Aquí relato nuestras salidas por los caminos del Berguedà y comarcas vecinas. Como lo pasamos muy bien, queremos comunicar sobre todo buen humor y alegría pero también tiene un fondo muy serio: el camino como bien patrimonial, pieza esencial para entender la historia y digno de conservación. Es nuestra misión desde hace más de 15 años.



viernes, 30 de junio de 2017

Despedida

Aquí he decidido poner fin a este blog. Han sido más de 7 años contando nuestros descubrimientos y hay un cansancio natural. Pep, Carles y yo seguimos tan amigos como siempre, estamos bien de salud y seguiremos saliendo los viernes siempre que podamos, con nuevos compañeros si puede ser.

También hemos constatado que nuestros objetivos han ido cambiando con la edad. Buscar caminos ha pasado a un segundo plano y ahora nos interesa más buscar cosas concretas, una tendencia que se ha visto reforzada por la destrucción de caminos que hemos visto últimamente.

De todos modos, aquí tenéis más de 200 salidas para animaros a conocer nuestra maravillosa comarca. Y también tenemos pregunta y fecha; nos esperan tiempos apasionantes.

jueves, 29 de junio de 2017

2/6/2017 – Las Roques del Bruc

Hoy amanece con sol pero la previsión es de tormentas por la tarde. Por fin, vamos a mirar la ubicación con más probabilidades para el castillo, por lo menos en cuanto a extensión llana. Se trata de una zona llana en el extremo oriente de las Roques del Bruc. Si aquí no hay nada, habrá que concluir irremediablemente que, ante la ausencia de indicios en cualquier otro lugar, el castillo estaba donde está actualmente la casa.

Pero primero vamos al Pas de l’Os, el camí ral que César August Torras fotografió para su guía de itinerarios del Berguedà y que salva el desfiladero mediante una plataforma inclinada de roca que gana altura. Sin embargo, la roca ha sido dinamitada para pasar los postes de luz y también hay una ancha zanja donde va el tubo que lleva agua a la fábrica de cemento en el Clot del Moro. Es imposible ver si hubo algo más antiguo.

Subimos otra vez la larga pista al Coll de Meranges. Sabemos que hay un camino más directo para ir a pie pero no lo tenemos en nuestros mapas. “Si hay tiempo cuando acabamos, podrías buscarlo con Carles y yo os espero abajo”, propone Pep.

Aparcamos en el Coll de Meranges. Aquí tenemos dos caminos en nuestros mapas: uno que sería el camino de comunicación con la casa de Bruc y otro secundario que sube a una ‘artiga’ y luego baja a Bruc. Se ve que esos caminos, los había hecho con Carles porque Pep los desconoce.

Tomamos el segundo camino, ya que nos situaría debajo del llano que queríamos mirar. En la artiga, vemos un camino que nos lleva arriba en poco tiempo. Es un lugar muy curioso, con mucha hierba (las vacas aquí no llegan), pinos maduros y afloramientos de roca que le dan un aire muy atractivo. Bajo un tronco, vemos una pila de tejas rotas. ¿Hubo un horno de tejas aquí? Es un misterio. Pero no hay ningún castillo.

¿Qué hacen estas tejas aquí amontonadas bajo el árbol?

Salimos a la cresta y tomamos vistas hacia el sur. Se ven Tubau, el monasterio de Santa María, el Catllaràs y La Pobla de Lillet.

Vista hacia el sur desde las Roques de Bruc, con la Pobla de Lillet en primer plano y el macizo del Catllaràs detras. 

Pep quiere conocer el segundo camino, debajo del primero y más importante. En su mayor parte, es una pista semi-naturalizada con algún resto del camino antiguo un poco más abajo, que baja hacia el sur paralela al Torrent de Rentadors. Nos paramos en un promontorio y miramos hacia el norte. Se ve la casa de Meranges y la cisterna de agua. Es evidente que su emplazamiento es perfecto para dominar este valle.

Aquí se aprecia la ubicación perfecta de la casa de Meranges, a la cabecera del valle

La pista acaba en un ‘grau’ muy bien conservado que el camino supera con una forma de Z.

Aquí comemos y luego emprendemos la vuelta bajo un cielo cada vez más amenazador. Cerca de los campos, Pep se desvía hacia la derecha. Quiere ver si hay un camino que conecta con la casa pero no se ve nada claro. Llegamos a la pista que viene de La Muga y conecta con la pista que viene de la casa de Meranges en el Coll de Meranges. El cielo ya es muy oscuro y se oyen truenos al otro lado del Serrat de Meranges. Pep y Carles quieren seguir buscando hacia la casa pero yo ya estoy cansado y prefiero esperarles en el coche. “Busca el arranque del camino al Clot del Moro”, me dice Carles antes de separarnos.

Llego al Coll y me adentró un poco en el bosque del valle que sube desde el río. Allí veo un comienzo claro de un camino. “Esto está chupado”, pienso, pero empiezan a caer gotas y decido volver al coche. Apago el GPS, guardo toda la electrónica en la mochila y me pongo bajo un árbol cerca del coche. Deja de llover y me siento al lado de la pista. El quebrantahuesos sale a buscar comida. Desde las rocas se oye el chillido de una cría; allí debe tener el nido.

