Aquí relato nuestras salidas por los caminos del Berguedà y comarcas vecinas. Como lo pasamos muy bien, queremos comunicar sobre todo buen humor y alegría pero también tiene un fondo muy serio: el camino como bien patrimonial, pieza esencial para entender la historia y digno de conservación. Es nuestra misión desde hace más de 15 años.



jueves, 20 de abril de 2017

31/3/2017 – El castillo de Gavarrós

La semana siguiente, fui a Inglaterra. Pep y Carles fueron a la zona del Estret, cerca de Gavarrós, guiados por Domènec de La Pobla de Lillet. Hace unos años, Domènec había descubierto por casualidad con un amigo unas estructuras antiguas bajo el cerro del Castell dels Moros, y precisamente, en el Archivo de la Corona de Aragón, Pep había leído sobre un asentamiento bajo el castillo de Gavarrós. Hace bastantes años, antes de empezar el blog, Pep y yo subimos ese cerro desde el sur, literalmente por un camino de cabras, y allí había los restos de una cisterna y una torre.

Exploraron esas ruinas y también, subiendo por el mismo camino de cabras, visitaron los restos encima del cerro.


Pep y Domènec contemplan la vista desde la cima del Castell dels Moros


Los restos de la cisterna.En el fondo, Puigllançada

La semana siguiente, hizo mal tiempo.

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Hoy, Pep quiere volver a la misma zona ya que vio que se marchaban unos caminos que nosotros no conocíamos. Aparcamos al lado de La Caseta, en la pista que va a Gavarrós. Aquí todavía no ha llegado la primavera pero el liquen en los robles sin hoja produce un efecto muy atractivo que contrasta con el verde de la hierba y el color rojizo de la roca.

Subimos por el camino a la Collada de la Caseta desde donde seguimos otro camino que nos sitúa debajo de la roca triangular encima de l’Estret.  

Caminando hacia el poblado medieval

Pep me muestra unos huecos rectangulares que serían otra torre, más grande, y, bajando por las terrazas hacia el oeste, se ven restos de otros edificios. Los huecos muestran signos evidentes de expolio; gente que buscaba algo de metal, sin duda, y no se les ocurrió otra cosa que sacar las piedras y tirarlas por la cuesta donde han quedado amontonadas.

Mientras examinamos los restos, Carles nos explica que por toda Cataluña han surgido Planes de Mejora Forestal, en el caso del Berguedà propiciados por la moda de la biomasa. A nosotros nos parece que esos planes supondrán el 'coup de grâce' para los caminos históricos que quedan en las umbrías, muchos de ellos desconocidos para el gran público.

Los restos de la torre después del paso de los buscadores de tesoros

Pero aquí, por suerte, es poco probable que haya un Plan de Mejora Forestal. Pep explica que este asentamiento estaba habitado hasta el siglo XVI-XVII y era el lugar donde los habitantes de Gavarrós guardaban las cosechas y las cosas de valor, protegidas por la torre, y lo que ahora es el pequeño núcleo de Gavarrós y las casas alrededor, serían las residencias de trabajo, ya que allí estaban las zonas de cultivo.

Oyendo la descripción de Pep, me hizo pensar en la reconstrucción virtual que se ha hecho de Montségur, el pueblo fortificado de los cátaros en Occitania, con una torre central rodeada de casas dispuestas en terrazas, aprovechando la disposición del terreno para crear una plaza fuerte casi inexpugnable.

Bajamos hacia el Torrent de Pardinella por un camino que Pep y Carles siguieron la semana pasado hasta llegar al fondo del valle, donde hay una pista que va al Gorg, el paso del agua en la otra esquina del cerro triangular del Castell dels Moros. En el descenso, dejamos para más adelante un camino que marcha a la izquierda. El camino parece continuar al otro lado del torrente pero muere en la cuesta tras pasar una cresta. Pep quiere buscar un hipotético camino directo de Pardinella a l’Estret, como si la gran casa de Pardinella tuviera su propio Paso del Noroeste, pero la roca supone una barrera infranqueable y, por más que subamos hacia el noreste, no encontramos nada, y finalmente bajamos nuevamente al Torrent de Pardinella. 

Mirando hacia el Torrent de Pardinella, con Puigcal al fondo. Se ve la línea diagonal de la roca que impide cualquier intento de hacer un camino entre Pardinella y l'Estret

Subimos otra vez a la Collada de la Caseta, explorando el camino que dejamos. Al cabo de 100 metros, muere delante de los restos de un edificio de antigüedad indudable, posiblemente de origen medieval.

Continuamos hasta la Collada, donde comemos con una vista de casi 360º. En la salida del 6/5/2011, en el cercano Coll de les Travenoses, mis lectores asiduos seguramente se acordarán de que yo había visto un camino que marchaba hacia el norte pero Pep no me había dejado seguirlo porque llegaba tarde para su clase de música. Propongo que lo miramos, ya que estamos aquí. Pep insinúa que lo que vi fue un espejismo pero accede a echarle un vistazo.

