Aquí relato nuestras salidas por los caminos del Berguedà y comarcas vecinas. Como lo pasamos muy bien, queremos comunicar sobre todo buen humor y alegría pero también tiene un fondo muy serio: el camino como bien patrimonial, pieza esencial para entender la historia y digno de conservación. Es nuestra misión desde hace más de 15 años.



domingo, 4 de diciembre de 2022

28/10/2022 – Junyent y Castellsec

La semana del 14 de octubre, estuve en Inglaterra para celebrar el cumpleaños de mi hermana. Ese día, recorrieron la zona de Ardericó y la Roca Forcada. Hoy, toca Junyent, “y quizás volvamos por aquellos emprius encima del Coll de Pellicers donde se perdió Steve”, añade Pep.

Evidentemente, Pep se está refiriendo a una salida pre-Covid. Mientras buscaban la presa del molino de Riuarderiu, yo crucé el Torrent de Junyent y fui subiendo por un camino al otro lado. Los demás me abandonaron a mi suerte, total, se habían quedado con mis mapas y GPS, y cuando quise volver a bajar, el paso estaba barrado por un precipicio y tuve que hacer un largo flanqueo hasta el Coll de Pellicers. Pero he aprendido la lección y esta vez resuelvo pegarme como una lapa a Pep y Carles.

Aparcamos delante del monasterio y bajamos el camí ral hasta la casa medieval de Pellicers, descubierta por Carles en aquella salida. Luego vamos al molino, situado encima del Torrent de Junyent. Pol se mete dentro de lo que habría sido la casa, ahora convertido en un cuadrado hundido. Mientras Pol se dedica a sacar fotos, Carles y yo especulamos cuánto se tardaría, si Pol fuera asesinado (¡Dios no quiera!), en descubrir el cuerpo ahí dentro.


La esperanza del futuro

Una vez documentado el molino, remontamos el curso del torrente hasta llegar a la presa del molino y luego, subiendo por fragmentos de camino, llegamos a la pista que va a la casa de Junyent. Es una subida suave que se va metiendo dentro del valle. Los colores de otoño están en su punto y la temperatura es muy benigna; de hecho, hace más calor de lo que debería.


La pista hacia Junyent

Llegamos a la casa y mientras Pol saca fotos, miramos el paisaje a nuestro alrededor. Como sabrán mis lectores, no es la primera vez que venimos a Junyent y la habíamos visitado un par de veces antes de empezar el blog. La casa hace mucho que cayó al suelo pero el pajar aún aguanta. 


La casa de Junyent

Mirando hacia la Roca Foradada y el Coll d'Ardericó

“Siempre volvemos a Junyent”, digo a Pep, que asiente, absorto en una profunda meditación. Miro a mi alrededor con la satisfacción de haber cumplido todos los objetivos del día. “Bueno, ¿qué os parece si comemos y luego buscamos el camino de vuelta?”, propongo con brío. Pep mira brevemente el cielo, como si estuviera buscando las palabras más adecuadas para comunicarme una mala noticia. “Nos queda la casa de Castellsec y para eso, tenemos que subir al Coll de Llevat”, y señala vagamente hacia el oeste donde se ve el collado detrás de una subida de 200 metros de desnivel.



Subiendo hacia el Coll de Llevat

Entramos en el valle del Rec del Corb, ahora con las marcas de la Xarxa Lenta. Es un camino muy atractivo, entre las hayas. La mariposa del boj había devastado toda esta zona y las ramas desnudas permiten ver el perfil del terreno, que antes no se podía ver. Pero incluso ahora, en su estado pelado, se ven brotes verdes que empiezan a renacer. La vida siempre abre camino y eso es un consuelo. Por mucho destrozo que hagamos ahora, en 500.000 años todo volverá a estar precioso.

Llegamos al collado y ponemos rumbo al norte. Subimos al Roc del Corb y allí comemos. Durante el descanso, Pep explica a Pol que el nombre de Castellsec no se debe a la presencia de un castillo, y además se lo va a demostrar. Nos volvemos a poner en marcha. Ahora, son pequeñas subidas y bajadas pero con unos saltos de 3 ó 4 metros que hay que buscar la manera de sortear. “No ves cómo se va aplanando?”, me dice Carles, siempre optimista. Por fin, entramos en un camino que nos llevará por la cresta de modo apacible y amable.

Llegamos al pie de otro cerro, el que se llama Castellsec. Marcha un camino que desconocíamos hasta ahora hacia la derecha. Se produce un breve debate sobre si debemos seguir este camino. El camino también opina y me transmite un mensaje muy claro. “Ven conmigo, Steve”, me dice. “Te llevaré a la casa de Castellsec en un plis-plas y además verás cosas maravillosas y no te cansarás nada. Sígueme, no te arrepentirás”.

“El camino me ha hablado”, informo a los demás, “y me dice que lo sigamos y que además lo pasaremos muy bien”. Pero Pep no está convencido. “Subiremos el cerro. Es importante para la educación de Pol”. Siguen 100 metros penosos e inacabables de desnivel; hasta Carles, que nunca se queja, se queja.

Por fin, llegamos arriba. Pep gira hacia Pol. “Como ves, aquí no hay ningún castillo”. “Es para matarlo”, pienso. “Yo podría haberle dicho lo mismo sin subir ni un metro”. Mientras recuperamos fuerzas, contemplamos las vistas, que son espectaculares. 


La vista hacia el este desde la cima de Castellsec, con los Rasos de Tubau

Después, bajamos por la cresta hacia el este y, tras unos 150 metros de desnivel, llegamos a la casa, protegida del viento del norte por una pared natural de roca. Una generación o dos habría vivido aquí en la más absoluta miseria, viendo los pobres campos que la rodean.


