Aquí relato nuestras salidas por los caminos del Berguedà y comarcas vecinas. Como lo pasamos muy bien, queremos comunicar sobre todo buen humor y alegría pero también tiene un fondo muy serio: el camino como bien patrimonial, pieza esencial para entender la historia y digno de conservación. Es nuestra misión desde hace más de 15 años.



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lunes, 14 de mayo de 2018

27/4/2018 – Aranyonet

La primavera avanza imparable y todo parece indicar que hoy, hasta tendremos calor. Pep quiere cumplir el plan esbozado la semana anterior y aparcamos en el collado frente a la casa del Boix, el mismo con el inquietante círculo de piedras, con la idea de buscar las conexiones entre Oliba y Aranyonet.

Sin embargo, primero hay que situar la casa de Castellet, sobre el Torrent de Aranyonet, frente al pequeño pueblo de Aranyonet y la casa de Muntades.

Seguimos la pista hasta el cruce de caminos en la umbría de Oliba. Desde aquí, tendría que salir el camino a Sant Jaume de Frontanyà pasando por el Pas de les Baumes, todavía un tema pendiente.

Continuamos subiendo en dirección a Palomera. El bosque da paso a los campos y, en el punto más alto, vemos las ruinas de Castellet. Poca cosa queda.

Un camino marcado bordea el risco, con vistas a Muntades y Aranyonet abajo, las montañas de Montgrony detrás. Nuestro camino muere en el Torrent de Palomera. Subimos el valle hasta entrar en la pista que lleva a Palomera, y poco después vemos los primeros campos.

Palomera es un lugar muy curioso. Construida sobre un pequeño cerro, la casa parece fortificada. Es un lugar muy solitario, con los riscos de Tubau delante. En un grupo de árboles cercano, Pep y Carles encuentran la casa medieval.


La casa de Palomera; en el fondo, los Rasos de Tubau

Detalle de una de las ventanas

El inicio del camino a Muntades está marcado con piedras. Al dejar atrás los campos, entra en un bosque. Se ve muy usado y ahora, con la hoja recién salida, muy pintoresco. Rodeamos la casa de Muntades, la única habitada, y comemos cerca de la pista encima de la casa. Todo está muy verde.

El camino de Palomera a Muntades

Vista general de Muntades; detrás, en la sombra, se distinguen algunas casas de Aranyonet

Una vista más próxima de Aranyonet

Entramos en el pequeño pueblo de Aranyonet por un camino ancho que pasa entre las casas. Parece una burbuja parada en el tiempo. Al doblar cada esquina, esperas ver a gente entrando y saliendo de las casas, mulas llevando cargas, el ruido alegre de niños, el cura que habla con los feligreses, pero no hay nadie. Algunas casas están en estado ruinoso y otras enteras, pero sin vecinos. La iglesia es del siglo XIX pero Pep ve unos arcos románicos debajo de la rectoría, que serían la antigua iglesia.

 El camino de entrada de Aranyonet

Y la iglesia de Sant Romà

Pep está maravillado. ¡Nunca ha estado aquí! “Pero las veces que hemos estado cerca y nunca has expresado ningún deseo de venir”, exclamo. Pep se encoge de hombros. “Tenía otras prioridades”, justifica.

La casa de Extremera y el camino de Sant Jaume de Frontanyà

Tomamos el camino de Sant Jaume de Frontanyà, pasando por la casa de Extremera, la última del pueblo. El camino está señalizado con las marcas de la Xarxa Lenta pero se hace más perdedor al bajar por una fuerte pendiente hacia el Torrent de Aranyonet. Cruzamos el riachuelo y subimos por el otro lado, ya más evidente, hasta llegar al cruce de caminos en la umbría de Oliba. Deshaciendo la pista, llegamos otra vez al coche.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 11,6 km; 470 metros de desnivel acumulado.

sábado, 24 de diciembre de 2016

4/11/2016 – El camino de l’Espà

Tal como estaba programado, la semana después, Pep y Carles hicieron la ruta de Ferrús. No encontraron afloramientos de mineral pero sí kilos y kilos de setas. Los buscadores de setas, tanto los jubilados como los de fin de semana, prefieren no afrontar el desnivel, y se salva del expolio general.

