Aquí relato nuestras salidas por los caminos del Berguedà y comarcas vecinas. Como lo pasamos muy bien, queremos comunicar sobre todo buen humor y alegría pero también tiene un fondo muy serio: el camino como bien patrimonial, pieza esencial para entender la historia y digno de conservación. Es nuestra misión desde hace más de 15 años.



sábado, 9 de octubre de 2010

1/10/2010 – El Pas de la Roca Plana

Nuestros lectores recordarán que la semana anterior, Pep y yo estuvimos comiendo en el Prat de l’Estenedor frente al Pas de la Roca Plana. Ninguno de los dos lo habíamos subido y aunque estaba marcado en el Alpina, yo me resistía a probarlo. Sin embargo, desde el Prat de l’Estenedor, me parecía más asequible y accedí a subirlo la próxima semana.

Hoy tenemos un invitado, Esteve, un amigo de Pep de los partidos de ajedrez y nativo del Berguedà pero actualmente es profesor de psicología en una de las universidades de Barcelona (no sé cuál). Desde hace unos cuantos años, se apunta a una o dos salidas al año con nosotros.


Volvemos a subir la larga pista al Prat d’Aguiló y caminamos al refugio para hacer el tramo del Camí dels Collets que nos faltaba por completar. La niebla estaba enganchada a la cresta del Cadí y allí nos íbamos a meter. Iniciamos el flanqueo hacia el Prat de l’Estenedor. En algunos puntos, el camino parece buscar el único sitio por donde se puede pasar entre las formaciones rocosas y eso me hace plantear una vez más una de nuestras eternas preguntas: ¿qué vino primero, el paso o el camino? O sea, ¿había un paso y por eso existe el camino o el paso se hizo cuando se hizo el camino?




El Camí dels Collets

Con esos pensamientos, voy cruzando torrentes, pedregales (tarteras en catalán) y pequeños collados hasta llegar al Prat de l’Estenedor. Delante, el Pas de la Roca Plana, perdido en la niebla. Iniciamos la subida por la cresta.

Esteve es 11 años más joven que nosotros pero, siendo neourbanita, sube pocas montañas y pronto empieza a resoplar. Pero como buen psicólogo, conoce nuestro perfil y no tarda en sacar temas que nos hará detenernos para conversar y así puede reponer fuerzas. Y nosotros caemos gustosamente en la trampa ya que la compañía es amena.


Entramos en la niebla debajo de la Roca Plana

Salimos del bosque y vamos subiendo como podemos por la cuesta. Cruzamos una pequeña ‘tartera’ y entramos en un pequeño valle que en el mapa tiene el nombre de Prat Sistrer, aunque de prado tiene muy poco. La niebla a veces se levanta y a veces baja, ofreciéndonos vistas de gran belleza o totalmente fantasmagóricas. A la entrada del valle, una cruz de madera nos parece advertir de los peligros que nos esperan si continuamos.

La cruz de madera

Desoyendo el consejo, continuamos por una fuerte pendiente hasta salir a una cresta. Seguimos la cresta hasta llegar a la pared. Ahora tocará escalar; no tiene ninguna dificultad técnica y alguna alma caritativa ha puesto pequeños montículos de piedras que nos guían certeramente pero yo no soy ningún escalador. Intento no pensar en lo que podría pasar si diera un paso en falso o me enredara con mi palo y me centro en seguir las botas de Esteve. Como todo en este mundo, la escalada se acaba y sólo nos queda un flanqueo para llegar al hueco entre dos cimas que es el Pas de la Roca Plana.

Casi estamos arriba

El último flanqueo al Pas de la Roca Plana
Un Pep exultante

Tras saborear el triunfo, emprendemos nuevamente la subida hacia el Pas dels Gosolans, caminando justo debajo de la cresta del Cadí. Estamos en el municipio berguedano de Gisclareny, en el enclave de Cortils. A medida que ganamos altura, se abre la vista de toda la zona de prados, con la cabaña de Cortils abajo, y detrás, la Serra Pedregosa, y detrás, la cara norte de Pedraforca.


La Coma dels Cortils


La cara norte de Pedraforca

El Gat

Cruces de hierro cerca del Pas dels Gosolans

Las veces que había estado en esta parte del Cadí, había venido desde el Pas dels Gosolans o desde Comabona, nunca desde aquí, y las perspectivas son totalmente inéditas para mí.

Llegamos al Pas dels Gosolans y bajamos hacia el refugio, ahora cerrado, parando para comer en un pequeño prado soleado.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 10 km; 710 metros de desnivel acumulado.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

23/9/2010 – Prat de Cadí

El hombre del tiempo nos amenazó con lluvias intensas el viernes y decidimos pasar la salida nuevamente al jueves. Yo tenía un compromiso que me tenía ocupado hasta las 9.30 y Pep no encontró a nadie que pudiera salir antes. Por lo tanto, o venía conmigo o se iba solo. Pero en el fondo, Pep es una persona sociable y además yo tengo el GPS que nunca pierde la señal.