La casa de Castellsec

Flanqueamos hacia el noroeste por una pista forestal, hasta llegar al lomo que nos llevará directamente al Coll de Pellicers, con un descenso de unos 200 metros. Si la subida a Castellsec fue inacabable, también lo es el descenso al collado, poniendo duramente a prueba mis rodillas sexagenarias.

Por fin, llegamos a la pista del camí ral y volvemos al monasterio. Estoy muy cansado. Tardé dos días enteros en sentirme más o menos normal. La educación de Pol está resultando muy dura.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 11,5 km; 720 metros de desnivel acumulado.

7/10/2022 – El Castell de Lillet

Es nuestra tercera semana en La Pobla de Lillet. El 23 de septiembre, recorrimos las casas medievales encima de La Sala, y el 30 de septiembre, visitamos Saus y Puig Castellar. Hoy, Pep quiere llevar a Pol al Monasterio de Santa María y su entorno, incluyendo las casas de Serra Pigota, Arderiu y Junyent.

Aparcamos fuera del Monasterio con un día muy gris y una previsión de lluvia a partir del mediodía. El monasterio es un edificio muy complejo. Lo he recorrido un par de veces y escuchado las explicaciones de Pep y también de Jaume Bernades. Lo que se ve hoy es el resultado de múltiples remodelaciones y ampliaciones a lo largo de varios siglos, pero quizás la más importante fue la donación hecha por el Conde de Cerdanya a finales del siglo XI de lo que hasta entonces era el castillo de Lillet para formar una comunidad monástica.


La casa del Castell y el antiguo castillo a la izquierda

Al mismo tiempo, Pere Vila hizo construir el castillo actual y lo dio al Conde. Pero nunca llegó a vivir en el castillo, que fue habitado por un tal Ponç. En su lugar, el Conde de Cerdanya le nombró batlle natural del Val de Lillet, es decir, el cargo sería para él y también para sus sucesores. En aquel tiempo, el pueblo de la Pobla de Lillet aún no existía.

En eso, llegamos a la pequeña ermita de Sant Miquel. Pep cuestiona que una iglesia tan pequeña pudiera cubrir las necesidades espirituales de toda la comunidad y, además, por qué ponerla tan cerca del Monasterio, que tendría una iglesia magnífica. Pep señala su forma redonda y argumenta que sería mucho más lógico que fuera una torre militar fuera de las murallas del castillo, que luego sería reconvertida en capilla. De momento, no puede corroborar esta hipótesis con pruebas documentales.

La pequeña iglesia de Sant Miquel

“¿Pondrás todo eso en tu libro?”, pregunto maliciosamente a Pol, sabiendo la polémica que podría desatar en algunos círculos. Como respuesta, Pol se limita a sonreír. Seguimos subiendo y llegamos al collado con la casa del Castell de la Vila a la izquierda y las pocas ruinas del castillo a la derecha en la cima de una peña. Pero antes de subir al castillo, Pep gira a la izquierda y señala un pequeño prado delineado por piedras que forman un cuadrado. Su propósito, desconocido. Su antigüedad, medieval. Tras visitar brevemente la casa del Castell, cruzamos un prado más grande hacia el sur y subimos un pequeño cerro, donde hay los restos claros de una fortificación, con piedras grandes que forman una especie de rectángulo. No se sabe nada de esta estructura porque no se ha encontrado ningún documento que hable de ella. Pep especula un origen muy anterior a todo lo demás.

La elevación donde se encuentran las fortificaciones antiguas

Volvemos atrás y subimos al castillo. Pep señala los restos del camino antiguo de subida, que en aquel tiempo solo se podría hacer a pie. Los caballos se habrían quedado en el collado. El camino actual pasa abajo, aprovechando unos bancales estrechos. Aparte de mencionar los destrozos que se habrían hecho para levantar la cruz de hormigón, no hay mucho más que explicar.

Ponemos rumbo al sur otra vez para subir el camino señalizado hacia el Xalet del Catllarás. Una pista nueva roza el camino pero afortunadamente gira a la derecha para tomar otra dirección. La pérdida lenta pero inexorable de caminos antiguos, borrados para hacer pistas forestales, ha sido una constante en todos estos años, como bien saben mis lectores.

Pep mira mi mapa. El camino hace una subida fuerte hasta llegar a una especie de collado, desde donde se puede bajar a la Serra Pigota, el siguiente objetivo. Pero una vez arriba, continuamos por el Bac de Aiguassai, ahora un camino relativamente plano y muy atractivo, con las rocas de una pequeña cresta a la izquierda.

El camino hacia el Xalet del Catllaràs

De repente, se oye un grito de Carles, “Camagrocs”, y todo el mundo se para. Entre las rocas, hay pequeños bosques de camagrocs (una seta pequeña y muy apreciada con un inconfundible color amarillo) y los tres sacan bolsas. Mientras trabajan, yo saco el móvil, repaso y contesto correos, miro el WhatsApp, luego paso al news feed. Por alguna razón que no me explico, solo me llegan noticias de la prensa rosa. No sé por qué razón Google piensa que quiero saber cosas de Tamara Falcó o Sálvame. Me pongo al día de la guerra en Ucrania. Mi hijo nunca ha entendido porqué a mí, tan pacifista, me interesan las guerras.

Han pasado 20 minutos y los historiadores siguen recogiendo setas. Avanzamos muy lentamente; hoy el track será de pena. Empiezan a caer las primeras gotas de lluvia. Llegamos al desvío que baja al Gorg de la Lleona. Pep vuelve a mirar el mapa, totalmente desorientado.

