Aquí relato nuestras salidas por los caminos del Berguedà y comarcas vecinas. Como lo pasamos muy bien, queremos comunicar sobre todo buen humor y alegría pero también tiene un fondo muy serio: el camino como bien patrimonial, pieza esencial para entender la historia y digno de conservación. Es nuestra misión desde hace más de 15 años.



jueves, 24 de marzo de 2011

11/3/2011 – Entre Paller y la Bassa de Tarnes

Nuestros lectores recordarán que la semana anterior no pudimos continuar por el camino antiguo a Paller de Dalt por la nieve. Hoy, a las 9.15, estamos aquí otra vez mirando la continuación del camino, ahora sin nieve. La primera parte es muy perdedora, por la erosión, la vegetación y las rocas que cayeron abajo al hacer la pista forestal. Sin embargo, salimos a una cresta y las eses son inconfundibles y un poco más adelante, vemos las piedras para aguantar el camino por la roca. Pep me sonríe con amabilidad, feliz, sin rastro de las quejas de la semana pasada.


La transformación de Pep, obrada por unas simples piedras

Salimos en el camino de los rombos amarillos que hice con Josep Mª el 11 de febrero, justo en el punto donde nos parecía que entraba un camino desde abajo. El camino antiguo se ve claramente subiendo por el camino de rombos pero luego lo deja, marchando por la izquierda, o sea, hay una parte que es auténtica y otra parte que fue inventada. Al final, lo abandonamos debajo de la pista ya que se vuelve impracticable.
Dedicamos un tiempo a reconstruir el resto del camino antiguo hasta Paller de Dalt. Pep inspecciona los restos de la casa/iglesia. Bajando por la pista otra vez y con tiempo para pensar, no puedo evitar cierta tristeza por lo que está pasando en Libia. Hasta Carles lo nota. Ojalá estemos viendo el principio del fin de los gobernantes crueles de este mundo.
Nos plantamos debajo del camino que Pep vio la semana pasada subiendo a la Bassa de Tarnes e iniciamos la subida. Con el esfuerzo físico, dejo de pensar en Libia. Tras unos 150 metros de desnivel, el camino se aplana y entra en un pequeño bosque de hayas. En una entrada en octubre, hablé de mi simpatía por las hayas – árboles bondadosos por excelencia – y un camino por un bosque de hayas siempre atrae. Quizás uno de los ejemplos más emblemáticos en el Berguedà está en la Baga de Noucomes, entre el Pla de l’Estany y el valle de Peguera, ahora parte de la Ruta dels Bons Homes.

 Cruzando el pequeño bosque de hayas camino a la Bassa de Tarnes

Sin embargo, cruza un torrente y vuelve a emprender una dura subida. Se ven varios caminos que se entrelazan, que sugiere un ‘camí ramader’ o camino utilizado para subir ganado a los prados de montaña. Por fin, salimos a la Bassa de Tarnes. Después de descansar, probamos de bajar hacia el sur por un barranco a la izquierda del Roc de Claniars pero el camino que Pep había visto hace un par de salidas resulta ser de ciervos y se difumina. Bajamos como podemos hasta entrar en una zona de campos y buscamos el camino que sube al collado en la Sierra de Joncar donde quedamos el 25 de febrero. El camino se ve muy claramente hasta que entra en unos campos. Allí se vuelve más perdedor. Al salir de los campos, se vuelve a ver bien y llegamos al collado. La pendiente es muy pronunciada y cuando por fin llegamos, ya he tenido suficiente.

Las rocas de Claniars

Almorzamos y luego emprendemos el camino de vuelta al Santuario de Paller, siguiendo el mismo camino que hice con Josep Mª en febrero.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 10,7 km; 840 metros de desnivel acumulado.

miércoles, 9 de marzo de 2011

4/3/2011 – Paller y Nicolau

Carles no puede venir; está liado. Además, el día anterior, nevó. En Berga, se fundió al cabo de un par de horas pero en la zona de Riutort y Paller, es probable que siga habiendo nieve.

Probamos de ir al Santuario de Paller. En el bosque, hay 4 cm de nieve. Subimos por el camino marcado a la derecha del santuario.
Aquí, debo hacer un inciso. Hace unos cuantos años, un señor jubilado de Bagà que tenía mucho cariño por Paller, dedicó un buen tiempo a limpiar caminos y marcarlos con pintura roja. Lo que pasa es que también inventó caminos para poder completar sus rutas. El camino que nosotros decidimos subir también está pintado con rojo. Ya lo conocíamos por haberlo hecho hace unos cuantos años pero ahora, con los años de experiencia, vemos que, llegado a cierto punto, el camino auténtico continúa subiendo recto hacia Paller de Dalt mientras el camino pintado gira hacia la derecha y sube directamente la cuesta siguiendo un camino de jabalí.

En la pista de Paller

Sin embargo, el camino auténtico se ve muy tapado por vegetación y nieve y decidimos dejarlo para otro día. Subimos el camino de jabalí y salimos a la pista de Paller de Dalt. Aquí hay más nieve. Pep ve el rastro del antiguo camino a la Bassa de Tarnes, que es lo que queríamos buscar pero la nieve es cada vez más profunda y tapa el camino. Visualmente, el paisaje nevado es muy estético pero no sirve para buscar caminos.

