Aquí relato nuestras salidas por los caminos del Berguedà y comarcas vecinas. Como lo pasamos muy bien, queremos comunicar sobre todo buen humor y alegría pero también tiene un fondo muy serio: el camino como bien patrimonial, pieza esencial para entender la historia y digno de conservación. Es nuestra misión desde hace más de 15 años.



martes, 18 de octubre de 2016

7/10/2016 – La mina de hierro de Coll de Jou

Resulta que Pep ha encontrado otro documento en el Archivo de la Corona de Aragón sobre una explotación de hierro en el Coll de Jou y lo tiene que averiguar in situ y tiene que ser hoy.

Hace 5 años que no subo por ese camino y tiene un desnivel muy respetable. Intento mirar el lado positivo: será una buena prueba para ver cómo voy llevando los 60 años.

Aparcamos en una pequeña explanada en la curva de la carretera a Coll de Pal, debajo de la casa de Hospitalet. Desde que estuvimos aquí la última vez, han cambiado el tejado, sustituyendo las tejas rojas por otras negras que parecen hechas de pizarra. En el Valle de Arán, sería lo más habitual pero aquí desentona bastante. Igual que hace 5 años, una multitud de perros, atados en puntos estratégicos para que nadie se desvíe del camino, ladran a nuestro paso.

La casa de Hospitalet con su nuevo tejado

Y empezamos a subir. Es una ruta clásica del excursionismo, un camino milenario y una de las joyas del Parque de Cadí-Moixeró. De hecho, más que un camino, es una obra de arte. Mirando los peñascos desde la carretera, parece imposible que pudiera haber un camino que lleva hasta arriba de todo, pero allí está. Con múltiples curvas, va superando todos los obstáculos con suma maestría y elegancia.

Para la descripción, os remito a la salida del 15/7/2011 que complemento con una pequeña selección de fotos actuales.

Subiendo a la casa de Claper

La casa de Claper

El cielo de la mañana con Les Montanyetes y el Serrat Gran

La vista hacia Ensija

Llegando a la Roca Sança

Seguimos subiendo

Entre Roca Sança y Coll de Deogràcies

Llegamos arriba al Coll de Deogràcies; 730 metros de desnivel y no me ha dolido nada. Allí Pep y Carles comen un plátano y hablamos de temas de sostenibilidad y economía circular. A mí no me gustan los plátanos y los bocadillos los guardo para luego. Un poco más tarde, descubriré que fue un error.

El Coll de Deogràcies

Hacemos la corta distancia que nos separa del Coll de Jou y Pep y Carles empiezan a hacer una batida. Cerca del poste indicador del Coll, Pep encuentra un trozo de mineral de hierro y al lado, un pequeño hoyo.

El poste indicador del Coll de Jou

Mirando hacia La Cerdanya y el Pirineo

Resulta que en 1599, subió desde el pueblo de Urús en Cerdanya una pequeña comitiva para tomar posesión de la mina y autorizar su explotación. Fueron al menos 7 personas: el Delegado del Procurador Real de la Cerdanya, el Procurador del Señor de Gaspar de Vilanova y Perves (propietario de la zona), el descubridor del mineral, dos testigos, el alcalde de Urús y un notario. Hacemos un pequeño viaje en el tiempo. Hoy subimos con ropa ligera, hecha con materiales técnicos: camisetas que dejan evaporar el sudor, chaquetas y botas con Goretex que impiden la entrada del frío y del agua, pantalones con Windstop para que no pase el viento.

En aquel tiempo, con las exuberancias vestimentarias de la Edad de Oro española, no había nada de eso y, aunque hubieran subido a lomo de mulas, no creo que fueran acostumbrados a entornos de alta montaña. Tiene que haber sido algo digno de ver, todas esas autoridades agrupadas alrededor de una roca de color rojizo en medio de la nada. Y luego, cuando se llevó el mineral a la fragua, el maestro herrero lo rechazó por inadecuado y no rentable y la explotación fue abandonada. Mucho gasto para nada, pienso, como esos aeropuertos sin aviones o pasajeros en dominios antiguos o actuales del PP.

Cuando alzamos la vista del suelo, vemos pasar un quebrantahuesos casi a tocar, que luego sube para reunirse con un grupo de unos 30 buitres que están dando vueltas en el cielo. Algo han encontrado.

Con la energía del plátano, Pep quiere mirar si hay más explotaciones y caminamos por el sendero de la cresta hacia Penyes Altes. Pero esa energía yo no la tengo y cuando empieza una nueva subida, no tardo en quejarme. Y así vamos hasta que Pep se cansa de oírme y nos paramos para almorzar en lo alto de un pequeño cerro con vistas que abarcan todas las montañas hacia el sur. Una Vanessa atalanta (una mariposa muy vistosa) va patrullando las rocas delante nuestro, ahora a la derecha, ahora a la izquierda, sin parar y por motivos que desconocemos. ¿Qué va a defender si aquí está sola?

Vanessa (foto de Dolors Agustí)

Desde donde comemos, Pep divisa una roca de color rojizo hacia abajo y decide que hay que explorarlo. Hacemos un descenso precario sin sacar nada en claro y luego un flanqueo igual de precario hasta volver otra vez al camino.

La vista desde nuestro comedor, con Pedraforca y Ensija en el fondo. Penyes Altes es el pico de forma triangular a la derecha

A partir de aquí, iniciamos el largo descenso, disfrutando de los colores, el aire cálido y las vistas. En Claper, en vez de continuar hacia la casa de Hospitalet, Pep gira hacia la izquierda por el camino señalizado que se adentra en el valle y probablemente era el camino usado por los de Claper para llegar a la casa y actual refugio de Rebost.

El camino de Claper hacia el fondo del valle

Al llegar a la pista que sigue el fondo del valle, tomamos nota de un cargador perdido en la vegetación que también era la estación final de un teleférico que bajaba barita desde la mina en la Collada de la Bòfia. Desde aquí, se cargaba en camiones que luego llevaban el mineral a Bagà.

Bajando por la pista hacia el coche, vamos comentando la salida. “Estas rutas clásicas las hemos hecho tantas veces que, sin algún incentivo, no las haríamos”, concluye Pep. “Pero luego, cuando las haces, te das cuenta otra vez de lo majas que son”.

Bajando la pista hacia el coche


Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 11,6 km; 930 metros de desnivel acumulado.