Aquí relato nuestras salidas por los caminos del Berguedà y comarcas vecinas. Como lo pasamos muy bien, queremos comunicar sobre todo buen humor y alegría pero también tiene un fondo muy serio: el camino como bien patrimonial, pieza esencial para entender la historia y digno de conservación. Es nuestra misión desde hace más de 15 años.



jueves, 31 de enero de 2013

18/1/2013 – Desconcierto en Cal Calvari

“¿Dónde vamos hoy”?, pregunta Carles, al entrar en el Mikado. Pep me señala con la cabeza. “El inglés tiene un plan”. Sí, efectivamente, el inglés tiene un plan. En la salida del 30 de noviembre, tuvimos que dejar una zona donde estaba marcado un grupo de casas en el mapa del Alpina, incluyendo una con el nombre de Cal Calvari. Detrás de la sierra del mismo nombre, en el valle del Torrent de l’Estany, el Alpina marca otras dos casas, Cal Brutinat y La Roqueta. También donde dejamos el coche aquel día, en el puente que cruza el Rec de la Riba, habíamos visto el arranque del camino antiguo de Sant Esteve de la Riba, que subía para pasar encima de la actual carretera. Todo eso me proponía esclarecer.


Había nevado un poco la noche anterior y, subiendo la carretera de Sant Esteve de la Riba, aún queda medio dedo de nieve en las zonas de sombra. Pero confiamos en tener un día soleado hoy. Subimos el trozo de camino que encontramos, que pasa por unos puntos muy pintorescos al lado de las rocas. Vemos un camino que marcha hacia atrás pero parece de animales y lo descartamos. El camino entra en la zona de campos encima de Cal Calvari y tenemos que pelear con el espino negro para avanzar.

El camino antiguo de Sant Esteve de la Riba

Por fin salimos al otro lado pero no hemos visto a Cal Calvari. Retrocedemos por la carretera. No hay rastro de la casa. ¿Habrá quedado destruida cuando se hizo la carretera? Bajamos al río para inspeccionar unos agujeros sospechosos que indicarían una presa medieval y, al volver a la carretera, volvemos a entrar en los campos de espino negro. Diez días después, al escribir esta crónica, aún tengo las marcas de las rascadas.

Unos agujeros sospechosos que indicarían la presencia de una presa medieval

Seguimos sin encontrar la casa pero encontramos un camino al lado de los campos que sube hasta empalmar con una antigua pista de la cual sale otro camino transversal que entronca con otro que viene desde abajo. ¡Vaya lío!, pienso. Pep y Carles toman la rama que sube y yo la que baja, que luego va flanqueando hacia donde está el coche pero a más altura. De repente, para mi gran sorpresa, entronca con otro de gran categoría, que viene de abajo y marcha hacia Moreta.

No hay cobertura de móvil y mientras pienso cómo puedo contactar con Pep y Carles, les oigo que bajan. Les comunico la buena nueva y Pep hasta me felicita por el hallazgo. Parece uno de los caminos que está marcado en los mapas antiguos y conectaría Moreta con Sant Esteve de la Riba. Con la autoestima boyante por esas breves palabras de elogio, emprendemos la ruta hacia el sur. Su categoría es incontestable y sube para bordear una pared de roca que bordea el río. Tras pasar el precipicio, entra en una zona de cultivo y poco después se divide en tres.

El camino antiguo de Pont de Moreta a Sant Esteve de la Riba

Cada uno de nosotros sigue una rama y cada rama parece morir en los campos. ¿Qué le pasó a nuestro camino tan bonito? Es un misterio. Paso al plan B y conmino a los demás a subir a la cresta, siguiendo caminos de ciervos. En algún punto de la cresta, tendría que haber un camino que pasa al otro lado. Llegamos al primer collado. Veo un posible camino que baja por la umbría pero Pep lo descarta. Le interesa más conectar con las casas del grupo de Cal Calvari y encontramos otro camino, bastante claro, que va en ligero descenso por la cara soleada, cruzando campos marginales en diagonal. Todo va bien hasta que entramos en una zona aterrazada en una hondonada y el camino desaparece en la maleza.

No lo sabemos en aquel momento pero cuando bajo el track al ordenador, veo que nos quedamos justo encima del camino donde Pep y Carles subieron y yo bajé y probablemente estábamos a menos de 50 metros de donde Pep y Carles dejaron el camino.

Pero en esa hondonada, es imposible ver una conexión y no queda más remedio que deshacer el camino hasta el mismo punto. Hasta ahora, no hemos conseguido alejarnos más de 500 metros del coche y parecemos condenados a zigzaguear por esta cuesta sin encontrar la llave que lo va a aclarar todo. Seguimos la afilada arista sin camino hasta el siguiente collado. Se ve algo que podría bajar hacia la derecha pero Pep prefiere ir a la izquierda por un camino que se hace cada vez más marcado a medida que bajamos hasta que llegamos al Torrent de l’Estany y, poco después, avistamos las ruinas de Cal Brutinat. De las 6 casas posibles, de momento es la única que hemos encontrado.

Seguimos un camino hacia el norte desde la casa que va paralelo a la pista hasta la bifurcación del valle, con una rama hacia la casa de Les Planes y la otra hacia el pueblo de Sant Jaume de Frontanyà. Aquí buscamos un sitio al sol para comer. Pep y Carles encuentran unas rocas y allí se sientan y se enfrascan inmediatamente en una conversación profunda. Pero para mí, no hay sitio sobre las rocas y me tengo que alejar, encontrando finalmente un buen sitio a unos 20 metros, y empiezo a comer plácidamente mi bocadillo. Al cabo de unos 10 minutos, Pep y Carles levantan la cabeza y se dan cuenta que no estoy con ellos. “¿Pasas de nosotros?”, me espeta Pep. “No puedo ir en contra de mis genes insulares”, justifico, recordándoles el tradicional distanciamiento de Gran Bretaña, separada de Europa por el Canal de la Mancha. Pero esta vez Europa tiende la mano a la insularidad británica y se reúnen conmigo.