Se acabó la ciencia

“Este camino, ¿qué es? No lo veo en el mapa”. Examina el mapa más de cerca. “Serra Pigota ha quedado atrás. Y además empieza a llover”. Decide bajar el camino y al menos intentar llegar a Arderiu montaña a través. Llegamos al pequeño lago. La lluvia, aunque sin llegar a mojar, es un poco más insistente. Pep renuncia a llegar a Arderiu. “La parte histórica la hemos hecho. Todo lo demás solo son casas”, justifica y bajamos hacia Serra Pigota. Comemos bajo un haya, rodeados de pequeñas colonias de camagrocs.

El pequeño estanque en el Gorg de la Lleona

Después, seguimos bajando. Es un festival de setas y siguen recolectando, con unas bolsas cada vez más abultadas. La historia ha dejado de existir, no ven caminos, las casas no tienen importancia … hasta que pasamos la cota de 1.150 metros. De repente, como por arte de magia, las setas desaparecen. Alzan la vista y miran alrededor suyo, sorprendidos. Sus ojos vuelven a enfocarse en objetos a más de 3 metros de distancia y ven que aquí hay árboles, rocas, una cuesta, y una pista que baja hacia Serra Pigota. “Por culpa de estas setas, hemos perdido el norte”, confiesa Pep. “Que no trascienda”, me advierte. “El daño para mi prestigio sería irreparable”. “No temas”, le tranquilizo. “Esto se queda entre nosotros. No lo sabrá nadie”.

Enseguida, tenemos Serra Pigota a la vista. La casa es nueva y fea, hecha con ladrillos y bloques de cemento. Solo el pajar conserva materiales tradicionales. Bajamos por la pista y en media hora estamos en el coche.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 7,3 km; 330 metros de desnivel acumulado.

Septiembre 2022

Dejé nuevamente de escribir el blog en diciembre del año pasado. Faltaba la descripción de una salida a las casas en la umbría dels Tossals, donde Marta y yo compartimos vivencias hipocondríacas. Volví de esa salida con Covid u otro bicho muy malo (porque daba negativo en los tests a pesar de los síntomas) que me dejó con una tos residual durante varias semanas.

Cuando el tiempo lo permitía, Pep y yo caminábamos por el Baix Berguedà, visitando lugares donde yo no había estado nunca. Hubo una última salida con los investigadores de Capolat desde Avià hasta Coforb en febrero. Luego hubo dos viajes a Inglaterra motivados por la repentina enfermedad y muerte de mi padre, traductor al inglés de este blog, entre otras funciones.

En la primavera, Pep y yo hicimos algunas salidas por la zona de L’Estany, entrando en Nou Comes y subiendo a los Rasets. Descubrimos dos caminos nuevos que entraban en el bosque desde la casa de L’Estany.

Después, vino un verano muy caluroso, Pep estuvo excavando durante más de un mes, con el resultado de que no volvimos a salir hasta mediados de agosto. Buscando un poco de fresco, subimos a los Rasos de Peguera para repasar algunos caminos que llegaban desde distintos puntos abajo. Una gran alegría fue el retorno de Carles el 19 de agosto. Hicimos unas 6 salidas a los Rasos, algunas de las cuales me llevaron al límite, por mi baja forma física tras el verano y la precariedad técnica de las rutas elegidas.


Pas de l'Os, Rasos de Peguera

En las salidas, volvió a surgir el tema del blog y la conveniencia de reanudarlo, ya que habíamos iniciado nuevamente una dinámica de salidas regulares. A mediados de septiembre, se unió a nosotros Pol, uno de los jóvenes investigadores de Capolat, con un flamante máster en educación. Sería un miembro fijo de nuestro equipo a partir de ahora, ya que se le había encargado redactar la historia medieval de La Pobla de Lillet.

Lo que había empezado como un tema de conversación en las pausas en los Rasos se fue convirtiendo en un clamor y finalmente, el 30 de septiembre, pregunté a Pep, como más ‘perjudicado’, qué opinaba. Su respuesta no dejó lugar a dudas: “Debes escribir el blog”.

jueves, 16 de diciembre de 2021

12/11/2021 – Coforb

Hoy toca Coforb. Es un día gris, húmedo, con un aire de otoño avanzado. Nos acompaña Marta. Aparcamos en la carretera de Coforb, cerca de la Casa del Pla, y caminamos hacia el sur, donde la estrecha meseta de Coforb y Capolat de repente cae en el picado hacia la plana del Berguedà. Con algunos momentos de lluvia fina, bajamos por un camino que nos lleva a una repisa al pie de la primera línea de rocas. El camino se convierte rápidamente en una pista naturalizada que permite disfrutar de las vistas.

Yendo hacia el camino del Molinot

Cuando atrapo a Pep y Marta, están en una balma que había sido habitada en algún momento, discutiendo sobre metodología.

“A ver”, dice Marta, “en la ficha tengo que poner si el acceso es fácil, moderado o difícil”.

Pep levanta los brazos en exasperación: “Esto es históricamente irrelevante. No aporta nada a su valor como patrimonio”.

“Algo tengo que poner”.

“Pues, pon que todos tienen un acceso difícil. Así no vendrá nadie y no lo estropearán”.

“No colará”.

Entroncamos con el camino que sube desde Avià al Molinot, del que hice una crónica en diciembre de 2012. Visitamos el molino viejo, el molino nuevo (restaurado con mucho amor y dinero), la casa medieval de Cal Silvestre, y la presa que desviaba el agua al molino.