Dejamos el coche en el Coll de Pallers, justo al otro lado del pequeño pueblo de Estana, y emprendemos el camino para subir al Prat de Cadí. Es uno de los itinerarios clásicos de esta parte de Cerdanya y paso obligado para todos los que quieren subir al Cadí por el Canal de Cristall. Es un camino ancho, atractivo, asequible y muy recomendable.



Camino del Prat de Cadí

El mismo camino ya más cerca del Prat de Cadí

El destino del camino no se ve hasta que de repente sales al prado ya que el relieve del terreno lo esconde. Hacía años que no iba allí. Las vacas habían cortado la hierba hasta dejar el prado como un campo de golf, si no fuera por la muralla detrás.

El Prat de Cadí

Damos una vuelta en busca de estructuras y luego tomamos la pista que marca el inicio del Camí de Collets. La pista, medio naturalizada, va llaneando, entrando en los barrancos y saliendo a las crestas con las curvas de nivel. Sin embargo, al cabo de poco rato, un montículo de piedras marca el inicio del camino, que emprende una fuerte subida. A partir de aquí, tiene el perfil que ya conocemos del otro lado del Prat d’Aguiló de subidas a pequeños collados y bajadas para cruzar barrancos, con cabañas y pletas en pequeños prados. Sin embargo, aquí también abundan las plazas carboneras, indicando una explotación intensa del bosque en el pasado.


El Cadí desde el Camí dels Collets

Hoy caminamos por un paisaje desierto pero con tanta evidencia de actividad humana, hace un siglo esto tenía que haber estado muy distinto. En cada collado, habría al menos una persona, cuidando el ganado o cortando el bosque. Llegamos al Prat de l’Estenedor. El Prat d’Aguiló parece cerca pero el cielo amenazador y la hora desaconsejan continuar. Paramos para comer. Delante, el camino al Pas de la Roca Plana, una de las rutas para cruzar el Cadí. El mapa del Alpina marca un camino que baja al Coll de l’Estenedor con la posibilidad de ir a Bastanist o volver a Estana.
Pep estudia sus opciones cerca del Prat de l'Estenedor

Un poco pasado el Prat de l’Estenedor, vemos unos montículos de piedras que marcan el descenso, que desemboca en un camino bien trazado que continúa el descenso hacia el Coll de l’Estenedor. Salimos a una pista erosionada que lleva al collado y continúa con fuerte descenso. No se allana hasta pasado el Serrat de la Descarrega. Lo escarpado del terreno descarta otros caminos y seguimos la pista, por un paisaje homogeneizado por la explotación forestal. Empezamos a aburrirnos cuando, pasada una fuente, vemos un camino que sale a la izquierda. Lo tomamos y se nos abre un mundo de magia. Primero está bastante tapado hasta un pequeño collado. A partir de allí, ha sido limpiado y va llaneando por el bosque hacia Estana, cruzando barrancos, pasando pequeños collados y graus o pasos en la roca. El juego de colores entre los árboles, el musgo y las piedras con el ruido de los pequeños torrentes es de lo más refrescante. Uno se da cuenta de lo mucho que se ha perdido en personalidad paisajística – sobre todo en micropaisajes – en nombre de un progreso homogeneizador.

El camino hacia Estana

Salimos en una pista en los campos muy cerca del Coll de Pallers. Damos gracias a nuestra buena fortuna por haber encontrado este camino. Es muy difícil que lo hubiéramos visto desde el Coll de Pallers.

El viernes hizo sol y no llovió hasta las 4.30 de la tarde.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 16,6 km; 760 metros de desnivel acumulado
.

viernes, 24 de septiembre de 2010

16/9/2010 – Valle de Ridolaina (5)

Esta será nuestra última visita a este valle antes de pasar a Bastanist. Últimamente, nuestro punto de reunión es el hotel de Carles a las 7 de la mañana y, aunque a esta hora aún no ha salido el sol, Pep todavía no quiere pasar a una hora más civilizada. Hoy llego en un estado catatónico, esperando ansiosamente mi dosis de cafeína y azúcar. Carles me muestra unos libros que miro sin ver. Pep, lleno de vitalidad, quiere hacerme partícipe en la planificación de la ruta pero contesto en monosílabas. Subimos al coche y como será un viaje largo en carretera y pista forestal, empiezan las bromas para hacer más llevadero el viaje. A medida que las preciadas moléculas de cafeína llegan a los famélicos receptores en mi cerebro, una sonrisa casi imperceptible se esboza en mis labios, luego alguna risita, un comentario y cuando Pep cuenta cómo una abeja le picó la nariz el día anterior, ya estoy de vuelta en el mundo de los vivos. Esta milagrosa transformación obrada por una humilde taza de café no tarda en estar en boca de todos.
Subimos la pista hacia el Prat d’Aguiló. Pep quería localizar los tramos del camino antiguo que no han quedado absorbidos por la pista y vamos parando en distintos puntos. Dejamos el coche en el Coll de l’Home Mort y seguimos las marcas blancas y amarillas del PR hacia abajo.



