Aquí relato nuestras salidas por los caminos del Berguedà y comarcas vecinas. Como lo pasamos muy bien, queremos comunicar sobre todo buen humor y alegría pero también tiene un fondo muy serio: el camino como bien patrimonial, pieza esencial para entender la historia y digno de conservación. Es nuestra misión desde hace más de 15 años.



sábado, 25 de enero de 2014

10/1/2014 – El Camino de Sant Julià de Freixens a Vallcebre

Hoy, es Carles que no puede venir. No es la primera vez que Pep se entusiasma con una zona que durante años había descartado, por no decir despreciado. Esta vez le ha tocado a la zona central de Vallcebre, entre el núcleo del pueblo y la Foradada. Mirando el mapa antiguo de la Minuta, muchos caminos ahora son pistas pero hay el camino desde Sant Julià de Freixens, que se bifurcaba desde el camí ral del Collet a Saldes y Gòsol (ahora convertido en la Ruta de Picasso) y que Pep está convencido que no pasaba por la carretera actual.

Al no venir Carles, ninguno tiene los caminos de la Minuta en el GPS y vamos medio ciegos. Suerte que Pep lleva parte de la ruta en la cabeza. Aparcamos el coche en el mirador de Cap Deig en la carretera e intentamos encontrar la bajada hacia la iglesia de Sant Julià de Freixens, dejando las mochilas en el coche. El resultado es un fracaso rotondo. Las obras de la carretera actual lo han removido todo, borrando cualquier indicio del camino.

Al otro lado de la carretera, vemos algún resto, convertido en antigua pista, que iba hacia el ‘grau’ pero no tarda en ser cortado por la carretera. Volvemos al coche. Mirando hacia arriba, veo una abertura sospechosa en las rocas y planteo la posibilidad de que el camino pasara por ahí.

Paso del antiguo camino encima de la carretera actual, en Cap Deig

Nos ponemos en marcha para subir la pequeña cuesta. Un payès que viene en coche por la pista de La Barceloneta, nos toma por unos excursionistas extraviados y nos pregunta dónde queremos ir. Intento explicarle en mi catalán británico que estamos buscando caminos antiguos y le enseño la abertura en la roca. “Por allí pasaba la antigua carretera”, dice. Así que lo que fue camino en los años 20 ya era carretera en los años 60.

Llegamos al punto en cuestión y confirmamos que por allí pasaba el camino. Damos la vuelta y buscamos la continuación hacia Vallcebre. En los campos encima de la casa de Cal Berto vemos dos hileras paralelas de piedras, signo inequívoco del camino. Lo perdemos en el Torrent de la Jou y lo volvemos a encontrar subiendo hacia el cementerio.

El trazado del camino antiguo cerca de Cal Berto

Entramos en el pueblo. Hoy, Pep tampoco me deja tomar café en el bar del pueblo. En su mente ordenada, no hay lugar para esos pequeños vicios que tenemos los demás mortales. Volvemos a tomar el mismo camino que la semana pasada, saliendo de Cal Maçana, pero esta vez continuamos hasta el molino, siguiendo otro camino antiguo de la Minuta. 

Las ovejas buscan calor bajo la línea de alta tensión

Cal Andorrà; la casa antigua se ha convertido en pajar

Se acerca la hora de comer y las mochilas, con la comida y el agua, están en el coche. “¿Cómo vamos a subir al coche?”, pregunto ingenuamente, pensando en que tenía otro camino antiguo para subir. Pero no, busca la línea de roca blanca que es la continuación de la Cingle de la Foradada. Aquí no hay ningún camino pero se ha marcado un paso entre las rocas que sube hacia arriba. Tiene algunos puntos que se acercan incómodamente al borde del precipicio pero, como contrapartida, ofrece unas vistas espléndidas hacia el norte, con Gisclareny, el Cadí y Pedraforca.

Pica el sol e, intentando no mirar demasiado el abismo a la derecha, paso toda la subida pensando en la botella de agua que me está esperando en el coche. Por fin, llegamos, cogemos las mochilas y buscamos un lugar soleado en las rocas.

Tenemos una vista prácticamente de 360º. Mientras comemos, la vamos recorriendo con los ojos, anotando mentalmente los caminos que van cruzando valles, collados y bosques. “La verdad es que hemos estado en todas partes”, resumo. “Cierto”, contesta Pep. “Ahora toca repasar y enseñar a los jóvenes”.

