Aquí relato nuestras salidas por los caminos del Berguedà y comarcas vecinas. Como lo pasamos muy bien, queremos comunicar sobre todo buen humor y alegría pero también tiene un fondo muy serio: el camino como bien patrimonial, pieza esencial para entender la historia y digno de conservación. Es nuestra misión desde hace más de 15 años.



lunes, 25 de julio de 2011

15/07/2011 – Coll de Jou y Canal dels Molins

Había llegado el momento de cambiar de escenario y Pep quería repasar los canales del Moixeró. Yo, siempre pensando en mis lectores, le pedí empezar con el Coll de Jou y él, siempre magnánimo, accedió, ya que nos permitiría repasar el camino de las torres eléctricas (ya lo explicaré) y el Canal dels Molins. Además, hoy puede venir Carles y él nunca había hecho el camino del Coll de Jou. A pesar de subir hasta 2.000 metros, este camino era utilizado desde tiempos inmemoriales para cruzar el Moixeró y pasar a la Cerdanya. Se menciona explícitamente en documentos medievales, con una orden del Barón de Pinós de mantener despejado el camino de nieve durante el invierno. Pep siempre ha mantenido que este camino era más importante que el del Coll de Pendís que, aunque es 300 metros más bajo, siempre ha sido vulnerable a los daños provocados por las crecidas del Torrente de Pendís.


Dejamos el coche en la entrada de la casa de Hospitalet de Roca-Sança. A principios del siglo XX, César August Torres habla de Hospitalet como un grupo de casas pobres recogidas alrededor de la iglesia – románica por cierto. Hoy, la iglesia ha quedado absorbida en una sola casa grande. Como indica su nombre, era un lugar de hospedaje para atender a la gente que pasaba el Coll.

La casa de Hospitalet, con las montañas de Greixer atrás. El ábside y el campanario de la iglesia están a la izquierda

La casa debe tener una quincena larga de perros, algunos atados, otros sueltos, muchos de ellos ladrando a nuestro paso pero sólo quieren hacer ruido. Entramos en el camino a la casa de Claper, ahora parte de la Xarxa Lenta. Tras un flanqueo inicial por las rocas, sube una cresta y marcha hacia Claper. Su categoría es indudable, haciendo interminables eses en las subidas y hundido un metro y medio por el paso de incontables miles de hombres y animales. Pasamos una nueva cresta y vemos Claper, recogido en el hueco de un pequeño valle. Era la última casa antes del Coll de Jou y también ofrecía hospedaje. Fue habitada hasta los años 50. Dicen que una noche, una enorme roca se desprendió de los ariscos de Roca-Sança y bajó dando tumbos con un estruendo tremendo. Por suerte para los habitantes de la casa, la roca saltó encima de la casa y aterrizó en los campos unos 50 metros más abajo. Hasta hace poco, aún se podía ver la roca pero ahora parece tapada por la vegetación. Poco después, los ‘masovers’ se marcharon de la casa, que quedó abandonada definitivamente. Un poco más arriba, hay la fuente de Claper pero ahora parece tapada (o desviada), porque apenas sale agua.
Hace poco, el camino fue restaurado con mucho acierto pero hay un pequeño fallo. No es culpa del restaurador sino que debe remontar a más atrás y sospecho que se debe a razones estéticas. Desde la fuente de Claper, el camino señalizado marcha hacia la izquierda al Camp del Teixo y luego sube por el lomo. Sin embargo, ya no se encuentra el camino surcado por siglos de uso hasta subir unos 40 metros por encima del prado, donde precisamente se une con el trazado del camino viejo, que baja en línea más recta hacia la fuente. Mi teoría es que se hizo este desvío en tiempos del excursionismo moderno (a partir de los años 60) para disfrutar de las vistas hacia las montañas de Greixer.

Llegando a la Roca-Sança

Una vez reunido con el camino viejo, se encamina hacia la Roca-Sança, que es una enorme pared al lado de la cual pasa el camino. Aquí, los arrieros del pasado hicieron grafitis, pintando o rascando cruces y fechas en la roca. Al lado de los grabados de los años 30, vemos otro que pone 1996. Hoy, ese grafitista de los años 90 sería un irrespetuoso pero estoy seguro que dentro de 100 años, los excursionistas del siglo XXII quedarán igual de maravillados al ver la fecha 1996 que nosotros al ver 1935. Una vez pasada la roca, el camino vuelve a subir con bastante pendiente pero son tantas las eses que raramente vemos más de 8 metros delante nuestro y estamos tan entretenidos con ir ahora a la izquierda y después a la derecha que los centenares de metros de desnivel van pasando apenas sin darnos cuenta.

Un viajero de 1935 tuvo tiempo para dejar esta marca

El paisaje siempre impresiona, por más veces que hagas la ruta. A ambos lados, muros infranqueables de roca calcárea barren el paso y este camino es todo un tributo a aquellas personas que, hace muchos siglos, supieron ver el paso que les llevaría arriba. Más hacia el este, las Muntanyetes – un caos de pequeños picos – rompen aún más el paisaje y el valle se cierra con Coma Floriu, detrás del cual se esconde el Coll de Pal.
Un último esfuerzo y llegamos al Coll de Deogràcies. No cuesta mucho imaginar porqué se le dio este nombre ya que a partir de aquí, es un corto paseo casi plano al Coll de Jou. Desde aquí, el camino baja con un trazado mucho más recto a Urús, en la Cerdanya.

 El Coll de Deogràcies desde el Coll de Jou

Y mirando hacia la Cerdanya desde el mismo punto

Tras un breve descanso, es el momento de seguir el camino de los pilones. En los años 20, se hizo un intento de llevar la electricidad a la Cerdanya con una línea de alta tensión que pasara el Coll de Jou. Los trabajos de construcción de las torres debían empezar en la Cerdanya, donde el relieve da relativamente pocos problemas, pero al pasar el Coll de Jou hacia el Berguedà, con tanto precipicio, la cosa se debía ir complicando cada vez más y el hecho es que la línea nunca se materializó. Sin embargo, queda un camino muy tenue que va enlazando los distintos emplazamientos de las torres.

