Aquí relato nuestras salidas por los caminos del Berguedà y comarcas vecinas. Como lo pasamos muy bien, queremos comunicar sobre todo buen humor y alegría pero también tiene un fondo muy serio: el camino como bien patrimonial, pieza esencial para entender la historia y digno de conservación. Es nuestra misión desde hace más de 15 años.



domingo, 29 de abril de 2012

15/4/2012 – El Grau de l’Olivell

Había quedado una vez más con Josep Mª. Esta vez quería repasar el camino al Grau de l’Olivell, un paso natural en la muralla de las Cingles de Corba, en Castellar de Riu. Hay el camino que sale en el mapa del Alpina que arranca desde la gran casa del Riu pero también hay otro camino, que no sale en el mapa, que sale de la casa dels Porxos, formando una especie de triángulo.


La casa del Riu y detrás, la Serra dels Tossals

Dejamos el coche en la carretera de Campllong, en la entrada de la pista que va a la casa del Riu. Veo que aún quedan restos de nieve. En Berga, llovió pero en Rasos, cayó en forma de nieve. Nos encaminamos hacia la casa. Aquí, en la Edad Media, había toda una comunidad y aún queda la iglesia de Sant Viçent, la torre cuadrada y restos de casas diseminadas por los campos. En el molino, entramos en los campos, siguiendo las marcas del PR. Hay muchas vacas, algunas con terneras, y Josep Mª las mira con recelo. “Son más peligrosas cuando tienen crías,” me confía. Cuando yo tengo que pasar por un grupo de vacas, levanto los dedos con el signo de la V y les digo “Paz”. Hasta ahora, siempre me ha dado buen resultado pero Josep Mª no está convencido y se apresura a alejarse de ellas.

Bestias temidas

Vamos subiendo hacia els Porxos. La nieve que se funde cae de los árboles. Josep Mª sube este camino con cierta frecuencia y me guía con paso certero. Cruzamos el torrente y entramos en la canal. Al llegar a los campos del Porxos, hay un palmo de nieve virgen que cubre todo el llano con un manto blanco. Josep Mª está encantado; cuanto más nieve, mejor; sólo faltan algunos grados bajo cero para que sea perfecto. Pero para mí, la nieve sólo significa problemas: dificulta la movilidad y tapa los caminos.

 Una visión algo insólita de Sant Llorenç dels Porxos para mediados de abril, tomada desde la casa del Riu

Y una vez arriba

Hacemos un descanso en la iglesia de Sant Llorenç y luego vamos a buscar el camino del Grau. Tras algunas vacilaciones, encuentro el camino al final de los campos y nos ponemos en ruta. La nieve en los árboles cae sobre nosotros. Hago pasar delante a Josep Mª para que me vaya despejando el camino pero aún así, sigo mojándome.

De repente, oigo unos pitidos lastimosos de mi GPS. Lo saco de su bolsillo en la mochila y veo que la pantalla parpadea de una manera preocupante y luego se apaga. Se supone que resiste todo pero ha entrado agua. Saco las pilas y rezo para que no haya sufrido daños irreversibles. Hoy no habrá track.

Seguimos progresando y empalmamos con el camino que viene desde Castellar del Riu. Continuamos hacia el Grau. Aunque seguramente en su día, el Grau se podía pasar con animales, no deja de impresionar. Tras bordear el precipicio, entra en una especie de olla bajo una pared de roca y luego sube una plataforma inclinada hasta salir arriba. En definitiva, poco recomendable para personas que sufren de vértigo.

El Grau de l'Olivell

Tomamos un ligero refrigerio con una vista inmensa delante nuestro y luego, viendo como llegan más nubes cargadas de nieve, doy prisa a Josep Mª para que volvamos a bajar. Deshacemos el camino hacia Castellar de Riu bajo un cielo cada vez más negro. Al entrar en la pista de la casa, empiezan a caer los primeros copos.

De vuelta en casa, dejo secar el GPS durante unas cuantas horas. Al encenderlo, se activa la pantalla y los botones pitan pero no cambian la pantalla. Poco a poco, los botones se van silenciando. Mi GPS está perdiendo sus constantes vitales; ya no responde a estímulos. En desesperación, le doy unos golpes en un intento de hacer que reaccione pero sólo consigo que aparezcan unas burbujas en la pantalla. Debe tener los circuitos encharcados. “Se ahoga”, pienso desconsolado. “Y todo ha sido culpa mía”. Miro impotente como finalmente su pantallita se apaga para no volver a encenderse nunca más. ¡Mi GPS ha muerto!

sábado, 14 de abril de 2012

1/4/2012 – Font de la Dou y Salt de Murcarols

Compromisos de trabajo y mal tiempo me habían impedido salir. Ahora venía un parón obligado de Semana Santa pero había quedado con Josep Mª para salir este domingo.

