Aquí relato nuestras salidas por los caminos del Berguedà y comarcas vecinas. Como lo pasamos muy bien, queremos comunicar sobre todo buen humor y alegría pero también tiene un fondo muy serio: el camino como bien patrimonial, pieza esencial para entender la historia y digno de conservación. Es nuestra misión desde hace más de 15 años.



martes, 18 de enero de 2011

14/1/2011 – Brocà (1)

El hombre del tiempo ha pronosticado temperaturas anormalmente suaves y decidimos ir un poco más arriba, a la zona del Mas del Castell, debajo de Sant Marc. Dejamos el coche en la misma fábrica textil cerrada en Bagà que en la salida del 6 de diciembre. El termómetro del coche marca -2ºC; no empezamos bien. Subimos el camí ral hacia Brocà que empalma con la pista en los Plans de Rotllán.

La casa de Rotllán y detrás la dehesa de Cerconeda y Sant Marc.

Sant Martí de Brocà 

Y su surrealista portal del siglo XIX

De repente, Pep frena en seco con un fuerte dolor en la pantorrilla derecha. Luego continúa pero con un ritmo más pausado y evidentes signos de dolor. Llegamos a la iglesia románica de Sant Martí de Brocà pero Pep no se siente capaz de seguir subiendo al Castell. En un gesto parecido al de Lawrence Oates en la malograda expedición de Scott a la Antártica, Pep nos exhorta a abandonarle ya que no quiere lastrar el grupo; él mirará las casas en los alrededores de Brocà. Le dejo mi móvil por si tiene que pedir un rescate. Todos tenemos las emociones a flor de piel; nunca había visto a Pep tan tocado. “Sobre todo, marca el track del PR (el camino señalizado de Brocà al Mas del Castell) y los waypoints de las dos barracas en el Pla Llosar, la Casa de Dalt y el Mas del Castell … y busca el castillo”, me dice antes de alejarse. “No te defraudaremos”, le prometo.

Hace tiempo que notamos el calor del sol y pronto hará una temperatura casi para ir en manga corta. Iniciamos la subida por el PR (sendero de pequeño recorrido) pero al cabo de un rato, vemos un camino muy marcado a la izquierda. Tenía el deseo secreto de encontrar la conexión de Brocà con la casa de Cerconeda y aquí podría ser un buen sitio. El PR lo haremos de bajada. El camino entra en campos y se difumina. Por caminos de ciervos, llegamos a una fuente y, desde allí, seguimos un camino claro que marca el trazado de un tubo antiguo que probablemente llevaba agua a las casas de Vilalta y Cosí. Antes de llegar al final del camino, vemos otro camino que sube hacia la izquierda. Lo seguimos pero tomamos derivaciones que se acaban perdiendo. Subimos la cuesta sin camino hasta una pista y vemos dos caminos; uno hacia la derecha que debe ir al Mas del Castell y otro hacia la izquierda y, esta vez sí, seguramente irá a Cerconeda. Lo seguimos y se difumina en campos. Al otro lado de los campos, se ve un camino que va perdiendo categoría rápidamente y finalmente entramos sin camino en los campos de Cerconeda. Empiezo a preguntarme cómo voy a explicar eso a Pep.

 En primer plano, las ruinas de Cerconeda, y detrás, el valle de Bastareny y Tancalaporta

El valle del Llobregat visto desde los campos de Cerconeda

Desde Cerconeda, tomamos la pista que sube al Pla Llosar, pasando por campos y más campos. No creo que todo eso se cultivara desde Cerconeda, pienso, tiene que haber otra casa, pero de momento no la encontramos. Entramos en el Pla Llosar, un extenso llano con grandes campos cuadrados delimitados con muros de piedra seca. A lo lejos, divisamos otra persona que viene hace nosotros. Cuando se produce el encuentro, charlamos un rato. Tiene una mochila como un armario a las espaldas pero no parece pesarle nada y le acompaña una joven perra husky. Se llama Joël; antes corría en cursas (carreras) de montaña pero decidió que quería ver paisaje y no sólo las zapatillas del que iba delante. Tomó un año sabático y se propuso recorrer todos los PR de Cataluña, unos 200 y pico en total.