El pequeño estanque detrás del Molinot

Y la casa con la balsa del antiguo molino

Seguimos subiendo y visitamos dos hornos de tejas y el antiguo molino de Curtichs (muy perdidos) para luego pasar al lado de La Closa y bajar hacia La Ventaiola, el único lugar donde el municipio deja el llano alto y baja hacia Avià, por un tema de venta de propiedades entre nobles.

Aquí hay una prensa de viña, una casa medieval y una balma. Ya hemos bajado 200 metros, que luego habrá que subir, y es la una y media. Necesito calorías. “¿Cuánto falta para comer?”, pregunto. “Diez minutos”, dice Marta. Y por una vez, padre e hija dejan de discutir, intercambian miradas de complicidad y se ponen a reír. “Aquí hay juego sucio”, pienso. “Ahora hacen piña contra mí”.

Tras pasarlo de largo, retrocedemos y acertamos el camino a la casa de Ventaiola, de la que quedan algunos muros y, tras cruzar la riera de Clarà con dificultad, llegamos a la balma. Aquí hay un camino que continúa y enlaza con el camino del Molinot. Sin embargo, ahora está cubierto de vegetación y completamente intransitable. Damos la vuelta y, por fin, transcurrido más de media hora desde mi pregunta inicial, nos paramos para comer cerca de Ventaiola. 

“¿Qué pasó con los diez minutos?”, pregunto, dolido. “Mi padre me lo decía a mí”, contesta Marta. “Es una buena cifra, ni mucho ni poco; siempre convence”.

Volviendo a subir el camino del Molinot por segunda vez hoy, pero desde más abajo

Al no poder continuar desde la balma, ahora tenemos que dar un largo rodeo por la pista que cruza la riera y finalmente, por caminos secundarios, entramos en el camino del Molinot e iniciamos una larga subida. Por suerte, los colores de las hojas están en su mejor momento y cuando, por fin, salimos en la carretera cerca de la casa de Barons, con las nubes ya disipadas, el sol está en la posición perfecta para dar un tono dorado a todo. Ahora solo queda caminar por la carretera hasta llegar al coche.

La casa de La Coma con la luz de la tarde

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 12,8 km; 490 metros de desnivel acumulado.

5/11/2021 – Les Fonts

Si la semana pasada hicimos todo lo que era al este del Pantano de Espunyola, esta semana Pep quiere recorrer el lado oeste. El jueves le había explicado mi cansancio existencial de la semana anterior y le pedí que no fuera tan ambicioso.

Hoy parece que hará buen tiempo. Esta vez, nos acompaña Rosa. Aparcamos en el mismo sitio y nada más bajar el coche, Pep sube sin camino, casi en línea recta. Hacemos casi 100 metros de golpe pero, para mi gran sorpresa, me voy encontrando bien.

Llegamos a la casa de Paredada, metida en un hueco entre rocas que la protege del viento. Es de época moderna y miro las ruinas sin interés. Sin embargo, la casa medieval del mismo nombre, que aprovecha una balma unos 100 metros al sur, me parece mucho más interesante y escucho las explicaciones de Pep mientras Rosa toma notas.


La casa medieval de Paredada

De ahí pasamos a la Cingle de Malla, con unas vistas magníficas, los robles que empiezan a cambiar de color y las rocas rojizas del acantilado. Hoy va a ser un buen día. Felicito a Pep por acertar en el ritmo de caminada. “Pero si voy al mismo ritmo que siempre”, me contesta extrañado.

Una pequeña parte de la vista desde la Cingle de Malla 

Pasamos al Salt de Sallent, un precipicio por donde baja agua cuando llueve mucho, y la balma-vivienda detrás, habitada hasta épocas relativamente recientes.

Luego al Mirador del Roc Codós, acondicionado para disfrutar de las vistas. Aquí me quedo mientras Pep y Rosa bajan a anotar un horno de aceite de enebro. Después, los restos de un horno de tejas, la fuente que da nombre a la casa encima, Les Fonts, restaurada con mimo en un emplazamiento envidiable, con todo lo necesario para que las familias estresadas de la vida urbana puedan desconectar unos días y ‘cargar pilas’, como se suele decir.


Montserrat vista desde el Mirador del Roc Codós, a contraluz 

Les Fonts

De aquí a las casas medievales de Carreus, un poco más al norte, donde comemos con vistas despejadas al sur. 

La iglesia de Sant Martí de Capolat y detrás, el Santuario dels Tossals, visto desde las ruinas de Carreus

Desde aquí, es un tiro de piedra a la casa de Comamorera, con su pajar convertido en vivienda, y luego, siguiendo caminos, atravesamos la Serra de la Malla para llegar al Pantano y el coche. En este trayecto final, oímos un ruido como de bellotas que caen al suelo. Resulta ser granizo. “¡Nieve!”, grita Rosa con júbilo.


Bajando por el bosque al coche

En el coche, escuchamos el parte del tiempo. “Chubascos de granizo en el Berguedà”, dice el meteorólogo. Increíble.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 7,9 km; 350 metros de desnivel acumulado.

sábado, 11 de diciembre de 2021

29/10/2021 – Sant Salvador

El 9 de octubre, tenía un vuelo a Inglaterra y, para el día 8, pedí a Pep una salida sin riesgo de infartos o caídas por precipicios. Y como no venían investigadores, Pep accedió magnánimamente y pasamos un día soleado paseando por campos y bosques entre Avià y Espunyola. A mi vuelta de una estancia algo accidentada en el Reino Unido, el 22 de octubre nos desplazamos un poco más hacia el oeste para adentrarnos más en el municipio de Espunyola. En ambas salidas, uno de los puntos clave fue una pasarela de piedras sobre la Riera de Clarà. El problema era que faltaba una de las piedras, lo que obligaba a dar un pequeño salto y aterrizar sobre la piedra siguiente sin perder el equilibrio y acabar en el agua. En la primera salida, cruzar la pasarela fue opcional pero no así en la segunda, si queríamos volver al coche. Evidentemente, con mi fama de torpe, la expectación fue máxima. Para los amantes de los números: 8/10/2021 – 12,2 km, 200 m; 22/10/2021 – 12,8 km; 240 m.