Pep cree que aún puede exprimir un poco más del Pla de l’Espinal. Propone subir por la ruta que bajamos el 30 de septiembre, a ver si se puede subir un poco más arriba, y luego buscar el camino antiguo de l’Espà desde el Coll de la Trapa. Será la última vez que venimos aquí este año ya que está inminente la llegada de un frente frío que traerá la nieve y el invierno.

Como novedad, quiere hacer toda la ruta señalizada desde Saldes y por eso aparcamos en la entrada de la carretera que va al refugio de Lluis Estasen. Hace un día espléndido, sin nubes y nada de frío. Caminamos por la carretera hasta llegar al desvío señalizado a Palomera.

Bajamos por campos siguiendo lo que era un camino antiguo, cruzamos la riera y subimos hasta el Mas del Fred. Aquí nos apartamos del guion: en vez de continuar por el camino señalizado, seguimos otro camino que marcha a la izquierda y, de paso, nos permite aclarar definitivamente una red que tenía marcada parcialmente en mis mapas alrededor de Cal Pujol, identificando caminos de comunicación y otros puramente forestales.

Bajando hacia el Riu Saldes

Salimos nuevamente a la línea de alta tensión y el cortafuegos que recorre todo el valle. Saliendo del bosque, vemos que el tiempo ha cambiado. Empiezan a llegar nubes cada vez más espesas desde el oeste y a nuestra izquierda, todavía en el bosque, oímos el mugir de las vacas y los gritos de los vaqueros, que vienen bajando desde los prados de Palomera, escapando del frío que va a desplomarse sobre toda la comarca.

Caminamos hacia el oeste para reunirnos con el camino señalizado. Anotamos un corral que no habíamos visto hasta ahora, escondido entre las rocas e invisible desde el camino señalizado. A diferencia de hace dos semanas, caminamos por un desierto sin buscadores de setas, dominado por el silencio ahora que se han ido las vacas. Llegamos al Pla de l’Espinal y nuevamente, vemos que el camino se esfuma.

En el Pla d'Espinal, ahora todo para nosotros

Bajo un cielo amenazador, nos sentamos en unos troncos para comer pero enseguida, empiezan a caer gotas e iniciamos la bajada sin camino hacia el Coll de la Trapa. Llegamos a la Carretera de l’Obaga bajo una lluvia fina. La pista da un enorme rodeo para pasar el Riu de Saldes pero justo aquí, el GPS de Carles vuelve a mostrar señales de vida y nos indica un camino a la derecha que habría sido el camino antiguo de Coll de la Trapa y Gòsol.

Llegando al camino de l'Espà

Entramos en un pequeño cañón de arenisca desnuda, salvo en el lecho del río, donde crece la vegetación, como esas películas del Oeste. El contraste con los bosques de pinos y los prados que lo rodean es total. Cruzamos la riera y allí, el GPS de Carles marca otro camino que va hacia Saldes, el camino de l’Espà. Ahora forma parte de la Xarxa Lenta y vemos la pintura amarilla. Para de llover. Pasamos debajo de una casa nueva y de repente, el camino se corta. Ha habido un desprendimiento de tierra y la Xarxa marca un desvío para superarlo. Pep y Carles continúan por el tramo hundido, ahora convertido en una repisa inclinada a 45 grados, pero yo, mirando la caída a mi derecha y considerando mi fama de torpe y sabiendo cómo está la huella de mis botas, opto por la prudencia. “Además, no está de más tener el desvío en el GPS”, me digo a modo de justificación.

Por aquí ya no se pasa

Al otro lado, el camino continúa pero alguien se ha cuidado de borrar las marcas amarillas. Cuando llegamos al coche, empieza a llover con ganas.


Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 8,8 km; 360 metros de desnivel acumulado.

viernes, 23 de diciembre de 2016

21/10/2016 – Grau dels Rucs y Grau de la Bonica

Pep quería ir a Ferrús a repetir una ruta que ya fue documentado aquí el 13/9/2013 pero esta vez para buscar más afloramientos de mineral de hierro. Sin embargo, para que no salga repetida una ruta en el blog y teniendo en cuenta que la próxima semana, me voy a Inglaterra, magnánimamente decide aplazarla y propone que volvamos a los bosques de Palomera. Concretamente, una ruta circular que uniría dos ‘graus’ para llegar a la Collada dels Prats y que se me encargó describir hace unos cuantos años.

