Aquí relato nuestras salidas por los caminos del Berguedà y comarcas vecinas. Como lo pasamos muy bien, queremos comunicar sobre todo buen humor y alegría pero también tiene un fondo muy serio: el camino como bien patrimonial, pieza esencial para entender la historia y digno de conservación. Es nuestra misión desde hace más de 15 años.



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martes, 11 de octubre de 2016

16/9/2016 – El Pla de les Tores

El día 11 fue la Diada de Catalunya. Este año, se había descentralizado en cinco ciudades: Barcelona, Lérida, Tarragona, Salt (cerca de Gerona) … y Berga. El Passeig de la Pau se llenó de unas 60.000 personas. Yo también fui; total, lo tenía delante de casa. Había el mismo ambiente festivo de siempre pero tengo la impresión que, a nivel de manifestaciones ciudadanas, ya está todo dicho. Esto de la independencia no va a ser nada fácil. Dejando de lado la división de opiniones dentro del propio país, el gobierno de Madrid sabe lo que perderá si Catalunya se va y no lo va a poner nada fácil.


La Diada en Berga

Pero el tiempo continúa inexorable y el viernes, volvemos a estar en el Mikado. “Tenemos que ir al Pla de les Tores”, dice Pep. “Recuerdo que había unos agujeros allí arriba. Igual había más afloramientos de mineral. Y además”, añade, mirándome a mí, “subiremos un camino que no has hecho”.

Muchas veces, desde Ensija, en uno de los collados mirando hacia el sur, había contemplado el camino que baja hacia Peguera pero nunca lo había hecho.

Aparcamos el coche donde empieza la pista a la Font del Pi, en el cruce con el camino que baja al pueblo de Peguera. Se ven coches de gente buscando setas pero ha sido un mal comienzo de temporada. Falta lluvia y ha hecho mucho calor.

Hace un aire frío. Caminando por la pista, no tardamos en ver la “fita” o pila de piedras que marca el inicio de la ruta. Al comienzo, sube cruzando campos. Todavía no es un camino auténtico. Luego entra en el bosque bordeando el barranco, alternando tramos de subida y otros planos. Finalmente, entra en el barranco y ahora ya es una subida continua.

Empezamos a subir

Pero algo ha cambiado. Esta semana, he empezado las clases de yoga. Ahora tengo articulaciones que se doblan y además son elásticas, y cuando camino, noto que amortiguan.

A medida que vamos subiendo, Carles va mirando las rocas, buscando cambios de calor que delaten el mineral. Pep le contempla con mirada de aprobación. “Aquí lo tienes”, me dice. “Siempre alerta. Hace dos semanas, encontró enseguida la mina. No como tú, que estabas en las nubes”.

 Lo que hemos hecho

Y lo que aún queda

Es un desnivel de 500 metros, pero con paradas para hablar de historia, se hace soportable y llegamos arriba. El viento del norte ha limpiado el cielo y todo tiene una gran nitidez.

Vistas nítidas desde Ensija hacia el norte

Y mirando hacia el sur, con la hendidura producida por el río Aigua d'Ora

Subimos a un cerro y contemplamos la zona marcada como Pla de les Tores en el mapa del ICC. No hay agujeros y ni siquiera es plano. Más abajo, solo son rocas y ‘tarteras’. Un par de rebecos nos miran y luego se esconden en los árboles. Damos la vuelta y bajamos a la depresión central, que hace una especie de curva para entrar en el Barranc d’Ensija que luego entra en el Barranc de les Llobateres donde está la ‘pleta’ a media subida. Es amplio, plano, con unas depresiones curiosas donde crecen grupos de tora blava.

El Pla de les Tores

Se nos enciende una luz. “Pero si es esto el Pla de les Tores”, exclama Pep. No es la primera vez que hemos estado aquí pero hoy lo miramos con otros ojos. Salta a la vista ahora que es un curso de agua.

Mientras bajamos, confieso algo a Pep que me tiene preocupado desde hace un par de semanas. “Mi madre se queja del blog”, le digo. “Dice que le falta contenido educativo. Quiere que explique más sobre lo que encontramos y no solo las cosas que hacemos”.

“Pues tu madre tiene razón”, me contesta Pep. “A nadie le interesa la ampolla que te salió en el talón hace un par de semanas”. Se para y mira a su alrededor. “Por ejemplo, tenemos aquí el Pla de les Tores. Podrías explicar que cuando llueve torrencialmente, aquí se forma un río efímero con pequeñas cascadas en estas depresiones en forma de escalón y luego el agua desaparece en estos sumideros donde crece la tora, para reaparecer más abajo en las fuentes. O puedes hablar de la tora, que crece en grupos por encima de 1.700 metros. Y de alguna manera, los animales saben que es venenosa porque no la tocan”.

Aquí se ve mejor el efecto del agua

En eso vamos caminando hacia la Pleta de l’Os. Está en la curva del Pla de les Tores, a la entrada del Barranc d’Ensija, resguardado del norte y el único sitio donde hay un afloramiento de piedra de dimensiones suficientes para hacer estructuras de piedra seca. Aquí paramos para almorzar. 