Reto superado

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Pero hoy hay quórum: vienen Rosa y la hija de Pep, Marta, historiadora profesional y quizás la persona que más sabe del linaje de los nobles de Portella. Mientras vamos en el coche hacia Espunyola, Pep me explica el apretado programa de hoy, que incluye varias balmas o pequeñas cuevas que en algún momento estuvieron habitadas. Como sabrán mis lectores, las balmas no son santo de mi devoción, ya que el acceso nunca es fácil. Además, hace un día gris y frío que parece confirmar los malos augurios que presiento.

Mientras tanto, Rosa y Marta hablan entre ellas. De repente, oigo desde atrás un estrépito de palabras malsonantes que me obligan a tapar las orejas. “¿Pero qué educación le has dado a tu hija?”, pregunto atónito a Pep. Pep mira fijamente la carretera sin contestar pero al menos la conversación atrás vuelve a ser más decorosa.

Dejamos la carretera para subir la pista que va al Pantano de Espunyola, donde aparcamos. Cruzamos al otro lado del pantano y tomamos una pista que va hacia Sant Salvador. Antes era un camino entrañable que iba siguiendo la línea de los riscos; ahora es una pista sin alma que ha aniquilado el camino pero en contrapartida ha despejado las vistas. Bajamos momentáneamente a la primera balma. Dejo trabajar a los historiadores.

El Pantano de Espunyola desde una perspectiva que engaña 

Continuamos por la pista. Las vistas serían magníficas si no fuera por las nubes bajas que quitan perspectiva. Bajamos al camino de la Bofia; este camino sí que se ha conservado, al igual que el camino que baja a Espunyola. 

Vistas de la Cingle de Sant Salvador; la pista fea a la izquierda no se ve

El camino de La Bofia

La Bofia es una gruta que normalmente tiene un estanque en su interior pero hoy está seco. Llegamos a Sant Salvador, antigua torre medieval que luego fue convertida en casa de pagès. Se ve claramente la división entre la construcción antigua y la moderna. Dentro de las ruinas, se podía ver un interesante ejemplo de opus spicatum pero ahora la vegetación lo ha tapado todo y además es imposible pasar. Cerca hay un punto geodésico pero con las nubes rozándonos, todo es gris. No hay sol, hace frío, me siento cansado; venir aquí ha sido un terrible error.


Aquí se ve claramente la división entre lo viejo y lo nuevo

Mirando hacia Sant Salvador. El cielo empieza a despejarse. El camino de la Bofia se ve abajo

Damos la vuelta y volvemos por la misma pista para luego desviarnos hacia arriba y entrar en otra pista paralela, de la cual nos volvemos a desviar para ir a dos balmas más. No consigo compartir el entusiasmo de los demás mientras Pep señala algunos indicios de su antigüedad. 

Pep comenta los méritos técnicos de la balma

Volvemos a la pista y seguimos hacia el norte, girando ligeramente hacia el noreste. Se nos aproxima una valla alta, que nos acompañará hasta llegar a un cruce de pistas, donde una verja sólida barre el paso a los vehículos y al lado, una estrecha abertura permite el paso de las personas. Subimos la cuesta hacia la pista principal que da entrada a la finca de Torneula, con la valla a nuestra derecha. En la pista, nuevamente una verja y un paso estrecho para personas. Y además, señales que prohíben la recogida de setas sin autorización y declinando toda responsabilidad en caso de incidentes con el ganado.

Estamos en el Serrat de les Tombes. La gente del lugar hablaba de tumbas excavadas en la roca, de ahí su nombre. Sin embargo, hace unos 20 años se descubrió una que estaba intacta. Pep llevó a Marta cuando aún era niña para ver la excavación (todavía se acuerda, tanto le impresionó ver los huesos). Para evitar el espolio, se volvió a tapar con tierra una vez finalizada la excavación. Ahora marcamos con el GPS su localización y 4 túmulos sospechosos más. 

Volvemos a la valla. La última vez que estuve aquí (mucho antes del blog), no había nada de eso. “¿Qué pasó aquí?”, pregunto a Pep. “Hubo un problema con unos boletaires hace un par de años y el propietario tuvo que matar una vaca”, contesta. Me viene a la memoria el reportaje en la prensa local. Una mujer con un perro suelto se interpuso entre una vaca y su cría. Las vacas son muy protectoras de sus terneras y se puso muy agresiva. Cuando llegaron los agentes rurales, la vaca todavía estaba muy nerviosa. Como todavía había mucha gente urbanita pululando por allí, no vieron posibilidades de garantizar a la vaca la tranquilidad necesaria para serenarse y, temiendo otro incidente, obligaron al propietario a disparar a la vaca, matándola.  


Lo que hace un propietario escarmentado

No sé cuánto le costó al propietario vallar toda su finca pero seguro que no fue barato. Y, pensando mal, no me sorprendería que la persona que protagonizó el incidente volviera a casa convencida de que había tenido la mala suerte de topar con una vaca asesina.

