Aquí relato nuestras salidas por los caminos del Berguedà y comarcas vecinas. Como lo pasamos muy bien, queremos comunicar sobre todo buen humor y alegría pero también tiene un fondo muy serio: el camino como bien patrimonial, pieza esencial para entender la historia y digno de conservación. Es nuestra misión desde hace más de 15 años.



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miércoles, 3 de diciembre de 2014

21/11/2014 – El Torrente de Fumanya

Desde la última vez que salimos, el gobierno español ha optado por intensificar la vía legal y ha soltado a los fiscales. Ante la reticencia de los fiscales catalanes, la pelota ha pasado a la Fiscalía del Estado, que ha decidido querellarse contra el Presidente, la Vicepresidenta y la Consejera de Educación por cuatro delitos. No entiendo por qué el PSOE quiere hacernos creer que la solución está en reformar la Constitución para permitir un estado federal si ni el PP ni una parte importante de las propias filas socialistas lo consentirán jamás. Pero bueno, que continúen. Lo que están haciendo por la independencia de Cataluña no tiene precio.

En el Mikado, recuerdo a Pep que hoy podría ser el último día de temperaturas suaves antes de entrar en el invierno y, por lo tanto, la última oportunidad para mirar esos caminos que dejamos en la Baga de Fígols hace dos semanas. “No debería presentar complicaciones”, expongo. “Allí en el cruce debajo del Grau de l’Albiol, sólo había dos caminos. Igual nos da tiempo para mirar los otros dos más arriba”.

Dejamos el coche en la pista de acceso desde la carretera a la Carrerada – la pista de acceso principal a la Baga – que pasa debajo del cementerio de Fumanya. Salgo del coche. Aquí, de momento, de temperaturas suaves, nada. Josep Mª se frotaría las manos aquí. Miro el paisaje gélido donde todavía no ha llegado el sol y me arrepiento de haber propuesto venir aquí. Vemos un camino en la dirección contraria, hacia Fumanya, y lo seguimos. Muere al poco rato en unas pletas (ver Glosario) donde se debían guardar las ovejas antes de subirlas a los prados. Al lado, encontramos otro camino que debe ser el antiguo desde Fumanya hasta la Carrerada y lo seguimos hasta el cementerio.

Al ver esta perspectiva poco amable, deseaba haber mantenido la boca cerrada en el Mikado

Salimos al sol y me cubro los ojos ante el resplandor repentino. “Tranquilo, Steve”, me dice Pep, malinterpretando mi gesto. “Ahora bajamos y no volverás a ver el sol en todo el día”. Bajamos y cruzamos el torrente pero en esta media hora, el sol ha tenido tiempo para calentar el aire y ya no se ve la escarcha.

Pasamos por una ‘trumfera’ (ver Glosario) bastante bien conservada, al lado del torrente. No vemos ninguna continuación del camino y subimos sin camino hasta la pista de la Carrerada.

Volvemos a ver las conocidas marcas azules y en la zona indicada en el mapa como Sentiescos, tomamos una pista secundaria. Bajando esta pista, surge una primera complicación – un camino que marcha a la izquierda, hacia donde está el coche. Lo anotamos para la vuelta y continuamos. La pista acaba en un curioso ‘grau’ y continúa como camino con bastante pendiente, hasta llegar al cruce del otro día.

El 'grau'. A la izquierda se ven las piedras colocadas para sustentar el camino

Giramos a la izquierda y cruzamos el torrente hacia el norte. Entramos en un camino transversal. Dejamos la bifurcación a la izquierda para después y seguimos a la derecha, todavía con las marcas azules. Es un camino antiguo, empedrado en algunos puntos. Vamos dejando caminos que marchan a la izquierda. Está claro que no vamos a salir de este barranco en todo el día.

Una de las pocas vistas largas del día, encima del Torrente de Fumanya, con el Subrepuny detrás

Volvemos a salir al sol. El camino entra en una antigua explotación a cielo abierto y se convierte en una pista que conecta con Cal Casanova y, se supone, con Fígols. Aquí damos media vuelta.

Antes de volver a las sombras, comemos y después miramos los muchos caminos que hemos ido dejando, casi todos antiguos caminos forestales para bajar troncos. Sigue un continuo subir y bajar caminos mientras lentamente retrocedemos hacia el primer ‘grau’ de esta mañana y el primer camino a la izquierda que dejamos.