Lo que queda de la Pleta de l'Os

Mientras comemos, de repente aparecen ovejas y cabras caminando hacia nosotros en fila india desde el Serrat Voltor. ¿De dónde han venido?, nos preguntamos. Es un misterio. Son autoguiadas; no hay pastores ni perros. Miramos hacia arriba: tampoco ningún dron que las vigile. Se esparcen alrededor nuestro, pastando tranquilamente.

Llegan las ovejas

Nos ponemos en marcha, siguiendo la curva de nivel hacia el Serrat Voltor, con los rastros de las ovejas. Salimos en el collado, muy cerca de la mina de mineral de hierro de hace dos semanas y empezamos a bajar sin camino hacia un cerro intermedio que forma un pequeño collado, con otro un poco más hacia el oeste; son Les Mitjanelles.

Mientras vamos bajando, vemos huellas de ovejas que suben. ¿Habrán subido hasta arriba solas por aquí? Bajamos aprovechando los caminos que han hecho los animales, hasta llegar al pequeño collado. Aquí es el único lugar donde encontramos alguna seta. Un camino precario que usan los animales nos lleva hasta el collado siguiente, desde el cual bajamos al camino de subida.

Mirando hacia el este desde Les Mitjanelles

En esa larga bajada, en algún momento nos desviamos de la ruta de subida, aunque siempre vemos camino, y acabamos desplazados hacia la izquierda, delante del cruce mismo al pueblo de Peguera. ¿Sería éste el camino auténtico?

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 9,2 km; 680 metros de desnivel acumulado.

PD. Síntomas de envenenamiento por aconitina, el veneno de la tora blava: aparición de entumecimiento, sudoración y náuseas entre 20 minutos y 2 horas después de la ingesta. Siguen vómitos, diarrea, dolor intenso y parálisis de la musculatura esquelética. Después, arritmias y fibrilación ventricular. La muerte se produce por parálisis respiratoria o paro cardiaco. Toda la planta es venenosa, incluidas las flores, pero la parte más tóxica son las raíces. Una infusión de 3 o 4 raíces es suficiente para matar.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

21/11/2014 – El Torrente de Fumanya

Desde la última vez que salimos, el gobierno español ha optado por intensificar la vía legal y ha soltado a los fiscales. Ante la reticencia de los fiscales catalanes, la pelota ha pasado a la Fiscalía del Estado, que ha decidido querellarse contra el Presidente, la Vicepresidenta y la Consejera de Educación por cuatro delitos. No entiendo por qué el PSOE quiere hacernos creer que la solución está en reformar la Constitución para permitir un estado federal si ni el PP ni una parte importante de las propias filas socialistas lo consentirán jamás. Pero bueno, que continúen. Lo que están haciendo por la independencia de Cataluña no tiene precio.

En el Mikado, recuerdo a Pep que hoy podría ser el último día de temperaturas suaves antes de entrar en el invierno y, por lo tanto, la última oportunidad para mirar esos caminos que dejamos en la Baga de Fígols hace dos semanas. “No debería presentar complicaciones”, expongo. “Allí en el cruce debajo del Grau de l’Albiol, sólo había dos caminos. Igual nos da tiempo para mirar los otros dos más arriba”.

Dejamos el coche en la pista de acceso desde la carretera a la Carrerada – la pista de acceso principal a la Baga – que pasa debajo del cementerio de Fumanya. Salgo del coche. Aquí, de momento, de temperaturas suaves, nada. Josep Mª se frotaría las manos aquí. Miro el paisaje gélido donde todavía no ha llegado el sol y me arrepiento de haber propuesto venir aquí. Vemos un camino en la dirección contraria, hacia Fumanya, y lo seguimos. Muere al poco rato en unas pletas (ver Glosario) donde se debían guardar las ovejas antes de subirlas a los prados. Al lado, encontramos otro camino que debe ser el antiguo desde Fumanya hasta la Carrerada y lo seguimos hasta el cementerio.

Al ver esta perspectiva poco amable, deseaba haber mantenido la boca cerrada en el Mikado

Salimos al sol y me cubro los ojos ante el resplandor repentino. “Tranquilo, Steve”, me dice Pep, malinterpretando mi gesto. “Ahora bajamos y no volverás a ver el sol en todo el día”. Bajamos y cruzamos el torrente pero en esta media hora, el sol ha tenido tiempo para calentar el aire y ya no se ve la escarcha.

Pasamos por una ‘trumfera’ (ver Glosario) bastante bien conservada, al lado del torrente. No vemos ninguna continuación del camino y subimos sin camino hasta la pista de la Carrerada.

Volvemos a ver las conocidas marcas azules y en la zona indicada en el mapa como Sentiescos, tomamos una pista secundaria. Bajando esta pista, surge una primera complicación – un camino que marcha a la izquierda, hacia donde está el coche. Lo anotamos para la vuelta y continuamos. La pista acaba en un curioso ‘grau’ y continúa como camino con bastante pendiente, hasta llegar al cruce del otro día.

El 'grau'. A la izquierda se ven las piedras colocadas para sustentar el camino

Giramos a la izquierda y cruzamos el torrente hacia el norte. Entramos en un camino transversal. Dejamos la bifurcación a la izquierda para después y seguimos a la derecha, todavía con las marcas azules. Es un camino antiguo, empedrado en algunos puntos. Vamos dejando caminos que marchan a la izquierda. Está claro que no vamos a salir de este barranco en todo el día.

