Aquí relato nuestras salidas por los caminos del Berguedà y comarcas vecinas. Como lo pasamos muy bien, queremos comunicar sobre todo buen humor y alegría pero también tiene un fondo muy serio: el camino como bien patrimonial, pieza esencial para entender la historia y digno de conservación. Es nuestra misión desde hace más de 15 años.



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sábado, 26 de diciembre de 2020

26/11/2020 – Espinagalls y el Castillo de Roset

Toca cambiar de zona y resulta que Carles tiene inquietudes por conocer la zona detrás de Vilada. Concretamente, nunca ha estado en la casa de Espinagalls. Por lo tanto, Pep propone una ruta que incluya esta casa y el cercano castillo de Roset. Cuando añade que no tiene fotos de la casa, no puedo ocultar un pequeño gesto de sorpresa.

Aparcamos el coche en una pequeña explanada delante de la iglesia. Hace un día nublado pero no especialmente frío. Ha cambiado el viento y trae agua desde el Mediterráneo, pero aquí no lloverá, al menos hoy.

Ponemos rumbo al camino del agua. Es un camino que marca por donde se ha pasado un tubo desde la Font de l’Arç gasta un depósito encima del pueblo. Nos desviamos para visitar la casa de Cap de la Vinya. Con las vistas que tiene del pueblo y de la sierra de Picancel, cuesta entender porqué no hay un chalet o un bloque de apartamentos aquí en lugar de esta casa abandonada y tapiada. Pero una explicación, seguro que la hay. 


Vista de Vilada y Picancel desde Cap de la Vinya

Continuamos hacia el norte. Este camino, ahora señalizado, se ha ido transformando desde que lo descubrí por primera vez hace más de 20 años. Ahora hay más secciones de pista y también se ha cambiado el tubo, con la consiguiente excavación y relleno.

Con la mirada científica de Pep, ahora resulta que esos caminos que parecen marcharse al bosque y que yo nunca había intentado explicar, en realidad son las eses del antiguo canal al aire libre que se hicieron para frenar la velocidad de descenso del agua y así evitar que llegara descontrolada al pueblo.


La Creu de Roset 

En la división de caminos pasada la Creu de Roset, ponemos rumbo a la casa de Espinagalls. Al cruzar la pista que va a Cal Llebre, Pep sube por el camino central que va a la casa, mientras Carles y yo subimos por otro menos marcado que está situado más hacia el oeste. Yo pensaba que los dos caminos llevarían a la casa, pero resulta que el nuestro sale a una especie de promontorio con vistas al castillo de Roset y la Gotzera y, en medio de un pequeño llano, un cuadrado inconfundible identifica un edificio antiguo y que yo desconocía por completo.

Carles llama a Pep para comunicarle este extraordinario hallazgo. Pep está esperándonos en la casa para mostrar a Carles todas sus características, pero accede a reunirse con nosotros. “Es la casa antigua”, dice unos minutos después. Y empieza a sacar fotos, ya que ésta era la casa de la que no tenía fotos.


Espinagalls Vell

Ahora es tarde para volver a la casa nueva y ponemos rumbo al castillo. Tras explorar algunos caminos menores, llegamos a la Font de l’Arç, de la que nunca sale agua a no ser que haya llovido muchísimo, porque está canalizado hacia Vilada. Aquí decidimos comer. 


La Font de l'Arç

Juego de reflejos en el arroyo al lado de la fuente 

Pep explica que una vez, un compañero suyo tuvo que volver rápido a casa y, bajando el barranco desde la fuente, encontraron un camino que les llevó directamente a la casa de Roset. Yo tampoco había bajado por ese barranco, aunque sí había oído algo de un camino, y accedemos a probarlo.

Nos desplazamos un poco más hacia el castillo para bajar por algunos antiguos campos. Aquí todo tiene un aire fantasmagórico, con altas paredes de piedra seca cubiertas de musgo. Cuando acaban los campos, nos vemos obligados a bajar por la pendiente suave del lecho de la riera, actualmente seca. 