Vistas impresionantes con la nieve. Aquí se ve Tancalaporta

Y aquí Pedraforca con el Col de Escriga delante

Propongo mirar la Vía del Nicolau, ya que nunca lo había hecho y, desde donde estábamos, se veía despejada de nieve. La Via del Nicolau es la recuperación de una antigua vía de tren que bajaba los troncos cortados en las umbrías de Gisclareny. Su recorrido empezaba cerca de la Torre de Santa Magdalena y acababa en Guardiola, siguiendo la ribera sur del río Bastareny.
Bajando por la pista hacia el santuario de Paller, Pep saca una lección positiva de esta salida fallida y se declara muy satisfecho: “Ahora sabemos que hay caminos falsos y hemos visto los auténticos”. A Pep le gustaría ir a la Solana de Sant Sebastián. En el collado arriba, vimos una barraca allí hace unos cuantos años y Pep quiere buscar el camino desde Bagà. Pero donde él ve un tesoro, yo sólo veo una cuesta áspera sin ningún atractivo e insisto en la Via del Nicolau. Pep accede de mala gana.
Dejamos el coche encima del Parque de la Vila en Bagà e iniciamos la ruta. La antigua vía se había construido en tierra blanda de margas que se erosiona fácilmente con la lluvia. Para recuperarla, se ha tenido que hacer una buena inversión, incluyendo un puente colgante para salvar un barranco, y probablemente será necesario seguir gastando dinero en mantenimiento. Pep está indignado: para eso hay dinero pero no para salvar sus dolmenes. Me lanza unas miradas furibundas. ¡Además es plano! Si supiera la vergüenza que le estoy haciendo pasar, me acusa. Intento relativizar el tema; ofrece una visión inaudita para nosotros del río Bastareny, ya que siempre lo vemos desde la carretera al otro lado. Pero no se deja apaciguar; ni siquiera me deja marcar waypoints.

Las vagonetas con los troncos (seguramente más gordos que éstos) bajaban por gravedad, frenados por un hombre delante. Las vagonetas vacías volvían al punto de partida por tracción animal.

El puente colgante

Llegamos a la casa de l’Avellanet. Hay un proyecto desde hace años para convertirlo en un ecomuseo pero parece que aún no funciona. Cerca está la iglesia románica de Sant Joan que, sorprendentemente, Pep no ha visitado nunca. Inspeccionando la iglesia, su humor empieza a mejorar.

Exterior de la iglesia de Sant Joan de l'Avellanet

E interior

Luego, damos una batida por los alrededores y vemos un camino que tiene toda la pinta de ir hacia Gisclareny pero tendrá que esperar otra ocasión. Detrás de la iglesia, hay instalaciones para acampamentos en los antiguos campos de la casa, que tampoco sé si todavía se utilizan. Damos un rodeo y vemos que arranca un camino hacia Bagà. La Minuta (ver Glosario) de Bagà marca dos casas en esta cuesta, una sin nombre y otra llamada Mas de la Costa. El camino entra en una pista y luego vuelve a salir para entrar en otra pista y, precisamente en ese punto, Pep encuentra la casa. Al otro lado de la pista, se ve un camino que continúa.
[Cuando bajo el track al mapa el día siguiente, veo que la zona está llena de pistas. Los bosques deben ser públicos del municipio del Bagà porque la red de pistas se queda cortada en un torrente que marca el límite con el municipio de Gisclareny. Sobre el terreno, se ven las señales de una tala hecha hace quizás un par de años. Mucho me temo que un camino que seguí hace unos cuantos años que pasa al pie de la Roca Tirabal haya quedado destrozado por una de esas pistas.]
Aquí comemos y luego seguimos el camino. Lleva a una fuente arreglada para hacer un par de balsas, empiezan campos y al poco rato, vemos las ruinas de la segunda casa.

Las ruinas del Mas de la Costa

La fuente del Clot d'en Roca, en la pista de Avellanet a Matallops

Tras inspeccionar la casa, continuamos por un camino muy perdedor entre bancales que poco a poco va perdiendo entidad hasta entrar en la pista que pasa delante de la casa de Matallops. Desde allí, tomamos el camino que baja a Bagá. “Encontrar esas casas ha salvado el día”, me dice Pep. “No subir la Solana de Sant Sebastià ha salvado el día”, pienso yo.

Vista de los valles de Bastareny y Rigoreixer con Bagà en primer término, desde el camino que baja desde Matallops

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 13,4 km; 575 metros de desnivel acumulado.

lunes, 7 de marzo de 2011

25/2/2011 – Entre l’Estret y Sant Marc

Hoy no tenemos dudas sobre qué haremos. La semana pasada, habíamos dejado sin acabar un camino que subía por la umbría de La Coma hacia la Bassa de Tarnes y que seguramente era el camino principal de toda esa cuesta. También había la conexión entre la Bassa de Tarnes y Cerconeda y ese camino tan prometedor que había visto bajando desde Sant Marc en mi salida con Josep Mª el pasado 11 de febrero.
Dejamos el coche en nuestro parking habitual en l’Estret y emprendemos la subida por la pista a La Coma, desviándonos momentáneamente para explorar un camino que queda muerto en unas carboneras en el Torrent de la Coma.
Antes de llegar a la casa, habíamos visto la semana pasada un camino que marchaba hacia la izquierda. Lo seguimos pero muere en unos campos. Investigamos una serie de caminos usados para arrastrar troncos pero todos quedan muertos bajo una pared de roca, excepto uno que va subiendo hasta empalmar con el camino que dejamos la semana pasada. Seguramente era el camino usado por La Coma para subir a la Bassa de Tarnes y lugares más allá.

