Aquí relato nuestras salidas por los caminos del Berguedà y comarcas vecinas. Como lo pasamos muy bien, queremos comunicar sobre todo buen humor y alegría pero también tiene un fondo muy serio: el camino como bien patrimonial, pieza esencial para entender la historia y digno de conservación. Es nuestra misión desde hace más de 15 años.



miércoles, 19 de febrero de 2014

7/2/2014 – Las nieves de Conangle

El viernes siguiente, Pep tenía una reunión y no podía venir; me lo dijo el miércoles por la noche. El jueves a primera hora fui corriendo al hotel para anular la salida; ya estaba bien de pasar frío, pensé. “Steve no quiere salir conmigo”, Carles chivaría más tarde a Pep. “No aporto interés narrativo a su blog”.

Seguimos con los caminos de la Minuta de Vallcebre. Ahora Pep quiere ir hacia arriba, al barrio llamado La Muntanya, detrás del Grau de Vallcebre y luego volver por uno de los ‘graus’ de las Cingles de Conangle y pasar por otro grupo de casas que conforman un barrio llamado Belians.

Aparcamos el coche en el pueblo de Vallcebre y emprendemos la subida por la carretera. El camino antiguo hacía una línea más recta pero con tantas casas, se ha perdido. De todos modos, parece que lo de las fichas va en serio y Carles no da abasto, sacando fotos de todo y apuntándolas en una libreta nueva de estreno.

La bonita casa de El Masot

De la nieve que tuvimos abajo hace dos semanas, prácticamente no queda nada pero en los campos de Vallcebre, todavía se ven grandes extensiones de blanco. Sin embargo, hace sol y los pájaros cantan; parece que la primavera se acerca. A medida que subimos, vamos viendo cada vez más placas de nieve y hielo. Detrás del Grau de Vallcebre, hay nieve en todas las zonas donde no toca el sol, sobre todo en la carretera que va a Fumanya.


Vista hacia el noreste; abajo se ve la cúpula del observatorio astronómico de Cal Metge

Nos desviamos un momento para visitar el mirador, con vistas panorámicas de todo Vallcebre y, de hecho, de toda la línea de montañas que conforman el Parque de Cadí-Moixeró. El mirador está construido a la salida de unos túneles, construidos a su vez para pasar el teleférico desde las minas del Coll de Pradell.

 Los túneles del teleférico

Y el mirador con su vista. Carles no para de sacar fotos para sus fichas

Abajo, en el pueblo de Vallcebre, hace sol pero se ven chubascos de nieve en el Moixeró y Tosa d’Alp y unas nubes muy negras se asoman detrás del Cadí. Diez minutos después, ya está nevando en las montañas de Gisclareny y se acerca al valle de río Saldes.

Volvemos a la carretera y contemplamos unos planos mostrando todos los caminos señalizados y las vías ferratas. De repente, me doy cuenta que los pájaros han callado y en su lugar, hay un silencio sepulcral. Doy la vuelta y miro hacia el norte. Las nubes negras que hace tan sólo media hora parecían tan lejanas, ahora las tenemos encima.

Cuando se lo digo a Pep, me mira con expresión irritada por haber interrumpido su estudio de los planos. “Aquí no nevará”, sentencia. Poco después, emprendemos la marcha por la carretera de Fumanya, bajo un cielo cada vez más negro. Mientras Pep y Carles van delante, hablando de sus cosas, yo intento no resbalar sobre el hielo, imaginándome los titulares de mañana: “Tres excursionistas desparecidos tras la tormenta del siglo en Vallcebre. Todo parece indicar que fue una imprudencia”.

Una antigua explotación a cielo abierto cerca de la carretera hacia Coll de Fumanya. Aquí se ven pisadas de dinosaurio todavía en buen estado

Una foto ampliada mostrando las huellas

La nieve en el suelo nos impide ver el punto de salida de la carretera para buscar el camino del paso de Conangle. Cuando por fin lo encontramos se oye un sonido de repiqueteo en los árboles, como si estuviera granizando, pero no llega nada al suelo. Cinco minutos después, empiezan a llegar al suelo unas bolitas como las que se toman en remedios homeopáticos. Se va haciendo cada vez más intenso a medida que subimos al ‘grau’.

El camino hacia el grau de Conangle

Por fin llegamos y pasamos a la cara este. Buscamos un refugio entre las rocas para comer nuestros bocadillos mientras observamos una cortina de bolitas que se va haciendo cada vez más densa. Comemos con prisa y decidimos abandonar nuestro refugio precario. Temiendo por mi electrónica, guardo el GPS y la cámara en la mochila. Pep saca una capelina roja de la mochila y se la pone. Con lo apretado que la tiene abrochada bajo el mentón y la mochila debajo, se parece a un cruce siniestro entre David el gnomo y una Caperucita Roja jorobada. Lástima que he guardado la cámara pero de todos modos me veta cualquier foto.

