Aquí relato nuestras salidas por los caminos del Berguedà y comarcas vecinas. Como lo pasamos muy bien, queremos comunicar sobre todo buen humor y alegría pero también tiene un fondo muy serio: el camino como bien patrimonial, pieza esencial para entender la historia y digno de conservación. Es nuestra misión desde hace más de 15 años.



domingo, 21 de junio de 2026

12/6/2026 – El camí ral de Malanyeu

Ha pasado un mes desde la última entrada en el blog. La semana siguiente, Pep fue a Antequera a mirar unos dólmenes. Volvió con la puerta del copiloto abollada. Al principio, no lo quiso explicar pero finalmente admitió que un poste se interpuso en su camino cuando intentaba maniobrar en un aparcamiento. La semana siguiente, volvimos a Sant Julià de Cerdanyola a buscar barracas, pero fue tan estéril (desde mi punto de vista) que declaré la salida no blogable. La próxima salida, me excusé por motivos de trabajo. “¡Una salida épica! ¡Cinco barracas nuevas!”, alardeó Pep después, pero no me dejé impresionar. Luego vino la pausa de Patum.

Hoy, resulta que Pep no tiene coche. Está en la planchistería quitando las abolladuras y va para largo. Como le tendremos que ir a buscar, me da libre elección del lugar. “¿No quedan barracas?”, pregunto sorprendido. “Sí, y tanto”, contesta, “pero sin coche, he perdido mi aura de poder para imponer rutas”. “Pues miremos el tema del camino de Malanyeu”, propongo.

En las salidas a Malanyeu al principio de la primavera, a la primera luz de la mañana, la carretera parecía pasar por bosques llenos de tesoros escondidos, invitándonos a entrar a explorar sus misterios. Pero bajo la luz directa del sol de verano, se parece a un bosque cualquiera y ha perdido su magia. Pero somos profesionales y no vamos a abortar nuestra misión por antojos románticos.

Aparcamos en la entrada de la pista que va a la Mina Superior del Far. Hace muchos años, en la era pre-blog, orientado por el propietario de Cal Frare, había cartografiado el tramo superior del camí ral, con varias bifurcaciones, pero el tramo inferior es un misterio.

Bajamos por la carretera hasta la larga pista que pasa por el complejo principal de la Mina del Far. Edificios hechos con bloques de hormigón en un estado ruinoso, una bocamina tapiada y algún resto de más edad hecho con piedras. Llegamos hasta el último edificio tras caminar medio kilómetro y damos media vuelta. Intentamos encontrar algún camino entre Cal Roma y Cal Bonet sin sacar nada en claro. Y también miramos algún resto de camino bajo la carretera pero, con el poco espacio que había, la carretera se lo ha llevado casi todo.


Los edificios de la mina

Y la bocamina

Iniciamos la subida, entrando en la parte del camino que ya tenía marcada en mi mapa. A medida que vamos subiendo, Pep consulta mi mapa. “¡Pero si el tío lo tiene todo!”, exclama. “Hasta las bifurcaciones”. “Era joven y valiente”, contesto modestamente. Pero le advierto de una palanca de troncos más adelante, que tuve que cruzar. Incluso hace 20 años, sabía que era una imprudencia cruzarla pero no veía otra opción excepto ir hacia atrás, y me estaba quedando sin luz. Hoy, Dios sabe cómo estará.

Llegamos a la palanca. No queda casi nada pero las vacas han trazado otro camino que cruza sin problemas el pequeño barranco unos 30 metros más arriba. ¿Existía ese camino hace 20 años? Y si existía, ¿cómo es que no lo vi? Preguntas que quedarán sin respuesta.


La palanca. ¿Quién se atreve a cruzarla?

Salimos en el camino asfaltado de Cal Frare y subimos hasta la carretera principal. La última vez que estuvimos aquí, habíamos visto que habían marcado un tramo de la Ruta Minera de La Nou desde la carretera que va a La Nou desde Malanyeu. Un poste señala un camino que marcha a la derecha desde la carretera e indica El Far.

Resulta que es un camino conocido. Después de llanear durante unos 400 metros, entra en el Grau de l’Oreneta, un paso que aprovecha unas enormes losas de piedra y luego cruza un torrente seco bajo una gran roca. 


Entrando en el Grau de l'Oreneta


Y la continuación

Después, el sendero sale en los prados de Coma-rodana. La ruta señalizada toma la pista que lleva a Cal Guitart, desviándose por otra pista para uso forestal que pasa por debajo de la casa y muere en un barranco, donde continúa como sendero. Todo esto ya lo teníamos.


El camino arreglado al Far

Poco después, el sendero se divide. Siguiendo recto, inicia un descenso abrupto por una canal estrecha pero por la derecha, arranca otro camino que da la vuelta de la roca y evita este descenso tan fuerte. De ese segundo camino, parece que marqué en su día el inicio de otro camino que bajaría directo a la mina.

“Comemos aquí y luego miramos ese arranque de camino”, dice Pep, estudiando el mapa. Recuerdo que cuando Pep y yo hicimos esta ruta hace muchos años, me negué a bajar la canal, pero no recuerdo que pasó después.