Desde la Carretera de l’Obaga, la ruta señalizada sube por el camino asfaltado desde el cruce. Aquí, hay una casa que ahora se ha convertido en bar y pequeño restaurante. Un día tendré que volver para probar el café. Esta carretera hace unas cuantas curvas para ir enlazando casas, algunas nuevas con todas las comodidades, y el camino antiguo debía seguir un trazado mucho más recto.


Pedraforca emerge de la niebla

Aparcamos encima de la casa de Cal Pere Esclops para buscar el camino auténtico. A esta hora de la mañana, hay mucha niebla pero ya se ve que la fiebre de la seta está en su punto álgido. Por todos partes, hay coches aparcados y más que suben y en el bosque se oyen voces. Hoy, al ser día laborable para la mayoría de mortales, son mayormente matrimonios u hombres solos, todos de unos 60 años para arriba.

Cal Pere Esclops

Pero nosotros a lo nuestro. No tardamos en ver el rastro del antiguo camino, que pasa delante de la casa en ruinas, y lo vamos siguiendo hasta tener el cruce a la vista. ¿Por qué no se recuperó este camino?, nos preguntamos. Es perfectamente aprovechable. Aquí no vamos a encontrar la respuesta, aunque se podría sospechar la negativa del propietario a permitir el paso, y damos la vuelta y volvemos al coche.

Ya en el coche otra vez, dos hombres vuelven al coche aparcado delante nuestro. Tienen la cesta media llena. “Todo está muy removido aquí”, nos explican. “Poca cosa se va a encontrar ya”.

Mientras la niebla se levanta, seguimos subiendo por la pista rumbo al Grau dels Rucs. Sin embargo, al llegar a la Font dels Gavaits, nos desviamos por el camino de Maçaners a Coll de Pradell. Ya lo conocíamos pero lo seguimos para marcarlo en el GPS. Es un camino muy agradable, que va pasando por el bosque entre antiguos campos. Empezamos a ver las primeras setas, básicamente ‘fredolics’.

Campos abandonados en el camino de Maçaners

Con Cal Guineu a la vista, damos la vuelta y dejamos el camino para subir por el bosque. Entramos en un cortafuegos bajo una línea de media tensión y aquí empezamos a encontrar ‘fredolics’ en cantidades industriales. Se ve que a nadie se le ha ocurrido venir aquí. A Pep y Carles no les queda más remedio que sacar las bolsas y empezar a cogerlos. “Nosotros no buscamos setas, las encontramos”, dirá Carles después, con cierta soberbia.

Fredolics (foto sacada de Wikipedia)

Volvemos a la Font dels Gavaits y entramos en una pista de fuerte pendiente que pasa bajo la línea de alta tensión que recorre todo el valle. Aquí ha habido una explotación intensa del bosque y se han abierto pistas nuevas. Tememos lo peor, sobre todo al ver que las señales de la ruta marchan por una pista de nueva abertura. Pero unos 30 metros después, vemos que la pista se desvía a la izquierda y el camino sigue intacto por una estrecha lengua de bosque sin tocar, mientras otra pista siembra la destrucción a la derecha.

El camino (a la derecha) se salva de ser engullido por la pista (a la izquierda)

Caminamos por este pasillo verde hasta llegar a la entrada del grau. Me pongo a pensar qué podría haber pasado para que se conservara este camino y me imagino una reunión tensa, seguramente totalmente ficticia, en el Ayuntamiento de Saldes entre los cargos electos y el ingeniero forestal. “Tenemos la deuda municipal por las nubes”, dirá el Alcalde. “La construcción es historia. Sólo nos queda el bosque”. “Para sacar esos pinos, habrá que abrir pistas nuevas”, dirá otro concejal y todos mirarán al ingeniero forestal. “Sé exactamente dónde abrirlas”, contestará, pensando en esos senderos que marcan una línea perfecta.  “Pero ojo”, dirá el Alcalde. “Esas rutas señalizadas, ni tocarlas. Que luego saldrá en Facebook que hemos machacado todas las rutas de senderismo”.