Parte de la vista desde nuestro comedor

Cómo aún tenemos tiempo, Pep quiere intentar una vez más encontrar la bajada a Sant Julià de Freixens, desplazándonos un poco más hacia el este. Pero el resultado es el mismo. Definitivamente, aquí el camino desapareció sin dejar rastro.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 8,5 km; 350 metros de desnivel acumulado.

3/1/2014 – Caminos de Espunyola a Capolat

Pep pasa el año nuevo fuera del Berguedà así que somos Carles y yo. Aprovecho para proponer una ruta turística: el GR que sube desde Espunyola a Capolat. Detrás de Espunyola, se erige una línea de ariscos de piedra arenisca, que es la continuación de Les Marías que empiezan en La Valldan. Sin embargo, hay múltiples rutas para subirlos, muchos de los cuales aprovechan los barrancos creados por el agua. De hecho, en esta ruta, subiremos por uno y bajaremos por otro.

Han pasado unos cuantos años desde la última vez que subí el GR. En esa ocasión, estaba bastante estropeado por una explotación forestal agresiva, con la abertura de pistas nuevas.

Aparcamos el coche en la Iglesia de Sants Metges, al lado de la bonita casa de Cal Macià, dedicada al turismo rural. Hace sol y las temperaturas son anormalmente suaves para la época del año. Primero vamos por una pista entre grandes bloques que han caído a lo largo de la historia desde las imponentes paredes de roca detrás. Vamos alternando tramos de camino y de pista; el paso del tiempo ha suavizado el impacto de las pistas de desembosque pero todavía son bastante feas y pedregosas.

En la pista al inicio de la ruta, pasando por un bloque centenario

Mientras subimos, lejos de los oídos de Pep, Carles me hace una confesión: “Tu blog está muy bien, Steve. Sólo le falta la parte histórica”. Yo también tengo que hacer una confesión. En realidad, estoy escribiendo el blog para los nietos de Carles. Cuando le digan: “Avi, avi, cuéntanos otra vez cuando salías a buscar caminos con Pep y Steve”, no tendrá que esforzar mucho la memoria y siempre tendrá a mano un cuento nuevo.

Carles contempla la vista, con Montserrat al fondo 

Como ya he dicho en una entrada anterior, Pep ya había hecho un catálogo de todos los caminos – absolutamente todos – de Capolat por encargo del Ayuntamiento antes de que empezara a escribir el blog y por eso no tenía razones para volver, excepto para hacer turismo. Sin embargo, yo sí que tenía una colita (ver Glosario) que salía de la casa de Casanova de Folgues y pensaba incluirla en la ruta de hoy.

 El tramo final de la subida, donde el camino todavía se conserva intacto

El Salt de Sallent

Llegamos arriba, pasando al lado del Salt de Sallent, que se convierte en una espectacular cascada en épocas de lluvia. Un camino a la izquierda va a Cal Feneca, una vivienda habilitada dentro de una cueva y ahora vallada para usar como refugio de cabras u ovejas por el habitante de una pequeña rulot, actualmente vacía.

Cal Feneca; todavía se ven los restos de algunas paredes

Seguimos por el GR pero antes de llegar a la casa de Comamorera, nos desviamos por un camino que nos acaba llevando a la iglesia de Sant Martí de Capolat. Con la iglesia a la vista, giramos a la derecha para buscar el camino de Casanova de Folgues, que encontramos tras algunas dudas en un estado bastante tapado.

La iglesia de Sant Martí de Capolat y su rectoría, con las rocas de Els Tossals detrás. Aquí sí se notaba el viento del norte y nubes amenazadoras cruzaban el cielo a gran velocidad

En los prados delante de la casa, comemos. Si no fuera por el color amarillo de la hierba y el hecho de que estamos en enero, casi se podría pensar que estamos en primavera. Pero no nos engañemos, el invierno acaba de empezar y quedan al menos dos meses en que puede pasar de todo.

Por fin, ha llegado el momento de seguir mi ansiada colita. Pasamos detrás de la casa y veo que el caminito que había allí ha desaparecido y en su lugar hay una pista. De todos modos, atando cabos, lo más probable es que llevara a unos campos cercanos así que no me duele demasiado su pérdida. Pero ahora me he quedado sin objetivos y divagamos sin rumbo por el bosque.