Después de comer, iniciamos el descenso por el segundo camino. El supuesto arranque de camino resulta ser un espejismo y, tal como lo tenía marcado en el mapa, el segundo camino da la vuelta de la roca. Intentar progresar es como una carrera de obstáculos, abriendo paso por la vegetación. En cierto momento, el camino se convierte en una especie de repisa, con la pared a mi izquierda y una caída de unos 20 metros a mi derecha, tapada por los árboles y arbustos. Me apoyo en unos troncos delgados de avellano para pasar un punto delicado. Con un estrépito de madera que se parte, el árbol se rompe por las raíces y se va para abajo. Sin apoyo, voy al suelo pero consigo recuperarme antes de precipitarme por el borde.

Cuando salimos otra vez al camino principal, Carles, que iba detrás de mí, comenta la jugada cuando atrapamos a Pep. “Casi lo perdemos”, observa. “¿Pero salvaste el GPS?”, pregunta Pep, preocupado. “Es lo primero que iba a hacer pero, por suerte, todo quedó en un susto”, contesta Carles.

Nuevamente en un camino más o menos limpio, intento hacer memoria. ¿Pasamos por el camino de circunvalación y luego vimos cómo era la bajada de la canal, que no era tan mala? ¿O me convenció Pep a lanzarme por el tobogán? Los recuerdos son confusos pero me inclino por lo primero. De todos modos, no fuimos para atrás porque tengo marcada la continuación del camino hasta su enlace con la pista del Far, pasados los edificios.

Mientras caminamos de vuelta por la pista hacia la carretera de Malanyeu, Carles reflexiona: “Siempre he querido venir aquí y hoy, ya van 3 veces que recorro esta pista”.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 9,2 km; 295 metros de desnivel acumulado.

 

sábado, 16 de mayo de 2026

11/5/2026 – El Molí de Baix y La Molina

Hoy es otro lunes con Pol y tenemos un programa apretado. Por suerte, hará un día soleado con temperaturas suaves.

Hoy toca Malanyeu otra vez. Aparcamos en el pequeño apartadero delante de la antigua escuela, la cual, según me dirá Pol después, fue construida en la Segunda República. Lo sabe porque ha leído todas las actas municipales hasta el final de la Guerra Civil.


Malanyeu por la mañana. La pared preferida de los escaladores es a la derecha

La primera media hora es una búsqueda infructuosa de unos pseudodólmenes (formaciones rocosas que parecen dólmenes pero no lo son) en el bosque entre Cal Frare y Cal Anglada. Tras digerir el fracaso, Pep vuelve a centrarse y bajamos al Molí de Baix. La casa está tapada por la vegetación; solo se ven una ventana y, debajo, el arco por donde salía el agua.

Lo que queda de visible del Molí de Baix

Pol nos cuenta que este edificio está condenado a desaparecer, ya que se pondrá en su lugar la depuradora de Malanyeu. Es una pena que no hayan podido encontrar otro lugar. Su uso está documentado desde hace varios siglos y detrás hay una balsa bien formada y los restos del canal que lleva a una pequeña presa en el torrente donde se desviaba el agua.


Y la balsa

Tras subir brevemente al grupo de casas conformado por Cal Vinyeta, Cal Sastre y Cal Sargantana (actualmente en proceso de restauración), volvemos a bajar al molino para buscar el Grau. Me quedo atrás, entretenido con intentar fotografiar una orquídea. Las flores son blancas y ninguna de las fotos sale bien. Haría falta mi réflex pero pesa el doble que mi cámara habitual y no sería apta para estos terrenos abruptos que recorremos.

Cuando llego al Grau, Pol ha tomado sus apuntes y ya están listos para volver a bajar. Para conocer la historia de la roca puntiaguda clavada entre las paredes, amenazando con aplastar a todos los que pasen por allí, animo al lector a leer la entrada de diciembre de 2013 en el blog.


"Oigo crujidos"

Subimos por la pedrera y empalmamos con un camino que han hecho los escaladores para llegar a las paredes de Les Cingles del Molí. Pep es reacio a incluirlo como camino auténtico pero cuando llego a casa y miro el mapa, veo que ya lo teníamos marcado, pero mal puesto. Nada que no pueda arreglar el frasquito de Tippex …

Caminando hacia la cabecera del valle

Dejamos atrás dos escaladores pegados como lapas a la roca, buscando minúsculas presas en la pared. Seguimos subiendo hacia el este a poca distancia de la roca. Pasamos por dos refugios, uno de ellos bastante grande y con aires de mucha antigüedad. A partir de la última bauma, el camino desaparece y avanzo sorteando mil obstáculos ante la creciente impaciencia de Pep, que ve peligrar su milimétricamente cronometrado programa multietapa.

El segundo refugio

Llegamos a la pista de Moneny y nos desviamos para subir la pequeña Cingle de la Pona, donde hay el perímetro de una casa en el extremo este. En los años 60, se hizo una cata a cargo del mismo arqueólogo responsable de la desastrosa restauración de la iglesia de Pedret en la misma época. Se encontró cerámica de todas las épocas, incluyendo prehistórica y medieval. Es un lugar privilegiado, de eso no hay duda.


Vista hacia el suroeste desde la Cingle de la Pona


Una parte del perímetro de la casa, mirando hacia el Clot de la Taleia


Vanesa de los cardos en la Cingle de la Pona

Bajamos al PR que pasa por La Molina. Es una antigua aserradora que desviaba el agua del Torrent de Malanyeu por un estrecho canal, donde una rueda accionaba la maquinaria en el interior del edificio.