Prueba irrefutable del uso forestal del camino. La marca producida por el roce de troncos

Un último camino con marcas azules antes del ‘grau’ se muere a los pocos metros pero las marcas continúan cuesta arriba. Por fin, se nos hace la luz. Los cazadores han ido marcando redes de caminos en su coto. Llegamos a una haya en medio de la cuesta con unas piedras puestas a modo de asiento, unas iniciales y unas fechas. Nos hacemos la película: aquí venía un tal JPS cada año, fiel a su puesto y en el tedio de la larga espera, grababa la fecha en el árbol. Pero, sabiendo la media de edad de los cazadores de jabalís, llegó un día en que ya no se veía capaz de subir esas cuestas y dejó de acudir a su puesto de vigilancia.

El puesto del cazador, perdido en el bosque

Volvemos al ‘grau’ con pensamientos lúgubres sobre la linealidad del tiempo y ya un poco cansados de estar subiendo y bajando continuamente, como Sísifo, la misma cuesta sin vistas. Entramos en el último camino. Tiene buena pinta. Nos lleva al torrente, un poco más corriente arriba. Lo cruzamos y entramos en otro camino transversal. ¿Esto no va a acabar nunca?, nos preguntamos. Giramos resignados a la derecha, alejándonos del coche. Llega a una pista para las torres eléctricas y allí lo dejamos, aparentemente apuntando hacia la casa de Cal Xacó.

Aguas cristalinas antes de llegar a la trumfera

Damos la vuelta y seguimos la otra rama del camino transversal. Nos lleva otra vez al lecho del torrente pero unos pasos cortados en la roca permiten remontarlo hasta la ‘trumfera’ de esta mañana. Así que al final, sí que había un camino. Llegamos al coche con la seguridad de no haber dejado ningún camino sin seguir, reconstruyendo en el GPS una red compleja que antiguamente debía conectar las casas entre Fígols y Fumanya con los bosques de la umbría. “Hoy, tendrías que ser feliz”, le digo a Pep en el viaje de vuelta a casa. “Más exhaustivo imposible”.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 9,4 km; 490 metros de desnivel acumulado.

sábado, 15 de noviembre de 2014

7/11/2014 – El Confós desde Fígols

Se acerca la fecha mágica del 9 de noviembre. Después de que la consulta original fuera suspendida por el Tribunal Constitucional en un tiempo récord, el gobierno catalán ha sacado una versión descafeinada llamada “proceso de participación”. El gobierno español primero hacía bromas sobre el tema pero al ver que la cosa iba en serio, fue corriendo una vez más al Tribunal Constitucional. Pero ahora, con más de 40.000 voluntarios que se encargan de su administración, ya es imparable. Lo que no ha impedido a la Soraya, como una madre preocupada por sus hijos que están a punto de cometer una gran temeridad, advertirnos de las consecuencias legales que podría comportar desafiar las órdenes de los tribunales.

Evidentemente, todo esto será tema de conversación a lo largo del día pero a nivel más práctico, teníamos que dar cumplimiento a un plan de Pep. En nuestros mapas, tenemos una zona extensa en blanco que corresponde a la Baga de Fígols. Pep nos ha dicho una y otra vez que allí no hay nada excepto pistas forestales pero quería mirar las aproximaciones a un interesante camino transversal en la cara sur del Confós que vimos en la salida del 2/5/2014.

Aparcamos el coche en la explanada de la Mina del Curro, por donde pasamos en la salida del 25/10/2013, y subimos por aquel camino de las marcas azules que tuvimos que dejar en aquella salida y que sería el antiguo camino al Coll de Sant Ramón.

Salimos a una cresta y desde allí otro camino medio difuminado se aparta de la pista, continúa por la cresta y desemboca en una antigua zona de cultivo, una ‘artiga’ (ver Glosario). Salimos del bosque frío de la umbría para entrar en un bosque más cálido, con los colores de otoño tocados por el sol y una pendiente más suave. 

Colores de otoño en la Baga de Fígols

En una zona llana, unas marcas azules marchan hacia la derecha, señalando un camino que baja al norte; podría ser el Grau de l’Albiol y lo reservamos para la vuelta. Seguimos subiendo. Pasamos por el Coll de la Veça y luego el Pla del Pou, donde había un pozo, ahora lleno de rocas y cubierto de ramas. Volvemos a entrar en la sombra de la montaña. La temperatura baja, la tierra está espolvoreada de escarcha y los charcos están helados.