Campos abandonados hace muchas décadas bajo la Font de l'Arç

El lecho de la riera en el punto donde lo cruza el camino

Tras unas curvas, vemos el camino de Pep que marcha hacia la izquierda. Unos troncos cruzados sobre el lecho nos avisan del peligro de seguir bajando por la riera. Sin embargo, mirando hacia la derecha, vemos que el camino tiene continuidad y Pep propone subirlo, para avanzar la ciencia un paso más. El camino asciende con fuerte pendiente, con eses muy cerradas. Pep y Carles aprietan el ritmo y subimos rápido. De hecho, estamos subiendo el cerro del castillo. Hacemos una pausa en un pequeño claro, donde se ve otro camino que seguramente bajaba al pueblo medieval de Echilans, al pie del cerro.


El arranque del camino hacia el Castillo de Roset desde la riera

Con la pendiente y la velocidad de subida, noto que me estoy acercando a mi límite. Pero aún quedan 30 metros de subida, bordeando el precipicio, hasta llegar al castillo. Mientras Pep comenta tranquilamente algunos detalles arquitectónicos del castillo con Carles, aprovecho para comprobar mis constantes vitales. Podría ser peor pero la musculatura de las piernas acusa el esfuerzo y han perdido fuerza.


Vista de Picancel desde el Castillo bajo un cielo amenazador

Detalle del castillo

Para la bajada, pido colocarme entre Pep y Carles. Así, si tambaleo al borde del precipicio, Carles me podría sujetar por la mochila. Tomo la precaución de abrochar la correa de la cintura, no fuera que Carles se quedara con la mochila en la mano y yo cayendo por el abismo (“Al menos salvamos el track”, habría dicho Pep). Pero una vez pasado el tramo más expuesto, mis piernas recuperan su fuerza y vuelvo a mi posición habitual detrás.


Durante la bajada desde el Castillo

En bajada, puedo apreciar el interés del camino. No hay duda de su antigüedad, ya que va directamente al castillo. Llegamos otra vez a la riera y continuamos hacia Roset. Sigue bajando, aunque de forma mucho más suave. Pasamos por delante de una pared de roca, donde se han clavado enganches para hacer escalada. Poco después, estamos en la casa de Roset, y media hora más tarde, en el coche.


La pared de escalada, con columpio para relajarse entre vía y vía

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 8 km; 530 metros de desnivel acumulado.

PD. Al mirar el track el día siguiente, veo que en el camino del castillo, subimos 100 metros de desnivel en 9 minutos. A diferencia de Pep y Carles, no soy un atleta. Ahora entiendo por qué llegué tan apurado arriba.

jueves, 10 de julio de 2014

27/6/2014 – El camino de Vilada a La Clusa

Ya ha pasado la Patum, Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, pero hoy Carles tampoco puede venir: demasiado trabajo. Pero tenemos un plan. La noche antes, Pep me recordó la conversación que tuvo hace unos meses con uno de los habitantes de Rossinyol. “El camino de Vilada a Sant Romà de la Clusa no pasa por dónde pensábamos”, me dice.

El camino antiguo desde Vilada pasa por los campos de Espinagalls y desde allí, sube a la Collada de Picamill. A partir de aquí, habíamos pensado que volvía a bajar al Clot, pasando por la Font de l’Avet, y desde allí, subía el fondo del valle hasta llegar a Sant Romà. Pero resulta que había otro camino que pasaba cerca de Rossinyol y evitaba tanta subida y bajada.

Aparcamos el coche en la pista de Sant Romà de la Clusa, cerca de la casa de Comellas. Desde allí, tomamos la pista que pasa cerca de la casa de Espinagalls y acaba en la Collada de Pasquals. Desde esta pista, sale una ruta excursionista clásica para subir a Sobrepuny que pasa por el Grau de Dalt y sube el lado este o de umbría del valle hasta la Collada de Picamill. En el lado oeste del valle, subía una antigua pista naturalizada que pasaba debajo de la casa de Picamill y moría debajo de la Collada de Picamill. A partir de aquí era camino.