El canal de La Molina, al lado del Torrent de Malanyeu


Una oreja de oso madrugadora

Cruzamos el torrente saltando piedras y bajamos al coche por la pista que pasa por la imponente casa de El Llomà.


El Llomà

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 5,9 km; 295 metros de desnivel acumulado.

 

viernes, 8 de mayo de 2026

27/04/2026 – La Bauma del Roig (o Vermell) y otras moradas

Hoy es la primera vez que salimos un lunes. Tiene un formato reducido, “a casa per dinar”, lo que a efectos prácticos significa que tendremos que ir más de prisa para cumplir el programa. Y precisamente para hoy, Pep tiene una larga lista de antiguas casas a recorrer entre Cuirols y El Reig, sacadas de un capbreu.

Mirando hacia el sur a primera hora de la mañana


Aparcamos en los Pisos de l’Insula, construidos para los mineros y todavía en pie, aunque para volver a vivir en ellos, haría falta una inversión millonaria. Subimos por las terrazas erosionadas siguiendo los restos de un camino que sería el antiguo camino de Cuirols y que va cortando las curvas de la actual carretera.


Los pisos de l'Insula

Dejamos el camino para buscar la Bauma del Roig. El antiguo patriarca de Cuirols había llevado a Pep allí hace más de 20 años. Ahora tiene más de 90 años y su hijo continúa la explotación, dedicada a los quesos de cabra. Pep solo recuerda que estaba “bajo una roca al lado del torrente”.

El primer intento fracasa. Tras batallar con zarzas, rascarme con boj deshojado por la oruga de la mariposa del boj y hacer contorsiones para pasar entre las ramas entrecruzadas de las encinas, llegamos al lado del torrente donde solo hay una carbonera. Volvemos a subir. Con el segundo intento, Pep da en el blanco.

Una enorme losa apoyada contra la pared de roca ha creado una cámara espaciosa. En el siglo XIX, fue habitado por un tal Vermell o Roig. Fue un auténtico hombre del bosque que se ganaba la vida trabajando como jornalero en las casas y granjas del pueblo. Cuando fue demasiado mayor para poder vivir en el bosque, fue a parar a un asilo dirigido por unas monjas y, según la leyenda, no se le ocurrió otra cosa que encender el fuego en el suelo de su habitación, como había hecho durante tantas décadas en su bauma.


Pol emerge de la bauma. Todos estamos de acuerdo: no resolvería el problema de la escasez de vivienda

Pep sale muy gratificado del hallazgo. “Han pasado más de 20 años y aún soy capaz de encontrarlo”, dice con orgullo.

La próxima parada es Cal Calç, una pila de piedras en un hueco del terreno en la ribera izquierda del Torrent de la Nou. Y luego más de 100 metros de desnivel, dejando Cuirols a la derecha. Una subida ingrata que atraviesa terrazas erosionadas, antiguas talas que han dejado ramas desparramadas en el suelo y zarzas, y rastros de caminos que no se sabe si son de personas o de animales. Como podrá intuir el lector, es un terreno incómodo para mí. Hasta ahora, ha estado prácticamente en blanco en mi mapa. Tras anotar una posible casa medieval entre Cuirols y Pujals, pasamos a la carretera de Malanyeu para anotar las ruinas de otra casa de origen medieval al lado de la pista que va a la casa de El Reig, llamada El Roio.

Dejamos la carretera en una curva para bajar una cresta. Cruzando un pequeño collado, veo un camino que va en dirección norte-sur. Los otros han seguido bajando y de hecho, ya no les veo. Pero avanzar la ciencia prima sobre mi bienestar personal y sigo el camino un poco más hacia el norte, hasta que oigo las voces de Pol y Carles, que han vuelto para rescatarme.

Busco la manera de bajar la cuesta, sorteando obstáculos, y cuando me reúno con ellos, les digo que crucé un camino en la bajada que ellos no han visto y Pep tiene que apuntar dos waypoints. “Y una mierda”, me contesta. Es su forma de sugerir que las probabilidades de que hubiera un camino en el lugar donde yo lo he visto son bajas, ya que no obedece a ninguna lógica y seguramente es un sendero que han creado los propios animales en su ir y venir. O eso o una alucinación mía sin más. Y señala un camino ancho y marcado 10 metros más abajo. “Ese sí que es un camino”, me dice. “Es el camino antiguo de Malanyeu”.


La casa de l'Alzina, con el coche aparcado delante

Unos 50 metros más adelante, nos viene al encuentro otro camino menos ancho que parece adentrarse en el valle del Torrent de La Nou. “Waypoint please”, me dice. “Oye, el camino que vi arriba era igual de ancho que ese”, le contesto. Ante la fuerza de mi argumento, Pep abandona provisionalmente su escepticismo y apunta mis waypoints. “Habrá que volver para aclarar todo esto”, concluye.

En eso, llegamos a la casa de l’Alzina, ahora en ruinas. Por su situación, tiene unos panoramas espectaculares. Parece que se abandonó tras un incendio y hay los restos de un Seat 850 de mediados de los años 60 medio enterrados bajo la vegetación. Más abajo, están lo que parecen ser las ruinas de la casa medieval.