En el camino de subida, veo un asta de ciervo. “Para tu madre”, me dice Pep. “Mi madre ya no sabe dónde ponerlas”, le digo, y la dejamos allí. Salimos en las pistas debajo de Sant Marc y caminamos hacia la Bassa de Tarnes, donde descansamos. Hay una pista de desembosque que bordea el Roc de Claniars por el norte y había indicado a Pep que esa pista podría haberse abierto encima de un camino. Cuando llegué aquí con Josep Mª, había demasiada nieve para investigarla. Efectivamente, la pista muere al cabo de 500 metros y empieza un camino muy marcado que va al collado e inicia un descenso hacia el sur. Lo acabaremos de enlazar en otra ocasión.



El valle del Llobregat desde la Bassa de Tarnes. Abajo se ve el pueblo de Guardiola. Nunca me canso de esta perspectiva

Damos la vuelta e iniciamos la ingrata subida a Sant Marc. Todavía queda nieve suficiente para ver las huellas de Josep Mª y yo en nuestra subida hace dos semanas.

Pep inspecciona brevemente la ermita y luego iniciamos la bajada por el camino señalizado. Le muestro el camino prometedor, tiene buen aspecto pero lo dejamos para después de comer.

Estado actual de la ermita de Sant Marc.


Pedraforca desde Sant Marc.

Después de calentarnos un rato al sol, es hora de reemprender la marcha. Entramos en el camino tan deseado pero al cabo de 100 metros, su aspecto ya no es tan bonito y al cabo de 200 metros se pierde definitivamente en una cresta. Bajamos la cresta, inicialmente de pendiente suave pero que se hace cada vez más áspera. Pep ironiza sobre mi “camino maravilloso”. Intento conservar mi dignidad. Bajamos como podemos por escarpados caminos de ciervos en la cara norte hasta llegar a un camino de inconfundible factura humana. Lo seguimos a la derecha y sale a un collado en la cresta. Decidimos dividirnos: Pep baja por la cara sur y Carles y yo retrocedemos. Acabamos llegando a la misma pista en la que desembocamos esta mañana. Volvemos atrás, siguiendo la larga pista que da la vuelta de la Serra de Sant Marc. En el lado soleado, encontramos a Pep, radiante: “Un camino magnífico”, me dice. “Será el camino de Mas del Castell a la Bassa de Tarnes”. Todo eso gracias a mi camino falso, le recuerdo.
En su libro de itinerarios del Berguedà, C.A. Torras habla de un camino malo (para hacer con caballo, se entendía) que subía desde la Canal Llarga (en el camino desde el Estret hacia Broca) hasta el Collet de la Canal (detrás del Tossal Rodó). Desde allí se podía ir directamente a Sant Marc o bien era usado por la gente como atajo, pasando por el Mas del Castell, para ir a pie a Brocà, sin dar la vuelta del Tossal Rodó. Nosotros habíamos visto una colita detrás del Tossal Rodó en la salida del 4 de febrero pero no la habíamos podido seguir por la nieve.
Nos propusimos buscar este camino. Hay un laberinto de caminos de ciervos en esa cuesta pero al final conseguimos separar el grano de la paja e identificar su trazado.

Llegamos a la pista que viene desde Cal Subirana. Nos estamos quedando sin tiempo, se acerca la hora de la clase de música. Dejamos una colita a la derecha que baja al Torrent de la Pomerassa, un valle maldito que me trae malos recuerdos de una salida que hice solo en invierno hace muchos años cuando me encontré a media cuesta con poco tiempo de luz habiendo perdido el camino. Llegamos a la cresta donde arranca el camino a l’Estret, que bajamos con toda la prisa que permiten nuestros maltrechos cuerpos.

Bajando el último tramo del camino hacia l'Estret

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 16,5 km; 870 metros de desnivel acumulado.

Nota: Estamos hablando mucho de la Bassa de Tarnes como lugar de encuentro de caminos. No deja de ser un collado secundario y los caminos que llegan allí parecen más bien locales, llegando desde distintas casas. En cambio, por la Collada Gran, un poco más al norte, pasaba uno de los grandes caminos hacia el Coll de Pal y la Cerdanya. Yo creo que debe su importancia sobre todo a la existencia de agua.

sábado, 26 de febrero de 2011

18/2/2011 – Entre L’Estret y La Coma

Al haber encontrado tanta nieve en la aproximación a Sant Marc la semana pasada, teníamos dudas dónde ir esta semana. Al final, en la cafetería, propuse ir a la casa de l’Estret.

Hace unos 8-9 años, había ido solo unas cuantas veces a l’Estret y había visto una serie de caminos importantes, que había marcado. Más adelante, leí el libro de C.A. Torras sobre el Berguedà y vi que hablaba de los caminos que yo había seguido, concretamente, desde Brocà hacia l’Estret y hacia Gavarrós. Sin embargo, esto fue hace mucho tiempo y habían quedado dudas por aclarar.
Dejamos el coche en l’Estret. Había nevado el día anterior y el Coll de Pal y Puigllançada se veían blancos. Aún soplaba el viento del norte allí arriba y levantaba la nieve. Era el temido ‘torb’, el peligroso viento que hace bajar las temperaturas en picado y reduce la visibilidad a cero. Evidentemente, no era un buen día para hacer raquetas de nieve al Coll de Pal.