Pep y Carles siguen sin venir. Miro el móvil, no hay cobertura y no puedo llamarles. Vuelvo al arranque del camino y bajo un poco más. Sí, no hay duda, es el camino, y además se ve muy bien. Vuelvo al coche. No están y no les veo por la pista. Habrán ido a la casa para explorarla a fondo como última opción, pienso.

Empiezo a caminar por la pista hacia la casa. Si han ido a la casa, o nos encontraremos en la pista o nos veremos allá. Recorro el medio kilómetro de pista hasta la casa y no están allí. Los truenos redoblan su fuerza y empieza a llover torrencialmente. No me queda otro remedio que refugiarme en el pajar de la casa. “Debía haber dejado una nota en el limpiaparabrisas”, pienso, “porque ahora no sabrán dónde estoy”.

Esperando ansiosamente una pausa en la lluvia para volver al Coll de Meranges

Veo que pasan los minutos con un nerviosismo creciente. Parece que la lluvia se amaina, saco el chubasquero y camino por la pista a ritmo vivo. Las curvas de la pista me impiden ver el Collado pero por fin doblo la última curva, justo a tiempo para ver cómo se marcha el coche cuesta abajo. ¡Me han abandonado! Como el náufrago en una isla desierta que, desde el punto más alto de la isla, ve fondear un yate en la bahía y, a pesar de bajar corriendo, llega a la playa solo para ver cómo se zarpa nuevamente, sordo a sus gritos.

Bajo una lluvia insistente, repaso mis opciones. Lo más probable es que se hayan cansado de esperarme y hayan concluido que he empezado a bajar el camino al Clot del Moro y me esperarán en una de las curvas de la pista que hemos pensado como punto de empalme más probable con el camino.

Vuelvo a encender el GPS para hacer el track y me lanzo, yo que tanto me asusta hacer solo caminos desconocidos por lugares escarpados y boscosos. Pero, en realidad, no hay nada que temer; el camino está bastante claro y, si el cielo no fuera tan oscuro, incluso lo disfrutaría. Salgo en la curva pero no hay nadie. Bajo por la pista; sale el sol y todo el ambiente cambia. “Bueno”, pienso, “igual me están esperando abajo y, de todos modos, pronto tendré cobertura y podré llamarles. Y en el peor de los casos, voy al pueblo y pido un taxi”. De todos modos, confiaba en que todo eso tendría un final feliz.

En esto, oigo un coche que baja. ¡Son ellos! Se paran a mi lado y Pep baja la ventanilla. “De las cosas que no hay que hacer nunca en la montaña, las has hecho todas”, me riñe. “Primero, te has separado de nosotros; no nos has esperado en el coche; no has dejado ningún aviso para decirnos dónde has ido; y has bajado precisamente por donde no puede pasar el coche. Deberíamos llevarte a la montaña con una correa al cuello, como los perros”. Pero más preocupado está Carles. Estaba convencido de que me había hecho daño en el bosque y que no me podía mover, y además sin cobertura por móvil. “Con lo torpe que eres”, añade.

Ya en el coche, me cuentan su versión de la aventura. Llegaron al coche desde abajo, sin pasar por la pista de la casa. Al no verme, efectivamente pensaron que había decidido bajar por el camino y se marcharon. Sin embargo, no me vieron en la curva y Pep hizo la reconstrucción de lo sucedido: “Habrá ido a la casa a buscarnos y, al ponerse a llover, buscó refugio en el pajar”. Dieron media vuelta, fueron a la casa pero evidentemente yo ya no estaba allí y ya desesperados, estaban bajando otra vez la pista cuando me vieron.

En el asiento de detrás, empiezo a hacerme la película de la escena en el coche y me pongo a reír. “Seguro que lo estabais pasando peor que yo, viendo lo que os iba a venir encima: Llamar a los bomberos, el helicóptero, las cámaras de televisión y sobre todo, ¡cómo explicarle a mi mujer que me perdisteis en el bosque!” Y todos nos ponemos a reír.

Finalmente, Pep dice: “Encontramos cerámica medieval debajo de la casa. Si estaba allí el castillo, aún no lo podemos saber, pero en la Edad Media, vivía gente allí. De eso no hay duda”.
                                               
Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 8,8 km; 300 metros de desnivel acumulado.

lunes, 26 de junio de 2017

26/5/2017 – El Serrat de Meranges

La semana pasada, no salieron. Un poco de lluvia la noche anterior espantó a Pep y decidió quedarse en casa. Y para colmo, hoy Carles no puede venir y me tocará hacer la cresta del Serrat de Meranges solo con Pep. No quiere renunciar a su método científico aunque yo sé que las posibilidades de encontrar el castillo allí son casi nulas. “Es como un niño con un postre”, pienso en el Mikado. “Primero va dónde no lo va a encontrar y deja los lugares más probables para el final”.

Aparcamos en Sant Vicenç de Rus. Aquí hay una iglesia románica restaurada y un restaurante/alojamiento rural, actualmente sin nadie que lo lleve. Hoy será un día caluroso y por eso, Pep propone una aproximación desde la cara norte, para no pasar tanto calor. Pasamos por la antigua fragua, al lado del río, y ponemos rumbo a la Portella de Baix.

De repente, Pep se aparta de la pista y vemos el dibujo tenue de un camino que sube en línea recta hacia la Portella, antes de incorporarse nuevamente a la pista, evitando las curvas que hace la pista. No lo teníamos ese tramo.

