Aquí relato nuestras salidas por los caminos del Berguedà y comarcas vecinas. Como lo pasamos muy bien, queremos comunicar sobre todo buen humor y alegría pero también tiene un fondo muy serio: el camino como bien patrimonial, pieza esencial para entender la historia y digno de conservación. Es nuestra misión desde hace más de 15 años.



jueves, 5 de febrero de 2026

30/1/2026 – La Mina Ínsula y Les Agudes

“¿Dónde vamos mañana?”, pregunta Pol el jueves en el WhatsApp del grupo. “Mina Insula y Les Agudes”, contesta Pep. Después de seguir el tramo final de los teleféricos, ahora vamos al origen.

6Como Pol tiene el proyecto de catalogar el patrimonio de La Nou, le había dejado los 6 mapas que engloban la mayor parte del municipio, con la condición sine qua non de actualizarlos (y corregirlos si hace falta) con los resultados de cada salida. De hecho, es lo primero que le pregunto con los cafés. “No”, contesta finalmente. “Es que me da mucho respeto tocarlos”. “Es cierto; son documentos únicos, irrepetibles, insustituibles, y su pérdida sería irreparable”, concedo, “pero tienen que mantenerse al día”, insisto.

Aparcamos en el parking del santuario de La Nou con una temperatura exterior de -0,5ºC. El sol todavía no se ha asomado detrás de las montañas. Pep abre la puerta y pone los pies en el suelo. “¡Cuidado!”, avisa. “Esto resbala”. Todo el asfalto del aparcamiento tiene una pátina invisible de hielo y no se fundirá hasta que llegue el sol. Cruzamos cuidadosamente la explanada helada y subimos la carretera al pueblo en un ambiente gélido.


El aspecto actual del Santuario de La Nou

Una vez entrados en el pueblo, tomamos el GR4 que pasa detrás de Cal Patzí y poco después, giramos a la izquierda por un camino que sube la cresta. Aquí, anotamos un teleférico y, debajo de la casa de l’Ínsula, nuestro camino se une con el camino a La Clusa y, después, nuevamente con el GR4 en el Torrent de Cal Patzí. 

Cal Patzí

Este camino lleva a la bocamina de l’Ínsula, con su poste informativo, pero tiene que haber una primera torre del teleférico después de la estación de carga a pie de mina. En mi mapa, hay un pequeño laberinto de caminos que hice solo cuando los mapas todavía estaban en blanco. Dada mi falta de experiencia en aquel tiempo, es muy posible que algunos de los caminos marcados en realidad no lo sean pero aun así, en las cuestas encima del GR, encontramos una formación que podría ser la base de una torre.


La Mina Ínsula. Yo creo que originalmente la entrada era más grande.

Damos la vuelta y seguimos el GR hacia arriba. Escudriño la línea de las montañas donde se ve el claror del sol, esperando que pronto llegará un poco de calor para mis manos y pies, pero el camino se empecina en adentrarse en la sombra y aparecen las primeras placas de nieve. Llegamos a la Mina de Les Agudes, que fue usada principalmente como ventilador para la Mina Ínsula. Todo el recinto ha sido limpiado y consolidado y hay otro poste informativo. Todo esto forma parte de la Ruta Minera de La Nou y, de hecho, aquí hemos llegado al punto final.


La bocamina de Les Agudes

Y el camino de bajada

Seguimos subiendo y entramos en los campos de Les Agudes, con sus curiosas formaciones geológicas. Aquí, donde llega el sol, la nieve se ha fundido, saturando los campos con agua. En las sombras, todavía hay nieve. En el límite superior de los campos, están las ruinas de la casa.


Mirando desde la casa de Les Agudes

Tras las fotografías de rigor, iniciamos el descenso. Volvemos a pasar por la Mina de Les Agudes y tomamos la pista que nos llevará a la casa de Caselles, una casa en ruinas situada en medio de unos prados inmensos. Aquí, con unas temperaturas más benignas, comemos delante de un pequeño estanque y luego volvemos a descender, utilizando en parte un camino que no nos constaba, hasta llegar a la carretera.


Nuestro comedor, con las ruinas de Caselles detrás

Aquí, se ha acondicionado un camino que pasa por los Molinos de La Canal y de l’Avellanosa, molinos sin vivienda y con el espacio justo para la maquinaria. Con tanta humedad y poco sol, ha crecido una vegetación exuberante con plantas típicas de los lugares sombríos, sobre todo helechos y musgo.


El Molino de La Canal

Y el camino de bajada

Cruzamos el torrente a la Gruta del Santuario, construida con un donativo del Conde de Fígols. Durante unos minutos, recreamos en la menta la estampa de los pelegrinos y enfermos tomando las aguas con el traqueteo de las vagonetas pasando por el cable encima. Después de tanta bajada, la subida al parking fue quizás la parte más dura de la salida. “Si conseguían subir estos escalones, es que estaban curados”, comenta Pep.


La Gruta del Santuario

Ya en el parking, con el hielo derretido, Pol nos muestra la imagen de un proyecto para construir un santuario modernista que, afortunadamente, no prosperó.


El proyecto fallido

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 7 km; 430 metros de desnivel acumulado.

 

lunes, 26 de enero de 2026

23/1/2026 – Los teleféricos de La Nou

“Trae los mapas de La Nou”, me dice Pep por WhatsApp. Después de varios meses de búsqueda obsesiva en Sant Julià de Cerdanyola, por fin cambiamos de escenario. En la última salida a El Puig, presenté una baja por enfermedad y me perdí un montón de barracas. Pero hoy, volveremos a un municipio que apenas ha figurado en el blog porque mucho se hizo en la era pre-blog. Por fin, mis lectores podrán dejar atrás el mundo claustrofóbico de las barracas y respirar hondo ante unos horizontes más amplios. Y todo ha sido gracias a Pol.

Pol sacó un cero en una de las pruebas físicas de las oposiciones de Mosso y, si todavía quiere aprender cómo dispersar a manifestantes revoltosos, tendrá que esperar a la próxima convocatoria y repetir todo el proceso de nuevo. Pero mientras tanto, le están saliendo proyectos relacionados con lo que ha estudiado y uno de ellos es el catálogo del patrimonio de La Nou.