Una de las pocas vistas largas del día, encima del Torrente de Fumanya, con el Subrepuny detrás

Volvemos a salir al sol. El camino entra en una antigua explotación a cielo abierto y se convierte en una pista que conecta con Cal Casanova y, se supone, con Fígols. Aquí damos media vuelta.

Antes de volver a las sombras, comemos y después miramos los muchos caminos que hemos ido dejando, casi todos antiguos caminos forestales para bajar troncos. Sigue un continuo subir y bajar caminos mientras lentamente retrocedemos hacia el primer ‘grau’ de esta mañana y el primer camino a la izquierda que dejamos.

Prueba irrefutable del uso forestal del camino. La marca producida por el roce de troncos

Un último camino con marcas azules antes del ‘grau’ se muere a los pocos metros pero las marcas continúan cuesta arriba. Por fin, se nos hace la luz. Los cazadores han ido marcando redes de caminos en su coto. Llegamos a una haya en medio de la cuesta con unas piedras puestas a modo de asiento, unas iniciales y unas fechas. Nos hacemos la película: aquí venía un tal JPS cada año, fiel a su puesto y en el tedio de la larga espera, grababa la fecha en el árbol. Pero, sabiendo la media de edad de los cazadores de jabalís, llegó un día en que ya no se veía capaz de subir esas cuestas y dejó de acudir a su puesto de vigilancia.

El puesto del cazador, perdido en el bosque

Volvemos al ‘grau’ con pensamientos lúgubres sobre la linealidad del tiempo y ya un poco cansados de estar subiendo y bajando continuamente, como Sísifo, la misma cuesta sin vistas. Entramos en el último camino. Tiene buena pinta. Nos lleva al torrente, un poco más corriente arriba. Lo cruzamos y entramos en otro camino transversal. ¿Esto no va a acabar nunca?, nos preguntamos. Giramos resignados a la derecha, alejándonos del coche. Llega a una pista para las torres eléctricas y allí lo dejamos, aparentemente apuntando hacia la casa de Cal Xacó.

Aguas cristalinas antes de llegar a la trumfera

Damos la vuelta y seguimos la otra rama del camino transversal. Nos lleva otra vez al lecho del torrente pero unos pasos cortados en la roca permiten remontarlo hasta la ‘trumfera’ de esta mañana. Así que al final, sí que había un camino. Llegamos al coche con la seguridad de no haber dejado ningún camino sin seguir, reconstruyendo en el GPS una red compleja que antiguamente debía conectar las casas entre Fígols y Fumanya con los bosques de la umbría. “Hoy, tendrías que ser feliz”, le digo a Pep en el viaje de vuelta a casa. “Más exhaustivo imposible”.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 9,4 km; 490 metros de desnivel acumulado.

sábado, 15 de noviembre de 2014

7/11/2014 – El Confós desde Fígols

Se acerca la fecha mágica del 9 de noviembre. Después de que la consulta original fuera suspendida por el Tribunal Constitucional en un tiempo récord, el gobierno catalán ha sacado una versión descafeinada llamada “proceso de participación”. El gobierno español primero hacía bromas sobre el tema pero al ver que la cosa iba en serio, fue corriendo una vez más al Tribunal Constitucional. Pero ahora, con más de 40.000 voluntarios que se encargan de su administración, ya es imparable. Lo que no ha impedido a la Soraya, como una madre preocupada por sus hijos que están a punto de cometer una gran temeridad, advertirnos de las consecuencias legales que podría comportar desafiar las órdenes de los tribunales.

Evidentemente, todo esto será tema de conversación a lo largo del día pero a nivel más práctico, teníamos que dar cumplimiento a un plan de Pep. En nuestros mapas, tenemos una zona extensa en blanco que corresponde a la Baga de Fígols. Pep nos ha dicho una y otra vez que allí no hay nada excepto pistas forestales pero quería mirar las aproximaciones a un interesante camino transversal en la cara sur del Confós que vimos en la salida del 2/5/2014.

Aparcamos el coche en la explanada de la Mina del Curro, por donde pasamos en la salida del 25/10/2013, y subimos por aquel camino de las marcas azules que tuvimos que dejar en aquella salida y que sería el antiguo camino al Coll de Sant Ramón.

Salimos a una cresta y desde allí otro camino medio difuminado se aparta de la pista, continúa por la cresta y desemboca en una antigua zona de cultivo, una ‘artiga’ (ver Glosario). Salimos del bosque frío de la umbría para entrar en un bosque más cálido, con los colores de otoño tocados por el sol y una pendiente más suave. 

Colores de otoño en la Baga de Fígols

En una zona llana, unas marcas azules marchan hacia la derecha, señalando un camino que baja al norte; podría ser el Grau de l’Albiol y lo reservamos para la vuelta. Seguimos subiendo. Pasamos por el Coll de la Veça y luego el Pla del Pou, donde había un pozo, ahora lleno de rocas y cubierto de ramas. Volvemos a entrar en la sombra de la montaña. La temperatura baja, la tierra está espolvoreada de escarcha y los charcos están helados.

Coll de la Veça

Efecto curioso producido por la congelación escalonada de un charco

Por fin llegamos arriba, en la cresta del Confós. Aquí hay sol, calor y vistas inmensas, sobre todo hacia el sureste. Vamos avanzando hacia el este hasta llegar a un buen sitio para comer, acompañados por los graznidos de las chovas que hacen piruetas sobre el vacío.

