Aquí relato nuestras salidas por los caminos del Berguedà y comarcas vecinas. Como lo pasamos muy bien, queremos comunicar sobre todo buen humor y alegría pero también tiene un fondo muy serio: el camino como bien patrimonial, pieza esencial para entender la historia y digno de conservación. Es nuestra misión desde hace más de 15 años.



Mostrando entradas con la etiqueta Cerdanya. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cerdanya. Mostrar todas las entradas

martes, 16 de julio de 2013

5/7/2013 – La vuelta de Tosa d’Alp


Esta semana, sin clase de música, tenemos todo el tiempo del mundo y accedo a ir a la Tosa d’Alp. Carles no viene; está siguiendo una cura anti-estrés en la playa con su familia. A ver si le funciona.
Aparcamos en el Coll de Pal. Hay un fuerte viento del norte, canalizado por el propio collado, que nos obliga a abrigarnos. Caminamos hacia el norte por el GR4, que sigue el torrente. Pep me muestra unos nidos de ametralladoras de piedra a la derecha, parte de la Línea Gutiérrez. Esta línea de defensas fue construida cuando se acababa la Segunda Guerra Mundial, a modo de Línea Maginot española, y debía formar una barrera infranqueable que frenaría cualquier intento de los Aliados de invadir España para derrocar el régimen de Franco. Nunca se llegó a completar pero debía haber surtido efecto igualmente, porque la temida invasión nunca llegó a materializarse.
Líneas eléctricas se mezclan con torres de telesillas mirando hacia el Coll de Pal
Quitando las torres de alta tensión que pasan por el Collado, es un paisaje eminentemente alpino pero al acercarnos al edificio de la estación de esquí de Coll de Pal, vemos que se han multiplicado las obras, con torres de telesillas y pistas de descenso, para conectar esta pequeña estación con la macroestación de La Molina.
Las telecabinas de La Molina
Amaina el viento y vuelve el calor pero el paisaje se va tecnificando cada vez más. Pasamos debajo de la telecabina, que está funcionando y al cabo de unos cientos de metros más, vemos la explicación. La estación ha gastado mucho dinero en modernizar sus instalaciones para todo tipo de deporte de invierno para también ha creado diversas rutas para descensos de bici y pronto vemos pequeños grupos de jóvenes bajando. La telecabina se utiliza para subirles hasta el punto de partida.
No puedo dejar de admirar este esfuerzo que ha transformado la montaña en una maravilla de la tecnología del entretenimiento al aire libre pero a Pep le sobra todo esto. Está buscando minas de hierro y manganeso. Cerca del Coll de la Mola, ve los pilas de tierra y piedra que delatan la presencia de la mina. Cuando llegamos, vemos una galería cortada en la roca que se mete bastante para adentro, aunque sólo la seguimos unos metros por falta de linterna.

Continuamos por la pista pero llega un momento que tenemos que subir. A veces por pista y a veces simplemente subiendo la cuesta, ganamos altura. Vemos los restos de bases de teleféricos, que parecen venir del Serrat de les Pedrusques.

Mirando hacia Cerdanya mientras caminamos hacia el Serrat de les Pedrusques

Hacemos 400 metros de desnivel, subiendo por instalaciones y pistas de esquí. Finalmente, llegamos a una pista transversal que marcha hacia el oeste. Empezamos a dejar atrás toda la parafernalia del esquí. Cerca del collado que marca la divisoria entre la cara norte y la cara sur, vemos una barraca de mineros y, un poco pasado el collado, un camino sigue la cara sur del Serrat de les Pedrusques hasta llegar a unas bocaminas y los restos de una barraca. Todavía se ven restos de la veta de mineral negro que los mineros debían buscar. Almorzamos en la sombra de una bocamina, con una vista enorme delante que abarca Coll de Jou, Penyes Altes, Pedraforca, Prat d’Aguiló y el comienzo del Cadí. Estas minas, Pep ya las conocía de una excursión anterior pero no había tenido tiempo para estudiarlas detenidamente.

Mirando hacia el Moixeró, con Penyes Altes, el Cadí y Pedraforca

Después de comer, continuamos por la pista hacia el Puig de la Mena, donde había otras dos minas, más pequeñas. Pero antes de llegar a la barraca de mineros bajo la Font de la Mena, Pep ve una explanada bajo la pista. Resulta ser un cargador. ¿Llegaría un teleférico aquí? Pero, ¿desde dónde? Pep se asoma y ve más abajo unos restos delatadores y un camino muy tenue que baja.
Vamos bajando, acercándonos a ese caos de barrancos que son les Muntanyetes. Grupos de rebecos nos ven y se apartan corriendo. Por fin llegamos abajo y en la roca vemos cuatro o cinco agujeros excavados y otra explanada para el teleférico de salida. Pep se emociona, sabía que le faltaban unas minas pero nunca creía que sería tan fácil encontrarlos. Le digo que es fruto de la experiencia. Está claro que hace décadas que no viene nadie por aquí.