La pista acaba, dejando unos 500 metros intactos del camino, todavía empedrado. Unas tiras de plástico atadas a las ramas sugieren la inminencia de una caminada popular. Llegamos al ‘grau’ en la cresta y miramos el pequeño llano hacia el oeste. Nada.

Tramo empedrado antes de llegar a la Portella de Baix

Ponemos rumbo hacia el este, hacia la Portella de Dalt. Empieza ancho, con pequeños prados pero se va estrechando hasta al final solo tenemos un paso precario por las rocas. Llegamos al estrecho corte en la roca que representa la Portella de Dalt y que va directamente a la casa de Meranges.

La muesca entre rocas formada por la Portella de Dalt

Continuamos. De nuevo, el tramo inicial es bastante ancho, incluso podría haber sido cultivado. Pero se va estrechando otra vez y nos quedamos con un angosto camino que mantienen los cazadores que pasa por la cara norte, luego por la cara sur y luego otra vez por la cara norte, con caídas vertiginosas a ambos lados.

Prados en la cresta del Serrat de Meranges; no todo era tan benigno

Por fin, llegamos a los antiguos campos donde comimos hace 3 semanas. Un camino en diagonal nos lleva al noroeste. Se difumina en una cresta y bajamos sin camino a una pista antigua. Pep quiere mirar un cerro al norte del Coll de l’Espinal. El mapa del ICC conecta toda esa zona con pistas pero sobre el terreno, no es así y no nos queda otro remedio que bajar un trozo sin camino para llegar a la pista principal que lleva al Coll. Me vienen recuerdos traumáticos de una salida en 2011 por esta misma zona cuando Carles y yo fuimos picados por avispas.

Conmino a Pep a no molestar ninguna avispa esta vez y mirar donde pone los pies y llegamos abajo sin novedad. Subimos al pequeño cerro. Evidentemente, no hay rastro de castillo. ¿Cómo va a haber un castillo de Meranges aquí si estamos en el lado equivocado de la montaña?

Aquí comemos y después miramos algunos caminos secundarios o terciarios que habían quedado pendientes de enlazar. Caminando por las hayas, es quizás el momento más relajante del día. Finalmente, bajamos la larga y empinada pista hasta la Farga y luego al coche.

La iglesia románica de Sant Vicenç de Rus y la hospedería. Según tengo entendido, pronto volverá a abrir sus puertas

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 9,8 km; 620 metros de desnivel acumulado.

PD. En el coche de vuelta a Berga, Pep propone una nueva teoría respecto a la ubicación del castillo. Especula que en la Edad Media, el Pas de l’Os no estaba abierto y toda persona que quisiera ir de La Pobla a Castellar de n’Hug tenía que pasar forzosamente por Bruc, Coll de Meranges, Collada de les Rovires y luego el camino que ya hemos seguido dos veces este mes a Castellar de n’Hug. Si fuera así, sería lógico que hubiera un castillo donde está actualmente la casa porque controlaría todo el tránsito por el valle.

12/5/2017 – El mirador de Puiners

Pep no tira la toalla de encontrar el castillo y ahora quiere recorrer la Serra de Seró y mirar ese monte con la bandera catalana que vimos la semana pasada.

Aparcamos en la Collada de les Rovires, pasada la casa, y tomamos el mismo camí ral de la Xarxa Lenta que va a Castellar de N’Hug.

Así empieza el camino desde la Collada de les Rovires

Es un día perfecto. Brota vida por todas partes. Tenemos vistas largas hacia el sur, con el valle de Arieja y detrás, las paredes verticales de Tubau. Si quisiéramos, podríamos dedicar bastantes semanas a explorar esta zona, ya que nuestros mapas están llenos de agujeros.

Otro tramo con muro de apoyo 

Llegamos a la lengua de pequeños picos que es la Serra de Seró. Los subimos y bajamos sin camino, peleando con el boj. Nada; ninguno tiene la extensión suficiente para albergar cualquier tipo de estructura. Al final, me exaspero: “Con solo mirar el mapa, ya te podría haber dicho que aquí no habría nada, sin necesidad de cubrirme los brazos de rascadas. Está demasiado lejos de Meranges; aquí no se vigila nada”.

Vista de las montañas de Meians, con la Serra de Seró en el primer plano

“Hay que seguir el método científico. Todo se tiene que mirar, por muy improbable que sea, y siguiendo un orden”, replica Pep, con cierta pedantería. “Además, nadie te obliga a venir”, añade. Me viene a la mente un sinfín de descubrimientos e inventos que han cambiado el curso de la humanidad y que precisamente no son producto del método científico de Pep pero es cierto, aquí todos somos voluntarios y me callo.

Volvemos al camí ral y subimos la cresta hacia el Pla de Puiners. Llegamos al collado, lo cruzamos y subimos al mirador. Es una pequeña plataforma con una escalera de madera pero ningún castillo … si apenas mide 20 metros cuadrados. Eso sí, tiene vistas de todo el municipio de Castellar de n’Hug, desde Rus hacia el oeste hasta el Coll de la Crueta hacia el norte y l’Espluga hacia el este.

 Castellar de n'Hug desde el Mirador de Puiners

Y mirando hacia el Oeste

Aquí comemos a la sombra, mirando el voleteo de las mariposas y después deshacemos el camino hasta el coche.

Esta machaon (swallowtail en inglés) se dejó fotografiar. Quizás el mejor momento del día para mí

En el camino de vuelta, cerca de Puiners

La semana que viene, Pep quiere seguir la estrecha cresta del Serrat de Meranges pero por suerte me lo perderé. Estaré en Inglaterra.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 7,3 km; 410 metros de desnivel acumulado.