La vista desde arriba, mirando hacia Picancel

Pep, al ver que estamos disfrutando tanto de las vistas, había pensado continuar por la cresta hasta la Collada de la Bena y luego bajar por las pistas hasta el coche desde el Coll de Sant Ramon. Sin embargo, eso supondría renunciar al Grau de l’Albiol y optamos por bajar en línea recta hasta el punto donde vimos las marcas. Entrego mi GPS a Carles como experto en apuntarlo hacia waypoints lejanos y ponemos rumbo sin camino hacia el NE. La cuesta es cada vez más empinada (“Es lo que tiene ir en línea recta”, replica Carles a mis protestas) pero tiene la ventaja de ir cruzando todo lo que viene en dirección transversal, incluyendo dos caminos que algún día habrá que dilucidar y que probablemente van al Coll de Sant Ramon o la Collada de la Bena.

En el espacio de 2 kilómetros, bajamos 300 metros hasta situarnos delante del camino de las marcas azules. Al principio, todo discurre dentro de la normalidad pero, de repente, el camino desaparece. A nuestra izquierda, hay un precipicio y delante una cresta empinada, donde vuelven a aparecer las marcas. Como es mi costumbre, voy el último y, unos 20 metros más adelante, oigo a Pep que dice: “Esto no le va a gustar a Steve”. Cuando llego a donde está él, veo que el descenso es por una pared de roca de unos 10 metros, con presas para poner las manos y los pies, y después una cuesta de tierra de pendiente fuerte. Pep baja primero para marcar la ruta, y luego Carles. “Espera que haya bajado yo antes de bajar tú”, me dice. Por lo visto, piensa que voy a resbalar y no quiere ser arrastrado en la avalancha de piedras que sin duda provocaría con mi caída. Cuando veo que ya no voy a causar daños colaterales en caso de ir dando tumbos hacia abajo, inicio el descenso. Este ‘grau’, de subida, sería una escalada muy fácil pero, de bajada, es una lucha continua contra la gravedad.

El Grau de l'Albiol

Pero llego abajo sin novedad y se reanuda el camino marcado, que desciende hacia el NW. Tras unos 400 metros, llegamos a un cruce de caminos. Giramos hacia la derecha para descender hacia el torrente, dejando dos caminos para investigar en otra ocasión. Cruzamos el Torrente de Fumanya y empalmamos con un camino ya conocido de la salida del 25/10/2013 que bordea la ribera izquierda del torrente, hasta entrar en la pista donde tenemos el coche.

Así que resulta que aquí sí hay caminos pero desde las pistas, es casi imposible encontrarlos. Ahora se nos ha abierto una perspectiva nueva, con posibles caminos desde Fígols y Fumanya que buscan los prados y los pasos del Confós hacia el sur.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 12,5 km; 610 metros de desnivel acumulado.

9/11/2014. Hoy, voté con 2.350.000 personas más. Como era de prever, el gobierno español quitó validez al resultado y proclamó triunfalmente que votó menos de la mitad de la población, después de imposibilitar una votación legal y amenazar con todo tipo de consecuencias. Entrando en aquella aula de escuela, se palpaba un ambiente muy especial, de emoción contenida y esperanza. Pero también es evidente que mucha gente todavía no ve nada claro una separación de España.

domingo, 1 de junio de 2014

2/5/2014 – El Confós y la Colonia de la Vall

Ha pasado más de un mes desde la última entrada en el blog pero que no crea el lector que he pasado todo este tiempo tumbado en el sofá.

La semana siguiente (4/4/2104), Carles y yo volvimos a Peguera. Pep tenía un compromiso y no podía venir. Quería buscar el camino que enlazaba la estación de descarga del teleférico de Moripol con el final del funicular abajo. Lo encontramos pero está tapadísimo. Es más fácil hacer los 70 metros de desnivel en línea recta.

Después, fuimos caminando por la pista hacia la Colonia de la Vall (Cal Moreta) bajo un cielo cada vez más amenazador. El sentido común me decía de dar la vuelta pero casi habíamos llegado cuando sonó el móvil de Carles, en el límite de la cobertura. Era Pep. “Viene una tormenta directamente hacia vosotros desde el oeste”, nos advirtió. Dimos media vuelta ipso facto e iniciamos una carrera contrarreloj para ver quien llegaba primero al coche, nosotros o la lluvia. Ganó la lluvia.

Después hubo semanas de mal tiempo. En Semana Santa, hice la Caminada Popular del Val de Lord con Josep Mª. Muy interesante, pero esos eventos multitudinarios no cumplen los requisitos de inclusión en el blog.

Pero, por fin, hoy hará buen tiempo. Carles no puede venir; tiene el hotel lleno de mallorquines. Quería contestar las preguntas de la Colonia de la Vall que me habían quedado pendientes: la ubicación de la mina y del teleférico que la conectaba con la vía de tren al otro lado del valle. Pero también había otra cuestión: mientras Carles y yo estuvimos subiendo el camino a la Creu de Fumanya desde la pista de Coll d’Hortons el año pasado (ver salida del 19/7/2013), vimos un camino que marchaba hacia el Confós, una cuesta de peñascos y barrancos. Nos habían quedado ganas de seguir este camino.