Decido subir hacia la Serra de la Llosa en busca de más caminos. Encontramos un camino de linde entre fincas, que en el llano arriba se convierte en pista. Llegamos otra vez a la carretera, esta vez con la iglesia de Sant Martí a la izquierda y el Santuario de Tossals delante. Y volvemos a girar a la derecha para volver a bajar.

Pasamos por una zona extensa de cultivo, ahora convertido en bosque. La regularidad de los pinos sugiere una plantación. El ambiente es muy tranquilo y soleado; vamos bajando en silencio por una pendiente suave.

El pequeño pantano de Espunyola

Llegamos a la pista que lleva al pantano de Espunyola. Dejamos el pantano a la izquierda y seguimos bajando por una pista pedregosa con bastante pendiente. Por suerte, Carles ve a la izquierda los restos del camino antiguo y bajamos. Ya conocía la existencia de este camino pero lo que no sabía era que llegaba tan arriba. 

El camino que baja del pantano a Sants Metges

Doscientos metros después, el camino se pierde, sepultado por las obras de la pista y bajamos sin camino por la cuesta hasta encontrar la parte conocida del camino, ahora convertido en un tramo de la Xarxa Lenta. Es un camino sinuoso que pasa con una pendiente suave entre las encinas y esquivando grandes bloques de piedra caídos desde arriba. Es altamente recomendable, en mi opinión la ruta más atractiva entre las señalizadas para ir de Espunyola a Capolat. Bajar este camino ha sido posiblemente lo mejor de la salida de hoy.

La iglesia de Sants Metges con el cementerio detrás

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 10,5 km; 500 metros de desnivel acumulado.

miércoles, 1 de enero de 2014

13/12/2013 – Grau del Moro, Grau de la Foradada, Grau de les Granoteres

Hoy llegamos al Mikado con una novedad importante: no una sino dos preguntas, y una fecha, el 9 de noviembre de 2014. Los dos grandes partidos estatales se han puesto de acuerdo para defender la unidad de España e insisten en que la consulta no se celebrará.

“¿Dónde vamos?”, pregunta Pep. “¿Dónde quieres ir?”, es mi contrapregunta cautelosa. “Donde quieras. Estoy abierto al diálogo”, responde Pep pero aún recuerdo la acusación en octubre de que no le dejaba acabar los sitios y propongo hacer los tres últimos ‘graus’ que nos quedan en la Cinglera de Vallcebre.

Salimos de Berga con 0ºC pero en la carretera de Saldes ya son -5ºC y la hierba al lado de la calzada está blanca de escarcha. “Desde luego”, dice Pep, “pudiendo elegir cualquier sitio en el Berguedà, nos tienes que traer al más frío”.

Aparcamos el coche en el pequeño parking fuera del camping, delante de la carretera que va a Sant Corneli. Caminamos carretera arriba hasta la Foradada. Hace frío. El primer ‘grau’ es el Grau del Moro, que sale desde la fuente a pie de carretera. Después de un corto flanqueo, entra en una falla en la pared y la sube, con la ayuda de peldaños cortados en la roca y cadenas.

 Subiendo el Grau del Moro

Y una vez arriba

Llegamos arriba. Ya no tenemos tanto frío y giramos hacia la Foradada. Aquí se abrió a barrenadas un paso hasta la carretera, más que nada para el mantenimiento del teleférico que entre los años 40 y 60 transportaba el carbón desde el Coll de Pradell hasta el Collet, donde pasaba el antiguo ‘carrilet’ de Guardiola a Manresa.

El paso de la Foradada

Una de las estructuras curiosas cerca de la Foradada es el molino, que aprovecha un hueco en las rocas encima del torrente. El agua se hacía llegar por un canal de obra, bajaba por la maquinaria y salía por una especie de portal.

El molino

Todavía es muy pronto para ir al tercer y último ‘grau’, así que decidimos seguir un camino señalizado de la Xarxa Lenta que no conocíamos y que va a Vallcebre. Pronto se bifurca y subimos el camino de la derecha, reservando el camino de la izquierda para la vuelta. Entramos en el pueblo por Ca l’Andorrà. No me dejan tomar un café en el bar del pueblo y volvemos a salir por el otro camino, que pasa al lado de Cal Maçana, antiguo hostal.

El pueblo de Vallcebre

Entramos en un bonito camino que va bordeando los campos, cruza una pista y luego entra en un pequeño robledo con unas piedras muy sospechosas desparramadas por el suelo. 

