Aquí relato nuestras salidas por los caminos del Berguedà y comarcas vecinas. Como lo pasamos muy bien, queremos comunicar sobre todo buen humor y alegría pero también tiene un fondo muy serio: el camino como bien patrimonial, pieza esencial para entender la historia y digno de conservación. Es nuestra misión desde hace más de 15 años.



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lunes, 6 de diciembre de 2010

3/12/2010 – Últimos caminos en La Portella

Hoy hace un frío de mil demonios y como nevó a principios de semana, juzgamos prudentes no volver a La Pobla de Lillet de momento, ya que el lunes cayeron 20 cm allí.


Propongo a Pep matar algunas colitas (ver Glosario) que dejamos esta primavera en la zona de Les Bagues en la riera de La Portella. Aquellos lectores que quieran informarse pueden consultar las salidas del 9 y 16 de abril. Pep nos está esperando en Cal Rosal pero yo estoy muy bien en la cafetería. Para retrasar un poco más la salida, pido otro café … como paga Carles. Pero llega un momento en que no puedo demorar más lo inevitable y ponemos rumbo al sur.

El domingo pasado, hubo elecciones para elegir un nuevo presidente de Cataluña. Josep Mª es una persona muy comprometida con la política y tiene una ideología muy sólida. Durante el corto viaje a Cal Rosal, ya empieza el debate. Continúa en el trayecto en coche a la casa de Gotzenes que vigila la entrada al valle de la Portella y, como había muchos tramos de pista forestal, prosigue durante 10 kilómetros de marcha, interrumpido solamente por las subidas.

Pero vayamos por puntos. En Gotzenes, el termómetro del coche de Pep marca -5ºC. Exijo el libro de reclamaciones; no hay derecho. Pep y Carles me recuerdan que el lugar lo elegí yo. Cruzamos la riera en un punto donde el agua se encajona entre piedras, llamado el Gorg del Boix y buscamos la manera de subir a la casa de Les Bagues, donde había la colita que me interesaba. De momento, la escarcha y el hielo son compañeros constantes; para tener sol, estamos en el lado equivocado del río, pero llega un momento en que ya no tengo frío … como no paramos de movernos. Eso sí, voy muy abrigado. La deseada colita empieza muy bien pero al llegar a la primera cresta, sólo hay una opción: subir. En algunos puntos, el camino se parece sospechosamente a un camino para bajar troncos y en otros, se parece más a un camino para personas. Salimos a una pista y vamos hacia otra colita que Pep vio cuando se tuvo que marchar antes (ver salida del 26 de marzo).


Así se ve el mundo a 5 grados bajo cero

El Gorg del Boix

El debate continúa y Josep Mª hace una exposición detallada de sistemas políticos y económicos, con la independencia de Cataluña como eje central. Con tanta abstracción ideológica, empiezo a distraerme con pensamientos míos y voy quedando atrás. En el kilómetro 9, les atrapo y justo en ese momento, oigo a Pep decir algo que me deja atónito: “En el fondo, todos buscamos la felicidad”. ¡Pues, sí señor! Quizás al lector le sorprende mi emoción pero hace 11 años, cuando conocí a Pep, si algo no se podía tocar o medir, no existía. Uno de los efectos secundarios era que no hacía bromas. Ahora sí hace bromas y quisiera pensar que el roce conmigo ha contribuido en alguna pequeña medida a esta evolución.

Bajamos la colita de Pep hasta que entre en la pista, ya cerca de la riera de Portella y miramos algunas colitas más, que se mueren en carboneras.

Salimos de las sombras en busca de un poco de sol para almorzar y luego continuamos por la pista siguiendo el valle hacia abajo. En la primavera, no habíamos podido localizar el Molino dels Porxos pero el contacto de Pep insistía en que estaba. Ahora, bajando por la pista, vemos la presa para desviar el agua y, un poco más adelante, una rueda de molino en la ribera de la riera. Sin embargo, no se ven restos de la casa.

La rueda del Molino dels Porxos


Bajamos la interminable pista hacia Gotzenes. Para hacer la ruta más llevadera, nos dedicamos a una clase de pronunciación inglesa. Cuando llegamos a la palabra “caught”, ya no puedo contener la risa. El único que la pronuncia correctamente es Pep pero él se niega a interesarse por el idioma (“¡Si quieren hablar conmigo, que aprendan catalán!” dice). Otra espina que tiene clavada Pep es la casa de la Solana que se ve a media cuesta entre la casa de Salabuc y Mascaró. En el pasado ha intentado llegar desde Salabuc pero la vegetación le cerró el paso y en aquel tiempo, no estaba Josep Mª para abrir paso por las zarzas. Ahora, desde la pista, vemos un camino que sube hacia la Solana que podría darnos la clave para acceder a esa zona. Queda reservado para una próxima salida.