 Vista de les minas tomada por Pep con la base del teleférico inferior en primer plano
 
Mirando hacia el Serrat Gran desde las minas
Seguimos un camino de flanqueo que va hacia la Mina de la Mena, la más importante y la más conocida, situada debajo de la barraca de mineros de la Font de la Mena. En los pasos más delicados, Pep se para y se asegura de que yo no cometa ninguna torpeza. “¿Ves cómo te cuido?”, me dice. “Como un polluelo”. No puedo negarlo, aunque creo que exagera mi fama de torpe. Sea como sea, llegamos a la barraca sin percances, e iniciamos el camino de flanqueo hacia Coma Floriu. Antiguamente, este camino era usado por los mineros para ir a Bagà y durante muchos años, después del abandono definitivo de las minas en los años 60, fue un camino desconocido para el gran público, que seguía obedientemente la ruta señalizada por la cresta hasta el refugio del Niu d’Áliga en Tosa d’Alp. Antes del pestivirus, era una buena ruta para ver grandes grupos de rebecos y aún hoy es fácil verlos.
Comafloriu desde la barraca de mineros


Y el arranque del camino en Comafloriu mirando hacia Tosa d'Alp
Luego el camino se publicó en un libro de rutas y luego en el mapa de Alpina y se popularizó, con cierto enfado por parte de los responsables del Parque de Cadí-Moixeró, que querían que se dejaran tranquilos los rebecos. Recorriendo hoy este camino, me parece notarlo erosionado en algunos tramos y me pregunto si será por desgaste natural o por el paso de gente, aunque hoy sólo estamos Pep y yo. Una hora después, ya estamos en el coche.
Imagen intemporal (quitando la torre de alta tensión)
Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 16,4 km; 680 metros de desnivel acumulado.

domingo, 2 de septiembre de 2012

24/8/2012 – Vall de la Llosa

Ya van tres semanas que no hemos podido salir por el intenso calor pero esta semana, el hombre del tiempo por fin nos dice que el calor empezará a remitir.

Pep nos había hablado de una fragua de mineral de hierro a la entrada del Vall de la Llosa. Yo había subido ese valle hace unos 10 años, precisamente con Pep y algunos más, pero sólo recordaba bien el castillo y la Cabaña dels Esparvers al final. Me hacía ilusión volver a hacer esta ruta y, si era posible, llegar hasta la Portella Blanca, ya que nunca había estado allí.

Aparcamos el coche en el último aparcamiento gratuito en la pista polvorienta entre Viliella y Cal Jan, donde te dejan aparcar en la era por 2 euros. Andamos un kilómetro hasta Cal Jan y, a partir de aquí, iniciamos la subida. Dejamos las ruinas del castillo a la izquierda.

 Cal Jan; la última casa habitada antes de pasar la Portella Blanca

El castillo de la Llosa y la iglesia de la Mare de Deu dels Angels (izquierda) con el sol de la mañana. Al fondo, el Cadí

Aunque voy al gimnasio, acuso las 3 semanas sin hacer rutas largas y empiezo a sudar. Pep y Carles se mantienen unos 100 metros por delante de mí, hablando de sus cosas. Sólo me esperan cuando salen de la ruta.

Nada más iniciar la ruta, Carles y Pep me dejan atrás, absortos en sus archivos y documentos

Un rostro inquietante nos observa desde la Barraca de la Farga

El agua baja con brío por el Riu de la Llosa pero que nadie se engañe. Aquí hay una sequía pertinaz. La hierba es amarilla, con una estrecha franja verde que marca el curso de los torrentes y riachuelos. Me recuerda el mapa del Nilo en mi atlas: una cinta verde con el amarillo del desierto a cada lado.
Entramos en una zona de prados con restos de cabañas, corrales o establos. Pep se desvía de la pista y, detrás de los corrales, encontramos escoria del mineral cocido, y detrás de esto, muros de la antigua fragua y canales que traían agua del río. Recojo muestras para la colección geológica de mi madre.

Los establos o corrales cerca de la fragua. Se ve claramente la estrecha franja de verde que marca el curso del arroyo

Seguimos restos de antiguos caminos que siguen el curso del río. Da gusto ver un poco de verde pero el último camino acaba en una carbonera, lo que obliga a emprender una dura subida hasta llegar otra vez a la pista principal.

Llegando a la Barraca de l'Isidro, Pep y Carles siguen absortos en su conversación. En el fondo, el Bony d'Engaït

Entramos en otra zona de prados, pasamos la Barraca de l’Isidro y allí se acaba la pista y continúa un sendero. Miro el altímetro; todavía quedan 500 metros de desnivel hasta la Portella Blanca. Las fuerzas me flaquean. “No podré llegar hasta la Portella Blanca”, le digo a Pep. “Pues menos mal que vas al gimnasio”, me replica Pep irónicamente. Carles, siempre discreto, calla, pero me confiesa el día siguiente que ya le fue bien acortar la ruta.