 La primera parte del camino, que pasa entre los campos

Y la segunda parte, ya en el robledo

Llegamos a una carretera asfaltada y giramos a la derecha. Caminamos por un paisaje eminentemente agrícola con campos, prados y casas diseminadas. El contraste entre sol y sombra es marcado. Pasamos al lado de Cal Ton y finalmente nos plantamos delante del poste indicador del Grau de les Granoteres.

Antes de enfrentarnos al precipicio, decidimos reponer fuerzas y comemos. La seguridad del Camp de la Martina parece muy lejos y muy abajo; el poste avisa que el ‘grau’ no tiene conexión. Mientras Carles y yo compartimos chocolate, Pep baja a explorar. Unos 10 minutos después, vuelve. “Un camino magnífico, espectacular. Aunque hay un trozo de roca con hielo que no te gustará”, añade, mirándome a mí. Pero no me dejo asustar y paso el tramo de roca sin problemas y entramos en una especie de cañón.

 La entrada del 'grau'

Pasando por el cañón

El camino está acondicionado y baja por una estrecha fisura en la roca. La última bajada tiene peldaños de hierro y cadenas y salimos a una faja intermedia con caminos a la izquierda y derecha.

Pep y Carles me esperan al pie de la última bajada acondicionada del 'grau' 

Giramos a la derecha y el camino parece acabar en una gruta formada por una roca adosada. Vemos clavos que marcan vías de escalada. Probamos el camino a la izquierda. Ha sido limpiado, se supone por escaladores, y se ve alguna vía. Sin embargo, el camino se hace cada vez más precario y tampoco tiene intención de bajar sino que va siguiendo una repisa cada vez más estrecha. Al final, parece que nuestro escalador se cansó de limpiar y nos deja tirados sin más opciones que dar la vuelta.

La explanada pasada la pseudogruta, pero aún faltaba un último escalón de bajada

Volvemos a pasar por la pseudogruta y tras un flanqueo un poco delicado, el camino se vuelve a ensanchar y forma una explanada. Me paro para tomar fotos y cuando continúo, veo que Pep y Carles ya han bajado un tramo de roca que, esta vez, no tiene cadenas ni ningún otro tipo de ayuda, y me están esperando.

“Cuidado, Steve”, me dice Pep. No falla. Podría decírmelo antes de pasar, para que me fijara en cómo lo hace él pero no, cuando ya ha alcanzado un lugar seguro, da la vuelta y me dice que tenga cuidado. “No soy tan torpe como él quiere hacerme creer”, digo para mí mismo en tono desafiante. Me deshago de todos mis bienes terrenales: bastón, mochila, cámara y sombrero, para que no me estorben, y bajo la roca.

Aunque no lo parezca, el 'grau' baja por una fisura escondida aquí, saliendo en la roca cuadrada en el centro. La pseudogruta está a la izquierda.

A partir de aquí, es un descenso por el bosque hasta llegar al prado grande que veíamos desde arriba. Bajamos por un paisaje helado hasta llegar al coche.


Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 9 km; 600 metros de desnivel acumulado.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

6/12/2013 – La Solana de Malanyeu

Hoy es festivo y no pueden salir ni Pep ni Carles pero Josep Mª sí. Suelo aprovechar las salidas con Josep Mª para hacer rutas más turísticas y esta vez no es ninguna excepción. Entre los muchos lugares que faltan en este blog, está Malanyeu.

Dejamos el coche en el cruce que va a la iglesia, al lado de la antigua escuela. Una pareja de escaladores de mediana edad se preparan para subir las paredes detrás de la masía del Llomà pero nosotros vamos en la dirección contraria, hacia Cal Frare. 

Lo que queda del Molí de Baix; la salida del agua se ve abajo

Desde allí bajamos, al Molí de Baix y de allí al Grau. Es un paso estrecho que permite pasar la Cingle del Devesó pero tiene la curiosidad de tener clavado encima una enorme roca a modo de tapón. El que vivía en Cal Frare me contó hace unos años cómo les había sido despertado una noche un gran estruendo y la mañana siguiente habían visto que había caído esta roca sobre el ‘grau’.

El Grau, con la roca que hace de tapón. No se aconseja quedar debajo admirándola, por si las moscas

Ahora está marcado como parte de una ruta de pequeño recorrido y continúa al otro lado por el bosque hasta llegar a las ruinas de la Solana de Dalt. Allí, en vez de seguir la pista, que sube en grandes zig-zags, busco el camino antiguo, que sube más recto, hasta llegar a la casa de la Solaneta.