Coll de la Veça

Efecto curioso producido por la congelación escalonada de un charco

Por fin llegamos arriba, en la cresta del Confós. Aquí hay sol, calor y vistas inmensas, sobre todo hacia el sureste. Vamos avanzando hacia el este hasta llegar a un buen sitio para comer, acompañados por los graznidos de las chovas que hacen piruetas sobre el vacío.

La vista desde arriba, mirando hacia Picancel

Pep, al ver que estamos disfrutando tanto de las vistas, había pensado continuar por la cresta hasta la Collada de la Bena y luego bajar por las pistas hasta el coche desde el Coll de Sant Ramon. Sin embargo, eso supondría renunciar al Grau de l’Albiol y optamos por bajar en línea recta hasta el punto donde vimos las marcas. Entrego mi GPS a Carles como experto en apuntarlo hacia waypoints lejanos y ponemos rumbo sin camino hacia el NE. La cuesta es cada vez más empinada (“Es lo que tiene ir en línea recta”, replica Carles a mis protestas) pero tiene la ventaja de ir cruzando todo lo que viene en dirección transversal, incluyendo dos caminos que algún día habrá que dilucidar y que probablemente van al Coll de Sant Ramon o la Collada de la Bena.

En el espacio de 2 kilómetros, bajamos 300 metros hasta situarnos delante del camino de las marcas azules. Al principio, todo discurre dentro de la normalidad pero, de repente, el camino desaparece. A nuestra izquierda, hay un precipicio y delante una cresta empinada, donde vuelven a aparecer las marcas. Como es mi costumbre, voy el último y, unos 20 metros más adelante, oigo a Pep que dice: “Esto no le va a gustar a Steve”. Cuando llego a donde está él, veo que el descenso es por una pared de roca de unos 10 metros, con presas para poner las manos y los pies, y después una cuesta de tierra de pendiente fuerte. Pep baja primero para marcar la ruta, y luego Carles. “Espera que haya bajado yo antes de bajar tú”, me dice. Por lo visto, piensa que voy a resbalar y no quiere ser arrastrado en la avalancha de piedras que sin duda provocaría con mi caída. Cuando veo que ya no voy a causar daños colaterales en caso de ir dando tumbos hacia abajo, inicio el descenso. Este ‘grau’, de subida, sería una escalada muy fácil pero, de bajada, es una lucha continua contra la gravedad.

El Grau de l'Albiol

Pero llego abajo sin novedad y se reanuda el camino marcado, que desciende hacia el NW. Tras unos 400 metros, llegamos a un cruce de caminos. Giramos hacia la derecha para descender hacia el torrente, dejando dos caminos para investigar en otra ocasión. Cruzamos el Torrente de Fumanya y empalmamos con un camino ya conocido de la salida del 25/10/2013 que bordea la ribera izquierda del torrente, hasta entrar en la pista donde tenemos el coche.

Así que resulta que aquí sí hay caminos pero desde las pistas, es casi imposible encontrarlos. Ahora se nos ha abierto una perspectiva nueva, con posibles caminos desde Fígols y Fumanya que buscan los prados y los pasos del Confós hacia el sur.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 12,5 km; 610 metros de desnivel acumulado.

9/11/2014. Hoy, voté con 2.350.000 personas más. Como era de prever, el gobierno español quitó validez al resultado y proclamó triunfalmente que votó menos de la mitad de la población, después de imposibilitar una votación legal y amenazar con todo tipo de consecuencias. Entrando en aquella aula de escuela, se palpaba un ambiente muy especial, de emoción contenida y esperanza. Pero también es evidente que mucha gente todavía no ve nada claro una separación de España.

martes, 26 de noviembre de 2013

25/10/2013 – Los caminos antiguos de Figols

Después de ir a La Nou la semana pasada, yo confiaba en un cambio de escenario, pero no contaba con la tozudez de Pep. Cuando llega Carles al Mikado, nos explica que estuvo dos horas pasando los caminos de Figols del mapa de la Minuta al GPS. Pep me dirige una mirada acusadora: “No querrás que Carles haya hecho todo este trabajo en vano, ¿verdad?”. Lo que Carles elija hacer en su tiempo libre es cosa suya, pienso, pero me rindo a la voluntad de la mayoría. Además, hay la umbría al otro lado que ahora tiene unos colores muy bonitos con el otoño y seguro que esconde algún camino interesante. “¿Pero has pasado el camino que va al Coll de Sant Ramón?”, pregunto. “No. Sólo los que salen del pueblo”. Otra vez cruzando antiguas explotaciones a cielo abierto, pienso resignado.