La Barraca dels Esparvers

Llegamos a las cabañas dels Esparvers, situadas en unos prados resecos. Aquí hay una división de caminos, uno a Vallcivera y otro al riu d’Engaït y la Portella Blanca. Tomamos el segundo camino para buscar un lugar para comer. Volvemos a pillar la hora punta y, en poco tiempo, nos cruzamos con 5 caminantes.

Confluencia de caminantes en la hora punta de mediodía. Se formó un atasco monumental en el poste indicador.

Comemos al lado del río. La conversación toca brevemente la situación económica y política de Cataluña pero, ante la falta de motivos para el optimismo, no tardamos en buscar otro tema.

Para volver al coche, deshacemos el mismo camino pero, por algún mecanismo que no alcanzo a comprender, parece tres veces más largo que el camino de ida. Cuando llegamos al coche, hago subir a Carles delante mientras yo me pongo en el asiento de detrás para descansar. “Si Pep se duerme, ya le entretendrás tú con cuentos”, le digo.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 16,5 km; 570 metros de desnivel acumulado.

miércoles, 15 de agosto de 2012

2/8/2012 – Els Engorgs

Pep está aquí otra vez pero de momento no tiene agenda minera y magnánimamente nos da libre elección del lugar. Desde la última vez que estuvimos en la Cerdanya, nos han quedado ganas de conocer Els Engorgs y le pedimos que nos organice una ruta turística por esa zona.

Aparcamos el coche en el mismo sitio en el Campllong pero esta vez tomamos la pista que va al valle a la derecha. Pasamos al lado de prados recién segados. El camino deja la pista, ahora rotulado con el número 101. Primero es plano pero luego, entrando en el bosque de pino negro, la pendiente se hace más empinada. Suerte del relajante sonido del torrente al lado y la sombra, que ayudan a encarar la subida con filosofía.

Una pequeña cascada casi fuera del bosque

Entrando en los prados

Salimos del bosque y entramos en los prados. Vemos una impresionante oruga en un arbusto. “¿No la vas a fotografiar?” me pregunta Pep. Ante mi falta de entusiasmo, Pep me apunta con un dedo acusador. “Eso es típico de ti. Dices que te gustan las mariposas pero sólo cuando están revoloteando con esas alas tan bonitas. Cuando son gusanos, no. Dices que te gusta la montaña, pero sólo cuando hay agua, árboles, vistas bonitas y un camino despejado. Cuando se trata de subir una cuesta pelada a pleno sol, ya te echas para atrás”. Con esta lógica aplastante, no me queda más remedio que sacar la foto.

La oruga del esfinge de las lechetreznas. ¡A que es guapa!

Luego consultando con mi interlocutor en el Catalan Butterfly Monitoring Scheme, me dice que es la oruga de una mariposa nocturna, el esfinge de las lechetreznas. El color tan llamativo es para avisar a todos los depredadores que es venenosa.

El camino acaba en una pleta grande con tres barracas de distintas épocas y distintos estados de conservación. A partir de aquí, subimos como podamos al lado de un desfiladero hasta empalmar con el GR que viene de Malniu.

La gran barraca de la pleta

Y una vista de la subida

Una última subida y tenemos a la vista el circo de Els Engorgs y el refugio libre. Las vacas y los caballos han comido la hierba y las flores y sólo queda en abundancia el acónito azul (o ‘tora’ en catalán), una planta atractiva pero mortalmente venenosa, y también millones de pequeños saltamontes que espantamos con nuestros pasos.

Pep propone hacer un rodeo detrás del refugio para visitar los lagos. Seguimos subiendo, dejando el refugio y el GR a la izquierda. En los lagos, los saltamontes son sustituidos por ranitas, invisibles hasta que se muevan. También nos acompañan los silbidos de las marmotas, alertando de nuestra presencia invasora, y alguna que se deja ver.

Esta rana pensaba que estaría invisible sobre las rocas

Hacemos un recorrido completo de los lagos, pasando por las Mulleres d’Engorgs, el Estany Llarg, el Estany de la Portella y, ya otra vez en el GR, los Estanys dels Minyons, donde almorzamos bajo la sombra de una gran roca, y detrás las cuestas rojizas y amenazadoras del Bony del Manyer. Desde hace tiempo, hay un viento bastante fuerte y frío del NO que obliga a moverse o buscar abrigo. En el GR, se ha producido una especie de hora punta y pequeños grupos de senderistas pasan delante nuestro, algunos cruzando la Portella d’Engorgs desde el Valle de la Llosa y otros viniendo en la dirección contraria desde Malniu. Tenemos una vista enorme delante nuestro, con los lagos en el primer plano.

 El Estany Llarg

Y una parte de la vista desde nuestro comedor

“¿Alguna queja?”, me pregunta Pep. “Bueno, quitando la fuerte pendiente por el bosque, el trozo escalando las rocas sin camino, lo mucho que pica el sol y el viento, ninguna”, contesto.