Las ruinas de la casa de l'Estret. Fue hostal cuando funcionaba la mina de petróleo y luego casa de veraneo. Más adelante, se hizo una cantera que, de paso, permitió abrir el estrecho al paso de vehículos.

Desde la casa de l’Estret, cruzamos la pista que va a La Coma e iniciamos el camino hacia Brocà. Enseguida vemos un cruce que no había visto antes. Es un trozo del antiguo camino – de nuevo, descrito extensamente por Torras – desde Espelt a Gavarrós. Lo seguimos hasta que empalma con la pista frente a las ruinas de Cal Mariano.
Volvemos al camino de Brocà y lo seguimos hasta la pista de Cal Subirana en la Serra del Pany. Allí teníamos colitas (ver Glosario) desde hacía unos cuantos años. Desechamos de momento una colita que marcha enseguida hacia abajo y continuamos por la pista hasta una colita que marcha hacia arriba a la derecha. Pep siempre dice que mis colitas son caminos de animales y, según él, éste no será ninguna excepción. A veces tiene razón. Sube para corroborar su hipótesis pero al cabo de un rato, nos llama para que le sigamos; el camino es bueno. El camino sube a la cresta y luego hace un largo flanqueo hasta empalmar con el camino señalizado a la Coma desde Mas del Castell.


Puigllançada con nieve desde la Serra del Pany, encima del Estret

Dedicamos el resto del día a desenredar una antigua red forestal en la cuesta debajo de Sant Marc, haciendo zigs y zags mientras seguimos un camino y luego otro. Cuando paramos para comer, saco mi última botella de cerveza inglesa, Poacher’s Choice, tan buena que no se debe beber con sed. Ahora sin cerveza hasta mi próximo viaje a Inglaterra, mi valor como miembro del equipo perderá muchos puntos.



Mirando hacia el Coll de Cerqueda. Es la vista opuesta a la foto en la salida del 18/12/2010

Empieza a ser tarde y Pep tiene clase de música. Bajamos a la casa de la Coma y tomamos el camino de la solana a l’Estret. En esta zona hay referencias de un poblado medieval, Vila-Seca. Lo cierto es que hay muchos campos con un aire de cierta antigüedad. Otro día lo miraremos con más detenimiento.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 11,2 km; 570 metros de desnivel acumulado.

domingo, 20 de febrero de 2011

11/2/2011 – Sant Marc

Pep y Carles salieron ayer. Cerraron algunas colitas que quedaban entre Mas del Castell y Cerconeda pero todavía no han podido encontrar un camino claro que conecte las dos casas. Habrá que suponer que cruzaba los campos y ahora está perdido.
Yo quedé con Josep Mª para hoy. Siempre preocupado por su desarrollo personal, he preparado una salida más turística. Además, tiene una entrevista de trabajo por la tarde, así que no podré desviarme de la ruta fijada.


Paller de Baix. La iglesia forma la parte derecha del edificio.


Empezamos en el Santuario de Paller de Baix, cerca de Bagà. La iglesia del siglo XVIII está pegada al hostal, que ofrece comida y alojamiento los fines de semana. En el verano, es un lugar muy fresco y concurrido pero hoy es gélido. Todavía quedan restos de nieve. Emprendemos la subida por el GR al Paller de Dalt. Como el camino se mete en un desfiladero, temía encontrar nieve y hielo y en el desvío, sigo los rombos amarillos marcados por la UEC hace más de 20 años. No sé si es un camino de verdad pero sube una cresta hasta llegar a la pista que va al Paller de Dalt … donde hay dos palmos de nieve donde no toca el sol.
Llegamos al Paller de Dalt: comunidad de monjes en la Edad Media, luego santuario hasta el siglo XVIII, cuando se trasladó abajo, luego casa de payés hasta los años 40 y hoy ruinas. Entrando en la casa, aún se ve claramente el dibujo de la iglesia y lo que hicieron los moradores para convertirla en una casa. Detrás de la casa, hay un inmenso prado y arriba, la carretera que va al Coll de Pal. Bordeamos el prado hasta el camino que sube a la Collada Gran. Ha sido limpiado recientemente pero entre la nieve y la conversación, consigo perderlo y acabamos subiendo sin camino.


 Una de las alas del transepto de la antiga iglesia de Paller de Dalt.

En la otra ala, se puso la cocina. Los agujeros indicarían donde se pusieron las vigas para crear un suelo, hoy desaparecido.


Tomamos la pista que pasa por la Bassa de Tarnes (todavía con nieve) y subimos a la ermita de Sant Marc. Yo recuerdo una pequeña iglesia oscura y sucia, utilizada como refugio por las vacas, pero ahora está sin techo y el suelo está impecable.

La Bassa de Tarnes. Detrás, Puigllançada. 

Un paisaje de postal desde la Bassa de Tarnes. A la derecha, se ven las Penyes Altes y al fondo, Tancalaporta.

Interior de la ermita de Sant Marc

Desde Guardiola, se ha marcado un PR que sube hasta aquí. De hecho, era aquí que quería llegar el joven con un armario en las espaldas que conocimos unas semanas atrás. Siempre había la duda de si se había marcado el camino auténtico o lo habían inventado. Iniciamos el descenso con unas eses muy pronunciadas. De momento nada que objetar. A unos 50 metros debajo de Sant Marc, marcha un camino hacia la izquierda en que, hasta ahora, no me había fijado. Tiene una categoría excelente. ¿Podría ser el camino de Pla de l’Arca? Si hubiera tenido tiempo, lo habría seguido pero hoy el guión es inamovible y tendrá que esperar otro día.