Mirando hacia el cerro triangular del Castell dels Moros

Volvemos a encontrar el camino. Sus comienzos son tenues pero al poco rato, toma forma y se convierte en un camino sólido, que marcha directamente hacia Gavarrós. El hecho de que ahora conozcamos la existencia del poblado medieval da un nuevo sentido a este camino que, hace 6 años, no habríamos sabido ver, ya que, a todas luces, parece ser la conexión entre el poblado bajo el castillo y el pueblo donde está la iglesia.

Pep, feliz de encontrar un camino nuevo

Al pasar una cresta, Carles ve un camino que baja. Pep lo descarta – demasiada pendiente – y continuamos hasta empalmar con la pista. Volvemos por la pista hacia el coche. “Ahora sí que se puede decir que conocemos todos los caminos de Gavarrós”, dice Pep prematuramente. Porque, al poco rato, vemos un camino que cruza la pista en diagonal. Lo seguimos a la derecha, donde baja al molino, descrito en términos tan pintorescos por Cesar August Torras y ahora unas tristes ruinas. Damos la vuelta y lo seguimos en la otra dirección, empalmando con el camino del poblado justo donde Carles había dicho que había visto el camino. Así que también hemos descubierto el camino del poblado al molino.

Lo que queda del molino de Gavarrós

“Ahora sí que se puede decir que lo hemos hecho todo”, repite Pep, impenitente. Seguimos el camino a la casa de Prat Terrer, recorrido en la misma salida del 6/5/2011, para marcarlo en el GPS, volvemos al collado y bajamos al coche.

El pintoresco 'grau' en el camino que va a la casa de Prat Terrer

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 7 km; 470 metros de desnivel acumulado.

10/3/2017 – Regreso al Infierno Verde

Hoy, nos encontramos con la gran remontada del Barça frente al PSG todavía fresca en la memoria. Un marcador nunca visto, imposible, pero ocurrió. Un auténtico milagro, cuando se había perdido toda la esperanza y la prueba definitiva de que Dios no lleva una túnica blanca sino blaugrana. Si hubiera apostado todos mis ahorros por el 6-1, hoy no estaría bebiendo café sino champán.

Frente a este acontecimiento, las condenas judiciales de políticos por dejar votar a la ciudadanía y los grandes juicios de presuntos corruptos pasan a un segundo plano.

Sobre la mesa en el Mikado, tenemos una propuesta de Pep: volver al Infierno Verde, el nombre que hemos dado a ese bosque aparentemente impenetrable que flanquea la ribera sur del Llobregat desde Guardiola casi hasta La Pobla de Lillet. Pep sospecha que allí había unas prospecciones de mineral de hierro, concretamente en un punto donde habíamos visto unos huecos rectangulares en la tierra y que habíamos interpretado como carboneras, y hoy quiere liquidar el tema.

Como en otras ocasiones, aparcamos en la última curva de la carretera que sube a Sant Julià de Cerdanyola y buscamos el camino de flanqueo que baja al lugar llamado El Quiosco, un antiguo local para los pescadores. Empezamos el día con solo 4ºC de temperatura.

Al principio, parece que no ha cambiado nada desde la última vez que estuvimos aquí. Pep y Carles caminan enfrascados en su conversación. Sus cuerpos están aquí, en la umbría, pero sus mentes están al otro lado del río, en la solana, siguiendo los límites del antiguo término de Brocà, que se ve entre los árboles desde donde estamos.

Llegamos a una bifurcación. Sale un camino a la derecha que no hemos seguido hasta ahora y no sabemos dónde va. Pero abajo, se ven cambios: el final de una pista de desembosque unos 50 metros más abajo que parece que habrá supuesto la muerte del camino que estamos siguiendo ahora.

El camino que baja de la carretera de Sant Julià de Cerdanyola al Quiosco

Giramos a la derecha. Es un camino empinado, va enlazando alguna carbonera y luego entra en un ‘clot’ o depresión en el bosque. Aquí el camino desaparece y en el centro del barranco, es un caos de tierra y piedras que han caído desde arriba. Francamente, es un lugar bastante salvaje. Carles quiere seguir arriba para ver si tiene alguna salida. Tendríamos que estar bajo el Forcat, una roca con la senyera (la bandera de Cataluña) que se cambia cada año en la Festa Major de Sant Julià de Cerdanyola.

Pep y yo quedamos esperándole. Pasan los minutos con un silencio total y sin ninguna novedad desde arriba. Pep empieza a preocuparse. “Llámale”, me pide. Le llamo por el móvil. “Estoy bajando”, me dice Carles, “pero voy poco a poco. Aquí hay mucha pendiente”. Entro en el barranco para ver si se le ve. “Mejor que te apartes”, me dice Pep, y un minuto después, baja una piedra grande rodando a gran velocidad, empujada involuntariamente por Carles allí arriba.

