Aquí relato nuestras salidas por los caminos del Berguedà y comarcas vecinas. Como lo pasamos muy bien, queremos comunicar sobre todo buen humor y alegría pero también tiene un fondo muy serio: el camino como bien patrimonial, pieza esencial para entender la historia y digno de conservación. Es nuestra misión desde hace más de 15 años.



sábado, 16 de mayo de 2026

11/5/2026 – El Molí de Baix y La Molina

Hoy es otro lunes con Pol y tenemos un programa apretado. Por suerte, hará un día soleado con temperaturas suaves.

Hoy toca Malanyeu otra vez. Aparcamos en el pequeño apartadero delante de la antigua escuela, la cual, según me dirá Pol después, fue construida en la Segunda República. Lo sabe porque ha leído todas las actas municipales hasta el final de la Guerra Civil.


Malanyeu por la mañana. La pared preferida de los escaladores es a la derecha

La primera media hora es una búsqueda infructuosa de unos pseudodólmenes (formaciones rocosas que parecen dólmenes pero no lo son) en el bosque entre Cal Frare y Cal Anglada. Tras digerir el fracaso, Pep vuelve a centrarse y bajamos al Molí de Baix. La casa está tapada por la vegetación; solo se ven una ventana y, debajo, el arco por donde salía el agua.

Lo que queda de visible del Molí de Baix

Pol nos cuenta que este edificio está condenado a desaparecer, ya que se pondrá en su lugar la depuradora de Malanyeu. Es una pena que no hayan podido encontrar otro lugar. Su uso está documentado desde hace varios siglos y detrás hay una balsa bien formada y los restos del canal que lleva a una pequeña presa en el torrente donde se desviaba el agua.


Y la balsa

Tras subir brevemente al grupo de casas conformado por Cal Vinyeta, Cal Sastre y Cal Sargantana (actualmente en proceso de restauración), volvemos a bajar al molino para buscar el Grau. Me quedo atrás, entretenido con intentar fotografiar una orquídea. Las flores son blancas y ninguna de las fotos sale bien. Haría falta mi réflex pero pesa el doble que mi cámara habitual y no sería apta para estos terrenos abruptos que recorremos.

Cuando llego al Grau, Pol ha tomado sus apuntes y ya están listos para volver a bajar. Para conocer la historia de la roca puntiaguda clavada entre las paredes, amenazando con aplastar a todos los que pasen por allí, animo al lector a leer la entrada de diciembre de 2013 en el blog.


"Oigo crujidos"

Subimos por la pedrera y empalmamos con un camino que han hecho los escaladores para llegar a las paredes de Les Cingles del Molí. Pep es reacio a incluirlo como camino auténtico pero cuando llego a casa y miro el mapa, veo que ya lo teníamos marcado, pero mal puesto. Nada que no pueda arreglar el frasquito de Tippex …

Caminando hacia la cabecera del valle

Dejamos atrás dos escaladores pegados como lapas a la roca, buscando minúsculas presas en la pared. Seguimos subiendo hacia el este a poca distancia de la roca. Pasamos por dos refugios, uno de ellos bastante grande y con aires de mucha antigüedad. A partir de la última bauma, el camino desaparece y avanzo sorteando mil obstáculos ante la creciente impaciencia de Pep, que ve peligrar su milimétricamente cronometrado programa multietapa.

El segundo refugio

Llegamos a la pista de Moneny y nos desviamos para subir la pequeña Cingle de la Pona, donde hay el perímetro de una casa en el extremo este. En los años 60, se hizo una cata a cargo del mismo arqueólogo responsable de la desastrosa restauración de la iglesia de Pedret en la misma época. Se encontró cerámica de todas las épocas, incluyendo prehistórica y medieval. Es un lugar privilegiado, de eso no hay duda.


Vista hacia el suroeste desde la Cingle de la Pona


Una parte del perímetro de la casa, mirando hacia el Clot de la Taleia


Vanesa de los cardos en la Cingle de la Pona

Bajamos al PR que pasa por La Molina. Es una antigua aserradora que desviaba el agua del Torrent de Malanyeu por un estrecho canal, donde una rueda accionaba la maquinaria en el interior del edificio.


El canal de La Molina, al lado del Torrent de Malanyeu


Una oreja de oso madrugadora

Cruzamos el torrente saltando piedras y bajamos al coche por la pista que pasa por la imponente casa de El Llomà.


El Llomà

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 5,9 km; 295 metros de desnivel acumulado.

 

viernes, 8 de mayo de 2026

27/04/2026 – La Bauma del Roig (o Vermell) y otras moradas

Hoy es la primera vez que salimos un lunes. Tiene un formato reducido, “a casa per dinar”, lo que a efectos prácticos significa que tendremos que ir más de prisa para cumplir el programa. Y precisamente para hoy, Pep tiene una larga lista de antiguas casas a recorrer entre Cuirols y El Reig, sacadas de un capbreu.

