Aquí relato nuestras salidas por los caminos del Berguedà y comarcas vecinas. Como lo pasamos muy bien, queremos comunicar sobre todo buen humor y alegría pero también tiene un fondo muy serio: el camino como bien patrimonial, pieza esencial para entender la historia y digno de conservación. Es nuestra misión desde hace más de 15 años.



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sábado, 18 de septiembre de 2010

10/9/2010 - Valle de Ridolaina (4)

Antes de dejar este valle, quedaba por ver si realmente había un camino que seguía el fondo del valle y qué conexiones había desde abajo con la Torre de Sant Romà. Dejamos el coche en el Pla de Nas, frente al camino de subida tan áspero desde la Molina de Ridolaina que hicimos el primer día. La idea era hacer este camino de bajada y subir por otro camino pasado el Coll de Nas. Sin embargo, esto supondría dar más vuelta y como (la hija de) Pep tiene clase de música, las probabilidades de que también lo tendríamos que hacer de subida no eran despreciables.
Así que henos aquí, bajando este camino infame. Pasamos por la Molina de Ridolaina y continuamos hasta donde dejamos el primer día una colita que se adentraba en el valle, debajo de la casa de Sant Romá.

La casa de la Molina de Ridolaina. Todavía no le tocaba el sol

Vemos más canales; eso de los canales de riego era una auténtica obsesión en este valle. La colita se muere en el último prado, que tiene el nombre muy apropiado (en nuestro caso) de Camp dels Rucs (Campo de los Burros). Subimos el prado; hay una pista para el mantenimiento de uno de los canales que aún funcionan que, tras unas subidas y bajadas, nos deja abajo, encima del canal, que bordea el peñasco de la Torre, cerrando el paso a los animales con una barrera de madera.
Queridos lectores, lo que voy a relatar no quiero que lo hagáis en casa. Hay cosas que se hacen en nombre de la ciencia o por la terquedad de Pep (que viene a ser lo mismo) que rayan en la imprudencia y ésta es una de ellas.
Pep quería asegurar fuera de toda duda que no había ningún camino que siguiera por el fondo del valle, así que cruza la barrera y sigue el canal. Si hay un camino al final, él continuará, así que estamos obligados a seguirle, yo el último. El paso se hace cada vez más estrecho y al final caminamos sobre una estrecha repisa de hormigón con una caída de unos 3-4 metros a nuestra izquierda. “Si hay que volver por el mismo sitio, me va a oír”, pienso. Me vino el recuerdo de un paso mucho más estremecedor encima de Aigua d’Ora hace unos cuantos años que, en nombre de la ciencia, también hicimos de ida y de vuelta. El terreno se allana y llego a la captación. Pep se ha metido dentro del bosque pero no tarda en volver. “Media vuelta”, dice. “Aquí no hay nada”. “Lo sabía”, pienso.


Carles y Josep Maria esperan la vuelta de Pep al inicio del canal

Una vez de vuelta en tierra firme, en la pista, Pep me sonríe benévolamente: “Ahora podemos ir donde tú quieras”. “Mientras sea a la Torre de Sant Romà”. “Claro”, contesta. Estamos justo debajo de la Torre y no hay otro sitio donde ir. “Y pasando por la casa de Sant Romà”, continúo. “Sería todo un detalle de tu parte”, concede.
Subimos a la casa, que Pep inspecciona, y luego a la Torre, que también inspecciona. Desde la casa de Sant Romà, se ven restos del antiguo camino que debía seguir el trazado que ahora ocupa la pista que va hacia los prados de Cal Paraire y Les Eres. Buscamos sombra y comemos.
Para volver, continuamos por la pista hasta situarnos encima de la Molina de Ridolaina. Al lado de la pista, las ruinas de otra casa, cuyo nombre tampoco sabemos de momento. Buscamos el camino que baja desde esa casa a la Molina, que encontramos, ahora convertido en una especie de pista. Bajamos rápidamente a la Molina pero no hay tiempo para buscar otra ruta y subimos ya por segunda vez el camino directo al Pla de Nas. No ha perdido nada de su encanto desde que lo subimos hace ya un mes.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 14 km; 740 metros de desnivel acumulado.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