Finalmente, llega Carles, visiblemente más pálido. Cuenta que llegó arriba a una especie de meseta donde se congregan los animales pero no vio nada más. Pep y yo creemos que estuvo a cuatro pasos de pasar al otro lado, pero Carles lo vio todo muy cortado y decidió volver en un descenso nada fácil. Pasamos por caminos de animales al pie de la pared de roca pero, finalmente, nos cansamos de tanta precariedad y buscamos la manera de bajar. Encontramos un camino que parece de factura humana, que nos lleva a la última carbonera que encontramos en la subida.

Entramos en una zona de carboneras que conocemos de otras salidas y buscamos la manera de flanquear hacia las supuestas minas de Pep. En todo este rato, Carles está muy callado. Ante mi insistencia, al final confiesa: “No me gustan las obagas (umbrías). Prefiero estar a la luz del sol”. Le hablo de los elfos y otros espíritus benignos que habitan los bosques pero Carles no se deja convencer. “En estos bosques no hay”, sentencia.

Un nuevo 'look' para la Baga de Cal Companyó

Llegamos a un camino para bajar troncos y no hay manera de continuar hacia el este. Tenemos que bajar. Entramos en la zona de explotación forestal, con ramas tiradas por todas partes. Luego, vemos las pistas nuevas, ante la creciente indignación de Pep. Visitamos el Quiosco, visiblemente deteriorado desde la última vez que estuvimos aquí, y comemos en una explanada ante un paisaje desolado. Las minas tendrán que esperar otro día.

El Quiosco, ya en las últimas

Mientras comemos, conversamos sobre temas variados y voy siguiendo con la vista el vuelo de las mariposas de color limón que salen ahora en primavera. De repente, Pep para la conversación y me quita una garrapata que caminaba resolutamente por el hombro de mi chaqueta, rumbo a mi cuello. Eso provoca que nos hacemos un registro general; ahora es la época de esos bichos y con tanto ciervo por aquí …

Volvemos por la pista que ahora ocupa el lugar del camino hasta ver el empalme con el camino de esta mañana, y volvemos al coche.

Nos vamos de aquí con un mal sabor de boca. La abertura de pistas forestales nuevas está pasando aquí, y en los bosques de Guardiola y Bagà donde estuvimos el otoño pasado, y también en Gisclareny. Tenemos una sensación generalizada de destrucción y pérdida de patrimonio en forma de caminos antiguos ante la indiferencia de departamentos gubernamentales, administraciones locales, propietarios y el público en general.

Como en el Señor de los Anillos después de la caída de Sauron, parece que una era de la que nosotros hemos sido testigos está llegando a su fin y los que vendrán después conocerán otro mundo, sin rastro de lo que hemos visto nosotros.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 5,8 km; 420 metros de desnivel acumulado (100 metros más para Carles).

sábado, 1 de abril de 2017

3/3/2017 – El camino falso de La Clusa

Pep ha vuelto a mirar el camino de la Minuta. Parece que el camino indicado en el mapa subía por la ribera izquierda del Clot de Costa Llitza.

Aparcamos en el mismo sitio, cerca de la casa de Cap del Pla. Subimos por la pista antigua que bajamos la semana pasada. Hasta aquí parece claro.

Restos de una barraca cerca de Cap del Pla

Cruzamos la pista de Fontanals y continuamos por el barranco. El camino está muy marcado hasta llegar a una especie de cisterna de hormigón donde hay una captación de agua. Aunque el camino sigue hacia arriba, al poco rato se difumina. Además, estamos subiendo el valle incorrecto, que nos desvía demasiado hacia el oeste.

Pasamos la cresta y entramos en el valle siguiente hacia el este. Volvemos a encontrar un camino. Lo bajamos hasta la cisterna y luego volvemos a subir por la ribera izquierda. Pero el camino no tarda en difuminarse y se pierde. Cruzamos al otro lado donde encontramos el camino, ahora convertido en su mayor parte en antigua pista. Volvemos a bajar hasta tener la cisterna a la vista.

Damos la vuelta y subimos para arriba. “Desde luego”, pienso, “si seguimos así, vamos a hacer el doble de desnivel”. Llegamos a una curva de la pista de Fontanals pero unos pocos metros más arriba, marcha otra pista paralela y más antigua en la misma dirección. Para romper la monotonía y como no la tenemos en nuestros mapas, decidimos seguir esta pista. Es bastante plana y ancha y da una oportunidad para conversar. Pep y Carles hablan de castillos, feudos, alodios y donaciones a monasterios. Ya llevan semanas así.

La antigua pista de Fontanals

Al llegar a Fontanals, damos la vuelta. A llegar otra vez a la curva de la pista nueva, subimos por el fondo del barranco (Clot de la Costa Llitza). La pendiente es muy fuerte y es evidente que por aquí no hay camino. Pep pasa a la ribera derecha y sube la cuesta, alejándose del barranco. No tarda en encontrar el camino pero esta vez, no lo bajamos sino que guardamos ese descenso para la vuelta.