Para no caminar tanto por la pista, propongo a Pep que entre en la pista de Coll d’Hortons. Recorriéndola a pie, siempre la había visto bien. Al cabo de unos 200 metros, aparecen unos baches con piedras afiladas, dispuestas a reventar el cárter del coche como el iceberg que abrió el casco del Titanic. Pep me dirige una mirada de reproche y aparca en el primer lugar llano que encuentra.

Pero el día es magnífico y las hojas de las hayas han salido, con el verdor de la primavera recién estrenada. Entramos en el camino, que va subiendo en diagonal con pendiente suave. Poco a poco se van abriendo las vistas. Atrás, vemos la Cantina, luego el pueblo de Peguera y detrás, el Port del Comte. Delante, se nos abre el valle de Peguera con el hayedo de Nou Comes y el dibujo sinuoso del Clot de la Molina.

 El pueblo de Peguera con el Port de Comte en el fondo

El dibujo en zigzag del Clot de la Molina

El camino va cruzando pequeños collados. Las vacas lo conocen y también los cazadores, que parecen hacer un mantenimiento mínimo. Llegamos al Collet de la Solana. 

 Caminando hacia el Collet de la Solana

La vista desde la roca encima del Collet

Un camino baja hacia el Coll d’Hortons y otro sube. Giramos a la izquierda y nos adentramos en las rocas del Confós. Dejamos un par de caminos transversales para explorar otro día y nuestro camino sube por una canal ancha hasta salir arriba. 

Casi arriba

Cambia el paisaje. Ahora es un llano con antiguas pasturas conquistadas por el pino negro. Localizamos un pozo para dejar constancia electrónica, hacemos un ligero refrigerio con la enorme vista delante y luego bajamos nuevamente hasta el Collet de la Solana.

Tomamos el camino de bajada que no tarda en perder definición. “Ya verás”, me dice Pep. “Este camino nos va a dejar tirados y tendremos bajar a lo bruto”. “Mil vacas no se pueden equivocar”, replico. “Tiene salida, seguro”. Y en una curva, se vuelve a ver y nos lleva certeramente al Coll d’Hortons.

Volvemos a bajar a los edificios fantasmagóricos de la Colonia de la Vall. Fue aquí donde empezó la explotación del carbón de Peguera. Con la foto antigua en la mano, localizamos el emplazamiento de la mina, muy cerca de la casa pero totalmente hundida. Seguimos el trazado de la pequeña vía que iba hasta la punta de la roca, donde había un teleférico que cruzaba el valle hasta el ferrocarril que bajaba a Cercs.

La pequeña vía por donde se llevaba el carbón al teleférico de la mina de Cal Moreta

Aquí, al calor del sol, con el canto de los pájaros y una larga vista del valle de Peguera, comemos en la pequeña explanada del teleférico. Pero a pesar de este entorno idílico, le noto inquieto a Pep, con ganas de ponerse en marcha otra vez. “¿Tienes que volver a casa pronto?”, le pregunto. “No, no”. “¿Tu hija tiene llaves?”. “Está en casa, hacen puente en la universidad”. “Entonces, ¿qué te pasa?”. “Nada, nada”, y vuelve a reclinarse, con una tranquilidad fingida. Pero el encanto se ha roto y no puedo recuperar la paz.

Las cuadras de la Colonia de la Vall

Volvemos a subir la cuesta, inspeccionando todas las estructuras, y luego bajamos hasta el cargador del ferrocarril. Había que encontrar el punto de llegada del teleférico de la Mina de Cal Moreta, ya que inicialmente el ferrocarril llegaba hasta aquí. Lo encontramos en una cresta, unos 13 metros debajo del inicio del teleférico al otro lado. A través de las hojas, se intuye la pared de roca en frente.

Saliendo del túnel del ferrocarril de Cercs

Ya que estamos, propongo hacer la vía. Quería marcar en el GPS un apartadero que sale en las fotos antiguas pero no lo encontramos. ¿Estará en el nivel inferior? Pep, por su lado, no para de mirar los árboles muertos y por fin me explica qué le pasa. Resulta que el Instituto de Gironella le había pedido hacer una demostración de cómo se hacía fuego en la época neolítica. Usaban un trozo de sílex y un trozo de pirita para crear una chispa que caía sobre una seta que crece sobre los troncos de los árboles caídos y tiene una estructura densa en forma de esponja. El sílex se lo había traído yo desde Inglaterra y en vez de pirita, usaría un hierro pero le falta la seta y sólo le quedan cinco días.

De vuelta, le propongo que subamos el Clot de la Molina. Allí hay muchos árboles muertos y seguro que encontraremos algo. Lo subimos unos 100 metros. Pep continúa mientras yo me quedo sacando fotos. De repente, oigo que me llama, que ha encontrado un camino. Subo una cuesta empinada y entro en una especie de claro con antiguos caminos de arrastrar troncos. Pep aparece. “Aquí no hay camino”, dice. Tampoco ha encontrado setas. ¿Se han escondido?

En el Clot de la Molina

Volvemos a bajar el Clot de la Molina con un nerviosismo creciente. Nos dirigimos hacia la pista de Coll d’Hortons, anotando un par de torres más del teleférico de la Mina Realidad. Y allí, cuando parece que ya no queda esperanza, Pep encuentra su seta y la arranca triunfalmente del tronco.