3/9/2010 – Valle de Ridolaina (3)

Queríamos ver si había alguna conexión entre la pista del Cortal de l’Oriol y el Serrat de l’Avetosa. Yo ya había marcado unas colitas prometedoras. Dejamos el coche en el Cortal de l’Oriol y bajamos a la primera colita, en el Prat de l’Ordi. El camino se difumina casi enseguida; subimos a una pista antigua pero se muere a media cuesta. Pep prueba algún camino de bajar troncos, esos que bajan la cuesta en línea recta, pero pronto desiste. Vamos a la colita siguiente, ya más cerca del Cortal. Inicialmente el camino promete. Nos lleva al Clot de les Fonts y luego sube para salvar una pared de roca. A partir de allí sube un camino de bajar troncos pero el camino de verdad vuelve a bajar para pasar por una fuente y luego al Cortal de l’Oriol, es decir, su único fin era llegar a la fuente.
En el transcurso de esta labor más bien estéril, empezamos a hablar de los malabarismos laborales – a veces infructuosos – que tenemos que hacer para poder salir los viernes. “Pero si yo no vengo”, digo, “no se escribe el blog”. “Y si yo no vengo”, dice Pep, “no se digitalizan los caminos”. “Y si yo no vengo”, dice Carles, “no pasa nada”. “Hombre, no digas eso”, protestamos. “Si tú no vienes, ¿quién dará fe de nuestras proezas y cantará nuestras glorias?”. Josep Maria no puede decir nada, porque no ha venido.
Probamos la última colita, que sale directamente del Cortal de l’Oriol. Tiene muy buena pinta y sube suavemente hacia el norte. Tras llegar a una fuente, pierde definición – hasta aquí llegan las vacas – pero el trazado continúa y nos acaba llevando al Torrent de l’Abeurador, unos 300 metros encima de la pista principal. Evidentemente, era el camino de acceder a la cabecera del valle antes de que se hiciera la pista. No es la primera vez que una salida ha tenido un comienzo árido, “académico”, pero luego, cuando empezábamos a perder esperanza, ha salido un camino interesante que nos ha llevado a otras cosas interesantes y nos ha arreglado el día.


Aproximación a los Planells, con el Cadí detrás
Desde allí, sube otro camino – bien marcado y todavía usado por el ganado – que nos lleva a los Planells de la Baga, una zona relativamente llana de prados, con su barraca, pleta o aprisco y fuente. En la subida, dejamos un par de colitas que algún día habrá que seguir.
La bien conservada barraca en los Planells de la Baga
En los Planells, comemos y, compartiendo una botella de cerveza inglesa, empieza la tertulia. Y uno de los temas que salió era uno que me había venido a la mente ya hacía unas semanas. Antes, para los tres, salir a la montaña era un medio para mantenerse en forma – uno hacía travesías, otro corría y yo hacía lo que podía – pero el objetivo era estar en forma. Ahora, queremos estudiar la montaña y para poder hacer eso en condiciones, nos mantenemos en forma. Hacemos lo mismo, pero el enfoque ha cambiado.
Pep y Carles conversan ajenos al imponente paisaje detrás. Observad la bolsa de setas que lleva Pep.
Después de comer, miramos si hay una manera de bajar por el otro lado de los Planells pero el Torrente de les Eres ha cortado un profundo barranco y tiene muy mala pinta. Volvemos a bajar por el mismo camino que subimos, llegamos a la pista principal y de ahí, hasta el coche.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 14,5 km; 810 metros de desnivel acumulado.

viernes, 27 de agosto de 2010

19/08/2010 – Valle de Ridolaina (2)

Nada más recibir el track de la salida anterior, Pep me llama. No está nada satisfecho con lo que hicimos. No vimos nada de lo que teníamos que ver; concretamente, el mapa del Ejército de 1959 marca un canal que pasa encima del Coll de Nas y no hemos dicho nada de eso. Tampoco hemos dilucidado la estructura de los caminos que entran en el valle. “Roma no se construyó en un día”, le digo, sin complejos. “Vale, vale”, concede, “pero lo primero será encontrar ese canal”.