Con esos pensamientos, llegamos al Grau dels Rucs. Aún se ve el empedrado. Era la ruta clásica para ir desde Maçaners y Saldes al Coll de Pradell y, desde allí, a Vallcebre y hacia el sur. En septiembre, intentamos con un éxito desigual recuperar una parte superior de la ruta.

Tramo empedrado entrando en el Grau dels Rucs

Con un cielo bastante más nublado, seguimos subiendo hacia la Collada dels Prats. Ya no hace el calor de la mañana y nos paramos lo justo para comer. Siguiendo la pista hacia el Portell Solà, pronto vemos el poste que nos indica hacia el Grau de la Bonica. Primero marcha llano hacia el norte, esquivando por escasos metros pistas nuevas abiertas para cortar el bosque. Se empieza a intuir el caos de bloques a nuestra derecha y luego estamos en el ‘grau’, un estrecho pasillo entre dos rocas y realmente digno de ver.

 El camino al Grau de la Bonica

Entrando en el 'grau'

A partir de aquí se inicia un descenso resbaladizo con fuerte pendiente. Sería un atajo para hacer de pie y de bajada y también aprovechado para bajar troncos. Más abajo, el camino es cortado tres veces por el zigzagueo de una pista transversal nueva. Vuelve a salir el sol y sube la temperatura.

Salimos nuevamente a la línea de alta tensión y giramos a la derecha para ir hacia el coche. Entramos en una pista que va a Cal Cisco. Vemos los muros de un huerto y un camino que baja. Poco después, un prado con una barraca todavía intacta en una esquina. Después, pequeños campos amurallados perdidos en el bosque, con un aire algo fantasmagórico que no deja de tener su encanto, como esos templos aztecos perdidos en la selva. Todo esto habría tenido un aspecto muy diferente hace 100 años.

La barraca, aún en perfecto estado

Seguimos hacia el coche. Hay más pendiente y los campos son más espaciados y rudimentarios. Ya se ha roto el hechizo. En su lugar, vemos residuos que han dejado los buscadores de setas, algunos orgánicos y biodegradables; otros de metal y plástico que durarán mucho más. Recojo alguna lata y pienso en el poco servicio que ha hecho TV3 al país. 

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 10 km; 520 metros de desnivel acumulado.

martes, 18 de octubre de 2016

30/9/2016 – El Pla de l’Espinal

Hoy, volvemos a las faldas de Ensija. La idea es completar esta red de caminos centrada en el Pla de l’Espinal, pero desde abajo. Entramos en la carretera de l’Obaga que marcaría el camino antiguo de Gòsol desde la división de caminos en Maçaners y que va al Coll de la Trapa. Aparcamos en el puente sobre la riera de l’Aigua Salada y caminamos hasta la casa de Cal l’Estevenó. Por aquí subía el camino desde Saldes, según la Minuta.

Pero la erosión, las pistas y la línea de alta tensión han borrado casi todos los indicios y habría sido imposible seguirlo sin el track en el GPS de Carles. Al poco rato, entramos en una pista que se abrió sobre el camino y no la dejamos hasta entrar en los Plans de l’Artic y enlazar con el camino de bajada de la semana pasada.

Repetimos la ruta de naturaleza de la semana pasada, intentando buscar los tramos de camino que, en teoría, nos faltan, pero sin éxito. Está todo muy removido por la explotación del bosque. Eso sí, hace una temperatura agradable, la luz entre las hojas es muy relajante y hasta encontramos alguna seta.

Caminando por el bosque

La ruta señalizada marca una variante hacia el oeste que lleva a una “pleta”. En la placa informativa, dice que aquí había una casa medieval llamada Manso. Hay campos antiguos alrededor pero, si existía esa casa, no queda ni rastro.

La "pleta" donde, dicen, había la casa medieval de Manso

Aquí comemos. La temperatura es muy suave e invita a pasar la tarde … pero Carles tiene que estar de vuelta a las 4. Buscamos el camino señalizado a la Casa Mas Fred. Antiguamente, se usaba para subir los animales a los prados y una línea de piedras separa el camino de los campos al lado.

La línea de alta tensión que corta multitud de caminos

Llegamos a la carretera. Caminando hacia el coche, tengo la sensación de que poco más vamos a sacar de esta zona. Solo quedaría dilucidar el camino antiguo de Gòsol que, según la Minuta, pasaba por debajo de la carretera actual. Eso sí, encontramos setas suficientes para hacer un par de tortillas para cada uno.


Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 9,5 km; 380 metros de desnivel acumulado.

23/9/2016 – Palomera

Ante la previsión de tormentas por la tarde, Pep propone dar una vuelta por la zona de Palomera y, concretamente, confirmar el trazado del antiguo camino de Saldes a Palomera. Aparcamos en el área recreativa de Palomera, donde hay unos circuitos suspendidos que pasan de árbol en árbol por tirolinas y distintos tipos de puentes tibetanos, zonas de picnic y una pérgola con información sobre la zona.

La primera actividad hoy es ocuparse de la educación de Carles, que nunca ha subido al asentamiento medieval. Dicen los historiadores que fue un pequeño pueblo de pastores pero, a juzgar por los muchos campos de cultivo alrededor, también se dedicaban a la agricultura.

Desde la zona recreativa, baja un camino hasta un estrecho desfiladero que separa el cerro de Palomera del resto de la montaña. Al subir, vemos restos de paredes, y muchas piedras desparramadas por el suelo. “Aquí había el horno de pan”, explica Pep, mientras entramos en una especie de avenida estrecha. “Y aquí la calle principal, y después las mejores casas. No costaría nada volver a poner las piedras en su sitio para dar una idea de la estructura que había”. Llegamos al final del cerro, donde había la cantera. Aquí se ven las filas rectas cortadas en la roca de donde se sacaban los bloques.

Vista del poblado medieval de Palomera

Bajamos por el mismo sitio y entramos en el desfiladero. La entrada está muy tapada, llena de ortigas. Después es un caos de boj y piedras caídas pero en los huecos de la roca, se habían creado pequeños corrales. “Tampoco costaría nada limpiar esto”, continúa Pep. “Se puede dejar el boj para dar ambiente. Todo este entorno, bien explicado, sería un atractivo histórico de primer orden”. Se ve que hace tiempo lo había mostrado a gente del Ayuntamiento de Saldes pero no se ha hecho nada.

Y dentro del pequeño desfiladero que separa el cerro de Palomera

Salimos al otro lado, subimos al mirador detrás del recinto ganadero y Carles empieza a buscar el track del camino antiguo de Saldes en su GPS. A partir de aquí, está señalizado con pintura naranja. Aquí se hizo una ruta de naturaleza que va recorriendo los bosques. Vamos bajando hacia el norte. Un puente colgante cruza la riera y entramos en una zona de bloques de piedra. El camino pasa entre rocas de grandes dimensiones; es muy atractivo y aún quedan restos del empedrado.

El primer puente colgante

En el camino de Saldes

Llegamos a un mirador con vistas de Pedraforca y el Cadí. Hay un rótulo informativo. “Dice que aquí crecen pino albar y pino negro y hay que tener cuidado con las víboras debajo de las piedras”, observa Pep. “Todo esto es una obviedad. No hace falta decir lo que salta a la vista. ¿Por qué no dice que es el camino antiguo de Saldes a Palomera y tiene siglos de antigüedad?”.

“Para alguien que viene de Barcelona, lo del pino albar no es tan obvio. Y en cuanto a las víboras, ya sabes cómo son los niños de ciudad”, contesto, poniéndome en la piel de los monitores de los escolares urbanitas que siguen la ruta. “Además, es una ruta de naturaleza. No tiene porqué hablar de historia”, concluyo.

"Tanto potencial desaprovechado", lamenta Pep

Continuamos mientras Pep sigue refunfuñando. Entramos en el largo Grau de Palomera donde el camino busca la forma de bajar entre los bloques de piedra. Todo esto es muy recomendable.

Bajando hacia los Plans de l'Artic

Hay una bifurcación. El camino antiguo marcha por la izquierda, entrando finalmente en los Plans de l’Artic. El track de Carles sigue marchando hacia el norte pero nosotros nos desviamos para seguir la ruta de naturaleza. Todo esto lo había hecho con Carles hace unos cuantos años, antes de empezar el blog. Y a raíz de un encargo para describir una ruta, había hecho un repaso de los caminos que llegaban al Pla de l’Espinal, a veces con Pep y a veces con Carles. Había llegado a desentrañar un dibujo parcial pero bastante denso de caminos.