“Hoy, los dos hemos conseguido nuestros objetivos”, resumo.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 13,3 km; 640 metros de desnivel acumulado.

domingo, 30 de marzo de 2014

28/3/2014 – Regreso a Peguera

La semana siguiente, estuve en Inglaterra. Pep y Carles buscaron caminos antiguos entre Molers y Saldes. “Una salida memorable”, me dijo Pep por correo para darme envidia.

Esta semana, quería ir a Peguera (esta vez, sí) para aclarar algunos temas que nos quedaron pendientes del año pasado. Pero antes tenía cita con la dentista para extraer una muela de juicio. Hay muchas cosas que preferiría hacer antes de ir a la dentista pero aquella muela ya no tenía futuro. A lo largo de los años, mi dentista me ha dado pruebas más que suficientes de su valía profesional y personal pero aquel diente se aferró a mi mandíbula como una lapa. Fue una “life-changing experience”, como decimos los ingleses.

El día siguiente, llego al Mikado con un diente menos. Pep nos comunica que tiene que estar de vuelta a las 3.30. No explica el motivo pero seguro que es muy serio porque Pep es muy serio y sólo hace cosas importantes: una reunión de alto nivel, una consulta urgente sobre una excavación importante, una cita médica ineludible, …

Aparcamos el coche en el cruce de pistas cerca de la fuente de Cal Coix. Es una mañana muy tranquila. Un reyezuelo se acerca para echarnos de su territorio. Todavía hay nieve en los bosques de la cara norte de los Rasos de Peguera. La idea es ir a la Cantina pero, mirando el mapa en el Mikado, Pep había afirmado que tiene que haber un camino que llega allí de forma directa, sin el rodeo de las pistas. Y allí en el cruce, lo vemos, algo tapado, pero nos lleva en una línea casi recta a la Cantina.

Vista de las ruinas de la Cantina, donde estaban situados las oficinas, los talleres y los servicios para los mineros

Cruzamos el Barranc dels Graus y pasamos una hora y media aclarando la red de caminos que conectaba la Mina del Gorg con la vía de tren en la Mina Porvenir y otros caminos que venían desde la Cantina y localizamos las últimas torres del teleférico de Moripol que nos quedaban por encontrar allí.

Según mi plan, el próximo paso era ir a la Estación Ángulo (ver la salida del 30/8/2013) pero a Pep le atrae un camino que seguramente es de arrastrar troncos y lo quiere seguir. Sube en línea recta sin tregua y acabamos saliendo en la pista que va a la Pleta del To. Al estar en la cara norte, aún hay mucha nieve sobre la pista y no volvemos a pisar tierra hasta que la pista gire y se encare más hacia el sur. “Ya que estamos aquí, ¿por qué no bajamos por el Clot de la Molina al cargador de la vía superior?”, propongo.

Una vista clásica de Val.lobrega, mirando hacia el este, con los hayedos de Nou Comes a la derecha

El Clot de la Molina es un largo barranco que sube desde el Barranc dels Graus hasta el llano de los Rasets. En su tramo inferior, es un bosque denso de hayas y, con sus afloramientos de roca, crea un ambiente muy especial, sobre todo en otoño.

“Ramón Martí me habló de un camino que pasa encima del camino antiguo de l’Estany a Peguera y entra en el Clot de la Molina. Si vamos a la cresta después del Clot, lo podremos localizar desde arriba”, dice Pep. “He visto esta cresta. No tiene ninguna dificultad”.

Campanillas de invierno a 1.700 metros

Por fin llegamos a la cresta, una pendiente de hierba, suave y despejada. Pero sólo dura 100 metros. Me encuentro con Pep a la entrada de un hayedo, mirando hacia abajo. “Pues sí que está cortado”, resume. Nos adentramos en un terreno peligroso, con fuerte pendiente (igual 50º), de tierra lisa y resbaladiza. Hacemos un flanqueo descendente con zigzags muy cerrados, clavando los bastones. Un grupo de rebecos nos mira atónitos desde abajo y luego se alejan, seguramente para no exponerse a ser atropellados por un humano rodando hacia abajo a toda velocidad. Carles resbala dos veces, pero por suerte sin consecuencias. Por fin, llegamos a una zona de pinos, con un terreno más escalonado y hierba, y dejamos atrás aquella trampa mortal.

El 'grau' del antiguo 'camí ral' de Peguera

Llegamos al camino antiguo de Peguera, concretamente, el tramo que se abandonó cuando se abrió el túnel de la vía de tren. Giramos hacia Peguera y, al poco rato, efectivamente vemos el camino que sube a la izquierda en suave pendiente. Volvemos a entrar en el bosque de hayas. Carles tiene que esquivar corriendo una pequeña cascada de piedras lanzada (¿a propósito?) por los rebecos, que ahora están encima nuestro. Es un camino auténtico, bien formado, que nos lleva al Clot de la Molina. Cruzamos el ancho barranco y allí vemos que el camino continúa con una pendiente ascendente suave pero implacable.