5/5/2017 – El castillo de Meranges

Con dos castillos ya localizados, Pep decide que es hora de ir por el tercero, el castillo de Meranges. Cada tantos años, habíamos venido aquí, intentando buscar infructuosamente un castillo que se menciona con insistencia en los documentos antiguos.

En la larga pista forestal que sube hasta la finca de Meranges, vemos que han estado trabajando en el bosque pero, de momento, sin abrir pistas nuevas.  Aparcamos cerca de la casa. La niebla sube desde el valle abajo mientras miramos alrededor nuestro. ¿Tantos campos para una sola casa?, nos preguntamos.

Mirando hacia el oeste, con la casa de Meranges en el primer plano

Y hacia el sur

En salidas anteriores, habíamos encontrado la Portella de Baix y de Dalt (que van a Sant Vicents y la zona de Ca la Beneta, respectivamente), las Rovires Negres, el camino a Castellar de N’Hug y los caminos hacia el sur, a las casas de Bruc y Puig.

Subimos a la casa. Está rehecha, no queda rastro de nada antiguo y además, está cerrada y es imposible saber qué hay en su interior. Un poco hacia el este, sobre una pequeña elevación, hay una cisterna circular de hormigón. Sería un emplazamiento perfecto pero no hay ni una sola piedra que dé cualquier indicio de algo medieval.

Mirando hacia las rocas detrás, veo un camino que marcha hacia el este y que no nos consta pero Pep primero quiere ir hacia el norte, buscando caminos que suban a la cresta del Serrat de Meranges por si uno de ellos fuera el camino del castillo.

Subimos un camino que muere en una carbonera. Sigue un flanqueo precario buscando un castillo imposible. Un quebrantahuesos patrulla las rocas, acompañado por un par de buitres y chovas. Volvemos al camino que yo había visto esta mañana. Va cruzando zonas de cultivo perdidas en el bosque, finalmente muriendo en una cuesta.

Flanqueamos hasta llegar al camí ral a Castellar de n’Hug, que pasa por la Collada de les Rovires. Es un camino que ha sido empedrado en algunos tramos y ahora forma parte de la Xarxa Lenta.  
Tramo empedrado del camí ral a Castellar de n'Hug

Llegamos a una zona más llana que ha sido cultivado, cerca de la Serra de Seró, y dejamos el camino, subiendo por los bancales. Está todo muy verde.

Entrando en la zona de cultivo

En el límite superior de los campos, parece haber un camino. Nos dividimos: Pep y Carles suben directamente hacia la cresta mientras mi papel es seguir el camino hacia el noroeste para hacer el track en el GPS. Al final, el camino se pierde en una zona sin vegetación. Empiezan a caer gotas. Se avecina un chubasco con un cielo amenazador, y yo aquí, solo, subiendo esta cuesta desolada.

Finalmente llego arriba. Se ve el pueblo de Castellar de n’Hug y detrás, Puigllançada bajo una cortina de lluvia. Nos encontramos nuevamente en la cresta y bajamos hasta un pequeño collado, con una cuesta que desciende hacia el sur, con claros signos de haber sido cultivado. Un poco más al norte, un cerro en cuya cima ondea una bandera catalana. ¿Estará allí el castillo?, se pregunta Pep, absorto en su obsesión personal.

La zona cultivada donde comimos

Decidimos almorzar en los prados formados por los antiguos campos. Sale el sol y todo el ambiente cambia. Propongo que sigamos bajando por los campos, a ver si hay una salida. La cuesta se va estrechando como un embudo y parece abocada al precipicio, pero al final de todo, en una de las puntas, vemos un camino, con peldaños cortados en la roca, que nos lleva por el único paso posible entre dos precipicios, e iniciamos la bajada hacia la casa de Meranges.

Iniciamos la bajada con precipicios a ambos lados

Tras un largo descenso, empalmamos con el mismo camino que vi esta mañana. Desde abajo, es imposible saber que aquí empieza un camino que sube a estos campos colgados entre las rocas.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 6,9 km; 485 metros de desnivel acumulado.

lunes, 12 de junio de 2017

21/4/2017 – Mejora forestal en Cal Parera

Ha pasado Semana Santa. Hoy, Carles no puede venir por obligaciones familiares y Pep y yo decidimos volver a Cal Parera.

Aparcamos en el mismo sitio que la vez anterior. El cielo está despejado con una temperatura fresca y agradable. Un camión cargado de troncos ocupa media pista, apenas dejando sitio para pasar. Parece que tiene el sistema de dirección roto.

Llegamos a Cal Parera y esta vez, buscamos el camino hacia el norte. Lo encontramos cerca de la cisterna: un camino ancho que cruza los campos entre dos muros. Llegamos a la pista, la misma que pasa al lado de la casa. Ya no la vemos con tanta benevolencia como hace dos semanas, ya que vemos su intención de ir serpenteando hacia el norte y tememos por nuestro camino, que está pintado con marcas amarillas con un punto central de color naranja de una antigua caminada.

El camino que sube desde Cal Parera entre dos muros

Las curvas de la pista van cortando el camino a medida que sube, ante la indignación creciente de Pep. Oímos los ladridos de los corzos, un sonido muy agresivo para un animal que no lo es.

