Aquí relato nuestras salidas por los caminos del Berguedà y comarcas vecinas. Como lo pasamos muy bien, queremos comunicar sobre todo buen humor y alegría pero también tiene un fondo muy serio: el camino como bien patrimonial, pieza esencial para entender la historia y digno de conservación. Es nuestra misión desde hace más de 15 años.



domingo, 21 de junio de 2026

12/6/2026 – El camí ral de Malanyeu

Ha pasado un mes desde la última entrada en el blog. La semana siguiente, Pep fue a Antequera a mirar unos dólmenes. Volvió con la puerta del copiloto abollada. Al principio, no lo quiso explicar pero finalmente admitió que un poste se interpuso en su camino cuando intentaba maniobrar en un aparcamiento. La semana siguiente, volvimos a Sant Julià de Cerdanyola a buscar barracas, pero fue tan estéril (desde mi punto de vista) que declaré la salida no blogable. La próxima salida, me excusé por motivos de trabajo. “¡Una salida épica! ¡Cinco barracas nuevas!”, alardeó Pep después, pero no me dejé impresionar. Luego vino la pausa de Patum.

Hoy, resulta que Pep no tiene coche. Está en la planchistería quitando las abolladuras y va para largo. Como le tendremos que ir a buscar, me da libre elección del lugar. “¿No quedan barracas?”, pregunto sorprendido. “Sí, y tanto”, contesta, “pero sin coche, he perdido mi aura de poder para imponer rutas”. “Pues miremos el tema del camino de Malanyeu”, propongo.

En las salidas a Malanyeu al principio de la primavera, a la primera luz de la mañana, la carretera parecía pasar por bosques llenos de tesoros escondidos, invitándonos a entrar a explorar sus misterios. Pero bajo la luz directa del sol de verano, se parece a un bosque cualquiera y ha perdido su magia. Pero somos profesionales y no vamos a abortar nuestra misión por antojos románticos.

Aparcamos en la entrada de la pista que va a la Mina Superior del Far. Hace muchos años, en la era pre-blog, orientado por el propietario de Cal Frare, había cartografiado el tramo superior del camí ral, con varias bifurcaciones, pero el tramo inferior es un misterio.

Bajamos por la carretera hasta la larga pista que pasa por el complejo principal de la Mina del Far. Edificios hechos con bloques de hormigón en un estado ruinoso, una bocamina tapiada y algún resto de más edad hecho con piedras. Llegamos hasta el último edificio tras caminar medio kilómetro y damos media vuelta. Intentamos encontrar algún camino entre Cal Roma y Cal Bonet sin sacar nada en claro. Y también miramos algún resto de camino bajo la carretera pero, con el poco espacio que había, la carretera se lo ha llevado casi todo.


Los edificios de la mina

Y la bocamina

Iniciamos la subida, entrando en la parte del camino que ya tenía marcada en mi mapa. A medida que vamos subiendo, Pep consulta mi mapa. “¡Pero si el tío lo tiene todo!”, exclama. “Hasta las bifurcaciones”. “Era joven y valiente”, contesto modestamente. Pero le advierto de una palanca de troncos más adelante, que tuve que cruzar. Incluso hace 20 años, sabía que era una imprudencia cruzarla pero no veía otra opción excepto ir hacia atrás, y me estaba quedando sin luz. Hoy, Dios sabe cómo estará.

Llegamos a la palanca. No queda casi nada pero las vacas han trazado otro camino que cruza sin problemas el pequeño barranco unos 30 metros más arriba. ¿Existía ese camino hace 20 años? Y si existía, ¿cómo es que no lo vi? Preguntas que quedarán sin respuesta.


La palanca. ¿Quién se atreve a cruzarla?

Salimos en el camino asfaltado de Cal Frare y subimos hasta la carretera principal. La última vez que estuvimos aquí, habíamos visto que habían marcado un tramo de la Ruta Minera de La Nou desde la carretera que va a La Nou desde Malanyeu. Un poste señala un camino que marcha a la derecha desde la carretera e indica El Far.

Resulta que es un camino conocido. Después de llanear durante unos 400 metros, entra en el Grau de l’Oreneta, un paso que aprovecha unas enormes losas de piedra y luego cruza un torrente seco bajo una gran roca. 


Entrando en el Grau de l'Oreneta


Y la continuación

Después, el camino sale en los prados de Coma-rodana. La ruta señalizada toma la pista que lleva a Cal Guitart, desviándose por otra pista que pasa por debajo de la casa y muere en un barranco, donde continúa como camino. Todo esto ya lo teníamos.


El camino arreglado al Far

Poco después, el camino se divide. Siguiendo recto, inicia un descenso abrupto por una canal estrecha pero por la derecha, arranca otro camino que da la vuelta de la roca y evita este descenso tan fuerte. De ese segundo camino, parece que marqué en su día el inicio de otro camino que bajaría directo a la mina.

“Comemos aquí y luego miramos ese arranque de camino”, dice Pep, estudiando el mapa. Recuerdo que cuando Pep y yo hicimos este camino hace muchos años, me negué a bajar la canal, pero no recuerdo que pasó después.

Después de comer, iniciamos el descenso por el segundo camino. El supuesto arranque de camino resulta ser un espejismo y, tal como lo tenía marcado en el mapa, el segundo camino da la vuelta de la roca. Intentar progresar es como una carrera de obstáculos, abriendo paso por la vegetación. En cierto momento, el camino se convierte en una especie de repisa, con la pared a mi izquierda y una caída de unos 20 metros a mi derecha, tapada por los árboles y arbustos. Me apoyo en unos troncos delgados de avellano para pasar un punto delicado. Con un estrépito de madera que se parte, el árbol se rompe por las raíces y se va para abajo. Sin apoyo, voy al suelo pero consigo recuperarme antes de precipitarme por el borde.

Cuando salimos otra vez al camino principal, Carles, que iba detrás de mí, comenta la jugada cuando atrapamos a Pep. “Casi lo perdemos”, observa. “¿Pero salvaste el GPS?”, pregunta Pep, preocupado. “Es lo primero que iba a hacer pero, por suerte, todo quedó en un susto”, contesta Carles.

Nuevamente en un camino más o menos limpio, intento hacer memoria. ¿Pasamos por el camino de circunvalación y luego vimos cómo era la bajada de la canal, que no era tan mala? ¿O me convenció Pep a lanzarme por el tobogán? Los recuerdos son confusos pero me inclino por lo primero. De todos modos, no fuimos para atrás porque tengo marcado la continuación del camino hasta su enlace con la pista del Far, pasados los edificios.

Mientras caminamos de vuelta por la pista hacia la carretera de Malanyeu, Carles reflexiona: “Siempre he querido venir aquí y hoy, ya van 3 veces que recorro esta pista”.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 9,2 km; 295 metros de desnivel acumulado.