Bajamos por el otro lado del torrente, pasando por más pletas y barracas, primero sin camino y luego empalmando nuevamente con la ruta 101 en un complejo de corrales que aprovechan un pequeño llano. Seguimos bajando hasta cruzar el río por un pequeño puente de troncos donde conectamos con la ruta de subida. Ahora, sólo nos queda deshacer el camino hasta llegar al coche.

Los corrales donde arrancaba nuestro camino de bajada

Conduciendo de vuelta a Berga con el calor de la tarde, a Pep le empieza a entrar sueño; es el conductor y no conviene que se duerma. “Cuéntame algo, Steve”, me implora. Después de buscar desesperadamente un tema durante unos minutos, me decanto por las sangrientas ofensivas del Frente Occidental en la Primera Guerra Mundial, que le mantienen suficientemente entretenido hasta llegar a casa.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 14,75 km; 900 metros de desnivel acumulado.

jueves, 26 de julio de 2012

20/7/2012 – El Bony del Manyer o Crónica de una obsesión (2ª parte)

Le quedaba a Pep una mina por investigar, el Bony del Manyer cerca del Engorgs en el norte de la Cerdanya. Los documentos hablan de una explotación minera allí pero hasta hora nadie ha podido decir con certeza dónde estaba. “Hay que ir a Meranges”, me dice por teléfono, y me viene a la cabeza la imagen de los Estanys de Malniu, donde no había estado nunca.


Nos cita a las 7 de la mañana. A esa hora, yo todavía no respondo a estímulos así que me pongo en el asiento de atrás para que Pep y Carles puedan hablar tranquilamente de sus pergaminos mientras yo intento recuperar un poco del sueño interrumpido. Llegamos al pueblo de Meranges pero el desvío a los Estanys, lo pasamos de largo y aparcamos en el Pla de Campllong, a la entrada de una pista que se adentra hacia Els Engorgs. “Bueno, tampoco he estado en Els Engorgs”, pienso. Pero veo que desecha esta pista y va por otra de menor entidad. “Daremos mucha vuelta si vamos por Els Engorgs”, explica Pep y me señala unas montañas rojizas detrás de un valle empinado.

Foto tomada nada más salir del coche, cuando aún no sabía qué me iba a deparar el futuro. A la derecha, el valle que lleva a Els Engorgs. Desde el centro hacia la izquierda, el Serrat de l'Agulló, que íbamos a subir hasta arriba.

Pla de Campllong, mirando hacia el sur. En el fondo, Tosa d'Alp

Pero sus intentos de buscar un camino que sube ese valle fracasan y opta por un ataque frontal del Serrat de l’Agulló, subiendo la cuesta en línea recta, primero por un denso bosque de pino negro, luego por una zona de rocas y finalmente por otro bosque más clareado de pino negro. En resumen, más de 700 metros de desnivel de golpe. Ante mis quejas, Pep me argumenta que lo hace por mi bien. “Si hubiéramos ido por otro camino más largo, no habrías llegado hasta el final. Hemos hecho el camino más corto”.
La subida se hace más penosa por el hecho de que llevo unas piedras que recogí la semana pasada en Puymorens para llevar a mi madre y me había olvidado de sacarlas. Resisto la tentación de deshacerme de ellas, sabiendo la ilusión que le hacen esas rocas.

 Els Engorgs

Vista con zoom. La mancha roja es el tejado del refugio

Al final, la infernal subida se acaba y salimos a un lomo. A la derecha se ve Els Engorgs, un circo muy atractivo partido por la mitad por un torrente que oímos incluso desde donde estamos nosotros y, al lado, la barraca que es el refugio. Y abajo a la izquierda, se ven unos prados con las ruinas de una ‘pleta’ o aprisco y unas vacas que pastan tranquilamente.

Las ruinas de la pleta. Adosado, se ve el dibujo circular de una posible barraca

Pero nuestro destino es otro. Pep señala unos picos rojizos y pelados con 300 metros más de subida por delante. A mí no me apetece entrar en ese paisaje marciano y me planto. Al igual que en el Señor de los Anillos, se produce una división de la Comunidad: Carles y Pep continúan arriba y yo busco un flanqueo para luego bajar a la pleta, donde nos reuniremos.

Ante esta vista, yo me negué a seguir subiendo. Cogí el camino que se ve más a la izquierda para subir al llano de hierba. La posible zona minera es la roca oscura a la derecha

Bajo cuidadosamente la cuesta hasta llegar al camino de animales que sube a otro lomo ancho desde donde podré bajar al prado. Cuando estoy subiendo, me suena el teléfono. Es Pep. “Desde aquí, vemos unas estructuras al lado de unas piedras oscuras. Estás al lado. Ves a echar un vistazo, hermoso, y de paso coge otra piedra para tu madre, que yo la quiero ver”. ‘Al lado’ quiere decir un desnivel de 100 metros y 15 minutos de subida hasta llegar a lo que parecen ser las ruinas de una barraca, un caos de piedras y algunas zanjas. Le llamo para pasar el informe y cojo una piedra.