Seguimos subiendo hacia el Collet Llobató por un camino de pendiente fuerte pero con más categoría que el camino de cazadores de la semana pasada. Finalmente, salimos en el Coll Llobató en la pista y frente al poste del GR4, donde encontramos el camino auténtico en la bajada la semana pasada.

Bajamos la pista hasta la Costa Llitza y buscamos un sitio al sol entre las rocas de la cresta para comer. Delante nuestro, la niebla empieza a llenar el valle de Malanyeu abajo, anunciando la llegada de un frente. Almorzamos tranquilamente, conversando de muchas cosas ajenas a los Archivos. De repente, la niebla empieza a asomarse por el Roc de la Clusa, que tenemos enfrente. Finalmente, la roca ya no la puede contener y, con un tsunami a cámara lenta, baja hacia nosotros. Con el sol tapado, la temperatura baja y es hora de ponernos en marcha.

La niebla invade el valle de Malanyeu

En la bajada, hacemos el camino correcto de un tirón, acabando el descenso en una quinta parte del tiempo que tardamos en subir.

Bajando el camino de la Minuta desde el Collet Llobató

Reflexionando en el coche, Pep concluye que aunque hoy hemos hecho el camino marcado en La Minuta, es un camino para hacer a pie. El camino auténtico, el que se puede hacer con animales, es el que seguimos la semana pasada y que no está marcado en La Minuta.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 6,3 km; 600 metros de desnivel acumulado.

24/2/2017 – El camino auténtico de La Clusa

Pep y Carles siguen estudiando la Minuta de Sant Julià de Cerdanyola. Desde el Cap del Pla, sube un camino al Collet Llobató, que sería el camino para pasar de Sant Julià de Cerdanyola hacia La Clusa. Yo no lo tenía en mis mapas. “Cuatro años subiendo cada fin de semana a ese pueblo y no sabes nada”, me reprocha Pep en el Mikado. “¿Qué hacías?”. “Nada. Como ahora, todo el día en el bar”, contesto.

Salimos con un día nublado. Caen algunas gotas de fango, pero confiamos en que el día se arreglará. Aparcamos en el cruce de pistas cerca de las ruinas de la casa de Cap del Pla. Una de las pistas marcha hacia Falgars; aún queda un fragmento del camino antiguo pero renunciamos a seguir esa pista. Subimos hacia el sur por un camino despejado perpendicular a la pista pero que no tiene el aspecto de un camino antiguo.

Enseguida empieza a subir con mucha pendiente. Ahora es evidente que es un camino de cazadores pero vemos restos de muros que suben pequeños valles desde abajo, como si hasta aquí llegaban las zonas de cultivo. La subida se hace agotadora y voy unos 30 metros detrás de Pep y Carles, parando para recuperar el aliento.

Hace mucho tiempo, yo había marcado desde la pista de Fontanals un camino que bajaba esta cuesta (Les Estaiades), hasta llegar a una ‘balma’ o pequeña cueva, donde volví a subir. Al principio, parece que el camino que hacemos pasa por el mismo sitio, pero al llegar arriba y pasar al otro lado de la cresta, veo que no puede ser. Cuando llegamos a la pista, llevo a Pep y Carles al arranque de ese camino que seguí hace tantos años. A los pocos metros, se ve que es un camino de categoría que va a buscar el pie de la roca, unos 30 metros por debajo de ese camino tan extenuante que hicimos de subida. 

Llegamos a la ‘balma’ y Pep ve que el camino sigue bajando, con la misma categoría. “¿Por qué no continuaste?”, me pregunta. “Iba solo. Ya sabes que cuando voy solo me asusto con todo. En aquel entonces, me debía parecer muy empinado y pedregoso”, le contesto.

Dejamos este camino para la bajada y volvemos a la pista. Vemos que el camino continúa y entra en la pista de desembosque que pasa por la fuente destrozada de Fontanals. Aquí el camino se pierde y acabamos en el GR4 que viene desde el Camp de l’Ermitá y sube en línea recta hasta el Collet Llobató.

Aires de primavera bajo el Collet Llobató

Aquí no llega el sol y todavía queda bastante nieve. “Esto no es ningún camino”, dice Pep. “Por aquí no subía nadie. Tiene que haber otro camino”. Llegamos al Collet justo cuando el sol consigue traspasar las nubes bajas. Seguimos el PR hacia el Roc de Catllaràs, buscando un lugar seco para comer, hasta llegar a un pequeño lomo donde el sol ha deshecho la nieve.

En el Collet Llobató. Carles y Pep estudian el mapa

La temperatura no invita a quedarse mucho rato y nos levantamos para volver. En el Collet Llobató, volvemos a bajar por el GR pero al poco rato, vemos un camino que marcha hacia la izquierda. Sigue bajando en diagonal y, cruzando las curvas de la pista, nos lleva a la zona de Fontanals, donde lo perdimos en la subida. No hay duda de que hemos encontrado el camino auténtico que subía desde Sant Julià de Cerdanyola.