El sol ilumina brevemente Les Agudes, bajo un cielo cada vez más amenazador

Seguimos bajando los campos por el camino hasta tener a la vista la casa de Cal Ferrer, donde nos desviamos para volver al coche.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 6 km; 305 metros de desnivel acumulado.

 

miércoles, 22 de abril de 2026

17/4/2026 – Regreso a la batería antiaérea

Vuelve Pol y eso significa volver a La Nou. Teníamos una salida largamente planificada a la batería antiaérea. Será la tercera vez que vamos allí. La última vez fue en 2013 y está descrita en el blog.

Aparcamos en un pequeño aparcamiento en una calle que acaba en El Cerc. Ha habido más cambios aquí: parece que se han urbanizado más calles, hay más casas y un pequeño parque infantil frente al aparcamiento.

Caminamos hacia el primer objetivo de hoy: la Mina del Puig. En una curva de la calle, un poste indicador nuevo señala hacia la Mina del Xuriguer y la Mina del Far. Lo que antes era un camino, ahora es una pista corta que acaba en una explanada sobre la antigua escombrera. La mina está al lado, identificada por una placa informativa que dice Mina del Puig o Cerc y un corto texto extraído del libro “Relleu fotogràfic de les mines del Berguedà”, todo un clásico de la minería del Berguedà.

La bocamina del Puig

Aquí se producen unos momentos de confusión. Si esta es la Mina del Puig, ¿dónde está la Mina del Xuriguer? La primera vez que venimos aquí en la era pre-blog, no la encontramos, aunque estaba cerca. Pep hace una breve batida por debajo de la escombrera pero no encuentra nada.

Seguimos un camino que va descendiendo suavemente. Se supone que es importante que Pol lo conozca. Llegamos casi a tocar la carretera, en la unión con otro camino transversal. Pep saca mis mapas de la carpeta y los muestra a Pol. “Ves, hemos seguido el camino a Sant Salvador, y aquí sale el camino al Santuario”, le dice. “Son caminos históricos y deben constar en tu catálogo”. Y vuelve a guardar los mapas. “Un momento”, le digo. “Déjame ver”. Veo un laberinto de trazos rojos que suben y bajan y se conectan y se mueren, con múltiples marcas de carboneras. “Pero si lo tenemos todo”, digo maravillado. Sabía que habíamos venido aquí unas cuantas veces en un pasado muy lejano pero no recordaba haber sido tan minuciosos.

Damos media vuelta. Pep descarta subir en línea recta sin camino, lo cual es de agradecer. Al llegar otra vez bajo los campos del Puig, subimos hasta encontrar el camino a la batería. En realidad, antiguamente era uno más de los múltiples caminos que utilizaban los carboneros, con la diferencia de que hoy está bien conservado. Vamos alternando entre sol y sombra pero la temperatura va subiendo y todos acabamos en manga corta.


Una vista durante la subida de la antigua central térmica, ahora en desuso. Se está desmontando uno de los edificios

Voy subiendo a mi ritmo y eso implica estar siempre unas cuantas decenas de metros detrás de ellos. Pero sabiendo que están cerca me da tranquilidad. Y también me tienen que esperar forzosamente en cada carbonera para marcar el waypoint. “Tienen que salir en el catálogo”, dice Pep a Pol. “Me han dicho de poner solo una de muestra”, contesta Pol. “Te deben conocer. Me han recalcado que nada de enciclopedismo”.


Una de las muchas carboneras

Llegamos a un collado herboso, la Collada Ampla, y luego descendemos. Vemos muros que ahora nos damos cuenta de que son pequeños campos de una ‘artiga’ o zona de cultivo en el bosque. Llegamos a la barraca, pasamos por la estrecha lengua, tan aérea como hace 12 años, hasta el pequeño círculo de piedras donde estaba la ametralladora, con vistas impresionantes de un pantano ahora lleno a rebosar.


La barraca donde malvivían los soldados de la batería antiaérea

Volvemos a la Collada Ampla, donde comemos, igual que en 2013. Para volver, solo hay una posibilidad y es seguir el camino que subimos. Al llegar al barranco que separa El Cerc de la mina, Pep quiere hacer un último intento de encontrar la Mina del Xuriguer y me conmina a acompañarlos por el lecho del torrente seco. Sin embargo, intuyo el fracaso y les espero arriba en el poste indicador.

Vista del pantano. Abajo, el monasterio de origen medieval de Sant Salvador, ahora una isla. A la derecha, los pueblos de La Rodonella y, detrás, Sant Jordi de Cercs. Y a la izquierda, Les Costes de Viladomat, escenario de la salida del 6 de febrero. 

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 5,9 km; 440 metros de desnivel acumulado.

PD. En casa, miro el libro de minas. En un mapa sencillo, la Mina del Xuriguer figura un poco más hacia el oeste, muy cerca del camino de Sant Salvador. Según el libro, tuvo una vida efímera (medio año) y, por la manera de escribir, intuyo que el autor no llegó a ver la mina. Es posible que ya no quede rastro.


 


lunes, 13 de abril de 2026

10/4/2026 – Regreso a l’Albiol

Una vez acabada la pausa obligada por Semana Santa y mientras no vuelva Pol, siempre quedan barracas que buscar. “Primero, unas barracas que quedaron sin visitar en El Puig, luego subir al Cap del Grau, bajar al Torrent de l’Albiol, subir al Replà y luego bajar por el Torrent del Mal Pas”, enumera Pep con entusiasmo en el nuevo Mikado, ahora llamado L’Oreneta, con un ambiente mucho más cálido. “Casi nada”, pienso con resignación.