A pesar de la lluvia de bolitas, podemos ver que estamos siguiendo un camino hecho con mucha arte, que busca la manera más fácil de bajar la roca, con zigzags muy cerrados, y reforzado en los bordes con piedras. Salimos de las rocas, entrando en una cuesta de pinos. Aquí se bifurca el camino y vamos a la izquierda, hacia Vallcebre.

El cielo se despeja yendo hacia Els Estanys

Deja de granizar y Carles saca su GPS, donde tiene grabados los caminos de la Minuta. Nos lleva a la casa dels Estanys, una casa apartada a medio camino entre Vallcebre y la ermita de Santa Magdalena. Aquí vivió un tal Jep Busoms, un cabecilla algo sanguinario de una revuelta absolutista contra las reformas liberales de la década de 1820. De su casa queda poca cosa y él fue fusilado en Olot en 1828. La casa no sale en el mapa del Alpina, así que aquí están las coordenadas UTM: x=402140, y=4672065.

A partir de aquí, vamos por pistas y caminos conocidos hasta el pueblo de Vallcebre. Mientras Pep y Carles miran un puente, aprovecho, por fin, para tomar un cortado en el bar.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 10,5 km; 440 metros de desnivel acumulado.

sábado, 8 de febrero de 2014

24/1/2014 – A la sombra de la Roca de Castellar

Está resultando imposible sacar a Pep de Vallcebre. Sufro por mis lectores por la falta de atractivos turísticos pero la verdad es que desde hace tiempo estoy llenando mis mapas con rayas rojas en unos cuantos lugares donde antes había muy poco.

En la carretera de Saldes, pasada la bifurcación a Vallcebre pero bastante antes de llegar a Maçaners, se ve a la izquierda una gran pared de roca blanca, es la Roca de Castellar. Hace unos 6 ó 7 años, antes de empezar el blog y antes de saber que existían los mapas de las Minutas, habíamos explorado un poco a ciegas la periferia del municipio de Vallcebre, simplemente porque lo teníamos todo en blanco en los mapas. En esas salidas, habíamos visto un camino que bajaba desde los campos cerca de la casa de La Muga hacia la carretera de Saldes.

Pep proponía dividir la salida en dos partes: primero, dilucidar los caminos a Vallcebre bajo la Roca de Castellar y luego buscar la casa de Ca l’Esgarrifós, en el camí ral de Gòsol, hoy la Ruta de Picasso.

Aparcamos el coche en la carretera pasado el cruce de Vallcebre. El hombre del tiempo había pronosticado frío y viento del norte. Frío hay pero viento no; hay placas de nieve helada de una nevada anterior por todas partes.

Anotamos los restos de una torre del teleférico  que bajaba de l’Espà a Hostalet, al lado mismo de la carretera, nos adentramos en el bosque y enseguida vemos las marcas amarillas de la Xarxa Lenta. La verdad es que el Ayuntamiento de Vallcebre ha trabajado mucho en la recuperación de caminos antiguos y ahora dispone de una red muy completa, integrada en la Xarxa Lenta.

El camino de La Muga

Viendo como Pep y Carles se afanan en fotografiar una pila de piedras que antes era una barraca (o quizás algo más antiguo, dicen ellos), no puedo reprimir una sonrisa. “Eso que hacemos nosotros, eso es lo que perdurará y pasará a la historia, no esa crónica de trivialidades que escribes tú”, me dice Pep. “Te equivocas”, contesto. “Algún día harán una película basada en mi blog”. “Sí”, añade Carles. “Y mi papel lo hará George Clooney”. Ya veremos quién se ríe el último, pienso.


Estamos sobre el camino de la Minuta. Pasamos entre campos aterrazados perdidos en el bosque y luego ganamos altura, pasando al pie de la Roca de Castellar. Es un camino muy recomendable y nos lleva directo a la Muga. ¡Pero no es mi camino! En la subida, dejamos otro camino que marcha hacia abajo y que probablemente enlaza con él.

Pasando al pie de la Roca de Castellar

Salimos en los campos de La Muga. Me detengo un momento para sacar fotos y al volver a emprender la marcha, resbalo sobre una placa de nieve helada y caigo como un saco de patatas al suelo. Suerte que hice judo de niño y lo único herido es mi dignidad.

 La vista hacia el norte desde el Pla de la Perdiu

La casa de La Muga

En La Muga, una casa habitada, el camino continúa hacia Vallcebre pero nosotros damos la vuelta. Vuelvo a resbalar sobre la misma placa de hielo pero esta vez consigo mantenerme de pie. Seguimos el camino que dejamos en la subida y efectivamente enlaza con el camino que vimos hace tantos años ya, que sale en el Pla de la Perdiu. No ha cambiado nada.