Mientras caminamos de vuelta por la pista hacia el Pantano, me entretengo con pensamientos lúgubres sobre nuestra desconexión de la vida rural. Pep quiere comer en las ruinas de Casanova de Foubes pero sale de la pista demasiado pronto y hacemos un círculo enorme – que seguro que añade un par de kilómetros más a la salida – antes de volver a la pista exactamente en el mismo punto donde lo dejamos.

La segunda vez, lo acierta y llegamos por una pista antigua a la casa. Por fin, parece que el día se va a despejar y se ven pequeños trozos de cielo azul. Mientras comemos, pregunto a Marta porqué, contra todo pronóstico, decidió seguir las huellas de su padre y estudiar historia. “Me gustaban los romanos”, contesta escuetamente. Evidentemente, no ha visto ‘Gladiator’; eran todos unos psicópatas.

Casanova de Foubes

Antes de volver al coche, Pep todavía tiene tiempo para recorrer un fragmento del antiguo camí ral de Espunyola a Capolat que ha sobrevivido. En el coche, me confiesa que no ha podido cubrir todos los objetivos que había previsto; resuelvo hablar con él antes de la próxima salida.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 10,2 km; 300 metros de desnivel acumulado.


martes, 23 de noviembre de 2021

1/10/2021 – Els Tossals

Es la segunda salida al municipio de Capolat para nuestros jóvenes investigadores y el 4º aniversario del referéndum del 1 de octubre de 2017. Las escenas de violencia policial dieron la vuelta al mundo pero el gobierno de Rajoy y el ‘deep state’ español consiguieron sus propósitos, ya que hoy Cataluña no es un país independiente.

Mientras se anuncian en la radio algunos actos conmemorativos, nosotros ponemos rumbo a la carretera de Sant Llorenç de Morunys. Hoy viene Pol, ahora con la plaza de máster asegurada, y un compañero de estudios, Joan, que estudia exactamente lo mismo que Pol.

Aparcamos al otro lado del túnel de La Mina y entramos en la pista que lleva al camino de los Matamatxos (o Mataburros). Ya hay una crónica de esta ruta que escribí en mayo de 2015. En esa ocasión, fui acompañado por Carles y mi hijo. Hoy, salimos en otoño, con el cambio de color que justo empieza. En el pequeño aparcamiento, hay un par de coches de boletaires y nos ponemos en guardia.

No tardamos en encontrar las primeras setas y Pep decide dar una clase de historia práctica. Alegando razones de edad y prestigio científico, entrega la bolsa a Pol y nombra a él y Joan recolectores y porteadores oficiales de setas. A cambio de llevar el peso creciente de la bolsa (y de una segunda que llevará Joan), deberán entregar el 50% del botín a nosotros, recreando de este modo el mundo feudal de siervos y señores en el que unos deben compartir el fruto de su labor con otros, basándose en la propiedad autoproclamada de un recurso (las bolsas). Y lo más sorprendente: lo aceptan sin rechistar e incluso lo asumen con entusiasmo. Aquí hay una lección para todos.

El camí dels Matamatxos

A medida que progresamos por los altibajos del camino, Pep va explicando a los dos neófitos los misterios de las umbrías, señalando el rastro dejado por el arrastre de troncos y las carboneras.

La bolsa de Pol se va llenando rápidamente. “¿Cómo es que no está todo arrasado aquí?”, pregunto a Pep. “Este camino no tiene ningún problema”. “Hay que caminar para llegar aquí y con esas subidas, debe dar pereza”, explica Pep. La verdad es que es una ruta encantadora a cualquier estación del año, excepto el invierno, cuando no le toca nunca el sol y es un auténtico congelador.

Salimos de la umbría y giramos hacia el sur. Dejamos la casa de Vilella a la derecha y luego enfilamos el camino que sube al Grau de Vilella. Desde aquí, en mayo de 2015, giré a la derecha para bajar a Travil pero hoy giramos a la izquierda para ganar la cresta de Tossals.

Subiendo al Grau de Vilella

A pesar de tener mejor acceso, seguimos viendo setas y desde hace tiempo, estamos llenando la bolsa de Joan. Al lado de la pista, Pep se agacha para coger un rovellón y una vez extraído, alisa la tierra. “El boletaire auténtico es como un ninja”, dice solemnemente, “una sombra que llega, arranca la seta y desaparece sin dejar rastro”.

La vista hacia el norte desde Els Tossals. Al fondo, la Serra del Verd, Cadí, Pedraforca y Ensija. En el plano medio, la pared de roca al pie de la cual se sitúan las tres balmas de la semana pasada


La vista hacia el sur

Vamos caminando por la cresta, con vistas largas hacia el norte y el sur. Me vienen recuerdos de la Semana Santa de 1999. Mi hermana había venido a quedar unos días y un amigo, que luego sería mi profesor de yoga, nos invitó a una salida para conocer a otros amigos suyos que también caminaban, con sus respectivas familias. Resulta que hicimos Els Tossals, desde el Santuario dels Tossals hasta Travil. Allí fue donde conocí a Pep y me fue explicando todos los secretos de aquel lugar. Supe reconocer a un maestro verdadero de su tema y, desde entonces, no hemos dejado de explorar caminos.

Pido que almorcemos en el mismo lugar donde almorzamos aquel día, un lugar despejado con una vista magnífica hacia el norte, y así hacemos.

