bajada es muy relajante. Llegamos a un collado que marcaría el final de l’Escanyacabres. Aquí hay un cruce de caminos. A la izquierda, el camino de vuelta a la Canal del Sant; a la derecha, el camino a la Canal del Verdaguer; y delante, el camino que habría cruzado el río Merdançol, ahora cortado por el pantano. Seguimos este último un rato hasta que empieza a bajar demasiado y luego volvemos al cruce.

Decidimos almorzar en la carbonera a la entrada de la Canal del Sant. Aquí cada uno escoge una piedra y un lugar para sentarse según su rango y antigüedad.

Vista de la presa desde encima de Pedret. Detrás, el pantano y las montañas de Figols

Sólo nos queda deshacer el camino hasta Pedret, pasando nuevamente por la Terma Alta. Salimos a la iglesia ante un paisaje idílico. Hace sol con una brisa suave y la cantidad justa de nubes para ir variando la luz. Los prados tienen un verde perfecto. Cantan los pájaros, revolotean las mariposas. Una mujer lee bajo un árbol acompañada por sus dos perros. Cuando llegamos al coche, ya está llegando más gente dispuesta a pasar un final de tarde al aire libre.

Berga y Queralt desde Pedret con la luz de la tarde

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 11,9 km; 830 metros de desnivel acumulado.

domingo, 24 de febrero de 2013

21/2/2013 – Regreso a Picancel


Avanzamos la salida un día esta semana por la previsión de mal tiempo. Ya habíamos hablado de volver a las canales de Picancel. “Hay que repasarlo todo”, me confesó Pep. Los primeros mapas de 1:5000 que tuvo Pep fueron precisamente de estas montañas y si no me hubiera conocido un año después, igual hoy todavía estaría subiendo y bajando esos inhóspitos barrancos. Sea como sea, Pep no desaprovecha la oportunidad de culparme a mí el hecho de que haya estado alejado tanto tiempo de su amada sierra.

Pep tiene un compromiso a primera hora y quedamos que no iría al Mikado hasta pasadas las 8.30. A las 8.40, cuando estoy a punto de salir de casa, Carles me llama indignado. Ya lleva 45 minutos esperando, ha desayunado y está en la calle. Evidentemente, hubo un fallo de comunicación pero yo, sin café y magdalena, no doy un paso y consigo convencerle para que vuelva al Mikado. Pep no tarda en llegar. Repasando opciones, Pep decide empezar desde Pedret. Yo no he traído mapas para esa zona así que iremos ciegos, con sólo el mapa del Alpina para orientarnos.

Dejamos el coche en el puente gótico de Pedret sobre el Llobregat, reclamo turístico de primer orden, y subimos hacia el segundo reclamo, la iglesia de Pedret, abierta para visitas guiadas los fines de semana.

 Pont de Pedret

Iglesia de Sant Quirze de Pedret

Pep decide subir a la casa de la Mesquita por las pistas para así tener más tiempo para charlar con Carles de sus avances en los archivos. Les recuerdo que estoy esperando las fichas. Pep me mira con aire reprobador. “Tiempo al tiempo. Todavía estamos planteando cómo vamos a hacer las fichas. No quieras correr antes de andar”. Empiezo a sospechar una conspiración para impedir que mi best-seller vea la luz del día.

En eso llegamos a las ruinas de la casa de la Mesquita. Su nombre no tiene nada que ver con la conquista árabe de la península ibérica sino que quiere decir “pobre” en catalán antiguo. 

Ruinas de la Mesquita

En el fondo, Puig Arbessós, visto desde la Mesquita. Aquí hay los restos de un castillo pero el acceso no es nada fácil

Pep quiere ir hacia la izquierda a la Terma Alta, la Taleia y subir la Canal de l’Avellenosa. Yo tenía una colita en el camino que va a la casa de Covil e insisto en que vayamos a la derecha para buscar esa colita. Tras cierta resistencia, Pep finalmente accede y, unos 10 minutos después, nos plantamos en la colita. El camino parece recién limpiado por los cazadores pero, aún así, Pep duda de su autenticidad … hasta que llegamos a la primera carbonera.

Seguimos subiendo hasta salir al Cap de l’Avellenosa. A nuestra izquierda vemos la curiosa formación llamada l’Escanyacabres y delante el camino que baja por la Canal de l’Avellenosa. 