Al llegar a la casa, salimos de las sombras y empezamos a tener calor. Hasta ahora, Josep Mª ha estado muy callado pero me confiesa que había quedado hasta muy tarde viendo películas en la tele y estaba un poco dormido. Pero ahora los dos nos empezamos a animar, como lagartos que pierden su letargia al calentarse al sol. El camino PR baja hacia el Rec de Malanyeu y la Roca de la Tuta. Es un camino nuevo para mí, no está en mis mapas y decido seguirlo.

Es una decisión del todo acertada. Bajamos por el bosque por un camino bonito, pasamos al pie de la Roca de la Tuta y llegamos a un edificio que había sido una molina que utilizaba la fuerza del agua para hacer funcionar las máquinas cortadoras.

La Font de les Travesses

Al llegar al torrente, volvemos a la umbría y el frío. Quería que Josep Mª viera la Font de les Travesses, uno de los reclamos turísticos de este pueblo. Es una fuente al pie de una gran roca con grandes hayas que le da un aire de misterio. Es un lugar muy agradable y fresco en verano pero una nevera en invierno y, para colmo, parece que todo el agua va canalizada por un tubo de goma al Llomà.

Continuamos subiendo por la pista, paralela al torrente, hasta que acabe. Desde aquí continúa un camino. Era el camino para ir con animales desde Malanyeu hasta Sant Julià de Cerdanyola o Falgars. Vamos subiendo por el bosque. Ya hemos ganado bastante altura y vemos abajo la casa del Llomà. En la cresta, giramos a la izquierda. De hecho, el camino continúa hacia el norte, bajando hasta la Collada de les Bassotes, convertido (o destrozado, según se mire) hace unos años en pista de desembosque, como he explicado en otra entrada en este blog.

En el camino de la cresta. Delante, la cara sur de la Cingle de la Rota y detrás, las Cingles de Vallcebre

El camino se estrecha

El camino de la cresta, también pintado con marcas amarillas y blancas de PR, empieza ancho, dando una sensación falsa de seguridad, pero se va estrechando hasta quedar en la mínima expresión, pasando al norte o al sur de una arista tan afilada como una navaja, o incluso encima del mismo filo.

El lector asiduo, conociendo mi poca afición a los precipicios, sobre todo los bilaterales, como nuestro amigo Armengué, podría preguntarse porqué di ese fatídico giro a la izquierda.

La cara norte de la Cingle de la Rota. Hacia el sur, la niebla cubre el Llobregat

Hace unos años, había recibido el encargo de hacer la descripción de la ruta de pequeño recorrido creada por Sant Julià de Cerdanyola, que recorre la periferia del municipio, incluyendo esta cresta. La hice con mucha trepidación, porque estaba solo. Más tarde, alguien me dijo que habían repasado esta parte de la ruta y tenía curiosidad por ver en qué había consistido este supuesto repaso. Hoy, lo veo igual de aéreo; lo único, quizás un poco más de pintura para que nadie se pierda o se equivoque.

Mirando hacia atrás. Por suerte, el camino pasa por la izquierda a la cara norte

Por fin, desviando la vista de las caídas verticales a mi derecha e izquierda siempre que pueda, llegamos al cruce con el camino del Mal Pas. Este camino viene de Sant Julià de Cerdanyola a Malanyeu casi en línea recta pero sólo es apto para hacer a pie. Hace unos años, sobre todo cuando tenía un piso alquilado en Sant Julià de Cerdanyola, había hecho esta ruta unas cuantas veces, antes de que fuera pintada como parte de la Xarxa Lenta. Incluso había traído a mi padre cuando éste debía rondar los 70 años.

El tramo ‘problemático’ de este camino es la bajada sur por una estrecha faja que recorre la pared vertical en diagonal y es el único paso posible. Hoy, está bien señalizado pero eso no impide que tenga algunos puntos un tanto delicados y, bajando por este paso precario, me quedo asombrado de que tuviera la insensatez de traer a mi padre aquí y de que, además, me siguiera sin decir ni pío.