Pasamos por otro puente colgante y entramos en una pista que marcha hacia el oeste. Aquí hay otra placa informativa que nos habla de las distintas categorías de pista. Si tiene más de 4 metros de ancho, es un “camino forestal”; si tiene hasta 3,5 metros, es una “pista forestal”; y si tiene hasta 2,5 metros, es una “pista de desembosque”. Miramos la pista por donde pasamos con una nueva comprensión. Midiendo cuidadosamente su ancho, llegamos a la conclusión de que se trata un “camino forestal”. El conocimiento es poder, pienso.

El segundo puente colgante

Entramos en otra pista, girando hacia el sur, y luego otra que nos lleva nuevamente hacia el este, paralelamente a la primera. Pasamos al lado de una “pleta” y una barraca de piedra, totalmente perdidas en la vegetación y de la que la placa informativa al lado no dice nada, sino que habla de la explotación sostenible y respetuosa del bosque, mostrando la foto de una máquina de oruga para extraer troncos.

Al final de esta pista sale un camino que sube con una pendiente fuerte. Cuando vine con Carles, estaba recién restaurado, con peldaños y barandillas, y pensamos que era un camino nuevo inventado. Pero ahora, con el paso del tiempo, vemos que en realidad es un camino antiguo, solo totalmente reformado. Llegamos a un llano donde hay otro mirador y los restos de una barraca. Poco después, llegaríamos a la carretera donde está aparcado el coche pero Pep va a la esquina oeste, donde ve un camino que baja directamente hacia la “pleta” cubierta por la vegetación al lado de la placa informativa.

El camino restaurado

Estudiamos los mapas y se nos hace la luz. Este dibujo parcial que tengo marcado representa una red que iba conectando todas las “pletas” y barracas entre sí, con un nudo intermedio en el Pla de l’Espinal donde hay un gran corral y una caseta de piedra. Conectando los cortos tramos que aún no están puestos en el mapa, tendríamos el dibujo completo.

Siguiéndolo en el otro sentido, el camino nuevo que hemos descubierto va bordeando el llano hasta salir en la carretera. Volvemos a Palomera bajo un cielo amenazador. “Bueno, ya está, ¿no?”, digo a Pep. “¿Podemos comer?”.

“Nos falta buscar la Bauma de l’Orri”, contesta Pep. “La marca el mapa del ICC”. Y señala hacia una pared de roca calcárea con unos 200 metros de desnivel. “Sabes que en el ICC ponen los topónimos a voleo, ¿no?”, contesto dubitativo. “Sí, pero hay que comprobarlo. Además, pasaremos por la fuente de l’Aigua Salada, que no conoces”. Miro a Carles pero como es habitual en él, guarda un silencio discreto.

Tras acercarnos un poco más con el coche, ponemos rumbo a la Font de l’Aigua Salada. Cuando llegamos, veo una manantial de agua que sale de un pequeño agujero al pie de una roca, rodeada de una tierra maloliente, fangosa, con un alga asquerosa que es lo único que crece aquí. Detrás hay un enorme hundimiento donde el agua ha disuelto la sal. Continuamos para arriba, hasta llegar a una pared de roca donde se ha desprendido media montaña para abajo.

La Font de L'Aigua Salada; no invita a quedarse y no lo hicimos

Pep inspecciona los alrededores. No hay nada. Mientras tanto, empieza a tronar. Pep me pide los mapas y las referencias del GPS. Una vez localizada nuestra posición, mira hacia arriba. “Faltan 100 metros más de desnivel”. Y señala: “Para allá”. Yo no tengo ningún deseo de seguir subiendo este pendiente sin camino para luego no encontrar nada y así lo iba a decir, dispuesto a amotinarme, cuando de repente se pone a llover con cada vez más fuerza.

Guardo la electrónica y nos ponemos los impermeables a toda prisa. Con los truenos pisándonos los talones, se me desvanece el cansancio de la subida y abro paso entre Carles y Pep para bajar a toda pastilla, con una agilidad que ni en mi juventud tuve.

Almorzamos en la pérgola.