Josep Mª prueba la vida de pastor

Mas del Castell

Marco los waypoints de las barracas, la Casa de Dalt y el Mas del Castell. No encontramos nada parecido a un castillo pero sí una casa muy pobre al lado del Mas del Castell y que, de momento, no tiene nombre. Buscamos sombra para almorzar. “Debemos llamar a Pep, a ver cómo está”, dice Carles. Establece conexión. “¿Qué habéis hecho?” le debe preguntar Pep. “Bueno, dejamos el PR y subimos caminos que se perdieron en campos, luego subimos caminos de ciervos que también se perdieron …”. Carles se aparta el teléfono de la oreja. Desde donde estoy yo, ya se oyen las exclamaciones. “Te paso a Steve”, dice Carles, y me da el teléfono. “Todo ha sido culpa de Carles”, empiezo. “No os puedo dejar solos”, me interrumpe Pep. “Yo con la pata coja, he hecho el camino de Brocà a Cal Subirana, el arranque del camino de Cal Subirana hacia el Mas del Castell, el camino de Cal Vilalta a Cal Companyó, el camí ramader (camino tradicional usado para subir las ovejas a las pasturas de montaña) de Brocà hacia el río y he enlazado lo que nos quedaba del otro día del camí ral de Brocà a La Pobla de Lillet”. “Vaya”, comento escuetamente. En el fondo, Pep es buena persona y sabe que hacemos lo que podemos con buena intención. Adopta un tono más conciliador. “¿Has marcado las barracas?”. “Sí”. “¿La Casa de Dalt?”. “Sí”. “¿El Mas del Castell?”. “Sí”. “¿Has visto algún castillo?”. “No”. “¿Marcarás el PR?”. “Sí”. “Bueno, llamadme cuando estáis en Brocà”.

Nos ponemos en marcha. Carles baja por un camino que vio, que le llevará a la pista que vimos debajo, antes de llegar a Cerconeda. Yo continúo hacia el oeste con Josep Mª por otro camino y entramos en una zona de campos invadida por el bosque. Todo tiene un aire muy antiguo pero no encontramos ninguna estructura. Sí encontramos un camino que continúa al otro lado del torrente y, quizás éste sí, podría ir a Cerconeda, y otro camino que debe subir al Pla Llosar. Pero no tenemos tiempo para explorar más y volvemos al Mas del Castell y bajamos por el PR. Esta ruta ha sido limpiada hace poco y baja por una cresta dentro del bosque de robles con eses interminables. Su categoría es incuestionable. En la iglesia de Brocà, Carles nos está esperando y deshacemos la ruta seguida al principio hasta el coche, donde nos está esperando Pep.

Una vista bucólica de los campos de Brocà con el sol de la tarde


Cuando Pep me manda su track, resulta que ha hecho más kilómetros y desnivel que nosotros. A veces me pregunto si a Pep, de pequeño, le montaron algún componente extra.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 13,2 km; 625 metros de desnivel acumulado.


sábado, 15 de enero de 2011

Josep Armengué

Josep Armengué fue uno de los miembros del grupo de excursionistas liderados por Cesar August Torras. En 1905, publicó en el boletín del Centro Excursionista de Catalunya, en cuatro entregas, un largo recorrido que hicieron por lo que es el Alt Berguedà y el Alt Ripollès. Relata su periplo con mucho entusiasmo y también con mucho sentido de humor. Debía ser uno de los menos aventureros del grupo y en cierto momento, enumera "les cinc pors" o cinco temores de Armengué, con los cuales me identifico plenamente. Para los no catalanoparlantes, traduzco al castellano:

1) El miedo a los ariscos
2) El miedo a los abismos bilaterales o pasos estrechos
3) El miedo a los cursos de agua abundantes y un poco rabiosos
4) El miedo al trote de las mulas
5) El miedo a los compañeros egoistas o engreídos

7/1/2011 – Entre Vilella y Espelt

Poco a poco, nos vamos desplazando hacia el oeste. Pep quería comprobar primero las conexiones entre Santa Cecilia de Riutort y las casas medievales que visitamos el 17 de diciembre. Dejamos el coche en el viejo puente de Espelt y subimos por el camí ral a la iglesia, donde Pep nos revela los detalles constructivos y los cambios que ha sufrido.

Pep imparte una clase magistral en la iglesia de Santa Cecilia de Riutort


Vista desde la puerta de la iglesia hacia la umbría del Banyador, una zona de denso bosque que nosotros hemos apodado cariñosamente el Infierno Verde. Aún tenemos cosas por mirar allí dentro.

Hacemos la conexión con el vilar medieval, descubriendo otra casa medieval a medio camino. Ahora toca cruzar el río. Mientras paso con temor de una piedra resbaladiza a otra bajo la atenta mirada de Pep, después de quitarme los mapas para que no sufran ningún percance, pienso otra vez en Josep Armengué, un excursionista de un siglo atrás con quien tengo mucho en común. Cuando subimos por el camino marcado como Xarxa Lenta (ver Glosario) hacia la casa de Vilella, cruzamos otro camino que luego resulta ser un canal. Lo seguimos hacia el norte, volviendo a cruzar la pista de Gavarrós, hasta ver el punto de salida del río. Luego lo seguimos en la dirección contraria hasta llegar a una especie de acueducto hecho de hormigón sobre unos delgados pilares de ladrillos.

El acueducto, una construcción moderna

Al otro lado, se ven caminos que vienen a buscar el acueducto. De momento, lo dejamos y volvemos al camino de la Xarxa Lenta. Almorzamos en una cresta. Hoy Pep ha traído una cerveza artesanal desde Valencia y comparamos sus virtudes con el Viejo Peculiar, que he traído yo. Reemprendemos la marcha para no caer presas de la embriaguez y antes de llegar a la gran casa de Vilella, tomamos el camí ral que iba a Broca. Hoy cuesta verlo en muchos puntos por la erosión que ha sufrido la tierra blanda. Suerte de las marcas blancas que nos van guiando. Encima de Vilella, dejamos el camino para bajar la cresta, esperando encontrar un camino pero no hay ninguno hasta llegar a una zona extensa de cultivo, donde encontramos el camino que subía desde Vilella para trabajar los campos.