Aparcamos en nuestro aparcamiento habitual cerca de la Font del Castell en Sant Julià de Cerdanyola y cruzamos el pueblo. Esta vez tomamos el camino de la piscina, antiguamente llamado Cinturón de Ronda por la gente que subía los fines de semana al pueblo, y luego casi enseguida enfilamos un camino que sube en dirección sureste hacia los campos en las sierras.

El camino que sube desde el pueblo

La primavera ha estallido desde la última vez que estuvimos aquí: cantan los pájaros, brotan hojas y flores y los campos del valle central lucen un verde intenso. Además, el camino sube con una pendiente suave y la temperatura es confortable. Todo inclina a disfrutar del momento pero Pep no tarda en desviarse por las terrazas en busca de barracas. A medida que entramos en el bosque, aparecen múltiples signos de los estragos producidos por los recientes temporales de viento, en forma de pinos tumbados que nos obstaculizan el camino.


Vista del valle central de Sant Julià

Con la eficacia que les caracteriza, Pep y Carles encuentran rápidamente las barracas que buscaban y ponemos rumbo al tramo final de la Vía, que acaba en el Cap del Grau. Ya con los bancos del Grau a la vista, viene una pareja caminando en el sentido contrario. Tras los saludos protocolarios, de repente nos reconocemos. Resulta que llevaron el bar durante una temporada en los años 90, cuando yo era uno más de los que subían al pueblo los fines de semana desde la gran urbe. Después de constatar la cantidad de años que han pasado y las edades de nuestros respectivos hijos, decido abordar el tema que más me angustia cada vez que vengo a Sant Julià: “¿Dónde se puede tomar un café aquí? Ya no quedan bares”. El Centro Cívico en el edificio del Ayuntamiento es el único lugar que sirve café, me explican, y abre a partir de mediodía.

Cuando atrapo a Carles y Pep, están sentados en los bancos con los mapas abiertos y miradas serias. “Hay un problema”, dice Pep. “El límite municipal pasa por el fondo del valle del Torrent de l’Albiol, luego sube por el Torrent del Mal Pas hasta la cresta. La Baga del Collet y El Replà quedan dentro del municipio de Guardiola y fuera de nuestro ámbito de estudio”. “Bueno, durante muchas décadas, Sant Julià estuvo integrado en el municipio de Guardiola”, digo en un intento de flexibilizar posiciones. Pero Pep es inamovible: “No puede ser. Si no somos serios, acabaremos en el caos”. En el fondo, me alegro. Ya me parecía muy ambicioso su plan.


El camino que baja al Torrent de l'Albiol

Seguimos el camino que baja al fondo del valle, que es una delicia. A cada lado, hay bancales perdidos en el bosque, con fuertes pendientes. “Tengo una barraca marcada más abajo”, dice Carles, consultando el mapa en su teléfono.

Llegamos abajo frente al límite municipal. Al otro lado, una pista, ya en Guardiola. “Si hubiera una barraca aquí delante, ¿qué haríamos?”, pregunto maliciosamente. “Nada”, contesta Carles taxativamente. “Ni mirarla”.

“Pero al menos vamos a dejar constancia de la Font de la Baga”, propone Pep. Llegamos a la fuente, perdida en la vegetación. Aquí yo tenía marcado en mi mapa un par de caminos de unas salidas de hace muchos años, incluido uno que subía al Replà. Pero con las talas de bosque y la extensión de una pista, todas las referencias han desaparecido y veo que habría que partir prácticamente de cero.

Volvemos a cruzar el torrente y Pep y Carles empiezan a buscar la barraca. Voy donde está Carles. “Según mi teléfono, la barraca está aquí”, me dice. Miro a mi alrededor: solo bancales y árboles, y un camino muy tenue que baja en diagonal. Mientras Carles va haciendo círculos concéntricos alrededor mío, me quedo plantado comiendo nueces y escuchando pájaros. Ya me llamarán si la encuentran. Por su parte, Pep va subiendo y bajando en zigzags verticales. Pero con el mismo resultado: nada.


La vista en un tramo despejado del camino desde el Grau, siempre con Pedraforca dominando el panorama 

Al final renuncian y volvemos al camino del Cap del Grau, con pequeñas excursiones para mirar otros campos aterrazados. Nada. Comemos en los bancos del Cap del Grau, con el agua del canal de riego que baja alegremente delante nuestro. 


Pep y Carles repasan fracasos y éxitos en el Cap del Grau

Hace calor y el pino detrás de los bancos proporciona una sombra imperfecta. A este ritmo, la próxima salida se hará con protección solar.


La bajada al lado del canal de riego

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 5,6 km; 195 metros de desnivel acumulado. Carles y Pep algo más.

 

lunes, 30 de marzo de 2026

27/03/2026 – El Mal Pas de Sant Julià de Cerdanyola

Cuando llego al bar, Pol está allí pero no viene a caminar. Nos muestra su agenda en el teléfono. Ni un viernes libre por culpa del Museo de la Mina, pero los lunes los tiene bastante bien. Pep propone hacer salidas los lunes también hasta completar el catálogo de patrimonio de La Nou. Carles no tiene tan claro que pueda venir los lunes y en mi caso, de hacerse, tendría un dilema: incluir las posibles salidas también en el blog o ceñirme a los viernes.