Pero desde el primer camino, un poco pasado el Grau de Dalt, salía otro camino que iba remontando en zigzag por el centro del valle. Resulta que éste era el camino auténtico. Hace muchos años, yo había seguido este camino en una salida solitaria pero lo había perdido a media cuesta porque me empecinaba en que era el camino de Picamill y que debía ser transversal, no vertical. ¿Por qué subir arriba si ya hay dos caminos que suben?, pensaba yo.

Vista desde el Grau de Dalt. En primer plano, el cerro donde está situado el Castell de Roset; detrás, Picancel; y en el fondo, Montserrat

Pep lo había seguido hacía unos meses y efectivamente iba zigzagueaba hacia arriba hasta entroncar con los otros caminos debajo de la Collada de Picamill. Hoy, entramos nuevamente en este camino, dispuestos a volver a casa con un track interesante en el GPS pero al poco rato, su trazado es interrumpido por una fea pista de desembosque. Pep frunce el ceño. Eso no estaba aquí la última vez que vino. Pero cruzamos la pista y recuperamos el camino al otro lado. Treinta metros después, otra pista cruza el camino y luego otra y otra, hasta llegar a una pista vertical que ha borrado todo lo que queda del camino.

Se ve que se ha decidido explotar a conciencia todo el centro de esta cuesta. Las pistas suben con fuertes pendientes y el agua de la lluvia ya está erosionando la tierra de la calzada. Fuera de las pistas, es un caos de ramas y de rocas empujadas por las máquinas. Con tanta pista cruzándose continuamente, ha dejado un impacto que va a durar muchos años pero sin llegar al camino excursionista a la derecha. Sin duda, subiendo este camino, nadie sospecharía que a pocos metros hay tantas heridas en el bosque. Me viene a la memoria eso que dicen de los Parques Nacionales, que se protege una pequeña parte del territorio para tener vía libre para destrozar el resto.

El enfado de Pep va en aumento y de su boca salen palabras malsonantes, dejando en muy mal lugar a los ingenieros forestales y sus modernos métodos de explotación de los recursos forestales. Ya es imposible seguir el camino y subimos una pista con fuerte pendiente hasta que entra en la pista del lado oeste, transformada en una autopista de al menos 6 metros de ancho. Para que puedan llegar los bomberos si hay un incendio, me imagino que habrán dicho al presentar los papeles. Me sabe mal y no creo que vuelva por aquí en mucho tiempo pero no puedo compartir la cólera de Pep. Antes sí, pero ahora pienso que, por mucho que lo estropeemos, en medio millón de años estará todo precioso otra vez. Incluso si provocamos un holocausto nuclear, lo pasaremos mal nosotros pero el planeta está vivo y, tarde o temprano, todo volverá a brotar.

Pero volvamos a nuestra ruta. Desde la Collada de Picamill, donde había un camino que flanqueaba a la izquierda hacia una antigua mina de carbón, ahora hay una pista, y donde antes bajaba el camino antiguo, por el costado izquierdo de la Baga Baixa de Picamill, hay otra pista que ha aniquilado el camino. Pero ya es un paisaje más abierto, de antiguos prados, con pendientes más suaves, y el impacto no es tan duro.

La pista que baja hacia el Clot desde el Coll de Picamill. No es muy bonita pero las pistas al otro lado son bastante peores

Bajamos la pista, anotando segmentos residuales del camino antiguo. Tras bajar unos 150 metros de desnivel, vemos un camino que se mete en el bosque hacia el NE mientras la pista da un giro y sigue bajando. Es el camino de La Clusa. Lo seguimos y al cabo de unos 250 metros llegamos a un cruce con cuatro ramales. Seguimos el más plano pero entra en unos campos y se difumina … Éste no es. Damos media vuelta y seguimos otro camino que sube hacia el SW y pasa por una amplia brecha en las rocas. Llegamos a un pequeño valle entre dos líneas de rocas con una pista forestal antigua. Nuestro camino ha desaparecido; además, no tiene sentido que suba 80 metros para volver a bajar. Bajamos la pista hacia la Foranca, una estrecha abertura que la pista cruza por arriba. Definitivamente, hemos perdido al camino y nos invade el amargo sabor de la derrota.