Es hora de buscar la forma de volver al coche. Mirando mi mapa, tenía una colita en la casa de Pont de Moreta que parece ir al encuentro de ese camino tan marcado que perdimos. Pero hay que llegar a Pont de Moreta y parece obligado pasar por el molino de Moreta.

El Molino de Moreta

Volvemos a Cal Brutinat y tomamos otro camino hacia el sur, buscando la segunda casa, La Roqueta, … que no encontramos. Salimos a la pista con las manos vacías y seguimos bajando. Me resisto a crear que hay que dar el rodeo por el molino para llegar a Pont de Moreta y señalo una pista antigua que baja hacia el torrente y que podría echarnos una mano. Pero Pep lo descarta. “Quedará muerta abajo y tendremos que volver a subir”, sentencia, y continuamos. En la cresta encima de la presa del molino, ya no queda más remedio que bajar, primero sin camino. Luego, a media bajada, encontramos un camino muy marcado. Lo seguimos hacia atrás para ver el arranque y salimos al final de la pista que Pep no me dejó seguir. Pero el camino continúa y lo seguimos hasta el punto donde queda sepultado por las obras de la pista.

Damos la vuelta y el camino nos lleva a la presa del molino, donde cruzamos el río, pasamos al lado del molino, volvemos a cruzar el río e iniciamos la subida hacia Pont de Moreta. Allí en Pont de Moreta, hay un pequeño laberinto de caminos. Pep expresa un interés por visitar el molino del Puig pero, recordando el hedor a muerte en la salida del 29/10/2010, le comunico mi negativa a volver allí e insisto en buscar mi colita. Aún así, me cuesta encontrarla y la volvemos a perder en una zona de campos. Pero al final, encuentro un camino más fiable y lo seguimos, cada vez más perdedor, saliendo en el punto donde el camino se dividió en tres. Resulta que la rama correcta era la que siguió Pep.

El camino de Pont de Moreta pasa encima de las rocas que se ven al fondo

Pasamos el punto donde yo encontré el camino por la mañana y seguimos bajando para ver el punto de arranque. Finalmente entra en el camino de Sant Esteve de Riba que seguimos al principio y resulta que es el ‘camino de animales’ que habíamos despreciado al principio.

La salida ha sido un fracaso relativo pero nos podemos marchar de allí con cierta satisfacción. Hemos resuelto algunas conexiones importantes y dejado otras en el aire. No sé cuándo volveremos allí; está en el quinto pino.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 9,8 km; 460 metros de desnivel acumulado.

sábado, 19 de enero de 2013

11/1/2013 – Últimas conexiones en Moreta

Nuestros lectores recordarán que acabamos la salida de la semana pasada descubriendo lo que era probablemente el camino de la Minuta de Moreta a Palmerola pero no lo pudimos seguir por falta de tiempo. Eso no podía quedar así y así se lo hice saber a Pep.

Aparcamos el coche en el punto de entrada del camino desde el Pedronet de Sant Isidre en la carretera. El termómetro marca 3ºC. “Una temperatura de lujo”, proclama Pep. Hacemos la corta subida hasta llegar al punto de unión con el camino transversal. Pep, deseoso de ver el castillo (que todavía no ha visto de cerca), quiere ir a la izquierda pero yo insisto en ir a la derecha primero porque si dejamos esa rama para después, lo más probable es que nos quedemos otra vez sin tiempo. Se produce una discusión corta pero intensa pero finalmente hago valer mis tesis y giramos a la derecha. El camino nos lleva directamente a Les Cases de Moreta.

Les Cases con la casa e iglesia de Moreta detrás

Con Les Cases en primer término, la gran casa de Moreta detrás y, al otro lado del río, las casas y la iglesia de Viladonja, recuerdo haber contemplado la misma vista hace más de dos años cuando Viladonja era un lugar desconocido para mí y toda esa zona estaba en blanco.
Dejamos de contemplar la lejanía y nos centramos en lo que tenemos aquí. Visitamos las ruinas de otra casa cercana, probablemente bastante más antigua, y luego miramos algunas pequeñas colitas que nos quedaban. Entre subidas y bajadas, acabamos otra vez en el camino del Pedronet. Bajamos hasta el cruce y giramos en la otra dirección.

El camino desemboca en la bonita casa de Jan Bonic. Pasamos delante de la casa y el camino continúa hasta una zona extensa de campos, donde vemos las ruinas de otra casa, Can Roca. Aquí empalmamos con la Xarxa Lenta del Ripollès y un camino pintoresco nos lleva hasta la pista debajo del castillo de Palmerola. La ruta señalizada sube por la pista pero tiene que haber otra ruta más directa.

Carles ve un camino que marcha hacia la izquierda justo después de cruzar el Torrent del Castell que tiene muy buena pinta. Lo seguimos un rato pero empieza a hacerse un poco difuso y Pep lo descarta. “Camino de animales”, sentencia y da media vuelta.

Siguiendo las marcas amarillas, llegamos al castillo desde atrás. El castillo aún está muy entero pero los otros edificios se van degradando poco a poco. Es propiedad de la Generalitat pero cómo no tienen un duro, así está. Es una pena. Comemos en el porche de la iglesia bajo el calor suave del sol de mediodía, sólo molestado por algún zumbido de un abejorro. No puedo dejar de recordar una salida traumática cerca de Castellar de N’Hug cuando fui atacado por avispas y al final me levanto. Allí justo detrás mío, hay un pequeño agujero en la pared por donde los insectos entran y salen.