La casa de Vilella

Desde Vilella, tomamos el camí ral de Bagà a La Pobla de Lillet, que pasaba por la casa de Espelt. Ahora, es mayormente pista pero aún queda un trozo de camino muy interesante.

 Pep y Carles conversan en el camí real entre Vilella y Espelt

El portal del siglo XVI de Espelt

Desde la casa de Espelt, buscamos los caminos que bajan al acueducto. En esa cuesta, hay un pequeño laberinto de caminos, la mayoría de los cuales buscan cruzar el barranco por distintos puntos. Pero nuestro interés prioritario está en el acueducto. Desde allí, volvemos a seguir el canal, que va recorriendo la cuesta debajo de los campos de Espelt hacia el sur. Al final, desemboca en una balsa de hormigón con lavadero, al lado de un agujero más antiguo que probablemente estaba revestido con piedras. El canal sale de la balsa por una esclusa y baja hasta un segundo nivel, donde hay otro canal y un tubo de Uralita que baja hasta el horno de piedra que está al lado del puente de Espelt. Veremos al volver al coche que el tubo llega hasta una turbina debajo de la pista, que se usaba para mover la maquinaria para moler la piedra.
Seguimos el segundo canal que continúa hacia Les Planes. Al final, lo tenemos que dejar por falta de luz pero hemos recorrido 1,4 kilómetros desde el punto de toma en el río, y aún continúa. También está claro que hay dos épocas: una moderna a la que correspondería el acueducto, la balsa de hormigón y el tubo del horno y otra más antigua que es la que hemos dejado sin saber todavía su destino final. Hasta hoy, desconocíamos su existencia.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 14,4 km; 350 metros de desnivel acumulado.




domingo, 9 de enero de 2011

31/12/2010 – Tubau

Como las golondrinas, Pep ha ido al sur para pasar el año nuevo y me ha dejado solo con Carles y Josep Mª. Decido variar de zona y vamos a Sant Jaume de Frontanyà a buscar el camino antiguo a Ripoll que pasaba por el espectacular Pas de les Baumes.

Hasta el Coll de Sant Jaume, el camino estaba claro, así que dejamos el coche en ese punto y buscamos una colita que había visto hace algunos años que sería la continuación. Desde el punto de vista caminístico, es un terreno difícil; tierra blanda, yerbada, muy erosionada y surcada por muchos torrentes y con un atractivo paisajístico escaso. Pero tenía reservadas para mis jóvenes alumnos unas vistas espectaculares en el Pas de les Baumes.
El camino se ve bastante claro y nos lleva a las ruinas de Cal Ribollet. Desde Cal Ribollet el camino es más perdedor pero lo acabamos encontrando bordeando los campos hasta la pista que va a la casa de Tubau. Desde la pista, llegamos a Cal Roma, perdiendo y encontrando caminos, y de allí a las casas de El Soler y el Cap del Camp, las dos últimas en ruinas.



Las ruinas de Can Ribollet

La casa de Tubau, todavía habitada. Se ve el campanario de la iglesia románica detrás


Desde el Cap del Camp, quería encontrar el camino que subía al Coll de la Creu de Soler. No acabamos de encontrar su trazado y salimos a la pista del Pedró de Tubau mucho antes del Coll de la Creu de Soler. Volveremos a intentarlo en la bajada.
Desde este collado, bajaba el camino al Pas de les Baumes, único paso por los Cingles (o Riscos) de Tubau. Hace unos cuantos años, Pep y yo habíamos dilucidado parte del trazado de este camino. En realidad, hay muchos caminos, probablemente fruto de una intensa explotación forestal en el pasado. El terreno tiene forma de embudo y todos los caminos acaban en un torrente que cruza el embudo hasta lanzarse por el abismo. Actualmente, el Pas de las Baumes forma parte de la nueva ruta del Ermitaño. Seguimos las marcas rojas que toman un camino marcado que baja en diagonal hacia la derecha y que ya conocía. Cruza el torrente y se dirige hacia el precipicio. Pero el camino se acaba y las marcas bajan como pueden la pequeña cuesta hasta llegar al torrente. Evidentemente, no han marcado el camino correcto. De cuando vine con Pep, recuerdo que el camino antiguo cruzaba el torrente mucho más cerca del precipicio y al cabo de un rato, vemos una zona amplia y entramos en el camino antiguo.