Una barraca en buen estado en la zona del Pradell, debajo del Coll de l'Home Mort

Dejamos a la derecha una pista que va a la zona llamada Jaça de Dalt en el mapa y continuamos bajando. Acaba la pista; un corral y una barraca, y debajo empieza un camino que sigue bajando la cresta hasta llegar cerca del Torrente de les Eres. Allí cruzamos un canal que debe ser el que encontramos en Les Eres el primer día y lo seguimos hasta la captación en el torrente.
En ese punto, nos dividimos. Pep quiere ver la casa con corrales que todavía no tenía nombre y se lleva un voluntario, Carles. Yo no quiero seguir bajando para ver lo que ya he visto y vuelvo a subir por donde hemos venido con Josep Maria para buscar la Jaça de Dalt. El trato es que nos encontraremos en ese prado.
Llegamos a la pista que dejamos a la derecha en el descenso y la seguimos hasta un pequeño prado. Tras anotar el inevitable corral y barraca, vemos abajo un prado más extenso que parece más atractivo y bajamos. Entramos en un llano cruzado por varios pequeños riachuelos (un estanque glaciar que se llenó de sedimento, nos dirá más tarde Pep), una plantación de cardos ya marchitados y una cantidad impresionante de aves de todo tipo. Exploramos el prado a fondo pero no vemos ningún camino que baje. Me alegro de no haber ido con Pep porque ahora sé que subirán la cuesta a la brava.



Prat de la Roca, con el Pirineo detrás
Nos cansamos de esperarles y subimos por un valle arduo e ingrato hasta llegar al Prat d’Aguilò. Comemos encima del refugio.



El Prat d'Aguiló, ya con los colores de final de verano
Al final, llegan Pep y Carles. Habían encontrado un par de vaqueros y tienen información fresca. Entre otras cosas, la casa que en nuestros mapas se llama Cal Paraire es Cal Calamites y la Cal Paraire de verdad es la otra casa más abajo, que hasta ahora no tenía nombre. También sabían el nombre de la otra casa sin nombre, debajo de la Torre de Sant Romà. Lo que habíamos puesto como Planells de la Baga se llama els Fangassos y la Jaça de Dalt se llama el Prat de la Roca. Mientras ellos suben la cuesta detrás del refugio para buscar un lugar para comer, nosotros tomamos un café en el refugio. Pep se despide de nosotros con una mirada desaprobadora pero porqué privarse de estos pequeños placeres, pienso.
La cabecera del valle de Bastanist, nuestro próximo destino
Nos reunimos en la punta de la cresta, que luego bajamos bajo un cielo cada vez más amenazador hasta llegar al coche. Volviendo a bajar la pista, miramos una pleta cerca del Coll de Jou y luego Pep y Carles van enlazando tramos del antiguo camino mientras yo y Josep Maria vamos bajando en el coche. Ya está lloviendo.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 11,8 km; 650 metros de desnivel acumulado.

sábado, 18 de septiembre de 2010

10/9/2010 - Valle de Ridolaina (4)

Antes de dejar este valle, quedaba por ver si realmente había un camino que seguía el fondo del valle y qué conexiones había desde abajo con la Torre de Sant Romà. Dejamos el coche en el Pla de Nas, frente al camino de subida tan áspero desde la Molina de Ridolaina que hicimos el primer día. La idea era hacer este camino de bajada y subir por otro camino pasado el Coll de Nas. Sin embargo, esto supondría dar más vuelta y como (la hija de) Pep tiene clase de música, las probabilidades de que también lo tendríamos que hacer de subida no eran despreciables.
Así que henos aquí, bajando este camino infame. Pasamos por la Molina de Ridolaina y continuamos hasta donde dejamos el primer día una colita que se adentraba en el valle, debajo de la casa de Sant Romá.

La casa de la Molina de Ridolaina. Todavía no le tocaba el sol

Vemos más canales; eso de los canales de riego era una auténtica obsesión en este valle. La colita se muere en el último prado, que tiene el nombre muy apropiado (en nuestro caso) de Camp dels Rucs (Campo de los Burros). Subimos el prado; hay una pista para el mantenimiento de uno de los canales que aún funcionan que, tras unas subidas y bajadas, nos deja abajo, encima del canal, que bordea el peñasco de la Torre, cerrando el paso a los animales con una barrera de madera.
Queridos lectores, lo que voy a relatar no quiero que lo hagáis en casa. Hay cosas que se hacen en nombre de la ciencia o por la terquedad de Pep (que viene a ser lo mismo) que rayan en la imprudencia y ésta es una de ellas.
Pep quería asegurar fuera de toda duda que no había ningún camino que siguiera por el fondo del valle, así que cruza la barrera y sigue el canal. Si hay un camino al final, él continuará, así que estamos obligados a seguirle, yo el último. El paso se hace cada vez más estrecho y al final caminamos sobre una estrecha repisa de hormigón con una caída de unos 3-4 metros a nuestra izquierda. “Si hay que volver por el mismo sitio, me va a oír”, pienso. Me vino el recuerdo de un paso mucho más estremecedor encima de Aigua d’Ora hace unos cuantos años que, en nombre de la ciencia, también hicimos de ida y de vuelta. El terreno se allana y llego a la captación. Pep se ha metido dentro del bosque pero no tarda en volver. “Media vuelta”, dice. “Aquí no hay nada”. “Lo sabía”, pienso.