Y justo antes de llegar a la Foranca, cuando lo hemos dado todo por perdido, vemos un camino que marcha llano hacia Rossinyol, cruza el lecho seco del torrente y sale en un collado del camino que baja desde Rossinyol al Clot. Desde allí, empalmaría con el camino de La Clusa a Rossinyol, sin el desnivel que supondría bajar al Clot y volver a subir. (Ya he hablado de estos caminos de Rossinyol en la salida del 6/12/2011.)

Había bajado muchas veces por este camino al Clot pero nunca me había dado cuenta que había otro camino que llegaba a ese collado. Pero lo cierto es que es imposible verlo desde el collado, al quedar oculto por unos campos.

Cerca del collado, comemos, saboreando el éxito. Con el calor y la humedad, las moscas se agolpan alrededor mío, dejando tranquilo a Pep. Ya había constatado esa atracción irresistible para las moscas en el pasado e incluso he adquirido cierta fama en este sentido. Sólo mi hermana me supera en poder de atracción y hoy la echo de menos. Pero evidentemente, Pep está encantado; es uno de los momentos cuando más me valora como compañero de caminada.

El camino continúa al otro lado de la Foranca 

Después de media hora de conversación, nos ponemos en marcha, volvemos a la pista y pasamos por la Foranca, esperando encontrar la continuación del camino. Y efectivamente, sale un camino a la derecha que, al cabo de unos 130 metros, entra en los mismos campos donde habíamos descartado el camino esta mañana.

La zona del Clot; detrás, Sant Romà de la Clusa

Llegamos otra vez al cruce y tomamos el único camino que nos quedaba. Desemboca en los campos de Borrells. Desde allí, llegamos a la pista principal de Sant Romà, que bajamos hasta el coche.

La pista, construida en los años 50, que sube desde Vilada

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 10,4 km; 555 metros de desnivel acumulado.

sábado, 4 de mayo de 2013

19/4/2013 – Canal de Sant Miquel


El hombre del tiempo había pronosticado mal tiempo para hoy pero, mirando por la ventana a las 7.30, vemos que aún puede aguantar y decidimos probar suerte.

Ahora tocaría la zona de la Canal de Sant Miquel y el acceso es desde el Pont del Doro. Cuando el pantano está lleno, este puente está sumergido pero cuando llegamos, vemos que todavía se asoma del agua. Al estar al final del pantano, aquí se acumula la basura y entre la fábrica textil abandonada arriba y restos de todo tipo aquí abajo, la impresión dista mucho de ser idílica.

El Pont del Doro

Pero hoy el puente es sólo un medio para un fin y el fin es ir a la Canal. Cruzamos; un poste de la Xarxa Lenta indica la subida por la Canal dels Colletons pero nosotros seguimos el camino que flanquea el pantano hacia el oeste hasta llegar a las ruinas de la casa de Cal Mitger, con el área recreativa del Molí del Cavaller en la otra orilla.

Vista del pantano desde Cal Mitger

Aquí empieza la entrada de la Canal de Sant Miquel. Aunque no tiene ninguna señalización oficial, es quizás la más asequible de todas las canales ya que empieza con una larga entrada en el valle por un camino casi plano. Aquí el musgo en los árboles es espectacular. A juzgar por las huellas, los motoristas también conocen el camino.