Paisajes espectaculares como éstos nos acompañaron en el flanqueo hacia el Canal dels Molins

Iniciamos un flanqueo hacia el oeste por el lado berguedano. Anotamos el emplazamiento del primer pilón y, unos 200 metros más allá, de un segundo pilón pero aquí el camino se muere. Desde una cresta, Pep ve el camino abajo y desciende, seguido al poco rato por Carles, dejando a mi colgado arriba ya que, todavía convaleciente de fascitis plantar, me siento demasiado torpe para hacer este descenso a tumba abierta. Pep me grita, que me viene a buscar por el camino y que vaya retrocediendo hacia el primer pilón. Pep se reúne conmigo y vemos la bifurcación. Quisiera pensar que volvió al verme tan desamparado pero sospecho que le interesaba más tener el track completo del camino.

Como buen empresario, Carles sabe delegar las tareas operativas a personas de confianza mientras él desarrolla la visión estratégica

Mientras tanto, Pep se dedica a uno de sus pasatiempos favoritos

Pasamos por los agujeros del tercer pilón y de allí bajamos a la barraca y fuente de Canal dels Molins, donde almorzamos. En la roca encima nuestro, hay al menos 50 coronas de rey en flor y, en los arbustos, más apollos que moscas.
Desde aquí, mi mapa tenía una colita que marchaba plano y sospechamos que es la continuación del camino de los pilones. Después de comer, seguimos un camino cada vez más precario. Pep y Carles continúan hasta un collado donde Pep ve los agujeros del cuarto pilón en la cresta. Damos la vuelta y nos situamos nuevamente debajo de la barraca para continuar la bajada. No se ve nada del camino y tenemos que fiarnos de lo que tenía marcado en mi mapa, ya que lo hice una vez de subida con Pep hace unos cuantos años. Por suerte, al menos en este trozo, el mapa no falla y empezamos a ver restos del camino. Tras bajar unos 100 metros, vemos que ha sido limpiado por los cazadores y el resto del descenso se hace sin novedades, exceptuando la fuerte pendiente, lo estrecho y lo pedregoso del camino y el cansancio acumulado. No creo que vuelva a hacer ese camino.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 9,5 km; 860 metros de desnivel acumulado.

sábado, 16 de julio de 2011

10/7/2011 – El ferrocarril de Peguera

Al volver a casa el viernes, encuentro un e-mail de Josep María, que está libre y quiere salir de paseo. Me pregunto dónde le puedo llevar: ¿Alguna solana pelada, abrasada por el sol? ¿Sevilla? ¿Las Salinas de Utah? La última vez que salí con él, fuimos a los Empedrats y es actualmente una de las entradas más visitadas de mi blog. Decido probar suerte con otra ruta turística: el ferrocarril de Peguera, y además tiene la ventaja de estar protegido del sol.


Primero, un poco de historia. Debajo del pueblo de Peguera, hay carbón. El problema era cómo bajarlo al ferrocarril en el Llobregat. El dueño de las concesiones mineras, un tal Sr. Moreta, decidió construir un ferrocarril que bajara la umbría del valle de Peguera. Lo que emprendió fue una obra inmensa de ingeniería. La vía debía tener una pendiente suave y constante para poder bajar los vagones por gravedad y luego planos inclinados para bajarlos a la vía en el siguiente nivel. Para ello, hubo que construir paredes de apoyo y relleno y cortar pasos por la roca. Y también construir un puente para cruzar el río de Peguera. Como no era de sorprender, se quedó sin dinero y, por préstamos sucesivos, acabó perdiendo la propiedad de su empresa a otra empresa. El ferrocarril fue acabado en 1910. Fue conectado a las minas en Peguera y también bajó troncos traídos por teleférico desde los bosques de Moripol. Después de la Guerra Civil, quedó prácticamente abandonado pero el trazado de las vías aún queda y ahora forman parte de rutas de senderismo.

Dejo el coche en el fondo del valle, al pie de la subida a lo que voy a llamar la vía intermedia. Iniciamos la subida; el calor empieza a apretar y aquí aún hay pocos árboles. Llegamos a los edificios donde había el plano inclinado y, tras reponer fuerzas, entramos en la vía. Al otro lado del valle, se ven las casas de Cal Torner, Val-lobrega y, más adelante, Erola. Hemos subido 200 metros y ahora vamos planeando a 1.025 metros. A medida que entramos, el bosque se hace más espeso y, antes de llegar al final de la vía, la ruta señalizada marca un camino que sube en diagonal. Ahora estamos en un denso bosque de hayas, parte de Les Nous Comes. Anotamos carboneras, una fuente, y caminos secundarios. Subimos otros 200 metros hasta salir en la pista de Casanova. Aquí, la ruta verde y blanca busca un paso del río para ir a Erola y toma su relevo el GR 107, el Camí dels Bons Homes.

 En la vía intermedia

El camino de carboneros que sube hacia la pista de Casanova

Subimos 100 metros hasta lo que voy a llamar la vía superior. Se ven las barracas del plano inclinado pero no tomamos la vía. Hay otro camino que sube hacia el Pla de l’Estany, que tomamos. Subimos unos 100 metros más y salimos en la cresta que marca el límite de la finca de l’Estany (y de una concesión forestal no del todo respetuosa con el entorno) y el comienzo de lo que queda del camino de Berga a Peguera. Giramos a la derecha y caminamos hacia Peguera. El bosque de Nous Comes va ganando en madurez a medida que uno va subiendo y aquí se ven unos árboles centenarios. Este camino es muy recomendable a cualquier época del año pero sobre todo en otoño y primavera. Los claros en el camino dan vistas espectaculares del valle, hasta el pantano y más allá.

El cargador al principio de la vía superior

Vista desde el camino antiguo de Berga a Peguera. En el fondo, el pantano y el Catllarás

Vamos bajando hasta llegar a la vía superior, justo antes de un pequeño túnel que perfora una cresta, y poco después llegamos a las ruinas de un cargador. Aquí será el punto más alejado. Damos la vuelta y entramos en la sombra de las hayas para almorzar. Mientras comemos, pasa algún senderista pero toda la zona respira tranquilidad. No hace calor y no hay moscas, así que los dos estamos contentos.