Nuestro camino continúa hacia el norte, pasando al lado del final de la pista. Desde aquí sube con pendiente suave pero constante hacia el punto más bajo de la sierra. Dejamos un camino que se bifurca hacia la derecha. Justo debajo de la cresta, el camino hace unos zigzags muy cerrados, obligado por la pendiente, y luego desaparece, roto por una pequeña pista para arrastrar troncos hacia arriba.

Cuando nos asomamos a la cresta, entramos en una auténtica autopista que viene desde el este y gira hacia el norte, aniquilando nuestro camino. Llegamos a un pequeño collado. La pista gira hacia la derecha para dar la vuelta de una pequeña elevación mientras recuperamos los restos del camino que continúan recto.

Salimos a la cresta

Miramos nuestros mapas. Cuando buscamos los caminos de Rus por encargo del Parque de Cadí-Moixeró hace más de 15 años, vimos fragmentos de este camino pero no supimos ver su continuidad hasta Cal Parera. Evidentemente, en aquel tiempo la pista no existía.

Salimos a otro collado más importante donde hay una gran explanada. Desde el Collet de Casa Nova, llegaba un camino muy interesante que buscaba la forma de pasar las rocas. Ahora, por el mismo sitio, pasa la autopista que ha dado la vuelta del pequeño cerro y ha convertido la explanada en una gran estación de carga de troncos. Del camino, evidentemente, no queda nada.

En el Collet de Casa Nova; donde ahora hay la pista, antes había un camino muy curioso

Desanimados, comemos cerca del Collet de Casa Nova, con el valle de Rus delante y el pueblo de Castellar de N’Hug al fondo. La sensación es que estamos viviendo el final de una era. ¿De qué sirve esforzarnos por buscar y cartografiar los caminos antiguos, si cualquier día pueden desaparecer bajo una pista nueva con esta nueva moda de mejora forestal? Es evidente que hay un desconocimiento general de esos caminos y tampoco hay interés en tenerlos en cuenta a la hora de planificar una explotación.

Vista del valle de Rus desde el Collet de Casa Nova; en el fondo, se ve el pueblo de Castellar de N'Hug

Bajamos la pista hacia Erols. Pequeños fragmentos del camino antiguo bajan con más pendiente en curvas muy cerradas. Toda esta zona fue arada en los años 60, expulsando a los ‘masovers’ que vivían en las casas, para plantar pinos cuando a Franco se le ocurrió que había que reforestar España. El impacto en su día debía haber sido enorme. Con el tiempo, los surcos se han ido suavizando pero los pinos no prendieron en todas partes, sobre todo en las zonas más altas donde todavía se pueden ver claramente las líneas de los surcos en las cuestas de las montañas, dándoles una forma de zigurat.

Otro efecto que ha perdurado es que hay miles de caminos por todas partes. Nos causó mucha confusión en Rus, intentando ver cuáles entre todos estos surcos eran los caminos buenos.

Al llegar a Erols, propongo que miremos el camino que quedó pendiente de la vez anterior. Yo pensaba que era la continuación del camino antiguo y acabaría en la pista pero, al contrario, sube y nos acaba llevando a una de las zonas de cultivo, els Planassos, donde se pierde.

Un pequeño 'grau' en el camino que sube a Els Planassos desde Erols

Habíamos dejado a la derecha lo que parecía ser un camino de bajada. Al volver desde els Planassos, lo probamos pero se pierde enseguida y decidimos bajar a lo bruto. Yendo de claro y claro y siguiendo los rastros de los ciervos para esquivar los precipicios, finalmente llegamos a la pista de Erols, ya cerca del coche.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 8,7 km; 460 metros de desnivel acumulado.

PD. Una de las grandes atracciones de la Fira de Maig de este año en Berga fue una maqueta que representa la nueva explotación forestal. En una cara de una montaña con un bosque bonito, despejado, con árboles maduros, se muestra el uso industrial de la madera para crear tablas de palets y energía limpia. En la otra cara, las consecuencias beneficiosas de esta explotación ordenada: pistas limpias, zonas de picnic, nuevos caminos con pintorescos puentes de madera que cruzan las rieras. Lástima que no sea la realidad que vemos nosotros.

La visión idílica de la explotación forestal

domingo, 11 de junio de 2017

7/4/2017 – El castillo de Vilaseca

Mirando los mapas en casa, veo que aún tenemos una zona extensa en blanco encima de la pista que va del Clot del Moro a la casa de Erols. Tenemos marcado un camino que sale de una curva en la pista, a medio camino de la casa y que va bastante llano hasta la gran casa de Cal Parera, encima de la cantera del Clot del Moro, y otro camino que sale de Cal Parera y va hacia el norte, a la casa de Rus. Todo esto lo sabemos porque a principios del nuevo milenio, hicimos una exploración general del valle de Rus por encargo del Parque Natural de Cadí-Moixeró.

Hoy, hace un día perfecto con una temperatura ideal. En el viaje, mi teléfono no para de recibir mensajes ante la sorpresa de Pep y Carles. Aparcamos en la curva de la pista. Visto la fuerte pendiente al final del pequeño espacio, tanto Carles como yo bajamos del coche antes de maniobrar, supuestamente “para guiar a Pep” pero en realidad para evitar quedar atrapados en el coche si se le resbalara el pie a Pep sobre el acelerador.