Sin confiar mucho en mi forma física por la falta de actividad, opto por una ruta turística y que además Josep Mª desconoce. Sería una ruta circular que pasa por la Font de l’Adou, el Salt de Murcarols, la casa de Murcarols y la casa del Puig con su iglesia.

Aparco el coche en la pista que viene del Pont de Sant Joan, un poco pasado el arranque dels Empedrats y donde llega el camino que baja del Puig, ya que sería el punto de llegada al final. Caminamos por la pista hasta llegar a la Font de la Dou. Aquí hay la cascadita que sale en todas las postales y detrás se ha acondicionado un camino que lleva en poca distancia al nacimiento del río Bastareny, que sale de unos agujeros al pie de una pared vertical. Todo muy pintoresco, y además ha llovido, sale agua, ruge la cascada, brilla el sol, cantan los pájaros, revolotean las mariposas … perfecto.

Una vista plácida desde el aparcamiento en la Font de la Dou. A la derecha, la casa de Molnell y al fondo, Tancalaporta

A principios del siglo XX, se instaló una serradora aquí, con una nave de madera y una rueda impulsada por el agua del río que hacía mover una correa que movía otra rueda al lado de la nave que a su vez accionaba la maquinaria de serrar. Aún se ven los soportes de piedra de las ruedas, uno a la derecha de la pista y otro a pie de río, a la izquierda de la pista. Posteriormente, se instaló una turbina para hacer luz para la casa de Molnell. Aún se ve la caseta donde estaba la turbina y un pequeño puente que llevaba los tubos.

 Esta es la vista clásica que todo el mundo conoce

Y aquí el nacimiento del río

Hasta aquí llegan las familias. A partir de aquí la pista continúa, aunque cerrada al paso de los vehículos. Se adentra en el valle de la Muga, una de las zonas más aisladas y agrestes del Berguedà. Pero cerca de la casa de Molnell, hay otro atractivo mucho menos conocido, el Salt de Murcarols. En un cruce de pistas, marcha una de las rutas locales de Gisclareny, cruza el Torrent de la Muga, atraviesa una pequeña cresta y cruza el Rec de Murcarols. Aquí un pequeño desvío lleva al salto de agua, no tan espectacular pero un lugar muy agradable para pasar un rato.

El Salt de Mucarols. Tiene una forma de anfiteatro natural que invita a quedarse

Se me acaban las pilas de la cámara y me había olvidado de cargar otras. Las pilas del GPS también están a punto de agotarse. Encaramos la subida a la casa de Murcarols y para tomar fuerzas, Josep Mª come una manzana. A medida que vamos subiendo, Josep Mª nota un malestar creciente. Al final, tiene que parar y la manzana vuelve a salir por donde entró, acompañada del café de la mañana, medio litro de agua y alguna cosa más. Maldigo mi despiste en el tema de las pilas; podría haber hecho un reportaje gráfico de gran interés humano para mis lectores. Josep Mª quiere culpar su mala suerte a la manzana pero yo me inclino por un virus y antes de tener que abandonarle a los buitres, cancelo la salida y damos media vuelta.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 7,5 km; 300 metros de desnivel acumulado.

jueves, 15 de marzo de 2012

8/3/2012 – La Canal Curta

El martes, Pep me pregunta dónde pensaba ir esta semana. “No he tenido tiempo para pensar en eso”, le contesto. El día siguiente, Pep me vuelve a llamar. “He pensado en volver a la Canal Curta. Hay unos caminos transversales que no están aclarados”. 

Subí la Canal Curta con Pep y algunas personas más en 1999, a los pocos meses de conocerle. Recuerdo una subida interminable por un camino empinado, precario y estrecho, borrado en algunos puntos por las rocas que habían caído de las paredes arriba. Pero en una ocasión que tuve de hablar con el último habitante de la casa de La Rota hace unos cuantos años, cuando ya tenía ochenta y bastantes años, me dijo que su padre subía y bajaba ese camino con mula.