 El túnel en la vía superior

Otra perspectiva de la vía superior

Una de las cosas de salir con Josep Mª es que las conversaciones son muy amenas. Somos muy diferentes pero siempre encontramos tema, aunque sea para recriminarle la manera en que destroza mi lengua materna. (¡A propósito, felicidades por aprobar el 5º curso de la EOI!).

Recorremos la vía superior de vuelta, disfrutando del bosque, deshacemos el camino a la vía intermedia y luego bajamos por otro camino a la pista en el fondo del valle, muy cerca de la captación de agua. De ahí sólo queda bajar la pista hasta el coche.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 14,2 km; 670 metros de desnivel acumulado.

8/7/2011 - Canals de Catllarí (3)

Hoy será nuestra última visita a los Canales de Catllarí y queremos mirar la zona debajo de la Casa Gran. Aparcamos el coche en la nueva carretera de circunvalación de Peguera, en la entrada de la pista a Ferrús. Para variar, había propuesto bajar por la pista al norte de la Serra de Camp de Vidre pero Pep insiste en bajar por la pista que pasa por el sur de la Serra, la misma que subí penosamente de vuelta al coche hace dos semanas, y hacer el camino de regreso por la pista al norte. Al preguntarle porqué, habla en términos vagos de menos pendiente y más sombra. Poco sospechaba yo que tenía una agenda oculta. Pero vayamos por partes.

 Así nos saludó la mañana. Hace el este ...

Y hacia el oeste

Nada más salir del coche, un rebeco cruza la carretera sin prisas delante nuestro. ¿Será un buen augurio? Vamos bajando la pista – nada que ver con hacerlo de subida – conversando sobre temas anodinos cuando de repente Pep se para. “Tenemos que bajar por aquí”, me dice. “¿Para qué?”, pregunto. “Tenemos que buscar la Balma de Risclaire”. “¿Sabes que hay un precipicio no muy lejos de aquí?”. “Confía en mí”, me conmina y empieza a bajar. Henos aquí bajando sin camino, a veces sobre roca pelada y a veces entre el boj pero siempre con la visión del abismo cerca, hasta llegar a un camino transversal casi borrado. Pep ya huele el triunfo y lo seguimos hacia la izquierda. Sin embargo, al cabo de unos 300 metros, renuncia sin haber encontrado la Balma y damos la vuelta. El camino sale delante de la casa del Collet del Prat, lo que indica que era un camino que tenía la casa para ir al bosque. Cruzamos el collado y bajamos por el camino restaurado como parte de la Xarxa Lenta hacia el río. Es un camino muy atractivo, que baja zigzagueando la cuesta empinada hacia el río.

Abetos en El Risclaire

Al otro lado, Pep quiere buscar la Balma del Borràs pero yo ya me planto. Las oquedades en las rocas no son santo de mi devoción y hoy he tenido mi cupo. Le doy mi GPS y mi cámara y que se espabile. Al cabo de unos 15 minutos, vuelve. Ha encontrado la cueva y un camino. Subimos al camino y ponemos rumbo hacia la Casa Gran. El camino entra en el camino de la Xarxa Lenta que baja hacia la Balma del Cavaller. Almorzamos al lado del río, bajo la sombra de los árboles.

Tritón pirenaico en el río de Tec

Desde allí, subimos el camino antiguo que arranca desde las ruinas del puente hasta la iglesia de Sant Martí dels Canals. Una vez en la iglesia, seguimos un camino transversal que entra en el camino de la Xarxa Lenta que baja desde el Collet del Prat. Al limpiar el camino, se tapó la entrada del camino transversal con ramas de modo que no se ve; ¿a propósito?, nos preguntamos. Volvemos a la iglesia y probamos otra colita pero ésta se muere y tenemos que volver al camino de la Xarxa Lenta. Hacerlo de subida ya no hace tanta gracia que bajarlo.

Restos del puente que conectaba la Casa Gran con el núcleo de casas y la iglesia al otro lado

Nos desviamos para llegar a la pista a la Collada de Peguera. Esta vez sí que vamos por la cara norte de la Serra del Camp de Vidre para volver al coche. Las fresas silvestres están en su punto. Ante la visión de esas bolitas rojas, afloran instintos primarios y nos afanamos a hacernos con las más jugosas.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 14,4 km; 710 metros de desnivel acumulado.

sábado, 9 de julio de 2011

Carles se sincera

El 3 de julio, cuando Carles ya llevaba más de 2 semanas sin salir, nos envió a mi y a Pep un correo sorprendente, que nos dejó a los dos boquiabiertos. Nuestra primera reacción fue que debía tener un mono de montaña de caballo pero como, incluso dentro de la persona más pragmática, hay un soñador que lucha por salir, previa autorización de su autor, lo transcribo aquí, traducido al castellano:

"LOS CAMINOS PERDIDOS


Muchos caminos antiguos hoy son caminos perdidos, hasta el día que consigues encontrarlos. Es un privilegio poder caminar sobre el trazado de un camino olvidado y a veces borrado sobre el terreno.

Es un momento mágico en el que todo se ve claro; pasado, presente y futuro se funden en un solo instante. Simbólicamente, recuperas la historia de miles de personas que, un día, hicieron el mismo camino y sientes la emoción de seguir sus pasos y compartir con ellos un paisaje similar.

Pero para las personas que todavía no los han pisado, siguen siendo caminos perdidos, y es que buscar caminos antiguos es una búsqueda personal."

1/7/2011 – Canals de Catllarí (2)

Hoy, la idea era entrar en los Canales de Catllarí desde la Serra de Cal Jardí. Este mes, Carles lo tiene muy complicado.


Dejamos el coche en la carretera de la estación de esquí de Rasos de Peguera, a la entrada de la pista de la Corba, encima de la casa dels Porxos. Seguimos las marcas blancas y amarillas del PR de Berga a Sant Corneli y luego tomamos el largo camino de flanqueo a la Serra de Cal Jardí, ahora parte de la Xarxa Lenta. Sin embargo, un poco pasado el desvío a la Cova de les Llosanques, vemos un camino que marcha hacia abajo que no habíamos visto en las muchas veces que hemos tomado este camino. Propongo un cambio de plan y lo tomamos. Al cabo de un rato, se pierde en una zona de tala pero suponemos que debía ir a Cal Jepolí.
Por pistas nuevas y antiguas, llegamos a Can Garrigues. Era la gran casa de la zona, con capilla propia y grandes extensiones de campos, además de una magnífica vista, pero ahora está todo en ruinas. Continuamos hacia el Coll d’Erola, primero por pista y luego por camino, que va flanqueando encima del antiguo ferrocarril.