Cruzamos la pista y volvemos a bajar por el camino de la ‘balma’. Va siguiendo la pared de roca con un descenso constante pero asumible, con algún zigzag en los tramos más empinados. Bajo nuestro, paredes interminables de antiguos cultivos. 

Bajando el camino hacia el Cap del Pla

Llegamos al fondo del valle del Torrente de la Font del Castell. Hasta ahora, a pesar de su categoría indudable, el GPS de Carles nos decía que estábamos lejos del camino de la Minuta. Sin embargo, al llegar al torrente, el GPS nos dice que estamos encima del camino y, efectivamente, hay una especie de pista naturalizada o camino ancho (que viene de más arriba) que va bajando por la ribera izquierda del barranco. El camino ya no lo dejamos hasta llegar al coche.

Al bajar el track de mi GPS al mapa, Pep duda de que lo que seguimos nosotros fuera el camino de la Minuta. ¿Tendrá este último tramo la llave para desentrañar el misterio?

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 6,3 km; 510 metros de desnivel acumulado.

lunes, 13 de marzo de 2017

17/2/2017 – La vía de Sant Julià de Cerdanyola

Tras la salida de la semana pasada, Pep quería repasar toda la vía de tren. “La vía no puede bajar ese valle, hay demasiada pendiente. El teleférico tiene que empezar antes”. En los años 20, el Conde Olano compró los derechos de tala de todo el bosque del valle de Cerdanyola para sus minas y, para sacar los troncos, se construyó una vía de tren que fue recorriendo toda la umbría. Ahora es una pista y parte de la Xarxa Lenta.

Había venido por aquí con Pep antes de empezar el blog y también la había recorrido en bici cuando subía los fines de semana desde Barcelona.

Aparcamos en el centro del pueblo. Lo primero que Pep quiere hacer es acabar de enlazar el camino de la semana pasada con el pueblo. “Fácil”, digo. “Esto lo conozco como la palma de la mano”. Les llevo a la ‘creu de terme’, una cruz de hierro que marca el límite del pueblo y ahora convertida en una placita con bancos. Aquí en Sant Julià de Cerdanyola se ve que hay mucha afición por los bancos. Desde aquí marcha el camino, ahora pista, y en 15 minutos, estamos en el Cap dels Roquets.

Retrocedemos y subimos el camino que sigue la acequia que baja desde el Cap del Grau. Aún no ha salido el sol con potencia y hay un ambiente gélido. En el Grau, al igual que la semana anterior, vemos espirales de procesionarias medio congeladas que todavía se mueven débilmente al tocarlas con las botas. Son realmente repugnantes.

El sol todavía no ha tocado este camino que sube al Cap del Grau

Pep empieza a buscar restos del teleférico detrás de los bancos del Grau. “Aquí no está la vía”, digo con impaciencia, y por pistas sorprendentemente planas, ahora que lo pienso, damos la vuelta del Puig hasta llegar al poste de la Xarxa Lenta donde pone “Camí de la Via”. “Aquí llega la vía”, digo con cierta prepotencia y señalo el poste indicador, dando a entender que la vía hace un giro en U para encarar el Valle de l’Albiol.

Pep me mira como si esperara algo mejor de mí después de tantos años. “Este giro es imposible. La vía es lo que hemos hecho desde el Grau y allí estaba el teleférico. Así lo pone en el libro de Salmerón pero evidentemente no te has molestado a consultarlo. Y para colmo no me dejaste buscar el teleférico”, se queja. De repente, el velo del urbanita que venía aquí en los años 90 a hacer bici cae de mis ojos. Veo lo cerrado de la curva en U de la pista al Valle de l’Albiol y me doy cuenta de la pendiente suave y las curvas amplias de las pistas que hemos seguido hasta aquí. “Bueno, a la vuelta lo buscamos bien, ¿no?”, aventuro débilmente.

Caminamos por la larga pista que va siguiendo la umbría. Es suficientemente ancha y buena para que no me quede atrás y puedo caminar al lado de Pep y Carles. Escucho su conversación, llena de apellidos de personas muertas hace siglos y topónimos. Así podrían continuar durante semanas.

La cuadra de la vía

Llegamos a la cuadra; un edificio muy similar al de abajo, encima del Collet, pero en mucho mejor estado. La vía continúa durante otro medio kilómetro y se acaba. Sigue un camino que va enlazando los ‘clots’ o pequeños valles, aterrazados hasta arriba y cada uno con su barraca.

El final de la vía

Paredes interminables

Salimos cerca del Coll de Subirana y volvemos por la carretera asfaltada. Nos acompañan interminables paredes de antiguos campos, un trabajo de muchas generaciones. Todo este valle, ahora cubierto de bosque hasta la zona llana en el fondo, habría tenido un aspecto muy diferente hace un siglo o dos.