Carles y Josep Maria esperan la vuelta de Pep al inicio del canal

Una vez de vuelta en tierra firme, en la pista, Pep me sonríe benévolamente: “Ahora podemos ir donde tú quieras”. “Mientras sea a la Torre de Sant Romà”. “Claro”, contesta. Estamos justo debajo de la Torre y no hay otro sitio donde ir. “Y pasando por la casa de Sant Romà”, continúo. “Sería todo un detalle de tu parte”, concede.
Subimos a la casa, que Pep inspecciona, y luego a la Torre, que también inspecciona. Desde la casa de Sant Romà, se ven restos del antiguo camino que debía seguir el trazado que ahora ocupa la pista que va hacia los prados de Cal Paraire y Les Eres. Buscamos sombra y comemos.
Para volver, continuamos por la pista hasta situarnos encima de la Molina de Ridolaina. Al lado de la pista, las ruinas de otra casa, cuyo nombre tampoco sabemos de momento. Buscamos el camino que baja desde esa casa a la Molina, que encontramos, ahora convertido en una especie de pista. Bajamos rápidamente a la Molina pero no hay tiempo para buscar otra ruta y subimos ya por segunda vez el camino directo al Pla de Nas. No ha perdido nada de su encanto desde que lo subimos hace ya un mes.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 14 km; 740 metros de desnivel acumulado.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

3/9/2010 – Valle de Ridolaina (3)

Queríamos ver si había alguna conexión entre la pista del Cortal de l’Oriol y el Serrat de l’Avetosa. Yo ya había marcado unas colitas prometedoras. Dejamos el coche en el Cortal de l’Oriol y bajamos a la primera colita, en el Prat de l’Ordi. El camino se difumina casi enseguida; subimos a una pista antigua pero se muere a media cuesta. Pep prueba algún camino de bajar troncos, esos que bajan la cuesta en línea recta, pero pronto desiste. Vamos a la colita siguiente, ya más cerca del Cortal. Inicialmente el camino promete. Nos lleva al Clot de les Fonts y luego sube para salvar una pared de roca. A partir de allí sube un camino de bajar troncos pero el camino de verdad vuelve a bajar para pasar por una fuente y luego al Cortal de l’Oriol, es decir, su único fin era llegar a la fuente.
En el transcurso de esta labor más bien estéril, empezamos a hablar de los malabarismos laborales – a veces infructuosos – que tenemos que hacer para poder salir los viernes. “Pero si yo no vengo”, digo, “no se escribe el blog”. “Y si yo no vengo”, dice Pep, “no se digitalizan los caminos”. “Y si yo no vengo”, dice Carles, “no pasa nada”. “Hombre, no digas eso”, protestamos. “Si tú no vienes, ¿quién dará fe de nuestras proezas y cantará nuestras glorias?”. Josep Maria no puede decir nada, porque no ha venido.
Probamos la última colita, que sale directamente del Cortal de l’Oriol. Tiene muy buena pinta y sube suavemente hacia el norte. Tras llegar a una fuente, pierde definición – hasta aquí llegan las vacas – pero el trazado continúa y nos acaba llevando al Torrent de l’Abeurador, unos 300 metros encima de la pista principal. Evidentemente, era el camino de acceder a la cabecera del valle antes de que se hiciera la pista. No es la primera vez que una salida ha tenido un comienzo árido, “académico”, pero luego, cuando empezábamos a perder esperanza, ha salido un camino interesante que nos ha llevado a otras cosas interesantes y nos ha arreglado el día.


Aproximación a los Planells, con el Cadí detrás
Desde allí, sube otro camino – bien marcado y todavía usado por el ganado – que nos lleva a los Planells de la Baga, una zona relativamente llana de prados, con su barraca, pleta o aprisco y fuente. En la subida, dejamos un par de colitas que algún día habrá que seguir.
La bien conservada barraca en los Planells de la Baga
En los Planells, comemos y, compartiendo una botella de cerveza inglesa, empieza la tertulia. Y uno de los temas que salió era uno que me había venido a la mente ya hacía unas semanas. Antes, para los tres, salir a la montaña era un medio para mantenerse en forma – uno hacía travesías, otro corría y yo hacía lo que podía – pero el objetivo era estar en forma. Ahora, queremos estudiar la montaña y para poder hacer eso en condiciones, nos mantenemos en forma. Hacemos lo mismo, pero el enfoque ha cambiado.
Pep y Carles conversan ajenos al imponente paisaje detrás. Observad la bolsa de setas que lleva Pep.
Después de comer, miramos si hay una manera de bajar por el otro lado de los Planells pero el Torrente de les Eres ha cortado un profundo barranco y tiene muy mala pinta. Volvemos a bajar por el mismo camino que subimos, llegamos a la pista principal y de ahí, hasta el coche.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 14,5 km; 810 metros de desnivel acumulado.

viernes, 27 de agosto de 2010

19/08/2010 – Valle de Ridolaina (2)

Nada más recibir el track de la salida anterior, Pep me llama. No está nada satisfecho con lo que hicimos. No vimos nada de lo que teníamos que ver; concretamente, el mapa del Ejército de 1959 marca un canal que pasa encima del Coll de Nas y no hemos dicho nada de eso. Tampoco hemos dilucidado la estructura de los caminos que entran en el valle. “Roma no se construyó en un día”, le digo, sin complejos. “Vale, vale”, concede, “pero lo primero será encontrar ese canal”.