 Las ruinas de Can Garrigues; la capilla está a la derecha y una parte de la casa a la izquierda.

La vista desde Can Garrigues, con la meseta de Busa y el Port del Comte en el fondo

Cambiamos de perspectiva y entramos en la umbría. Desde el Coll d’Erola, encontramos el camino que bajaba al molino, debajo de la Casa Gran. Del molino, sólo queda un cobertizo y la balsa. La casa desapareció cuando se abrió una pista. Hundido entre peñascos, es un lugar con un ambiente muy especial.

Otra perspectiva de la Casa Gran desde el camino a Coll d'Erola

Pep quería encontrar el camino a la iglesia desde el molino. Seguimos un primer camino que se muere en campos. Desanimados, vamos flanqueando hacia la derecha hasta la cresta y allí vemos un camino de gran antigüedad que va serpenteando hacia abajo. ¡Oh! ¡Qué perfil, qué formas, qué curvas, qué elegancia!, exclamamos extasiados. Seguramente hace décadas que nadie lo usa pero allí está, siguiendo las líneas marcadas por la roca y respetando la zona de cultivo. Lo seguimos hacia abajo hasta la pista y luego lo volvemos a subir, donde le aguarda otra sorpresa a Pep. Salimos a una cresta amplia debajo de la iglesia y allí, tapado por los árboles, hay un cuadrado grande de piedras con otro más pequeño. ¿Es una pleta o una casa?, se pregunta Pep. Una cosa es segura, es muy antiguo, quizás medieval.
No hace falta decir que Pep completa la subida a l’Esglesia con un humor excelente. Desde allí, pasamos La Torre y buscamos el inicio de las pistas de la Xarxa Lenta hacia la Serra de Cal Jardí, donde almorzamos en un prado. Como clientes en la terraza de una cafetería que contemplan el ir y venir de la fauna urbana, nosotros contemplamos el paseo de las mariposas – una buena docena de especies – de flor en flor, primero hacia un lado y luego de vuelta hacia el otro lado.
Un dolor persistente en el talón me ha obligado a hacerme plantillas y aún me estoy adaptando; camino más torpe de lo normal, me canso y me acaba doliendo el pie. Mientras comemos, me preparo mentalmente para la subida a la Serra de Cal Jardí. Seguimos la Xarxa Lenta, que aprovecha pistas, caminos de arrastrar troncos y, finalmente, claros en el bosque para llegar arriba. Allí nosotros teníamos una colita de hace años que baja por una especie de ‘grau’ y que pensábamos que podría ser el camino a La Torre. Lo probamos y dejamos atrás el calor y el sol. Entramos en un bosque de hayas; el sol apenas se filtra por las hojas. El camino se difumina pero a la vez se complica. Vemos carboneras y caminos transversales que van marchando en una dirección y otra. En cierto momento, vemos la barraca del carbonero, adosada contra una pared de roca. Seguimos un camino que parece que vuelve hacia las pistas de la Xarxa Lenta pero de repente gira hacia abajo. No nos conviene y continuamos sin camino hasta salir a la pista.

Bajando a las sombras desde la Serra de Cal Jardí

Pep propone ir a la casa de Cal Jardí, de acceso fácil por un camino que ha despreciado la Xarxa Lenta. Se encuentra en un pequeño valle al sur de la cresta de la Serra de Cal Jardí. Anotamos la fuente, los pocos restos de la casa y una barraca y volvemos a la cresta. Ahora empieza una larga subida hacia el camino de Les Llosanques. Empiezo a notar el cansancio pero Pep sigue tan fresco. Entramos en el flanqueo de Les Llosanques; sigue y sigue. Cuándo va a acabar este calvario, pienso. Pep, en cambio, rebosa energía y ganas de hacer cosas. “Sólo un pequeño roce detrás del talón”, me dice, sonriente. No tengo fuerzas para recriminarle su falta de sensibilidad. Necesito un objetivo, un premio, pienso. Llamo por el móvil a Carles en su hotel y encargo unas claras bien frías.

Finalmente, como siempre pasa, el futuro se convierte en presente. En la terraza del hotel de Carles, tomo la clara tan deseada mientras Pep repasa los logros de hoy a un envidioso Carles.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 17,3 km; 820 metros de desnivel acumulado.

lunes, 27 de junio de 2011

23/6/2011 – Canals de Catllarí (1)

Hoy seremos sólo Pep y yo. Carles tiene el hotel lleno de patumaires del Área Metropolitana.


Y hoy parece que sí podremos ir a los Canales de Catllarí. Para los que no lo conocéis, es un enclave de Montmajor entre Llinars y Rasos de Peguera. El terreno fértil tiene una forma más o menos rectangular en sentido oeste-este, con la antigua casa de los señores, la Casa Gran, subida a un montículo en la ribera derecha del Aigua de Llinars y, al otro lado, un pequeño núcleo de casas con los restos de una iglesia románica, Sant Martí dels Canals. La Casa Gran es una construcción de gran tamaño, fruto de ampliaciones sucesivas a partir de una torre medieval que aún se puede ver. En los años 20, se construyó un ferrocarril para transportar los troncos desde los extensos bosques de las umbrías. Recorría la ribera izquierda del Aigua de Llinars a unos 140 metros por encima del desfiladero hasta un precipicio donde se bajaba la madera por teleférico hasta Llinars, donde otro tramo de ferrocarril los llevaba a un aserradero en la carretera de Sant Llorenç de Morunys. Hoy, este ferrocarril es una pista. El valle quedó totalmente deforestado pero hoy vuelven a reinar los bosques. Las casas están abandonadas pero, hace unos años, pudimos hablar con la persona que fue el último ‘masover’ (o agricultor no propietario) en la zona, que estuvo allí hasta los años 70.