Una vez aparcado el coche, no puedo callarlo más. “¡Hoy es mi cumpleaños!”, les confieso. Tras recibir las felicitaciones de rigor, nos ponemos en marcha. El camino nos lleva rápidamente a los campos de Cal Parera. Vemos que ha habido cambios desde que vinimos la última vez. Para empezar, se ha alargado la pista que subía desde el Collet del Vent y ahora llega hasta la casa y continúa hacia el norte. También parece que se ha desbrozado el entorno de la casa y las ruinas tienen un aspecto más cuidado.

El camino a Cal Parera

Era una casa muy importante en su día. Tenía múltiples dependencias y anexos, una cisterna de agua y hasta su propia iglesia. Hace ya años, Pep y yo especulamos que se tuvo que abandonar por la contaminación y el polvo producidos por la fábrica de cemento en el Clot del Moro.

Vista general de Cal Parera

Pep cruza la pista y sube una pequeña elevación. “Aquí está el castillo”, dice. “¿De qué castillo está hablando?”, me pregunto y yo también cruzo la pista. Se ve el débil dibujo de un perímetro, que es todo lo que queda. Todas las piedras habrán quedado incorporadas en la casa. Pep y Carles bajan la cuesta hacia la cantera. Yo me quedo en la casa para recorrerla y atender llamadas que me llegan al teléfono.

 Una vista del interior de la casa

Y el inicio de los campos detrás

Pep y Carles vuelven exultantes. Me dicen que han encontrado el poblado medieval de Vilaseca. Llevaba semanas oyendo ese nombre sin saber de qué hablaban. Se ve que se menciona en los escritos medievales pero nadie sabe dónde está, aunque supuestamente se encontraba entre La Pobla de Lillet y Castellar de n’Hug. Es un descubrimiento crucial para entender la historia de esta zona, dice Pep.

“Vaya”, digo. Evidentemente, no era la respuesta entusiasmada que quería oír Pep y me pide los mapas para hacer el plan del día. Tenemos un segundo camino que va de este a oeste, un poco por encima del primero. En cierto momento, perdió mucha categoría e inferimos en aquel tiempo que en algún momento lo perdimos. Además, hay muchas zonas llanas en las cuestas que no hemos visitado y que deben corresponder a zonas de cultivo.

Decidimos volver a visitar este camino, a ver si nos lleva a los campos. Pasamos un ‘grau’ y poco después, llegamos a una bifurcación, donde vemos el camino que seguimos de llano hace tantos años. Esta vez subimos y al cabo de unos 250 metros, entramos en la parte inferior de una zona de cultivo. Aquí, nuestro camino se difumina. Intentamos continuar de llano pero acabamos en un ‘clot’ o pequeño valle encima de la pista de Erols.

Subimos para arribar y entramos en otra gran zona de cultivo. Aquí almorzamos. Media hora después, continuamos subiendo por los antiguos bancales. Ahora conquistados por el bosque, tienen un aire fantasmagórico y de cierta antigüedad. En un rincón, vemos estructuras que podrían ser muy antiguas - ¿unas casas medievales para cuidar esta zona?

En el camino hacia Erols

En la esquina noroeste, vemos otro camino que marcha hacia Erols. Al cabo de unos 350 metros, entramos en otra zona de cultivo, la tercera de hoy. Conseguimos recuperar el camino al otro lado de esta “artiga” (ver Glosario) y pasamos por encima de la casa de Erols. Finalmente, el camino se pierde definitivamente en un ‘clot’, aunque es de suponer que seguía subiendo hacia el Collet de Casanova. 

Bajamos hacia la casa de Erols por una antigua pista. Ya a la altura de la casa, anoto un camino que marcha hacia el sur, cruzando el lecho seco de una riera. ¿Podría ser el antiguo camino? La respuesta, la tenemos que dejar para otro día.

La casa de Erols, ahora utilizada mayormente como casa de colonias

Bajamos la pista hasta el coche. Tenemos trabajo aquí para días.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 8,4 km; 360 metros de desnivel acumulado.

jueves, 20 de abril de 2017

31/3/2017 – El castillo de Gavarrós

La semana siguiente, fui a Inglaterra. Pep y Carles fueron a la zona del Estret, cerca de Gavarrós, guiados por Domènec de La Pobla de Lillet. Hace unos años, Domènec había descubierto por casualidad con un amigo unas estructuras antiguas bajo el cerro del Castell dels Moros, y precisamente, en el Archivo de la Corona de Aragón, Pep había leído sobre un asentamiento bajo el castillo de Gavarrós. Hace bastantes años, antes de empezar el blog, Pep y yo subimos ese cerro desde el sur, literalmente por un camino de cabras, y allí había los restos de una cisterna y una torre.

Exploraron esas ruinas y también, subiendo por el mismo camino de cabras, visitaron los restos encima del cerro.


Pep y Domènec contemplan la vista desde la cima del Castell dels Moros


Los restos de la cisterna.En el fondo, Puigllançada

La semana siguiente, hizo mal tiempo.

---------------------------------

Hoy, Pep quiere volver a la misma zona ya que vio que se marchaban unos caminos que nosotros no conocíamos. Aparcamos al lado de La Caseta, en la pista que va a Gavarrós. Aquí todavía no ha llegado la primavera pero el liquen en los robles sin hoja produce un efecto muy atractivo que contrasta con el verde de la hierba y el color rojizo de la roca.

Subimos por el camino a la Collada de la Caseta desde donde seguimos otro camino que nos sitúa debajo de la roca triangular encima de l’Estret.  