El lomo de l'Escanyacabres. Al fondo, el pantano de La Baells

Seguimos hacia el este y entramos en una zona de campos, que se debían cultivar desde la casa de Covil. Seguimos subiendo y salimos en los Agullons del Sala, una de las muchas aristas que se extienden hacia el pantano. Salir de repente de los árboles con el precipicio delante nuestro y la enorme pared que corta la Canal del Verdaguer me produce una sensación muy extraña en las piernas y el estómago y un fuerte deseo de aplastarme contra el suelo como una cucaracha para no caer en la tentación fatídica de acercarme al borde.
 Mirando hacia la Canal del Verdaguer. La foto no hace justicia a la abrumadora impresión de vacío.

Pep inicia a Carles en los misterios de las canales de Picancel

Justo en ese momento, se despejan las nubes y sale el sol. Pasamos un rato aquí digiriendo las sensaciones y las vistas, ya que ni siquiera Pep ha estado aquí. “A ver si podemos bajar a la Canal”, musita Pep. “Esa aparente resistencia inicial a mi propuesta, ¿no habrá formado parte de una agenda oculta para traernos al fondo de la Canal del Verdaguer?”, especulo, mientras bordeamos el abismo en busca de una manera de bajar. Finalmente, llegamos a una canal secundaria con una pendiente asequible e iniciamos el descenso, sin saber si nos veríamos frenados por un salto infranqueable y tendríamos que volver a subir. Pero luego se intuye un camino, que va cobrando claridad, hasta entrar en el camino principal.

Carbonera en la Canal del Verdaguer. Observad el negror de la tierra.

Yo había subido la Canal del Verdaguer con Pep hace muchos años pero era otra ruta que se aparta del fondo del valle. Esta vez se ve un camino muy claro, con signos de haber sido limpiado no hace mucho, que va pasando por carboneras. Bajamos unos 100 metros de desnivel por el valle y, durante la próxima hora, exploramos caminos secundarios antes de reemprender la subida nuevamente, saliendo en el camino señalizado de Sant Miquel a Covil en el Collet de les Fustes, que recorre la cresta.

Pep se apoya con ademán relajado en su bastón. Para él, esos barrancos son como su segunda casa.

Todo este valle sirvió de refugio para el maquis después de la Guerra Civil y la casa de Covil fue su cuartel general. Para acabar con ese nido de avispas, la Guardia Civil obligó a todos los habitantes del valle de la Portella a marcharse y dinamitó la casa de Covil. En esa casa almorzamos.

Camino a Covil desde el Collet de la Fusta

Desde Covil, hay dos posibilidades para volver a Pedret. Por la izquierda, pasando por la Font Bona o por la casa de la Mesquita. A mi me parecía que por la izquierda sería más recto pero Pep prefiere por la derecha y así se hace. Y menos mal que no me hizo caso, dirá Pep cinco minutos después, porque muy cerca de la casa, Carles ve unas piedras sospechosas en el bosque y resulta ser la casa medieval de Covil.

La casa de Covil

“Las veces que he venido por este camino y no la he visto”, se lamenta Pep. Pero a veces hace falta una mirada fresca. Seguimos el camino a la Mesquita, de mucha categoría aunque no señalizado. Como otros caminos en Picancel, muestra signos de erosión por el paso de motos en los puntos de más pendiente y, a juzgar por las huellas, parece que siguen viniendo, a pesar de que esté prohibido.

Desde La Mesquita, tomamos el camino de la cresta hacia el sur, saliendo en la Rasa del Guimbas, y desde allí, sólo hace falta seguir la pista que bordea el torrente hasta llegar a la iglesia.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 11,0 km; 590 metros de desnivel acumulado.

PD. Picancel es una sierra con picos en forma de dientes de sierra que va de oeste a este desde la presa del pantano hasta Borredà, flanqueando la ribera sur del Merdançol. Visto desde la carretera de Vilada, parece impenetrable pero la verdad es que está lleno de caminos, algunos para explotar el bosque y otros más importantes para acceder a distintos puntos del valle de la Portella. Vamos a dedicar al menos una parte de la primavera a repasar esta misteriosa sierra.