Mirando hacia el sur a primera hora de la mañana


Aparcamos en los Pisos de l’Insula, construidos para los mineros y todavía en pie, aunque para volver a vivir en ellos, haría falta una inversión millonaria. Subimos por las terrazas erosionadas siguiendo los restos de un camino que sería el antiguo camino de Cuirols y que va cortando las curvas de la actual carretera.


Los pisos de l'Insula

Dejamos el camino para buscar la Bauma del Roig. El antiguo patriarca de Cuirols había llevado a Pep allí hace más de 20 años. Ahora tiene más de 90 años y su hijo continúa la explotación, dedicada a los quesos de cabra. Pep solo recuerda que estaba “bajo una roca al lado del torrente”.

El primer intento fracasa. Tras batallar con zarzas, rascarme con boj deshojado por la oruga de la mariposa del boj y hacer contorsiones para pasar entre las ramas entrecruzadas de las encinas, llegamos al lado del torrente donde solo hay una carbonera. Volvemos a subir. Con el segundo intento, Pep da en el blanco.

Una enorme losa apoyada contra la pared de roca ha creado una cámara espaciosa. En el siglo XIX, fue habitado por un tal Vermell o Roig. Fue un auténtico hombre del bosque que se ganaba la vida trabajando como jornalero en las casas y granjas del pueblo. Cuando fue demasiado mayor para poder vivir en el bosque, fue a parar a un asilo dirigido por unas monjas y, según la leyenda, no se le ocurrió otra cosa que encender el fuego en el suelo de su habitación, como había hecho durante tantas décadas en su bauma.


Pol emerge de la bauma. Todos estamos de acuerdo: no resolvería el problema de la escasez de vivienda

Pep sale muy gratificado del hallazgo. “Han pasado más de 20 años y aún soy capaz de encontrarlo”, dice con orgullo.

La próxima parada es Cal Calç, una pila de piedras en un hueco del terreno en la ribera izquierda del Torrent de la Nou. Y luego más de 100 metros de desnivel, dejando Cuirols a la derecha. Una subida ingrata que atraviesa terrazas erosionadas, antiguas talas que han dejado ramas desparramadas en el suelo y zarzas, y rastros de caminos que no se sabe si son de personas o de animales. Como podrá intuir el lector, es un terreno incómodo para mí. Hasta ahora, ha estado prácticamente en blanco en mi mapa. Tras anotar una posible casa medieval entre Cuirols y Pujals, pasamos a la carretera de Malanyeu para anotar las ruinas de otra casa de origen medieval al lado de la pista que va a la casa de El Reig, llamada El Roio.

Dejamos la carretera en una curva para bajar una cresta. Cruzando un pequeño collado, veo un camino que va en dirección norte-sur. Los otros han seguido bajando y de hecho, ya no les veo. Pero avanzar la ciencia prima sobre mi bienestar personal y sigo el camino un poco más hacia el norte, hasta que oigo las voces de Pol y Carles, que han vuelto para rescatarme.

Busco la manera de bajar la cuesta, sorteando obstáculos, y cuando me reúno con ellos, les digo que crucé un camino en la bajada que ellos no han visto y Pep tiene que apuntar dos waypoints. “Y una mierda”, me contesta. Es su forma de sugerir que las probabilidades de que hubiera un camino en el lugar donde yo lo he visto son bajas, ya que no obedece a ninguna lógica y seguramente es un sendero que han creado los propios animales en su ir y venir. O eso o una alucinación mía sin más. Y señala un camino ancho y marcado 10 metros más abajo. “Ese sí que es un camino”, me dice. “Es el camino antiguo de Malanyeu”.


La casa de l'Alzina, con el coche aparcado delante

Unos 50 metros más adelante, nos viene al encuentro otro camino menos ancho que parece adentrarse en el valle del Torrent de La Nou. “Waypoint please”, me dice. “Oye, el camino que vi arriba era igual de ancho que ese”, le contesto. Ante la fuerza de mi argumento, Pep abandona provisionalmente su escepticismo y apunta mis waypoints. “Habrá que volver para aclarar todo esto”, concluye.

En eso, llegamos a la casa de l’Alzina, ahora en ruinas. Por su situación, tiene unos panoramas espectaculares. Parece que se abandonó tras un incendio y hay los restos de un Seat 850 de mediados de los años 60 medio enterrados bajo la vegetación. Más abajo, están lo que parecen ser las ruinas de la casa medieval.


El sol ilumina brevemente Les Agudes, bajo un cielo cada vez más amenazador

Seguimos bajando los campos por el camino hasta tener a la vista la casa de Cal Ferrer, donde nos desviamos para volver al coche.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 6 km; 305 metros de desnivel acumulado.