Continuamos hacia el Mal Pas, una estrecha repisa sobre una roca lisa de unos 30 metros de alto que bordea el final de un barranco. Me parece más expuesto que la última vez que pasé, hace unos cuantos años, pero Pep me asegura que está igual. Después de pasar el barranco, procurando no mirar hacia la derecha, volvemos a entrar en el bosque y finalmente llegamos al Santuario dels Tossals.


Las ruinas del Santuario dels Tossals

Desde que vine la última vez, se ha excavado y limpiado el interior, dejando a la vista la estructura del edificio. En la excavación, se descubrieron los restos de un castillo anterior. La actual iglesia está en ruinas. La razón es que la gente del lugar solía usar el edificio para fornicar y el capellán, como digno representante de la ira divina, voló el edificio con dinamita una noche para que nunca más se pudiera usar para cometer actos impíos.

Para subir las máquinas para despejar y excavar, se hizo una pista sobre el camino anterior, destruyendo una gran parte del mismo. Ahora se ha pavimentado con hormigón con cierto gusto, respetando el relieve natural, y cerca del santuario, se ha suavizado la pendiente con escalones espaciados, hechos con una piedra de color arena que armoniza con el entorno. La verdad es que ahora no duele tanto a la vista.


Cataluña indómita

Antes de llegar al Coll de Jou, bajamos al camino de Matamatxos y de allí al coche, donde repartimos las setas. Ha sido un día largo.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 11,5 km; 580 metros de desnivel acumulado.

24/9/2021 – La Balma Roja

Hoy es el primer día de nuestro repaso de Capolat. Nos acompañan Pol y Rosa, dos estudiantes brillantes que encaran un futuro incierto. El primero está pendiente de una plaza para hacer un máster en docencia para enseñar historia; la segunda es una antropóloga física (huesos, para entendernos) que está pendiente de una plaza para cursar un doctorado.

Hoy Pep quiere comenzar por el punto más septentrional de Capolat, donde toca el municipio de Castellar de Riu, justo donde yo había anunciado al mundo entero que no volveríamos nunca más.

Aparcamos delante de la casa de Can Blanc y después de bajar del coche, Pep nos explica su programa ambicioso para hoy. Primero, seguir el tramo del camí ral de Berga a Sant Llorenç de Morunys que está dentro del municipio de Capolat, luego visitar el castillo de Terrers y tres casas medievales entre Terrers y Can Blanc, y finalmente subir hasta las rocas encima de Can Blanc, donde hay tres cuevas o abrigos a pie de risco. Miro hacia arriba con recelo; temo lo peor.

Empezamos caminando por la pista hacia la casa de Terrers, marcando los fragmentos del camí ral original que se apartan de la pista y, de este modo, han conseguido sobrevivir. En un punto estratégico, Pep se para y señala con el bastón el cerro de Terça al otro lado del valle. “Más allá de límites municipales, hay que entender esta zona como un punto fronterizo entre casas nobles, con los conflictos que ello provocaba”, dice. “En frente, había el castillo de Terça, donde mandaban los Berga. Y en el pequeño alto detrás de Terrers, había el castillo de Meda, que marcaba el límite de los dominios de los Cardona”.


Pep señala el castillo de Terça

Llegamos a la casa de Terrers. El camí ral continúa hacia el oeste y lo seguimos hasta la casa de La Ribera, situada en el límite con Llinars. Es una zona muy frondosa, con pinos jóvenes y robles, y la mariposa del boj aún no ha llegado aquí. Además, donde ha sobrevivido el camí ral, busca un paso entre rocas cubiertas de musgo y plantas, lo que le añade atractivo estético.


Un tramo del camí ral antes de llegar a La Ribera

Damos la vuelta y subimos al castillo. Queda poca cosa: algunas piedras de los cimientos, algunos dibujos en el suelo que marcarían la silueta de muros y edificios anexos. En su tiempo, habría sido una construcción importante. Señalo hacia Terça. “Hay un cerro entre medio. No tengo claro que se pudieran ver”, observo. Esta imagen que describe Pep una y otra vez de dos torres que se vigilaban con desconfianza empieza a tambalearse. Lo que ambas sí que podían vigilar sin restricciones era el camí ral.

Bajamos a los campos debajo de Can Blanc y recorremos 3 casas medievales casi en línea. Su estado de conservación varía desde una pila desordenada de piedras en el suelo hasta un perímetro rectangular bien delimitado con algunos muros intactos.

Ponemos rumbo hacia el norte. Cruzamos la pista y seguimos una pista de desembosque que va subiendo en zigzag. Hasta aquí bien, pienso. Pero ya me conozco; con el cambio de gradiente, empezaré a sufrir. Pep deja la pista y sube en línea recta, dejando a nuestra izquierda una pared de roca. Con los ojos fijados en el objetivo, Pep ya no para. ¿Para qué?, si para él es lo mismo que caminar sobre plano. Los dos jóvenes sí que se van parando, fingiendo un cansancio que seguro que no sienten y cuya finalidad, sospecho, es evitar que me quede descolgado del todo del grupo. Al final, llegamos a la Balma Roja, donde nos espera Pep. Es una larga pared calcárea con huecos y voladizos que crean lugares de refugio. En algunos puntos, se ven señales de humo y aquí se encontró cerámica prehistórica.

Parte de la Balma Roja

Aquí comemos, con una temperatura muy cálida. Interrogo a Rosa sobre sus antecedentes académicos. Hacer la transición del mundo universitario al profesional ya era una carrera de vallas en mis tiempos. Hoy, hay el doble de vallas, con la perspectiva de pasar años de precariedad.

