Exploraron esas ruinas y también, subiendo por el mismo camino de cabras, visitaron los restos encima del cerro.
La semana siguiente, hizo mal tiempo.
Volvemos a bajar al Pla de Tastarro y seguimos dos caminos hacia Pardinella pero en ambos casos damos la vuelta tras ver su tendencia. Volvemos a la pleta para buscar el camino que baja a la Creueta. Desde la casa de La Creueta, vamos por camino conocido al Camp de la Terma, que cruzamos y continuamos hasta entrar en la pista de Pardinella (la misma donde tengo aparcado el coche). Desde allí seguimos un pequeño camino que nos lleva directamente a la casa de Prat Terrer. Delante nuestro se extiende otra zona que está en blanco en nuestros mapas. Pero tendrá que esperar; en la próxima salida, volvemos a la Cerdanya.
Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 13,9 km; 700 metros de desnivel acumulado.
El Chalet de Coll de Pal sale de la niebla
Rodeados por la niebla perdemos altura, cruzando territorio conocido hasta salir encima de los campos de La Marge. ¿Dónde está la casa de La Marge? Es la eterna pregunta. Buscamos el último tramo del camino de Gavarrós a Coll de Pal. Desde la cabaña bajo la línea de alta tensión, se ve una sugerencia de camino y lo damos por bueno. Otra vez estamos perdidos en la niebla y decidimos bajar.
Otra vista del valle de Gavarrós mirando hacia el sur. A la derecha, los primeros campos de Casa Freda
Volvemos a la colita de la semana pasada. Cruzamos el torrente, esta vez sin vacas que estorban, y el camino continúa en ligera ascensión. Salimos a un pequeño prado y Pep encuentra una pleta al lado, perdida en el bosque. Está eufórico. El camino sigue subiendo y salimos en una cresta a un tiro de piedra del gran complejo pastoral bajo Puigllançada. Bajan caminos a unos pequeños prados pero, aparentemente, sin más continuidad. Volvemos a subir a la cresta para comer. Por fin se parten las nubes y parece que saldrá el sol.
Iniciamos el camino de regreso bajo un cielo cada vez más amenazador. En el prado de la pleta escondida, empieza a llover. Pep me entrega un asta de ciervo. “Para tu madre”, me dice. Quedan aún unos cinco kilómetros hasta el coche, está lloviendo y debe pesar unos 3 kilos. Pero de madre sólo hay una y la cojo. Llueve con insistencia y buscamos la ruta más despejada. Ir por el boj sería como ponernos bajo una manguera. La sensación de caminar con los calcetines empapados cuando el Gore-Tex tira la toalla es indescriptible, hay que experimentarlo. Mi hermana, veterana de mil caminadas bajo la lluvia inglesa, estaría orgullosa de mí.
Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 14,25 km; 750 metros de desnivel acumulado.
Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 10 km; 535 metros de desnivel acumulado.
Carles explorando el laberinto en el Clot del Forn
Oímos los gritos de Pep, que viene bajando. Aquí no hay cobertura de móvil y nos comunicamos como en la era preinalámbrica, a grito pelado. Cruzamos la riera por donde podemos y nos lo ingeniamos para volver a subir a la pista. Se produce el reencuentro de exploradores y continuamos subiendo por el camino que empezó Pep. Las gotas de lluvia me obligan a guardar los mapas; con el agua, corre la tinta roja utilizada para marcar los caminos. Sin embargo, de vez en cuando es imprescindible consultarlos; Pep y Carles hacen un enorme paraguas con sus chubasqueros y todos nos metemos debajo. Faltaba Josep Maria para sacarnos la foto, tenía que ser de lo más cómico.
Seguimos el camino hasta que las zarzas nos impiden avanzar, ya cerca de los restos de la casa de Coll de Forn. Ahora estamos fuera del guión y empezamos a improvisar. Seguimos una pista hasta la Serra de Colobre y luego bajamos hacia la casa de Pla de l’Arca. Nos volvemos a dividir para seguir dos caminos distintos: uno, el camino para bajar con animales y el otro, un atajo para ir a pie.