Por un camino, subimos a la cuadra y luego a las ruinas de la casa del Cap del Pla. Desde allí, seguimos el camino antiguo de mulas de Malanyeu a Sant Julià de Cerdanyola, hasta llegar al Coll de Bassotes, donde comemos al sol.

Desde aquí, baja una pista más bien fea que va por la umbría. Sin embargo, en la ribera derecha del Torrent de Lavalol, hay un camino que va siguiendo el límite de los campos. De nuevo, nos quedamos maravillados ante las interminables hileras de muros que nos van siguiendo en el largo descenso.

Más paredes que separan zonas de cultivo en el torrente que baja desde el Coll de Bassotes

Hace 15 años, había cartografiado un camino que se bifurcaba hacia la derecha, cerca de una barraca, y que nos llevaría rápidamente al Cap del Grau y al pueblo. Pasaba al lado de un pequeño risco. Había propuesto seguir este camino pero lo que encontramos es el canal que lleva el agua a los huertos del pueblo y no hay ninguna barraca. Sospecho que hemos bajado demasiado pero Pep no quiere volver a subir y seguimos ese estrecho camino con el sonido del agua que corre por el tubo enterrado bajo nuestros pies.

Entramos en la zona de riscos pero no recuerdo que el camino fuera tan colgado. De repente, Pep y Carles se paran. “¿Pasaste por aquí?”, me pregunta, entre admirado y escéptico. Comparto mis dudas. “O eras muy temerario hace 15 años o fuiste por otro sitio. Ha habido un desprendimiento y ahora no hay sitio para pasar”, continúa Pep. Hacemos un descenso precario hasta la pista debajo que seguimos hasta la Collada del Puig, donde recuperamos el canal, que seguimos hasta el Cap del Grau.

Con el calor del sol, se han animado las procesionarias. En la pista, vemos múltiples filas encaminándose con decisión hacia todos los puntos cardinales, sin que les parezca importar que algunas filas vayan hacia desde donde vienen otras filas. En el Cap del Grau, es un auténtico festival de orugas, atraídas por el agua. Volvemos a buscar el teleférico pero no queda rastro.

Escultura viva en la pequeña pasarela que cruza la acequia del Cap del Grau

Seguimos por el canal de la acequia, caminando sobre filas de procesionaria que también siguen el reborde de hormigón, hasta salir nuevamente en la plaza de la cruz. Durante unos minutos, nos sentamos al sol, imaginándonos dentro de 20 años, si la salud nos acompaña, sentados en los bancos apoyando el mentón sobre nuestros bastones, contando batallitas sobre todos los caminos que hemos seguido por aquí.

La 'placeta de la creu', con Pedraforca de fondo

Pero al cabo de 10 minutos, Pep se acuerda de todos los documentos que le esperan en casa para transcribir y nos levantamos para volver al coche.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 14,6 km; 420 metros de desnivel acumulado.

10/2/2017 – El camino antiguo de Sant Julià de Cerdanyola a Berga

Ha pasado un mes. La semana anterior, Pep y Carles exploraron caminos del entorno de Casserres entre chubascos.

Desde que lo contemplamos desde el túnel del teleférico, Pep quería volver al camino que sube el Valle de l’Albiol hasta el Cap dels Roquets para luego entrar en el pueblo de Sant Julià de Cerdanyola. El 7 de octubre de 2012, hice una salida con Josep María que incluyó la parte superior de ese camino.

La Minuta de Sant Julià de Cerdanyola muestra un camino que sube desde el puente medieval debajo del castillo de Guardiola y, en el Archivo de la Corona de Aragón, Pep ha encontrado un documento en el que también se hace mención de ese camino. Pero, tomando café en el Mikado, yo eso aún no lo sabía.

Aparcamos en los pisos del Collet. El puente que cruza el río está un poco más dilapidado que cuando lo cruzamos por última vez, en septiembre de 2014. Vamos pasando uno a uno, intentado caminar sobre las vigas de hierro, ya que las tablas de madera no parecen muy de fiar.

Yo pensaba que seguiríamos recto por el camino señalizado pero veo que Pep gira a la derecha, hacia el puente medieval. Llegamos al canal que lleva agua del Llobregat a la pequeña central eléctrica. Cuando el canal entra en un túnel, pasamos al otro lado y bordeamos la roca por un estrecho camino de mantenimiento con una caída de unos 10 metros a mi derecha. Pep y Carles se adelantan y cuando por fin llego al otro lado de la roca, ya están volviendo. Está claro que Pep no ha encontrado lo que busca. Volvemos al paso estrecho, ahora con una caída de 10 metros a mi izquierda.

El camino de mantenimiento del canal

“Como lo que busca no está aquí, ahora sí que subiremos por el camino normal”, pienso. Pero no, sube por el bosque sin camino hasta que de repente entramos en un camino muy marcado que parece viene del puente. “¿Cómo sabías que había un camino aquí?”, pregunto a Pep, asombrado. “Por intuición. Los documentos me lo decían, así que tenía que estar”, contesta.