Volviendo a casa

Tengo la impresión de haberme reído mucho hoy, a pesar del frío. Cuando llego a casa, me entero que una huelga sin aviso de los controladores aéreos ha provocado el caos en los aeropuertos.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 15,4 km; 435 metros de desnivel acumulado.

lunes, 19 de abril de 2010

16/4/2010 - El Valle de la Portella - 6ª parte - La Riera

Esta vez entramos desde el sur. Pep quiere comprobar los caminos de comunicación desde las casas de Mascaró y Corrúbies. Dejamos el coche aparcado en la pista frente a la casa de Gotzenes, situada majestuosamente encima de un pequeño montículo. Ahora es una casa en ruinas pero su forma cuadrada y las piedras talladas delatan su origen como torre medieval. Como las estatuas que guardaban la entrada a Gondor en la película del Señor de los Anillos, esta torre vigilaba la entrada a los dominios de los señores de Portella.



La torre de Gotzenes


Esta zona fue quemada en los incendios de 1994 pero ahora se está recuperando. Tiene el paisaje típico del Baix Berguedà de pino, encina y piedra, con la riera que corta una profunda fisura.

Dejamos la pista para subir a la casa de Salabuc. Queda muy poca cosa. Tras una ardua subida y un largo trozo de pista, tomamos un camino de cresta bien conservado que nos lleva a Mascaró.



Vista desde el camino de Mascaró, mirando hacia el Monasterio

Desde la Collada de Máscaro, teníamos dos colitas (ver Glosario): una hacia la izquierda y otra hacia la derecha. Tomamos la de la izquierda, que nos lleva al Torrent de Bossoms. Las motos han cortado profundas zanjas en algunos puntos pero las eses dan fe de su antigüedad. Visitamos brevemente la casa de Bossoms: una casa bien conservada del siglo XVIII situada en un bonito prado – todo muy bucólico. Volvemos a subir a la casa de Mascaró pasando por la fuente y emprendemos el camino antiguo a Corrúbies, matando algunas colitas sin gran interés.

En la entrada anterior, canté las alabanzas de Corrúbies así que no me repetiré aquí. Sólo diré que aquí comimos en un silencio monacal.


Corrúbies vista desde Mascaró

Carlos había grabado en su GPS los caminos marcados por la Minuta municipal (ver Glosario) de La Quar de 1924. Interesaba sobre todo identificar el tramo final del camino del Monasterio de La Portella a Sant Miquel: hay pistas y hay caminos señalizados pero ninguno corresponde al camino marcado en la Minuta.

Tomamos el camino de Camp Teiós y en cierto momento lo dejamos y subimos 20 metros para plantarnos en el camino de Sant Miquel. Hacemos un breve inciso para subir el camino de Canals Males. Actualmente, este camino se ha vuelto más turístico porque la gente lo sube para llegar a la Cueva de Massana, un conocido maquis local, pero Pep sólo quiere marcar las carboneras. Dejamos el camino en la última carbonera y volvemos a bajar al camino de Sant Miquel.


Carles va siguiendo el camino en el GPS. Entramos en unos campos y el camino marcha a la derecha, subiendo la cuesta. No vemos nada pero seguimos el track. A ratos se intuye alguna cosa. Esta cuesta también se quemó en 1994 y ahora es una pendiente áspera de piedras y plantas que punchan. Tras una sesión de acupuntura gratis, llegamos a la pista y giramos a la derecha, siguiendo el track. La pista luego gira a la izquierda pero el camino de la Minuta sigue subiendo recto. Hay una pista vieja que llanea hacia el barranco pero Pep la descarta y decidimos dejarlo correr. 

Entramos en la zona de La Plana y volvemos a buscar la casa del Alpina. Nada, sólo campos. Concluimos que esa casa no existe. De repente, Carlos dice, “Estamos en el camino de la Minuta” y ahí se ve. Deshacemos su recorrido y nos plantamos encima de la pista que descartó Pep. 