Volvemos a bajar, llegamos a la carretera y cruzamos, entrando en la pista que va a la casa de El Solà y ahora parte de la Ruta de Picasso. Pep aún alberga esperanzas de encontrar el camino desde Sant Julià de Freixens hasta Vallcebre. En la última curva de la carretera antes de llegar a Sant Julià de Freixens, se mete en el bosque y por fin lo encuentra: un surco inconfundible que sigue una amplia cresta. Lo seguimos hacia arriba, entrando nuevamente en la carretera donde lo estuvimos buscando infructuosamente hace dos semanas y donde las obras de la carretera se encargaron de borrarlo. Damos la vuelta y lo seguimos hacia abajo, cruzando la carretera de Saldes y entrando en la pista que va a Sant Julià de Freixens.

 La iglesia de Sant Julià de Freixens, con las montañas del Catllaràs detrás

La 'Tumba de la Señora', en el cementerio de la iglesia. Sus orígenes son medievales; observad el dibujo a la izquierda

Almorzamos en los bancos al lado de la iglesia de Sant Julià. Con energías renovadas, ponemos rumbo hacia el oeste para buscar Ca l’Esgarrifós. En un punto donde la pista que va a El Solà gira hacia el norte, el camino antiguo continúa hacia el oeste, subiendo una pequeña cuesta, y allí abajo, se ve una forma cuadrada de dos hileras de piedras, que es todo lo que queda de la casa de Ca l’Esgarrifós. 

Los restos de Ca l'Esgarrifós

Este tramo de la Ruta de Picasso es quizás uno de los mejor conservados, con muros a cada lado para separarlo de los campos y un poco del empedrado original. Intento ponerme en la piel de un viajero de ciudad subiendo a lomo de mula, pasando al lado de esta humilde casa. Intento imaginar un mundo sin pistas forestales y sin carreteras, los caminos no están señalizados pero siempre están limpios, conservados y reparados por los propios habitantes, los montones de piedras son casas con gente que entra y sale de ellas, y los campos son labrados. Por debajo de esta pátina bucólica, también habría la pobreza, la falta de recursos, mala salud, el poder del cacique local y una minería incipiente que empezará a transformar el paisaje.

Y el camino que sube detrás de la casa

Mi viaje en el tiempo dura 300 metros, cuando el camino vuelve a entrar en una pista, ya muy cerca del coche.


Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 10,2 km; 480 metros de desnivel acumulado.

martes, 4 de febrero de 2014

17/1/2014 – El Boixader de Vallcebre

Por fin estamos al completo. Pep me había dicho el día antes que quería ir a la zona de la pequeña ermita de Santa Magdalena, llamada el Boixader, donde también había caminos de la Minuta. Como indica su nombre, es básicamente una zona de boj y pinos.

En años anteriores, había constatado que era una zona complicada. Hay unos cuantos caminos limpiados y señalizados: uno este-oeste que bordea el arisco y dos o tres en sentido norte-sur, y otros todavía sin señalizar y muy tapados. Aquí se mezclan caminos de comunicación, caminos de una antigua explotación forestal y alguno creado a partir de la nada para completar una ruta senderista. Como he dicho, una zona complicada.

Antes de ir al Grau de la Mola, Pep quería buscar el camino antiguo, indicado en la Minuta, desde Sant Corneli al Grau de la Granota. Aparca el coche encima de Sant Corneli y encontramos los restos del camino en una cresta después de atravesar unos campos. Mientras Pep y Carles intentan seguir el trazado, vuelvo a la carretera y me entretengo fotografiando la niebla que sube desde el valle del Llobregat. 

 La niebla llena el valle del Llobregat, mirando hacia el sur

Y que acaba entrando en los campos de Sant Corneli

Por fin, vuelven; el camino se perdió poco después de cruzar la carretera. “Tampoco encontramos la casa de Capdevila; por esa casa pasaba el camino”. Les señalo el buzón a pie de carretera donde pone “Casa Capdevila” y al final de la pista, se ve la casa, ahora reconstruida. Como muchos académicos, a veces se olvidan de lo obvio.

Subimos el Grau de la Mola. Es una fisura amplia en la Cingle que permite superar la roca vertical sin esfuerzo. Como he dicho en otra entrada, era una vía importante. Pep quería encontrar el camino a Vallcebre desde el Grau. Descarta un camino que baja en diagonal a la derecha, que parece morir al poco rato, y seguimos el camino señalizado hacia la derecha, que sigue la línea de la Cingle. Tras pasar el cortafuegos bajo la línea de alta tensión, vemos un camino que baja hacia la izquierda, hacia las casas del barrio llamado Les Comes.

El camino que sube el Grau de la Mola

A medida que bajamos, el camino va perdiendo entidad pero de repente, entramos en un camino transversal, limpio y señalizado, que no conocíamos antes. A la derecha, vemos que marcha hacia el Grau de la Granota; a la izquierda, hacia las casas del barrio de Belians. Pero no acabamos de enlazar sino que nos distrae un camino que sube. Vamos dejando caminos que marchan hacia la derecha y la izquierda, cruzamos el camino señalizado que baja desde el Grau de la Mola hacia Santa Magdalena y acabamos en el camino señalizado que va del Grau de la Mola al Grau de Cal Gat.