Hoy tenemos un invitado especial y amigo mío, Ramón Viñas, que a veces viene a caminar conmigo en rutas más lúdicas con otro grupo. Le interesa el tema de los caminos.
Primero dejamos el coche en el Coll de Nas y emprendemos una dura subida por la cresta. Llegamos al primer llano … nada. Pep continúa. Llegamos a un segundo llano … nada. Pep continúa. “Hay que tener fe”, dice y tras 110 metros de subida y medio kilómetro recorrido, allí está, llegando de llano desde el fondo del valle y todavía bien conservado. La verdad es que con la frondosidad de la vegetación, tiene una estampa muy atractiva. Desde donde hemos llegado, emprende un descenso empinado para empalmar con el Torrent de les Costes y lo seguimos. Salimos a la pista al Coll de Nas y volvemos al coche.
La segunda tarea es buscar el camino de Torras a Les Eres. Hay que seguir el PR, digo. Habrá una bifurcación que nos llevará adonde queremos ir.
Seguimos la pista con el coche, dejando a la izquierda el camino que tomamos el otro día y al final lo aparcamos en una gran explanada.


Una curiosa barraca cerca de donde aparcamos el coche

En una curva de la pista, las marcas del PR se marchan por un camino llano. Al cabo de poco rato se produce la bifurcación. Primero tomamos el PR para acabarlo y salimos a la pista en el punto que marcamos la semana pasada. Pero también habíamos cruzado el canal y al volver a bajar, decidimos seguirlo un rato hacia Nas. Es realmente atractivo y es prácticamente llano. ¿No se podría aprovechar para alguna ruta excursionista? nos preguntamos. Al final, llegamos a la zanja erosionada al lado de la pista que habíamos descartado el otro día y vemos que cruza debajo de la pista y continúa, en línea recta hacia la cresta encima del Coll de Nas.

Vista del canal de Nas

Mientras tanto, Carles va explicando a Ramón algunos de los misterios de la búsqueda de caminos y cantando nuestras alabanzas como expertos en la materia. Suerte que estamos de vuelta de estas cosas porque, con tantos elogios, era para inflar seriamente el ego. Yo advierto a Carles: “Tú hablas de dos maestros, pero para Pep sólo hay uno y no soy yo”. Pep calla pero hay silencios que hablan libros enteros. Pero es cierto; si no fuera por lo que me empezó a enseñar Pep hace once años, yo no podría estar escribiendo este blog.
Volvemos al camino de Les Eres y desembocamos en un lomo a la vista de los prados de Les Eres, que están al otro lado del torrente. Cruzamos el torrente por un camino que nos deja muy debajo de la casa. Debía ser el camino para ir a la otra casa, la que todavía no tiene nombre. Comemos en Cal Paraire, disfrutando de un té caliente que ha traído Ramón, pero no nos demoramos mucho, empiezan a subir nubes amenazadoras detrás del Cadí.
Tomamos el mismo camino detrás de la casa y esta vez pasamos la alambrada y cruzamos el torrente, completando el círculo. Volvemos a subir al canal y continuamos a la derecha hacia la cabecera del valle. Llegamos a un desprendimiento de tierras que ha destruido un tramo de canal y Pep desiste. Damos marcha atrás y vamos al Cortal de l’Oriol. El cielo es cada vez más amenazador y volvemos al coche por el camino más corto. Al entrar en el coche, caen las primeras gotas.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 15,8 km; 610 metros de desnivel acumulado.

13/8/2010 – Valle de Ridolaina (1)

Este valle ya lo habíamos mirado desde los prados altos y sospechábamos que sería complicado. Para colmo, Pep no puede venir y me toca a mí hacer de monitor de Carles y Josep Maria. Como nadie ha estado aquí, decido partir de Nas y buscar una ruta que hiciera un circuito del valle. Nas es un pequeño pueblo situado en un altiplano. Quedan algunas casas que todavía trabajan el campo pero la mayoría son casas restauradas con cariño como segundas residencias.

Vista del valle de Ridolaina desde el Pla de Nas


Vista de Montellà y el Pirineo desde el mismo punto

Dejamos el coche a las afueras del pueblo y tomamos la pista señalizada como PR hacia Prat d’Aguilò. La primera parte es plana, pasando entre campos hasta llegar al final del altiplano, frente al camino – si todo va bien – por donde volveremos. La pista gira para encarar el valle. Delante, el espolón rocoso llamado Coll de Nas. César August Torras describe una ruta que va planeando desde el Coll de Nas hasta cruzar el fondo del valle en una zona de prados llamada Les Eres y luego sube hacia Prat d’Aguilò. A ver si lo podemos encontrar.
En el collado, tomamos vistas y continuamos por la pista. En cierto momento, la pista baja y marcha un camino de llano. Decido tomar este camino, aún a expensas de perder la ruta de Torras. Nuestro camino pierde las señales del PR y no tarda en empezar a subir – mala señal, acabaremos en el Cortal de l’Oriol. El camino sube por el bosque. De vez en cuando, la vista se despeja y vemos el otro lado del valle, dominado por la Torre de Sant Romà sobre un peñasco. Salimos en una curva de la misma pista. Al otro lado, vemos una zanja erosionada y poco profunda pero decidimos que no es un camino y continuamos subiendo por la pista. Cruzamos una zona de prados – Prat de l’Ordi – y llegamos a una abundante fuente.

