Cuando llego
al bar, Pol está allí pero no viene a caminar. Nos muestra su agenda en el
teléfono. Ni un viernes libre por culpa del Museo de la Mina, pero los lunes
los tiene bastante bien. Pep propone hacer salidas los lunes también hasta
completar el catálogo de patrimonio de La Nou. Carles no tiene tan claro que
pueda venir los lunes y en mi caso, de hacerse, tendría un dilema: incluir las
posibles salidas también en el blog o ceñirme a los viernes.
Pero esto es el futuro y todavía no existe. Pep gira
hacia mí. “Estás de suerte”, dice. “Después de tantas rutas impuestas, hoy te
dejo a ti elegir dónde vamos”. “Pues miramos aquellos caminos que no me dejaste
mirar la semana pasada”, contesto sin vacilar. “De acuerdo, pero tiene que ser
desde Malanyeu”, sentencia.
Estamos
inmersos en la Volta de Catalunya y hoy, los ciclistas pasarán por Sant Julià y
subirán a la Collada de Sobirana antes de bajar a La Pobla de Lillet. Pep teme
verse atrapado en el pueblo sin posibilidad de entrar o salir durante horas. El
día siguiente, pasaron dos veces por Berga y creo que sinceramente sus temores
fueron infundados pero a toro pasado, todo es fácil.
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| El valle de Malanyeu |
Aparcamos en
la pista que va a la Font de les Travesses. Estamos en la cara norte, no hay
sol y hay un viento frío que hace crujir los pinos. Y esta pista tiene unas
rampas con bastante pendiente que me hacen temer lo peor.
Me pongo en
marcha con resignación. Voy a mi ritmo; en las subidas, quedo atrás; en los
tramos planos, casi atrapo a Pep y Carles. Tras algo más de medio kilómetro,
entramos en la pista de Cal Pigot y se aplana. Me hago un autochequeo: dejando
de lado el viento y la ausencia de sol, me encuentro bastante bien, sin el
cansancio de la semana anterior.
Bajamos
directamente a la pista de Moneny, sin pasar por la Font de les Travesses. “¿No
coges el camino a la Collada de les Bassotes?”, pregunto con recelo. “Esto lo
haremos a la vuelta”, contesta Pep crípticamente. Así que pasaremos por el Mal
Pas. La última vez que estuve allí fue en diciembre de 2013 (está en el blog) y
siempre lo he hecho de bajada.
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| Panorámica del Mal Pas. La aproximación se hace por la larga franja de bosque que desemboca en La Creueta. El Mal Pas es la pequeña mancha verde que sube al final. |
Entramos en
el camino del Mal Pas, ahora señalizado, que pasa por encima de la casa
reconstruida de Moneny. Es un bosque de robles que ha conquistado los antiguos
campos y que se va haciendo más denso a medida que avanzamos.
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| Carles señala retos actuales y futuros |
Pasamos por una
faja amplia de encinas y carboneras antes de salir a La Creueta, una plataforma
amplia, antesala del Mal Pas. Aquí hay vistas despejadas en todas las
direcciones excepto el norte. Se ha colocado una cruz nueva con una pequeña
placa. Miro el GPS. “De momento, llevamos 200 metros de desnivel desde el
coche”, pronuncio, sorprendido por la ausencia de cansancio. “No creo que
hagamos mucho más”, dice Pep con optimismo.
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| La Creueta |
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| Y el Mal Pas, una franja estrecha entre dos paredes, a la derecha del pino |
El camino
señalizado pasa a pie de las rocas. Antes, pasaba un poco más abajo. La
vegetación esconde el precipicio cercano hasta que salimos al pequeño triángulo
que es el Mal Pas propiamente dicho. Hay un corto paso de roca, ahora con una
cuerda, que pienso que ayuda más en la bajada que en la subida, y luego el
camino continúa con el abismo a medio metro a nuestra izquierda. Hacemos un
giro de 90 grados y continuamos la subida, ahora con el precipicio a nuestra
espalda. Por fin, salimos arriba, donde se ha colocado un poste indicador.