Con los cafés delante de nosotros, Pep gira hacia mí: “¿Dónde empezamos?”, me pregunta como su segundo de abordo. Repaso mentalmente el municipio. Llevo más de un mes sin caminar por la montaña, así que convendría algún sitio con poco desnivel. “¿Qué te parece la zona del Pla de Clarà?”, propongo, pensando en los grandes prados que se extienden hacia el norte al lado de la carretera. “Excelente elección”, contesta Pep. “Así podemos comenzar con los teleféricos que bajaban el carbón al ferrocarril en las minas de Fígols”. “Quizás me haya equivocado”, pienso mientras caminamos hacia el coche.

Aparcamos en la Creu de Terradelles, al lado de la carretera. Hace frío y la niebla tapa las montañas. Con tanta lluvia, e incluso nieve, hay agua por todas partes. Las rieras bajan caudalosas, brotan las fuentes, la pista que va a Terradelles es un sinfín de charcos y los campos son esponjas que rezuman agua mezclada con fango y excrementos de vaca, formando una capa gruesa resbaladiza que pone en peligro la dignidad personal.


Así empezamos el día

Desde la última vez que estuvimos aquí, han proliferado unos postes indicadores que señalan casas y elementos importantes, incluyendo una Ruta Minera. Dejando a la izquierda la casa de Terradelles, ahora dedicada al turismo rural, continuamos hacia Vinyoles. Guiado por su intuición, Pep deja la pista para adentrarse en el bosque y acaba encontrando los restos de una casa medieval.


Las ruinas de Vinyoles

Llegamos a Vinyoles, con vistas ahora despejadas hacia la gran casa de La Canal en el plano medio y Les Agudes atrás. Pol nos habla de unos plenos municipales de los años 20 en los que los regidores se quejaban del peligro que representaban los cables y vagonetas, que pasaban muy cerca del santuario de la Mare de Déu de Lurdes.


La vista hacia el Valle de Peguera

Y hacia Sobrepuny

Giramos hacia el suroeste, subiendo una pista enfangada que nos lleva a un collado. Desde aquí, sale un camino de cazadores que lleva a la primera torre en la Costa de Viladomat, donde hay una parada. Todo lo que queda ahora es una base cuadrada hecha de piedras y algún perno clavado en la roca que no pudieron sacar. En aquel tiempo, el hierro era demasiado valioso para no reaprovecharlo.

Desde aquí, seguimos un pequeño camino que lleva a la segunda torre. Todo esto lo tenemos en nuestros mapas. Hace unos 20 años, hicimos una batida por las cuestas que bordean la ribera oriental del pantano. Descubrimos un auténtico laberinto de caminos, algunos que llevaban a las redes de carboneras, otros que conectaban los teleféricos, algunos superpuestos y otros independientes, todo ello vertebrado por el camino principal de La Nou a Cercs que pasaba por la Roca Tallada, con un atajo que solo se podía hacer a pie por el Pas del Duc. Mirando este entramado sobre el mapa, todavía me asombra que pudiéramos desentrañar todo esto con los pocos recursos que teníamos entonces.

Desde la tercera torre, utilizamos el camino de Cercs para seguir bajando. Echo de menos las pendientes suaves que recordaba. También tengo la impresión que está todo más tapado pero igual siempre ha sido así. Seguimos bajando y salimos del bosque a las cuestas expuestas de Les Oliveres. Aquí está la quinta torre, a un tiro de piedra del pantano. Hemos bajado 200 metros. Pep propone volver por la mina de piedra. Tras pasar por un horno contiguo para extraer la cal, una vía corta llevaba el material a otro teleférico que lo transportaba hasta el ferrocarril.


El profundo barranco del Torrent del Duc desde el camino a la mina de piedra

Damos la vuelta y subimos en línea recta hasta entroncar nuevamente con el camino de Cercs. Volvemos a entrar en el bosque y empieza una larga subida. Acuso la falta de cardio durante estas semanas. Me sobra ropa y mis piernas me imploran un descanso. Tras 100 metros de desnivel, Carles y Pol se desvían por un camino tenue. Carles piensa que debe haber una torre intermedia entre la tercera y la cuarta. Pep lo duda pero les deja hacer y aprovecho para recuperar fuerzas.

Tardan en volver. Decido probar un silbato que mi mujer me regaló para Reyes y que está pensado específicamente para encontrar a personas perdidas. Soplo con todas mis fuerzas; hasta me duelen los oídos. No hay respuesta. Pep lanza un grito. Tampoco hay respuesta. Vuelvo a probar el silbato. Silencio. Finalmente vuelven. “¿No habéis oído ningún silbato?”, les pregunto. “No, nada”, contesta Carles. “Vaya”, pienso. “O nos estamos volviendo sordos todos o este silbato no funciona”. Nos cuentan que han encontrado una carbonera en el barranco pero ningún teleférico. 

Seguimos subiendo hasta llegar otra vez al collado. Desde aquí, tomamos un camino un poco perdedor hacia el sureste hasta encontrar la pared del teleférico, muy tapada, y luego la vía y el horno y la mina, hundida. Al lado, hay un poste informativo. Cruzamos otro prado esponjoso y en una zona elevada al otro lado, comemos.

Enseguida estamos en la pista de Terradelles y, media hora después, en el coche. La semana que viene, estaré mejor.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 7,5 km; 370 metros de desnivel acumulado.


viernes, 26 de diciembre de 2025

19/12/2025 – Regreso a Sant Julià de Cerdanyola (8ª parte)

Por fin hemos acabado (por ahora) con Els Banyadors. La intención de Pep ahora es cruzar la gran olla de Sant Julià y empezar a catalogar barracas debajo de la antigua vía que transportaba los troncos hacia las minas de Figols. Le advierto a Pep que mis lectores se están cansando de Sant Julià y me reclaman un cambio de escenario.

“Aún nos queda mucho trabajo en Sant Julià”, dice Pep, “pero Pol tiene que hacer el mapa del patrimonio de La Nou y acabaremos yendo allí”. “Sería una buena noticia”, contesto. Solo tengo 4 entradas de La Nou en el blog. Todo se hizo en la era pre-blog.

Nos ponemos en marcha. Miro con preocupación el indicador de temperatura del coche. A medida que nos vamos acercando a Guardiola, va bajando y cuando llegamos a Sant Julià, marca –0,5ºC. “¡Mis guantes!”, exclamo. “No aguantarán”.