Font Tosca

Justo allí, sale el PR a la pista. Si queremos buscar el camino de Torras, habrá que bajar ese camino. Pero decidimos continuar. Llegamos al Cortal de l’Oriol, un llano despejado con una cabaña moderna y fea.
La pista continúa hacia la cabecera del valle, sale del bosque y el terreno es más áspero y pedregoso. Cruzamos un primer torrente, Torrent de l’Abeurador, de repente vemos una zanja poco profunda que pasa por debajo de la pista, es un canal de agua pero ya en desuso. Damos la vuelta de una cresta y nos aproximamos al torrente principal, Torrent de les Eres. Debajo vemos otra pista más pequeña que corre paralelo a la nuestra y luego restos de tubo de hormigón. Al llegar al torrente, vemos una esclusa y el tubo de hormigón por el que se debía desviar el agua.
Continuamos por la pista, ya por el otro lado del valle. Empezamos a ver campos, estamos en Les Eres. Oímos ruido de agua encima nuestro, es otro canal, éste más local, para regar los prados y todavía en uso. Decido dejar la pista y seguir el curso del canal, ahora seco habiendo descargado su agua. Se difumina en un torrente cercano. Buscamos un sitio para comer.
Según los mapas, hay una casa aquí, Cal Paraire, que ya estaba abandonada cuando pasó Torras. Si volvemos sin buscarla, la bronca de Pep será tremenda así que retrocedemos por la pista. Por suerte, al cabo de poco rato, se ven unas ruinas y allí está. Seguimos un camino que va hacia el torrente debajo de la casa e intuimos un paso para cruzarlo pero una valla de alambre de púas nos hace desistir, y además nos apartaría de la ruta planeada.

Los restos de Cal Paraire

Continuamos por la pista y al poco rato, vemos otras ruinas de unos corrales y lo que parece ser una casa. No sabemos su nombre. Empezamos a ascender, ya hacia la Torre, unos restos medievales que vigilaban el paso por el valle. Pero, ¿dónde están los caminos? Nos invade una sensación de no haber encontrado la llave que nos abriría la puerta a los caminos históricos. Desde aquí arriba, es imposible bajar por lo escarpado del terreno.

La Torre de Sant Romà y detrás, el Cadí

Continuamos por la pista, vuelven a aparecer campos y abajo, vemos las ruinas de una casa, que el mapa llama simplemente Sant Romà. Desde aquí, tiene que haber un camino que baja a la Molina de Ridolaina, en el fondo del valle. Un primer intento nos lleva a un barranco donde pasa otro canal, pero está muy tapado y en terreno poco amable. Doy la vuelta y bajamos por prados debajo de la casa. Salimos al mismo canal pero esta vez con un camino ancho y despejado que va bajando. Éste nos llevará a buen puerto, pienso, y lo seguimos.

El canal debajo de la casa de Sant Romà

Al acercarnos a la casa abandonada de Molina de Ridolaina, vemos otro canal, también con agua, que cruzamos. Desde luego, este valle está lleno de canales. Volveríamos a encontrar el canal pasada la casa. Ahora nos toca encontrar el camino de subida a Nas, que encuentro justo donde tiene que estar, a pesar de las dudas de Carles. Empieza amable pero no tarda en coger pendiente por una cuesta dura y pedregosa y con el calor de la tarde, realmente no es agradable. “Aquí hace falta una escalera mecánica”, pienso, pero peor lo estarán pasando tres ciclistas que adelantamos mientras empujan sus bicis sobre las rocas.

La última subida con una ciclista que seguramente quería estar en otro lugar

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 19,4 km; 650 metros de desnivel acumulado.

sábado, 14 de agosto de 2010

6/8/2010 – Caminos de Montellà a Prat d’Aguilò

Hoy será un día largo; lo sé porque yo propuse la ruta. Sin embargo, un café hecho con esmero por Carles en su excelente establecimiento me da los miligramos de cafeína necesarios para afrontar con optimismo el reto.
El libro de César August Torras sobre la Cerdanya publicado póstumamente en 1924 habla de una serie de rutas de Montellà a Prat d’Aguilò; también habla de un camino desde Bastanist a Prat d’Aguilò que pasaba por Les Valls, Escàs, Roques Llongues y la Balma de l’Espluga. Por su parte, el Alpina viejo muestra un camino que baja directamente desde el Coll de l’Home Mort a la casa de Bescaran y Bastanist. Nos proponíamos investigar todo esto.