Hoy tenemos un invitado especial y amigo mío, Ramón Viñas, que a veces viene a caminar conmigo en rutas más lúdicas con otro grupo. Le interesa el tema de los caminos.
Primero dejamos el coche en el Coll de Nas y emprendemos una dura subida por la cresta. Llegamos al primer llano … nada. Pep continúa. Llegamos a un segundo llano … nada. Pep continúa. “Hay que tener fe”, dice y tras 110 metros de subida y medio kilómetro recorrido, allí está, llegando de llano desde el fondo del valle y todavía bien conservado. La verdad es que con la frondosidad de la vegetación, tiene una estampa muy atractiva. Desde donde hemos llegado, emprende un descenso empinado para empalmar con el Torrent de les Costes y lo seguimos. Salimos a la pista al Coll de Nas y volvemos al coche.
La segunda tarea es buscar el camino de Torras a Les Eres. Hay que seguir el PR, digo. Habrá una bifurcación que nos llevará adonde queremos ir.
Seguimos la pista con el coche, dejando a la izquierda el camino que tomamos el otro día y al final lo aparcamos en una gran explanada.


Una curiosa barraca cerca de donde aparcamos el coche

En una curva de la pista, las marcas del PR se marchan por un camino llano. Al cabo de poco rato se produce la bifurcación. Primero tomamos el PR para acabarlo y salimos a la pista en el punto que marcamos la semana pasada. Pero también habíamos cruzado el canal y al volver a bajar, decidimos seguirlo un rato hacia Nas. Es realmente atractivo y es prácticamente llano. ¿No se podría aprovechar para alguna ruta excursionista? nos preguntamos. Al final, llegamos a la zanja erosionada al lado de la pista que habíamos descartado el otro día y vemos que cruza debajo de la pista y continúa, en línea recta hacia la cresta encima del Coll de Nas.

Vista del canal de Nas

Mientras tanto, Carles va explicando a Ramón algunos de los misterios de la búsqueda de caminos y cantando nuestras alabanzas como expertos en la materia. Suerte que estamos de vuelta de estas cosas porque, con tantos elogios, era para inflar seriamente el ego. Yo advierto a Carles: “Tú hablas de dos maestros, pero para Pep sólo hay uno y no soy yo”. Pep calla pero hay silencios que hablan libros enteros. Pero es cierto; si no fuera por lo que me empezó a enseñar Pep hace once años, yo no podría estar escribiendo este blog.
Volvemos al camino de Les Eres y desembocamos en un lomo a la vista de los prados de Les Eres, que están al otro lado del torrente. Cruzamos el torrente por un camino que nos deja muy debajo de la casa. Debía ser el camino para ir a la otra casa, la que todavía no tiene nombre. Comemos en Cal Paraire, disfrutando de un té caliente que ha traído Ramón, pero no nos demoramos mucho, empiezan a subir nubes amenazadoras detrás del Cadí.
Tomamos el mismo camino detrás de la casa y esta vez pasamos la alambrada y cruzamos el torrente, completando el círculo. Volvemos a subir al canal y continuamos a la derecha hacia la cabecera del valle. Llegamos a un desprendimiento de tierras que ha destruido un tramo de canal y Pep desiste. Damos marcha atrás y vamos al Cortal de l’Oriol. El cielo es cada vez más amenazador y volvemos al coche por el camino más corto. Al entrar en el coche, caen las primeras gotas.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 15,8 km; 610 metros de desnivel acumulado.