Damos media vuelta y lo seguimos hacia Sant Miquel. Llegamos a la pista principal y el track nos hace continuar por una pista transversal que habrá comido el camino antiguo. De repente, el track marcha a la derecha y allí, efectivamente, se ve el camino que sube. Lo seguimos hasta situarnos debajo de la casa de Sant Miquel. Por lógica, tendría que haber otro camino que va a Mascaró por la ruta más corta, aunque no está marcado en ningún mapa. Enseguida lo vemos (¡somos unos cracks!) y nos sitúa en la cresta delante de Mascaró.

Una vez más, hemos comprobado la precisión casi milimétrica de los planos de las Minutas, hechos sin electrónica y sin satélites. Desde aquí, quiero agradecer al topógrafo D. José Mª Mascarós, dondequiera que esté, su habilidad y su buen hacer profesional. ¡Buen trabajo!

Ahora toca la segunda colita desde la Collada de Mascaró, también marcado en la Minuta. Están cortando árboles en la zona pero de momento han respetado el camino. Lo seguimos hasta situarnos en la pista que recorre el fondo del valle, giramos a la derecha y la seguimos hasta el coche. Parece no acabar nunca. El ruido del agua reconforta y el agreste paisaje entretiene pero las piernas me dicen que mañana me voy a enterar.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 18,7 km; 860 metros de desnivel acumulado.

lunes, 12 de abril de 2010

9/4/2010 – El Valle de la Portella - 5ª parte - Corrúbies

Ya es la quinta vez que volvemos a este valle. En esto Pep tiene mucho que ver. Yo suelo elegir la zona pero es Pep que decide continuar. Sin embargo, es cierto que antes saltábamos más. Pero esto empezó a cambiar el verano pasado cuando fuimos a la Cerdanya para hacer la cara norte del Moixeró y de la Moixa. Allí, la estructura de valles perpendiculares que bajan desde una larga sierra transversal condiciona la estructura de caminos y propicia un enfoque sistemático, pasando de un valle al siguiente. Además, desde hace algún tiempo, Pep está inmerso en otro proyecto: recrear digitalmente la red de caminos de comunicación antes de que la fragmentaran las carreteras y pistas modernas. Y no quiere dejar una zona antes de tener la red completa.

Y los demás, como siempre, al servicio de la ciencia. Aparcamos en el Monasterio y, primero de todo, liquidamos algunos cabos sueltos. Un horno de tejas al lado del monasterio: localizado. Dos hornos de cal hacia Cal Periques: no localizados pero luego descubrimos que la fuente de información se equivocó en las señas. El camino del Monasterio a Cal Periques: localizado a medias porque había un caos de ramas (están cortando). Volvemos a la balsa del otro día. Pep la descarta como tal y se inclina por un mas medieval y también confirma que lo que pone en el Alpina como la casa de l’Artigassa es un afloramiento de roca.



Puente del camino del Monasterio de la Portella a Vilada pasando por el Coll de Tei


Seguimos por la pista que bordea la riera de la Portella. Vemos los restos del molino de Corrúbies. Sólo queda la balsa; el obrador se lo llevó por delante la pista. Más abajo, el Alpina marca el Molino dels Porxos pero allí no vemos nada.

Dejamos la pista para seguir una colita que nos llevaría a la casa de Les Bagues. El camino ha sido limpiado recientemente con ocasión de la caminada popular de Olván. Es muy agradable seguirlo. Al cabo de unos cientos de metros, entra en una pista vieja que se está convirtiéndose nuevamente en un camino por falta de uso. Al final, los campos y la casa de Les Bagues. Carlos se tiene que marchar, ahora que estamos en el punto más alejado de los coches. Desde la casa, vemos un camino que sube pero al poco rato, las zarzas lo hacen infranqueable. Damos la vuelta. El mismo camino continúa en el otro sentido, manteniendo la altura, como si quisiera dar la vuelta de la sierra, pero lo tenemos que dejar para otro día.

Bajamos a la riera y comemos. Los lectores asiduos ya sabréis que a Josep María le gusta el frío y no le gustan las zarzas. Ahora os voy a contar otro secreto: no le gustan las frutas y verduras y apenas las prueba. Evidentemente, esto es motivo de seria preocupación para nosotros y, mientras saboreamos cerveza inglesa, le conminamos a variar su dieta para evitar males mayores en el futuro.