Caminando hacia el poblado medieval

Pep me muestra unos huecos rectangulares que serían otra torre, más grande, y, bajando por las terrazas hacia el oeste, se ven restos de otros edificios. Los huecos muestran signos evidentes de expolio; gente que buscaba algo de metal, sin duda, y no se les ocurrió otra cosa que sacar las piedras y tirarlas por la cuesta donde han quedado amontonadas.

Mientras examinamos los restos, Carles nos explica que por toda Cataluña han surgido Planes de Mejora Forestal, en el caso del Berguedà propiciados por la moda de la biomasa. A nosotros nos parece que esos planes supondrán el 'coup de grâce' para los caminos históricos que quedan en las umbrías, muchos de ellos desconocidos para el gran público.

Los restos de la torre después del paso de los buscadores de tesoros

Pero aquí, por suerte, es poco probable que haya un Plan de Mejora Forestal. Pep explica que este asentamiento estaba habitado hasta el siglo XVI-XVII y era el lugar donde los habitantes de Gavarrós guardaban las cosechas y las cosas de valor, protegidas por la torre, y lo que ahora es el pequeño núcleo de Gavarrós y las casas alrededor, serían las residencias de trabajo, ya que allí estaban las zonas de cultivo.

Oyendo la descripción de Pep, me hizo pensar en la reconstrucción virtual que se ha hecho de Montségur, el pueblo fortificado de los cátaros en Occitania, con una torre central rodeada de casas dispuestas en terrazas, aprovechando la disposición del terreno para crear una plaza fuerte casi inexpugnable.

Bajamos hacia el Torrent de Pardinella por un camino que Pep y Carles siguieron la semana pasado hasta llegar al fondo del valle, donde hay una pista que va al Gorg, el paso del agua en la otra esquina del cerro triangular del Castell dels Moros. En el descenso, dejamos para más adelante un camino que marcha a la izquierda. El camino parece continuar al otro lado del torrente pero muere en la cuesta tras pasar una cresta. Pep quiere buscar un hipotético camino directo de Pardinella a l’Estret, como si la gran casa de Pardinella tuviera su propio Paso del Noroeste, pero la roca supone una barrera infranqueable y, por más que subamos hacia el noreste, no encontramos nada, y finalmente bajamos nuevamente al Torrent de Pardinella. 

Mirando hacia el Torrent de Pardinella, con Puigcal al fondo. Se ve la línea diagonal de la roca que impide cualquier intento de hacer un camino entre Pardinella y l'Estret

Subimos otra vez a la Collada de la Caseta, explorando el camino que dejamos. Al cabo de 100 metros, muere delante de los restos de un edificio de antigüedad indudable, posiblemente de origen medieval.

Continuamos hasta la Collada, donde comemos con una vista de casi 360º. En la salida del 6/5/2011, en el cercano Coll de les Travenoses, mis lectores asiduos seguramente se acordarán de que yo había visto un camino que marchaba hacia el norte pero Pep no me había dejado seguirlo porque llegaba tarde para su clase de música. Propongo que lo miramos, ya que estamos aquí. Pep insinúa que lo que vi fue un espejismo pero accede a echarle un vistazo.

Mirando hacia el cerro triangular del Castell dels Moros

Volvemos a encontrar el camino. Sus comienzos son tenues pero al poco rato, toma forma y se convierte en un camino sólido, que marcha directamente hacia Gavarrós. El hecho de que ahora conozcamos la existencia del poblado medieval da un nuevo sentido a este camino que, hace 6 años, no habríamos sabido ver, ya que, a todas luces, parece ser la conexión entre el poblado bajo el castillo y el pueblo donde está la iglesia.

Pep, feliz de encontrar un camino nuevo

Al pasar una cresta, Carles ve un camino que baja. Pep lo descarta – demasiada pendiente – y continuamos hasta empalmar con la pista. Volvemos por la pista hacia el coche. “Ahora sí que se puede decir que conocemos todos los caminos de Gavarrós”, dice Pep prematuramente. Porque, al poco rato, vemos un camino que cruza la pista en diagonal. Lo seguimos a la derecha, donde baja al molino, descrito en términos tan pintorescos por Cesar August Torras y ahora unas tristes ruinas. Damos la vuelta y lo seguimos en la otra dirección, empalmando con el camino del poblado justo donde Carles había dicho que había visto el camino. Así que también hemos descubierto el camino del poblado al molino.

Lo que queda del molino de Gavarrós

“Ahora sí que se puede decir que lo hemos hecho todo”, repite Pep, impenitente. Seguimos el camino a la casa de Prat Terrer, recorrido en la misma salida del 6/5/2011, para marcarlo en el GPS, volvemos al collado y bajamos al coche.

El pintoresco 'grau' en el camino que va a la casa de Prat Terrer

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 7 km; 470 metros de desnivel acumulado.

10/3/2017 – Regreso al Infierno Verde

Hoy, nos encontramos con la gran remontada del Barça frente al PSG todavía fresca en la memoria. Un marcador nunca visto, imposible, pero ocurrió. Un auténtico milagro, cuando se había perdido toda la esperanza y la prueba definitiva de que Dios no lleva una túnica blanca sino blaugrana. Si hubiera apostado todos mis ahorros por el 6-1, hoy no estaría bebiendo café sino champán.