Bajamos por otro camino de desembosque que yo tenía como colita. Llevamos unas cuantas horas en la umbría sin ver el sol y el frío se empieza a notar. Por fin, salimos del bosque, cruzamos antiguos campos y entramos en la pista que va a la ermita de Santa Magdalena desde las casas de Belians.

La pequeña ermita de Santa Magdalena, perdida en el bosque (foto de 2005)

Pero no vamos a la iglesia sino que seguimos bajando hacia el noreste por la cresta por campos abandonados. Tiene toda la pinta de ser un camino antiguo. Cruzamos otra pista y salimos bajo la línea de alta tensión con Cal Victoria a la vista. Ya estamos al sol, bajo el cortafuegos, una banda ancha de terreno sin árboles, con sólo roca y hierba. El viento, aunque viene del sur, es gélido. Buscamos un sitio resguardado para comer, bañados por la energía electromagnética irradiada desde la línea eléctrica encima de nuestras cabezas. A ver si nos carga un poco las pilas que, con nuestra edad, bien nos hace falta.

Después de almorzar, subimos la cuesta desnuda bajo las líneas, buscando el camino transversal señalizado que dejamos esta mañana. Lo encontramos y esta vez lo seguimos hasta empalmar con una pista conocida. En la misma pista vemos otro camino que sube y entramos de nuevo en una zona laberíntica. A medida que vamos subiendo, nos damos cuenta que algunos de los caminos que veíamos marchando hacia la derecha y la izquierda en realidad eran grandes curvas de un mismo camino.

Bajo la línea de alta tensión, donde comimos, mirando hacia la Moixa y el Cadí

Aquí, el uso mixto de los caminos, unos sinuosos para ir a pie, cortados por otros rectos para bajar troncos, daría para una tesis doctoral. A medida que vamos subiendo hacia el Grau de la Mola, el camino se hace cada vez más borroso. A fuerza de ir hacia adelante y hacia atrás, vamos aclarando su trazado pero estoy seguro de que si vuelvo mañana, lo volveré a perder y haré un trazado diferente.

Finalmente, salimos en el Grau de la Mola, por el mismo camino que había descartado Pep por la mañana. Pep asume con naturalidad el error; no es la primera vez que le pasa.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 9,7 km; 550 metros de desnivel acumulado.

sábado, 25 de enero de 2014

10/1/2014 – El Camino de Sant Julià de Freixens a Vallcebre

Hoy, es Carles que no puede venir. No es la primera vez que Pep se entusiasma con una zona que durante años había descartado, por no decir despreciado. Esta vez le ha tocado a la zona central de Vallcebre, entre el núcleo del pueblo y la Foradada. Mirando el mapa antiguo de la Minuta, muchos caminos ahora son pistas pero hay el camino desde Sant Julià de Freixens, que se bifurcaba desde el camí ral del Collet a Saldes y Gòsol (ahora convertido en la Ruta de Picasso) y que Pep está convencido que no pasaba por la carretera actual.

Al no venir Carles, ninguno tiene los caminos de la Minuta en el GPS y vamos medio ciegos. Suerte que Pep lleva parte de la ruta en la cabeza. Aparcamos el coche en el mirador de Cap Deig en la carretera e intentamos encontrar la bajada hacia la iglesia de Sant Julià de Freixens, dejando las mochilas en el coche. El resultado es un fracaso rotondo. Las obras de la carretera actual lo han removido todo, borrando cualquier indicio del camino.

Al otro lado de la carretera, vemos algún resto, convertido en antigua pista, que iba hacia el ‘grau’ pero no tarda en ser cortado por la carretera. Volvemos al coche. Mirando hacia arriba, veo una abertura sospechosa en las rocas y planteo la posibilidad de que el camino pasara por ahí.

Paso del antiguo camino encima de la carretera actual, en Cap Deig

Nos ponemos en marcha para subir la pequeña cuesta. Un payès que viene en coche por la pista de La Barceloneta, nos toma por unos excursionistas extraviados y nos pregunta dónde queremos ir. Intento explicarle en mi catalán británico que estamos buscando caminos antiguos y le enseño la abertura en la roca. “Por allí pasaba la antigua carretera”, dice. Así que lo que fue camino en los años 20 ya era carretera en los años 60.

Llegamos al punto en cuestión y confirmamos que por allí pasaba el camino. Damos la vuelta y buscamos la continuación hacia Vallcebre. En los campos encima de la casa de Cal Berto vemos dos hileras paralelas de piedras, signo inequívoco del camino. Lo perdemos en el Torrent de la Jou y lo volvemos a encontrar subiendo hacia el cementerio.

El trazado del camino antiguo cerca de Cal Berto

Entramos en el pueblo. Hoy, Pep tampoco me deja tomar café en el bar del pueblo. En su mente ordenada, no hay lugar para esos pequeños vicios que tenemos los demás mortales. Volvemos a tomar el mismo camino que la semana pasada, saliendo de Cal Maçana, pero esta vez continuamos hasta el molino, siguiendo otro camino antiguo de la Minuta. 