Tomamos un camino de cresta que nos lleva a Corrúbies. Corrúbies era una de las grandes casas de la zona; un auténtico palacete de montaña del siglo XVI. Ahora está en ruinas y es una pena pero aún queda suficiente para que Pep, rebosando entusiasmo y exhibiendo todos sus dotes para la interpretación de casas, nos explique sus detalles. Fue un auténtico placer escucharle.


Inscripción en una de las ventanas de Corrúbies: El año 1551 Viladomar de G, con el escudo


Vista hacia el sur del valle de la Portella con Corrúbies en el primer plano


Subimos para arriba ya que el Alpina marca una casa llamada La Plana entre Corrúbies y Sant Miquel. De nuevo, nada. Volvemos a bajar y tomamos el camino de Corrúbies al Monasterio pasando por la casa medieval de Camp Teiós (aún se ven los restos). El camino tiene una gran antigüedad, está bien conservado y se caracteriza por una sinuosidad muy atractiva. Le deseo larga vida.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 15,7 km; 525 metros de desnivel acumulado.

sábado, 27 de marzo de 2010

26/3/2010 - El valle de la Portella - 4ª parte - Desde Campdeparets

Continuamos nuestro repaso del valle de la Portella. Esta vez, queríamos prolongar nuestra ruta más hacia el oeste. Volvemos a dejar el coche en el Coll de la Baumeta y tomamos la pista que va hacia la casa de Campdeparets. Aún queda un trozo del camino antiguo, que seguimos. Campdeparets es una gran casa que se remonta al siglo XVI y se ha restaurado respetando la disposición original. Forma un grupo compacto de edificios con los huecos cerrados por un muro protector, para proteger la casa contra los bandoleros.


Campdeparets

Continuamos hacia el oeste por la cresta. Justo después de la casa, un horno de tejas. Campos y más campos. Abajo, las ruinas de una casa. Pep desconoce su nombre; no ha visto ningún documento que la mencione y no sale en ningún mapa pero ahí está. Pep sitúa su construcción en el siglo XV o XVI.

Giramos con la pista hacia la cara norte. Seguimos el recorrido de lo que las Minutas ponen como el camino de Olván a la Portella. En un collado, el camino deja la pista y marcha por una cresta hacia el norte. Al final de la misma cresta, el Alpina (ver Glosario) marca una casa con el nombre de La Selva. En un collado, el camino baja hacia la derecha pero nosotros continuamos por la cresta por una senda de cazadores hasta llegar a lo que queda de la casa: un poco de pared. Pep certifica su factura medieval.


Los tres "cazacaminos": No hay camino que se nos resista

Comemos. Pep se tiene que marchar; tiene una reunión MUY IMPORTANTE en Berga. Volvemos al collado para recuperar el camino de la Minuta donde, tras una emotiva despedida, nos separamos. Los tres que quedamos bajamos por el camino (muy tapado) hasta llegar a la pista. Seguimos hacia la Portella. Marchan caminos por la derecha hacia arriba que tendrán que quedar para otro día. Cerca de la Riera de la Portella, el Alpina marca otra casa, l’Artigassa, pero en ese punto, lo que se ve se parece sospechosamente a un afloramiento de roca. Hmmm ….

En un cruce de pistas, se marcha nuevamente el camino de la Minuta hacia la riera. Carles ve unos agujeros redondos en la roca de la ribera que indican una presa medieval. Al otro lado de la riera, justo debajo de una pista, hay una balsa de piedra, un camino y lo que parece ser un canal cortado en la roca para bajar a la riera pero ningún edificio. Lo tendrá que ver Pep.

Continuamos por el camino hasta que cruce la riera, a medio kilómetro del monasterio. Volvemos atrás para subir a Cal Calcinaire. Muchos campos … demasiados para una sola casa pero no vemos ninguna estructura en nuestra subida. Desde Cal Calcinaire, subimos una pista de desembosque hacia el camino de la Xarxa Lenta desde Solanelles. Hasta hace no tanto tiempo era un camino – el camino de Cal Calcinaire al Coll de la Baumeta – con su gracia y su antigüedad, adaptado al terreno. Hoy, es una carretera fangosa, cortada con profundas taludes, que sube en línea recta al collado. Cada año nos duele constatar la desaparición de algún camino histórico, destruido para sacar troncos o permitir el paso de algún hipotético camión de bomberos.

Desde Solanelles, son 15 minutos más de subida hasta el coche. Un último regalo: un quebrantahuesos que planea 15 metros por encima nuestro. Nunca los había visto tan al sur.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 12,6 km; 420 metros de desnivel acumulado.