13/8/2010 – Valle de Ridolaina (1)

Este valle ya lo habíamos mirado desde los prados altos y sospechábamos que sería complicado. Para colmo, Pep no puede venir y me toca a mí hacer de monitor de Carles y Josep Maria. Como nadie ha estado aquí, decido partir de Nas y buscar una ruta que hiciera un circuito del valle. Nas es un pequeño pueblo situado en un altiplano. Quedan algunas casas que todavía trabajan el campo pero la mayoría son casas restauradas con cariño como segundas residencias.

Vista del valle de Ridolaina desde el Pla de Nas


Vista de Montellà y el Pirineo desde el mismo punto

Dejamos el coche a las afueras del pueblo y tomamos la pista señalizada como PR hacia Prat d’Aguilò. La primera parte es plana, pasando entre campos hasta llegar al final del altiplano, frente al camino – si todo va bien – por donde volveremos. La pista gira para encarar el valle. Delante, el espolón rocoso llamado Coll de Nas. César August Torras describe una ruta que va planeando desde el Coll de Nas hasta cruzar el fondo del valle en una zona de prados llamada Les Eres y luego sube hacia Prat d’Aguilò. A ver si lo podemos encontrar.
En el collado, tomamos vistas y continuamos por la pista. En cierto momento, la pista baja y marcha un camino de llano. Decido tomar este camino, aún a expensas de perder la ruta de Torras. Nuestro camino pierde las señales del PR y no tarda en empezar a subir – mala señal, acabaremos en el Cortal de l’Oriol. El camino sube por el bosque. De vez en cuando, la vista se despeja y vemos el otro lado del valle, dominado por la Torre de Sant Romà sobre un peñasco. Salimos en una curva de la misma pista. Al otro lado, vemos una zanja erosionada y poco profunda pero decidimos que no es un camino y continuamos subiendo por la pista. Cruzamos una zona de prados – Prat de l’Ordi – y llegamos a una abundante fuente.

Font Tosca

Justo allí, sale el PR a la pista. Si queremos buscar el camino de Torras, habrá que bajar ese camino. Pero decidimos continuar. Llegamos al Cortal de l’Oriol, un llano despejado con una cabaña moderna y fea.
La pista continúa hacia la cabecera del valle, sale del bosque y el terreno es más áspero y pedregoso. Cruzamos un primer torrente, Torrent de l’Abeurador, de repente vemos una zanja poco profunda que pasa por debajo de la pista, es un canal de agua pero ya en desuso. Damos la vuelta de una cresta y nos aproximamos al torrente principal, Torrent de les Eres. Debajo vemos otra pista más pequeña que corre paralelo a la nuestra y luego restos de tubo de hormigón. Al llegar al torrente, vemos una esclusa y el tubo de hormigón por el que se debía desviar el agua.
Continuamos por la pista, ya por el otro lado del valle. Empezamos a ver campos, estamos en Les Eres. Oímos ruido de agua encima nuestro, es otro canal, éste más local, para regar los prados y todavía en uso. Decido dejar la pista y seguir el curso del canal, ahora seco habiendo descargado su agua. Se difumina en un torrente cercano. Buscamos un sitio para comer.
Según los mapas, hay una casa aquí, Cal Paraire, que ya estaba abandonada cuando pasó Torras. Si volvemos sin buscarla, la bronca de Pep será tremenda así que retrocedemos por la pista. Por suerte, al cabo de poco rato, se ven unas ruinas y allí está. Seguimos un camino que va hacia el torrente debajo de la casa e intuimos un paso para cruzarlo pero una valla de alambre de púas nos hace desistir, y además nos apartaría de la ruta planeada.

Los restos de Cal Paraire

Continuamos por la pista y al poco rato, vemos otras ruinas de unos corrales y lo que parece ser una casa. No sabemos su nombre. Empezamos a ascender, ya hacia la Torre, unos restos medievales que vigilaban el paso por el valle. Pero, ¿dónde están los caminos? Nos invade una sensación de no haber encontrado la llave que nos abriría la puerta a los caminos históricos. Desde aquí arriba, es imposible bajar por lo escarpado del terreno.