Pero esto es el futuro y todavía no existe. Pep gira hacia mí. “Estás de suerte”, dice. “Después de tantas rutas impuestas, hoy te dejo a ti elegir dónde vamos”. “Pues miramos aquellos caminos que no me dejaste mirar la semana pasada”, contesto sin vacilar. “De acuerdo, pero tiene que ser desde Malanyeu”, sentencia.

Estamos inmersos en la Volta de Catalunya y hoy, los ciclistas pasarán por Sant Julià y subirán a la Collada de Sobirana antes de bajar a La Pobla de Lillet. Pep teme verse atrapado en el pueblo sin posibilidad de entrar o salir durante horas. El día siguiente, pasaron dos veces por Berga y creo que sinceramente sus temores fueron infundados pero a toro pasado, todo es fácil.


El valle de Malanyeu

Aparcamos en la pista que va a la Font de les Travesses. Estamos en la cara norte, no hay sol y hay un viento frío que hace crujir los pinos. Y esta pista tiene unas rampas con bastante pendiente que me hacen temer lo peor.

Me pongo en marcha con resignación. Voy a mi ritmo; en las subidas, quedo atrás; en los tramos planos, casi atrapo a Pep y Carles. Tras algo más de medio kilómetro, entramos en la pista de Cal Pigot y se aplana. Me hago un autochequeo: dejando de lado el viento y la ausencia de sol, me encuentro bastante bien, sin el cansancio de la semana anterior.

Bajamos directamente a la pista de Moneny, sin pasar por la Font de les Travesses. “¿No coges el camino a la Collada de les Bassotes?”, pregunto con recelo. “Esto lo haremos a la vuelta”, contesta Pep crípticamente. Así que pasaremos por el Mal Pas. La última vez que estuve allí fue en diciembre de 2013 (está en el blog) y siempre lo he hecho de bajada.


Panorámica del Mal Pas. La aproximación se hace por la larga franja de bosque que desemboca en La Creueta. El Mal Pas es la pequeña mancha verde que sube al final.

Entramos en el camino del Mal Pas, ahora señalizado, que pasa por encima de la casa reconstruida de Moneny. Es un bosque de robles que ha conquistado los antiguos campos y que se va haciendo más denso a medida que avanzamos. 


Carles señala retos actuales y futuros

Pasamos por una faja amplia de encinas y carboneras antes de salir a La Creueta, una plataforma amplia, antesala del Mal Pas. Aquí hay vistas despejadas en todas las direcciones excepto el norte. Se ha colocado una cruz nueva con una pequeña placa. Miro el GPS. “De momento, llevamos 200 metros de desnivel desde el coche”, pronuncio, sorprendido por la ausencia de cansancio. “No creo que hagamos mucho más”, dice Pep con optimismo.


La Creueta

Y el Mal Pas, una franja estrecha entre dos paredes, a la derecha del pino

El camino señalizado pasa a pie de las rocas. Antes, pasaba un poco más abajo. La vegetación esconde el precipicio cercano hasta que salimos al pequeño triángulo que es el Mal Pas propiamente dicho. Hay un corto paso de roca, ahora con una cuerda, que pienso que ayuda más en la bajada que en la subida, y luego el camino continúa con el abismo a medio metro a nuestra izquierda. Hacemos un giro de 90 grados y continuamos la subida, ahora con el precipicio a nuestra espalda. Por fin, salimos arriba, donde se ha colocado un poste indicador.


El camino modificado, a pie de roca

Ahora me toca a mí

Bajamos hacia la pista de la Collada de les Bassotes. Empezamos a ver carboneras y luego antiguos bancales, con caminos que van saliendo a la izquierda y la derecha. Al estar orientado al noroeste todo tiene un aire fantasmagórico, con antiguas paredes cubiertas de musgo. Hace tanto tiempo que no venimos aquí que nos parece que es la primera vez que estamos viendo todo esto. “Tiene que haber barracas aquí”, dice Pep. “Habrá que volver. ¿Cómo es que no vimos todo esto cuando venimos?”, se interroga. Cuando miro los mapas en casa, compruebo que sí habíamos visto las carboneras y los bancales, pero igual han pasado 20 años desde entonces.

Llegamos a la pista y bajamos a la Font del Bullidor. Desde allí, buscamos el camino más importante para explorar, que nos acaba llevando a la Collada dels Pedrons en una larga subida, como habíamos sospechado. En la Collada, tomamos el paso desconocido pero resulta ser un camino nuevo que recorre la cresta, creado desbrozando la vegetación. Damos la vuelta y seguimos un camino intermedio que nos lleva a la Collada de les Bassotes.


El largo camino a la Collada dels Pedrons

En todo este largo trayecto, vamos comentando distintos temas, incluido el programa satírico Polònia en TV3. Uno de los sketches recurrentes lo protagonizan Macià y Companys (presidentes de Cataluña en la Segunda República y la Guerra Civil, respectivamente), sentados en sillones en el Cielo, elegantemente vestidos con trajes de la época, comentando la actualidad abajo en la Tierra. Esta semana, les había visitado Chuck Norris, recién fallecido. Como antiguo karateka, les comento a Pep y Carles que por los movimientos que hacía el actor, era evidente que sabía karate: el juego de caderas en los puñetazos no se puede improvisar. Pep bromea que llegará el día en que nosotros dos también estaremos sentados allí arriba, mirando cómo Carles se espabila sin nosotros.