Un paisaje helado; una barraca en primer plano y el pueblo al fondo

Aparcamos en el camino que va a la piscina. Miro los campos a nuestro alrededor. Solo se ve escarcha. El sol aún no ha salido y tampoco se le espera, porque pasaremos toda la salida en la cara norte. Mientras Pep y Carles programan el recorrido de barracas, yo me pongo los guantes con trepidación. “¿Por medio grado me van a fallar?”, me pregunto. Las primeras sensaciones no son buenas.


Así debía ver Moïses la Tierra Prometida que nunca llegaría a pisar

Empezamos a caminar hacia el este por un camino que bordea el lado sur de los campos, ahora con las marcas amarillas y blancas del PR de Sant Julià de Cerdanyola. Vamos anotando barracas en el límite de los campos. El sol, que sale por detrás del Roc de La Clusa, empieza a iluminar las partes más altas de las cuestas de la Solana Gran. ¿Qué no daría por estar en esas terrazas infectas donde tantas veces puse en peligro mi integridad física pero, eso sí, en manga corta? Poco a poco, la luz del sol va bajando la cuesta en frente pero, al igual que el hambriento que ve cómo se prepara un banquete al otro lado del cristal de la ventana, todos sabemos que aquí no llegará.


Pero aquí hay sol a dojo

Noto frío en los dedos de las manos; no están congelados pero no hay el confort de la semana pasada. Continuamos por el camino. De tanto en tanto, salen pequeñas torrenteras que bajan la cuesta y han sido aprovechadas para formar campos aterrazados, llamados “escaletas” por su forma escalonada. Al lado de cada ‘escaleta’, sube un camino medio borrado para llegar a los campos.

Pasamos al lado del Corral de la Cortada y entramos en el bosque encima de la Font de Sant Antoni. Las barracas van cayendo en rápida sucesión pero no me interesan. Solo noto el frío en las manos y el crujir húmedo de la escarcha al pisarla. Por fin, a medida que progresamos hacia el este, van apareciendo pequeñas manchas de sol que funden la escarcha y que aprovecho para calentarme mientras Pep y Carles documentan las barracas.


Otra barraca bien conservada

Tras muchos zigzags, llegamos a La Quadra, donde se guardaban los animales que subían los vagones vacíos desde el Cap del Grau. Debajo, en unos campos perdidos en el bosque, encontramos otra barraca. Subimos un poco más, hasta el Cap del Pla, anotamos una trumfera, y volvemos a bajar.

Comemos cerca de La Quadra, de pie. Pep me señala un trozo de hierba soleada con un pino en el centro. “Aquí tienes el mejor sitio, e incluso puedes apoyarte en el pino”, dice. “Todo un lujo. Y luego dices en tu blog que no te cuido”. Me apoyo agradecido contra el tronco. Lástima que el sol esté detrás y no en frente, pero la temperatura ha subido lo suficiente para que actúen los guantes y la sangre vuelve a fluir y llevar calor a los dedos.


La Quadra

Volvemos por la larga pista que marca el recorrido de la antigua Vía. Aquí estamos encima de las ‘escaletas’ y no hay barracas ni campos hasta llegar al Serrat de les Lloses. Aquí, al estar más expuesto al sol, vuelven a aparecer los campos y una barraca tan bien conservada que hasta se podría anunciar en Booking.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 10 km; 300 metros de desnivel acumulado.

 

miércoles, 17 de diciembre de 2025

12/12/2025 – Regreso a Sant Julià de Cerdanyola (7ª parte) o Barracas sin fin

Hoy es el primer día que vuelvo a salir con Pep y Carles. Primero, llovió, luego tuve un resfriado que derivó a una bronquitis y finalmente hubo dos viernes de mucho frío. Me perdí 3 salidas en las que acabaron de llegar a la Collada de Sobirana.

“¿Me echasteis de menos?”, pregunto mientras tomamos el café. “’Echar de menos’ no sería el término correcto”, precisa Carles. “Pero eso sí, nos acordamos de ti continuamente”. “Sí”, añade Pep. “Mientras caminábamos, nos decíamos ‘Aquí Steve se quejaría’, ‘Por aquí Steve no quería bajar’ o ‘Aquí Steve se negaría a continuar”. “Y hubo ese día que se puso a nevar”, interpone Carles. “Un frío tremendo”. “Estábamos a punto de tirar la toalla” dice Pep, “pero por suerte salió el sol y al final hizo un día magnífico”.

“Hablando de frío”, interrumpo, y les muestro mis nuevos guantes, garantizados para temperaturas desde 0 grados. Me costaron 30 euros, pero el invierno pasado, me compré unos por 15 euros y pasaba toda la salida con las manos frías. “Y además, la dependienta me dijo que podía usar el móvil sin quitar los guantes. ¿Qué más se puede pedir?”.

Pol no está aquí. Se ha vuelto a lesionar y no lo quiere agravar.

El plan era recorrer la umbría de Els Banyadors en busca de más barracas. Pero primero Pep quería mirar los bancales cortados por la carretera que sube a Sant Julià de Cerdanyola desde Guardiola. Encontramos dos cerca de la carretera en la recta después de la primera curva. Después, vamos hasta la cuarta curva y entramos por una pista que va a una torre de alta tensión. Encontramos dos más en una amplia extensión de campos bajo la línea y también un camino. En el pasado, hemos utilizado un camino que sale cerca de la sexta curva para entrar en el Bosc Escur pero este parece tener otra finalidad que tendrá que esperar otra ocasión.


Campos a la entrada del Bosc Escur

“Cuando vienes tú, salen los caminos”, me dice Carles. Así que no soy lastre inútil después de todo, pienso.

Aparcamos en la Collada de Sobirana y empezamos a caminar por la pista. Entre los árboles, entrevemos el valle de la Pobla de Lillet cubierto por una espesa capa de niebla que no deja ver el pueblo. En el Collet de les Bitlles, hay una barraca que ha aprovechado las piedras de una casa mucho más antigua, y lo mismo pasa en el collado siguiente. Aquí la casa tiene un nombre, El Casalot. Aunque están en la cara norte, las casas están colocadas de modo que capten el escaso sol que les llega en el invierno. Entre los collados, impresionantes hileras de campos aterrazados que aprovechan las hondonadas orientadas al noroeste o noreste. Dios sabe lo que habría costado sacar un rendimiento de estas cuestas húmedas. Aparte de tres barracas nuevas y una estructura que parece ser un corral, descubrimos otro camino que sale en el último collado, el Coll del Roc, debajo del Cap dels Banyadors. ¿Vendrá del Casalot?


