Aquí relato nuestras salidas por los caminos del Berguedà y comarcas vecinas. Como lo pasamos muy bien, queremos comunicar sobre todo buen humor y alegría pero también tiene un fondo muy serio: el camino como bien patrimonial, pieza esencial para entender la historia y digno de conservación. Es nuestra misión desde hace más de 15 años.



viernes, 23 de diciembre de 2016

21/10/2016 – Grau dels Rucs y Grau de la Bonica

Pep quería ir a Ferrús a repetir una ruta que ya fue documentado aquí el 13/9/2013 pero esta vez para buscar más afloramientos de mineral de hierro. Sin embargo, para que no salga repetida una ruta en el blog y teniendo en cuenta que la próxima semana, me voy a Inglaterra, magnánimamente decide aplazarla y propone que volvamos a los bosques de Palomera. Concretamente, una ruta circular que uniría dos ‘graus’ para llegar a la Collada dels Prats y que se me encargó describir hace unos cuantos años.

Desde la Carretera de l’Obaga, la ruta señalizada sube por el camino asfaltado desde el cruce. Aquí, hay una casa que ahora se ha convertido en bar y pequeño restaurante. Un día tendré que volver para probar el café. Esta carretera hace unas cuantas curvas para ir enlazando casas, algunas nuevas con todas las comodidades, y el camino antiguo debía seguir un trazado mucho más recto.


Pedraforca emerge de la niebla

Aparcamos encima de la casa de Cal Pere Esclops para buscar el camino auténtico. A esta hora de la mañana, hay mucha niebla pero ya se ve que la fiebre de la seta está en su punto álgido. Por todos partes, hay coches aparcados y más que suben y en el bosque se oyen voces. Hoy, al ser día laborable para la mayoría de mortales, son mayormente matrimonios u hombres solos, todos de unos 60 años para arriba.

Cal Pere Esclops

Pero nosotros a lo nuestro. No tardamos en ver el rastro del antiguo camino, que pasa delante de la casa en ruinas, y lo vamos siguiendo hasta tener el cruce a la vista. ¿Por qué no se recuperó este camino?, nos preguntamos. Es perfectamente aprovechable. Aquí no vamos a encontrar la respuesta, aunque se podría sospechar la negativa del propietario a permitir el paso, y damos la vuelta y volvemos al coche.

Ya en el coche otra vez, dos hombres vuelven al coche aparcado delante nuestro. Tienen la cesta media llena. “Todo está muy removido aquí”, nos explican. “Poca cosa se va a encontrar ya”.

Mientras la niebla se levanta, seguimos subiendo por la pista rumbo al Grau dels Rucs. Sin embargo, al llegar a la Font dels Gavaits, nos desviamos por el camino de Maçaners a Coll de Pradell. Ya lo conocíamos pero lo seguimos para marcarlo en el GPS. Es un camino muy agradable, que va pasando por el bosque entre antiguos campos. Empezamos a ver las primeras setas, básicamente ‘fredolics’.

Campos abandonados en el camino de Maçaners

Con Cal Guineu a la vista, damos la vuelta y dejamos el camino para subir por el bosque. Entramos en un cortafuegos bajo una línea de media tensión y aquí empezamos a encontrar ‘fredolics’ en cantidades industriales. Se ve que a nadie se le ha ocurrido venir aquí. A Pep y Carles no les queda más remedio que sacar las bolsas y empezar a cogerlos. “Nosotros no buscamos setas, las encontramos”, dirá Carles después, con cierta soberbia.

Fredolics (foto sacada de Wikipedia)

Volvemos a la Font dels Gavaits y entramos en una pista de fuerte pendiente que pasa bajo la línea de alta tensión que recorre todo el valle. Aquí ha habido una explotación intensa del bosque y se han abierto pistas nuevas. Tememos lo peor, sobre todo al ver que las señales de la ruta marchan por una pista de nueva abertura. Pero unos 30 metros después, vemos que la pista se desvía a la izquierda y el camino sigue intacto por una estrecha lengua de bosque sin tocar, mientras otra pista siembra la destrucción a la derecha.

El camino (a la derecha) se salva de ser engullido por la pista (a la izquierda)

Caminamos por este pasillo verde hasta llegar a la entrada del grau. Me pongo a pensar qué podría haber pasado para que se conservara este camino y me imagino una reunión tensa, seguramente totalmente ficticia, en el Ayuntamiento de Saldes entre los cargos electos y el ingeniero forestal. “Tenemos la deuda municipal por las nubes”, dirá el Alcalde. “La construcción es historia. Sólo nos queda el bosque”. “Para sacar esos pinos, habrá que abrir pistas nuevas”, dirá otro concejal y todos mirarán al ingeniero forestal. “Sé exactamente dónde abrirlas”, contestará, pensando en esos senderos que marcan una línea perfecta.  “Pero ojo”, dirá el Alcalde. “Esas rutas señalizadas, ni tocarlas. Que luego saldrá en Facebook que hemos machacado todas las rutas de senderismo”.

Con esos pensamientos, llegamos al Grau dels Rucs. Aún se ve el empedrado. Era la ruta clásica para ir desde Maçaners y Saldes al Coll de Pradell y, desde allí, a Vallcebre y hacia el sur. En septiembre, intentamos con un éxito desigual recuperar una parte superior de la ruta.

Tramo empedrado entrando en el Grau dels Rucs

Con un cielo bastante más nublado, seguimos subiendo hacia la Collada dels Prats. Ya no hace el calor de la mañana y nos paramos lo justo para comer. Siguiendo la pista hacia el Portell Solà, pronto vemos el poste que nos indica hacia el Grau de la Bonica. Primero marcha llano hacia el norte, esquivando por escasos metros pistas nuevas abiertas para cortar el bosque. Se empieza a intuir el caos de bloques a nuestra derecha y luego estamos en el ‘grau’, un estrecho pasillo entre dos rocas y realmente digno de ver.

 El camino al Grau de la Bonica

Entrando en el 'grau'

A partir de aquí se inicia un descenso resbaladizo con fuerte pendiente. Sería un atajo para hacer de pie y de bajada y también aprovechado para bajar troncos. Más abajo, el camino es cortado tres veces por el zigzagueo de una pista transversal nueva. Vuelve a salir el sol y sube la temperatura.

Salimos nuevamente a la línea de alta tensión y giramos a la derecha para ir hacia el coche. Entramos en una pista que va a Cal Cisco. Vemos los muros de un huerto y un camino que baja. Poco después, un prado con una barraca todavía intacta en una esquina. Después, pequeños campos amurallados perdidos en el bosque, con un aire algo fantasmagórico que no deja de tener su encanto, como esos templos aztecos perdidos en la selva. Todo esto habría tenido un aspecto muy diferente hace 100 años.

La barraca, aún en perfecto estado

Seguimos hacia el coche. Hay más pendiente y los campos son más espaciados y rudimentarios. Ya se ha roto el hechizo. En su lugar, vemos residuos que han dejado los buscadores de setas, algunos orgánicos y biodegradables; otros de metal y plástico que durarán mucho más. Recojo alguna lata y pienso en el poco servicio que ha hecho TV3 al país. 

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 10 km; 520 metros de desnivel acumulado.