Las ovejas buscan calor bajo la línea de alta tensión

Cal Andorrà; la casa antigua se ha convertido en pajar

Se acerca la hora de comer y las mochilas, con la comida y el agua, están en el coche. “¿Cómo vamos a subir al coche?”, pregunto ingenuamente, pensando en que tenía otro camino antiguo para subir. Pero no, busca la línea de roca blanca que es la continuación de la Cingle de la Foradada. Aquí no hay ningún camino pero se ha marcado un paso entre las rocas que sube hacia arriba. Tiene algunos puntos que se acercan incómodamente al borde del precipicio pero, como contrapartida, ofrece unas vistas espléndidas hacia el norte, con Gisclareny, el Cadí y Pedraforca.

Pica el sol e, intentando no mirar demasiado el abismo a la derecha, paso toda la subida pensando en la botella de agua que me está esperando en el coche. Por fin, llegamos, cogemos las mochilas y buscamos un lugar soleado en las rocas.

Tenemos una vista prácticamente de 360º. Mientras comemos, la vamos recorriendo con los ojos, anotando mentalmente los caminos que van cruzando valles, collados y bosques. “La verdad es que hemos estado en todas partes”, resumo. “Cierto”, contesta Pep. “Ahora toca repasar y enseñar a los jóvenes”.

Parte de la vista desde nuestro comedor

Cómo aún tenemos tiempo, Pep quiere intentar una vez más encontrar la bajada a Sant Julià de Freixens, desplazándonos un poco más hacia el este. Pero el resultado es el mismo. Definitivamente, aquí el camino desapareció sin dejar rastro.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 8,5 km; 350 metros de desnivel acumulado.

3/1/2014 – Caminos de Espunyola a Capolat

Pep pasa el año nuevo fuera del Berguedà así que somos Carles y yo. Aprovecho para proponer una ruta turística: el GR que sube desde Espunyola a Capolat. Detrás de Espunyola, se erige una línea de ariscos de piedra arenisca, que es la continuación de Les Marías que empiezan en La Valldan. Sin embargo, hay múltiples rutas para subirlos, muchos de los cuales aprovechan los barrancos creados por el agua. De hecho, en esta ruta, subiremos por uno y bajaremos por otro.

Han pasado unos cuantos años desde la última vez que subí el GR. En esa ocasión, estaba bastante estropeado por una explotación forestal agresiva, con la abertura de pistas nuevas.

Aparcamos el coche en la Iglesia de Sants Metges, al lado de la bonita casa de Cal Macià, dedicada al turismo rural. Hace sol y las temperaturas son anormalmente suaves para la época del año. Primero vamos por una pista entre grandes bloques que han caído a lo largo de la historia desde las imponentes paredes de roca detrás. Vamos alternando tramos de camino y de pista; el paso del tiempo ha suavizado el impacto de las pistas de desembosque pero todavía son bastante feas y pedregosas.

En la pista al inicio de la ruta, pasando por un bloque centenario

Mientras subimos, lejos de los oídos de Pep, Carles me hace una confesión: “Tu blog está muy bien, Steve. Sólo le falta la parte histórica”. Yo también tengo que hacer una confesión. En realidad, estoy escribiendo el blog para los nietos de Carles. Cuando le digan: “Avi, avi, cuéntanos otra vez cuando salías a buscar caminos con Pep y Steve”, no tendrá que esforzar mucho la memoria y siempre tendrá a mano un cuento nuevo.

Carles contempla la vista, con Montserrat al fondo 

Como ya he dicho en una entrada anterior, Pep ya había hecho un catálogo de todos los caminos – absolutamente todos – de Capolat por encargo del Ayuntamiento antes de que empezara a escribir el blog y por eso no tenía razones para volver, excepto para hacer turismo. Sin embargo, yo sí que tenía una colita (ver Glosario) que salía de la casa de Casanova de Folgues y pensaba incluirla en la ruta de hoy.

 El tramo final de la subida, donde el camino todavía se conserva intacto

El Salt de Sallent

Llegamos arriba, pasando al lado del Salt de Sallent, que se convierte en una espectacular cascada en épocas de lluvia. Un camino a la izquierda va a Cal Feneca, una vivienda habilitada dentro de una cueva y ahora vallada para usar como refugio de cabras u ovejas por el habitante de una pequeña rulot, actualmente vacía.

Cal Feneca; todavía se ven los restos de algunas paredes

Seguimos por el GR pero antes de llegar a la casa de Comamorera, nos desviamos por un camino que nos acaba llevando a la iglesia de Sant Martí de Capolat. Con la iglesia a la vista, giramos a la derecha para buscar el camino de Casanova de Folgues, que encontramos tras algunas dudas en un estado bastante tapado.