Esta foto muestra la Canal Corta, la hendidura donde está la sombra, con la casa de La Rota delante

En el Mikado, veo que Emilio no ha venido. “Está lesionado”, dice Pep. “Mis recuerdos de esa canal no son muy amables”, le digo a Pep, mientras saboreo el café. “De verdad, no te entiendo, Steve”, me reprocha Pep. “Primero te quejas de que no vamos al Catllaràs y ahora que vamos, tampoco estás conforme. Además, tendrás algo interesante que contar a tus lectores”, sentencia.

Aparcamos el coche en un prado debajo de Cal Sastre dels Casons, donde arranca el camino de la Xarxa Lenta (altamente recomendable) hacia Sant Julià de Cosp. Tras un inicio suave por un camino amable y plano, se bifurca: la Xarxa Lenta baja hacia la casa de La Canal pero nosotros continuamos hacia la izquierda para entrar en la Canal Curta. Nos plantamos en la entrada de la canal, un camino engañosamente acogedor utilizado para bajar troncos.

La entrada traidora a la Canal Curta

No aburriré al lector con el detalle de los caminos transversales que recorrimos en un sentido y otro. Sí que diré que seguimos un largo camino del que no teníamos constancia y que había sido limpiado por los cazadores que, si no hubiéramos dado la vuelta antes, seguramente nos habría llevado hacia el Coll de Jovell. En las cuestas encima de Cal Sastre había una extensa zona de cultivo, ahora perdida en el bosque de robles. Vimos indicios de caminos que venían desde todas las casas del vecindario que algún día habrá que aclarar.

Vista de la muralla de la Canal a través de los árboles de los campos abandonados

El camino se hace cada vez más empinado y perdedor, con interminables eses cerradas.

Lo que aún queda por subir

A 300 metros encima de Cal Sastre, entramos en otro camino transversal, la irónicamente llamada Cinta Ampla. Es una de esas fajas entre precipicios, una estrecha banda de tierra con abismo a la izquierda y muro rocoso a la derecha. Tras recorrer unos 150 metros, me planto. No es que tenga vértigo pero, consciente de mi fama de torpe, no quiero que algún tropezón prive a mis lectores de más relatos y me siento en un trozo de hierba algo más ancho a esperar la vuelta de Pep y Carles.

Todavía subiendo; los campos de la casa de La Canal se ven abajo

Vuelven y entramos nuevamente en la canal. Curvas y más curvas, bordeando pasos estrechos. Pero la verdad es que si se arreglara, sería un camino magnífico, exigente pero de calidad excepcional y rival más que digno del camino de Col de Jou. Cada 50 metros, Pep va diciendo “Ya falta poco” y, tras subir otros 150 metros de desnivel, ahora por bosque de hayas, la canal se ensancha y se convierte en una cuesta yerbada. Ya eran pasadas las 2 de la tarde y pensaba que aquí ya pararíamos. Pero Pep no da muestras de parar. “El camino de flanqueo está por aquí”, musita y finalmente se decide por un camino que sube por las hayas por una de las laterales del embudo. Carles empieza a quejarse del hambre, y eso que no ha parado de comer desde que entró en el Mikado. “Somos víctimas de la agenda oculta de un desalmado”, pienso, indignado. Tras 100 metros más de desnivel, por fin salimos del bosque al sol y, tras pasar un estrecho grau (ver Glosario), llegamos a la Bauma del Rei, una barraca de pastor metida en un hueco en las rocas. Aquí nos sentamos por fin a comer, con una vista que abarca media Cataluña.

 Se acabó la subida
La Bauma del Rei

Continuamos hasta la Coma dels Tells, cerca de la pista que viene de Sant Romà de la Clusa. Aquí presumiblemente la pareja que se hace cargo de la casa de Sant Romà, antes masía y ahora refugio con ambiente hogareño ha marcado el camino de bajada con pintura blanca. Baja con pendiente suave por el bosque de hayas; tras todo lo sufrido en la subida, es realmente relajante bajar por esta alfombra de hojas. Ya casi abajo, anotamos colitas (ver Glosario) hacia las profundidades del bosque. Con la casa e iglesia de Sant Romà a la vista, giramos a la izquierda por el camino de Castell de l’Areny, que ahora forma parte del GR4.

Sant Romà de la Clusa

Ya hice un corto tramo de este camino en mi última salida con Josep Mª en diciembre. El camino va flanqueando por el bosque hasta salir al Cap del Roc, donde hay una estructura que formaba los antiguos cimientos de un teleférico que bajaba los troncos hasta la carretera abajo. La primera vez que subí a este teleférico, aún vivía en Barcelona y venía al Berguedà los fines de semana. Cuando llegué abajo otra vez al hostal, pregunté al chico si era el castillo de Castell de l’Areny. La mirada que me dio antes de contestar hablaba volúmenes de su opinión de la gente que subía los fines de semana de Barcelona.