El Cingle del Roquerol

Salimos del bosque y la vista se abre. Vemos las paredes infranqueables del Cingle del Roquerol a la izquierda y los Cingles de Tubau a la derecha. Delante, el pequeño poblado de Aranyonet y detrás, las montañas que conforman la última línea antes del Pirineo Axial, detrás de Castellar de n’Hug y Montgrony. Llevo a Carles y Josep Mª hasta las Baumes, que son pequeños huecos cortados al pie de la roca, al lado de los cuales pasa el camino. Cuando el camino empieza a descender, damos la vuelta y buscamos el trazado correcto del camino antiguo hasta el Coll de la Creu de Soler. Tras unas dudas en el último tramo, lo resolvemos todo. Una vez que lo has hecho, es obvio y uno se pregunta porqué los que hicieron la ruta del Ermitaño no se esforzaron un poco más en buscar el trazado correcto en vez de seguir el camino más visible y al final tener que hacer una chapuza.


Les Baumes

Carles y Josep Mª contemplan la vista. Detrás, el Cingle del Roquerol y delante, el abismo


En el Collado de la Creu de Soler, almorzamos. Josep Mª ha traído café que me devuelve fuerzas para buscar el camino de bajada. Vamos siguiendo un camino muy erosionado que al final desemboca en campos en un cruce de caminos entre El Soler y Cap del Camp.

Cerca del Cap del Camp, el mapa del Alpina marca dos casas más, Cal Trempat y Cal l’Eugasser. Desde el Cap del Camp, seguimos un camino muy marcado pero nos deja demasiado alto y tenemos que bajar. Encontramos la primera casa pero me equivoco en la lectura del mapa y vemos la segunda casa desde el lado equivocado de un barranco que ahora es demasiado tarde para cruzar. Continuamos por este terreno tan difícil, a veces con camino y a veces sin, hasta llegar a la carretera y de allí al coche. Aún quedan cosas por aclarar aquí.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 11,3 km; 540 metros de desnivel acumulado.

viernes, 24 de diciembre de 2010

17/12/2010 – Detrás de Santa Cecilia

Hoy, sólo somos Pep y yo. Tras los reproches de la semana pasada, saco una botella de cerveza inglesa de la nevera pero al ver congelado el lavacoches de la gasolinera, la vuelvo a guardar. Espero que Pep lo sepa comprender.

Dejamos otra vez el coche debajo de La Sala. El termómetro marca -5ºC. Ponemos rumbo a Can Fumanya. Pep me da el visto bueno de los restos medievales que vimos Carles y yo la semana pasada y encontramos los restos de Can Fumanya donde los pone el mapa, al lado del corral, pero sólo quedan cuatro piedras y alguna teja. Lo habrán demolido. Localizamos el tramo del camí ral hasta El Plantiu, que pasa casi como un bancal más encima de la carretera. Esto es uno de los puntos más sutiles en la detección de caminos. Antes, cuando los campos eran cultivados, el camino habría sido evidente pero hoy, sólo se ve como una terraza algo más estrecha que las demás.

Antiguos campos de cultivo cerca de Can Fumanya

Enganchamos el camino que sube al Celler de Baladret en busca del sol. Toda esta zona respira cierto misterio, con infinidad de torrentes que se adentran en estrechos valles y antiguos campos que aprovechan las laderas orientadas al sur, ahora invadidos por el bosque. Salimos a la pista cerca de la casa del Celler de Baladret y propongo ir al camino de cresta desde La Sala que subimos la semana pasada para mirar esa colita tan marcada que marchaba hacia la izquierda.
Llegamos allí pero nuestro camino de repente es uno más de muchos caminos paralelos. ¡Nos han engañado! Son campos arados para plantar pinos. Seguimos dando la vuelta de Puigcal hasta empalmar con un camino que subimos hace años desde l’Estret. En un espolón de roca con unas vistas amplias, almorzamos.

La vista desde donde comimos. Abajo se ve el pueblo de Guardiola y la sierra de Ensija detrás con el pequeño pico del Forcat de Sant Julià de Cerdanyola hacia la izquierda.

Mastico el bocadillo en un silencio vacuno, perdido en mis pensamientos. Casi tengo el bocadillo acabado cuando de repente me siento observado. Giro la cabeza y veo que Pep me está mirando. “Eres un buen conversador”, me espeta. “Será por eso de los hombres, que no podemos hacer dos cosas al mismo tiempo”, justifico. Empezamos a notar el frío y deshacemos el camino hacia el lomo llamado Serrat del Puig. Queríamos ver si en el descenso, se ven caminos hacia las casas del Estret. Bajamos por campos arados para plantar árboles y ahora asfixiados por pinos enfermizos. Más adelante, la cuesta se convierte en una dehesa de robles pero no vemos ningún camino. Salimos a la pista.
Tengo una última propuesta. Hace bastantes años, había encontrado una estructura sospechosa en un lomo a cierta distancia de la iglesia de Santa Cecilia de Riutort. Ahora lo tenemos a un tiro de piedra y propongo ir allí para ver si realmente es medieval. Después de inspeccionarla, Pep dictamina: “¡Es buena!”. Casi me felicita. Pero nos llaman la atención unas acumulaciones sospechosas de piedras un poco más abajo y que no había visto cuando vine solo. Bajamos y resulta que es un grupo de casas, ahora poco más que huecos cuadrados en la tierra con restos de muros. Pep está eufórico. Ningún historiador local ha hablado de este vilar y seguramente su existencia es desconocida para la ciencia.