Una estructura atípica debajo del Coll del Roc

En el último collado, giramos hacia el sur para tomar el camino, marcado como PR, que llega a L’Artigassa, el único lugar soleado, donde tenemos preparado el picnic. Al principio, es un camino claro y relativamente plano que atraviesa el hayedo. Llegamos un poco tarde para disfrutar de todo lo que puede ofrecer, ya que las hojas están en el suelo. En el último tramo, el camino pierde entidad y sube con cierta pendiente hasta L’Artigassa.


El camino a L'Artigassa

Aquí comemos y luego bajamos el camino hasta la Collada de Sobirana. En el coche, paramos para anotar tres barracas desde la carretera de Falgars. No conocemos ningún otro pueblo que tenga tantas barracas como Sant Julià de Cerdanyola.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 8 km; 380 metros de desnivel acumulado.

 

 

domingo, 16 de noviembre de 2025

31/10/2025 – Regreso a Sant Julià de Cerdanyola (6ª parte) o Carles bajo presión

La semana anterior, nos desplazamos un poco más hacia el este, buscando barracas en una zona de bosque entre La Pomera y Les Esparets. Pol no vino; está preparando unas oposiciones.

-------------------------

Hoy por fin viene Pol. Pero nos advierte que no volverá hasta que hayan pasado los exámenes, que son a finales de noviembre. Tiene que memorizar la Constitución Española, el Estatut de Catalunya y unas cuantas leyes más. Yo hice una carrera que era imposible empollar; o lo sabías o no lo sabías. No era cuestión de memorizar diccionarios, así que, por curiosidad, le pregunto cómo lo hace. 30 minutos estudiando y 10 minutos de descanso, me dice.

En el coche, se produce una conversación a tres bandas sobre apellidos, linajes y posesiones. Evidentemente, la cuarta banda soy yo pero me pierden enseguida y me limito a contestar correos. Se ve que Carles tiene mucho que aportar, porque de repente Pep exclama: “Lo tuyo es la pequeña nobleza del Berguedà. Con lo que sabes, podrías escribir algo. No entiendo cómo es que no has empezado ya”. Carles se mueve incómodamente en su asiento. “Tengo mucho trabajo”, justifica.

Aparcamos en la carretera de Falgars, cerca de la salida a La Pomera. Bajamos al Torrent de la Font del Castell por un camino que vimos la semana pasada. En la subida hacia la Solana Gran, Pep hace un pequeño tour a Pol de lo más destacable que hemos descubierto: los bancales cultivados en los barrancos con su canal para desviar el agua, las posibles casas medievales, las paredes de piedra seca de 3 metros de altura y las barracas metidas dentro de las paredes. De paso, le comenta a Pol mi reciente rebeldía: “De repente, se planta y no hay manera. Francamente, estoy preocupado; antes no era así”.


Pequeños campos de cultivo que aprovechan un torrente, y el canal de desagüe a la izquierda

En eso, llegamos al inicio del Comellar Gran. La semana pasada, nos habíamos quedado abocados al lado oeste de esta enorme hendidura que divide la cuesta de norte a sur. Hoy, lo cruzamos y vamos subiendo en zigzag, buscando barracas. Algunas encontramos donde indica el mapa de Carles pero para muchas nos tenemos que espabilar. Desde el bosque, salimos al terreno despejado de los antiguos campos de la Solana Gran y luego giramos otra vez hacia el este y volvemos a entrar en el bosque. Una vez dentro del bosque, todo son obstáculos: zarzas y boj seco (aunque ahora empieza a brotar otra vez) y barrancos fáciles de entrar y difíciles de salir, abriendo paso entre la vegetación con pendientes de 60 grados.


Otra barraca más

Cuando hemos hecho 300 metros de desnivel y faltan menos de 100 metros para llegar al Cap dels Banyadors, Pep hace un alto. “No creo que haya más barracas, pero nos hemos saltado esta”, y señala las ruinas de una barraca unos 300 metros hacia abajo. “Si vais a bajar y volver a subir, me quedo aquí”, digo. “Lo ves”, dice Pep a Pol. “Se ha vuelto intratable”. Pero opta por un tono conciliador. “Tú bajarás a la barraca y nos esperas; nosotros cogemos tu GPS y daremos una última batida dentro del bosque al lado y luego bajaremos. Nos veremos en la barraca”, dice Pep.


Un terreno no apto para jubilados

Y así se hace. Al cabo de unos 10 minutos, llego a la barraca y me acomodo. Van pasando los minutos. Miro el reloj; están tardando en llegar. Mando una foto del paisaje al grupo de WhatsApp de la familia. Mi mujer me contesta: “Mándanos una foto con gente”. “No puedo”, contesto. “¿Por qué?”, me pregunta. “No hay nadie. Me han abandonado”. “¿¡Otra vez!?”, contesta con 5 emoticones. En eso, suena el móvil. Es Pol. “¿Dónde estás?”, pregunta. Detrás de él, oigo la voz de Pep: “Siempre hace lo mismo. Se marcha sin decir nada”. “Estoy en la barraca como habíamos quedado”, contesto extrañado. “Nosotros también estamos en una barraca. Pero debe ser otra”. Evidentemente, pienso. Entre silbidos y gritos, nos localizamos y al cabo de un par de minutos, les veo bajar por la cuesta.

Pero las vistas compensan

Resulta que aún queda un par de barracas en el bosque. Así que, después de comer, se repiten los zigzags, con sus zarzas y barrancos, hasta que las tengamos localizadas. Llegamos al fondo del Torrent de la Font del Castell, pero un poco más corriente arriba. Arriba, se ve el depósito de agua que está al lado de la carretera de Falgars, con un camino que sube en diagonal. Pero Pep quiere seguir bajando un rato más por el lecho y cuando decide subir, es otra trepada imposible por cuestas resbaladizas, agarrándonos a ramas y arbustos. Suerte del gimnasio.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 6,3 km; 380 metros de desnivel acumulado.


jueves, 23 de octubre de 2025

17/10/2025 – Regreso a Sant Julià de Cerdanyola (5ª parte) o Luz al final del Túnel

La semana siguiente, fuimos a la parte más alta de Les Deveses. No aburriré al lector con el relato; fue más de lo mismo. Además, Pol no vino. Tiene trabajo en el Museo de Solsona, dijo.