El camino entra en una artiga (ver Glosario) y se pierde. Las marcas la cruzan perpendicularmente e inician un descenso brusco. Llegamos al Pla Llosar y decido que, a grandes rasgos, las marcas siguen el camino antiguo. Bajamos la pista a Cerconeda y luego otra pista que se convierte en un camino muy atractivo antes de llegar al Cap de Joncar. Desde aquí tomamos un camino medio perdido que nos lleva de vuelta al Paller de Baix, entroncando antes con un camino muy marcado que baja desde el NE. Este camino lo había hecho por primera vez en una caminada popular hace unos 13 años y estaba limpio. Evidentemente, desde entonces no ha venido nadie por aquí.
Repasando la ruta en días posteriores con Pep, especulamos que ese último camino tan marcado podría ser el camino original a Paller de Dalt, ocupado en parte por la pista, y el GR un atajo para hacer a pie, ya que durante el invierno queda impracticable.


Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 11,4 km; 740 metros de desnivel acumulado.

Postdata 16-2-2011: Josep Mª dejará de salir los viernes con nosotros. Ha encontrado un empleo y vuelve a ser un miembro útil de la sociedad. Ha hecho una travesía larga y dura por el desempleo y lo ha hecho con gran entereza. Ahora, en la onceava hora como decimos los ingleses, su vida ha dado un giro. Espero poder coincidir con él algún domingo.

miércoles, 9 de febrero de 2011

4/2/2011 – Brocà (2)

Inclemencias meteorológicas nos han impedido salir hasta hoy. Carles aún no ha llegado y mientras Pere del Mikado nos trae el café, Pep y yo nos ponemos al día de nuestros achaques. “¿Qué tal la pierna?”, le pregunto. “Bueno, me molesta a ratos. ¿Y tu hombro?”. “Hago estiramientos”, contesto. “Mi mujer me dice que es un problema emocional. Ya sabes, los ingleses … ¿Y el tuyo?”. “Hago los ejercicios que me ha explicado el fisioterapeuta y va mejorando. ¿Y tu talón?”. “He cambiado de calzado. Parece que mejora”. Con eso llega Carles y cambiamos de tema.

Dejamos el coche cerca de Vilalta. Aún quedan restos de nieve de la nevada de la semana pasada pero, con anticiclón, la temperatura es muy suave.

Las casas de Vilalta y Cal Cosí

y las ruinas de Cal Subirana, medio kilómetro más hacia el este.

El objetivo es ir cerrando las colitas (ver Glosario) que quedaron de la última salida. Localizamos dos posibles casas medievales y un canal de piedra encima de Vilalta, luego pasamos encima de Subirana y con caminos y sin caminos llegamos al Tossal Rodó, un llano con bonitas vistas, pasando por un curioso ‘grau’. Carles ha quedado un poco más abajo y llama a Pep; ha encontrado algo interesante. No le queda más remedio a Pep que bajar otra vez. “Toma el sol”, me ordena. Cumplo la orden a rajatabla.

 Tancalaporta con el Mas del Castell en primer plano, desde el Tossal Rodó.

Pedraforca, también desde el Tossal Rodó

Al cabo de 15 minutos, vuelven – sólo eran piedras. Llegamos al Pla Llosar y mientras Pep inspecciona las barracas, Carles y yo nos dedicamos a observar el vuelo de un grupo de buitres, entre ellos una pareja de alimoches.


El vuelo majestuoso del buitre. Pero nosotros aún estábamos demasiado vivos y se acabaron marchando.

Bajamos al Mas del Castell y comemos en el mismo sitio que la otra vez. Continuamos hacia el oeste, entrando en los campos antiguos del otro día. En el límite de los campos, Carles encuentra una pila de piedras que podría ser algo más pero sin excavar, imposible saber. Comprobamos colitas hacia Cerconeda pero todas acaban muriéndose en campos. La conexión de Mas del Castell con Cerconeda se está convirtiendo en un auténtico misterio.

Llegamos a Cerconeda sin camino y propongo buscar el camino a la iglesia de Brocà. Seguimos uno, que se muere en la cuesta y más abajo, Pep ve otro camino de más categoría. Bajamos. Este camino sí que parece auténtico. Lo sigo hacia atrás, hacia Cerconeda. Doy la vuelta justo cuando emprende la subida, luego lo seguimos de bajada hacia Brocà. Su categoría está fuera de toda duda. Bajamos por una cuesta pelada encarada al sur. “Esto tiene que ser un horno en verano”, dice Carles. Ahora sabemos donde traer a Josep María en julio. El camino entra en una pista y la pista nos lleva sin esfuerzo a Vilalta y el coche.

Bajando la cuesta desde Cerconeda. Abajo se ve la iglesia de Brocà y detrás, las montañas del Catllaràs.

Hoy ha sido una salida suave. No vamos a pulverizar ningún record.


Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 10,7 km; 435 metros de desnivel acumulado.

martes, 18 de enero de 2011

14/1/2011 – Brocà (1)

El hombre del tiempo ha pronosticado temperaturas anormalmente suaves y decidimos ir un poco más arriba, a la zona del Mas del Castell, debajo de Sant Marc. Dejamos el coche en la misma fábrica textil cerrada en Bagà que en la salida del 6 de diciembre. El termómetro del coche marca -2ºC; no empezamos bien. Subimos el camí ral hacia Brocà que empalma con la pista en los Plans de Rotllán.

La casa de Rotllán y detrás la dehesa de Cerconeda y Sant Marc.

Sant Martí de Brocà 

Y su surrealista portal del siglo XIX

De repente, Pep frena en seco con un fuerte dolor en la pantorrilla derecha. Luego continúa pero con un ritmo más pausado y evidentes signos de dolor. Llegamos a la iglesia románica de Sant Martí de Brocà pero Pep no se siente capaz de seguir subiendo al Castell. En un gesto parecido al de Lawrence Oates en la malograda expedición de Scott a la Antártica, Pep nos exhorta a abandonarle ya que no quiere lastrar el grupo; él mirará las casas en los alrededores de Brocà. Le dejo mi móvil por si tiene que pedir un rescate. Todos tenemos las emociones a flor de piel; nunca había visto a Pep tan tocado. “Sobre todo, marca el track del PR (el camino señalizado de Brocà al Mas del Castell) y los waypoints de las dos barracas en el Pla Llosar, la Casa de Dalt y el Mas del Castell … y busca el castillo”, me dice antes de alejarse. “No te defraudaremos”, le prometo.

Hace tiempo que notamos el calor del sol y pronto hará una temperatura casi para ir en manga corta. Iniciamos la subida por el PR (sendero de pequeño recorrido) pero al cabo de un rato, vemos un camino muy marcado a la izquierda. Tenía el deseo secreto de encontrar la conexión de Brocà con la casa de Cerconeda y aquí podría ser un buen sitio. El PR lo haremos de bajada. El camino entra en campos y se difumina. Por caminos de ciervos, llegamos a una fuente y, desde allí, seguimos un camino claro que marca el trazado de un tubo antiguo que probablemente llevaba agua a las casas de Vilalta y Cosí. Antes de llegar al final del camino, vemos otro camino que sube hacia la izquierda. Lo seguimos pero tomamos derivaciones que se acaban perdiendo. Subimos la cuesta sin camino hasta una pista y vemos dos caminos; uno hacia la derecha que debe ir al Mas del Castell y otro hacia la izquierda y, esta vez sí, seguramente irá a Cerconeda. Lo seguimos y se difumina en campos. Al otro lado de los campos, se ve un camino que va perdiendo categoría rápidamente y finalmente entramos sin camino en los campos de Cerconeda. Empiezo a preguntarme cómo voy a explicar eso a Pep.

 En primer plano, las ruinas de Cerconeda, y detrás, el valle de Bastareny y Tancalaporta

El valle del Llobregat visto desde los campos de Cerconeda

Desde Cerconeda, tomamos la pista que sube al Pla Llosar, pasando por campos y más campos. No creo que todo eso se cultivara desde Cerconeda, pienso, tiene que haber otra casa, pero de momento no la encontramos. Entramos en el Pla Llosar, un extenso llano con grandes campos cuadrados delimitados con muros de piedra seca. A lo lejos, divisamos otra persona que viene hace nosotros. Cuando se produce el encuentro, charlamos un rato. Tiene una mochila como un armario a las espaldas pero no parece pesarle nada y le acompaña una joven perra husky. Se llama Joël; antes corría en cursas (carreras) de montaña pero decidió que quería ver paisaje y no sólo las zapatillas del que iba delante. Tomó un año sabático y se propuso recorrer todos los PR de Cataluña, unos 200 y pico en total.

Josep Mª prueba la vida de pastor

Mas del Castell

Marco los waypoints de las barracas, la Casa de Dalt y el Mas del Castell. No encontramos nada parecido a un castillo pero sí una casa muy pobre al lado del Mas del Castell y que, de momento, no tiene nombre. Buscamos sombra para almorzar. “Debemos llamar a Pep, a ver cómo está”, dice Carles. Establece conexión. “¿Qué habéis hecho?” le debe preguntar Pep. “Bueno, dejamos el PR y subimos caminos que se perdieron en campos, luego subimos caminos de ciervos que también se perdieron …”. Carles se aparta el teléfono de la oreja. Desde donde estoy yo, ya se oyen las exclamaciones. “Te paso a Steve”, dice Carles, y me da el teléfono. “Todo ha sido culpa de Carles”, empiezo. “No os puedo dejar solos”, me interrumpe Pep. “Yo con la pata coja, he hecho el camino de Brocà a Cal Subirana, el arranque del camino de Cal Subirana hacia el Mas del Castell, el camino de Cal Vilalta a Cal Companyó, el camí ramader (camino tradicional usado para subir las ovejas a las pasturas de montaña) de Brocà hacia el río y he enlazado lo que nos quedaba del otro día del camí ral de Brocà a La Pobla de Lillet”. “Vaya”, comento escuetamente. En el fondo, Pep es buena persona y sabe que hacemos lo que podemos con buena intención. Adopta un tono más conciliador. “¿Has marcado las barracas?”. “Sí”. “¿La Casa de Dalt?”. “Sí”. “¿El Mas del Castell?”. “Sí”. “¿Has visto algún castillo?”. “No”. “¿Marcarás el PR?”. “Sí”. “Bueno, llamadme cuando estáis en Brocà”.