En la Creueta. Detrás, la silueta inconfundible del Pedraforca

Por fin, llegamos a tierra firme, por así decirlo, y subimos la cuesta por el bosque hasta el lugar llamado La Creueta, el lomo encima del Clot de la Rota, con unas vistas enormes, y en una ‘bauma’ (o pequeño hueco en la roca) cercana, comemos. Dicen que para curar las fobias, hay que exponerse a los objetos o situaciones que las causan. He probado esta teoría con la dentista, con un éxito desigual, y también con los precipicios, también con unos resultados más bien regulares. En fin.

Bajamos por el bosque de robles hasta llegar a la casa de Molnell. Antes cuatro paredes que apenas se aguantaban en pie, alguien ha construido sobre el solar una casa de diseño que tiene cierto aire escandinavo. De montaña no tiene nada, pero tampoco es fea y está claro que a su dueño le sobra el dinero.

El nuevo Molnell

Volvemos a enlazar con la pista que va a la Font de les Travesses pero en vez de girar a la izquierda, giramos a la derecha y bajamos hacia el núcleo del pueblo, pasando por el Llomà. Al volver, vemos el lugar lleno de coches y gente.

 El Llomà

Mirando hacia el núcleo de Malanyeu

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 11,1 km; 630 metros de desnivel acumulado.

martes, 10 de diciembre de 2013

29/11/2013 – Grau Pastisser, Grau de Cal Gat y Grau del Llentiar

Otra semana de frío y este viernes iba a ser el día más frío de la semana. El día antes, pregunto a Pep: “¿Salimos o nos quedamos en casa?”. Pero Pep no se da por vencido y, en el fondo, yo también quiero salir. “Lo probamos”, propone.

En el mapa del Alpina, salen dos ‘graus’ a cada lado de Cal Barbut, Grau Pastisser y Grau del Llentiar, pero nunca los habíamos localizado y tampoco se les da publicidad.

Dejamos el coche en la carretera, cerca de Cal Barbut. El termómetro marca -2ºC pero no hay viento. Al sol no se está tan mal. Detrás de la casa, vemos una fisura profunda en la roca. ¿Será el ‘grau’? Carles lo prueba pero no tiene salida. Pero lo que interesa más a Pep son unos agujeros cuadrados tallados en la roca pero no me deja decir nada más. El calor del sol rebota de la pared y quitamos guantes y gorros.

Esto no lo pudimos subir. Es La Canal, detrás de Cal Barbut. El 'grau' auténtico está más a la derecha

Continuamos caminando a pie de la roca hasta llegar a otra canal que parece factible pero muy tapada. Pep sube primero, oímos cómo pelea con el boj. Carles y yo subimos un poco más y esperamos noticias. Un bastón que golpea el boj, exclamaciones, palabras mal sonantes y de repente, “Estoy arriba. Subiros”.

Es uno de esos momentos en que uno no sabe qué es peor: seguir subiendo o intentar bajar. Otra opción sería quedar clavado y llamar a los bomberos pero la acabo descartando: si Carles y Pep han subido, yo también. Subo una cuesta francamente desagradable, agarrándome al boj que intenta arrojarme al vacío.

Al salir de este ‘grau’ dudoso y absolutamente no recomendable, me encuentro con un Pep sonriente que me extiende la mano. “Felicidades. Choca esos cinco”, me dice. Pero no estamos a salvo todavía. Arriba es una selva de boj que tapa un suelo rocoso lleno de agujeros rompetobillos. Avanzamos hacia el oeste, hasta ver un camino usado por animales que baja por la roca. Pep lo baja. Cuando vuelve, nos cuenta que llega a una faja que empalma con el ‘grau’ anterior, pero más abajo, y probablemente era el Grau Pastisser auténtico.

Intentamos encontrar el otro ‘grau’, el Grau del Llentiar, sin meter el pie en los múltiples agujeros que acechan bajo la vegetación, pero es imposible y acabamos bajando la cuesta hacia el norte, hasta entrar en el camino principal que va del Grau de la Mola al Grau de Cal Gat.

La belleza austera de los paisajes de invierno, desde el Grau de Cal Gat

Este ‘grau’ está acondicionado como parte de la Xarxa Lenta y antiguamente se podría haber hecho con animales. Evidentemente, César August Torras no llegó hasta aquí. En una zona llana con una vista espléndida, comemos.