El pueblo de Montellà y detrás, el Pirineo

Aparcamos el coche en la carretera de Montellà y tomamos la ruta señalizada a Prat d’Aguilò. Primero es pista, subiendo por los campos, luego entra en el bosque. En cierto punto, vemos restos del antiguo camino al lado de la pista. La pista vuelve a entrar en zona de cultivo y marcha un camino de llano. Errores de toponimia del mapa del ICC nos despistan y yo me quedo a situarnos en el mapa con el GPS mientras Pep y Carles suben a buscar la casa de La Cabana.
Reemprendemos la ruta. El camino entra en el bosque y tras una corta subida, sale a la pista que viene del Coll de Guilera. Al final de la pista, baja un camino a la derecha a Escàs, que dejamos, y sube otro a la izquierda, que tomamos. Se alternan tramos llanos con otros de subida fuerte, siempre en un bosque más bien joven. En una cresta, marcha otro camino a la derecha a la casa de Escàs, que se ve abajo – debe ser el camino de que habla Torras.

Serrat de Vurtuló delante del Cadí

Entrando en la zona de la Espluga

Seguimos subiendo y finalmente el paisaje se despeja. Estamos flanqueando la parte alta del valle de Bescaran: a la izquierda, los ariscos de l’Espluga, delante los peñascos del Serrat de Vurtuló y detrás el Cadí y abajo, el valle de Bastanist y detrás, el pueblo de Estana. Llegamos a la Espluga, una serie de huecos en la pared rocosa, con signos evidentes de haber sido utilizada para guardar animales. Torras dice que se guardaban allí hasta 200 ovejas.

Carles estorba la vista del Cadí cerca de La Portella

Continuamos subiendo y pasamos un ‘grau’ llamado La Portella. El camino deja de subir, ya era hora. Llegamos a un corral y oímos voces. Es padre e hijo que están localizando sus yeguas. El encuentro es providencial porque nos ponen nombres a todos esos corrales anónimos que hemos ido encontrando. Nos desaconsejan el camino directo a Bastanist desde el Coll de l’Home Mort por perdido. Les acompaña un perro peludo de montaña que debía estar pasando un calor terrible. De tanto jadear, parece que tenemos una locomotora detrás y en las pausas, busca un sitio de sombra para descansar. La conversación es muy amena y nos separamos en el Coll de l’Home Mort. Buscamos algún corral más por las inmediaciones y luego comemos en la fuente debajo del collado.

Corral del Racó cerca del Coll de l'Home Mort

La subida ha abierto el apetito y comemos todo lo que llevamos encima. Decidimos hacer caso de nuestros informadores y emprendemos la vuelta por la Espluga. Es curioso lo rápido que se va cuando el camino es de bajada. Tomamos el camino a Escàs en la cresta, que baja con fuerte pendiente.

La casa de Escàs

Volvemos a estar escasos de agua pero vemos una fuente hecha de troncos ahuecados cerca de la casa, rodeada de caballos y vacas. Pep se acerca y de repente se oyen palabras impropias de un hombre de ciencia. Resulta que los animales han hecho sus necesidades encima de la fuente y no se aconseja beber esa agua si no quieres pasar la noche en el WC. Sin comida y casi sin agua – la situación empieza a tomar un giro dramático.

La fuente de la decepción

Tomamos un camino que cruza los campos y luego empalma con el GR que sube desde Bastanist. Entra en un bosque amable con musgo al lado del camino, que va bajando en suave pendiente. “Esos son los caminos que te gustan a ti, ¿verdad?”, me dice Pep, socarrón. Pues sí.

Los caminos que me gustan

Salimos frente a la casa de Sant Bartomeu. Mientras Pep y Carles inspeccionan la casa, veo un hilo de agua que sale de un tubo y lleno la botella. Continuamos la bajada, ya por campos, hasta llegar al coche.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 19,4 km; 1.060 metros de desnivel acumulado.

miércoles, 4 de agosto de 2010

30/7/2010 – Pas del Bou y Pas dels Gosolans

La semana anterior, unas tormentas nos impidieron salir pero hoy, amanece con sol y además, Carles se lo ha podido montar para venir con nosotros. Hoy queríamos enlazar dos pasos del Berguedà a la Cerdanya: el Pas del Bou y el Pas dels Gosolans. Tras subir una pista interminable, dejamos el coche a la entrada del Prat d’Aguiló. Siempre impresiona ver este prado al pie de estas imponentes formaciones calcáreas, como una especie de Ordesa en miniatura.

Prat d'Aguiló y la cara norte de Tancalaporta desde el parking

Emprendemos el camino hacia el este, hoy marcado como parte de la ruta de Cavalls del Vent. En el centro del prado, la fuente y los restos demolidos de lo que fue el primer refugio del Prat d’Aguiló, utilizado como base para hacer el primer estudio serio de la flora del Cadí en 1949. Pasamos una cresta y se nos presenta un espectáculo de grandiosidad. Parece mentira que lo tenemos tan cerca de casa.

Vistas que dejan huella

Continuamos el flanqueo hasta llegar a un prado grande llamado Pla de les Creus. Aquí baja la continuación del ‘camí dels collets’ a Quardarenes, donde nos quedamos la última vez. Nosotros seguimos el camino de Cavalls del Vent, ahora con un trazado más o menos artificial, buscando el camino hacia el Pas del Bou y la cresta. La unión se produce unos 120 metros debajo de la cresta. Hay quien dice que éste era el camino tradicional desde Gósol y Gisclareny a Bellver pero tras un desprendimiento de tierras en el siglo XIX en el que murieron unos militares que hacían el trayecto a caballo, se abrió a barrenadas el camino que se conoce actualmente como el Pas dels Gosolans. Lo cierto es que es una ruta mucho más directa.