Entrada a la masovería del castillo

Iniciamos el regreso por la misma ruta, buscando por dónde podría salir ese camino más directo. Al final decidimos que Pep despreció con premura excesiva el camino de Carles y que deberíamos haber insistido un poco más. Pero ya no hay tiempo y tenemos que volver. Deshacemos el camino hasta Cal Jan Bonic y luego seguimos la pista hasta el coche.
Vista desde el Coll de Borredà en el camino de vuelta a casa: se ve el pueblo de Borredà y detrás, las montañas de Picancel a la izquierda y las montañas de Queralt y Capolat al fondo 

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 11,4 km; 440 metros de desnivel acumulado.

sábado, 12 de enero de 2013

4/1/2013 – Más caminos en Moreta

Cada vez que subimos la carretera hacia Viladonja, vemos un poste indicador del equivalente de la Xarxa Lenta en el Ripollès, situado al lado de las ruinas de la casa de Vinyassa, que indica la casa de Moreta y el castillo de Palmerola. Además, el camino consta en los mapas antiguos, junto con otro un tanto espectacular, en el sentido de que sube perpendicularmente la cuesta y vuelve a bajarla igual de perpendicular al otro lado, pasando debajo del Pedronet de Sant Isidre.

Propongo que miremos estos caminos. Aparcamos el coche debajo del poste. El camino sube hacia el norte y acaba empalmando con una pista antigua. Nos desviamos para seguir un camino que baja al río y luego otro de carboneros que entra en el bosque, saliendo finalmente en los campos de Moreta.

En el primer plano, la casa del Solà y detrás, el núcleo de Viladonja

Aquí se produce una divergencia de objetivos que pone a prueba la cohesión de nuestro grupo. Hay uno (yo) que quiere ir hacia arriba, atraído por el espacio en blanco en el mapa. Otro (Pep) quiere mantener el rigor científico y volver a bajar para atar la conexión desde la Vinyassa con Moreta. Carles, siempre discreto, se mantiene al margen. Al final, decidimos que hay tiempo para todo y entramos en la pista que pasa por debajo de la casa de Moreta para buscar la conexión con la Vinyassa. Encontramos un camino que promete y, al poco rato, conecta con la pista que dejamos atrás al principio.

La casa de Moreta y detrás, la Collada de les Cases, que da acceso al castillo

Una vez hecha la conexión, damos la vuelta y subimos hacia la zona llamada Els Terrers, donde yo tenía otra colita. El camino se adentra en el bosque de Moreta y lo dejamos cuando empalma con una pista. Flanqueamos hacia el sur y empalmamos con caminos históricos que suben hacia la Collada de les Cases. La continuación hacia la Collada de Cal Jaume y el castillo de Palmerola, ya lo conocía de una salida anterior. Lo que me interesaba era un camino muy bonito que había tenido que dejar en esa salida y que debería enlazar con el camino de la Minuta que rodeaba Sant Isidre.

Encontramos el camino, igual de claro como hace dos años, que va hacia el sur. Sin embargo, al poco rato, hace un giro de 90 grados y baja la cuesta en línea recta hacia una pista. Al final, mi camino tan bonito, que he esperado dos años para seguir, resulta ser un vulgar camino para bajar troncos. Pep no quiere tirar la toalla y seguimos un camino transversal tras otro; todos se mueren al cabo de pocos metros, dejándonos tirados en medio de un bosque caótico. Al final, ato cabos: “Son caminos de ciervos”, concluyo y, harto de pelear con zarzas y árboles caídos, abandono a Pep y Carles y sigo un tenue sendero que me lleva hasta la cresta. Pep y Carles también se rinden a la evidencia y al poco rato, me los encuentro arriba y subimos hasta el Pedronet, una pequeña capilla con una estatua del santo, y allí almorzamos.

El Pedronet de Sant Isidre. ¿Valió la pena?

Bajamos un camino de cresta, extrañados de no encontrar ese famoso camino de la Minuta. Finalmente, a 200 metros de la carretera de la Moreta, un camino transversal de categoría indudable cruza el nuestro. Llegamos a la conclusión de que es el camino de que buscábamos. La espectacularidad de su trazado en los mapas antiguos es un simple error. Pero, como suele pasar, no tenemos tiempo para seguirlo y tenemos que dejarlo para otro día.

Bajamos hasta la carretera, que seguimos hacia la Moreta, desviándonos para bajar una larga pista abierta sobre un camino (aún se ven restos del camino antiguo) que conectaba las Cases de Moreta con Can Saiol. Antes de ir al coche, nos desviamos para ver la presa del molino de Capdevila, todavía bien conservada, con agujeros cerca que indicarían una posible presa medieval.

La presa del molino de Capdevila

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 11,4 km; 545 metros de desnivel acumulado.

miércoles, 2 de enero de 2013

22/12/2012 – Caminos de Avià a Coforb

Repasando la lista de municipios en el blog, el lector conocedor de la comarca se percatará enseguida de una clamorosa ausencia – Capolat. Y no es porque no haya caminos. La razón es que hace unos años, antes de iniciar el blog, Pep, ya jubilado y con tiempo de sobras, después de hacer un estudio detallado de las casas y otras estructuras del municipio con la Sociedad Arqueológica del Berguedà por encargo del Ayuntamiento, hizo otro estudio igual de detallado de los caminos, en algunos casos conmigo, y los hizo todos, todos, todos.

Precisamente para poner remedio a este agravio involuntario, había quedado con Josep Mª, y de paso enseñarle algunas rutas sencillas para hacer con su hijo.

Dejamos el coche aparcado en la pista encima de la casa de Els Arbres Blancs, a las afueras de Avià. La Xarxa Lenta tiene marcados algunos caminos aquí, incluyendo uno que realmente vale la pena que sube hacia el Molinot, un molino en la Riera de Clarà.