La iglesia de Sant Martí de Capolat y su rectoría, con las rocas de Els Tossals detrás. Aquí sí se notaba el viento del norte y nubes amenazadoras cruzaban el cielo a gran velocidad

En los prados delante de la casa, comemos. Si no fuera por el color amarillo de la hierba y el hecho de que estamos en enero, casi se podría pensar que estamos en primavera. Pero no nos engañemos, el invierno acaba de empezar y quedan al menos dos meses en que puede pasar de todo.

Por fin, ha llegado el momento de seguir mi ansiada colita. Pasamos detrás de la casa y veo que el caminito que había allí ha desaparecido y en su lugar hay una pista. De todos modos, atando cabos, lo más probable es que llevara a unos campos cercanos así que no me duele demasiado su pérdida. Pero ahora me he quedado sin objetivos y divagamos sin rumbo por el bosque.

Decido subir hacia la Serra de la Llosa en busca de más caminos. Encontramos un camino de linde entre fincas, que en el llano arriba se convierte en pista. Llegamos otra vez a la carretera, esta vez con la iglesia de Sant Martí a la izquierda y el Santuario de Tossals delante. Y volvemos a girar a la derecha para volver a bajar.

Pasamos por una zona extensa de cultivo, ahora convertido en bosque. La regularidad de los pinos sugiere una plantación. El ambiente es muy tranquilo y soleado; vamos bajando en silencio por una pendiente suave.

El pequeño pantano de Espunyola

Llegamos a la pista que lleva al pantano de Espunyola. Dejamos el pantano a la izquierda y seguimos bajando por una pista pedregosa con bastante pendiente. Por suerte, Carles ve a la izquierda los restos del camino antiguo y bajamos. Ya conocía la existencia de este camino pero lo que no sabía era que llegaba tan arriba. 

El camino que baja del pantano a Sants Metges

Doscientos metros después, el camino se pierde, sepultado por las obras de la pista y bajamos sin camino por la cuesta hasta encontrar la parte conocida del camino, ahora convertido en un tramo de la Xarxa Lenta. Es un camino sinuoso que pasa con una pendiente suave entre las encinas y esquivando grandes bloques de piedra caídos desde arriba. Es altamente recomendable, en mi opinión la ruta más atractiva entre las señalizadas para ir de Espunyola a Capolat. Bajar este camino ha sido posiblemente lo mejor de la salida de hoy.

La iglesia de Sants Metges con el cementerio detrás

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 10,5 km; 500 metros de desnivel acumulado.

miércoles, 1 de enero de 2014

13/12/2013 – Grau del Moro, Grau de la Foradada, Grau de les Granoteres

Hoy llegamos al Mikado con una novedad importante: no una sino dos preguntas, y una fecha, el 9 de noviembre de 2014. Los dos grandes partidos estatales se han puesto de acuerdo para defender la unidad de España e insisten en que la consulta no se celebrará.

“¿Dónde vamos?”, pregunta Pep. “¿Dónde quieres ir?”, es mi contrapregunta cautelosa. “Donde quieras. Estoy abierto al diálogo”, responde Pep pero aún recuerdo la acusación en octubre de que no le dejaba acabar los sitios y propongo hacer los tres últimos ‘graus’ que nos quedan en la Cinglera de Vallcebre.

Salimos de Berga con 0ºC pero en la carretera de Saldes ya son -5ºC y la hierba al lado de la calzada está blanca de escarcha. “Desde luego”, dice Pep, “pudiendo elegir cualquier sitio en el Berguedà, nos tienes que traer al más frío”.

Aparcamos el coche en el pequeño parking fuera del camping, delante de la carretera que va a Sant Corneli. Caminamos carretera arriba hasta la Foradada. Hace frío. El primer ‘grau’ es el Grau del Moro, que sale desde la fuente a pie de carretera. Después de un corto flanqueo, entra en una falla en la pared y la sube, con la ayuda de peldaños cortados en la roca y cadenas.

 Subiendo el Grau del Moro

Y una vez arriba

Llegamos arriba. Ya no tenemos tanto frío y giramos hacia la Foradada. Aquí se abrió a barrenadas un paso hasta la carretera, más que nada para el mantenimiento del teleférico que entre los años 40 y 60 transportaba el carbón desde el Coll de Pradell hasta el Collet, donde pasaba el antiguo ‘carrilet’ de Guardiola a Manresa.

El paso de la Foradada

Una de las estructuras curiosas cerca de la Foradada es el molino, que aprovecha un hueco en las rocas encima del torrente. El agua se hacía llegar por un canal de obra, bajaba por la maquinaria y salía por una especie de portal.

El molino

Todavía es muy pronto para ir al tercer y último ‘grau’, así que decidimos seguir un camino señalizado de la Xarxa Lenta que no conocíamos y que va a Vallcebre. Pronto se bifurca y subimos el camino de la derecha, reservando el camino de la izquierda para la vuelta. Entramos en el pueblo por Ca l’Andorrà. No me dejan tomar un café en el bar del pueblo y volvemos a salir por el otro camino, que pasa al lado de Cal Maçana, antiguo hostal.