 

-------------------------

 

Hoy tampoco viene. “Tienes que tener una charla seria con Pol”, le digo a Pep, exasperado, en el Mikado. “Esto no es un hobby”.

Volvemos a nuestro aparcamiento en Sant Julià de Cerdanyola. Es un día gris con estratos de nube baja o niebla alta, según cómo lo mires, a media altura de las montañas. Pero el día se arreglará y no hará frío. Pep quiere volver a l’Enzinet y subimos el PR desde el antiguo molino, continuando por el lomo en vez de desviarnos a la izquierda cuando llegamos a la bifurcación. Hoy me siento más fuerte. Todas estas semanas han sido un entrenamiento después del relax del verano e intuyo que hoy mi rodilla no me dará pinchazos.


La larga columna de roca que separa Les Deveses de L'Enzinet

Cruzamos el Torrent de Coma Verda y poco después, una bifurcación nos lleva a una barraca que Carles ya había encontrado en una salida anterior desde la otra dirección. Por ser un camino de barraca, está bien conservado, pintado con marcas azules, y cruza por un ‘grau’ una larga pared de roca que cruza la cuesta en sentido norte-sur y hace de barrera entre dos zonas de cultivo. De hecho, hemos aprendido que todas las barracas o bien estaban cerca de uno de los caminos que suben a la cresta o tenían su propio camino, hoy más o menos borrado.


Y el 'grau'

Volvemos atrás y subimos un poco más antes de iniciar los zigzags. Para sorpresa de Pep, no me planto sino que les sigo a mis 5 metros habituales. “Steve sufre mucho en estas salidas tan técnicas”, comenta Carles. “Creo que no valoramos suficientemente su esfuerzo”. “Es cierto”, asiente Pep. “Cuando leí su relato en el blog, casi me saltan las lágrimas”. Le miro sorprendido. ¿Se estará ablandando con la edad? “Gracias, Pep”, contesto emocionado. “Tú sabes que te seguiría hasta el fin del mundo. Pero ya no tengo 30 años”, suspiro. “Por eso tienes que encarrilar a Pol y ponerle en el buen camino”.

En eso, llegamos arriba. Hace unos 20 años, me habían dicho en el bar del pueblo que habían arreglado el camino a la Cova de Massana. Me habían indicado dónde encontrarlo e incluso lo había seguido una vez. Pero estaba solo y, tras unos 250 metros, al ver que se adentraba en el bosque de la umbría, rodeado de precipicios, no me atreví a seguirlo hasta el final. Pero allí estaba en mi mapa y Pep tenía ganas de conocerlo.

Consultamos el mapa y miramos la altura. Giramos a la izquierda y empezamos a bajar. Sale un camino pero acaba pronto en una parada de cazadores y detrás hay un precipicio. “No veo a Steve bajando por aquí”, dice Pep, asomándose al abismo, y seguimos bajando. Al final, les digo que no puede ser tan abajo y damos la vuelta. Carles va dentro del bosque más cerca del borde de la cresta y Pep y yo subimos por el camino, pero separados. En cierto momento, veo una línea entre los árboles que parece más despejada pero se difumina al cabo de unos metros. Decido que ha sido un espejismo y doy la vuelta.

Nos reunimos en el punto donde sale el camino que baja al Torrent de Coma Verda. “Veinte años esperando con paciencia aclarar una incógnita. Y cuando llega el momento, resulta que no hay nada”, me reprocha Pep.

Bajamos un poco y luego vamos flanqueando por los bancales, cada uno a una altura distinta. Carles descubre dos barracas más pero yo llego a la línea de árboles en el torrente sin encontrar nada.

Buscamos un lugar soleado y comemos. Después, solo queda la larga bajada hasta el pueblo y el coche. Ya desde el parking, Pep señala hacia los bosques encima de La Pomera. “La semana que viene, iremos allí y entonces habremos acabado por ahora”.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 7,2 km; 385 metros de desnivel acumulado.

PD. En casa, bajo el track al ordenador y lo estudio con atención. Veo una pequeña flecha que representa el punto donde miré ese atisbo de camino, y resulta que la altura encaja exactamente con la que tenía marcada en mi mapa de papel. ¿Volveremos algún día?

 

miércoles, 8 de octubre de 2025

3/10/2025 – Regreso a Sant Julià de Cerdanyola (4ª parte) o Medidas desesperadas

Carles me dice que hay 150 barracas en el municipio, según su catálogo. Al ritmo actual de 3 o 4 en cada salida, nos quedan meses aquí. Otra novedad es el regreso anunciado de Pol la semana que viene, una vez recuperado de su lesión.

Pero basta del futuro. En nuestro aparcamiento, recojo una castaña de Indias del suelo. Aquí, el castaño de Indias es un árbol ornamental, plantado habitualmente en parques, quizás porque da mucha sombra, pero en Inglaterra es un árbol común que crece un poco por todas partes. Como Proust con su madalena, de repente estoy transportado a una parte de mi infancia que había olvidado: el juego de ‘conkers’. Consiste en atravesar la castaña con una brocheta y luego pasar una cuerda que se anuda a la salida del agujero. Luego los contrincantes se turnan suspendiendo su castaña mientras el otro intenta romperla a base de castañazos con la suya.

Así es cómo se juega a 'conkers'

Intento explicarlo a Pep y Carles pero su mirada perpleja me hace intuir que no acaban de ver el atractivo de este juego. “Los ingleses sois muy raros”, concluye Pep. Después, en casa, mirando en Internet, veo que no solo no ha muerto sino incluso hay campeonatos nacionales disputados entre adultos.

Bajamos por la carretera hasta llegar al desvío indicado para ir al Forcat, donde hay una bandera que se cambia cada año con ocasión de la Festa Major en septiembre. Iniciamos la subida. Tengo la impresión que el camino estaba más cuidado antes. 


Subiendo hacia El Forcat

Tras unos 80 metros de desnivel, dejamos el camino para hacer un flanqueo por un bancal hacia la primera barraca del día. Pep da por supuesto que me quedaré esperando en el camino, pero no! Aún estoy fresco y me lanzo. Sigue una travesía difícil con las múltiples trampas que ya conozco pero encuentran la barraca que buscan. Tras un largo rodeo, volvemos al camino del Forcat.