Llegamos cerca de la casa y buscamos un sitio para cobijarnos de los pequeños chubascos y comer. El tema de la conversación: uno recurrente, el enorme potencial patrimonial de la comarca y la aparente incapacidad para hacerlo valer. Hoy, tampoco encontramos la solución; haría falta un millonario excéntrico.
Otra vista de Gavarrós con el Coll de Vent en el primer plano
Después de comer, bajamos por un camino conocido encima de Coll de Vent que nos llevará al laberinto que dejamos Carles y yo esta mañana. Pasamos una hora agradable yendo arriba y abajo hasta dejar aclarada la red. Conclusión: hubo una explotación importante de carboneras en las hondonadas cerca del torrente con pequeños caminos que iban enlazando las distintas explotaciones. Más adelante se hizo un solo camino para bajar troncos desde arriba que iba bisecando toda esta red anterior.
Llegamos otra vez al coche y paramos en el Camp de Pujol para marcar con el GPS una casa medieval que Pep había visto en una ocasión anterior y luego en el puente de Espelt para buscar el camí ral (camino real), que encontramos encima del actual horno de piedra.
Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 12,9 km; 720 metros de desnivel acumulado.
Mirando hacia el este con las casas de Gavarrós abajo
Por fin, hemos encontrado el camino tan deseado. Lo seguimos de bajada para asegurar su trazado y tras un largo zig y zag, salimos a la misma cresta. Parecemos domingueros, moviéndonos en un radio de 200 metros del coche. Sin embargo, ahora hemos entrado en la pista de despegue y damos la vuelta para subir. El camino nos lleva en un flanqueo ascendente hacia el noreste. Está tapado pero su categoría es indudable. Josep Maria se queja del calor pero somos insensibles a sus lamentaciones.
Cerca del Torrent de la Bofia, vemos un camino que marcha a la derecha, que seguimos. Lleva a una fuente al antiguo estilo donde descansamos. Un poco más adelante, salimos delante de la Casa Freda. Damos la vuelta.
Continuamos por el camino de Coll de Forn. Entramos en una zona de antiguos prados y se pierde el rastro. Seguimos otro camino que baja demasiado y salimos a una cresta. Tras una ardua subida, volvemos a encontrar el camino y lo seguimos hasta enlazar con el punto donde lo perdimos.
Para comer, seguimos un camino que lleva a un prado. Sorprendemos un rebeco que nos observa durante unos segundos. “¡Wow!” dice Josep Maria. Resulta que nunca había visto un rebeco tan cerca. “Tienes que salir más”, dice Pep, curtido por cientos de avistamientos de rebecos.
Después de comer, seguimos el camino hasta unos campos. Enlazamos con la pista que viene desde el Coll de Forn y que se habrá abierto sobre su trazado. Damos la vuelta y bajamos por los campos por una pista nueva hasta Cal Muntaner y de ahí al coche. Desde Cal Muntaner, vemos el trazado de un camino que se dirige hacia el hayedo del Clot de Forn. Ya sabemos dónde empezaremos la próxima semana.
Cerezo en antiguos campos bajando hacia Cal Muntaner
Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 11,2 km; 620 metros de desnivel acumulado.
Niebla escocesa en el Berguedà
Empezamos liquidando algunas colitas alrededor de Cal Maçaner y luego buscamos caminos para subir al Camp del Vilar. Es un inmenso prado, antiguamente cultivado, pero el nombre indicaría la presencia de casas medievales, que no encontramos. Tras dar unas vueltas, emprendemos la subida por antiguos bancales a la casa de La Creueta. Uno de los objetivos es encontrar el camino marcado en los mapas antiguos del Ejército (ver Glosario) de Gavarrós a la Pardinella que pasaba por el Camp del Vilar. En la subida, vemos un camino que marcha a la izquierda que guardamos para más adelante.
Llegamos a la casa y tras explorar un poco los alrededores, volvemos a bajar. Miramos de buscar el camino antiguo y seguimos uno que nos lleva al Collet Roig de Prat Terrer pero no nos convence del todo. Debía ser el camino de Gavarrós a Prat Terrer. Subimos al Camp de la Terma y volvemos por un camino ya conocido a La Creueta.