Empieza a salir el sol otra vez desde la pérgola


Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 8,5 km; 390 metros de desnivel acumulado.

lunes, 10 de octubre de 2016

9/9/2016 – Buscando el camino de Coll de Pradell

Pep y Carles han estado mirando el mapa de la Minuta de Saldes y han visto que nos faltan cosas. Lo primero es un corral que, según el mapa, se encuentra encima de la actual carretera que va a Palomera y Coll de Pradell.

 Pedraforca con la luz de la mañana

Después de aparcar el coche cerca de Palomera, Pep señala hacia arriba donde se intuye un llano al final de una fuerte subida. “Tiene que estar allí”, dice. Subimos 100 metros de desnivel y cuando llegamos allí … no hay nada. “El mapa debe estar equivocado”, concluye Pep y emprende la marcha hacia abajo otra vez.

Esto empieza mal, pienso. Mi profesora de yoga no empieza las clases hasta la semana que viene y tengo el cuerpo como si tuviera barras de hierro en vez de articulaciones.

La próxima tarea es buscar los caminos de Saldes y Maçaners hacia el Coll de Pradell, que, según la Minuta, se unían bajo Palomera. En su Guía de Itinerarios, César August Torras ya advertía que los caminos eran malos por el mal estado del terreno. Hoy, con la erosión, el abandono, los barrancos que se han formado con la lluvia, las pistas que se han abierto y la minería a cielo abierto de los años 70, no hay rastro de caminos y solo tenemos la palabra de Carles que sigue el track en su GPS.

Recorriendo pistas por un paisaje desolado, caminamos hacia la Collada dels Prats, pasando por El Portell de Solà, donde todavía sobrevive un pequeño tramo del camino original al lado de la pista. Supuestamente era el camino a Maçaners. Entre las nubes que empiezan a tapar el cielo y una explotación nada amable de los bosques de pino negro, la impresión es de lo más lúgubre.

Todo lo que queda del antiguo camino

Damos la vuelta en el Corral de la Gleba, muy cerca ya de la Collada dels Prats. Pep y Carles parecen satisfechos con este paseo virtual. “¿Tantos kilómetros para esto?”, me pregunto. Tengo la musculatura agarrotada y un fuerte deseo de no estar aquí.

Volvemos por la misma pista asquerosa, pasamos por lo que era El Portell de Solà, sólo que ahora no hay ningún portell, y ya en el fondo del valle, entre barrancos de arenisca, dejamos la pista para ver si hay algún rastro del camino hacia el Coll del Pradell. Vamos subiendo por el bosque y con el Coll de Pradell a la vista, al otro lado de un barranco profundo excavado por la lluvia, paramos para comer, sin haber encontrado nada.

Pep y Carles estudian los mapas como si realmente hubiera valido la pena todo lo que hemos hecho pero a mí el desánimo me embarga. Seguro que Torras sentía lo mismo viendo esta desolación.

Pep y Carles repasan los logros de hoy

Volvemos a ponernos en marcha hacia Palomera, admitiendo el fracaso y viendo cómo las nubes se apilan detrás de Ensija. Carles insiste en que estamos muy cerca del camino. Bajamos por el bosque y de repente, lo vemos: un tramo recto que va hacía el Coll de Pradell. ¡Por fin, un camino auténtico! Lo seguimos hasta un barranco, donde se muere. Después hay la explotación a cielo abierto y seguro que allí se ha perdido, pero este trocito de unos 200 metros es auténtico.

Los efectos de la erosión

Volviendo hacia Palomera, el camino se vuelve a perder, sustituido por un caos de ramas de talas de árboles. Pero allí, en el último barranco antes de Palomera, con los truenos cada vez más cerca, vuelve a salir. Siguiendo este vestigio de camino, noto que ya respiro con más facilidad, no me duele nada, el cansancio se ha desvanecido y ando con más soltura. Llegamos al coche con las primeras gotas de lluvia.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 10,6 km; 320 metros de desnivel acumulado.


Esa misma noche, asisto a una charla de Pep sobre las fraguas del norte de Cataluña en el Archivo Comarcal. Entre él y su colega Roser, no creo que nadie sepa más que ellos sobre las fraguas catalanas. Xavier Pedrals, director del archivo, está desesperado; no hay manera que pongan por escrito todo lo que saben.