Nos ponemos en marcha. Carles baja por un camino que vio, que le llevará a la pista que vimos debajo, antes de llegar a Cerconeda. Yo continúo hacia el oeste con Josep Mª por otro camino y entramos en una zona de campos invadida por el bosque. Todo tiene un aire muy antiguo pero no encontramos ninguna estructura. Sí encontramos un camino que continúa al otro lado del torrente y, quizás éste sí, podría ir a Cerconeda, y otro camino que debe subir al Pla Llosar. Pero no tenemos tiempo para explorar más y volvemos al Mas del Castell y bajamos por el PR. Esta ruta ha sido limpiada hace poco y baja por una cresta dentro del bosque de robles con eses interminables. Su categoría es incuestionable. En la iglesia de Brocà, Carles nos está esperando y deshacemos la ruta seguida al principio hasta el coche, donde nos está esperando Pep.

Una vista bucólica de los campos de Brocà con el sol de la tarde


Cuando Pep me manda su track, resulta que ha hecho más kilómetros y desnivel que nosotros. A veces me pregunto si a Pep, de pequeño, le montaron algún componente extra.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 13,2 km; 625 metros de desnivel acumulado.


sábado, 15 de enero de 2011

Josep Armengué

Josep Armengué fue uno de los miembros del grupo de excursionistas liderados por Cesar August Torras. En 1905, publicó en el boletín del Centro Excursionista de Catalunya, en cuatro entregas, un largo recorrido que hicieron por lo que es el Alt Berguedà y el Alt Ripollès. Relata su periplo con mucho entusiasmo y también con mucho sentido de humor. Debía ser uno de los menos aventureros del grupo y en cierto momento, enumera "les cinc pors" o cinco temores de Armengué, con los cuales me identifico plenamente. Para los no catalanoparlantes, traduzco al castellano:

1) El miedo a los ariscos
2) El miedo a los abismos bilaterales o pasos estrechos
3) El miedo a los cursos de agua abundantes y un poco rabiosos
4) El miedo al trote de las mulas
5) El miedo a los compañeros egoistas o engreídos

7/1/2011 – Entre Vilella y Espelt

Poco a poco, nos vamos desplazando hacia el oeste. Pep quería comprobar primero las conexiones entre Santa Cecilia de Riutort y las casas medievales que visitamos el 17 de diciembre. Dejamos el coche en el viejo puente de Espelt y subimos por el camí ral a la iglesia, donde Pep nos revela los detalles constructivos y los cambios que ha sufrido.

Pep imparte una clase magistral en la iglesia de Santa Cecilia de Riutort


Vista desde la puerta de la iglesia hacia la umbría del Banyador, una zona de denso bosque que nosotros hemos apodado cariñosamente el Infierno Verde. Aún tenemos cosas por mirar allí dentro.

Hacemos la conexión con el vilar medieval, descubriendo otra casa medieval a medio camino. Ahora toca cruzar el río. Mientras paso con temor de una piedra resbaladiza a otra bajo la atenta mirada de Pep, después de quitarme los mapas para que no sufran ningún percance, pienso otra vez en Josep Armengué, un excursionista de un siglo atrás con quien tengo mucho en común. Cuando subimos por el camino marcado como Xarxa Lenta (ver Glosario) hacia la casa de Vilella, cruzamos otro camino que luego resulta ser un canal. Lo seguimos hacia el norte, volviendo a cruzar la pista de Gavarrós, hasta ver el punto de salida del río. Luego lo seguimos en la dirección contraria hasta llegar a una especie de acueducto hecho de hormigón sobre unos delgados pilares de ladrillos.

El acueducto, una construcción moderna

Al otro lado, se ven caminos que vienen a buscar el acueducto. De momento, lo dejamos y volvemos al camino de la Xarxa Lenta. Almorzamos en una cresta. Hoy Pep ha traído una cerveza artesanal desde Valencia y comparamos sus virtudes con el Viejo Peculiar, que he traído yo. Reemprendemos la marcha para no caer presas de la embriaguez y antes de llegar a la gran casa de Vilella, tomamos el camí ral que iba a Broca. Hoy cuesta verlo en muchos puntos por la erosión que ha sufrido la tierra blanda. Suerte de las marcas blancas que nos van guiando. Encima de Vilella, dejamos el camino para bajar la cresta, esperando encontrar un camino pero no hay ninguno hasta llegar a una zona extensa de cultivo, donde encontramos el camino que subía desde Vilella para trabajar los campos.


La casa de Vilella

Desde Vilella, tomamos el camí ral de Bagà a La Pobla de Lillet, que pasaba por la casa de Espelt. Ahora, es mayormente pista pero aún queda un trozo de camino muy interesante.

