Y el arranque del camino en Comafloriu mirando hacia Tosa d'Alp
martes, 16 de julio de 2013
5/7/2013 – La vuelta de Tosa d’Alp
Y el arranque del camino en Comafloriu mirando hacia Tosa d'Alp
domingo, 2 de septiembre de 2012
24/8/2012 – Vall de la Llosa
Pep nos había hablado de una fragua de mineral de hierro a la entrada del Vall de la Llosa. Yo había subido ese valle hace unos 10 años, precisamente con Pep y algunos más, pero sólo recordaba bien el castillo y la Cabaña dels Esparvers al final. Me hacía ilusión volver a hacer esta ruta y, si era posible, llegar hasta la Portella Blanca, ya que nunca había estado allí.
Aparcamos el coche en el último aparcamiento gratuito en la pista polvorienta entre Viliella y Cal Jan, donde te dejan aparcar en la era por 2 euros. Andamos un kilómetro hasta Cal Jan y, a partir de aquí, iniciamos la subida. Dejamos las ruinas del castillo a la izquierda.
El agua baja con brío por el Riu de la Llosa pero que nadie se engañe. Aquí hay una sequía pertinaz. La hierba es amarilla, con una estrecha franja verde que marca el curso de los torrentes y riachuelos. Me recuerda el mapa del Nilo en mi atlas: una cinta verde con el amarillo del desierto a cada lado.
Entramos en una zona de prados con restos de cabañas, corrales o establos. Pep se desvía de la pista y, detrás de los corrales, encontramos escoria del mineral cocido, y detrás de esto, muros de la antigua fragua y canales que traían agua del río. Recojo muestras para la colección geológica de mi madre.
Seguimos restos de antiguos caminos que siguen el curso del río. Da gusto ver un poco de verde pero el último camino acaba en una carbonera, lo que obliga a emprender una dura subida hasta llegar otra vez a la pista principal.
Entramos en otra zona de prados, pasamos la Barraca de l’Isidro y allí se acaba la pista y continúa un sendero. Miro el altímetro; todavía quedan 500 metros de desnivel hasta la Portella Blanca. Las fuerzas me flaquean. “No podré llegar hasta la Portella Blanca”, le digo a Pep. “Pues menos mal que vas al gimnasio”, me replica Pep irónicamente. Carles, siempre discreto, calla, pero me confiesa el día siguiente que ya le fue bien acortar la ruta.
Llegamos a las cabañas dels Esparvers, situadas en unos prados resecos. Aquí hay una división de caminos, uno a Vallcivera y otro al riu d’Engaït y la Portella Blanca. Tomamos el segundo camino para buscar un lugar para comer. Volvemos a pillar la hora punta y, en poco tiempo, nos cruzamos con 5 caminantes.
Comemos al lado del río. La conversación toca brevemente la situación económica y política de Cataluña pero, ante la falta de motivos para el optimismo, no tardamos en buscar otro tema.
Para volver al coche, deshacemos el mismo camino pero, por algún mecanismo que no alcanzo a comprender, parece tres veces más largo que el camino de ida. Cuando llegamos al coche, hago subir a Carles delante mientras yo me pongo en el asiento de detrás para descansar. “Si Pep se duerme, ya le entretendrás tú con cuentos”, le digo.
Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 16,5 km; 570 metros de desnivel acumulado.
miércoles, 15 de agosto de 2012
2/8/2012 – Els Engorgs
Aparcamos el coche en el mismo sitio en el Campllong pero esta vez tomamos la pista que va al valle a la derecha. Pasamos al lado de prados recién segados. El camino deja la pista, ahora rotulado con el número 101. Primero es plano pero luego, entrando en el bosque de pino negro, la pendiente se hace más empinada. Suerte del relajante sonido del torrente al lado y la sombra, que ayudan a encarar la subida con filosofía.