Lo que posiblemente fue la barraca de los mineros

Deshago la subida y un camino de vacas me permite evitar una zona de rocas. Finalmente, bajo una cuesta de hierba hasta llegar al prado donde están las vacas. Me pongo bajo la sombra de un pino, saco el almuerzo y me lo como todo. Lo malo es que di la cerveza a Carles para no llevar tanto peso. Si la hubiera tenido yo, también me la habría bebido toda. Después de todo lo que he aguantado, me lo merezco. Habiendo agotado todos mis recursos de entretenimiento, me estiro y dormito. Al cabo de una hora, llegan Pep y Carles. No han visto nada excepto una vista maravillosa del Estany de Calm Colomer y lo más plausible parece ser donde me envió a mí a investigar, lo que indicaría una explotación más bien marginal, nada que ver con la Mina de Puymorens.

Cuando ellos han comido, exploramos la ‘pleta’ y otra más antigua, al lado de una fuente enterrada, donde están las vacas. Iniciamos el descenso, primero siguiendo un barranco, luego un trozo de pista y finalmente, los últimos 300 metros de desnivel por una cuesta empinada por el bosque. Salimos en la pista, delante del único puente que cruza el torrente y a 200 metros del coche. “¿Qué te parece?”, me dice Pep, con una sonrisa de satisfacción. “Más preciso imposible”.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. La parte mía: aprox. 8,5 km; 850 metros de desnivel acumulado.

sábado, 3 de septiembre de 2011

26/8/2011 – En busca del Camino de la Sal

El 11 de agosto, Pep y yo fuimos a Ansovell en el Alt Urgell. Los mapas antiguos marcaban un Camí Cardoner que supuestamente traía la sal de Cardona a esta parte del Cadí. Un plafón cerca del Santuario de Boscalt muestra una raya negra como Camí Cardoner y otra raya paralela pero a mayor altitud como Camí Ramader o camino pecuario. Tras caminar durante todo el día, las conclusiones fueron: el Camí Cardoner es ahora una ruta de BTT compuesta mayormente por pistas forestales modernas con algún tramo residual de camino de cierta categoría. Del Camí Ramader, ni rastro. A pesar del paisaje espectacular, me marché de allí con una sensación de engaño.

El plafón de los enredos. Abajo de todo se ve el trazado del supuesto "camí ramader" y un poco más arriba y paralelo, el "camí cardoner"

El Santuario de Boscalt

 Un detalle de la muralla del Cadí

Una de las pocas cosas positivas de aquella jornada: frambuesas silvestres

El 19 de agosto, yo estaba en Inglaterra pero Pep y Carles fueron a Querforadat en busca de esos esquivos caminos de la semana anterior y también para visitar el Castell de Miralles entre Querforadat y Cava. Efectivamente hay una torre medieval, con cabañas y paredes de campos más modernas. Lo que se marca como Camí Cardoner entre estos dos pueblos no convenció a Pep y atribuye los caminos y pistas a caminos de comunicación locales. Del Camí Ramader, ni rastro.

El miércoles siguiente, vuelvo de Inglaterra y al dejar el coche en el garaje, veo como escupe refrigerante hirviendo sobre el suelo. Algo le pasa al coche. El día siguiente, llamo a Jaume, mi mecánico de cabecera en Guardiola, y se lo explico. “¿No vas a caminar mañana?”, me pregunta. “Trae el coche y lo miramos”. El viernes, llevo el coche con gran nerviosismo, ya que no queda refrigerante en el radiador. Durante 30 segundos terroríficos al salir del túnel de Guardiola, la aguja de temperatura entra en la banda roja. Pep y Carles me recogen y cuento a Pep lo de la banda roja. “A ver si has quemado la culata”, me dice. Esas 7 palabras son suficientes para desencadenar un ataque de hipocondría mecánica que tardará un par de horas en calmarse.

Aparcamos el coche en el Coll de Pallers, detrás del pueblo de Estana. Vemos un camino que marcha hacia el norte pero, de momento, lo dejamos y seguimos el GR, también marcado como Camí Cardoner, hacia Querforadat. Vamos bajando por campos y luego flanqueando por bosque hasta entrar en el Prat de la Ribera.

Caminando por el bosque hacia Querforadat

Vista de Querforadat

Comienzan pistas que nos llevarán hacia Querforadat. Cerca de Querforadat, encontramos a un padre y su hija adulta que quieren hacer una ruta propuesta por una casa rural en Nas que les llevará al Prat de Cadí. Les acompañamos un rato, subiendo por las pistas, hasta que nuestra ruta se separe para subir al Coll d’Oruga. Allí, Pep ve un canal de riego sin agua y opta por seguirlo en vez de buscar un camino. Al final, un camino cruza el canal y nos separamos; yo sigo el camino con Carles y Pep continúa por el canal. Nos volvemos a encontrar en la Collada Jussana, donde hay una estela en recuerdo a un montañero. El canal continúa al oeste del Turó de Collada Jussana y acaba muriendo en una fuente seca.