Vista hacia el sur desde la dehesa de Serrapinyana, con el pueblo de Avià abajo

La ruta primero busca un camino más o menos inventado hacia el oeste por la dehesa encima de Serrapinyana para evitar pasar por las casas. Lo inventado no quita atractivo ya que pasa por un bonito bosque de robles y encinas salpicado de rocas que han caído de los ariscos arriba. Un poco más arriba – y que no sale en ningún mapa excepto los nuestros – hay un auténtico laberinto de caminos de carboneros que, a día de hoy, todavía no hemos desentrañado del todo.

Una vez pasada la casa de Serrapinyana, empalmamos con el camí ral que sube desde Avià y que sería uno de los caminos principales para subir a Coforb y Capolat. A pesar de tener algunos tramos de pista, su categoría es inconfundible y va subiendo el valle de la Riera de Clarà en diagonal, con una pendiente suave. A medida que ganamos altura, empiezan a abrirse las vistas y luego nos acompaña el sonido del agua mientras nos acercamos al Molinot, bajo la vigilancia de la casa de la Closa, una antigua torre medieval.

 Entrando en el camino hacia el Molinot

Casi arriba

Una vez en el molino, pasamos detrás donde hay una bonita cascada, y luego desde la balsa del molino, seguimos el canal hasta la presa. “Espero que estés tomando nota de todo esto para cuando vayas con tu hijo”, le conmino a Josep Mª. “Que se vea que su padre conoce esta zona como la palma de la mano”.

 La cascada detrás de la casa del Molinot

Y la presa del molino

Hecha la inspección del entorno del molino, salimos a la carretera y ponemos rumbo a la casa de El Grau, actualmente dedicada al turismo rural. La carretera es prácticamente plana y vamos pasando por un paisaje eminentemente rural, con masías (La Coma, Barons, el Pla) y campos, y la Sierra de Queralt al fondo.

Paisaje de Coforb con la Serra de la Tossa detrás

Llega el momento de dejar la carretera para buscar El Grau. Caminamos por un llano buscando la bajada a la casa. En cierto momento, perdemos las marcas amarillas de la Xarxa Lenta pero no importa; un camino bien marcado con pinturas más antiguas de color rojo nos lleva hasta la Rasa del Grau, debajo de la casa. A nuestra izquierda, la casa se alza como un castillo y, al hablar con Pep después, me informa que efectivamente en su interior hay rastros de una torre medieval.

El Grau

Antes, había un camino interesante, probablemente un ‘camí ramader’ o camino para subir animales, ya que su continuación deja Avià a un lado. Incluso estaba empedrado en algunos puntos pero, hace unos años, se abrió una controvertida pista de desembosque desde la casa del Grau que destruyó el camino. Las marcas de la Xarxa Lenta se desvían de esta pista para buscar otro camino clásico que cruza la riera debajo de una cascada y va bajando por la ribera izquierda.

 Pasando detrás de la cascada

El camino hacia Avià

Éste sería el camino de Avià pero nos va alejando de donde está aparcado el coche. Sin mis mapas, voy casi ciego y tengo que improvisar y, una vez abajo, busco un camino que vuelva a cruzar la riera. Lo encuentro con una facilidad sorprendente y, pasando por la casa de Les Boixes, busco otro camino que ya conocía que nos lleva arriba al arranque del camino, ahora convertido en pista. De hecho, nos lleva demasiado arriba, porque tenemos que volver a bajar hasta encontrar el coche. Pero Josep Mª no se queja y un poco más de ejercicio siempre va bien.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 10,6 km; 480 metros de desnivel acumulado.

20/12/2012 – Castellsec de Viladonja

De nuestra salida a Solancornut y la Casa de la Baga (ver salida del 30/11/2012), quedaba pendiente el paso hacia Viladonja. Propongo a Pep que lo miremos. Además, en una de las salidas a la zona de Moreta que hice con Carles en el otoño de 2010 (¡cómo pasa el tiempo!), habíamos llegado a la carretera de la Riba y habíamos dejado una colita (ver glosario) interesante cerca de Ca l’Escloper que parecía ir precisamente a esa zona. Propongo a Pep que empecemos desde esa colita. Además, el mapa del Alpina marca un camino un tanto extraño con forma de flecha que sale de Viladonja hacia el Serrat del Vent, pasa por Castellsec y entra en a la umbría para llegar a otro collado en la Era del Ferrers. Propongo a Pep que busquemos ese camino.

Dejamos el coche cerca de Ca l’Escloper y nos encaminamos hacia la susodicha colita, que encontramos tal como la dejamos hace más de dos años. Como no podría ser de otra manera, se encamina hacia la umbría pero el camino está despejado. Al final, nos deja en la misma pista que seguimos hacia Solancornut pero ni hace tanto frío ni tanto viento. Aprovechamos la falta de obstáculos en la pista para hablar de todo; al ser tres, las permutaciones se multiplican y pasamos una media hora muy entretenida. En la bifurcación, tomamos la pista hacia la Casa de la Baga pero en vez de subir a la casa, continuamos por la pista para ver si hay más caminos. Unos 600 metros después, sale un camino en V, una rama hacia la izquierda y otra hacia la derecha. Hay que elegir y vamos hacia la izquierda con la esperanza de hacer la unión con el camino tan bonito que vimos en la Casa de la Baga.

Pero un laberinto de caminos que van enlazando distintos niveles de carboneras nos lo impide. A medida que vamos zigzagueando hacia arriba, vemos la niebla que cubre los valles de Riba y del Merlès hacia abajo.

Siguiendo caminos de carboneros

Vamos ascendiendo hacia la cresta, donde seguramente nos estará esperando el sol. Busco un lugar despejado para tomar fotos pero hay demasiados árboles. Apelo a los conocimientos de Carles como antiguo taekwondista para que me derribe algunos árboles pero hoy no tiene el día. Por fin, entroncamos con un camino transversal bien formado. Consulto mis mapas: “Estamos en el camino del Alpina”, proclamo. Lo seguimos hacia la izquierda y salimos en la Era dels Ferrers, donde hay una barraca, una balsa, algunos campos … y el sol. Damos la vuelta para entrar nuevamente en las sombras y salimos nuevamente al sol en Castellsec que, más que casa parece una barraca grande. “Justo a tiempo para el almuerzo”, pienso. Pero aún no hemos acabado. Vemos un camino muy marcado que baja que, tal como sospechábamos, nos lleva a la segunda rama del camino en V. Hoy, nos está saliendo todo de perlas.