Salimos del bosque y entramos en los prados. Vemos una impresionante oruga en un arbusto. “¿No la vas a fotografiar?” me pregunta Pep. Ante mi falta de entusiasmo, Pep me apunta con un dedo acusador. “Eso es típico de ti. Dices que te gustan las mariposas pero sólo cuando están revoloteando con esas alas tan bonitas. Cuando son gusanos, no. Dices que te gusta la montaña, pero sólo cuando hay agua, árboles, vistas bonitas y un camino despejado. Cuando se trata de subir una cuesta pelada a pleno sol, ya te echas para atrás”. Con esta lógica aplastante, no me queda más remedio que sacar la foto.
Luego consultando con mi interlocutor en el Catalan Butterfly Monitoring Scheme, me dice que es la oruga de una mariposa nocturna, el esfinge de las lechetreznas. El color tan llamativo es para avisar a todos los depredadores que es venenosa.
El camino acaba en una pleta grande con tres barracas de distintas épocas y distintos estados de conservación. A partir de aquí, subimos como podamos al lado de un desfiladero hasta empalmar con el GR que viene de Malniu.
Una última subida y tenemos a la vista el circo de Els Engorgs y el refugio libre. Las vacas y los caballos han comido la hierba y las flores y sólo queda en abundancia el acónito azul (o ‘tora’ en catalán), una planta atractiva pero mortalmente venenosa, y también millones de pequeños saltamontes que espantamos con nuestros pasos.
Pep propone hacer un rodeo detrás del refugio para visitar los lagos. Seguimos subiendo, dejando el refugio y el GR a la izquierda. En los lagos, los saltamontes son sustituidos por ranitas, invisibles hasta que se muevan. También nos acompañan los silbidos de las marmotas, alertando de nuestra presencia invasora, y alguna que se deja ver.
Hacemos un recorrido completo de los lagos, pasando por las Mulleres d’Engorgs, el Estany Llarg, el Estany de la Portella y, ya otra vez en el GR, los Estanys dels Minyons, donde almorzamos bajo la sombra de una gran roca, y detrás las cuestas rojizas y amenazadoras del Bony del Manyer. Desde hace tiempo, hay un viento bastante fuerte y frío del NO que obliga a moverse o buscar abrigo. En el GR, se ha producido una especie de hora punta y pequeños grupos de senderistas pasan delante nuestro, algunos cruzando la Portella d’Engorgs desde el Valle de la Llosa y otros viniendo en la dirección contraria desde Malniu. Tenemos una vista enorme delante nuestro, con los lagos en el primer plano.
“¿Alguna queja?”, me pregunta Pep. “Bueno, quitando la fuerte pendiente por el bosque, el trozo escalando las rocas sin camino, lo mucho que pica el sol y el viento, ninguna”, contesto.
Bajamos por el otro lado del torrente, pasando por más pletas y barracas, primero sin camino y luego empalmando nuevamente con la ruta 101 en un complejo de corrales que aprovechan un pequeño llano. Seguimos bajando hasta cruzar el río por un pequeño puente de troncos donde conectamos con la ruta de subida. Ahora, sólo nos queda deshacer el camino hasta llegar al coche.
Conduciendo de vuelta a Berga con el calor de la tarde, a Pep le empieza a entrar sueño; es el conductor y no conviene que se duerma. “Cuéntame algo, Steve”, me implora. Después de buscar desesperadamente un tema durante unos minutos, me decanto por las sangrientas ofensivas del Frente Occidental en la Primera Guerra Mundial, que le mantienen suficientemente entretenido hasta llegar a casa.
Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 14,75 km; 900 metros de desnivel acumulado.
jueves, 26 de julio de 2012
20/7/2012 – El Bony del Manyer o Crónica de una obsesión (2ª parte)
Nos cita a las 7 de la mañana. A esa hora, yo todavía no respondo a estímulos así que me pongo en el asiento de atrás para que Pep y Carles puedan hablar tranquilamente de sus pergaminos mientras yo intento recuperar un poco del sueño interrumpido. Llegamos al pueblo de Meranges pero el desvío a los Estanys, lo pasamos de largo y aparcamos en el Pla de Campllong, a la entrada de una pista que se adentra hacia Els Engorgs. “Bueno, tampoco he estado en Els Engorgs”, pienso. Pero veo que desecha esta pista y va por otra de menor entidad. “Daremos mucha vuelta si vamos por Els Engorgs”, explica Pep y me señala unas montañas rojizas detrás de un valle empinado.