Y el camino que estrenamos hoy, 50 metros más arriba

Empieza a hacerse tarde para Pep y aprieta el ritmo. El camino sale en un lomo ancho y despejado, a unos 100 metros debajo de la pista de la Pleta del To. Lo cruzamos pero a partir de aquí, se difumina. Pep marca un rumbo en diagonal hacia la pista, ahora sin camino pero con un ritmo cada vez más rápido. Cada vez que me ve pausar, me conmina a continuar. “¿No se da cuenta que todavía tengo el cuerpo traumatizado?”, pienso. “¿Cuánta sangre habré perdido en aquella media hora de forcejeo en la consulta de la dentista? ¿Y si mi corazón, con menos sangre, no aguanta el esfuerzo?”.

Con esos pensamientos, llegamos a la pista. Ahora sí, Pep busca un lugar para sentarse y comer su bocadillo con tranquilidad y dignidad. Quince minutos después, nos ponemos en marcha otra vez. Bajamos la pista hasta el cementerio, pasamos debajo de las casas del pueblo y llegamos al coche.

Vista del pueblo de Peguera, con los tonos rojizos que esta luz de final de invierno ha dado a los edificios. Detrás, Ensija

Miro el reloj del coche. “Te quedan siete minutos para llegar a Gironella”, le digo mientras arranca el coche a toda velocidad por la pista. “Ahora entiendo por qué Carles insistió en sentarse detrás”, pienso. Estamos llegando al Eix del Llobregat cuando suena el móvil de Pep. “Dámelo; yo contestaré”, le digo. Es su hija. “Hola Marta”, contesto. “¿Qué quieres?”. “¿Dónde está mi padre?”, es la réplica. “Está conduciendo. No se puede poner”. “Dile que estoy llegando”. “Dile que me espere abajo”, me contesta Pep. Transmito el mensaje y cuelgo. “Es que se marchó a Barcelona esta semana sin llevarse las llaves de casa”, me confiesa Pep. Le miro incrédulo: “O sea, casi me matas de un infarto porque tu hija se dejó las llaves”, y me pongo a reír. “Y la bronca que te va a caer ahora por llegar tarde a la parada del autocar”. Incluso Pep sonríe al verse pillado. “Esto saldrá en el blog”, le prometo. Y así ha sido.


Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 12,7 km; 590 metros de desnivel acumulado.

martes, 10 de diciembre de 2013

29/11/2013 – Grau Pastisser, Grau de Cal Gat y Grau del Llentiar

Otra semana de frío y este viernes iba a ser el día más frío de la semana. El día antes, pregunto a Pep: “¿Salimos o nos quedamos en casa?”. Pero Pep no se da por vencido y, en el fondo, yo también quiero salir. “Lo probamos”, propone.

En el mapa del Alpina, salen dos ‘graus’ a cada lado de Cal Barbut, Grau Pastisser y Grau del Llentiar, pero nunca los habíamos localizado y tampoco se les da publicidad.

Dejamos el coche en la carretera, cerca de Cal Barbut. El termómetro marca -2ºC pero no hay viento. Al sol no se está tan mal. Detrás de la casa, vemos una fisura profunda en la roca. ¿Será el ‘grau’? Carles lo prueba pero no tiene salida. Pero lo que interesa más a Pep son unos agujeros cuadrados tallados en la roca pero no me deja decir nada más. El calor del sol rebota de la pared y quitamos guantes y gorros.

Esto no lo pudimos subir. Es La Canal, detrás de Cal Barbut. El 'grau' auténtico está más a la derecha

Continuamos caminando a pie de la roca hasta llegar a otra canal que parece factible pero muy tapada. Pep sube primero, oímos cómo pelea con el boj. Carles y yo subimos un poco más y esperamos noticias. Un bastón que golpea el boj, exclamaciones, palabras mal sonantes y de repente, “Estoy arriba. Subiros”.

Es uno de esos momentos en que uno no sabe qué es peor: seguir subiendo o intentar bajar. Otra opción sería quedar clavado y llamar a los bomberos pero la acabo descartando: si Carles y Pep han subido, yo también. Subo una cuesta francamente desagradable, agarrándome al boj que intenta arrojarme al vacío.

Al salir de este ‘grau’ dudoso y absolutamente no recomendable, me encuentro con un Pep sonriente que me extiende la mano. “Felicidades. Choca esos cinco”, me dice. Pero no estamos a salvo todavía. Arriba es una selva de boj que tapa un suelo rocoso lleno de agujeros rompetobillos. Avanzamos hacia el oeste, hasta ver un camino usado por animales que baja por la roca. Pep lo baja. Cuando vuelve, nos cuenta que llega a una faja que empalma con el ‘grau’ anterior, pero más abajo, y probablemente era el Grau Pastisser auténtico.

Intentamos encontrar el otro ‘grau’, el Grau del Llentiar, sin meter el pie en los múltiples agujeros que acechan bajo la vegetación, pero es imposible y acabamos bajando la cuesta hacia el norte, hasta entrar en el camino principal que va del Grau de la Mola al Grau de Cal Gat.

La belleza austera de los paisajes de invierno, desde el Grau de Cal Gat

Este ‘grau’ está acondicionado como parte de la Xarxa Lenta y antiguamente se podría haber hecho con animales. Evidentemente, César August Torras no llegó hasta aquí. En una zona llana con una vista espléndida, comemos.