Entrando en la Canal de Sant Miquel

Finalmente, después de recorrer casi un kilómetro por el fondo del valle, el camino empieza a elevarse para dirigirse hacia el Coll del Reposador. Pero justo en ese momento Pep nos confiesa que en realidad no quería subir la Canal de Sant Miquel sino buscar un camino que sube una canal contigua, la Canal de la Fagedeta. Alguien le había dicho que se podía subir esa canal pero él nunca lo había hecho. Tenemos delante la entrada a la Canal pero nuestra primera incursión es infructuosa; una barrera infranqueable de piedra nos impide continuar por el fondo.

Volvemos a la bifurcación y subimos un poco más por el camino principal. Y al poco rato vemos otro camino que marcha hacia la izquierda. Ya lo habíamos visto en otras subidas pero, por razones que no acabamos de explicarnos, nunca lo habíamos seguido. Quizás era por una suposición inconsciente de que era simplemente una variante del camino principal. Pero con los años, hemos ido soltando barreras conceptuales y hoy entramos en el camino sin complejos.

Como he venido contando en las últimas entradas, un grupo de cazadores se ha dedicado a limpiar todos los caminos que suben las canales. Es una mala noticia para la población de jabalís pero muy buena para nosotros porque caminos que antes sólo eran insinuaciones ahora tienen una claridad diáfana.

Subiendo la Canal de la Fagedeta

Este camino sí tiene continuidad. Hacemos 300 metros de desnivel enlazando carboneras; incluso hay una fuente cerca de la salida en Els Colletons. Salimos en los prados detrás de la casa de Sant Miquel, justo a tiempo para ver una multitud de buitres que vuelan a baja altura alrededor nuestro. Pero no tardan en aburrirse y se marchan; aún debemos hacer cara de salud, incluso después de esta subida.

Por fin salimos del túnel

Los prados están empezando a llenarse de flores. Caminamos hacia la casa. Aquí tenemos vistas despejadas hacia el sur y el oeste y vemos como empiezan a amontonarse las nubes de lluvia. Pep quería mirar caminos por la zona de Baumort pero viendo cómo está cambiando el tiempo, decidimos acortar la salida y bajar por la Canal de Sant Miquel.

La casa y la iglesia románica de Sant Miquel

Pasamos la casa y caminamos hacia el Camp de la Collada. Tomamos un camino de atajo para no pasar por la pista y en ese momento suena el móvil de Pep. Es un colega de la Sociedad de Arqueología. Pep contesta con voz jovial pero su cara enseguida se vuelve seria. “No me jodas”, dice y se sienta. Carles y yo nos alejamos para darle un poco de intimidad y cuando se reúne con nosotros, nos informa que el Secretario de la Sociedad de Arqueología murió la noche anterior de un infarto fulminante. Justamente, Pep había estado con él quizás una hora antes de morir, ayudando a montar un espectáculo para la Coral de Gironella. Se acababa de jubilar con 62 años de una caja de ahorros y estaba lleno de proyectos y aparentemente en perfecto estado de salud.

“No es justo”, protesta Carles. Aquí el lector me permitirá un pequeño inciso. Es cierto que la esperanza de vida ha mejorado mucho y una muerte repentina a una edad relativamente joven siempre impacta. Pero también es cierto que nadie nace con un certificado de longevidad garantizada en la mano y la estadística sólo es fiable para lo general, no para lo particular. Carpe diem, decían los filósofos. Si viviéramos cada día como si fuera el último (y algún día lo será), seguro que cambiarían muchas cosas.

En el Coll del Reposador. Delante, Gotzera y Sobrepuny. El tiempo empieza a complicarse

Comemos en silencio en el Coll del Reposador, a la entrada de la Canal de Sant Miquel. Reflejando el estado de ánimo imperante, las nubes son cada vez más espesas y nos damos prisa para iniciar el descenso. Aquí, en los tramos de más pendiente, se nota más el paso de las motos, a pesar de que legalmente las motos no pueden salir de las pistas forestales. Hay motoristas que dicen que los caminos se conservan gracias a ellos. Pero, mirando las zanjas excavadas en la tierra por los neumáticos, ese argumento no me convence. “Habla de eso en tu blog”, me dice Carles. Y así he hecho.