Llegando a Castellsec con la niebla ya a las puertas

Satisfechos, nos encaminamos otra vez hacia Castellsec para disfrutar de un merecido refrigerio bajo la suave calidez del sol de diciembre. Llegamos a la cresta justo para ver cómo la niebla, que está subiendo desde los valles, nos tapa el sol. Es como si alguien hubiera abierto al lado nuestro la puerta de una enorme nevera. Resisto la tentación de clamar contra la crueldad de un universo injusto y saco el bocadillo y la cerveza inglesa.

Cuando acabamos, se empieza a ver nuevamente un disco pálido pero sin calor que representa el sol. Seguimos el camino del Alpina hacia la punta de la flecha pero se parece más a un camino de vacas que va bordeando los campos aterrazados y damos la vuelta. “El camino auténtico tiene que estar debajo de la casa”, dice Pep. Y allí, justo donde lo dijo, lo encontramos; un camino ancho, bien marcado, que va bajando con eses elegantes directamente hacia la iglesia de Viladonja, que no tardamos en ver. Ya disfrutando del calor del sol de la tarde, hacemos el último kilómetro hasta el coche.

El camino que nos lleva directamente a la iglesia de Viladonja

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 8,7 km; 310 metros de desnivel acumulado.

jueves, 20 de diciembre de 2012

7/12/2012 – Buscando los caminos de Sobirats

Hay una zona que todavía tenemos bastante en blanco y es la ribera izquierda del Merdançol desde Borredà hacia Sant Jaume de Frontanyà. Logro convencer a Pep para que la visitemos. Hoy vuelve a ser un día gélido.


Aparcamos el coche en el camping de Campalans, de propiedad familiar y con la masía convertida en hotel rural de mucho encanto. Saludo al hijo, Jordi, que conocí el año pasado en un curso sobre “Cómo hablar en público”. De momento, ni él ni yo hemos hablado en público desde entonces. Él también tiene mucho interés en saber qué hay al otro lado del río ya que, desde el camping, lo único que se ve son pinos.

Presa del molino de Campalans

Bajamos al río y localizamos la presa del molino de Campalans. Caminamos río abajo por la pista hasta llegar al molino, que ahora se alquila dentro del camping como apartamento. En un anexo, todavía se ve la maquinaria para moler el maíz y hay ruedas de moler repartidas por el jardín.

 La casa del molino de Campalans

Y una vista del jardín con una rueda de moler

Continuamos por la pista hasta llegar a la presa del molino siguiente, el de Sobirana, cruzamos el río y llegamos al molino, ahora arreglada como casa de fin de semana.

La presa del molino de Sobirana

Es hora de entrar en el bosque y volvemos a subir hacia el norte, anotando caminos que bajan a los molinos. Me despido del sol que disfruté de forma efímera en el molino de Sobirana. El ruido de las motosierras y de los árboles que caen nos impide ir más hacia el este y caminamos por un bosque frío, hostil, desierto. El ambiente es cada vez más sombrío y finalmente entramos en la umbría encima del Rec dels Nou Fonts. Aquí no llega el sol en todo el día y hay escarcha en el suelo.

Caminamos por un país helado hacia Sobirats

Algún día, alguien me tendrá que explicar porqué en invierno pasamos todo el día sin apenas ver el sol y en verano, subimos cuestas pedregosas sin sombra bajo un sol que no aguantan ni los lagartos.

Los mapas de las Minutas habían marcado caminos hacia Sobirats pero no logramos encontrar ni uno. Sólo pistas, escarcha y un caos de ramas cortadas. A lo lejos, vemos la casa de Sobirats y buscamos la manera de llegar. Cuando uno va por la carretera de Sant Jaume de Frontanyà, la solana de Sobirats se ve como una especie de altiplano, misterioso e inaccesible. Pero hoy por fin los misterios se van a aclarar.

Dejamos la pista principal para bajar por una pista secundaria al Rec. Con cada metro que bajamos, parece que la temperatura desciende un grado. Cruzamos la riera con un frío siberiano y nos apresuramos a buscar el sol al otro lado. Todavía sin encontrar caminos, subimos por los campos hasta salir debajo de la casa. Se ve bastante arreglada y posiblemente habitada. Pep, aunque no duda en opinar que los propietarios de los terrenos deben permitir el paso libre por los caminos tradicionales, siente un gran respeto por la propiedad de las casas y, al verla arreglada, no quiere acercarse y nos obliga a almorzar en los campos debajo.

Después de comer, seguimos un camino hacia el norte pero se muere en los campos. Cruzamos el barranco y continuamos hacia el oeste, pasando por terrazas interminables de campos de cultivo, sin ver nada que se parezca a un camino. Tengo la sensación de que hemos estado en todas partes excepto donde están los caminos. “Tendríamos que haber subido a la casa. Desde allí, habríamos visto los caminos”, recrimino a Pep, mientras intento desenredar una zarza que me tiene cogida una pierna. Pep no contesta.

Cambiamos de rumbo para buscar otra casa, más pequeña, llamada Cabanes. Desde allí, sale un camino, el primero medianamente decente desde que dejamos el coche. Salen otros caminos secundarios, hacia el Molino de Cabanes en un sentido y hacia Sobirats en el otro. Pero ya no hay tiempo para explorarlos. Por fin tenemos una llave pero nos hemos quedado sin tiempo para abrir la puerta.

Algún día, alguien me tendrá que explicar también cómo es que muchas veces encontramos los caminos interesantes al final, cuando sólo nos queda tiempo para volver al coche.