Pep y Carles contemplan el paisaje en el Grau de Cal Gat

Bajamos hasta las casas de Fumanya y en la roca, hay más agujeros tallados de los que no me está permitido decir nada. Caminamos por los campos. El calorcillo del sol y el silencio generan una sensación de serenidad que contrasta con las emociones fuertes de hace unas horas. 
Arándanos, frutas de invierno

Entramos en un camino antiguo, que debe ser el camino de Fumanya a Cal Barbut y lo seguimos. Cerca de la casa, vemos una cuesta factible en la pared de roca que podría ser el Grau del Llentiar pero ya no queda tiempo para investigarlo.

Otra visión de Fumanya, desde el camino de Cal Barbut

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 5,1 km; 280 metros de desnivel acumulado.

martes, 26 de noviembre de 2013

15/11/2013 – Grau dels Boigs y Grau de la Canaleta

La semana después, estuve en Inglaterra. Pep y Carles acabaron de enlazar con el Grau de la Mola y luego ese camino tan bonito al Coll de Sant Ramón.

Está resultando muy difícil sacar a Pep de esta zona. Después de hacer el Grau de la Mola y el Grau de Cal Aleix o Cal Sastre con Carles, ahora quiere hacer los otros ‘graus’ (el Grau dels Boigs y el Grau de la Canaleta) hasta el Grau de la Granota. “No tenemos los tracks”, dice a modo de justificación.

Hace más de 10 años, llegué solo al Grau dels Boigs desde arriba y ver un salto vertiginoso con sólo una barandilla oxidada como única protección fue suficiente para convencerme que, como dice su nombre, había que estar loco para bajar por allí. Pero no quiero hacer de aguafiestas y acepto ir allí.

La vista del pantano de La Baells mientras subimos hacia el Grau dels Boigs

Aparcamos en la entrada de la pista que lleva al Grau de la Granota. Al bajar del coche, nos abofetea el viento del norte. El invierno ha llegado de golpe.  Dejamos la pista para tomar el camino que lleva al Grau dels Boigs. Para gran sorpresa mía, veo que la subida ha sido acondicionada con peldaños de piedra. Un roble marca la entrada en el ‘grau’ propiamente dicho, con los restos de una barraca y un camino misterioso que marcha hacia la izquierda. Entrando en la fisura en la roca que nos llevará arriba, veo más peldaños y cadenas nuevas de trinca a modo de barandilla para dar más seguridad en los tramos más expuestos. “Bueno, no es para tanto”, pienso, evitando fijar demasiado la vista en el abismo a mi derecha.

 Entrando en el Grau dels Boigs

Casi arriba

Llegamos arriba, donde nos vuelve a dar la bienvenida el viento del norte. Hace un frío intenso y Puigllançada y Tosa d’Alp ya están espolvoreadas de nieve. Pero la visibilidad es excelente y los robles están en su punto. Giramos hacia la izquierda, hacia el Grau de la Mola. 
La vista hacia el norte desde el Pla de Borromba

Llegamos al siguiente ‘grau’, el Grau de la Canaleta y lo bajamos. Sigue una canal que baja en diagonal y también está acondicionada con peldaños de piedra. Antes de llegar abajo, vemos otro misterioso camino que sale a nuestra izquierda, como si quisiera ir al Grau dels Boigs. Lo reservamos para más tarde y seguimos bajando, entrando finalmente en los campos de Cal Aleix.

Bajando el Grau de la Canaleta

Volvemos al camino intermedio. Va siguiendo una estrecha faja o repisa a media altura en la pared, de unos 3 metros de ancho. Paramos en una pequeña explanada para comer con una vista inmensa delante – Sant Corneli abajo y al otro lado del río, Malanyeu, La Nou, Sobrepuny, y el pantano más abajo.

El camino de la faja


La vista desde nuestro 'comedor'

Continuamos pero la faja se va estrechando, ahora no mide más de dos metros y de repente, un árbol crecido en medio parece cortar las posibilidades de continuar. Pep cree que el camino ha terminado y busca un sitio donde hay un pendiente asequible para bajar. Pero yo veo que sólo 20 metros más allá hay un pequeño collado y la faja se vuelve a ensanchar. Carles también quiere continuar y conseguimos pasar el árbol donde volvemos a encontrar el camino.

El camino se estrecha

Pasamos el collado y el camino se vuelve a estrechar; ahora no mide más de un metro y medio y tengo una caída libre a 50 centímetros a mi derecha. Pero unos 30 metros después, vuelve a ensancharse, en una pared se ven clavos de vías de escalada, hay excrementos de vaca en el suelo – estamos salvados. Poco después, estamos en el roble a la entrada del Grau dels Boigs. “Corto pero intenso”, resume Pep.

La faja que recorrimos es la línea verde que se ve a media altura de la pared. El árbol a la derecha es la entrada del Grau dels Boigs

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 4,4 km; 250 metros de desnivel acumulado.

Nota histórica:
César August Torras, el famoso excursionista de principios del siglo XX, dice tajantemente en su guía del Berguedà que sólo hay tres ‘graus’ para pasar las Cingles de Vallcebre: Grau de la Mola, Grau de la Granota y Grau de Sant Climent. Lo que quería decir realmente era que sólo hay tres ‘graus’ que se pueden hacer con animales pero hay unos cuantos más que se pueden hacer a pie y que permitían a los habitantes de la zona ahorrar unos cuantos kilómetros en sus desplazamientos.