Seguimos el camino hasta una especie de ‘grau’. Al llegar arriba, vemos delante nuestro el puente medieval de Guardiola. “Desde el año mil y poco se habla de este camino”, dice Pep, exultante. “Es el camino de Berga. Ahora lo corta el canal”.

En el 'grau' del camino de Berga

Damos la vuelta pero al otro lado, el camino se pierde en senderos de arrastre de troncos y pistas. Finalmente, llegamos a un camino muy marcado que cruza el lecho del torrente y luego sube en diagonal, empalmando con el camino señalizado. Concluimos que podría ser la continuación del camino antiguo y que la parte intermedia ahora son pistas forestales.

Bajamos el camino señalizado hacia el puente de los pisos del Collet. Otro camino marcha a la izquierda, muy tapado y afectado por un hundimiento de tierra. Sin embargo, se ve que continúa al otro lado del torrente. A partir de esta bifurcación, el camino señalizado tiene una categoría menor, bajando con una pendiente demasiado fuerte. Más adelante, Pep me dirá que el camino que marcha a la izquierda podría ser el camino original que se abrió cuando se construyó el puente nuevo en el siglo XIX y el camino señalizado vendría a ser el nuevo camino que se hizo al hundirse el original.

 Subiendo al Cap dels Roquets, la vista se amplía

Un camino de solera, entre antiguos viñedos

Damos la vuelta y volvemos a subir, disfrutando del dibujo que hace el camino entre los antiguos viñedos. Salimos a la pista en el Cap dels Roquets y continuamos subiendo por el pequeño camino que bordea el precipicio, con la valla de una finca a nuestra izquierda, hasta llegar al Cap del Grau. Durante toda la subida, tenemos vistas amplias del valle, con Pedraforca a nuestras espaldas. En el suelo, incontables espirales de procesionarias medio muertas que toparon con la roca al intentar enterrarse y quedaron congeladas al caer la noche.

Comemos en los mismos bancos donde comí con Josep Mª hace más de 4 años. La pista que se abrió para llegar a la acequia se ha ido naturalizando y ya no duele tanto a la vista. Mientras comemos, Pep y yo ensayamos una charla que tenemos que dar el día siguiente. Mientras tanto, Carles se entretiene tirando orugas de procesionaria al agua de la acequia. Pero el sol se esconde y empieza a hacer más frío. Carles camina de un lado a otro a paso vivo, intentando entrar en calor, y luego, en desesperación, empieza a hacer flexiones con las manos apoyadas en uno de los bancos.

Así es imposible continuar y desistimos de nuestro ensayo. “Qué se haga lo que Dios quiera”, decimos, y nos ponemos nuevamente en marcha por el camino que baja al fondo del valle de l’Albiol. Es un camino con mucho encanto y muy recomendable. 

El camino que baja desde el Cap del Grau, siempre recomendable

Abajo, tomamos la pista que nos llevará al Collet. A nuestra derecha, un muro marca el límite de los campos que se extienden hacia arriba en interminables estratos. Ese muro nos acompañará de forma ininterrumpida durante casi un kilómetro. Una obra inmensa.

Un segmento del muro que separa las zonas de cultivo

Llegamos a la cuadra donde se guardaban los animales que arrastraban los troncos, con una pequeña estancia para los trabajadores. Continuamos por la pista, ahora con más pendiente, hasta llegar al puente del Collet.

Lo que queda de la cuadra

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 9,4 km; 490 metros de desnivel acumulado.

PD. Dimos la charla en una sala anexa del Pabellón de Suecia. Es una sala pequeña pero conseguimos un lleno total, unas 40 personas. Con más publicidad, creo que habrían venido más. Algún día, volveremos a contar nuestra historia.

sábado, 21 de enero de 2017

13/1/2017 – Montclar

Ya estamos en 2017, el año de Donald Trump y, se supone, el referéndum de Cataluña.

Carles no puede venir y ante la llegada inminente de una ola de frío siberiano, propongo a Pep que demos una vuelta por los alrededores de Montclar, ya que desconozco totalmente la zona.

Aparcamos en el pequeño parking bajo el pueblo y entramos. Tiene una explanada alargada cercada por las casas, con la iglesia y el ayuntamiento en un extremo y el hostal en el centro. No creo que este dibujo haya cambiado mucho desde la Edad Media, aunque el castillo ha desparecido.

Siguiendo las marcas amarillas de la Xarxa Lenta, pasamos por un arco que divide dos casas y bajamos a la Riera de Montclar, una profunda hendidura que desemboca en la Riera de Navel, donde estuvimos hace un par de años y que se ve a lo lejos desde el pueblo.

Pasamos por la casa de Riu, una casa grande en ruinas con una pared gótica y una tina de vino excavada en la roca.