Pero sus intentos de buscar un camino que sube ese valle fracasan y opta por un ataque frontal del Serrat de l’Agulló, subiendo la cuesta en línea recta, primero por un denso bosque de pino negro, luego por una zona de rocas y finalmente por otro bosque más clareado de pino negro. En resumen, más de 700 metros de desnivel de golpe. Ante mis quejas, Pep me argumenta que lo hace por mi bien. “Si hubiéramos ido por otro camino más largo, no habrías llegado hasta el final. Hemos hecho el camino más corto”.
La subida se hace más penosa por el hecho de que llevo unas piedras que recogí la semana pasada en Puymorens para llevar a mi madre y me había olvidado de sacarlas. Resisto la tentación de deshacerme de ellas, sabiendo la ilusión que le hacen esas rocas.
Al final, la infernal subida se acaba y salimos a un lomo. A la derecha se ve Els Engorgs, un circo muy atractivo partido por la mitad por un torrente que oímos incluso desde donde estamos nosotros y, al lado, la barraca que es el refugio. Y abajo a la izquierda, se ven unos prados con las ruinas de una ‘pleta’ o aprisco y unas vacas que pastan tranquilamente.
Pero nuestro destino es otro. Pep señala unos picos rojizos y pelados con 300 metros más de subida por delante. A mí no me apetece entrar en ese paisaje marciano y me planto. Al igual que en el Señor de los Anillos, se produce una división de la Comunidad: Carles y Pep continúan arriba y yo busco un flanqueo para luego bajar a la pleta, donde nos reuniremos.
Bajo cuidadosamente la cuesta hasta llegar al camino de animales que sube a otro lomo ancho desde donde podré bajar al prado. Cuando estoy subiendo, me suena el teléfono. Es Pep. “Desde aquí, vemos unas estructuras al lado de unas piedras oscuras. Estás al lado. Ves a echar un vistazo, hermoso, y de paso coge otra piedra para tu madre, que yo la quiero ver”. ‘Al lado’ quiere decir un desnivel de 100 metros y 15 minutos de subida hasta llegar a lo que parecen ser las ruinas de una barraca, un caos de piedras y algunas zanjas. Le llamo para pasar el informe y cojo una piedra.
Deshago la subida y un camino de vacas me permite evitar una zona de rocas. Finalmente, bajo una cuesta de hierba hasta llegar al prado donde están las vacas. Me pongo bajo la sombra de un pino, saco el almuerzo y me lo como todo. Lo malo es que di la cerveza a Carles para no llevar tanto peso. Si la hubiera tenido yo, también me la habría bebido toda. Después de todo lo que he aguantado, me lo merezco. Habiendo agotado todos mis recursos de entretenimiento, me estiro y dormito. Al cabo de una hora, llegan Pep y Carles. No han visto nada excepto una vista maravillosa del Estany de Calm Colomer y lo más plausible parece ser donde me envió a mí a investigar, lo que indicaría una explotación más bien marginal, nada que ver con la Mina de Puymorens.
Cuando ellos han comido, exploramos la ‘pleta’ y otra más antigua, al lado de una fuente enterrada, donde están las vacas. Iniciamos el descenso, primero siguiendo un barranco, luego un trozo de pista y finalmente, los últimos 300 metros de desnivel por una cuesta empinada por el bosque. Salimos en la pista, delante del único puente que cruza el torrente y a 200 metros del coche. “¿Qué te parece?”, me dice Pep, con una sonrisa de satisfacción. “Más preciso imposible”.