La Torre de Sant Romà y detrás, el Cadí

Continuamos por la pista, vuelven a aparecer campos y abajo, vemos las ruinas de una casa, que el mapa llama simplemente Sant Romà. Desde aquí, tiene que haber un camino que baja a la Molina de Ridolaina, en el fondo del valle. Un primer intento nos lleva a un barranco donde pasa otro canal, pero está muy tapado y en terreno poco amable. Doy la vuelta y bajamos por prados debajo de la casa. Salimos al mismo canal pero esta vez con un camino ancho y despejado que va bajando. Éste nos llevará a buen puerto, pienso, y lo seguimos.

El canal debajo de la casa de Sant Romà

Al acercarnos a la casa abandonada de Molina de Ridolaina, vemos otro canal, también con agua, que cruzamos. Desde luego, este valle está lleno de canales. Volveríamos a encontrar el canal pasada la casa. Ahora nos toca encontrar el camino de subida a Nas, que encuentro justo donde tiene que estar, a pesar de las dudas de Carles. Empieza amable pero no tarda en coger pendiente por una cuesta dura y pedregosa y con el calor de la tarde, realmente no es agradable. “Aquí hace falta una escalera mecánica”, pienso, pero peor lo estarán pasando tres ciclistas que adelantamos mientras empujan sus bicis sobre las rocas.

La última subida con una ciclista que seguramente quería estar en otro lugar

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 19,4 km; 650 metros de desnivel acumulado.

miércoles, 4 de agosto de 2010

30/7/2010 – Pas del Bou y Pas dels Gosolans

La semana anterior, unas tormentas nos impidieron salir pero hoy, amanece con sol y además, Carles se lo ha podido montar para venir con nosotros. Hoy queríamos enlazar dos pasos del Berguedà a la Cerdanya: el Pas del Bou y el Pas dels Gosolans. Tras subir una pista interminable, dejamos el coche a la entrada del Prat d’Aguiló. Siempre impresiona ver este prado al pie de estas imponentes formaciones calcáreas, como una especie de Ordesa en miniatura.

Prat d'Aguiló y la cara norte de Tancalaporta desde el parking

Emprendemos el camino hacia el este, hoy marcado como parte de la ruta de Cavalls del Vent. En el centro del prado, la fuente y los restos demolidos de lo que fue el primer refugio del Prat d’Aguiló, utilizado como base para hacer el primer estudio serio de la flora del Cadí en 1949. Pasamos una cresta y se nos presenta un espectáculo de grandiosidad. Parece mentira que lo tenemos tan cerca de casa.

Vistas que dejan huella

Continuamos el flanqueo hasta llegar a un prado grande llamado Pla de les Creus. Aquí baja la continuación del ‘camí dels collets’ a Quardarenes, donde nos quedamos la última vez. Nosotros seguimos el camino de Cavalls del Vent, ahora con un trazado más o menos artificial, buscando el camino hacia el Pas del Bou y la cresta. La unión se produce unos 120 metros debajo de la cresta. Hay quien dice que éste era el camino tradicional desde Gósol y Gisclareny a Bellver pero tras un desprendimiento de tierras en el siglo XIX en el que murieron unos militares que hacían el trayecto a caballo, se abrió a barrenadas el camino que se conoce actualmente como el Pas dels Gosolans. Lo cierto es que es una ruta mucho más directa.

El largo valle de Pi

Nos encaminamos hacia el oeste y el Coll de Tancalaporta, pasando a la vertiente berguedana. Una banda de niebla se apelotona contra la cara sur de la cresta reduciendo la visibilidad a pocos metros. “Tiene que haber unas vistas espectaculares”, observo, pero nuestro universo actual ha quedado reducido a unos 100 metros cuadrados. En efecto, estamos recorriendo el borde superior de una enorme olla que es el valle de la Muga, rodeado de peñascos y cerrado en su vértice por el Pas de Tancalaporta, pero todo esto lo tenemos que recrear con la imaginación.