Buscamos un sitio para comer en la Collada. Para tener vistas de Puigllançada y el Coll de Pal, hay que exponerse al viento frío del norte, así que nos movemos unos metros para abrigarnos, a costa de perder el sol y tener una vista compuesta básicamente por árboles. No es muy cómodo así que no perdemos el tiempo. Al levantarnos, me doy cuenta que 3 metros más allá, habríamos tenido sol y una temperatura mucho más cálida. ¿Serán ciertas mis sospechas sobre las intenciones de Pep al escoger los lugares para almorzar?

Tomamos la pista que nos llevará al paso para volver a Malanyeu. Al poco de venir aquí, aún había visto el camino original, hecho para hacer con animales, con la Font de les Estoralles a media subida. La próxima vez que vine, se había abierto una pista extraordinariamente fea, que parecía que iba dejar una cicatriz imborrable, y la fuente había quedado en un lodazal por el paso de las máquinas. Hoy, casi 30 años después, la pista se va naturalizando poco a poco y la fuente ha sido reconstruida, con una pequeña balsa y una bañera que recoge el agua que sale de una espita. Pero el antiguo camino se ha perdido para siempre.

Llegamos a la cresta de la Serra del Mill. Al otro lado baja el camino entre robles, ahora en pleno sol. Luego entramos en una serie de pistas que también ha destrozado caminos antiguos que nunca he podido ver. Hacemos 150 metros de bajada hasta la Font de les Travesses por fuertes pendientes. Aquí no creo que las pistas se naturalicen nunca; han quitado toda la tierra, dejando la roca viva.


Pep contempla la fuerza de la Naturaleza en la Font de les Travesses

Para llegar al coche, dejamos la pista para tomar un camino conocido que nos deja a poca distancia.

En la subida desde la carretera hasta el pueblo, hemos ido viendo zonas cultivadas y algún camino, incluido lo que parece ser el camino antiguo de Malanyeu desde El Far. “Tenemos mucho trabajo aquí”, dice Pep con satisfacción. “¡Que no acabe nunca!”. Y yo me voy cansado pero con buenas sensaciones. No está todo acabado todavía.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 10,6 km; 640 metros de desnivel acumulado.

PD. El domingo hará otro temporal de viento, con rachas de casi 160 km/h en Queralt.


domingo, 29 de marzo de 2026

20/3/2026 – Los años no perdonan

En teoría, Pol vuelve a estar libre la semana que viene y eso significa que volveremos a La Nou. Así que hoy será la última salida a Sant Julià de Cerdanyola.

Pep entra en el bar con el aspecto ojeroso de una persona que ha dormido poco. “Tengo una barraca como waypoint de la última salida pero no encuentro la foto”, dice nada más sentarse. “Está muy cerca de la Collada de les Bassotes. No entiendo qué podría haber pasado. Llevo días dando vueltas al asunto. Tenemos que volver”.

En el barrio de La Guingueta, vemos árboles caídos en el lecho del torrente por la temporal de viento del domingo pasado. La gente de allí debe haberse llevado un buen susto, oyendo el estruendo de los troncos que se partían.

Aparcamos en la pista de Fontanals cerca del cruce con La Vía y subimos a la Collada de les Bassotes. Son 130 metros de desnivel de golpe con fuerte pendiente. Encuentro dura la subida.

Cuando llegamos al waypoint, lo que encontramos no es una barraca sino un camino. “Ya que estamos, sigamos el camino”, dice Pep. El camino nos lleva al pequeño collado donde hay los dos caminos que cruzan hacia el norte. Carles ha quedado un poco más arriba, buscando una barraca que no existe. “Los dos hemos resuelto un problema: Yo he aclarado un pequeñísimo error y Steve ha podido seguir un camino que no sabía que existía”, dice Pep cuando nos volvemos a encontrar.


Explorando infructuosamente la cara norte de la Serra del Pacient, encima de la Collada de les Bassotes

Sin embargo, rechaza mi propuesta de aclarar los demás caminos que han quedado colgados. “Lo haremos en otra salida. Hoy tenemos que centrarnos en las barracas”. Y da la vuelta para volver a la Collada.

En el descenso, Pep nos comenta la película Balandrau, viento salvaje. Para los no catalanes, Balandrau es un pico en el Pirineo oriental catalán. El 30 de diciembre de 2000, lo que iba a ser una ascensión fácil se convirtió en una trampa mortal, con 9 muertes, por un cambio repentino de la meteorología. Nos recomienda verla. De hecho, ha sido uno de los grandes éxitos del pequeño cine de Berga.

Bajamos hacia La Quadra. Hoy, hay gente. Dos coches aparcados, un generador portátil en la puerta y humo que sale de la chimenea. Un perro simpático al lado de los coches, atado con una cuerda larga, quiere conocernos, pero le deben haber enseñado a quedarse quieto y solo mueve la cola.