Volvemos a empalmar con el camino de entrada en la Canal de la Fagedeta y deshacemos el camino ya recorrido hasta el coche. Una hora y media después, empieza a llover en Berga.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 7,5 km; 450 metros de desnivel acumulado.

martes, 23 de abril de 2013

12/4/2013 – Canal de Verdaguer


Hoy estamos de enhorabuena. Nos acompaña un conocido de hace tiempo. Me pide que le guarde el anonimato pero sí puedo revelar que es toda una autoridad en el mundo del excursionismo y su interés (u obsesión, según si mire) actual gira en torno a los hornos de alquitrán de pino (forns de pega, en catalán). Evidentemente, Pep está encantado de tenerlo con nosotros; por fin, puede hablar con alguien de su mismo nivel.

Hoy toca la Canal de Verdaguer. El único acceso practicable es desde el Collet de les Fustes pero esta vez Pep propone pasar por el Molí de Pedret, Santeugenia y Bossoms y luego subir una cresta hasta llegar al Collet. No acaba de explicar las razones de esta decisión.

Aparcamos una vez más en el Pont de Pedret y tomamos el camino hacia el molino. Es un camino muy bonito, plano y recomendable para salidas de familia y las ruinas del molino añaden un punto de interés. Mientras Pep conversa animadamente con nuestro invitado, entramos en la pista de Santeugenia pero en vez de pasar por el camino antiguo que iba enlazando las casas de Santeugenia, el Llevaig y Bossoms, toma la pista que sigue el Rec de Bossoms.

Esta pista, aparte de ser bastante fea, sube y baja como una montaña rusa. “¿Por qué no has tomado el camino de las casas?”, me atrevo a preguntarle. “Es más recto”, me dice escuetamente y reanuda su conversación con nuestro invitado. Llegamos a la Font de Bossoms; al lado, sigue el camino a la casa pero Pep pasa de largo y sigue por la pista. “¿Por qué no has tomado el camino?”, le pregunto, acusador. “Lo de más recto ya no vale. Por la pista es más largo”. “Así tengo más tiempo para hablar con nuestro acompañante”, por fin me contesta, acorralado. Está claro que mis preguntas le importunan y me callo.

La casa de Bossoms. Detrás, las montañas de Figols

Llegamos a la casa de Bossoms, todavía entera pero deshabitada y rodeada de prados. Tomamos otra pista hacia el norte que luego dejamos para subir una áspera cuesta sin camino. En una superficie de roca inclinada, Pep ve un dibujo inconfundible. Indica la ubicación de un horno de aceite de enebro. Como la bolsa de Mary Poppins, nuestro acompañante abre su mochila y empieza a sacar cosas. Todo lo necesario para limpiar y desbrozar, una cinta de medir, hasta una cuerda de escalada.

El dibujo del horno de aceite de enebro

Una vez satisfecha nuestra curiosidad, continuamos la subida hasta llegar a una pared de roca. Nuestro acompañante y Pep se meten dentro del boj y suben con cierta dificultad. “No vengas, Steve”, me dice Pep. “No subirás”. “¿Tampoco con una cuerda?”, pregunta nuestro acompañante desde arriba. “Tampoco”, confirma Pep.

No llego a ver por donde han subido y opto por buscar otra ruta con Carles. Igual sí que lo podría haber subido pero nunca lo sabré. De todas formas, encontramos un tenue camino de flanqueo que seguramente era el camino que venía al horno desde la casa de Sant Miquel y lo seguimos hasta encontrar un lugar más fácil para subir.

Pep nos comunica que hace 20 años le dijeron que había un horno de aceite de enebro pero nunca lo había conseguido encontrar, hasta ahora. Al final, todo llega.

Llega la primavera a marchas forzadas. Narcisos silvestres cerca del Collet de les Fustes.