Con eso, damos por concluida la salida de hoy. La parte mía: aprox. 8,5 km; 850 metros de desnivel acumulado.
sábado, 3 de septiembre de 2011
26/8/2011 – En busca del Camino de la Sal
El 19 de agosto, yo estaba en Inglaterra pero Pep y Carles fueron a Querforadat en busca de esos esquivos caminos de la semana anterior y también para visitar el Castell de Miralles entre Querforadat y Cava. Efectivamente hay una torre medieval, con cabañas y paredes de campos más modernas. Lo que se marca como Camí Cardoner entre estos dos pueblos no convenció a Pep y atribuye los caminos y pistas a caminos de comunicación locales. Del Camí Ramader, ni rastro.
El miércoles siguiente, vuelvo de Inglaterra y al dejar el coche en el garaje, veo como escupe refrigerante hirviendo sobre el suelo. Algo le pasa al coche. El día siguiente, llamo a Jaume, mi mecánico de cabecera en Guardiola, y se lo explico. “¿No vas a caminar mañana?”, me pregunta. “Trae el coche y lo miramos”. El viernes, llevo el coche con gran nerviosismo, ya que no queda refrigerante en el radiador. Durante 30 segundos terroríficos al salir del túnel de Guardiola, la aguja de temperatura entra en la banda roja. Pep y Carles me recogen y cuento a Pep lo de la banda roja. “A ver si has quemado la culata”, me dice. Esas 7 palabras son suficientes para desencadenar un ataque de hipocondría mecánica que tardará un par de horas en calmarse.
Aparcamos el coche en el Coll de Pallers, detrás del pueblo de Estana. Vemos un camino que marcha hacia el norte pero, de momento, lo dejamos y seguimos el GR, también marcado como Camí Cardoner, hacia Querforadat. Vamos bajando por campos y luego flanqueando por bosque hasta entrar en el Prat de la Ribera.
Comienzan pistas que nos llevarán hacia Querforadat. Cerca de Querforadat, encontramos a un padre y su hija adulta que quieren hacer una ruta propuesta por una casa rural en Nas que les llevará al Prat de Cadí. Les acompañamos un rato, subiendo por las pistas, hasta que nuestra ruta se separe para subir al Coll d’Oruga. Allí, Pep ve un canal de riego sin agua y opta por seguirlo en vez de buscar un camino. Al final, un camino cruza el canal y nos separamos; yo sigo el camino con Carles y Pep continúa por el canal. Nos volvemos a encontrar en la Collada Jussana, donde hay una estela en recuerdo a un montañero. El canal continúa al oeste del Turó de Collada Jussana y acaba muriendo en una fuente seca.
Estamos en una especie de tierra de nadie debajo de la Canal Baridana y nos volvemos a separar. Yo tiro hacia la izquierda, buscando el camino que sube hacia la Canal. Esta canal la subí hace ya unos 15 años como miembro de un pequeño grupo con un guía. Era julio y hacía al menos 35 grados. Yo aún era muy urbanita y todo mi equipo había sido comprado en la cadena Coronel Tapioca; poco práctico y pesaba demasiado. Cuando nos plantamos en el embudo invertido de la canal, me parecía la entrada del infierno; 400 metros de desnivel subiendo la ‘tartera’; por cada dos metros que subía, perdía medio metro deslizando hacia abajo en las piedras. Encima, el guía tenía prisa porque había reservado mesa para nosotros en Toloriu. Como era de suponer, llegué arriba el último, extenuado; 15 minutos después, el guía ya quería bajar. Juré no subirla nunca más.
Nos volvemos a encontrar ya cerca del camino que lleva a la canal y bajamos hacia la Font de les Planes. Allí, encontramos a la misma pareja familiar, comiendo pero algo desanimados. Habían llegado a la Collada Jussana Superior pero no habían sabido encontrar el camino de flanqueo que les llevaría al Prat de Cadí sino que habían seguido las pequeñas pilas de piedras o ‘fites’ en catalán hasta llegar a la fuente. Se marchan derrotados hacia abajo. Mientras Pep y Carles buscan una pleta debajo de la fuente, yo me quedo en la sombra. Al ser el único punto de agua en los alrededores, se congrega una buena cantidad de aves pequeños que, al final, me acaban aceptando y se dejan ver.