Pep y Carles contemplan el paisaje en el Grau de Cal Gat

Bajamos hasta las casas de Fumanya y en la roca, hay más agujeros tallados de los que no me está permitido decir nada. Caminamos por los campos. El calorcillo del sol y el silencio generan una sensación de serenidad que contrasta con las emociones fuertes de hace unas horas. 
Arándanos, frutas de invierno

Entramos en un camino antiguo, que debe ser el camino de Fumanya a Cal Barbut y lo seguimos. Cerca de la casa, vemos una cuesta factible en la pared de roca que podría ser el Grau del Llentiar pero ya no queda tiempo para investigarlo.

Otra visión de Fumanya, desde el camino de Cal Barbut

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 5,1 km; 280 metros de desnivel acumulado.

22/11/2013 – Grau de la Granota, Grau del Jou, Grau de Sant Climent

Ya no hace falta preguntar a Pep dónde iremos. La única duda es si iremos a la izquierda o la derecha del Grau de la Mola. El hombre del tiempo había avisado de vientos fuertes del norte y frío. En la subida a Sant Corneli, los trozos de la carretera donde todavía no ha llegado el sol tienen una capa de nieve granulada o escarcha y Pep opta por la prudencia.

Aparcamos el coche en el mismo sitio que la semana anterior, en la entrada de la pista del Grau de la Granota. Nada más abrir la puerta, el viento nos golpea con fuerza. Resisto la tentación de volver a entrar en el coche y cerrar la puerta y nos ponemos en marcha.

Grau de la Granota

Nunca había subido este ‘grau’, precisamente porque es tan fácil. De hecho, está hormigonado para que suban vehículos pero las rocas a su alrededor tienen unas formas curiosas. Hacia el norte, se ven los efectos del ‘torb’ en el Moixeró, Tosa d’Alp y Puigllançada. El ‘torb’ es el nombre que se da en catalán al viento del norte que levanta la nieve. La temperatura baja en picado, la visibilidad se reduce a prácticamente cero y es muy peligroso.

Tosa d'Alp muestra su cara menos amable bajo el efecto del torb

Llegamos a la casa de Cal Menut; detrás, Puigllánçada y Tosa d'Alp

Con un fuerte viento, llegamos a la casa de Cal Menut, arreglada y habitada. Intercambiamos saludos con su dueña y luego buscamos el Grau del Jou, al otro lado de la casa. Es otra vía acondicionada que permite bajar a pie y conectaría con la casa del Jou. Antes de llegar al Jou, nos desviamos por un camino a la izquierda, que nos lleva prácticamente en línea recta a la casa de Soldevila, debajo del Grau de Sant Climent. Empezamos a subir el camino señalizado del ‘grau’ pero, antes de llegar a arriba, nos dejamos distraer por unos caminos que marchan hacia el norte.

Un Pedraforca nevado se asoma detrás de los cerros de Vallcebre

Pep se adentra en uno de ellos y Carles y yo compartimos un poco de conversación y chocolate, haciendo caso omiso de los gritos que nos llegan de vez en cuando desde donde ha ido Pep. En el ajetreo de la vida moderna, siempre es agradable hacer una pequeña pausa para comentar cosas de la vida con un buen amigo. Por fin vuelve Pep. “Vaya par de vagos”, dice. “No te quejes”, le contesto. “Somos todo lo que tienes”.

Miramos algún camino más pero van hacia las casas del Clotet y lo tenemos que dejar. Luego en casa, miro mis mapas y veo que todos estos caminos ya se hicieron hace algunos años. Esa manía de salir sin mapas, pienso.

 El camino gélido que sube al Grau de Sant Climent

El Grau de Sant Climent desde arriba, con el viento calmado

Volvemos a subir el grau. Hace un sol espléndido y el viento ha amainado, así que buscamos un sitio soleado y comemos. Para volver al coche, el camino más rápido es por arriba, por la ruta que va bordeando el borde del risco y marcado como PR (Pequeño Recorrido). Es una ruta altamente recomendable, con unas vistas kilométricas. En poco tiempo, llegamos a Cal Menut, bajamos el ‘grau’ y llegamos al coche.

Una parte del panorama desde el camino que bordea la Cinglera de Vallcebre, mirando hacia Sobrepuny

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 9,5 km; 500 metros de desnivel acumulado.

martes, 26 de noviembre de 2013

15/11/2013 – Grau dels Boigs y Grau de la Canaleta

La semana después, estuve en Inglaterra. Pep y Carles acabaron de enlazar con el Grau de la Mola y luego ese camino tan bonito al Coll de Sant Ramón.