Llegamos al Collet de les Fustes e iniciamos el descenso de la Canal del Verdaguer. Bajar estas canales, sobre todo ahora con los caminos recién limpiados, es una delicia. El sol acaricia pero no agobia; además, estamos protegidos por las hojas de los árboles. Los pájaros cantan como si quisieran darnos la bienvenida. Aparte de nosotros, los únicos indicios de presencia humana son el camino y las carboneras espaciadas a intervalos regulares.

Musgo en los árboles en el tramo inferior de la Canal de Verdaguer

Y así llegamos al camino transversal que va enlazando las distintas canales, ya cerca del pantano. Ahora toca dar la vuelta y buscar el camino lateral que pasa debajo de la Cingle de les Cabres. Subir estas canales, a pesar de tener los caminos recién limpiados, es un suplicio. El sol sólo hace que sudemos más, y el sudor me entra en los ojos y produce un incómodo escozor. Las hojas y las ramas de los árboles nos obstaculizan y rascan. Los pájaros, parece que se mofan de nosotros con sus cantos burlones.

Cruzamos el fondo de la canal para tomar el camino lateral. Carboneras y más carboneras. Llegamos a una bifurcación y giramos nuevamente para tomar el camino que pasa a pie de precipicio en la Cingle de les Cabres. Por fin, salimos a un collado, con una magnífica vista delante y aquí comemos.

Después de comer, empalmamos nuevamente con el camino de la Canal de Verdaguer y volvemos a salir en el Collet de les Fustes. “¿Tanto bajar y subir para acabar en el mismo sitio?”, me pregunto. La tentación de dejarme llevar por pensamientos lúgubres sobre la futilidad de la acción humana es enorme, pero los otros ya se marchan hacia La Covil y yo tengo que pedir un favor a Pep.

Camino empedrado cerca del Molí de Pedret; foto tomada en 2004

Por la mañana, no había podido sacar fotos del Molí de Pedret y le pido que vayamos hacia la Font Bona desde La Covil en lugar de pasar otra vez por la Mesquita. Pep accede magnánimamente. Desde un collado cerca de la Font Bona, baja un camino serpenteante que desemboca en los campos de Santeugenia y así llegamos otra vez al Molí de Pedret. Pero la luz no es buena y tendré que tirar de fotos de mi archivo.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 11,5 km; 850 metros de desnivel acumulado.

Nota histórica: Los hornos de aceite de enebro (forns d’oli de ginebre, en catalán) se construían sobre una roca plana e inclinada sobre la cual se marcaban unos surcos. Sobre un pequeño fuego se colocaba una lata con ramas cortadas de enebro dentro y se destilaba la madera. El aceite salía por unos agujeros en la lata y corría por los surcos hasta llegar a un recipiente. Se utilizaba como medicina popular, sobre todo para animales.

viernes, 29 de marzo de 2013

22/3/2013 – Canal del Sant y Canal de l’Avellanosa


Un cúmulo de circunstancias me han impedido salir hasta ahora. En el fin de semana del 9 y 10 de marzo, estuve en Inglaterra. Cuatro días sin ver el sol, con frío y humedad mientras aquí se disfrutaba de un tiempo cálido y primaveral. Ese fin de salida, Pep y Carles recorrieron la carretera del valle del Llobregat, anotando puentes y molinos.

Pero hoy por fin podemos reanudar nuestro repaso de las canales de Picancel. En el Mikado, Pep mira con desaprobación mi magdalena. “No sé cómo puedes comer esas bombas de colesterol”, me dice. Pregunto a Marta, la dueña del Mikado, cuánto pesa cada magdalena. Entra en la cocina. 85 gramos, me dice cuando sale. Sumando 4 semanas desde la última salida, eso hace 2,5 kilos. Un buen stock.