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| El camino modificado, a pie de roca |
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| Ahora me toca a mí |
Bajamos
hacia la pista de la Collada de les Bassotes. Empezamos a ver carboneras y
luego antiguos bancales, con caminos que van saliendo a la izquierda y la
derecha. Al estar orientado al noroeste todo tiene un aire fantasmagórico, con
antiguas paredes cubiertas de musgo. Hace tanto tiempo que no venimos aquí que
nos parece que es la primera vez que estamos viendo todo esto. “Tiene que haber
barracas aquí”, dice Pep. “Habrá que volver. ¿Cómo es que no vimos todo esto
cuando venimos?”, se interroga. Cuando miro los mapas en casa, compruebo que sí
habíamos visto las carboneras y los bancales, pero igual han pasado 20 años desde
entonces.
Llegamos a
la pista y bajamos a la Font del Bullidor. Desde allí, buscamos el camino más
importante para explorar, que nos acaba llevando a la Collada dels Pedrons en
una larga subida, como habíamos sospechado. En la Collada, tomamos el paso
desconocido pero resulta ser un camino nuevo que recorre la cresta, creado
desbrozando la vegetación. Damos la vuelta y seguimos un camino intermedio que
nos lleva a la Collada de les Bassotes.
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| El largo camino a la Collada dels Pedrons |
En todo este
largo trayecto, vamos comentando distintos temas, incluido el programa satírico
Polònia en TV3. Uno de los sketches
recurrentes lo protagonizan Macià y Companys (presidentes de Cataluña en la
Segunda República y la Guerra Civil, respectivamente), sentados en sillones en el
Cielo, elegantemente vestidos con trajes de la época, comentando la actualidad
abajo en la Tierra. Esta semana, les había visitado Chuck Norris, recién
fallecido. Como antiguo karateka, les comento a Pep y Carles que por los
movimientos que hacía el actor, era evidente que sabía karate: el juego de
caderas en los puñetazos no se puede improvisar. Pep bromea que llegará el día
en que nosotros dos también estaremos sentados allí arriba, mirando cómo Carles
se espabila sin nosotros.
Buscamos un
sitio para comer en la Collada. Para tener vistas de Puigllançada y el Coll de
Pal, hay que exponerse al viento frío del norte, así que nos movemos unos metros
para abrigarnos, a costa de perder el sol y tener una vista compuesta
básicamente por árboles. No es muy cómodo así que no perdemos el tiempo. Al
levantarnos, me doy cuenta que 3 metros más allá, habríamos tenido sol y una
temperatura mucho más cálida. ¿Serán ciertas mis sospechas sobre las
intenciones de Pep al escoger los lugares para almorzar?
Tomamos la
pista que nos llevará al paso para volver a Malanyeu. Al poco de venir aquí, aún
había visto el camino original, hecho para hacer con animales, con la Font de
les Estoralles a media subida. La próxima vez que vine, se había abierto una
pista extraordinariamente fea, que parecía que iba dejar una cicatriz
imborrable, y la fuente había quedado en un lodazal por el paso de las
máquinas. Hoy, casi 30 años después, la pista se va naturalizando poco a poco y
la fuente ha sido reconstruida, con una pequeña balsa y una bañera que recoge
el agua que sale de una espita. Pero el antiguo camino se ha perdido para
siempre.
Llegamos a la cresta de la Serra del Mill. Al otro lado baja el camino entre robles, ahora en pleno sol. Luego entramos en una serie de pistas que también ha destrozado caminos antiguos que nunca he podido ver. Hacemos 150 metros de bajada hasta la Font de les Travesses por fuertes pendientes. Aquí no creo que las pistas se naturalicen nunca; han quitado toda la tierra, dejando la roca viva.
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| Pep contempla la fuerza de la Naturaleza en la Font de les Travesses |
Para llegar
al coche, dejamos la pista para tomar un camino conocido que nos deja a poca
distancia.
En la subida
desde la carretera hasta el pueblo, hemos ido viendo zonas cultivadas y algún
camino, incluido lo que parece ser el camino antiguo de Malanyeu desde El Far.
“Tenemos mucho trabajo aquí”, dice Pep con satisfacción. “¡Que no acabe
nunca!”. Y yo me voy cansado pero con buenas sensaciones. No está todo acabado
todavía.
Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 10,6 km; 640 metros de
desnivel acumulado.
PD. El domingo hará otro temporal de viento, con rachas de casi 160 km/h en
Queralt.