19/03/2010 - El valle de la Portella - 3ª parte - Algunos molinos

Esta semana no fui a caminar. Estaba en Inglaterra. Pep y Carles sí que fueron. Dejando el coche en el Monasterio de la Portella, recorrieron el valle desde Corrúbies hasta el Coll de Gavatx. A destacar: localización de los molinos de Cal Moliner y Corrúbies, la casa medieval de Camp Teiós y la casa de Porxos. También buscaron caminos de enlace.

Yo también salí a caminar con mi hermana y su compañero pero, claro, el paisaje era muy distinto.


El río Tamesis cerca de Wallingford

jueves, 11 de marzo de 2010

05/03/2010 – El valle de la Portella - 2ª parte - El castillo de la Portella y caminos de Cal Moliner

Quedaron unos cuantos cabos sueltos la semana pasada, así que volvemos a dejar el coche en el Coll de la Baumeta, dispuestos a matar colitas y luego avanzar hacia el Santuario de La Quar. Pero primero había que ocuparse de la educación de Carles y ponemos rumbo al Serrat de Sant Isidre. Se trata de un pequeño llano con una pequeña ermita del siglo XVIII y unas vistas impresionantes, dominando el valle de la Portella al norte y todo el Baix Berguedà al sur y oeste.


Vista desde Sant Isidre, mirando hacia el oeste, con Olván, Gironella y Casserres


Aquí tengo que hacer un pequeño inciso. En 1935, un cura publica una historia del Monasterio de la Portella y su valle y habla del castillo que tenían los nobles de la Portella. Dice que la gente del país lo sitúa precisamente en ese llano pero él lo descarta como demasiado lejos, basándose en unas preposiciones de latín utilizadas en dos documentos del siglo XI para describir la situación del Monasterio respecto al castillo: “prope” (cerca) y “subtus” (bajo). Por lo tanto, él lo sitúa en unos montículos que hay detrás del Monasterio pero resulta que allí no hay nada. Conclusión de los historiadores: el castillo se ha perdido y nadie sabe donde está.

Henos entonces subiendo la colina hacia la ermita, y aquí resumo la clase magistral que Pep dio a Carles: a) el último tramo del camino que sube a la cima se parece mucho a los caminos que suben a castillos y hay un montón de piedras sospechosas (el castillo fue destruido en el siglo XIV a raíz de unas disputas con el Rey); b) arriba se ven unas líneas elevadas que se parecen mucho al dibujo de los cimientos de un edificio; y c) si uno se asoma por el lado sur se ven unas piedras talladas de aspecto medieval que habrían formado un muro de contención en la base de la roca. Por lo tanto, parecería que los habitantes locales tenían razón.


Bajamos contagiados por el fervor científico de Pep y nos encaminamos hacia La Fageda para acabar los caminos que se tuvieron que dejar el otro día. Bajamos una áspera cuesta y volvemos a entrar en los torrentes: más carboneras y colitas que mueren. Todo tiene pinta de ser lo que nosotros llamamos una salida ‘académica’ (ver glosario). Emergemos en el Collet de Sarriola, a medio camino entre el Coll de la Baumeta y la casa de Cal Moliner, donde comemos.



Flor de avellano. ¿Señal del final del invierno? Nuestras esperanzas quedarían truncadas con la gran nevada del 8 de marzo


Pep menciona que su contacto en Can Pou (ver la salida del 5 de febrero), que en paz descanse, habló de una casa llamada Cal Tico. Estaba a pie de la carretera que va al Monasterio, debajo del Santuario de La Quar. La buscó hace años, cuando aún le faltaba experiencia, pero no la encontró. Miramos el horizonte donde hay un diminuto punto blanco que es el Santuario. Por la ciencia, lo que haga falta, decimos Carles y yo al unísono.

Emprendemos la pista al Coll de la Creu de Jovell y al cruzar un torrente vemos una fuente y un camino muy claro que sube. Estamos justo debajo del Coll de Cal Tinyós, que es por donde pasa el ‘camí ral’ que viene de La Quar. Lo dejamos para el final y poco después vemos su continuación de bajada, que seguimos. Salimos a una pista frente a Cal Moliner, una casa arreglada con mucho cariño. Giramos a la izquierda y vemos un par de caminos que salen de la pista, incluyendo uno importante que sin duda bajaba al molino de Cal Moliner. Damos media vuelta y emprendemos un camino al Coll de Canes que dejamos, cruzando una extensa zona de cultivo abandonada para llegar a la carretera del Monasterio. Allí vemos los pocos restos de la casa de Cal Tico, arrasada por la carretera, y detrás, un camino que lleva a los campos que cultivaba y que ocupaban toda una hondonada.