El pueblo de Vallcebre

Entramos en un bonito camino que va bordeando los campos, cruza una pista y luego entra en un pequeño robledo con unas piedras muy sospechosas desparramadas por el suelo. 

 La primera parte del camino, que pasa entre los campos

Y la segunda parte, ya en el robledo

Llegamos a una carretera asfaltada y giramos a la derecha. Caminamos por un paisaje eminentemente agrícola con campos, prados y casas diseminadas. El contraste entre sol y sombra es marcado. Pasamos al lado de Cal Ton y finalmente nos plantamos delante del poste indicador del Grau de les Granoteres.

Antes de enfrentarnos al precipicio, decidimos reponer fuerzas y comemos. La seguridad del Camp de la Martina parece muy lejos y muy abajo; el poste avisa que el ‘grau’ no tiene conexión. Mientras Carles y yo compartimos chocolate, Pep baja a explorar. Unos 10 minutos después, vuelve. “Un camino magnífico, espectacular. Aunque hay un trozo de roca con hielo que no te gustará”, añade, mirándome a mí. Pero no me dejo asustar y paso el tramo de roca sin problemas y entramos en una especie de cañón.

 La entrada del 'grau'

Pasando por el cañón

El camino está acondicionado y baja por una estrecha fisura en la roca. La última bajada tiene peldaños de hierro y cadenas y salimos a una faja intermedia con caminos a la izquierda y derecha.

Pep y Carles me esperan al pie de la última bajada acondicionada del 'grau' 

Giramos a la derecha y el camino parece acabar en una gruta formada por una roca adosada. Vemos clavos que marcan vías de escalada. Probamos el camino a la izquierda. Ha sido limpiado, se supone por escaladores, y se ve alguna vía. Sin embargo, el camino se hace cada vez más precario y tampoco tiene intención de bajar sino que va siguiendo una repisa cada vez más estrecha. Al final, parece que nuestro escalador se cansó de limpiar y nos deja tirados sin más opciones que dar la vuelta.

La explanada pasada la pseudogruta, pero aún faltaba un último escalón de bajada

Volvemos a pasar por la pseudogruta y tras un flanqueo un poco delicado, el camino se vuelve a ensanchar y forma una explanada. Me paro para tomar fotos y cuando continúo, veo que Pep y Carles ya han bajado un tramo de roca que, esta vez, no tiene cadenas ni ningún otro tipo de ayuda, y me están esperando.

“Cuidado, Steve”, me dice Pep. No falla. Podría decírmelo antes de pasar, para que me fijara en cómo lo hace él pero no, cuando ya ha alcanzado un lugar seguro, da la vuelta y me dice que tenga cuidado. “No soy tan torpe como él quiere hacerme creer”, digo para mí mismo en tono desafiante. Me deshago de todos mis bienes terrenales: bastón, mochila, cámara y sombrero, para que no me estorben, y bajo la roca.

Aunque no lo parezca, el 'grau' baja por una fisura escondida aquí, saliendo en la roca cuadrada en el centro. La pseudogruta está a la izquierda.

A partir de aquí, es un descenso por el bosque hasta llegar al prado grande que veíamos desde arriba. Bajamos por un paisaje helado hasta llegar al coche.


Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 9 km; 600 metros de desnivel acumulado.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

6/12/2013 – La Solana de Malanyeu

Hoy es festivo y no pueden salir ni Pep ni Carles pero Josep Mª sí. Suelo aprovechar las salidas con Josep Mª para hacer rutas más turísticas y esta vez no es ninguna excepción. Entre los muchos lugares que faltan en este blog, está Malanyeu.

Dejamos el coche en el cruce que va a la iglesia, al lado de la antigua escuela. Una pareja de escaladores de mediana edad se preparan para subir las paredes detrás de la masía del Llomà pero nosotros vamos en la dirección contraria, hacia Cal Frare. 

Lo que queda del Molí de Baix; la salida del agua se ve abajo

Desde allí bajamos, al Molí de Baix y de allí al Grau. Es un paso estrecho que permite pasar la Cingle del Devesó pero tiene la curiosidad de tener clavado encima una enorme roca a modo de tapón. El que vivía en Cal Frare me contó hace unos años cómo les había sido despertado una noche un gran estruendo y la mañana siguiente habían visto que había caído esta roca sobre el ‘grau’.

El Grau, con la roca que hace de tapón. No se aconseja quedar debajo admirándola, por si las moscas

Ahora está marcado como parte de una ruta de pequeño recorrido y continúa al otro lado por el bosque hasta llegar a las ruinas de la Solana de Dalt. Allí, en vez de seguir la pista, que sube en grandes zig-zags, busco el camino antiguo, que sube más recto, hasta llegar a la casa de la Solaneta.

Al llegar a la casa, salimos de las sombras y empezamos a tener calor. Hasta ahora, Josep Mª ha estado muy callado pero me confiesa que había quedado hasta muy tarde viendo películas en la tele y estaba un poco dormido. Pero ahora los dos nos empezamos a animar, como lagartos que pierden su letargia al calentarse al sol. El camino PR baja hacia el Rec de Malanyeu y la Roca de la Tuta. Es un camino nuevo para mí, no está en mis mapas y decido seguirlo.