 Subiendo por el GR hacia el Cap del Roc

Las obras del teleférico del Cap del Roc

Pero, bueno, ha llovido mucho desde entonces. Desde el Cap del Roc, el camino gira hacia el pueblo, bajando inicialmente con unas rampas fuertes y luego de forma más suave. Esta ruta de Castell de l’Areny a Sant Romà de la Clusa es muy recomendable, con un paisaje muy variado y grandes vistas. Se puede hacer un alto en la casa de Sant Romà o en la zona de picnic en la pista de Cabanelles antes de volver. Lo único a tener en cuenta es el desnivel desde Castell de l’Areny al Cap de Roc (unos 400 metros), muy expuesto al sol de verano.
Bajando hacia Castell de l'Areny

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 12,4 km; 990 metros de desnivel acumulado.

viernes, 9 de marzo de 2012

1/3/2012 – Las casas de Cosp

Pep me habla de otro camino en las Minutas que subía desde Cortines hasta el Coll de la Creueta, pasando entre Cal Cosp y la iglesia de Sant Julià y era llamado el camino de Ardericó. A lo largo de los años, hemos hecho varias incursiones en esta zona pero siempre me he llevado la impresión de un auténtico laberinto. En nuestro mapa personal, tenemos una serie de caminos transversales a distintas cotas y una multitud de fuentes y surgencias de agua, pero de un camino perpendicular todavía no tenemos constancia.


En el Mikado, me sorprende ver a Emilio; es raro que alguien repita con nosotros. ¿Tanto le gusta subir y bajar pendientes?, me pregunto. Antes de dejar subir al coche a Carles – que tenía instrucciones de bajar este camino perpendicular a su GPS – le obligamos a abrir su mochila y mostrarnos su GPS. Como notarios en el sorteo de la ONCE, lo inspeccionamos y damos el visto bueno. Que se deje la comida en casa, bueno, nadie muere por no comer un día, pero el GPS es sagrado.

Dejamos el coche en un llano debajo de Les Lloberes y nos encaminamos al molino de Cosp. Desde allí subimos a las ruinas de la casa de Cosp, que era la casa dominante de este vecindario, pasando por otra casa llamada Cal Romà. Aquí había toda una pequeña comunidad y aún nos quedan algunas casas por localizar. Pasamos las siguientes horas yendo entre Cal Cosp y la iglesia buscando los caminos.

 Camino debajo de Cal Cosp, hacia Sant Julià de Cosp

Las ruinas de Cal Cosp

No deja de ser un lugar algo fantasmagórico, con zonas de bosque casi impenetrable entre antiguos campos. De las surgencias todavía sale agua, incluso en estos tiempos de sequía. Emilio vuelve a mostrar su valía, subiendo y bajando las cuestas para investigar los caminos. Encontramos el camino perpendicular, pero no exactamente con el trazado esperado.

Dejamos otra vez la iglesia hacia Cal Cosp

Por fin, llegamos a la pista que va a los Plans de Cosp, dejando a la izquierda un camino que va a otra casa, Cal Bon Jan, cuyas ruinas vemos entre los árboles. Cruzamos la pista y vemos que el camino continúa al otro lado. Lo seguimos y acabamos en los campos de Cal Serra de Cosp. Lo malo era que ése no era el plan; teníamos que haber seguido subiendo hacia el norte pero esa conexión no la vimos.

Yo nunca había estado en Cal Serra, siempre la había visto de lejos y siempre había pensado que era una casa aún entera. Pero no es así. Los inmensos campos de la casa vuelven a mostrar la extrema sequía. Subimos hacia el Pla Fondo, donde comemos.

Cal Serra. Observad las ventanas; eran tablas de madera con una pequeña abertura para la luz.

En la bajada, intentamos localizar el camino de Ardericó nuevamente pero sólo vemos trazas. Pasamos nuevamente por encima de Cal Cosp y de allí a Les Lloberes y al coche.