Dejamos el coche en el Coll de Peguera. El camino de la Xarxa Lenta baja al lado de un torrente llamado El Risclaire pero hace un par de años yo había visto lo que parecía ser una colita en el Planell de les Quatre Relles y además, salía en el Alpina viejo. Vamos allí y efectivamente hay una abertura en la valla para dejar pasar a las personas pero lo que parecía un camino se muere al cabo de 3 ó 4 metros. Bajamos por pistas y antiguos caminos de arrastrar troncos hasta llegar a las ruinas de la casa llamada La Torre. Investigamos algunas colitas pero resultan ser todas de explotación forestal y probablemente datan del ferrocarril de Llinars.

 Balsa en el Planell de les Quatre Relles

Oreja de oso. Esta planta es una reliquia de la Era Glaciar; crece sobre rocas en zonas de sombra

Flota en el aire el temor – que no por callado menos sentido – de que hoy pueda acabar siendo una salida tan académica (ver Glosario) como la semana anterior. Para comprobar unas referencias de nuestro último ‘masover’ de unos ‘casalons’, remontamos la pista desde La Torre. Al cabo de unos 200 metros, Pep ve unas estructuras sospechosas a la izquierda, entra para investigar y declara que son casas de gran antigüedad, posiblemente medievales. Para él, la salida ya ha valido la pena pero yo aspiraba a algo más.
Dejamos el bosque y entramos en los prados. Con tanta lluvia, ha sido un buen año para la flora. Los prados (o antiguos campos) están llenos de flores y donde hay agua, crecen orquídeas en abundancia.

Cruzando prados en busca de Cal Tany

Y aquí está

Entramos en los prados y bajamos al lado del Torrente de Font Freda, bajo La Torre. Con tantas flores, volotean mariposas por todas partes, aportando sus propios colores. Las nubes van tapando y destapando el sol alternativamente y una suave brisa refresca el aire, aleja las moscas y hace ondular la hierba. Cuando a un bienestar interior se une una conjunción de condiciones externas ideales, se producen unos momentos especiales dignos de saborear y todo ello por el módico precio de unos 6 euros, cerveza inglesa incluida.
Pasamos por la casa de Cal Tany, escondida bajo un muro de roca que le protege del viento del norte y entramos en el camino antiguo de La Torre a la iglesia de Sant Martí dels Canals y la casa anexa, llamada sorprendentemente L’Esglesia.

Sant Martí dels Canals

Al lado de la iglesia almorzamos. Como no viene Carles, he traído la que es, por decisión unánime, mi mejor cerveza, Poacher’s Choice, demasiado buena para compartir entre tres. Vierto el preciado líquido en las tazas en medio de un silencio reverencial y luego brindamos a la salud de Carles, cuyo sacrificio ha hecho posible esta degustación del buen hacer cervecero de los artesanos británicos. “Hasta la espuma sabe a gloria”, dice Pep.

 La vista desde dónde almorzamos - la Casa Gran y detrás, la Coma Reïna

Aquí, la casa con más zoom. Las arcadas fueron un capricho inacabado de un dueño anterior que le dejó en la ruina

Mientras Pep explora algunos posibles caminos, yo me quedo descansando, rodeado por una riqueza en flores y mariposas que ya les gustaría tener a los ingleses, quienes ahora empiezan a lamentar la pérdida de biodiversidad provocada por la agricultura industrial. Adosado contra una roca, tengo en primer plano las ruinas de la iglesia, al otro lado del río, la Casa Gran y detrás los riscos de la Coma-Reïna que cierran el valle y cuyos caminos me incluyo entre los pocos privilegiados que los conocen.

Pep vuelve emocionado. Hace unos 20 años, había intentado buscar el camino desde la iglesia al Collet del Prat con el que ahora es nuestro profesor de yoga. Siguieron un camino que murió al cabo de 40 metros y no hubo tiempo para explorar más opciones. Ahora, Pep cree haberlo encontrado. Emprendemos la subida. Con el paso del tiempo se ha estrechado pero su categoría es indudable. Bordea el precipicio con buenas vistas del valle abajo. En una curva lo perdemos y no lo volvemos a encontrar hasta casi llegado al collado. Retrocedemos para establecer la conexión y comprobamos que era imposible verla de subida. En el Collet del Prat, encontramos las marcas de la Xarxa Lenta, que cruzan transversalmente el collado antes de bajar hacia la Casa Gran. Anotamos los pocos restos de la casa e iniciamos la búsqueda del camino que debía subir hacia Peguera.
Caminamos hacia la cresta. De momento, estamos en antiguos campos y no se ve ningún camino pero luego, un ligero pliegue en el terreno parece guiarnos en una dirección determinada, que se convierte en un surco que poco a poco se va afianzando. Cuando nuestro camino pasa un elegante ‘grau’ (ver Glosario) y se ensancha hasta 1 metro, se desvanecen las dudas. Ya es el tercer momento especial del día.

Salimos en la pista que va al Collado de Peguera. Giramos a la izquierda hacia la Font del Pi. Al cabo de unos 200 metros, vemos un camino a la izquierda. Lo seguimos un rato y vemos que baja hacia la Casa Gran. Pero no hay tiempo para más y damos la vuelta. El regreso por la larga pista, construida sobre el antiguo camino, es pesado por no decir penoso, ya que comporta una subida de 200 metros. Pero al menos, por mirar fijamente el suelo para no ver la interminable subida, me permite ver la primera Parnassus apollo del verano.

Parnassus apollo - una mariposa clásica y muy vistosa de montaña

El próximo miércoles podré disfrutar de otro momento especial: mi visita semestral a la dentista.

En el camino de vuelta a casa. Vista parcial del pueblo abandonado de Peguera. Se ven los restos de la iglesia y el cementerio a la derecha

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 14,1 km; 740 metros de desnivel acumulado.

17/6/2011 – Fiasco en Fumanya y decepción en Bac Estremer

Hace tiempo que Pep me había indicado su interés por volver a los Canales de Catllarí. Fue allí con su grupo de los lunes y había visto que teníamos una comprensión muy incompleta de esa zona. Por otra parte, yo había recibido el encargo del Consorcio de Turismo del Alt Berguedà para hacer la descriptiva de una nueva ruta que habían marcado por allí. Entonces, por teléfono, decidimos ir allí este viernes.