Aparcamos delante del Ayuntamiento de Figols. Es un pueblo pequeño con unas cuantas casas todavía habitadas y la iglesia. Le falta un bar pero está claro que aquí, no haría negocio. No hace frío pero hay una nube baja plana que impide ver el sol.

Figols bajo un cielo amenazador

Delante tengo mi ansiada umbría pero empezamos caminando en la dirección contraria, hacia el Grau de la Mola. La carretera nueva interrumpe su trayectoria pero volvemos a ver unos restos de camino debajo de Cal Petit. Giramos hacia el oeste para seguir el camino a Fumanya. Pasamos por la Casa Cremada, en ruinas, y vamos siguiendo el GPS de Carles, pasando por la Font Freda, hasta entroncar con el punto en que dejamos el camino desde Fumanya cerca de Cal Chacó.

Giramos hacia el sur, bajando una asquerosa cuesta terrosa e inestable hacia una gran depresión creada por la minería a cielo abierto. Llegamos a una pista. “Tengo otro camino”, dice Carles, mirando el GPS. “Será el camino de Fumanya a Sant Corneli”. Giramos a la derecha por una antigua pista que se adentra en este valle desolado de tierra sin vida, donde sólo crece una hierba enfermiza, algún arbusto y pinos raquíticos. “Y eso lo llaman rehabilitación del paisaje”, pienso.

¿Vosotros veis el camino? Yo tampoco. Pero por aquí mismo pasaba el camino de Fumanya a Sant Corneli

Tras comprobar la dirección de este camino invisible, damos la vuelta. “Oye, Pep”, digo. “Yes”, contesta Pep, con ese dominio del idioma que le caracteriza. “Yo recuerdo cuando nos conocimos, me llevabas por esos caminos tan bonitos; bosques misteriosos de hayas, con cascadas y fuentes; prados alpinos con vistas que abarcaban medio país; casas venerables e iglesias románicas donde podías tocar la historia, y todo rebosando de vida”, continúo. “¿Qué pasó?”. “Eso era turismo”, contesta Pep. “Ahora hacemos cosas serias”.

En eso pasamos por la Mina del Curro y vemos un camino marcado con pintura azul, quizás de alguna antigua caminada popular, que se adentra en el valle del Torrente de Fumanya, ese barranco tan agreste que cruzamos con Carles más abajo, en La Garganta, en febrero. Pep lo sigue mientras Carles y yo continuamos por la pista. Al poco rato, Pep me llama: “Ven. Creo que te gustará”. ¡Es un camino auténtico! Va bordeando valle arriba el pie de una pared con los árboles formando un túnel. ¡Cómo echaba de menos esos caminos! 

El camino que Pep me tenía reservado

Llegamos al torrente y las marcas continúan al otro lado por una antigua pista forestal. Probamos algunos caminos que suben desde la pista pero todos se mueren. Deben ser de una antigua explotación forestal.

Colores de otoño en el Torrent de Fumanya

Desanimados, comemos después de probar sin éxito el último camino. El cielo se va tapando cada vez más y, poco después de ponernos en marcha otra vez, empieza a lloviznar. Justo antes de llegar a la pista principal, vemos las marcas azules que suben por un camino muy tentador. Debe ser el camino de la Minuta al Coll de Sant Ramón pero ni hay tiempo ni la meteorología acompaña y lo tenemos que dejar para otro día.


Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 8,7 km; 400 metros de desnivel acumulado.

miércoles, 30 de octubre de 2013

27/9/2013 – Los caminos antiguos de Fumanya

Durante el fin de semana que estuve en Inglaterra, Pep y Carles estuvieron en Fumanya. Fumanya es una pequeña comunidad entre Figols y Peguera, con una iglesia románica y unas cuantas casas, algunas de las cuales se han arreglado o incluso vuelto a construir. Su fama actual se debe a las huellas de dinosaurio en unas paredes de roca puestas al descubierto por la minería a cielo abierto.

El mapa de la Minuta muestra tres caminos que pasan por la zona. El más al norte sería el camino de Vallcebre y una parte importante de su recorrido sigue la actual carretera. Luego hay otros dos caminos que llamaré, por motivos de pura comodidad, el camino superior y el camino inferior, que, por abajo, se juntan antes de llegar a una casa llamada Cal Chacó y, por arriba, antes de llegar a la casa de la Creu de Fumanya.