 Pep y Carles conversan en el camí real entre Vilella y Espelt

El portal del siglo XVI de Espelt

Desde la casa de Espelt, buscamos los caminos que bajan al acueducto. En esa cuesta, hay un pequeño laberinto de caminos, la mayoría de los cuales buscan cruzar el barranco por distintos puntos. Pero nuestro interés prioritario está en el acueducto. Desde allí, volvemos a seguir el canal, que va recorriendo la cuesta debajo de los campos de Espelt hacia el sur. Al final, desemboca en una balsa de hormigón con lavadero, al lado de un agujero más antiguo que probablemente estaba revestido con piedras. El canal sale de la balsa por una esclusa y baja hasta un segundo nivel, donde hay otro canal y un tubo de Uralita que baja hasta el horno de piedra que está al lado del puente de Espelt. Veremos al volver al coche que el tubo llega hasta una turbina debajo de la pista, que se usaba para mover la maquinaria para moler la piedra.
Seguimos el segundo canal que continúa hacia Les Planes. Al final, lo tenemos que dejar por falta de luz pero hemos recorrido 1,4 kilómetros desde el punto de toma en el río, y aún continúa. También está claro que hay dos épocas: una moderna a la que correspondería el acueducto, la balsa de hormigón y el tubo del horno y otra más antigua que es la que hemos dejado sin saber todavía su destino final. Hasta hoy, desconocíamos su existencia.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 14,4 km; 350 metros de desnivel acumulado.




domingo, 9 de enero de 2011

31/12/2010 – Tubau

Como las golondrinas, Pep ha ido al sur para pasar el año nuevo y me ha dejado solo con Carles y Josep Mª. Decido variar de zona y vamos a Sant Jaume de Frontanyà a buscar el camino antiguo a Ripoll que pasaba por el espectacular Pas de les Baumes.

Hasta el Coll de Sant Jaume, el camino estaba claro, así que dejamos el coche en ese punto y buscamos una colita que había visto hace algunos años que sería la continuación. Desde el punto de vista caminístico, es un terreno difícil; tierra blanda, yerbada, muy erosionada y surcada por muchos torrentes y con un atractivo paisajístico escaso. Pero tenía reservadas para mis jóvenes alumnos unas vistas espectaculares en el Pas de les Baumes.
El camino se ve bastante claro y nos lleva a las ruinas de Cal Ribollet. Desde Cal Ribollet el camino es más perdedor pero lo acabamos encontrando bordeando los campos hasta la pista que va a la casa de Tubau. Desde la pista, llegamos a Cal Roma, perdiendo y encontrando caminos, y de allí a las casas de El Soler y el Cap del Camp, las dos últimas en ruinas.



Las ruinas de Can Ribollet

La casa de Tubau, todavía habitada. Se ve el campanario de la iglesia románica detrás


Desde el Cap del Camp, quería encontrar el camino que subía al Coll de la Creu de Soler. No acabamos de encontrar su trazado y salimos a la pista del Pedró de Tubau mucho antes del Coll de la Creu de Soler. Volveremos a intentarlo en la bajada.
Desde este collado, bajaba el camino al Pas de les Baumes, único paso por los Cingles (o Riscos) de Tubau. Hace unos cuantos años, Pep y yo habíamos dilucidado parte del trazado de este camino. En realidad, hay muchos caminos, probablemente fruto de una intensa explotación forestal en el pasado. El terreno tiene forma de embudo y todos los caminos acaban en un torrente que cruza el embudo hasta lanzarse por el abismo. Actualmente, el Pas de las Baumes forma parte de la nueva ruta del Ermitaño. Seguimos las marcas rojas que toman un camino marcado que baja en diagonal hacia la derecha y que ya conocía. Cruza el torrente y se dirige hacia el precipicio. Pero el camino se acaba y las marcas bajan como pueden la pequeña cuesta hasta llegar al torrente. Evidentemente, no han marcado el camino correcto. De cuando vine con Pep, recuerdo que el camino antiguo cruzaba el torrente mucho más cerca del precipicio y al cabo de un rato, vemos una zona amplia y entramos en el camino antiguo.


El Cingle del Roquerol

Salimos del bosque y la vista se abre. Vemos las paredes infranqueables del Cingle del Roquerol a la izquierda y los Cingles de Tubau a la derecha. Delante, el pequeño poblado de Aranyonet y detrás, las montañas que conforman la última línea antes del Pirineo Axial, detrás de Castellar de n’Hug y Montgrony. Llevo a Carles y Josep Mª hasta las Baumes, que son pequeños huecos cortados al pie de la roca, al lado de los cuales pasa el camino. Cuando el camino empieza a descender, damos la vuelta y buscamos el trazado correcto del camino antiguo hasta el Coll de la Creu de Soler. Tras unas dudas en el último tramo, lo resolvemos todo. Una vez que lo has hecho, es obvio y uno se pregunta porqué los que hicieron la ruta del Ermitaño no se esforzaron un poco más en buscar el trazado correcto en vez de seguir el camino más visible y al final tener que hacer una chapuza.


Les Baumes

Carles y Josep Mª contemplan la vista. Detrás, el Cingle del Roquerol y delante, el abismo


En el Collado de la Creu de Soler, almorzamos. Josep Mª ha traído café que me devuelve fuerzas para buscar el camino de bajada. Vamos siguiendo un camino muy erosionado que al final desemboca en campos en un cruce de caminos entre El Soler y Cap del Camp.

Cerca del Cap del Camp, el mapa del Alpina marca dos casas más, Cal Trempat y Cal l’Eugasser. Desde el Cap del Camp, seguimos un camino muy marcado pero nos deja demasiado alto y tenemos que bajar. Encontramos la primera casa pero me equivoco en la lectura del mapa y vemos la segunda casa desde el lado equivocado de un barranco que ahora es demasiado tarde para cruzar. Continuamos por este terreno tan difícil, a veces con camino y a veces sin, hasta llegar a la carretera y de allí al coche. Aún quedan cosas por aclarar aquí.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 11,3 km; 540 metros de desnivel acumulado.