Algunos de los restos del poblado medieval

Después de tomar las fotos de rigor, reemprendemos la marcha y surge una conversación sobre lo difícil que es convencer a los políticos locales a prestar un poco más de atención a su patrimonio histórico, a pesar de sus gestiones en calidad de Presidente de la Sociedad de Arqueología. Estamos en tierra de margas, una roca blanda de color gris claro, surcada por barrancos profundos.

Un pino escuálido malvive sobre la marga cerca de La Sala

Ganamos una cresta y buscamos la forma de volver a La Sala. Seguimos un camino de animales que desemboca en un collado, frente a dos toros que nos miran con escaso interés. “Compañeros reproductores, venimos en son de paz”, digo, y nos dejan pasar. Bajamos por otro camino que nos lleva al torrente debajo de La Sala y de allí al coche.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 10,25 km; 550 metros de desnivel acumulado.


sábado, 18 de diciembre de 2010

10/12/2010 – Celler de Baladret

Volvemos a la carretera de La Pobla y aparcamos debajo de la casa llamada La Sala, que actualmente funciona como casa de colonias en el verano. Hace frío.

Pep quería verificar primero el trazado del antiguo ‘camí ral’, que pasaba un poco más elevado que la carretera actual. Nada más entrar en la pista que va a la casa, se ve el camino que marcha hacia la izquierda. Lo seguimos hasta ver cómo baja para empalmar con la carretera moderna.
Subimos a la casa, ahora cerrada en un silencio glacial. Tomamos el camino marcado que sube la cresta detrás de la casa (también indicado en la Minuta). A 1.030 metros, el camino se pierde en unos campos pero justo antes, vemos un camino claro que marcha hacia la izquierda y que guardamos para otro día.
Seguimos subiendo ya sin camino y como estamos cerca del Coll de Puigcal, propongo mirar esa colita tan prometedora que dejamos el 19 de noviembre. La propuesta es aprobada; subimos al collado y entramos en el camino … que se muere al cabo de 150 metros.
Volvemos a la pista y buscamos un Plan B. Propongo seguir la pista hasta el Coll de Cerqueda para tomar vistas, que es aceptado sin mucho entusiasmo pero Pep me perdona cuando se abre la vista para mostrar el espectáculo geológico que ha creado el Estret.

 Aquí se ve claramente la enorme placa inclinada que va desde el Estret abajo hasta la Collada Gran encima de Paller de Dalt. La torre de vigilancia de Gavarrós está en la punta del triángulo más próximo.

Con el máximo de zoom que permite mi cámara, aquí se ve lo que queda de la torre

Antes de llegar al Coll de Cerqueda, tomamos un atajo de cazadores que lleva a un collado en la cresta detrás de Puig Castellar y bajamos sin camino, hasta cruzar un camino que sube la cuesta en diagonal. Lo subimos y comprobamos que va a ese mismo collado y la bajada nos lleva a la pista antigua del 19 de noviembre, muy cerca de la casa medieval. ¿Estarán relacionados?

Pep y Carles se disponen a escalar

Seguimos la pista hasta el Coll de Puigcal y luego deshacemos la primera subida pero ahora nos inclinamos más hacia la izquierda para ir a una casa llamada Celler de Baladret, localizada en salidas de hace unos años y que se encuentra a pie de pista. Allí almorzamos con un buen sol. Pep me recrimina no haber traído cerveza.
Pep se tiene que marchar y nos quedamos Carles y yo. Buscamos el último camino de la Minuta que nos queda en esta zona, que baja una cresta al este del Clot de Can Fumanya. Lo encontramos. Todos los mapas ponen la casa de Can Fumanya en el fondo del valle, en un lugar oscuro y húmedo. Allí hay un corral de madera para guardar las vacas pero hasta ahora no he visto ninguna casa. Pero no me entretengo a buscarla, se está haciendo tarde. Buscamos el tramo del ‘camí ral’ que nos llevará al coche, parando para investigar unas ruinas, probablemente medievales, en un llano encima del camino.

Restos medievales cerca de Can Fumanya

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 13,0 km; 700 metros de desnivel acumulado.

6/12/2010 – Caminos de Bagà hacia Brocà

Hoy es festivo en España (Día de la Constitución) y he quedado con Josep Mª. Las temperaturas han subido; los vientos han girado al sur pero también traen cielo tapado y llovizna. Al ser un día feo, quería aprovecharlo para buscar unos caminos que, en un día bonito, consideramos demasiado sencillos para dedicarle un día. Me refiero a las comunicaciones entre Bagà y el antiguo municipio de Brocà (ahora parte de Guardiola), con su iglesia, unas casas diseminadas y prácticamente abandonado.

Dejo el coche en el aparcamiento de una fábrica textil a pie de la carretera que va al Túnel de Cadí. Esta fábrica tuvo que cerrar hace algo de un año o dos. Después han cerrado otras empresas emblemáticas del Berguedà.