Una parte del mapa de la Minuta. A la izquierda, se ve el núcleo de Fumanya con los tres caminos

Sin embargo, como luego describiré, las explotaciones a cielo abierto se encargaron de destruir gran parte de la trayectoria de esos caminos. La semana anterior, Pep y Carles hicieron una salida preparatoria para localizar los dos caminos, y también descubrieron otro camino importante que viene del Collet Mercadal y va bajando por el Bac de Fumanya, dentro del bosque.


Dejamos el coche en la pista que baja a la Creu de Fumanya. Carles me pide una libreta y un lápiz. “Hemos estado hablando, Pep y yo”, me dice. “Creemos que hay que hacer fichas de los caminos; tenemos que dejar constancia de su estado actual”. Miro a Pep incrédulo. ¿Qué le ha hecho al pobre Carles? Hace años que Pep habla de hacer fichas de caminos y durante un tiempo, intentó convencerme para que las hiciera yo.

“Sí, ya verás, Carles”, dice Pep. “Es fácil. Aquí la pista se hizo encima del camino viejo. Pero aquí se aparta, ves que aquí va el camino antiguo”. Y corre unos metros a la derecha donde se ve el trazado del camino y lo sigue durante unos 30 metros. “Y aquí vuelve a juntarse con la pista. Apunta eso. Y aquí vuelve a apartarse y sube hacia el lomo … O quizás no”, dice dubitativo, al ver que las señales del camino se difuminan.

Igual que me pasó a mí, Carles claudica ante la magnitud enciclopédica de la tarea y me devuelve la libreta y el lápiz. “Otro día, quizás”, dice. Pep sacude la cabeza. “Soy una voz clamando en el desierto”, lamenta.

Vista de la Cingle de Vallcebre, cerca de la casa de la Creu de Fumanya

En eso llegamos al fondo del valle y nos disponemos a subir al otro lado para buscar el camino del bosque. Carles ha bajado los caminos de la Minuta a su GPS. Del camino inferior, no hay rastro; la explotación a cielo abierto lo ha destruido. El camino superior, lo dejamos para la vuelta.

Vamos bajando por el camino del bosque. Cada cierta distancia, cruzan caminos de arrastrar troncos y algunos los seguimos hacia arriba hasta que se mueren o nos cansamos. Finalmente, llegamos al torrente. Al otro lado, un talud de tierra marca los intentos de reparar las cicatrices dejadas por el cielo abierto. Cruzamos el torrente como podemos y entramos en una pista. Según el GPS de Carles, estamos en el camino inferior. Seguimos hacia abajo por la pista, hasta llegar a una nueva explotación, que el track en el GPS cruza. Nos adentramos en esa tierra yerma y erosionada, esperando volver a encontrarlo al otro lado. Efectivamente es así; seguimos un trozo del camino auténtico, que luego entra en una pista y finalmente queda cortado definitivamente por una especie de cañón abierto para extraer carbón, ya pasada la casa reconstruida de Cal Chacó.

El camino de Figols pasaba por aquí. Ahora no queda rastro; sólo este paisaje semi-desértico

Damos la vuelta y almorzamos. Ahora toca el camino superior. Seguimos el trazado con más o menos precisión, aunque sobre el terreno no se ve mucho. Cruzamos la carretera para entrar en el núcleo de Fumanya. Con cierta dificultad, encontramos el camino que pasa detrás de Cal Jaume y luego por la iglesia. Parece que están reconstruyendo el pueblo; vemos al menos tres casas reconstruidas de nuevo sobre las ruinas, aunque cerradas a cal y canto, eso sí. La iglesia sigue teniendo un estado precario; cualquier día, se cae.

 Las nuevas casas de Fumanya

Y la iglesia

Pep una vez más lamenta que se priorice la especulación urbanística por delante de la recuperación del patrimonio histórico. “No se puede parar el progreso”, le digo. Señalo los chalets vacíos: “Eso es el futuro”. Volvemos a la carretera y vemos el camino antiguo que pasa debajo y entra en las casas de Cal Ros y Cal Burguet. Somos demasiado educados para pasear por el jardín de Cal Burguet, donde hay un matrimonio trabajando, y recuperamos el camino al otro lado de la casa, para volver a perderlo en una explotación a cielo abierto y luego volver a recuperarlo justo antes de llegar al coche.

En resumen, una salida muy académica y además ha hecho mucho calor. Necesito un cambio de aires.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 11 km; 415 metros de desnivel acumulado.