Dónde está la barraca?

Poco después, llegamos al Forcat. Consiste en dos rocas separadas por un ‘gran paso para la Humanidad’ para llegar a la bandera. Invito a Pep y Carles a subir – igual han acondicionado mejor el paso sobre el vacío desde la última vez que subí – pero nadie se apunta. Detrás, recordaba un camino de animales que pasaba a la umbría y moría a los pocos metros en una especie de abrigo bajo la roca.


Llegando al Forcat

Seguimos este camino y, para mi sorpresa, continúa. Aparentemente un camino de animales, alguien lo ha limpiado lo suficiente, por razones que desconocemos, para que una persona pueda pasar. Pero no deja de ser precario y soy muy consciente de un precipicio de unos 100 metros a mi izquierda, a veces tapado por la vegetación, a veces a la vista. Tras unos 400 metros, el camino desciende con fuerte pendiente hasta el fondo de un barranco. Pep y Carles, que ya han bajado, me dicen que el camino continúa bajando por el fondo del barranco y luego sale para continuar flanqueando. Pero yo he tenido suficiente y me niego a continuar.


Por aquí me querían hacer bajar

Como la prioridad son las barracas, Pep acepta dar la vuelta. Ahora tengo el precipicio a 1 metro a mi derecha, pero conseguimos llegar al Forcat sin novedad. Pep y Carles bajan en línea recta hacia Les Esposes pero yo busco un descenso más suave y voy bajando por bancales en dirección al pueblo.

Aquí noto una tendencia muy curiosa. Todos los bancales tienen una salida muy amable hacia el pueblo pero cuando doy la vuelta para reencontrarme con los otros, todo son obstáculos: paredes de 3 metros, árboles y arbustos que obstruyen posibles salidas, y, sobre todo, una espina dorsal de roca que me impide cambiar de vertiente. A veces les veo, incluso nos saludamos, pero no consigo pasar.

“Ven al pueblo, Steve”, me parecen decir los bancales. “Olvídate de esos egoístas. Vayamos al bar y recordemos los fines de semana felices que pasaste aquí antes de exiliarte de Barcelona y mudarte a Berga”.

Pero con un último esfuerzo y una pequeña trepada, consigo pasar la columna de roca y me reúno con los demás en otra barraca. Aquí comemos y después, seguimos un hilo de camino que nos lleva hasta la carretera y el pueblo.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 4,9 km; 240 metros de desnivel acumulado.

 

martes, 30 de septiembre de 2025

26/9/2025 – Regreso a Sant Julià de Cerdanyola (3ª parte) o Gestación de una rebelión

Está claro que no nos marcharemos de aquí hasta que Pep haya visto y documentado todas las barracas dispersadas por la cuesta que se extiende desde El Forcat hasta el Coll de Sobirana. Quiere dar una última oportunidad a este catálogo plagado de errores y omisiones que ha descubierto Carles y nos plantamos delante de la sección más occidental, que lleva el nombre de Les Deveses.

Entramos en el camino, ahora con las marcas de un PR, que sube desde el antiguo molino, más tarde, antigua panadería. Anotamos la primera barraca. Pero en vez de seguir subiendo por el lomo, las marcas del PR se desvían hacia la izquierda y bajan hasta el Torrent de Coma Verda, donde hay dos barracas más y un camino que baja a la carretera.

Viñedos y una barraca

El PR salva pequeños riscos a base de múltiples curvas, pasando por los bancales, algunos con viñas. Pep y Carles hablan de un grupo de 4 barracas pero no se ven por ningún lado. Me paro un momento para quitar el jersey y beber agua y cuando levanto la vista, veo que estoy solo. Subo hasta la cresta, donde el PR pasa a la cara norte, y allí les veo parados. “Hemos subido demasiado”, me dice Carles. “Tenemos que volver a bajar hasta donde paraste”.

Bajamos unos 70 m. “Hagamos un flanqueo, a ver si las encontramos”, propone Pep. Miro el terreno abrupto que habría que cruzar. “Os espero aquí”, les digo, y le doy el GPS que nunca pierde la señal a Carles. Paso media hora mirando las mariposas y escuchando a los niños jugar en el patio de la pequeña escuela. En los últimos 15 años, ha venido gente nueva a vivir en el pueblo y quizás sea gracias a ellos que todavía hay escuela.


Vistas imponentes con la cima de Pedraforca tapada por las nubes

Me llaman desde 20 metros más arriba. “De las 4 barracas que se supone que hay aquí, solo hemos encontrado una”, me explica Carles cuando llego a donde están ellos. Subimos un poco más, hasta encarar un bancal largo, amplio y llano. “Tú, Steve, sigue el bancal. Carles, un poco más arriba, y yo seguiré el siguiente bancal, encima del risco, a ver si encontramos esas barracas”. Nos ponemos en marcha. Voy caminando en línea recta hasta el final del bancal, donde hay encinas y boj muerto, comido por la mariposa del boj. Aunque parece que los arbustos vuelven a brotar desde las raíces, las ramas desnudas están secas y rascan al pasar. El terreno me obliga a subir, pero muy poco, y cuando salgo del bosque, veo que Carles está debajo mío, y Pep está aún más abajo. “¿Qué haces allí arriba?”, me pregunta Pep. No tengo explicación.

Nadie ha encontrado nada y volvemos a subir hasta la cresta. Giramos a la izquierda por el PR y, en un punto soleado, comemos. “No sé qué le pasa a Steve”, confiesa Pep a Carles. “Últimamente, se me está volviendo contestatario. Es la segunda vez que se niega a seguir mis indicaciones”. “Lo hago por ti”, contesto. “No querrás bajarme a cuestas si me lesiono”.

Continuamos por la cresta hasta enlazar con el mismo camino que ya hemos subido y bajado y lo volvemos a bajar hasta la carretera. En cierto momento, Pep se para y mira hacia El Forcat. “Tendremos que hacerlo a la manera antigua”, dice. “A base de zigzags. Esta fuente de Carles no es de fiar”.


El PR que baja a Sant Julià de Cerdanyola

Mientras caminamos hacia el coche, Carles me pregunta: “¿Cómo les cuentas a tus lectores estas salidas tan técnicas?”. “Es un problema”, admito. “Suerte de Pep, que siempre me da material”.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 5,8 km; 380 metros de desnivel acumulado.