Vista hacia el oeste, con Cal Calcinaire y detrás, Berga y la Sierra de Queralt

Cumplida nuestra misión, damos media vuelta y nos plantamos en el camino que sube al Coll de Cal Tinyós que habíamos visto antes. Su antigüedad es evidente y sube por el torrente, con el agua al lado o incluso bajando por el mismo camino en algunos tramos, hasta salir debajo del ‘camí ral’. Tomamos un camino de flanqueo a la fuente de La Fageda y de allí al coche. Ha sido un día muy largo.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 15,3 km; 600 metros de desnivel acumulado.

martes, 2 de marzo de 2010

26/02/2010 - El Valle de la Portella - 1ª parte - El Monasterio





Los dos últimos viernes, no salí, básicamente por inclemencias meteorológicas. Decidimos dejar la Riera de Merlès y desplazarnos hacia el oeste, a la umbría del Valle de la Portella. Es una zona que hemos mirado poco; estuvo en el límite de la zona quemada por los terribles incendios de 1994 y, para sacar la madera quemada, se abrieron muchas pistas, algunas sobre caminos antiguos.


Vista desde el Coll de la Baumeta, con el Santuario de La Quar en medio término y las montañas del Ripollès detrás.

Dejamos el coche en el Coll de la Baumeta, uno de los pasos de Sant Maurici de La Quar hacia La Portella. Al poco rato de caminar por la pista, sale el camino antiguo al Monasterio, ahora señalizado como parte de la Xarxa Lenta. A media bajada, pasa al lado de la casa de Solanelles. Nos desviamos para hacerle la ficha. Queda poco de la casa, que debía ser bastante pobre, aprovechando un poco de tierra donde tocaba más el sol.

Desde el collado por donde pasa la pista, cerca de la casa, sube un camino que debía ser el camino de Solanelles a Campdeparets. Las zarzas, crecidas tras el incendio, dificultan nuestro avance. A Josep Maria se le nota incómodo; no le gustan las zarzas. De nada sirve explicarle que también son criaturas de Dios y que las debemos querer igual que las demás.

El camino sale a la pista de Campdeparets y damos media vuelta. Volvemos a la casa de Solanelles y continuamos por el camino al Monasterio. Nos desviamos a la casa de Cal Calcinaire, actualmente habitada, por pistas nuevas que han aniquilado caminos y bajamos a la Riera de la Portella. Allí está el Molino de la Portella, queda algún agujero de la presa medieval. Desde la balsa, un pozo perfora la roca hacia el obrador, también ahuecado en la roca. Un monumento a la ingeniería rural que valdría la pena limpiar y mostrar.


Monasterio de La Portella

Para comer, subimos al Monasterio de La Portella, joya del Románico y sede de la Universidad de Cervera durante la Primera Guerra Carlista. Aquí hubo una próspera comunidad monástica en la Edad Media, con un nuevo resurgimiento en el siglo XVI.
Para volver, tomamos la pista a la casa de La Fageda con la idea de mirar algunas colitas. La segunda colita es la buena; entramos en un pequeño torrente. Se empiezan a ver carboneras hasta llegar a la última en un lomo despejado y el camino se pierde. Miramos a la izquierda, hacia el torrente: allí no hay nada, dice Pep, y subimos como podemos al camino de Solanelles. Ya es la tercera vez.

Salimos nuevamente a la pista y veo un camino y el reflejo del agua; es la fuente de Solanelles. El camino continúa bajando, enlazando carboneras hasta salir al mismo lomo, ¡desde la izquierda! Volvemos a la fuente y continuamos por otro camino. Hemos encontrado un hilo y, a medida que vamos tirando de él, van saliendo caminos y más caminos. Bajamos por otra cresta y subimos otro torrente. La misma historia: carboneras y más caminos que quedarán para otro día. Salimos a la pista de La Fageda. De la casa, sólo queda el nombre y alguna piedra y teja; la pista se la llevó por delante. Visitamos la fuente, muy abundante, y de vuelta al coche.


Vista desde La Fageda: abajo, el Monasterio con la Sierra de Picancel detrás y, en el fondo, los primeros contrafuertes del Catllarás

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 11,3 km; 530 metros de desnivel acumulado.