Una de las muchas barracas de hoy

Continuamos por la Vía, ahora convertida en una pista frondosa. Consultando los puntos marcados en su móvil, Carles localiza barracas en las pequeñas hondonadas aterrazadas bajo la Vía orientadas hacia el noreste. Francamente, no estoy a gusto. Todo es subir y bajar sin camino, apartando zarzas y esquivando troncos caídos. Luego, cuando Pep me llama para marcar el waypoint con mi GPS, todo son prisas. Después, cuando saca el móvil para fotografiar la barraca, resulta que estorbo. Y luego corriendo a la próxima barraca. “Antes, no eras tan hiperactivo”, le reprocho. “Creo que la culpa la tiene esa pila de documentos que tienes en casa para transcribir, que te tiene siempre tensionado”.


La continuación de la Vía después de La Quadra

Localizadas todas las barracas bajo la Vía, ahora hay que subir. Un camino sube por la cresta hasta llegar a la pista que va al Els Planassos. Otra pendiente empinada, 150 metros de golpe. Noto mucho cansancio en las piernas y me pregunto si mis días de caminar con Pep y Carles están terminando.

Es con esos ánimos decaídos que finalmente llego a la pista. Giramos a la derecha hacia el Collet de les Estellades. Aquí hay otra pequeña vaguada con campos aterrazados y una barraca. Con lo lejos que está del pueblo y los 400 metros de desnivel, puedo entender las pocas ganas de venir que habría tenido el pobre al que le tocó esta parcela.

Una vez documentada la barraca, nos sentamos en una pequeña mancha de terreno donde llega el sol, con una vista compuesta básicamente por los árboles que tenemos delante, y comemos. Creo que Pep lo hace a propósito. En este entorno poco amable, dedicamos el mínimo tiempo posible al almuerzo y así puede volver a casa sin perder tiempo.

Descendemos hacia La Quadra en dirección oeste, documentando una barraca no incluida en el catálogo en otra vaguada aterrazada. La gente que había dentro de La Quadra se ha marchado.


La penúltima barraca de hoy

Volvemos al coche y vamos por la carretera asfaltada para ubicar un par de barracas más cerca de la carretera. Hoy, he tenido suficiente.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 8,5 km; 500 metros de desnivel acumulado.

 

viernes, 27 de marzo de 2026

13/3/2026 – Las barracas de Els Serrats

La semana siguiente (26/2/26), volvimos a la zona de la Roca Roja para liquidar los últimos rincones sin mirar y luego bajamos el Clot de Pujals. Más barracas. Nada blogable, excepto una curiosa estructura de madera para la observación de fauna. Y la semana siguiente, nos quedamos en casa por lluvia.

Hoy, hará sol, mucho sol, y temperaturas suaves a mediodía. Pep quiere subir el Valle de l’Albiol por encima de la Font del Bullidor. Es una zona que todavía tiene algunos misterios para nosotros.

Aparcamos en el camino que va a la piscina y subimos hacia el depósito de agua. Al hacer la pista del depósito de subida en vez de bajada, como la última vez que estuvimos por aquí, vemos los restos de un camino que se marcha hacia la izquierda desde el depósito, cruza la Vía y continúa al otro lado, buscando la cara sur del Serrat de les Lloses. 


Vistas desde el camino

Es un camino con mucho encanto, aprovechando una faja para buscar la Font del Bullidor, con largas vistas hacia Pedraforca y el Cadí. Tengo la impresión de que no es la primera vez que vengo aquí pero los mapas son confusos al respecto.


Bajando hacia la fuente

Llegamos a la fuente y luego bajamos a la pista del Collet de les Bassotes para confirmar una barraca que se anotó en el mapa hace mucho tiempo. La encontramos en el mismo sitio y damos la vuelta. Justo en ese momento, viene un ciclista solitario de nuestra edad o quizás un poco más y paramos para charlar un poco. Lleva una bicicleta de montaña eléctrica. “Necesito la batería para subir las cuestas. Es lo que tiene la edad”, nos explica. “Pero la pongo al mínimo; quiero sentir el esfuerzo de las piernas”. Nos pregunta dónde vamos. “Al Collet de les Bassotes”, contesta Pep. “Subid por el camino. Es mucho más bonito que la pista”, nos recomienda. “Así haremos”, contestamos.

Volvemos a la Font del Bullidor y subimos por el camino que va siguiendo el pequeño torrente. A medida que entramos en la zona cultivada, salen caminos paralelos a diferentes niveles y dos que pasan la cresta hacia el norte en diferentes direcciones. Uno lo seguí hace mucho, mucho tiempo pero no está claro. Merecen una salida monográfica.

Aquí, al estar bajo la sombra de la Baga de l’Albiol, es un paisaje más suave que las cuestas ásperas de Les Deveses. Predomina la hierba y el musgo y no hay obstáculos infranqueables ni trampas para tobillos y rodillas. Guiados por el móvil de Carles, vamos buscando las barracas que constan en el catálogo, hasta llegar al collado.

Bajamos el camino hacia el Cap del Pla para localizar la última barraca de hoy y luego buscamos un lugar con un poco de sol para comer. Hace una temperatura suave y los pájaros cantan. Cuento 6 especies.


Volviendo por la Vía

La vuelta se hace sin complicaciones, por la Vía. En casa, repaso los caminos que hemos ido encontrando. Hay muchos cabos sueltos que valdría la pena atar. En efecto, el primer camino lo había hecho pero estaba mal puesto. Medio frasco de Tippex después, ya está todo donde tiene que estar. Pol estaría horrorizado.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 9,9 km; 435 metros de desnivel acumulado.