 


martes, 23 de septiembre de 2025

19/9/2025 – Regreso a Sant Julià de Cerdanyola (2ª parte) o Pep nos inicia en la minuciosidad

La semana siguiente, no salimos. El hombre del tiempo nos había advertido de tormentas durante el día. De hecho, no llovió hasta última hora de la tarde y podríamos haber salido, pero creo que también hubo algo de pereza colectiva entre los miembros más sénior del grupo.

Pero hoy no hay excusas que valgan. De hecho, hoy será el penúltimo día de temperaturas de verano. Carles ha encontrado una web en la que se han recogido todas las barracas de Sant Julià de Cerdanyola, con nombre, descripción, y ubicación. La pega es que solo ha podido bajarlas a Google Maps, que es prácticamente inútil cuando se trata de caminar por la montaña.

Por otra parte, resulta que Pep no ha leído la última entrada del blog, así que le doy mi teléfono en el Mikado para que vea que nos hemos reconciliado y que ha aceptado mis disculpas. “Lo ha inventado todo”, advierte Carles antes de que empiece a leer, como si no lo supiéramos. Pero en un universo paralelo, podría haber pasado perfectamente.

Aparcamos en el nuevo aparcamiento cerca de la Font del Castell. Para empezar a buscar cabañas, hay que subir hacia Els Banyadors. Pasamos por la urbanización y entramos en el camino que sube directamente hacia el noreste. Carles está atento a su teléfono, ya que puede ver nuestra ubicación respecto a las barracas. “Hemos subido demasiado”, dice de repente. Abandona el camino por la derecha y empieza a bajar. No tarda en encontrarla, una 'barraca margera' (construida dentro de la pared del bancal), en una zona de cultivo ahora convertida en bosque de robles.

Para la siguiente, tenemos que subir 40 metros hasta justo por debajo de la pista, que también llega a Els Banyadors después de interminables curvas. También la encontramos sin problemas. “Esto va a ser coser y cantar”, dice Pep.

Para llegar al siguiente grupo de barracas, debemos ir hacia el norte en una especie de flanqueo. No tardamos en entrar en un bosque con antiguos campos de cultivo, marcado en el mapa como Artiga de la Doneta. También descubrimos caminos que suben hacia Els Banyadors o van flanqueando hacia la Coma del Forn. No nos constan y vemos que eso será más complejo de lo que pensábamos. Además, surge un imprevisto: rovellones, muchos, que han salido con las lluvias recientes. Pep saca su bolsa, una sostenible, y empieza a cogerlos. Muchos están ‘curcats’, horadados por gusanos que convierten la carne de la seta en una pasta podrida, pero aun así, no tarda en empezar a llenar la bolsa. Ante la falta de manos, guarda mis mapas en su mochila (“No nos harán falta, gracias a los waypoints de Carles”, justifica).


Pep estrena bolsa sostenible

Llegamos al lecho seco de un torrente que marca la transición de la umbría a la solana. Carles mira su teléfono. “Está muy cerca de aquí”. Bajamos un poco. Como en otros sitios, se ha cavado una zanja que desvía el agua de escorrentía y el fondo del torrente se ha convertido en pequeños campos, y allí delante un pequeño puente o acueducto. “¡Una maravilla!”, exclama Pep. “¡Incluso mejor que una barraca!”, y se apresura a documentarlo. Pero las barracas que nos ha prometido Carles no aparecen. Cuando parece que llegamos, la señal en su móvil cambia y le manda a otro sitio, y así varias veces.


El puente

“Quizás no será tan fácil”, observo. La siguiente está en el Coll del Roc, debajo dels Banyadors. Tras un desnivel de 150 metros, llegamos al collado. Al lado del camino, hay una enorme roca pero de la barraca ni rastro. Dando vueltas a la roca, al final vemos una construcción minúscula, poco más que un abrigo para guardar herramientas, o contrabando.

Volvemos a la pista y luego seguimos el PR que recorre la cresta de l’Alzinet. Ahora que hemos salido del bosque, se nota el calor y, caminando a cierta distancia de Pep y Carles, me entretengo con la multitud de mariposas que me rodean. Justo pasado el Coll de Jou, veo que Pep y Carles han parado, miran brevemente el teléfono de Carles y luego se sientan y sacan los bocadillos. Cuando llego, miro a mi alrededor. “¿Por qué habéis parado aquí?”, pregunto. “Apenas hay sombra ni sitio para sentarse”. “Hay tres barracas abajo”, contesta Pep. “Por aquí vamos a bajar después de comer”.


El camino de la cresta

Me asomo. “¿Dónde está el camino?”, pregunto. “No hay”, contesta Pep. “¿Y mis rodillas?”. “Ya encontrarás la manera”. Y se centra en su bocadillo.

Después de comer, iniciamos la bajada. Es un terreno áspero, de antiguos viñedos erosionados, con las paredes caídas, piedras sueltas y arbustos espinosos que esconden agujeros que rompen tobillos y un gradiente que quiere precipitarme hacia abajo con cada paso. Pep y Carles bajan con una soltura que ya me gustaría para mí. Voy buscando los pasos, intentando mantener las rodillas perpendiculares sobre los pies, sin ángulos raros o giros forzados, ni resbalones o tropiezos, desconfiando de cada piedra.

Después de bajar 100 metros de desnivel, veo que han llegado a la primera barraca. Ahora siguen 400 metros de flanqueo, salvando todo tipo de obstáculos hasta llegar a unas marcas azules desteñidas que señalan un camino erosionado. Y al lado, la segunda barraca. A nadie nos suena este camino pero es evidente que se marcó hace tiempo. Mientras Pep y Carles suben a buscar la tercera barraca, me quedo a la espera. Al cabo de 5 minutos, Pep me grita: “Sube a marcar el punto”. Empiezo a subir pero mi rodilla me advierte que, al igual que en el Everest, hay que saber cuándo renunciar a la cima y dar la vuelta. “Haz una triangulación”, le contesto y me planto.


Un terreno lleno de trampas pero buenas vistas

Siguen 70 metros de desnivel negativo por este camino precario hasta el Torrent de Coma Verde y 50 metros más hasta la pista que nos llevará de vuelta al coche. Paro un momento para llenar mi botella con agua de la Font del Castell. ¡Deliciosa!

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 7,2 km; 390 metros de desnivel acumulado.