La casa de Riu

Y la pared gótica

De allí a la riera y el Molino de Sant Ponç. Tiene una balsa muy grande, casi como un campo de fútbol, con paredes en perfecto estado de conservación pero totalmente tapada por la vegetación, al igual que la casa y lo que parece ser unos corrales metidos en huecos de la roca.

Avanzando las fronteras de la ciencia cerca del Molino de Sant Ponç

Agujeros para los postes de la presa del molino

Desde allí, seguimos la riera hacia arriba por la pista, pasando por la casa de Verdaguer y volviendo a la carretera cerca de Cal Nosa. Una salida plácida, resguardada del viento del norte, que nos dio tiempo para hablar un poco de todo.

Vista de Montclar desde la carretera

La iglesia

Y el hostal

Otra vista desde el interior del pueblo

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 8,2 km; 180 metros de desnivel acumulado.

23/12/2016 – El teleférico del Collet

Festivos y mal tiempo nos han mantenido en casa. Después de las últimas salidas, a Pep le quedaba una interrogante en la zona de Guardiola.

A principios de 2014, hicimos algunas salidas en Vallcebre y, encima del pueblo, hay un pequeño túnel por donde pasaba el teleférico que bajaba el carbón desde las minas del Coll de Pradell. La salida del túnel ha sido acondicionada como mirador, con unas vistas impresionantes. Desde allí, el teleférico seguía bajando hasta llegar a la Estació Angle, cerca del camping El Berguedà, donde cambiaba de dirección con un mecanismo de empalme que en su día fue muy complejo. Desde allí, bajaba por el valle hasta el Collet, donde había la vía de tren.

En cierto momento, pasa a la ribera izquierda del río Saldes y en nuestras idas y venidas por la carretera, habíamos visto los restos de la base de hormigón de una torre de teleférico que algún día, nos habíamos dicho, tendríamos que visitar. Pues, resulta que hoy es el día. Además, la gente que lleva el restaurante del Collet había dicho a Pep que gente mayor les había dicho que por la roca encima del restaurante, se hizo otro túnel para pasar el teleférico hasta donde estaba la estación de ferrocarril, más o menos donde está hoy el Parque de Bomberos.

Aparcamos el coche en el pequeño núcleo de las Casas Noves del Collet y, con una temperatura gélida, subimos el camino señalizado hacia Les Llenes – 180 metros de desnivel de golpe. Llegamos al collado justo cuando el sol empieza a asomarse por detrás de las montañas de Sant Julià de Cerdanyola.

En el cruce con el camino que va a El Vilar

Pasamos por el yacimiento del poblado medieval de Les Llenes, en el mismo estado de abandono total que habíamos visto la última vez que pasamos por aquí, y entramos en la pista que baja hacia el río. Sin embargo, en vez de continuar hacia la derecha, giramos a la izquierda. Por aquí, no ha pasado nadie en décadas; está todo tapado de zarzas y espinos. Seguimos bajando como podemos, por los restos de la pista, por fragmentos del camino antiguo, a veces a cuatro patas. Tras pasar por un par de carboneras, encontramos un camino transversal y giramos a la izquierda.

Pedraforca, siempre majestuoso

Nos vamos acercando a la roca. Tenemos la fábrica del Collet abajo. Vemos los restos de una barraca, luego una torre de teleférico de madera todavía en buen estado de conservación, y detrás … la boca del túnel, todavía con los postes del teleférico en su interior. Es un momento histórico y lo vamos recorriendo todo poco a poco para saborear el hallazgo en toda su plenitud.

El poste de madera del teleférico

En el interior del túnel

Y la salida sobre el Collet

El túnel es más largo que el de Vallcebre y desde la salida al otro lado, vemos los pisos del Collet debajo. Damos la vuelta y vamos a buscar la base de teleférico que veíamos desde el coche. La encontramos sin grandes dificultades y aquí comemos, con vistas al Pedraforca nevado. El sol está en su punto más alto y hace una temperatura suave.

La base de hormigón; al otro lado del valle, en la sombra, la carretera de Saldes

Guiados por la orientación infalible de Pep, volvemos hacia arriba por otro camino pero pasando por las dos carboneras, una detrás de la otra, y luego siguiendo la pista, toda tapada de zarzas. Hace más de 15 años que lo conozco y aun no entiendo cómo puede moverse con una precisión milimétrica por estos terrenos perdidos.

Salimos al camino de Les Llenes. Con el calor del sol, ahora vemos columnas de procesionaria buscando un sitio dónde enterrarse. “¿Cómo es que han salido dos meses antes de tiempo?”, pregunto a Pep. Señala los pinos secos, sin hojas, casi muertos, que nos rodean: “Se quedaron sin comida”. Siguiendo la misma lógica, pienso, las mariposas también saldrán dos meses antes de tiempo, más pequeñas y más débiles, cuando las condiciones todavía no son propicias. A ver si eso ayuda a acabar con la plaga.

Pinos moribundos; detrás, la línea del camino del Vilar

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 6,25 km; 340 metros de desnivel acumulado.