Aquí relato nuestras salidas por los caminos del Berguedà y comarcas vecinas. Como lo pasamos muy bien, queremos comunicar sobre todo buen humor y alegría pero también tiene un fondo muy serio: el camino como bien patrimonial, pieza esencial para entender la historia y digno de conservación. Es nuestra misión desde hace más de 15 años.



miércoles, 30 de octubre de 2013

27/9/2013 – Los caminos antiguos de Fumanya

Durante el fin de semana que estuve en Inglaterra, Pep y Carles estuvieron en Fumanya. Fumanya es una pequeña comunidad entre Figols y Peguera, con una iglesia románica y unas cuantas casas, algunas de las cuales se han arreglado o incluso vuelto a construir. Su fama actual se debe a las huellas de dinosaurio en unas paredes de roca puestas al descubierto por la minería a cielo abierto.

El mapa de la Minuta muestra tres caminos que pasan por la zona. El más al norte sería el camino de Vallcebre y una parte importante de su recorrido sigue la actual carretera. Luego hay otros dos caminos que llamaré, por motivos de pura comodidad, el camino superior y el camino inferior, que, por abajo, se juntan antes de llegar a una casa llamada Cal Chacó y, por arriba, antes de llegar a la casa de la Creu de Fumanya.

Una parte del mapa de la Minuta. A la izquierda, se ve el núcleo de Fumanya con los tres caminos

Sin embargo, como luego describiré, las explotaciones a cielo abierto se encargaron de destruir gran parte de la trayectoria de esos caminos. La semana anterior, Pep y Carles hicieron una salida preparatoria para localizar los dos caminos, y también descubrieron otro camino importante que viene del Collet Mercadal y va bajando por el Bac de Fumanya, dentro del bosque.


Dejamos el coche en la pista que baja a la Creu de Fumanya. Carles me pide una libreta y un lápiz. “Hemos estado hablando, Pep y yo”, me dice. “Creemos que hay que hacer fichas de los caminos; tenemos que dejar constancia de su estado actual”. Miro a Pep incrédulo. ¿Qué le ha hecho al pobre Carles? Hace años que Pep habla de hacer fichas de caminos y durante un tiempo, intentó convencerme para que las hiciera yo.

“Sí, ya verás, Carles”, dice Pep. “Es fácil. Aquí la pista se hizo encima del camino viejo. Pero aquí se aparta, ves que aquí va el camino antiguo”. Y corre unos metros a la derecha donde se ve el trazado del camino y lo sigue durante unos 30 metros. “Y aquí vuelve a juntarse con la pista. Apunta eso. Y aquí vuelve a apartarse y sube hacia el lomo … O quizás no”, dice dubitativo, al ver que las señales del camino se difuminan.

Igual que me pasó a mí, Carles claudica ante la magnitud enciclopédica de la tarea y me devuelve la libreta y el lápiz. “Otro día, quizás”, dice. Pep sacude la cabeza. “Soy una voz clamando en el desierto”, lamenta.

Vista de la Cingle de Vallcebre, cerca de la casa de la Creu de Fumanya

En eso llegamos al fondo del valle y nos disponemos a subir al otro lado para buscar el camino del bosque. Carles ha bajado los caminos de la Minuta a su GPS. Del camino inferior, no hay rastro; la explotación a cielo abierto lo ha destruido. El camino superior, lo dejamos para la vuelta.

Vamos bajando por el camino del bosque. Cada cierta distancia, cruzan caminos de arrastrar troncos y algunos los seguimos hacia arriba hasta que se mueren o nos cansamos. Finalmente, llegamos al torrente. Al otro lado, un talud de tierra marca los intentos de reparar las cicatrices dejadas por el cielo abierto. Cruzamos el torrente como podemos y entramos en una pista. Según el GPS de Carles, estamos en el camino inferior. Seguimos hacia abajo por la pista, hasta llegar a una nueva explotación, que el track en el GPS cruza. Nos adentramos en esa tierra yerma y erosionada, esperando volver a encontrarlo al otro lado. Efectivamente es así; seguimos un trozo del camino auténtico, que luego entra en una pista y finalmente queda cortado definitivamente por una especie de cañón abierto para extraer carbón, ya pasada la casa reconstruida de Cal Chacó.

El camino de Figols pasaba por aquí. Ahora no queda rastro; sólo este paisaje semi-desértico

Damos la vuelta y almorzamos. Ahora toca el camino superior. Seguimos el trazado con más o menos precisión, aunque sobre el terreno no se ve mucho. Cruzamos la carretera para entrar en el núcleo de Fumanya. Con cierta dificultad, encontramos el camino que pasa detrás de Cal Jaume y luego por la iglesia. Parece que están reconstruyendo el pueblo; vemos al menos tres casas reconstruidas de nuevo sobre las ruinas, aunque cerradas a cal y canto, eso sí. La iglesia sigue teniendo un estado precario; cualquier día, se cae.

 Las nuevas casas de Fumanya

Y la iglesia

Pep una vez más lamenta que se priorice la especulación urbanística por delante de la recuperación del patrimonio histórico. “No se puede parar el progreso”, le digo. Señalo los chalets vacíos: “Eso es el futuro”. Volvemos a la carretera y vemos el camino antiguo que pasa debajo y entra en las casas de Cal Ros y Cal Burguet. Somos demasiado educados para pasear por el jardín de Cal Burguet, donde hay un matrimonio trabajando, y recuperamos el camino al otro lado de la casa, para volver a perderlo en una explotación a cielo abierto y luego volver a recuperarlo justo antes de llegar al coche.

En resumen, una salida muy académica y además ha hecho mucho calor. Necesito un cambio de aires.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 11 km; 415 metros de desnivel acumulado.

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