Una visión invernal del valle del Llobregat

El primer camino que buscamos es el ‘camí ral’ que iba de Bagà a La Pobla de Lillet, pasando por Brocà. Es fácil de encontrar porque está señalizado como parte de la Xarxa Lenta (ver Glosario). Aquí, aún quedan restos de la nevada de la semana pasada y donde no hay nieve, hay fango. El camino busca una cresta hacia el noreste y cuando llegamos arriba, oímos disparos procedentes de la zona entre Brocà y Cal Companyó. Están cazando jabalís y me han cerrado una de las zonas donde quería ir. Dejo el camino y marcho hacia el norte, cruzando campos, hacia la casa de Clarà. El cielo se pone muy feo y empieza a lloviznar. Además, hay barro. Tiro la toalla y vuelvo a bajar hacia el coche. Deja de llover.

Josep Mª compra amistades con trozos de bocadillo

En la bajada, vemos dos corzos que se alejan de la zona de caza. Desde luego, la solidaridad con los jabalís brilla por su ausencia. Bajamos por otro camino que vi en la subida que nos deja en el ‘camí ral’, señalizado y hasta acondicionado con bancos, que iba de Bagà a Berga, pasando por Guardiola. Volvemos al coche y busco otro camino marcado en la Minuta que marchaba más hacia el norte, que llaman el camino de San Marc. El tramo superior ya lo tenía marcado como una colita desde hacía años. También lo encontramos fácilmente, ya que está acondicionado como una ruta local por los alrededores de Bagà. Vamos subiendo hasta llegar a un llano amplio con antiguos campos. Aquí, el camino marcado baja al cementerio pero el nuestro continúa por la cresta. Empieza nuevamente a llover y el fango por la tierra blanda se hace muy pesado.


Parte de la acondicionada ruta local

Ya no quiero continuar y doy la vuelta. Deja de llover y hasta empieza a salir el sol, con arco iris incluido. Parece que lo hace a propósito. Durante todos estos contratiempos, ni una queja de Josep Mª … como no hay zarzas. Vamos con el coche hasta el Santuario de Paller y comemos en las ruinas de la cercana ermita de San Pelegrí.

Arco iris sobre Bagà

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 6,3 km; 240 metros de desnivel acumulado.

lunes, 6 de diciembre de 2010

3/12/2010 – Últimos caminos en La Portella

Hoy hace un frío de mil demonios y como nevó a principios de semana, juzgamos prudentes no volver a La Pobla de Lillet de momento, ya que el lunes cayeron 20 cm allí.


Propongo a Pep matar algunas colitas (ver Glosario) que dejamos esta primavera en la zona de Les Bagues en la riera de La Portella. Aquellos lectores que quieran informarse pueden consultar las salidas del 9 y 16 de abril. Pep nos está esperando en Cal Rosal pero yo estoy muy bien en la cafetería. Para retrasar un poco más la salida, pido otro café … como paga Carles. Pero llega un momento en que no puedo demorar más lo inevitable y ponemos rumbo al sur.

El domingo pasado, hubo elecciones para elegir un nuevo presidente de Cataluña. Josep Mª es una persona muy comprometida con la política y tiene una ideología muy sólida. Durante el corto viaje a Cal Rosal, ya empieza el debate. Continúa en el trayecto en coche a la casa de Gotzenes que vigila la entrada al valle de la Portella y, como había muchos tramos de pista forestal, prosigue durante 10 kilómetros de marcha, interrumpido solamente por las subidas.

Pero vayamos por puntos. En Gotzenes, el termómetro del coche de Pep marca -5ºC. Exijo el libro de reclamaciones; no hay derecho. Pep y Carles me recuerdan que el lugar lo elegí yo. Cruzamos la riera en un punto donde el agua se encajona entre piedras, llamado el Gorg del Boix y buscamos la manera de subir a la casa de Les Bagues, donde había la colita que me interesaba. De momento, la escarcha y el hielo son compañeros constantes; para tener sol, estamos en el lado equivocado del río, pero llega un momento en que ya no tengo frío … como no paramos de movernos. Eso sí, voy muy abrigado. La deseada colita empieza muy bien pero al llegar a la primera cresta, sólo hay una opción: subir. En algunos puntos, el camino se parece sospechosamente a un camino para bajar troncos y en otros, se parece más a un camino para personas. Salimos a una pista y vamos hacia otra colita que Pep vio cuando se tuvo que marchar antes (ver salida del 26 de marzo).


Así se ve el mundo a 5 grados bajo cero

El Gorg del Boix

El debate continúa y Josep Mª hace una exposición detallada de sistemas políticos y económicos, con la independencia de Cataluña como eje central. Con tanta abstracción ideológica, empiezo a distraerme con pensamientos míos y voy quedando atrás. En el kilómetro 9, les atrapo y justo en ese momento, oigo a Pep decir algo que me deja atónito: “En el fondo, todos buscamos la felicidad”. ¡Pues, sí señor! Quizás al lector le sorprende mi emoción pero hace 11 años, cuando conocí a Pep, si algo no se podía tocar o medir, no existía. Uno de los efectos secundarios era que no hacía bromas. Ahora sí hace bromas y quisiera pensar que el roce conmigo ha contribuido en alguna pequeña medida a esta evolución.