Frente a este acontecimiento, las condenas judiciales de políticos por dejar votar a la ciudadanía y los grandes juicios de presuntos corruptos pasan a un segundo plano.

Sobre la mesa en el Mikado, tenemos una propuesta de Pep: volver al Infierno Verde, el nombre que hemos dado a ese bosque aparentemente impenetrable que flanquea la ribera sur del Llobregat desde Guardiola casi hasta La Pobla de Lillet. Pep sospecha que allí había unas prospecciones de mineral de hierro, concretamente en un punto donde habíamos visto unos huecos rectangulares en la tierra y que habíamos interpretado como carboneras, y hoy quiere liquidar el tema.

Como en otras ocasiones, aparcamos en la última curva de la carretera que sube a Sant Julià de Cerdanyola y buscamos el camino de flanqueo que baja al lugar llamado El Quiosco, un antiguo local para los pescadores. Empezamos el día con solo 4ºC de temperatura.

Al principio, parece que no ha cambiado nada desde la última vez que estuvimos aquí. Pep y Carles caminan enfrascados en su conversación. Sus cuerpos están aquí, en la umbría, pero sus mentes están al otro lado del río, en la solana, siguiendo los límites del antiguo término de Brocà, que se ve entre los árboles desde donde estamos.

Llegamos a una bifurcación. Sale un camino a la derecha que no hemos seguido hasta ahora y no sabemos dónde va. Pero abajo, se ven cambios: el final de una pista de desembosque unos 50 metros más abajo que parece que habrá supuesto la muerte del camino que estamos siguiendo ahora.

El camino que baja de la carretera de Sant Julià de Cerdanyola al Quiosco

Giramos a la derecha. Es un camino empinado, va enlazando alguna carbonera y luego entra en un ‘clot’ o depresión en el bosque. Aquí el camino desaparece y en el centro del barranco, es un caos de tierra y piedras que han caído desde arriba. Francamente, es un lugar bastante salvaje. Carles quiere seguir arriba para ver si tiene alguna salida. Tendríamos que estar bajo el Forcat, una roca con la senyera (la bandera de Cataluña) que se cambia cada año en la Festa Major de Sant Julià de Cerdanyola.

Pep y yo quedamos esperándole. Pasan los minutos con un silencio total y sin ninguna novedad desde arriba. Pep empieza a preocuparse. “Llámale”, me pide. Le llamo por el móvil. “Estoy bajando”, me dice Carles, “pero voy poco a poco. Aquí hay mucha pendiente”. Entro en el barranco para ver si se le ve. “Mejor que te apartes”, me dice Pep, y un minuto después, baja una piedra grande rodando a gran velocidad, empujada involuntariamente por Carles allí arriba.

Finalmente, llega Carles, visiblemente más pálido. Cuenta que llegó arriba a una especie de meseta donde se congregan los animales pero no vio nada más. Pep y yo creemos que estuvo a cuatro pasos de pasar al otro lado, pero Carles lo vio todo muy cortado y decidió volver en un descenso nada fácil. Pasamos por caminos de animales al pie de la pared de roca pero, finalmente, nos cansamos de tanta precariedad y buscamos la manera de bajar. Encontramos un camino que parece de factura humana, que nos lleva a la última carbonera que encontramos en la subida.

Entramos en una zona de carboneras que conocemos de otras salidas y buscamos la manera de flanquear hacia las supuestas minas de Pep. En todo este rato, Carles está muy callado. Ante mi insistencia, al final confiesa: “No me gustan las obagas (umbrías). Prefiero estar a la luz del sol”. Le hablo de los elfos y otros espíritus benignos que habitan los bosques pero Carles no se deja convencer. “En estos bosques no hay”, sentencia.

Un nuevo 'look' para la Baga de Cal Companyó

Llegamos a un camino para bajar troncos y no hay manera de continuar hacia el este. Tenemos que bajar. Entramos en la zona de explotación forestal, con ramas tiradas por todas partes. Luego, vemos las pistas nuevas, ante la creciente indignación de Pep. Visitamos el Quiosco, visiblemente deteriorado desde la última vez que estuvimos aquí, y comemos en una explanada ante un paisaje desolado. Las minas tendrán que esperar otro día.

El Quiosco, ya en las últimas

Mientras comemos, conversamos sobre temas variados y voy siguiendo con la vista el vuelo de las mariposas de color limón que salen ahora en primavera. De repente, Pep para la conversación y me quita una garrapata que caminaba resolutamente por el hombro de mi chaqueta, rumbo a mi cuello. Eso provoca que nos hacemos un registro general; ahora es la época de esos bichos y con tanto ciervo por aquí …

Volvemos por la pista que ahora ocupa el lugar del camino hasta ver el empalme con el camino de esta mañana, y volvemos al coche.

Nos vamos de aquí con un mal sabor de boca. La abertura de pistas forestales nuevas está pasando aquí, y en los bosques de Guardiola y Bagà donde estuvimos el otoño pasado, y también en Gisclareny. Tenemos una sensación generalizada de destrucción y pérdida de patrimonio en forma de caminos antiguos ante la indiferencia de departamentos gubernamentales, administraciones locales, propietarios y el público en general.

Como en el Señor de los Anillos después de la caída de Sauron, parece que una era de la que nosotros hemos sido testigos está llegando a su fin y los que vendrán después conocerán otro mundo, sin rastro de lo que hemos visto nosotros.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 5,8 km; 420 metros de desnivel acumulado (100 metros más para Carles).