El día anterior, había llovido mucho y el día siguiente, todavía había nubes sobre la Figuerassa. Sin embargo, decidimos seguir con el plan. Pero al llegar a Figols, quedamos engullidos por las nubes y no hay manera de salir de ellas. La visibilidad queda reducida a 5 metros y Pep tiene que bajar la velocidad a 20 km/h. Finalmente, al ver que eso continúa, tiramos la toalla y damos la vuelta.

Será otra salida sin mapas. Yo propongo cerrar la colita (ver Glosario) en el Roc dels Quatre Batlles, que está marcada como parte de la Xarxa Lenta. Pep ya había subido desde Guardiola en una salida de los lunes y me advierte que no todo son caminos auténticos pero yo tengo la esperanza de separar el grano de la paja y encontrar otros caminos.
Dejamos el coche encima del Vilar y caminamos por la pista de la Font de la Vinya Vella, hacia Bagà. En la siguiente cresta después de la fuente, vemos las marcas de la Xarxa Lenta que suben por una antigua pista de desembosque. Este pista sube hasta empalmar con otra. Debajo del Serrat dels Moixons, vemos un camino – probablemente para arrastrar troncos – que baja hacia Bagà. Lo reservamos para la vuelta.

Font de la Vinya Vella

En el Collado de la Font de la Paleta, sube un camino de bajar troncos por la cresta con algún rastro de algo más antiguo, que nos lleva hacia otra fuente a 1.225 m. A partir de allí, arranca el único camino claro, con señales de haber sido de carboneros, que nos lleva al collado debajo de nuestro objetivo. Vamos al Roc dels Quatre Batlles, donde almorzamos con vistas espléndidas hacia el sur.

Como un muyaidín berguedano, Pep vigila el paso de las hordas invasoras por la carretera del Túnel de Cadí


Corona de rey en flor

En la tertulia, como afectado directo, Carles se queja de la falta de visitantes pernoctantes a la comarca, salvo fechas señaladas como la Patum, que por cierto es la semana que viene. Eso lleva a una discusión general con Pep sobre la inoperancia y la falta de iniciativa de la clase política local en materia de promoción del turismo. Pero yo creo que pedir visión emprendedora a un político es como pedir peras al olmo; su afán es administrar.

Emprendemos la bajada. Sin alternativas, tenemos que volver por la misma ruta. Bajamos por el camino que vimos bajo el Serrat dels Moixons, que nos deposita en la pista de la Font de Vinya Vella un poco más cerca de Bagà (Pep me dice unos días después que el camino era auténtico, ya que salía en la Minuta de Bagà). Para completar el track, bajo el camino de la Xarxa Lenta hasta el Monasterio de Sant Llorenç prop Bagà.

El restaurado monasterio de Sant Llorenç prop Bagà; una polémica fusión de lo moderno y lo antiguo

Pep hace una lectura positiva de la jornada: Los malos tragos, cuanto antes, mejor.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 11,4 km; 550 metros de desnivel acumulado.

Nota: La corona de rey es una planta que crece sobre rocas donde hay muy poco nutriente. Consiste en una base circular de hojas que va creciendo lentamente a lo largo de varios años hasta que la planta haya acumulado energía suficiente para lanzar un largo tallo con flores. Este esfuerzo significa su muerte ya que, una vez hechas las semillas, la base se muere y cae de la roca.

sábado, 11 de junio de 2011

3/6/2011 – Els Estanys de Gisclareny

Para hoy, Pep me propone ir al Grau de Sant Pere con la idea de determinar las comunicaciones entre el Barri de Roser, Cal Caçador y Vilella. Yo temo una salida académica (ver Glosario) y abogo por mirar una colita que tenía encima del Grau que iba hacia la zona de Els Estanys.

En el Mikado, repasando los mapas, me doy cuenta que dejé un mapa importante en casa y vuelvo a recogerlo. Sin embargo, cuando bajamos del coche en la pista a Vilella cerca de Cal Ros, veo que dejé en casa precisamente los mapas que más necesitábamos y traje mapas que no servían. Pero no soy el único despistado: Pep trajo su cámara sin pilas y Carles bajó caminos de la Minuta a su GPS pero ninguno de la zona donde iríamos. La cosa no pinta bien y, para colmo, una vez más amenaza lluvia.
Dejo mi carpeta de mapas – ahora inútil – en el coche bajo la mirada reprobadora de Pep. Ya que lo tenemos cerca, visitamos los pocos restos que quedan del Castell Fener. Desde la pista, parece un montículo sin importancia pero una vez allí, es fácil ver que controla perfectamente los caminos al Grau de Sant Pere y Vilella.
Entramos en un camino con las marcas verdes y blancas de un sendero local, esta vez es el Itinerario E de las rutas de Gisclareny. Lo dejamos al poco rato, cruzamos la cresta por un camino que pasa más arriba del Grau de Sant Pere y nos plantamos delante de mi colita. Hablando hace años con Joan Tor, alcalde de Gisclareny, nos había dicho que este camino se había hecho impracticable y lo había dado por perdido. Si está perdido, nosotros lo encontraremos, pensamos. Y si está intransitable, nosotros lo transitaremos. Y sin darle más vueltas, nos adentramos en el bosque. Al cabo de unos pocos metros, pinos crecidos en medio del camino, zarzas, árboles caídos y tierras erosionadas frenan nuestro avance y a veces nos obligan a tragar el orgullo y ponernos a ras de tierra. La visión de tres hombres ya con edad para dedicarse a cosas más serias, padres de familia, pilares de la sociedad berguedana, arrastrándose a cuatro patas como penitentes en Montserrat, sin duda haría reír a más de uno pero, por suerte, no hay testigos.