Mirando hacia el Pas del Bou desde el Coll de Puig Terrer. Foto tomada en 2005.


La niebla queda cortada en la cresta en el Coll de Tancalaporta

Llegamos al Coll de Tancalaporta y salimos momentáneamente de la niebla, que aparece cortada como por una navaja. Continuamos por el lado sur de Comabona, otra vez en la niebla pero al llegar a la Font Tordera, el cielo vuelve a estar despejado. Comemos en compañía de un chico simpático que trabaja en el refugio del Cortal de l’Ingla. Delante, las cimas del Cadí.

Vista desde el Pas dels Gosolans

Bajamos el camino del Pas dels Gosolans con las paredes infranqueables del Cadí a la izquierda, la plana de Cerdanya abajo y al fondo toda la línea de los Pirineos, desde Aiguestortes hasta el Carlit. Llego muy cansado al coche, creo que cogí una insolación en la Font Tordera, y mientras Pep y Carles exploran algunos corrales cercanos, les espero en el coche.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 12 km; 625 metros de desnivel acumulado.

domingo, 18 de julio de 2010

16/7/2010 – Valle de Pi (2)

Hoy sólo somos Pep y yo. Carles hace tiempo que no viene con nosotros. Se le ha complicado el trabajo y tiene menos tiempo libre. Hoy, Pep quería acabar la parte alta del Valle de Pi. Dejamos el coche en el área recreativa de Prat Agre, un pequeño prado con mesas, fuente y dos cabañas, una vieja y otra moderna.



La fuente de Prat Agre

Subimos una antigua pista forestal que sigue el curso del torrente hasta empalmar con el camino de la Roca Foradada. La pista debía seguir el trazado de antiguos caminos de carboneros; vemos carboneras y caminos transversales que no seguimos: deberes para Carles.


Otra vista de la Roca Foradada

La pista es empinada pero tiene la ventaja de hacernos subir 300 metros de golpe. Una vez en el camino de la Roca Foradada, vamos hasta su arranque bajo el Pradell, luego subimos como podemos un valle cada vez más empinado hasta llegar al Camino dels Collets cerca del Prat Sobirà. Enlazamos con el Prat y luego damos la vuelta hacia el oeste. Pasamos un collado y se nos abre delante todo el Serrat de la Muga, con el Pas del Bou detrás. Es impresionante, enorme.

Pep queda mudo ante la majestuosidad de la Naturaleza

Seguimos caminando hacia los prados. En el Prat Redó, hay vacas y caballos pero cada especie se ignora mutuamente, formando su propia ‘colla’ o grupo. Continuamos caminando. Debajo vemos la fuente de Prat Redó y un camino muy marcado. ¿Será un tramo del camino de Pi al Pas del Bou? Lo dejamos para después de comer y continuamos hasta unos prados llamados Querdarenes. Delante, Puig Terrers, Comabona, Prat d’Aguiló y el Cadí. Es inmenso y lo tenemos todo para nosotros.


Una pareja de rebecos nos controlan

Comemos. Una vez reposados, volvemos al Prat Redó, bajamos a la fuente y continuamos por un camino muy marcado que pasa por debajo del Prat Sist y sale en la cresta encima del Prat dels Gònecs, bien encarado para el camino que hicimos la semana pasada desde Cortariu.


Bajando el camino desde la Font del Prat Redó

Desde la misma cresta vemos un camino que sube hace el Coll de l’Orri. Desde el Prat Redó habíamos visto unas paredes cerca de ese collado pero lo que encontramos superó nuestras expectativas. Bajando hacia el oeste desde el Coll, los restos de dos barracas, una pleta y una fuente. En el collado, unas estacas con hilo marcan un cambio de propiedad y, un poco elevados hacia el noreste, en la otra propiedad, dos barracas y una doble hilera de piedras que crean un cercado. Pep está pletórico pero aún queda más. A media bajada hacia el Refugi de Gònec, los restos de una barraca y una pleta.
Desde el Refugio, seguimos la pista hacia abajo. Ahora podemos relajarnos y hablamos de las cosas que importan de verdad en la vida, como la final del Mundial.
Pasamos por el Corral de la Por. Aún se ve la barraca del pastor, adosada a una pared de una peña. Seguimos bajando por la pista. Yo ya estoy muy cansado para hablar y sólo quiero llegar al coche.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 16,3 km; 885 metros de desnivel acumulado.