Estamos en una especie de tierra de nadie debajo de la Canal Baridana y nos volvemos a separar. Yo tiro hacia la izquierda, buscando el camino que sube hacia la Canal. Esta canal la subí hace ya unos 15 años como miembro de un pequeño grupo con un guía. Era julio y hacía al menos 35 grados. Yo aún era muy urbanita y todo mi equipo había sido comprado en la cadena Coronel Tapioca; poco práctico y pesaba demasiado. Cuando nos plantamos en el embudo invertido de la canal, me parecía la entrada del infierno; 400 metros de desnivel subiendo la ‘tartera’; por cada dos metros que subía, perdía medio metro deslizando hacia abajo en las piedras. Encima, el guía tenía prisa porque había reservado mesa para nosotros en Toloriu. Como era de suponer, llegué arriba el último, extenuado; 15 minutos después, el guía ya quería bajar. Juré no subirla nunca más.

La temida Canal de Baridana

Nos volvemos a encontrar ya cerca del camino que lleva a la canal y bajamos hacia la Font de les Planes. Allí, encontramos a la misma pareja familiar, comiendo pero algo desanimados. Habían llegado a la Collada Jussana Superior pero no habían sabido encontrar el camino de flanqueo que les llevaría al Prat de Cadí sino que habían seguido las pequeñas pilas de piedras o ‘fites’ en catalán hasta llegar a la fuente. Se marchan derrotados hacia abajo. Mientras Pep y Carles buscan una pleta debajo de la fuente, yo me quedo en la sombra. Al ser el único punto de agua en los alrededores, se congrega una buena cantidad de aves pequeños que, al final, me acaban aceptando y se dejan ver.

Detalle del Cadí desde la Font de les Planes

Vuelven Pep y Carles, espantando todos los pájaros, y bajamos hacia la Collada Jussana Superior. Allí vemos claramente el camino de flanqueo hacia el Prat de Cadí pero no acabamos de ver el camino de bajada, distraídos por los restos de una barraca. Al final, vemos unas ‘fites’ que bajan por una mala cuesta. ¿Por qué tiene la gente esa manía de marcar por dónde pasan si no hay ningún camino?, me pregunto. También en la última subida hacia el camino de la Canal Baridana, había encontrado unas ‘fites’ que subían una especie de arroyo de piedras para acabar dejándome tirado en una cuesta asquerosa.

Con un flanqueo incierto, salimos finalmente a la Collada Jussana (Inferior) donde vemos el camino correcto de subida. Tras inspeccionar una pleta debajo del collado, continuamos la bajada.

La estela en la Collada Jussana con el Cadí de fondo

Pep quiere hacer un último intento de encontrar el famoso ‘camí ramader’. Entramos en una zona de prados y giramos hacia el este por pistas. La última pista se muere y tenemos que bajar la cuesta como podemos hasta llegar al siguiente nivel de pistas, que nos lleva a una zona de artigas (ver Glosario) llamada Cul d’Hivern (sic). Allí Carles descubre una barraca con una forma circular casi perfecta desde donde se cuidaba toda esa zona y, tras recibir las felicitaciones de Pep, vemos un camino de flanqueo que sí, esta vez sí, parece bueno, ya que está casi a la misma altura que el Coll de Pallers. Sin embargo, al cabo de unos 350 metros, se muere en una fuente y nos vemos abocados a otro descenso precario hasta entrar en una red de pistas forestales debajo del Coll. Al final, dejamos las pistas y hacemos una subida nada recomendable sin camino hasta el Coll de Pallers.

Con el coche a la vista, empiezo a saborear un merecido descanso pero oigo a Pep que me llama desde detrás. Quiere subir el camino que dejamos al principio de todo y, como portador del GPS que nunca pierde la señal, reclama mi presencia. Lo seguimos unos 150 metros y damos la vuelta. Parece bueno pero tendrá que esperar otra ocasión. “Éste hace 20 kilómetros, 1.000 metros de desnivel y parece que ha ido a comprar el periódico en la esquina. Y yo, hecho un flan”, pienso indignado.