Un Pep pensativo: "Este inglés sólo me hace perder el tiempo".
Bajamos otra vez al camino que habíamos visto antes y giramos a la derecha. Un camino amplio cruza el barranco y entra en más campos debajo de La Creueta. Perdemos el camino pero vemos un rectángulo de piedras que podría ser una casa medieval. Al final de los campos, volvemos a encontrar el camino.
El camino de Gavarrós visto desde el Torrent de Coll de Pal. Observad el muro de apoyo
El camino está impecable, todavía con el empedrado original y va directo hacia Gavarrós. Hay una bifurcación hacia La Creueta, que seguimos, que también tiene su ‘grau’ (o paso entre las rocas) empedrado. Al salir nuevamente en los campos frente a la casa de La Creueta, damos la vuelta y continuamos por el camino principal. Cruzamos el Torrente de Coll de Pal y acabamos entrando en Gavarrós, todavía maravillados por nuestro descubrimiento.
También queríamos acabar de cartografiar el último tramo del camino antiguo que iba desde el Estret hasta Gavarrós. Debía verse debajo del huerto de Cal Cabanes pero lo perdemos en los campos y acabamos bajando por otro camino más recto que debía venir de más arriba, de Casa Freda. En la pista, vemos el camino correcto enseguida y volvemos a subir. Esta vez lo hacemos bien. Volvemos a bajar a la pista y luego hasta el coche. Es la una y cuarto.
Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 10,5 km; 570 metros de desnivel acumulado.
Bajamos un camino que nos lleva al molino. Tenía una balsa grande, aún bien conservada, y los restos del molino están detrás. El sol sobre la vegetación fresca de primavera da un aire muy apacible pero mis pensamientos quedan truncados por la orden de reanudar la marcha. Tenemos que buscar el camino de la casa del Coll de Vent al molino. Lo empezamos a seguir pero lo perdemos y no lo volvemos a encontrar hasta casi llegar a un collado con prados. De allí sale otro camino que nos lleva muy rápido a la cresta del Coll del Vent, a poca distancia de los campos de la casa. Encontrar la casa nos costó tres salidas; seguimos caminos por encima y por debajo y no fue hasta la tercera que seguimos el correcto. Pero esto es otra tetera de peces como decimos en mi país.
En los prados comemos. Como sólo somos dos, he traído “Poacher’s Choice” (o La Elección del Cazador Furtivo), príncipe de cervezas, elixir de los dioses. Tras años de estudio, hemos constatado que una botella de medio litro de cerveza inglesa cunde mucho mejor entre dos que entre tres (con cuatro sería imposible) y sobre todo una cerveza tan buena como ésta.
El camino cruza el torrente poco antes de llegar a Cal Maçaners y luego se divide; un ramal va a la casa y otro se junta con el camino principal que baja de Gavarrós hacia el Estret. En la casa, nos volvemos a encontrar. Caminamos hasta la pista, que bajamos hasta llegar al coche.
Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 7,7 km; 500 metros de desnivel acumulado.
Vista de la cabecera del valle de Gavarrós desde Montderm.Consiste en un grupo de casas agrupadas alrededor de la iglesia de Sant Genís y otras casas diseminadas. Sufrió el abandono rural de los años 50 y 60 pero la casa principal, Cal Cabanes, se mantuvo en buen estado y últimamente se ha restaurado otra casa al lado de la iglesia que está habitada.
La entrada de Gavarrós en mayo de 2004La pista sigue el antiguo camino hasta el Estret, un paso estrecho entre dos cerros, uno de los cuales tiene en su cima las ruinas de un pequeño castillo de vigilancia. A partir de aquí hay divergencias más o menos importantes. Al abrir la pista y abandonarse las casas, los demás caminos cayeron en desuso y la mayoría no aparecen en ningún mapa.
El valle de Riutort mirando hacia el sur desde la iglesia de Sant Genís. El castillo está en la cima del pequeño cerro triangular en el centro de la fotoA lo largo de los años, hemos hecho diversas incursiones que han arrojado una luz parcial sobre el valle. Como dice Pep, es una zona “complicada”.