Volvemos a cruzar el Rec dels Nou Fonts y entramos nuevamente en la tierra del frío eterno y las pistas de desembosque. En una cresta, bajamos por un camino que yo ya conocía, que nos lleva a una captación de agua en el Merdançol. Aquí hay un poste de la Xarxa Lenta invitándonos a seguir el camí ral de Borredà a Sant Jaume de Frontanyà.

Siguiendo el camino del agua hacia Campalans

“Es muy majo pero parece más bien el camino del tubo de agua”, dice Pep. A mí me parece recordar de mis lecturas de César August Torres que el camí ral pasaba por el otro lado del río hasta el Molino de Terradelles. Pero no hay tiempo para aclarar dudas; la hora de la clase de música se nos echa encima y vamos casi al trote hacia Campalans.

Jordi nos sale al encuentro. “¿Qué habéis encontrado?”, nos pregunta, ansioso. No podemos explicarle mucho; hemos estado en todas partes pero no hemos visto nada. Habrá que volver.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 10,9 km; 470 metros de desnivel acumulado.

jueves, 6 de diciembre de 2012

30/11/2012 – Solancornut

La semana siguiente fui a Inglaterra. Disfruté de 3 días de lluvia, medio día de viento y medio día de sol.


Esta semana, volvemos a ser Pep y yo. Ahora tengo mapas que he podido imprimir en el plotter del Telecentre de Berga por un precio muy módico. Pep no siente la necesidad de tener esos mapas pero para mí, tenerlos es como devolver la vista a un ciego.

Hablando con Pep por teléfono el día antes, me pidió buscar un valle entre Viladonja y Sant Esteve de la Riba. Mirando el mapa, sólo hay uno, el de Solancornut (un nombre que valdría la pena investigar algún día). El Alpina marca dos casas, la del mismo nombre y la Casa de la Baga al otro lado del valle, con un entramado de pistas entre las dos.

Hoy es el día más frío de lo que llevamos de invierno. En el Mikado, entretengo a Pep con preguntas sobre sus actividades y descubrimientos para retrasar un poco la salida y que el sol suba un poco más.

Aún así, bajamos del coche con 0ºC. Entramos en la pista que sube por la cara norte del valle, mirando como la luz del sol va llegando al otro lado del valle. Parecemos destinados a pasar la mayor parte del día caminando en la penumbra.

No puedo resistir la tentación de subir los caminos que van apareciendo y que invariablemente mueren en carboneras. Pep muestra una paciencia admirable y me tolera estos desvíos, aunque lo que él realmente quiere hacer es buscar las casas. Por fin, cruzamos la riera y entramos en la cara sur y, por primera vez desde que salimos del coche, vemos el sol . En la pista, Pep anota los restos de un mas medieval pero no es la casa marcada como Solancornut en el mapa del Alpina. Con cierta dificultad, la encontramos – una casa pobre de la que apenas quedan algunas paredes de 1 metro de alto.

Volvemos a las sombras de la cara norte, explorando más caminos, y llegamos a la Casa de la Baga, situada en uno de los pocos lugares de la umbría donde llega el sol de invierno. Nuevamente, una casa pobre con los restos de algunas paredes. Detrás de la casa, un gran camino transversal, hacia Viladonja en una dirección y hacia el fondo del valle en la otra. Aquí comemos.

Pep escudriña al otro lado, hacia Solancornut. “Hay una tercera casa”, me dice. “Allí, detrás de la vaca”. Busco la vaca y detrás veo lo que parece ser un muro. “¿No será el muro de un bancal?”, aventuro. Pero Pep insiste. Ya sé dónde iremos después de comer.

Vista desde la Casa de la Baga: Las rocas de Castell de l'Areny y detrás, la Serra d'Ensija, ya con nieve

Seguimos el camino transversal detrás de la casa hacia el noreste, cruzamos nuevamente la riera y Pep, con su orientación infalible, nos lleva a la nueva casa, situada unos 250 metros de la primera, más grande y abandonada bastante después y que seguramente es el Cal Solancornut auténtico.

Restos de la casa de Solancornut

Se acerca la hora de la clase de música y hay que volver. Veo un camino que marcha hacia el oeste y lo sigo. Va pasando por los campos y Pep me asegura que acabará muriendo, al igual que todos los demás caminos que le he hecho seguir. Pero los británicos también sabemos ser tercos y no dejo que aflore la duda en mi mente. Los campos acaban y el camino continúa. “Ya me gusta más”, concede Pep. El camino gira hacia el norte y entra en la umbría. Ahora su trazado es inconfundible y seguimos un camino perfectamente formado y con una intención clara de llegar a Sant Esteve de la Riba. No está en el mapa del Alpina.

El camino de Solancornut a Sant Esteve de la Riba

Llegamos al Rec de la Riba, cruzamos la riera y entramos en la pista hormigonada debajo de la casa de la Riba. Volvemos por la pista hacia el coche pero constatamos que la pista no se hizo del todo encima del camino antiguo. Donde antes hubo obstáculos, ahora aniquilados por la maquinaria moderna, el camino antiguo se separa y busca otro trazado, del cual se marchan otros caminos que algún día habrá que explorar.

Una de las balsas del Rec de la Riba

Justo antes de llegar al coche, nos desviamos nuevamente de la carretera para entrar en una zona donde el Alpina marca al menos cuatro casas. Detrás del bosque que bordea la carretera, vemos campos, alguna pared sospechosa pero no hay tiempo para más y tenemos que dejarlo para otro día.

Nos va gustando cada vez más esta zona. Como en todas partes, hay pistas forestales pero aún quedan muchos caminos y abundantes casas para buscar. Creo que pasaremos aquí buena parte del invierno.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 10,8 km; 340 metros de desnivel acumulado.

jueves, 29 de noviembre de 2012

16/11/2012 – Viladonja

El día 9, quisimos mirar la zona de Viladonja pero la lluvia nos obligó a dar la vuelta tras recorrer tan sólo un kilómetro desde Can Cases, cerca de la carretera que va a Sant Esteve de la Riba.