Vuelven Pep y Carles, espantando todos los pájaros, y bajamos hacia la Collada Jussana Superior. Allí vemos claramente el camino de flanqueo hacia el Prat de Cadí pero no acabamos de ver el camino de bajada, distraídos por los restos de una barraca. Al final, vemos unas ‘fites’ que bajan por una mala cuesta. ¿Por qué tiene la gente esa manía de marcar por dónde pasan si no hay ningún camino?, me pregunto. También en la última subida hacia el camino de la Canal Baridana, había encontrado unas ‘fites’ que subían una especie de arroyo de piedras para acabar dejándome tirado en una cuesta asquerosa.
Con un flanqueo incierto, salimos finalmente a la Collada Jussana (Inferior) donde vemos el camino correcto de subida. Tras inspeccionar una pleta debajo del collado, continuamos la bajada.
Pep quiere hacer un último intento de encontrar el famoso ‘camí ramader’. Entramos en una zona de prados y giramos hacia el este por pistas. La última pista se muere y tenemos que bajar la cuesta como podemos hasta llegar al siguiente nivel de pistas, que nos lleva a una zona de artigas (ver Glosario) llamada Cul d’Hivern (sic). Allí Carles descubre una barraca con una forma circular casi perfecta desde donde se cuidaba toda esa zona y, tras recibir las felicitaciones de Pep, vemos un camino de flanqueo que sí, esta vez sí, parece bueno, ya que está casi a la misma altura que el Coll de Pallers. Sin embargo, al cabo de unos 350 metros, se muere en una fuente y nos vemos abocados a otro descenso precario hasta entrar en una red de pistas forestales debajo del Coll. Al final, dejamos las pistas y hacemos una subida nada recomendable sin camino hasta el Coll de Pallers.
Con el coche a la vista, empiezo a saborear un merecido descanso pero oigo a Pep que me llama desde detrás. Quiere subir el camino que dejamos al principio de todo y, como portador del GPS que nunca pierde la señal, reclama mi presencia. Lo seguimos unos 150 metros y damos la vuelta. Parece bueno pero tendrá que esperar otra ocasión. “Éste hace 20 kilómetros, 1.000 metros de desnivel y parece que ha ido a comprar el periódico en la esquina. Y yo, hecho un flan”, pienso indignado.
Bajando hacia Martinet, en cuanto tengo cobertura, llamo a mi mecánico. “¿Cómo está el coche?”, pregunto ansioso. “He cambiado el termostato de la bomba de agua y ahora va bien”, me contesta. “¿No se ha quemado nada?”. “Tranquilo, está todo bien. Te dejo la factura con mi hijo, que tengo que dar una clase de yoga”. ¿Un mecánico que es profesor de yoga?, dice Pep extrañado.
Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 16,7 km; 880 metros de desnivel acumulado.
lunes, 25 de octubre de 2010
21/10/2010 – Bastanist (3)
14/10/2010 – Bastanist (2)
viernes, 15 de octubre de 2010
8/10/2010 – Bastanist (1)
Dejamos el coche en el aparcamiento del santuario y ponemos rumbo al sur. El hombre del tiempo nos prometía cielo tapado como preludio a una gran borrasca que se abatiría sobre Cataluña durante los próximos días. Pero aquí hace sol y una temperatura muy agradable. Seguimos un camino que luego se junta con una pista naturalizada que entra en el valle del Riu de Bastanist. En una bifurcación, giramos a la derecha y empezamos a subir, desembocando finalmente en una zona extensa de antiguos campos dispuestos en distintos llanos, ahora conquistados totalmente por el bosque. ¿Es el Pla de la Vedella? Ninguno de los mapas que tenemos se ponen de acuerdo sobre dónde colocar los topónimos. Desde esta ‘artiga’ (ver Glosario), no hay ningún camino claro que continúa subiendo pero se puede ascender sin problemas por la cresta hasta salir en la pista del Coll de l’Estenedor donde estuvimos hace dos semanas.