Bajamos la colita de Pep hasta que entre en la pista, ya cerca de la riera de Portella y miramos algunas colitas más, que se mueren en carboneras.

Salimos de las sombras en busca de un poco de sol para almorzar y luego continuamos por la pista siguiendo el valle hacia abajo. En la primavera, no habíamos podido localizar el Molino dels Porxos pero el contacto de Pep insistía en que estaba. Ahora, bajando por la pista, vemos la presa para desviar el agua y, un poco más adelante, una rueda de molino en la ribera de la riera. Sin embargo, no se ven restos de la casa.

La rueda del Molino dels Porxos


Bajamos la interminable pista hacia Gotzenes. Para hacer la ruta más llevadera, nos dedicamos a una clase de pronunciación inglesa. Cuando llegamos a la palabra “caught”, ya no puedo contener la risa. El único que la pronuncia correctamente es Pep pero él se niega a interesarse por el idioma (“¡Si quieren hablar conmigo, que aprendan catalán!” dice). Otra espina que tiene clavada Pep es la casa de la Solana que se ve a media cuesta entre la casa de Salabuc y Mascaró. En el pasado ha intentado llegar desde Salabuc pero la vegetación le cerró el paso y en aquel tiempo, no estaba Josep Mª para abrir paso por las zarzas. Ahora, desde la pista, vemos un camino que sube hacia la Solana que podría darnos la clave para acceder a esa zona. Queda reservado para una próxima salida.


Volviendo a casa

Tengo la impresión de haberme reído mucho hoy, a pesar del frío. Cuando llego a casa, me entero que una huelga sin aviso de los controladores aéreos ha provocado el caos en los aeropuertos.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 15,4 km; 435 metros de desnivel acumulado.

sábado, 4 de diciembre de 2010

26/11/2010 – Puig Castellar

No es ningún secreto que a mí no me gusta el frío. Si me hubiera gustado, me habría quedado en mi país. Pero siempre hay algo más que se puede aprender sobre el frío.

Dejamos el coche en el núcleo urbano de La Pobla de Lillet, pueblo hundido en las sombras con el río Llobregat a tocar. Nada más salir del coche, siento un frío que me congela el alma. Debe hacer algo bajo cero y para ver el sol, habrá que subir.


Una visión gélida de La Pobla de Lillet, tomada a contraluz


Encima de Saus, hay otra casa, Puig Castellar. El nombre existe desde la Edad Media y está asociado a un pequeño poblado. Desde La Pobla, la Minuta (ver Glosario) indica dos caminos, uno que va directo a la casa y otro a la zona de Els Trulls. Nos encaminamos a la zona deportiva y tomamos el camino de Els Trulls, que sube por la cresta, señalizado con marcas azules. Entre el sol y la subida, la sensación de frío disminuye. Delante, se ve la antigua fábrica cementera del Clot del Moro, todavía en sombra, y en una amplia cuesta, terrazas interminables de campos con muros de piedra seca. No impresiona tanto como las terrazas de Sant Julià de Cerdanyola pero tiene el mismo aire.


La antigua fábrica cementera del Clot del Moro, hoy museo


Carles y Pep se enfrascan en una discusión sobre arqueología del paisaje, que escucho algo distraído. Seguimos subiendo y finalmente el camino desaparece en los campos de Puig Castellar. En la finca de Puig Castellar, hace unas décadas se araron los campos para plantar pinos y, con el tiempo, los surcos se han suavizado hasta parecerse muchísimo a caminos pero siempre acaban al final de los campos. Seguimos subiendo hasta salir a la pista encima de la casa que va al Coll de Cerqueda. Allí hay un bebedero y un montón de vacas, que se apartan de mala gana ante nosotros.

La casa de Puig Castellar. Como todas las casas aisladas en esta zona, utiliza el terreno para protegerse del viento del norte

Nos dividimos. Pep sube a la cresta en busca de restos medievales y Carles y yo continuamos por la pista por la umbría. No tardamos en ver un camino que marcha a la izquierda. Va llaneando paralelo a la pista, es el antiguo camino. El frío vuelve a ser notable pero finalmente, empalmamos con el camino de la Minuta que viene del Coll de Cerqueda para bajar al Puig Castellar y a La Pobla. Subimos al collado y allí nos encontramos con Pep (que no ha encontrado nada) y el sol.