La casa de Viladonja. En el fondo, los campos y bosques de Moreta

Hoy, volvemos a probar suerte. Esta vez, dejamos el coche en l’Hostalet, en la carretera de Borredà a Ripoll, que todavía funciona como posada. Nada más salir del coche, el gato de la casa salta dentro y empieza a lavarse, contento de haber encontrado un lugar cálido y confortable. Pero, como todo lo bueno en esto mundo, su felicidad es efímera y sólo dura lo que tarda Pep en expulsarlo.

El gato se aleja ofendido pero el perro de la casa nos acompaña hasta el límite de su territorio al otro lado de la carretera. Entramos en la pista al otro lado, marcado como PR. La idea era seguir el PR hasta Viladonja pero hoy nos distraemos con el primer camino que nos sale al paso y dejamos la pista. Y así vamos haciendo la subida, a veces en la pista y a veces explorando caminos que salen a un lado y otro.

Dejamos la pista definitivamente para seguir un camino que tiene más apariencia de forestal que de otra cosa, que nos lleva por la Baga de Maçanós hasta la cresta, y de allí al Pla dels Quatre Terminals y el Collet de Finestrelles.

En el camino, vamos encontrando setas. Carles saca la bolsa y Carles y Pep inician el expolio. El ritmo de la marcha se enlentece. Como una especie de Hacienda setera, reclamo mi derecho de llevar a casa el 20% de todo lo recogido.

Después de comer en el Collet de Finestrelles, continuamos por la cresta hacia el Coll Senyorit. Carles ya tiene la bolsa casi media llena pero al llegar al collado, oímos voces y salen dos hombres con dos cestas enormes y una bolsa de supermercado llenas de setas. En total, deben haber unos 30 kilos. Carles esconde la bolsa detrás de la espalda para no hacer el ridículo.

Buscadores de setas en el Coll Senyorit

Bajamos la pista hacia la iglesia de Viladonja, que visitamos, y, dando un rodeo a la casa, que está habitada, buscamos un camino que nos suba a Cal Jaumet, en la cresta al sur y donde tuvimos que dar la vuelta la semana anterior. Desde Cal Jaumet bajamos la cuesta del sur, en busca de dos casas marcadas en el mapa del Alpina. Con alguna dificultad, las encontramos, dos casas muy humildes, situadas cerca de las zonas más llanas de la pendiente. No cuesta mucho imaginar la dureza de la vida de sus moradores. “Seguro que se sentaban en la última fila en la iglesia arriba”, observo.

Santa Eulàlia de Viladonja

Una vez anotadas las casas, bajamos por un camino inicialmente muy tapado hasta Can Cases, cruzamos la riera por el camino de la fuente de la casa y volvemos a empalmar con la pista del PR hasta llegar nuevamente al coche.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 11,2 km; 430 metros de desnivel acumulado.

lunes, 5 de noviembre de 2012

2/11/2012 – La Farga de Palmerola

El 18 de octubre, Carles y yo salimos en un día inapacible para intentar aclarar colitas (ver Glosario) debajo del Portell del Llop, entre Berga y Cal Rosal. En la mitad de los caminos, tuvimos que dar la vuelta por la vegetación que hacía físicamente imposible continuar y no pudimos acabar de enlazar un camino muy interesante que debía ir de Mas Ribera a Cal Rosal.

Las ruinas de Mas Ribera y detrás, Vilarrasa, al otro lado del Llobregat

La semana siguiente, la lluvia nos obligó a quedarnos en casa y por fin, para hoy, iba a hacer buen tiempo. Es puente de Todos los Santos y Carles tiene el hotel lleno de buscadores de setas urbanos y no puede venir.

Pep me sugiere ir a la Farga de Palmerola en la Riera del Merlès y hacer una ruta rectangular hacia Serrallonga. La zona está fuera de nuestros mapas, lo que nos obliga a recurrir al mapa del Alpina, con las limitaciones que ello nos supone por lo incompleto.

De la fragua sólo quedan unas ruinas debajo del refugio de Puigcercós y la presa que desviaba el agua a la balsa. Funcionó como fragua durante unos 70 años, con mineral traído del Ripollès, y luego como molino harinero.

 El refugio de Puigcercós al sol y debajo, todavía en la sombra, las ruinas de la Farga de Palmerola

La presa de la Farga

Tras hacer una visita detallada, tomamos la pista hormigonada hacia Hostalet. Teníamos que tomar una pista hacia la derecha pero yo esperaba algo más marcado y obligo a Pep a continuar caminando por la pista hasta tener la carretera de Ripoll a la vista. Una vez más, Pep tiene razón; damos la vuelta y tomamos la pista poco clara, que es la buena. Al no tener a Carles, no le queda más remedio a Pep que hablar conmigo y, entre otros temas variados, me va explicando sus lecturas en los archivos. Ahora mismo, tiene material para varios doctorados pero como no le gusta escribir, se enfrenta a la disyuntiva de documentar sus hallazgos escribiendo lo mínimo posible.

Vamos topando con buscadores de setas pero el frío de la semana pasada ha frenado la temporada en seco en estas partes y en sus cestas sólo se ve algún ejemplar de segunda línea. En las inmediaciones de Can Peligrí, el Alpina marca un camino que sale a la derecha para pasar el Mal Grau. Sin embargo, lo que sube es un vulgar camino para bajar troncos pero al cabo de poco rato, entra en un camino transversal cuya categoría y antigüedad es indudable.

El camino del Mal Grau

Lo seguimos hacia la izquierda y empalma con la misma pista, un poco más allá, con una tendencia clara hacia Les Lloses. Damos la vuelta y nos encaminamos hacia el Mal Grau, ahora convertido en Bon Grau gracias a las máquinas picadoras que lo convirtieron en pista. Vamos dejando caminos de aspecto interesante a derecha e izquierda.