Como Pep quiere hacer todas las canales por orden, parecía que hoy haríamos la Canal de l’Avellanosa y la Canal del Verdaguer. Seguimos la misma ruta que la salida anterior hasta la casa de Mesquita. Aquí, giramos a la izquierda y tomamos el camino que va al collado de la Terma Alta, una piedra clavada que marcaba la división entre los dominios de los Pinós y los de los Berga; aún se pueden ver los escudos grabados.

La Terma Alta

Y el escudo de Berga

El camino continúa hacia el norte, limpiado recientemente por los cazadores. Aquí está La Taleia (o Atalaya en castellano); aún no hemos decidido si es una simple casa o algo más antiguo. Mientras vamos bajando, empiezo a hacer cálculos y algo no cuadra. “¿Cómo vamos a llegar a la Canal de l’Avellanosa?”, pregunto a Pep. “Y si subimos la Canal de l’Avellanosa y bajamos la Canal del Verdaguer, ¿cómo vamos a llegar al coche desde allí abajo?”. “Es que nos falta la Canal del Sant”, me contesta, mientras examina sus uñas. “Ya estamos otra vez con las agendas ocultas”, pienso. “¿No dijiste que no había camino para subir esa canal?”, le digo. “Dije que no lo había visto, no que no hubiera”, precisa Pep.

El camino de la Terma Alta a la Taleia

En eso llegamos al collado donde está la Taleia y bajamos hacia el este, hasta la entrada de la Canal del Sant, marcada por una gran carbonera. Y efectivamente se ve un camino que sube por el centro del valle, ahora despejado por los cazadores. Vamos empalmando carboneras, desviándonos brevemente para mirar un camino lateral que se encamina hacia la Terma Alta pero sin llegar a conectar por lo tapado. En total, 200 metros de desnivel que llevan la magdalena al límite de sus posibilidades. En el collado arriba, llamado Passant del Llop en el mapa del Alpina, vemos que el camino continúa en descenso al otro lado y finalmente nos deja en los campos de la Mesquita.

La entrada de la Canal del Sant. El musgo que cuelga de los árboles es uno de los alicientes de estas canales

Nos dirigimos al camino del Cap de l’Avellanosa. Allí, en el collado, se ve un camino un poco perdedor que inicia el descenso. De hecho, de tan perdedor que es, lo perdemos pero recuperamos un camino muy marcado en el primer collado de los Agullons del Sala y que es lo que conocía Pep. Este camino entra en el centro de la canal y luego sigue bajando por el lado izquierdo. Entre las típicas carboneras, vemos muros que nos dejan un poco perplejos: no tienen la forma de carboneras; y encarados hacia el norte, no pueden ser campos. Al final, deducimos que pueden ser bancales para el cultivo de los avellanos que han dado nombre a la Canal.

Después de la dura subida de la Canal del Sant, la bajada es muy relajante. Llegamos a un collado que marcaría el final de l’Escanyacabres. Aquí hay un cruce de caminos. A la izquierda, el camino de vuelta a la Canal del Sant; a la derecha, el camino a la Canal del Verdaguer; y delante, el camino que habría cruzado el río Merdançol, ahora cortado por el pantano. Seguimos este último un rato hasta que empieza a bajar demasiado y luego volvemos al cruce.

Decidimos almorzar en la carbonera a la entrada de la Canal del Sant. Aquí cada uno escoge una piedra y un lugar para sentarse según su rango y antigüedad.

Vista de la presa desde encima de Pedret. Detrás, el pantano y las montañas de Figols

Sólo nos queda deshacer el camino hasta Pedret, pasando nuevamente por la Terma Alta. Salimos a la iglesia ante un paisaje idílico. Hace sol con una brisa suave y la cantidad justa de nubes para ir variando la luz. Los prados tienen un verde perfecto. Cantan los pájaros, revolotean las mariposas. Una mujer lee bajo un árbol acompañada por sus dos perros. Cuando llegamos al coche, ya está llegando más gente dispuesta a pasar un final de tarde al aire libre.

Berga y Queralt desde Pedret con la luz de la tarde

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 11,9 km; 830 metros de desnivel acumulado.