El largo valle de Pi

Nos encaminamos hacia el oeste y el Coll de Tancalaporta, pasando a la vertiente berguedana. Una banda de niebla se apelotona contra la cara sur de la cresta reduciendo la visibilidad a pocos metros. “Tiene que haber unas vistas espectaculares”, observo, pero nuestro universo actual ha quedado reducido a unos 100 metros cuadrados. En efecto, estamos recorriendo el borde superior de una enorme olla que es el valle de la Muga, rodeado de peñascos y cerrado en su vértice por el Pas de Tancalaporta, pero todo esto lo tenemos que recrear con la imaginación.

Mirando hacia el Pas del Bou desde el Coll de Puig Terrer. Foto tomada en 2005.


La niebla queda cortada en la cresta en el Coll de Tancalaporta

Llegamos al Coll de Tancalaporta y salimos momentáneamente de la niebla, que aparece cortada como por una navaja. Continuamos por el lado sur de Comabona, otra vez en la niebla pero al llegar a la Font Tordera, el cielo vuelve a estar despejado. Comemos en compañía de un chico simpático que trabaja en el refugio del Cortal de l’Ingla. Delante, las cimas del Cadí.

Vista desde el Pas dels Gosolans

Bajamos el camino del Pas dels Gosolans con las paredes infranqueables del Cadí a la izquierda, la plana de Cerdanya abajo y al fondo toda la línea de los Pirineos, desde Aiguestortes hasta el Carlit. Llego muy cansado al coche, creo que cogí una insolación en la Font Tordera, y mientras Pep y Carles exploran algunos corrales cercanos, les espero en el coche.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 12 km; 625 metros de desnivel acumulado.

domingo, 18 de julio de 2010

16/7/2010 – Valle de Pi (2)

Hoy sólo somos Pep y yo. Carles hace tiempo que no viene con nosotros. Se le ha complicado el trabajo y tiene menos tiempo libre. Hoy, Pep quería acabar la parte alta del Valle de Pi. Dejamos el coche en el área recreativa de Prat Agre, un pequeño prado con mesas, fuente y dos cabañas, una vieja y otra moderna.



La fuente de Prat Agre

Subimos una antigua pista forestal que sigue el curso del torrente hasta empalmar con el camino de la Roca Foradada. La pista debía seguir el trazado de antiguos caminos de carboneros; vemos carboneras y caminos transversales que no seguimos: deberes para Carles.


Otra vista de la Roca Foradada

La pista es empinada pero tiene la ventaja de hacernos subir 300 metros de golpe. Una vez en el camino de la Roca Foradada, vamos hasta su arranque bajo el Pradell, luego subimos como podemos un valle cada vez más empinado hasta llegar al Camino dels Collets cerca del Prat Sobirà. Enlazamos con el Prat y luego damos la vuelta hacia el oeste. Pasamos un collado y se nos abre delante todo el Serrat de la Muga, con el Pas del Bou detrás. Es impresionante, enorme.

Pep queda mudo ante la majestuosidad de la Naturaleza

Seguimos caminando hacia los prados. En el Prat Redó, hay vacas y caballos pero cada especie se ignora mutuamente, formando su propia ‘colla’ o grupo. Continuamos caminando. Debajo vemos la fuente de Prat Redó y un camino muy marcado. ¿Será un tramo del camino de Pi al Pas del Bou? Lo dejamos para después de comer y continuamos hasta unos prados llamados Querdarenes. Delante, Puig Terrers, Comabona, Prat d’Aguiló y el Cadí. Es inmenso y lo tenemos todo para nosotros.


Una pareja de rebecos nos controlan

Comemos. Una vez reposados, volvemos al Prat Redó, bajamos a la fuente y continuamos por un camino muy marcado que pasa por debajo del Prat Sist y sale en la cresta encima del Prat dels Gònecs, bien encarado para el camino que hicimos la semana pasada desde Cortariu.


Bajando el camino desde la Font del Prat Redó

Desde la misma cresta vemos un camino que sube hace el Coll de l’Orri. Desde el Prat Redó habíamos visto unas paredes cerca de ese collado pero lo que encontramos superó nuestras expectativas. Bajando hacia el oeste desde el Coll, los restos de dos barracas, una pleta y una fuente. En el collado, unas estacas con hilo marcan un cambio de propiedad y, un poco elevados hacia el noreste, en la otra propiedad, dos barracas y una doble hilera de piedras que crean un cercado. Pep está pletórico pero aún queda más. A media bajada hacia el Refugi de Gònec, los restos de una barraca y una pleta.
Desde el Refugio, seguimos la pista hacia abajo. Ahora podemos relajarnos y hablamos de las cosas que importan de verdad en la vida, como la final del Mundial.
Pasamos por el Corral de la Por. Aún se ve la barraca del pastor, adosada a una pared de una peña. Seguimos bajando por la pista. Yo ya estoy muy cansado para hablar y sólo quiero llegar al coche.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 16,3 km; 885 metros de desnivel acumulado.