Vista desde el Mal Grau; a la izquierda, la sierra de Picancel, a la derecha, el pueblo de Vilada y al fondo, las montañas de Capolat y Rasos de Peguera

Almorzamos en la cresta y luego continuamos por un camino hasta salir en la pista de Serrallonga. Pasamos por Serrallonga de Dalt, Serrallonga de Baix, Sant Pere de Serrallonga y Comià, antes de tomar el PR hacia Danyans. El camino empieza como un camino de arrastrar troncos pero se empalma con otro de más categoría y finalmente sale en la pista de Danyans. Seguimos bajando hasta llegar nuevamente a la Farga.

La iglesia románica, restaurada, de Sant Pere de Serrallonga

Pep se declara complacido con esta zona, que ofrece múltiples atractivos. Lástima que no tenemos mapas.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 12 km; 415 metros de desnivel acumulado.

martes, 16 de octubre de 2012

7/10/2012 – Caminos entre Guardiola y Sant Julià de Cerdanyola

Hoy he quedado para salir con Josep Mª. Tras algunas vacilaciones, me decanté por una ruta que enlaza caminos que suben desde Guardiola hasta Sant Julià de Cerdanyola. Hasta ahora, el blog no tiene ninguna entrada para este municipio, que fue mi primer descubrimiento serio del Berguedà, hace ya casi 20 años. Llegué aquí un soleado día de mayo desde el mundo gris de Barcelona y vi un paisaje lleno de verde; cantaban los pájaros, revoloteaban las mariposas, había flores por todas partes y el suave ruido del agua que pasaba por pequeños canales para regar los huertos. Me quedé cautivado.

Así que aprovecharé el día para enseñar a Josep Mª un poco más de su comarca. Dejamos el coche en la primera curva de la carretera que sube a Sant Julià de Cerdanyola, donde un rótulo indica Les Nou Fonts.
Bajamos por una pista que cruza un pequeño torrente. Un camino sube por la izquierda que lleva a una especie de gruta al lado de una pequeña cascada. Unos surcos de cemento canalizan el agua que sale de unos agujeros en la roca. Hay una mesa y asientos de hormigón. Es un lugar muy fresco y agradable en verano pero gélido en invierno ya que no le toca nunca el sol.

Entrada al merendero de les Nou Fonts

Volvemos a bajar hasta el torrente y caminamos en el otro sentido, primero por el lecho del torrente seco y luego siguiendo un camino claro que hace un flanqueo por el bosque paralelo a la carretera, donde enlaza con el camino principal que sube a Sant Julià desde el Collet y ahora parte de la Xarxa Lenta. A medida que vamos subiendo, las vistas se abren, tanto hacia el oeste, con el valle del río Saldes y Pedraforca, como hacia el este, con el torrente de l’Albiol y los pequeños campos – seguramente antiguos viñedos – colgados entre las rocas.

 A la derecha, se ve la casa de la Torre de Foix y las cuestas que subimos la semana pasada

 El día fue mejorando, ofreciendo estas vistas de Pedraforca desde el camino del Collet

Y del valle de l'Albiol, con las pequeñas terrazas a la izquierda

Lástima de la línea de alta tensión que va al Coll de Pal pero aún así, es un camino histórico y digno de seguir. Salimos en el lugar llamado Cap dels Roquets, donde hacen el tiro al plato.

El camino del Collet, justo antes de salir al Cap dels Roquets

Seguimos subiendo con una valla de una finca por un lado y los riscos por el otro, hasta el Cap del Grau, donde el canal de riego cruza un camino que baja hacia el fondo del valle de l’Albiol. Siempre ha sido un lugar muy agradable para pasar un rato, con unas vistas inmejorables. Ahora, al acercarnos, veo dos bancos y empiezo a sospechar lo peor. Al llegar a los bancos, veo que el entrañable camino que venía de llano, dando la vuelta del Puig, ahora es una pista a la que, además, sólo se podrá acceder en todoterreno. “No va nadie”, me asegurarán luego en el bar abajo donde tomamos un café.

Josep Mª se acomoda en el Cap del Grau

Cada tantos años, este municipio me da disgustos. Primero fue una fea pista de desembosque abierta sobre un bonito camino que bajaba desde la Artigassa hasta el Collet de les Bitlles hace unos diez años. Luego, hace unos cinco años, otra pista de desembosque que destrozó parte del antiguo camino de Malanyeu a Falgars, convirtiendo la pintoresca Font de les Estorales en una bañera metida en un charco fangoso. Y ahora esto.
Nos sentamos en los bancos para tomar un refrigerio. Sigue una conversación larga y uno de sus frutos es una propuesta por parte de Josep Mª de prepararme para un examen oficial de catalán a cambio de conversación en inglés. Tentador.

Vista del Forcat, con una parte de las terrazas de Les Deveses

Y el pueblo, mirando hacia Falgars con las montañas del Catllaràs detrás

Bajamos al lado del canal hasta la cruz (donde hay más bancos y un mirador) que marca la entrada al pueblo. Tras tomar el café susodicho, continuamos hasta el cementerio donde arranca el camí ral y también parte del GR4. Es un camino muy interesante, todavía empedrado en muchos puntos, que baja al lado del río de Cerdanyola, con la vista delante de las interminables terrazas de antiguos viñedos de les Deveses y uno de los rasgos distintivos de este pueblo, y empalma con la carretera en la ermita de les Esposes. Cerca de aquí, en la carretera, hay otro mirador con más bancos que ofrece buenas vistas del valle del Llobregat. A partir de aquí, el camino va bajando la cuesta, cruzando las curvas de la carretera, hasta dejarnos delante del coche.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 6,5 km; 370 metros de desnivel acumulado.