Una perspectiva interesante de Sant Miquel de Turbians en la que se ve también la casa adosada, Cal Campaner, desde el camino que va a Els Estanys

Tras 45 minutos para avanzar medio kilómetro, salimos en el camino principal que venía del Grau de Sant Pere hacia Els Estanys y ahora parte del Itinerario E. Tras atar unos cabos en el Grau, damos la vuelta y pasamos la cresta hacia Els Estanys. Salimos del bosque y el paisaje cambia radicalmente: abajo, el río Saldes que serpentea entre los estratos puestos de pie y delante, Maçaners, Vallcebre, Costa Freda, Ensija y Pedraforca.

Pedraforca con remolinos de nubes

Eurodryas desfontainii, una mariposa atractiva en regresión en España por la destrucción de su habitat pero todavía bastante común aquí

Entre las casas de Estanys y Cal Peixena, almorzamos. Nos ponemos en la piel de los antiguos habitantes trabajando las ásperas tierras de estas cuestas, mirando los fértiles pero inalcanzables campos de Maçaners al otro lado del río. Nubes cargadas de lluvia vienen desde el este y descargan delante y detrás nuestro y se oyen truenos hacia el sur pero, por razones que desconocemos, sólo caen algunas gotas donde estamos nosotros.

El río Saldes, mirando hacia Vilella (este)

Vamos a Cal Caçador pasando por el Coll de la Pinyera, donde hay uno de los pocos pasos para cruzar el río Saldes, y comienza la parte académica, ya que se trata de seguir el camino que marcha entre los bancales hacia Vilella. Una vez en Vilella, volvemos al coche por la pista bajo un cielo cada vez más amenazador pero la lluvia espera cortésmente hasta que hayamos llegado al coche.

Volviendo al coche desde Vilella con amenaza de tormenta

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 11,5 km; 540 metros de desnivel acumulado.

sábado, 4 de junio de 2011

27/5/2011 – Ca l’Estevenó

La salida de la semana anterior reveló una serie de incógnitas que ahora queríamos resolver. Pep ha cambiado de opinión respecto a Gisclareny (“Aquí hay mucho trabajo”) y está decidido a dedicarle unas cuantas semanas. Mi reto será no aburrir a mis lectores con las mismas vistas.


De momento, creemos que la zona de Turbians bien merece una visita más. Dejamos el coche en la pista de Coll de Turbians, donde arranca el camino señalizado (nuestro amigo R de la semana anterior) a Sant Miquel de Turbians. El día anterior, había llovido bastante y podría volver a caer una buena esta tarde. De hecho, no vemos Pedraforca en todo el día, ya que está tapada por las nubes.
Desde los campos debajo de Sant Miquel, tomamos el camino a Coll de Turbians pasando por Cal Raler, con la idea de ir luego a Rocadecans. Sin embargo, al entrar en una pista debajo de Cal Raler, cambio el guión: “¿Y si vemos qué hay al final de la pista?”. Al final de la pista, sólo hay un barranco pero, al subir hacia otra pista que pasa por la fuente de Cal Perleta, topamos con un camino transversal que seguimos hacia abajo. Pasa demasiado bajo para ir a Cal Perleta pero sí parece ir a Cal Raler, por lo que parece que Cal Raler tenía una conexión propia con Rocadecans.

El camino a Cal Raler desde Sant Miquel de Turbians

Subimos a Cal Perleta. Hace unos cuantos años, seguí con mi hermana un camino que nos llevó de Cal Perleta a Rocadecans. Aparte de ser muy tapado, recuerdo unos bojes asesinos que nos querían empujar al abismo. Tomamos este camino; en la cresta, empalma con el camino anterior que venía desde Cal Raler – hipótesis confirmada – y luego flanquea hacia Rocadecans.
Desde Rocadecans, continuamos hacia Cal Miseria pero dejando a la derecha el itinerario R de la semana anterior. Las marcas amarillas de la Xarxa Lenta toman el relevo a las verdes y blancas del sendero local y nos llevan a un collado debajo del Roc dels Quatre Batlles donde hay un cruce de caminos. La Xarxa Lenta continua recto hacia Guardiola, un camino baja a la izquierda hacia Bagà pero nosotros bajamos por la derecha por un camino que ya conocíamos que nos llevaría a Cal Noguera.

 Las ruinas de Rocadecans vigilan el paso en el collado como una antigua fortaleza

El camino a Cal Misèria

Iniciamos un largo descenso por el camino serpenteante. A Pep le empiezan a entrar prisas, no quiere que nos pille una tormenta, dice, pero detecto una angustia subyacente por la clase de música. Pero el camino está lleno de piedras sueltas y además, ¿cómo vamos a disfrutar de las vistas bajando a toda pastilla? ¿Cómo puede una simple clase de música ejercer tanta tiranía sobre una persona?, me pregunto. Opto por la resistencia pasiva y voy a mi ritmo.
Por fin, llegamos a la encina centenaria cerca de Cal Noguera con Ca l’Estevenó a la vista, resguardado del viento del norte como un monasterio del Himalaya bajo una pared de roca. Almorzamos y luego limpiamos algunas de las pequeñas colitas alrededor de Ca l’Estevenó que nos quedaron de la semana pasada. La casa todavía está en pie y alguien viene de vez en cuando a dejar paja para el ganado en el establo al lado de la casa. Con su emplazamiento excepcional, en vez de gastar el dinero de todos en rescatar a banqueros, ¿no valdría la pena utilizar una pequeñísima parte para preservarla como casa típica de montaña?, me pregunto.

Los jardines colgantes de Ca l'Estevenó desde Cal Noguera

El camino a Cal Noguera desde Ca l'Estevenó

Seguimos el itinerario R que va de llano, cruzando crestas y zonas de cultivo. Cruzamos una última cresta y se abre una vista inmensa mientras el camino bordea el precipicio, con unos 10 metros no aptos para personas que sufren de vértigo. Evitando mirar a la izquierda, llego al otro lado.

 ¿Qué cataclismo habrá puesto estos estratos de roca de pie en el curso del río Saldes?

Sant Miquel de Turbians con las rocas de los Castellots detrás

Bajamos el mismo camino que la semana pasada a Vilella y Pep empieza a prepararnos psicológicamente para la subida a Turbians. Serán 300 metros de desnivel y sufrimiento. Como buen líder, Pep nos propone un objetivo alcanzable: “Yo lo podría hacer en media hora pero os doy 1 hora”. Inicio la subida con resignación. Hace tiempo que salió el sol y hace calor. El camino es de indudable valor histórico, subiendo la roca con curvas hábiles, pequeños graus y tramos empedrados pero, en aquel momento, yo sólo veo una cuesta áspera y pedregosa que no acaba nunca. Lo que daría por un teleférico.