9/7/2010 – Valle de Pi (1)

Hoy tenemos unos invitados especiales, mi hermana Caroline y su compañero Ian, y debemos lucirnos. Josep Maria está encantado, podrá practicar su inglés ya que yo no le hago mucho caso. Hemos elegido el camino de Pi al Prat dels Gònecs para subir y el camino de Nèfols para bajar. Así damos una vuelta completa del valle de Pi. Dejamos un coche en el pueblo de Pi y otro en la casa/albergue de Cortariu.


El camino de Prat dels Gònecs en una vista despejada

Desde Cortariu, el camino va subiendo suavemente, primero por bosque joven y luego por un bosque más maduro. Está muy bien conservado. El fondo del valle, lo tenemos unos 200 metros más abajo. Anotamos una pleta y una barraca en un promontorio y la curiosa gruta del Rebost, con signos evidentes de uso humano. Josep Maria no para de hablar en toda la subida; hoy es su día y no lo desaprovecha.

Subiendo por el bosque

Salimos al Prat dels Gònecs. Abajo el moderno refugio con mesas y fuente; un poco más arriba, una borda o cabaña en ruinas, y un poco más arriba, la antigua pleta y los restos de una barraca.


Ruinas de la borda del Prat dels Gònecs

Josep Maria sigue hablando. ¿De dónde saca tantas palabras? Subimos a la cresta porque Pep quiere ir más arriba, al Prat Sist. Encontramos un camino que nos lleva directamente allí y comemos.

En primer plano, el Prat d'Aguiló. Detrás, los contrafuertes del Cadí. Foto tomada desde el Prat de Sist


Emprendemos la bajada en línea recta al Pradell. Allí, una barraca en perfecto estado, una fuente y mesas. Mientras descansamos, suben unos 30 niños con sus monitores rumbo al Prat dels Gònecs.

La barraca de Pradell, en muy buen estado, que dio pie a la foto siguiente

Pep explica a Ian y Caroline cómo se construye una barraca de piedra seca. Detrás, Josep Maria pelea con su móvil


Bajamos por la pista, buscando el inicio del camino de Nèfol. El Alpina lo tiene mal puesto, lo que nos despista unos minutos pero nosotros lo encontramos todo y este camino no es ninguna excepción. Pasa al lado de la impresionante Roca Foradada, por encima de las rocas del estrecho del Corral de la Por. Vistas impresionantes.

La Roca Foradada

Salimos en la Creu del Barret, descansamos y luego continuamos al Coll de Jovell. Seguimos por la pista hasta encontrar la continuación del camino de Nèfol, que baja por el bosque en un surco profundo y sinuoso. Sólo paramos para recoger fresas silvestres y finalmente salimos a los campos de Nèfol. El camino antiguo continúa entre dos muros de piedra que lo separan de los campos, totalmente abandonado.
Pasamos al lado de las ruinas del antiguo pueblo de Nèfol y cuando empieza la carretera asfaltada, nos separamos. Pep y Josep Maria bajan al Torrente de Pi para subir a Cortariu por senderos recuperados y el grupo inglés baja por otro camino recuperado al pueblo de Pi.
En Pi, nos reunimos y tomamos una cerveza en Bellver. Mi hermana felicita a Josep Maria por su inglés. Josep Maria no cabe en sus zapatos de lo feliz que está; tiene la autoestima por las nubes. Ahora será intratable.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 17,5 km; 760 metros de desnivel acumulado.