PD. Una vez en casa, bajo el track al ordenador y veo que tanto los caminos en la Artiga de la Doneta como el camino medio borrado de las marcas azules salen en mis mapas. No recuerdo ni cuándo ni cómo pero allí están. Debía ser alguna salida con Pep en la era pre-blog, cuando éramos jóvenes y guapos y aún teníamos memoria.


miércoles, 10 de septiembre de 2025

5/9/2025 – Regreso a Sant Julià de Cerdanyola (1ª parte) o Pep descubre las barracas

Vinieron dos meses y medio de calor intenso que obligaron a suspender las salidas. Tampoco se pudieron aprovechar unos días anormalmente frescos en julio por las excavaciones. Además, como recordarán mis lectores, en la última salida Pep había jurado no perdonarme nunca por haber pedido consejo a unos jóvenes campistas.

Diplomático nato, Carles decidió tomar cartas en el asunto y mediar una reconciliación. Aprovechó una de las excavaciones para abordar el tema: “No puedes estar enfadado siempre con Steve. Hace 25 años que sois amigos”, empezó. “Nadie es imprescindible”, contestó Pep. “Si no puede tomar en serio nuestro trabajo, mejor que no venga”. “Pero si no viene, ¿quién escribirá sobre nuestras aventuras?”, continuó Carles. “Ni tú ni yo sabemos escribir como él”. “Lo que interesa son los hallazgos históricos y eso ya lo documentamos. A un lector serio, no le interesan los cotilleos. Además, siempre me pinta como el malo del grupo. ¡Es injusto!”, protesta Pep. Pero Carles no renuncia a conseguir que hagamos las paces e insiste. “Pero fuiste tú que le pediste que volviera a escribir el blog, después de un año y medio callado. Y dijiste específicamente que el cotilleo era una parte importante del blog”, argumenta, haciendo referencia a la conversación que tuvo lugar en el coche a principios de mayo.

Esto le hizo recapacitar a Pep. Al cabo de un par de semanas, volvió a hablar con Carles: “Fue muy gordo lo que hizo. Aun me estremezco cuando pienso en ello. Pero le perdonaré si pide perdón”.

Carles no tarda en llamarme. “Te perdonará si te disculpas”. Me lo pienso un poco. “¿Puede ser por WhatsApp?”, pregunto. “Un momento, que se lo pregunto”. Un par de horas después, me llega un mensaje: “Dice que vale, pero tiene que ser una disculpa pública, en el WhatsApp del grupo, no el WhatsApp personal”. Al cabo de poco rato, envío el siguiente mensaje al WhatsApp nuestro: “Lo siento mucho. Me he equivocado. No volverá a ocurrir”, y con esto quedó zanjado el asunto.

------------------------------

Así que volvemos a ser Pep, Carles y yo. Joan ya no vendrá; lo que le interesaba, ya lo ha hecho y no nos necesita. Y a Pol se le ocurrió ir a correr en la montaña para ponerse cachas para unas oposiciones de Mosso y el resultado fue un esguince de grado II del tobillo izquierdo y rotura parcial de ligamentos. Así que le tocarán unas cuantas semanas de penitencia y mientras tanto, me implora de continuar el blog para poder sentirse partícipe de nuestras salidas, aunque sea desde la distancia.

Henos aquí en el Mikado con un día soleado pero no excesivamente caluroso y surge la pregunta de siempre: “¿Dónde vamos?”. Lo preguntamos a Pere. “Subir a Queralt”, nos dice sin titubear. Es lo único que hace. Finalmente, Carles dice que hace tiempo hizo un camino entre La Pomera y Sobirana en Sant Julià de Cerdanyola con su mujer y le quedaron ganas de volver. “Pues ya lo tenemos”, dice Pep y nos ponemos en marcha. Hace unos 20 años, yo hice un flanqueo por los viñedos encima de La Pomera, temiendo quedar colgado allí arriba sin luz solar pero, por suerte, en el último minuto, encontré un camino que bajaba la Serra del Pou. Todo esto quedó plasmado en mis mapas.

Aparcamos cerca de la bifurcación para ir a la casa de Sobirana. Ante nosotros una cuesta pelada, con incontables bancales de viñedos, y bosque en los dos extremos. Caminamos hacia la casa del Pou, pero antes de llegar, sale una pista y, novedad para mí, esta pista lleva las marcas del GR4. La seguimos y, al entrar en un barranco, las marcas del GR toman un camino a la izquierda. Este es el camino que siguió Carles pero para nosotros es desconocido. En el barranco, vemos una zanja que baja la cuesta. Es un canal que desviaba el agua de escorrentía para poder cultivar la tierra fértil del barranco. Hemos visto otros ejemplos de esta práctica en el pasado en Sant Julià de Cerdanyola.


Bancales en el primer barranco

El camino va enlazando bancales, a veces de un modo algo precario pero al entrar en el bosque cerca de La Pomera, adquiere más categoría. Dejamos un camino que sube la cuesta para la vuelta y continuamos hasta la entrada del camino en la carretera de La Pomera. Evidentemente, se decidió traer el GR por aquí para hacer menos carretera asfaltada, que debe tener más tránsito que antes.

Volvemos para subir el camino que dejamos, que tiene mucha categoría y nos lleva a bancales perdidos en el bosque y unas pilas de piedras muy sospechosas en dos collados. Volvemos a la pista para seguir el camino que marqué de bajada hace 20 años, con miedo de quedar a oscuras. Sigue allí, marcado con rombos amarillos que fueron mi salvación en aquel entonces.

Tras una larga subida, llegamos a una barraca, que también marqué. Mirando la web del inventario de patrimonio de Sant Julià de Cerdanyola, Carles dice que hay unas 8 o 9 barracas en estas cuestas. “Tenemos trabajo aquí para el resto del mes”, dice Pep con satisfacción. Después de tanto tiempo sin subir cuestas, noto el esfuerzo pero me consuelo pensando que la próxima vez, irá mejor. También vigilo la rodilla derecha pero no detecto signos de alarma.


Campos cerca de la barraca

Seguimos subiendo hasta el último collado. Anotamos otro canal para desviar el agua de una vaguada e interminables paredes de piedra seca. Aquí comemos. Ahora solo queda bajar por el camino hasta la carretera de Falgars y, desde allí, seguir la pista de Sobirana y El Pou hasta llegar al coche.


Sobirana


Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 7 km; 325 metros de desnivel acumulado.