Vamos bajando por la pista hacia Estana. Cuando entramos en la zona de cultivo, el paisaje se vuelve muy plácido, casi inglés.
Anotamos Can Guerra, luego las ruinas de una barraca cuyo nombre desconocemos. Allí comemos con la Borda del Poncí a la vista al otro lado del pequeño valle. Dejamos arriba a la izquierda las dos Bordas del Baster y entroncamos con el tramo del GR que va de Estana a Bastanist. Carles había grabado en su GPS el trazado del camino antiguo de Estana a Bastanist para ver si seguía el GR o si se desviaba en algún momento del camino marcado.
Llegamos a una curva de la pista a la Borda del Poncí pero la ruta marcada en el GPS de Carles parece continuar recto. Veo un camino muy marcado que baja al torrente pero luego se difumina en los prados. Al final, vemos un camino que va de llano al otro lado del torrente y a Carles le parece que puede ser el camino que tiene en su GPS. Lo seguimos.
Nuestros lectores pueden tener la impresión que somos expertos infalibles en todo lo relacionado con los caminos y este blog, con cierta dosis de ironía inglesa, puede haber alentado esta impresión. Para que vean que no es así, sigue el relato de una equivocación.
Nuestro camino va siguiendo la cuesta encima del Torrent de les Bordes, a veces se ve bien y otras veces está prácticamente perdido por la erosión. Al cabo de poco rato, vemos Bastanist detrás de un lomo al otro lado del torrente pero está claro que nuestro camino no va hacía allí y al final, se pierde del todo. “El track me marca un descenso”, dice Carles. Me asomo por la cuesta, que baja en picado por el bosque. Muy abajo, se oye el rumor del agua. “Pues no sé cómo”, pienso. Mi intuición me dice de volver atrás pero nos retrasaríamos por lo perdido del camino y viendo un punto con menos pendiente, decido probar la bajada. No tarda en volverse más empinada y hacemos un descenso incómodo, lento y nada recomendable. Creo que mi intuición fue la mejor consejera.
Pero al final llegamos abajo y, por suerte, al otro lado veo un camino muy marcado, probablemente hecho por las vacas que bajan para beber, que nos sube al viejo camino donde vemos nuevamente las marcas del GR. A partir de allí, la cosa vuelve a ser divertida. Pasamos por la borda de Cal Baster y de allí a Bastanist. El guarda del santuario ha abierto la puerta de la iglesia; entro para presentar mis respetos a la Virgen.
Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 13,4 km; 660 metros de desnivel acumulado.
sábado, 9 de octubre de 2010
1/10/2010 – El Pas de la Roca Plana
Hoy tenemos un invitado, Esteve, un amigo de Pep de los partidos de ajedrez y nativo del Berguedà pero actualmente es profesor de psicología en una de las universidades de Barcelona (no sé cuál). Desde hace unos cuantos años, se apunta a una o dos salidas al año con nosotros.
Volvemos a subir la larga pista al Prat d’Aguiló y caminamos al refugio para hacer el tramo del Camí dels Collets que nos faltaba por completar. La niebla estaba enganchada a la cresta del Cadí y allí nos íbamos a meter. Iniciamos el flanqueo hacia el Prat de l’Estenedor. En algunos puntos, el camino parece buscar el único sitio por donde se puede pasar entre las formaciones rocosas y eso me hace plantear una vez más una de nuestras eternas preguntas: ¿qué vino primero, el paso o el camino? O sea, ¿había un paso y por eso existe el camino o el paso se hizo cuando se hizo el camino?
Esteve es 11 años más joven que nosotros pero, siendo neourbanita, sube pocas montañas y pronto empieza a resoplar. Pero como buen psicólogo, conoce nuestro perfil y no tarda en sacar temas que nos hará detenernos para conversar y así puede reponer fuerzas. Y nosotros caemos gustosamente en la trampa ya que la compañía es amena.
Llegamos al Pas dels Gosolans y bajamos hacia el refugio, ahora cerrado, parando para comer en un pequeño prado soleado.
Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 10 km; 710 metros de desnivel acumulado.