Es una decisión del todo acertada. Bajamos por el bosque por un camino bonito, pasamos al pie de la Roca de la Tuta y llegamos a un edificio que había sido una molina que utilizaba la fuerza del agua para hacer funcionar las máquinas cortadoras.

La Font de les Travesses

Al llegar al torrente, volvemos a la umbría y el frío. Quería que Josep Mª viera la Font de les Travesses, uno de los reclamos turísticos de este pueblo. Es una fuente al pie de una gran roca con grandes hayas que le da un aire de misterio. Es un lugar muy agradable y fresco en verano pero una nevera en invierno y, para colmo, parece que todo el agua va canalizada por un tubo de goma al Llomà.

Continuamos subiendo por la pista, paralela al torrente, hasta que acabe. Desde aquí continúa un camino. Era el camino para ir con animales desde Malanyeu hasta Sant Julià de Cerdanyola o Falgars. Vamos subiendo por el bosque. Ya hemos ganado bastante altura y vemos abajo la casa del Llomà. En la cresta, giramos a la izquierda. De hecho, el camino continúa hacia el norte, bajando hasta la Collada de les Bassotes, convertido (o destrozado, según se mire) hace unos años en pista de desembosque, como he explicado en otra entrada en este blog.

En el camino de la cresta. Delante, la cara sur de la Cingle de la Rota y detrás, las Cingles de Vallcebre

El camino se estrecha

El camino de la cresta, también pintado con marcas amarillas y blancas de PR, empieza ancho, dando una sensación falsa de seguridad, pero se va estrechando hasta quedar en la mínima expresión, pasando al norte o al sur de una arista tan afilada como una navaja, o incluso encima del mismo filo.

El lector asiduo, conociendo mi poca afición a los precipicios, sobre todo los bilaterales, como nuestro amigo Armengué, podría preguntarse porqué di ese fatídico giro a la izquierda.

La cara norte de la Cingle de la Rota. Hacia el sur, la niebla cubre el Llobregat

Hace unos años, había recibido el encargo de hacer la descripción de la ruta de pequeño recorrido creada por Sant Julià de Cerdanyola, que recorre la periferia del municipio, incluyendo esta cresta. La hice con mucha trepidación, porque estaba solo. Más tarde, alguien me dijo que habían repasado esta parte de la ruta y tenía curiosidad por ver en qué había consistido este supuesto repaso. Hoy, lo veo igual de aéreo; lo único, quizás un poco más de pintura para que nadie se pierda o se equivoque.

Mirando hacia atrás. Por suerte, el camino pasa por la izquierda a la cara norte

Por fin, desviando la vista de las caídas verticales a mi derecha e izquierda siempre que pueda, llegamos al cruce con el camino del Mal Pas. Este camino viene de Sant Julià de Cerdanyola a Malanyeu casi en línea recta pero sólo es apto para hacer a pie. Hace unos años, sobre todo cuando tenía un piso alquilado en Sant Julià de Cerdanyola, había hecho esta ruta unas cuantas veces, antes de que fuera pintada como parte de la Xarxa Lenta. Incluso había traído a mi padre cuando éste debía rondar los 70 años.

El tramo ‘problemático’ de este camino es la bajada sur por una estrecha faja que recorre la pared vertical en diagonal y es el único paso posible. Hoy, está bien señalizado pero eso no impide que tenga algunos puntos un tanto delicados y, bajando por este paso precario, me quedo asombrado de que tuviera la insensatez de traer a mi padre aquí y de que, además, me siguiera sin decir ni pío.

En la Creueta. Detrás, la silueta inconfundible del Pedraforca

Por fin, llegamos a tierra firme, por así decirlo, y subimos la cuesta por el bosque hasta el lugar llamado La Creueta, el lomo encima del Clot de la Rota, con unas vistas enormes, y en una ‘bauma’ (o pequeño hueco en la roca) cercana, comemos. Dicen que para curar las fobias, hay que exponerse a los objetos o situaciones que las causan. He probado esta teoría con la dentista, con un éxito desigual, y también con los precipicios, también con unos resultados más bien regulares. En fin.

Bajamos por el bosque de robles hasta llegar a la casa de Molnell. Antes cuatro paredes que apenas se aguantaban en pie, alguien ha construido sobre el solar una casa de diseño que tiene cierto aire escandinavo. De montaña no tiene nada, pero tampoco es fea y está claro que a su dueño le sobra el dinero.

El nuevo Molnell

Volvemos a enlazar con la pista que va a la Font de les Travesses pero en vez de girar a la izquierda, giramos a la derecha y bajamos hacia el núcleo del pueblo, pasando por el Llomà. Al volver, vemos el lugar lleno de coches y gente.

 El Llomà

Mirando hacia el núcleo de Malanyeu

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 11,1 km; 630 metros de desnivel acumulado.