Está resultando muy difícil sacar a Pep de esta zona. Después de hacer el Grau de la Mola y el Grau de Cal Aleix o Cal Sastre con Carles, ahora quiere hacer los otros ‘graus’ (el Grau dels Boigs y el Grau de la Canaleta) hasta el Grau de la Granota. “No tenemos los tracks”, dice a modo de justificación.

Hace más de 10 años, llegué solo al Grau dels Boigs desde arriba y ver un salto vertiginoso con sólo una barandilla oxidada como única protección fue suficiente para convencerme que, como dice su nombre, había que estar loco para bajar por allí. Pero no quiero hacer de aguafiestas y acepto ir allí.

La vista del pantano de La Baells mientras subimos hacia el Grau dels Boigs

Aparcamos en la entrada de la pista que lleva al Grau de la Granota. Al bajar del coche, nos abofetea el viento del norte. El invierno ha llegado de golpe.  Dejamos la pista para tomar el camino que lleva al Grau dels Boigs. Para gran sorpresa mía, veo que la subida ha sido acondicionada con peldaños de piedra. Un roble marca la entrada en el ‘grau’ propiamente dicho, con los restos de una barraca y un camino misterioso que marcha hacia la izquierda. Entrando en la fisura en la roca que nos llevará arriba, veo más peldaños y cadenas nuevas de trinca a modo de barandilla para dar más seguridad en los tramos más expuestos. “Bueno, no es para tanto”, pienso, evitando fijar demasiado la vista en el abismo a mi derecha.

 Entrando en el Grau dels Boigs

Casi arriba

Llegamos arriba, donde nos vuelve a dar la bienvenida el viento del norte. Hace un frío intenso y Puigllançada y Tosa d’Alp ya están espolvoreadas de nieve. Pero la visibilidad es excelente y los robles están en su punto. Giramos hacia la izquierda, hacia el Grau de la Mola. 
La vista hacia el norte desde el Pla de Borromba

Llegamos al siguiente ‘grau’, el Grau de la Canaleta y lo bajamos. Sigue una canal que baja en diagonal y también está acondicionada con peldaños de piedra. Antes de llegar abajo, vemos otro misterioso camino que sale a nuestra izquierda, como si quisiera ir al Grau dels Boigs. Lo reservamos para más tarde y seguimos bajando, entrando finalmente en los campos de Cal Aleix.

Bajando el Grau de la Canaleta

Volvemos al camino intermedio. Va siguiendo una estrecha faja o repisa a media altura en la pared, de unos 3 metros de ancho. Paramos en una pequeña explanada para comer con una vista inmensa delante – Sant Corneli abajo y al otro lado del río, Malanyeu, La Nou, Sobrepuny, y el pantano más abajo.

El camino de la faja


La vista desde nuestro 'comedor'

Continuamos pero la faja se va estrechando, ahora no mide más de dos metros y de repente, un árbol crecido en medio parece cortar las posibilidades de continuar. Pep cree que el camino ha terminado y busca un sitio donde hay un pendiente asequible para bajar. Pero yo veo que sólo 20 metros más allá hay un pequeño collado y la faja se vuelve a ensanchar. Carles también quiere continuar y conseguimos pasar el árbol donde volvemos a encontrar el camino.

El camino se estrecha

Pasamos el collado y el camino se vuelve a estrechar; ahora no mide más de un metro y medio y tengo una caída libre a 50 centímetros a mi derecha. Pero unos 30 metros después, vuelve a ensancharse, en una pared se ven clavos de vías de escalada, hay excrementos de vaca en el suelo – estamos salvados. Poco después, estamos en el roble a la entrada del Grau dels Boigs. “Corto pero intenso”, resume Pep.

La faja que recorrimos es la línea verde que se ve a media altura de la pared. El árbol a la derecha es la entrada del Grau dels Boigs

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 4,4 km; 250 metros de desnivel acumulado.

Nota histórica:
César August Torras, el famoso excursionista de principios del siglo XX, dice tajantemente en su guía del Berguedà que sólo hay tres ‘graus’ para pasar las Cingles de Vallcebre: Grau de la Mola, Grau de la Granota y Grau de Sant Climent. Lo que quería decir realmente era que sólo hay tres ‘graus’ que se pueden hacer con animales pero hay unos cuantos más que se pueden hacer a pie y que permitían a los habitantes de la zona ahorrar unos cuantos kilómetros en sus desplazamientos.