Llegamos al coche en 45 minutos. No llovió en todo el día.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 12,9 km; 690 metros de desnivel acumulado.

lunes, 30 de mayo de 2011

20/5/2011 – El Grau de Cal Ros y Les Ganivetes

La semana pasada, estuve en Inglaterra. Salieron Pep y Carles a dar un vistazo a la zona de Rus, entre Pardinella y Castellar de N’Hug, que habíamos explorado a fondo por encargo del Parc Natural de Cadí-Moixerò hace unos 8-9 años. Hecho el repaso, Pep se declaró satisfecho de nuestra cartografía pero preocupaba una extraña pájara que cogió Carles y le dejó sin fuerzas, incapaz de responder a las exhortaciones de Pep.


Sin embargo, esta semana Carles se declara plenamente recuperado, dispuesto a lo que haga falta.

Hace tiempo, yo había expresado a Pep el deseo de volver a Les Ganivetes (Las Navajas, en castellano), una curiosa formación geológica que en su día no había fotografiado. Se encuentran en un punto alejado del municipio de Gisclareny, pasado el pequeño poblado de Vilella. Al principio de nuestras salidas juntos, dimos un buen repaso a Gisclareny y Pep me insinúa que allí está todo hecho pero, si a mí me apetece hacer turismo y recordar paisajes, ya le parece bien y me da vía libre para planificar la ruta que quiera.
Yo no tenía tan claro que lo tuviéramos todo tan atado y así se lo hago saber en el Mikado con el café. Para empezar, había la cuestión del misterioso Grau de Cal Ros. Hoy, existe una pista abierta a barrenadas a Vilella desde el núcleo principal de Gisclareny pero antes había un paso que salvaba la pared de roca desde la casa de Cal Ros pero nadie nos había podido decir dónde se encontraba.

Dejamos el coche en Vilella y primero probamos una colita que había visto con Carles hace unos 3 años. Casi enseguida, Carles ve otro camino muy tapado que asciende hacia la derecha pero de momento lo descartamos. Mi colita se muere en unos campos cerca de la pista. Sólo nos queda el nuevo camino de Carles. Aunque inicialmente de trayectoria incierta, nos deja en un angosto paso que se adentra en la amplia cresta rocosa y las dudas se desvanecen. Durante los próximos 15 minutos, sólo podemos maravillarnos de la pericia de los antiguos habitantes que supieron buscar y acondicionar el paso.

El camino del Grau de Cal Ros. Observad las piedras puestas a modo de protección en el borde del camino.

La casa de Cal Ros desde el Grau

Salimos en los campos de Cal Ros, cerca de la fuente, desde la cual una línea de viejos robles marca la entrada del camino. Subimos hacia Sant Miquel de Turbians donde encontramos las marcas verdes y blancas de un sendero local. En el collado, ya se ven Les Ganivetes detrás del Pla del Cucut. Pasado el collado, el camino señalizado se marcha hacia abajo por el viejo camino a Vilella pero nosotros continuamos rectos. En estas cuestas ásperas, tenemos noticias de casas pero sólo se ve alguna teja y restos de cerámica del siglo XIX y campos aterrazados que debían dar más trabajo que comida. Con Les Ganivetes delante nuestro, cruzamos el Pla del Cucut y, tras alguna dificultad, encontramos el camino que nos sube a Rocadecans, donde volvemos a encontrar las marcas del sendero local.

Esta foto tomada con zoom de Les Ganivetes desde el Pla del Cucut muestra claramente el origen del topónimo

Pedraforca domina el paisaje de muchos puntos de Gisclareny

Entre Rocadecans y Cal Misèria (el nombre lo dice todo), teníamos una colita que bajaba hacia Ca l’Estevenó. Cuando llegamos allí, vemos que ha sido incluido en el sendero local y, tras un inicio incierto, toma categoría y se convierte en un camino muy atractivo, bajando entre rocas y bosques. Además, el hecho de que ha sido limpiado permite apreciarlo en todo su esplendor.

La Cinglera de Vallcebre y detrás, las estribaciones del Sobrepuny, desde el camino que baja hacia Ca l'Estevenó

Llegamos al camino transversal encima de Ca l’Estevenó y giramos a la derecha por un camino tapado que conecta distintos collados. Volvemos a perder las marcas del sendero local y no las recuperamos hasta justo antes de llegar a la Portelleta. Caen gotas, estamos en el límite de unas cortinas de lluvia que van de norte a sur, pasando por Pedraforca hacia Ensija. Nos resguardamos bajo unos árboles y almorzamos. Vuelve a salir el sol y reemprendemos la marcha. El agua ha refrescado todos los colores. El camino baja zigzagueando la pendiente hasta llegar a la pista que nos lleva de vuelta a Vilella.

Bajando desde la Portelleta

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 10,7 km; 625 metros de desnivel acumulado.

Nota: El sendero local que seguíamos a trozos es el sendero R de la red de itinerarios de Gisclareny. Enlaza Vilella con la iglesia de Turbians, Coll de Turbians, Rocadecans y Ca l’Estevenó. Es absolutamente recomendable.

Nota histórica: Hoy, Gisclareny es un paraíso para el turismo rural, con bosques frondosos, prados verdes, multitud de senderos señalizados y siempre la imponente vista de Pedraforca. Sin embargo, hace 100 años la situación era muy distinta. Los excursionistas de aquel tiempo hablan de un lugar donde reinan la miseria y el hambre, superpoblado, sobreexplotado, deforestado. Era un lugar donde pasaban de prisa camino a las delicias de Gresolet y Pedraforca. Caminando por las interminables hileras de bancales de tierra poco productiva en las cuestas de las solanas, no cuesta demasiado imaginar la exigua vegetación que debían ver los burgueses excursionistas de principios de siglo y su transformación es todo un tributo al poder de recuperación de la Naturaleza.