Bajando hacia Martinet, en cuanto tengo cobertura, llamo a mi mecánico. “¿Cómo está el coche?”, pregunto ansioso. “He cambiado el termostato de la bomba de agua y ahora va bien”, me contesta. “¿No se ha quemado nada?”. “Tranquilo, está todo bien. Te dejo la factura con mi hijo, que tengo que dar una clase de yoga”. ¿Un mecánico que es profesor de yoga?, dice Pep extrañado.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 16,7 km; 880 metros de desnivel acumulado.

lunes, 25 de octubre de 2010

21/10/2010 – Bastanist (3)

Este jueves, tampoco pude ir. Quedé con Josep María para el día siguiente. Carles y Pep volvieron a Bastanist, ya por última vez este año y buscaron los caminos a Bescarán. Subieron primero por el torrente de Bescarán en un camino muy tapado. Luego el camino fue alejando del torrente haciendo curvas hasta llegar a las ruinas de la casa. De ahí siguieron un camino de flanqueo de gran belleza paisajística por las rocas que fue enlazando prados y cruzó el Serrat de Bartulló. “Un camino espectacular”, me dijo Pep nada más volver a casa para darme envidia. Desde el Serrat, el camino bajó hasta llegar al GR que va de Bastanist a Montellà, cerca de la casa de Les Valls y de allí, siguieron el GR hasta Bastanist.

La casa de Les Valls, mirando hacia Estana

14/10/2010 – Bastanist (2)

Esta semana he ido a Inglaterra. Carles y Pep volvieron a Bastanist para acabar de aclarar el camino antiguo a Estana. Al llegar al Torrent de l’Infern, el camino se separó del GR y acabaron llegando otra vez a Cal Guerra y de ahí siguieron un camino paralelo al torrente que les dejó en la pista del Coll de l’Estenedor delante del camino tan maravilloso que descubrimos el 23 de septiembre. Evidentemente, allí se produce una división de caminos: a la derecha hacia Estana y a la izquierda hacia el Cadí. Por las Bordas del Baster, subieron a Estana y luego bajaron por caminos hasta una curva en la carretera desde Montellà. Volvieron a la Borda del Ponçi y de allí a otra borda llamada Cal Tulla situada en un lomo encima de Bastanist y luego a Bastanist.

viernes, 15 de octubre de 2010

8/10/2010 – Bastanist (1)

Hoy Pep no puede venir y me toca una vez más hacer de monitor para Carles y Josep María. Pep me dio instrucciones para buscar el camino de Bastanist al Coll de l’Estenedor e inspeccionar las bordas entre Estana y Bastanist.

Dejamos el coche en el aparcamiento del santuario y ponemos rumbo al sur. El hombre del tiempo nos prometía cielo tapado como preludio a una gran borrasca que se abatiría sobre Cataluña durante los próximos días. Pero aquí hace sol y una temperatura muy agradable. Seguimos un camino que luego se junta con una pista naturalizada que entra en el valle del Riu de Bastanist. En una bifurcación, giramos a la derecha y empezamos a subir, desembocando finalmente en una zona extensa de antiguos campos dispuestos en distintos llanos, ahora conquistados totalmente por el bosque. ¿Es el Pla de la Vedella? Ninguno de los mapas que tenemos se ponen de acuerdo sobre dónde colocar los topónimos. Desde esta ‘artiga’ (ver Glosario), no hay ningún camino claro que continúa subiendo pero se puede ascender sin problemas por la cresta hasta salir en la pista del Coll de l’Estenedor donde estuvimos hace dos semanas.
Vamos bajando por la pista hacia Estana. Cuando entramos en la zona de cultivo, el paisaje se vuelve muy plácido, casi inglés.


Bajando por la pista

Anotamos Can Guerra, luego las ruinas de una barraca cuyo nombre desconocemos. Allí comemos con la Borda del Poncí a la vista al otro lado del pequeño valle. Dejamos arriba a la izquierda las dos Bordas del Baster y entroncamos con el tramo del GR que va de Estana a Bastanist. Carles había grabado en su GPS el trazado del camino antiguo de Estana a Bastanist para ver si seguía el GR o si se desviaba en algún momento del camino marcado.
Llegamos a una curva de la pista a la Borda del Poncí pero la ruta marcada en el GPS de Carles parece continuar recto. Veo un camino muy marcado que baja al torrente pero luego se difumina en los prados. Al final, vemos un camino que va de llano al otro lado del torrente y a Carles le parece que puede ser el camino que tiene en su GPS. Lo seguimos.

Nuestros lectores pueden tener la impresión que somos expertos infalibles en todo lo relacionado con los caminos y este blog, con cierta dosis de ironía inglesa, puede haber alentado esta impresión. Para que vean que no es así, sigue el relato de una equivocación.
Nuestro camino va siguiendo la cuesta encima del Torrent de les Bordes, a veces se ve bien y otras veces está prácticamente perdido por la erosión. Al cabo de poco rato, vemos Bastanist detrás de un lomo al otro lado del torrente pero está claro que nuestro camino no va hacía allí y al final, se pierde del todo. “El track me marca un descenso”, dice Carles. Me asomo por la cuesta, que baja en picado por el bosque. Muy abajo, se oye el rumor del agua. “Pues no sé cómo”, pienso. Mi intuición me dice de volver atrás pero nos retrasaríamos por lo perdido del camino y viendo un punto con menos pendiente, decido probar la bajada. No tarda en volverse más empinada y hacemos un descenso incómodo, lento y nada recomendable. Creo que mi intuición fue la mejor consejera.
Pero al final llegamos abajo y, por suerte, al otro lado veo un camino muy marcado, probablemente hecho por las vacas que bajan para beber, que nos sube al viejo camino donde vemos nuevamente las marcas del GR. A partir de allí, la cosa vuelve a ser divertida. Pasamos por la borda de Cal Baster y de allí a Bastanist. El guarda del santuario ha abierto la puerta de la iglesia; entro para presentar mis respetos a la Virgen.