lunes, 12 de julio de 2010

2/7/2010 – Prados bajo la Moixa

Hemos vuelto a la Cerdanya y aquí nos quedaremos probablemente todo el verano. El año pasado habíamos cubierto la cara norte del Moixeró desde Urús hasta el Val de l’Ingla. Hoy queríamos liquidar los prados superiores entre el Coll de Pendís y el Val de l’Ingla, algo que había quedado pendiente, antes de pasar al siguiente valle, que sería el Valle de Pi. Para los que quieren seguir nuestros pasos, el mapa Moixeró La Tossa de Alpina va bastante bien.
Dejamos el coche en el Coll de Pendís (sí, tenemos autorización para levantar las barreras). De momento, hace una temperatura agradable pero no nos hacemos ilusiones. Bajamos el torrente hasta el Prat de les Estelles. Ya en la bajada, Pep ve un grupo de moixernons (unas setas muy preciadas que crecen al final de la primavera y principios de verano) pero resiste la tentación de cogerlos enseguida sino que los deja para la vuelta. Las setas son otra de las grandes pasiones de Pep, junto con las rocas apiladas. Desde allí, cogemos la primera de nuestras colitas que cruza la cresta para llevarnos al siguiente prado, con una cabaña moderna y una fuente. Esto va a ser un patrón que se repite en todos los prados: cabaña o barraca, fuente y, en algunos, una pleta.

Bosques de pinos y abetos en los torrentes de la Mena

Pep ya saca la bolsa para recoger setas. Pasamos al siguiente collado y bajamos al Torrente de la Mena. Seguimos diversos caminos de carboneros que suben por los torrentes. Por el topónimo, pensábamos que había una mina aquí pero no vemos rastro. Liquidamos otra colita que se adentra en el valle bajo la Coma. El año pasado, sólo habíamos encontrado el camino cerca del final. Este año hacemos el camino desde el inicio y, al igual que el año pasado, muere a media cuesta. Toca subir sin camino una pendiente áspera llena de obstáculos. Al final llegamos al prado de la Coma, Josep Maria bien agobiado por el calor. Pleta, barracas y fuentes. El año pasado llegamos aquí en nuestra última salida a la Cerdanya, el 6 de noviembre.


Pleta de la Coma; foto tomada en noviembre del año pasado

Pep se refresca en la Font de la Coma; observad la bolsa de setas en el fondo

Las vacas ya han comido toda la hierba en los prados y se han marchado. Pero han dejado sus excrementos y moscas que me esperan ansiosas. Tengo una nube de moscas alrededor de la cabeza, aunque mi sombrero las mantiene a raya. Tomamos un camino marcado de flanqueo que nos lleva a la siguiente parada, Prat Sobirà.

Prat Sobirà mirando hacia el Pas del Bou; amenazaba tormenta

Mientras yo busco un lugar donde no llegan las moscas, Pep se lanza a la caza de setas, ya lleva dos bolsas. En el vecino Valle de Pi, suben castillos de nubes, amenaza tormenta. Mientras saboreo el café que ha traído Josep María, empiezan los truenos y es hora de marchar. Caen gotas y marchamos hacia el Coll de Pendis por el Camí dels Collets, un camino transversal con trazado incierto que mantienen las vacas y que enlaza fuentes y prados por los collados. Se extiende desde el Coll de Vimboca al lado del Coll de Pendis hasta el Prat de Cadí. Caen gotas y la nube de la tormenta nos sigue pero no acaba de atraparnos. Josep María está bien contento; la temperatura ha bajado unos cuantos grados y no le toca el sol.

Cruzando prados en el Camino dels Collets

Al final, la nube se diluye y en el último prado nos separamos. Pep baja a recoger las últimas setas y yo continuo con Josep Maria al Coll de Vimboca y Coll de Pendis. Pep llega con tres bolsas llenas; no me atrevo a decir su valor de mercado pero seguro que le pagarían una buena cena. Cobro mi comisión habitual y subimos al coche.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 13,25 km; 760 metros de desnivel acumulado.