Iniciamos un flanqueo difícil hacia las otras dos balmas, más pequeñas, superando mil obstáculos. No sería tan malo si no pudiera escuchar el latido de mi corazón en los oídos al pasar la sangre por las carótidas en su camino hacia el cerebro y que se resiste a bajar de 120. Medito dejarlo correr y bajar hacia la pista, pero con la pendiente y la falta de camino, seguro que acabaría abocado al precipicio que bordeamos en la subida, obligándome a realizar un flanqueo igual de precario. Además, ¿qué harían sin mi GPS, que no pierde nunca la señal?

Por fin, llega el momento de bajar. A pesar de la pendiente, los árboles permiten pasar continuamente de un punto de agarre a otro y llegamos sin novedad a otra pista de desembosque, que nos lleva al coche.

“¿Cómo estás?”, me preguntan preocupados los jóvenes desde los asientos de detrás. “Lo que no te mata, te hace más fuerte”, contesto.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 11,2 km; 480 metros de desnivel acumulado.

miércoles, 22 de septiembre de 2021

17/9/2021 – Ultima salida a Castellar del Riu

Ha sido un largo paréntesis. Primero un mes de excavaciones, luego agosto, calor, vacaciones, mal tiempo, compromisos, y finalmente hoy, los astros se ponen de acuerdo, hace buen tiempo y estamos libres para salir.

“A partir de la semana que viene, iremos a Capolat”, me dice Pep en el Mikado. “Pol y Rosa serán encargados de catalogar el patrimonio histórico de Capolat y nosotros les acompañaremos”. Pol ya vino con nosotros a Vilosiu en marzo y Rosa es otra investigadora joven.

En realidad, Pep hizo un extenso inventario para el ayuntamiento de Capolat en la era pre-blog y tan saturado quedó de la zona que no hemos vuelto desde entonces, excepto en alguna salida aislada que hice con Carles. Pero esta vez, es un encargo oficial de la Diputación que les tocará a estos jóvenes y, claro, solo nosotros les podemos decir dónde está todo lo que necesitan saber. Hace tiempo que mis lectores reclaman un repaso serio de los caminos de Capolat y parece que, por fin, su ansía de conocimientos podrá ser satisfecha.

Pero queda el problema de la salida de hoy. Tengo marcado un inicio de camino que arranca desde el camí ral encima de Ca l’Ingla y que marcha hacia la zona de Terça. Propongo que lo seguimos, a ver si abre nuevos horizontes. Encima de Ca l’Ingla, el camí ral fue convertido en una pista que discurre un poco más al sur de la carretera asfaltada, uniéndose a la carretera debajo de Can Rabeu.

Pep accede a mi propuesta y ponemos rumbo a Castellar de Riu. Aparcamos en la carretera cerca de Can Rabeu y caminamos por una pista que cruza la cresta y se une a la pista/camí ral. Caminamos hacia el este hasta el punto donde se ensancha el pequeño valle que viene desde Campllong. Es en este punto donde arranca mi camino. Justo allí, Pep ve un camino que sale de la pista hacia el noreste y tiene toda la pinta de ser un vestigio del antiguo camí ral. Lo guardamos para la vuelta.

Cruzamos la riera y entramos en mi camino. Parece muy marcado pero desaparece cuando entra en un gran claro, desde el cual marcha una pista. Entramos en la red de pistas forestales con una tendencia hacia la casa de Terça. Ha llovido mucho en la última semana y, en la zona de umbría, empiezan a salir setas de todo tipo. Finalmente, Pep ve un rovellón del tamaño de una moneda de 1 euro pero lo deja; todavía es pronto, dice. Sin embargo, a medida que proseguimos, empezamos a ver alguno más y Pep se pone más nervioso. “Los cogeré en el camino de vuelta”, dice, aun resistiéndose a sacar la bolsa.


En la larga pista que viene desde Campllong 

Sin embargo, cuando entramos en la pista principal que va de Campllong a la carretera de Sant Llorenç de Morunys, oímos voces de personas que también están buscando setas y Pep ya no puede más. Saca la bolsa. “Nos robarán todo lo que hemos ido encontrando”, justifica. El ritmo de caminada se reduce considerablemente; las prioridades han cambiado y exigen un ritmo más pausado.

Un hombre con cesta sale del bosque y entra en la pista y otro se oye detrás; más adelante, un todoterreno aparcado y luego una señora de nuestra edad con bata de hacer labores y un perrito muy agresivo que no para de acosarnos hasta expulsarnos de sus dominios.

La casa de Terça; los escasos restos del castillo se encuentran sobre un pequeño peñasco detrás

Tomamos la pista que baja hasta la casa de Terça, todavía bastante entera, con una estructura metálica nueva para guardar las balas de forraje. Aquí giramos para ir volviendo al camí ral. Con la lluvia, ha vuelto el verdor y, con el sol, todo es muy acogedor y relajante. “Un baño de bosque”, resume Pep. Busco el término japonés en Google – shinrin-yoku.

Ya cerca del camí ral, paramos para comer en un resto de camino antiguo que debía venir hacia el camí ral desde Terça. Construido sobre una pequeña repisa encima del Torrent del Pla de Campllong, es un lugar que invita a quedarse un rato. Pep repasa su espolio; no está mal, tiene la bolsa media llena. Reclamo mi 20%. Ya no habrá más porque dentro de nada, pasaremos a la solana.

Llegados a la pista, seguimos el trozo de camino. Aún descubrimos un segundo trozo intacto más adelante, cada uno unos 150 m de largo. Ya en la carretera, seguimos un largo trozo del antiguo camino de Ca l’Ingla, que va paralelo a la carretera, unos 2 m a la izquierda.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 6,7 km; 170 metros de desnivel acumulado.