El camino de la umbría hacia el Coll de Cerqueda

 
De repente, veo gotas de sangre en el pantalón. Me está sangrando la nariz, perforada por una espina en la subida al collado, y como la tengo roja del frío, no para de salir sangre. Paso el próximo medio kilómetro con un kleenex enganchado a la nariz, intentando parar la hemorragia. En la bajada al Puig Castellar, buscamos un sitio soleado para almorzar. Debilitado por la sangre perdida, como mi bocadillo en silencio.
Nos volvemos a poner en marcha. Aquí, entre las rocas y los robles, el camino se ve perfectamente pero al entrar nuevamente en los campos de Puig Castellar, se difumina. Además, como han arado, hay mil caminos paralelos y vete a saber cuál es el bueno.
Llegamos a la casa y giramos a la derecha para seguir una colita (ver Glosario) que tenemos desde hace al menos 5 años. Nos lleva hacia donde estuvimos la semana pasada, pasando zonas de cultivo antiguas perdidas en el bosque. Damos la vuelta y, nuevamente en Puig Castellar, buscamos el camino que baja a La Pobla, que encontramos, aunque muy erosionado. No ha sido uno de mis mejores días.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 14,9 km; 640 metros de desnivel acumulado.

sábado, 27 de noviembre de 2010

19/11/2010 – Saus

Mientras estaba haciendo recuperación, Pep había hecho unas breves incursiones en la zona encima de las casas de La Sala y El Plantiu, en la carretera que va de Guardiola a La Pobla. En el libro de las Baronies de Pinós, que resume los documentos conservados desde la Edad Media de los señores de Bagà, se menciona una serie de casas dentro de la zona que se podría llamar ampliamente Riutort, que incluye la antigua iglesia de Santa Cecilia, encima del antiguo camí ral. Hace unos años, hicimos algunas salidas por allí y había una zona en concreta, cerca del Torrente de La Sala, donde había unas estructuras muy sospechosas.

Hoy, el veranillo de San Martín es historia. Hace frío. Dejamos el coche en la carretera debajo del Plantiu. Josep Mª por fin respira a gusto pero yo sólo deseo ver el sol subir por detrás de las montañas del Catllaràs. Subimos por la pista hasta encontrar un fragmento del antiguo camino que va a la casa de Saus. Cuando hicieron la pista, se llevaron por delante la sala de estar de la casa porque sólo queda la parte de detrás.
 Pep y Josep Mª contemplan las ruinas de Saus. 


Pista naturalizada cerca de la Tuta Petita

Ponemos rumbo hacia el oeste por los campos de Saus, siguiendo caminos que a veces se encuentran y a veces se pierden. Salimos a una pista nueva en la cresta entre el Torrente de La Sala y el Torrente de Cerqueda. La seguimos y al poco rato, se acaba, continuando como una pista muy antigua, prácticamente reconvertida en camino. Encima vemos una estructura cuadrada sospechosa y otro camino que entra en la pista antigua, al lado de una pequeña gruta que se llama la Tuta Petita. Aquí nos dividimos. Pep y Carles suben cuesta arriba en busca de la Tuta Gran y Josep Mª y yo seguimos buscando caminos.
Continuamos por la pista y pronto vemos un camino que sale a la izquierda. Lo seguimos y entramos en una zona de antiguos campos con paredes de piedra gris. Ahora está poblada por robles y boj pero se respira un aire de gran antigüedad. Como ya sospechaba, el camino nos lleva a las estructuras que habíamos encontrado hace unos años, subiendo desde La Sala. Continuamos el flanqueo bajo Puig Cal pero el camino se pierde en los campos y damos la vuelta para volver a la Tuta Petita.
Otra vez en la pista antigua, nos encontramos con Pep y Carles que bajan eufóricos. Han encontrado la Tuta Gran y caminos que conectan la casa de Puig Castellar con el Coll de Cerqueda.
Continuamos por la pista, que se parece mucho a una pista que se hizo en los años 20 en Greixer hacia el Coll de Cabrera y debe datar de la misma época. De repente, Pep exclama: “Casas medievales”, y señala unos montículos de piedras debajo del camino. Carles dice: “Si no ponen un letrero, no lo veo”. Creo que hablaba en nombre de todos. Vistos más de cerca, sí se distinguen unas formas de habitáculos. Ya dentro de las casas, Pep y Carles especulan, de los nombres mencionados en Les Baronies, a cuáles deben corresponder.

Una casa medieval vista desde dentro.

Josep Mª supera todos los obstáculos

Tras hacer la inspección preceptiva, continuamos hasta el Coll de Puig Cal, donde entramos en la pista moderna. Al otro lado, continúa un camino que tendrá que esperar otra ocasión. Damos la vuelta y buscamos el sitio menos frío para comer.

Otro punto de la misma pista. La pared de piedra seca delata su antigüedad

Rastro dejado por el ciervo, que usa los pinos para rascarse las astas


Continuamos hasta Saus, intentando enlazar algunos caminos. Desde la casa, tomamos un camino muy claro que baja hacia La Pobla, que sale a un llano donde está la Cruz de Saus. Desde allí bajamos directamente hasta otro camino utilizado habitualmente por la gente de La Pobla y de allí al coche.

 
Pedraforca bajo un cielo invernal

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 15,9 km; 640 metros de desnivel acumulado.