Interior del santuario de Bastanist

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 13,4 km; 660 metros de desnivel acumulado.

sábado, 9 de octubre de 2010

1/10/2010 – El Pas de la Roca Plana

Nuestros lectores recordarán que la semana anterior, Pep y yo estuvimos comiendo en el Prat de l’Estenedor frente al Pas de la Roca Plana. Ninguno de los dos lo habíamos subido y aunque estaba marcado en el Alpina, yo me resistía a probarlo. Sin embargo, desde el Prat de l’Estenedor, me parecía más asequible y accedí a subirlo la próxima semana.

Hoy tenemos un invitado, Esteve, un amigo de Pep de los partidos de ajedrez y nativo del Berguedà pero actualmente es profesor de psicología en una de las universidades de Barcelona (no sé cuál). Desde hace unos cuantos años, se apunta a una o dos salidas al año con nosotros.


Volvemos a subir la larga pista al Prat d’Aguiló y caminamos al refugio para hacer el tramo del Camí dels Collets que nos faltaba por completar. La niebla estaba enganchada a la cresta del Cadí y allí nos íbamos a meter. Iniciamos el flanqueo hacia el Prat de l’Estenedor. En algunos puntos, el camino parece buscar el único sitio por donde se puede pasar entre las formaciones rocosas y eso me hace plantear una vez más una de nuestras eternas preguntas: ¿qué vino primero, el paso o el camino? O sea, ¿había un paso y por eso existe el camino o el paso se hizo cuando se hizo el camino?




El Camí dels Collets

Con esos pensamientos, voy cruzando torrentes, pedregales (tarteras en catalán) y pequeños collados hasta llegar al Prat de l’Estenedor. Delante, el Pas de la Roca Plana, perdido en la niebla. Iniciamos la subida por la cresta.

Esteve es 11 años más joven que nosotros pero, siendo neourbanita, sube pocas montañas y pronto empieza a resoplar. Pero como buen psicólogo, conoce nuestro perfil y no tarda en sacar temas que nos hará detenernos para conversar y así puede reponer fuerzas. Y nosotros caemos gustosamente en la trampa ya que la compañía es amena.


Entramos en la niebla debajo de la Roca Plana

Salimos del bosque y vamos subiendo como podemos por la cuesta. Cruzamos una pequeña ‘tartera’ y entramos en un pequeño valle que en el mapa tiene el nombre de Prat Sistrer, aunque de prado tiene muy poco. La niebla a veces se levanta y a veces baja, ofreciéndonos vistas de gran belleza o totalmente fantasmagóricas. A la entrada del valle, una cruz de madera nos parece advertir de los peligros que nos esperan si continuamos.

La cruz de madera

Desoyendo el consejo, continuamos por una fuerte pendiente hasta salir a una cresta. Seguimos la cresta hasta llegar a la pared. Ahora tocará escalar; no tiene ninguna dificultad técnica y alguna alma caritativa ha puesto pequeños montículos de piedras que nos guían certeramente pero yo no soy ningún escalador. Intento no pensar en lo que podría pasar si diera un paso en falso o me enredara con mi palo y me centro en seguir las botas de Esteve. Como todo en este mundo, la escalada se acaba y sólo nos queda un flanqueo para llegar al hueco entre dos cimas que es el Pas de la Roca Plana.

Casi estamos arriba

El último flanqueo al Pas de la Roca Plana
Un Pep exultante

Tras saborear el triunfo, emprendemos nuevamente la subida hacia el Pas dels Gosolans, caminando justo debajo de la cresta del Cadí. Estamos en el municipio berguedano de Gisclareny, en el enclave de Cortils. A medida que ganamos altura, se abre la vista de toda la zona de prados, con la cabaña de Cortils abajo, y detrás, la Serra Pedregosa, y detrás, la cara norte de Pedraforca.


La Coma dels Cortils


La cara norte de Pedraforca

El Gat

Cruces de hierro cerca del Pas dels Gosolans

Las veces que había estado en esta parte del Cadí, había venido desde el Pas dels Gosolans o desde Comabona, nunca desde aquí, y las perspectivas son totalmente inéditas para mí.

Llegamos al Pas dels Gosolans y bajamos hacia el refugio, ahora cerrado, parando para comer en un pequeño prado soleado.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 10 km; 710 metros de desnivel acumulado.