Sant Julià de Cosp y los Rocs del Castell en el sol de la tarde

Satisfecho, Pep declara que ahora ha quedado todo aclarado.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 12,2 km; 600 metros de desnivel acumulado.

viernes, 2 de marzo de 2012

23/2/2012 – Buscando el camino de Vilada (2ª parte)

De nuevo, en casa, miro los mapas antiguos y efectivamente hay un camino que hace una diagonal desde La Ribera hasta Les Saleres del Cortal, dejando el Molino de Soldevila al norte, y lleva la etiqueta “Camino de Vilada a Sant Jaume de Frontanyà”. Pep quiere volver a buscarlo. Además, me informa que vendrá su cuñado, Emilio, corredor de montañas de fama más que merecida. “A ése no se le acaban las pilas”, me advierte. Llamo a Carles y le digo que se asegure de grabar en su GPS todos los caminos entre Cal Massot y el Col de Lloberes.


Después de los cafés, nos encaminamos al coche. Carles carga su mochila en el maletero con una mirada triunfante; hoy no habrá despistes. Volvemos a aparcar el coche en la misma pista encima del Molino de Soldevila. Carles empieza a buscar en su mochila con una consternación creciente. Finalmente, tiene que aceptar que ha dejado su GPS en casa y volvemos a quedar ciegos.

Carles se rinde a la evidencia

Bajamos al molino y cruzamos la Riera de Camprubí. Al otro lado, hay una pista transversal que seguimos hacia la derecha hasta una cresta. Allí baja un tramo del camino ya marcado en mis mapas desde hace bastantes años. Volvemos a cruzar la riera, pasamos al lado de las ruinas de Cal Planàs y finalmente salimos en la pista de La Ribera, debajo de Cal Massot. Ésta era la parte fácil.

Volvemos a la cresta de antes. Ahora toca subir pero el camino se pierde. Toda esta cuesta ha sido talada; se han abierto pistas nuevas que han aniquilado algunos caminos y las ramas cortadas están tiradas por todas partes. Llegamos a un collado donde hay un cruce de pistas. Emilio mira las cuestas empinadas de las pistas de desembosque con añoranza. Finalmente, no puede reprimir más las ganas de subir pendientes y, como las cabras, siempre le vemos mirándonos desde algún punto alto. Lo bueno es que nos va diciendo qué pistas tienen salida y cuáles no y nos ahorra unas cuantas caminatas estériles.

“Con él, tendríamos los caminos del Berguedà hechos en un par de semanas”, le digo a Pep. Llegamos a la Portelleta, una brecha en las rocas encima de la casa de Cercosa, hacemos la foto de rigor y volvemos a bajar por un camino ya conocido hacia el Molino de Camprubí. Casi estamos abajo otra vez cuando se produce un destello de luz en la oscuridad: un camino transversal. Lo seguimos a la izquierda y salimos en una pista que nos lleva al cruce en el collado de la primera cresta. Lo seguimos en la otra dirección, entramos en un pequeño valle y perdemos el camino entre el caos de ramas. Toca subir otra empinada pista de desembosque. Mandamos a Emilio delante para que nos haga de explorador; no tardamos en perderlo de vista.

Foto de familia en la Portelleta, con el "chico nuevo"

Al final, nos cansamos de seguir las huellas de las máquinas forestales y giramos a la izquierda a buscar la última cresta antes de Les Saleres del Cortal. Allí, en otro collado, se produce otro destello de luz y vemos un camino transversal, de categoría indudable, que nos lleva certeramente a Les Saleres. Almorzamos allí, con la continuación del camino al otro lado de la pista. Después de comer, continuamos y tras pasar otro collado, enlazamos con el camino que seguimos la semana pasada desde el Coll de Lloberes.

Damos media vuelta y seguimos el camino hacia abajo. Finalmente llegamos nuevamente al pequeño valle y establecemos la unión.

Antiguos campos en la Baga de Camprubí

Al final hemos podido unir muchos puntos de este misterioso camino de Vilada pero con un grado de eficiencia muy bajo y hacemos sentir a Carles todo el peso de nuestra reprobación hasta llegar otra vez al coche. Pero por lo menos Emilio ha podido estirar un poco las piernas.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 12,3 km; 790 metros de desnivel acumulado.

P.D. Hacia finales de invierno, la procesionaria baja de sus nidos en los pinos y busca un lugar para enterrarse y convertirse en unas mariposas nocturnas bastante sosas. Son unos gusanos muy poco atractivos cuya defensa son unos pelos urticariantes. Incluso sentarse bajo un viejo nido puede producirte ronchas si te caen pelos encima. Reptan por el suelo en procesión (de ahí su nombre) y cuando el que hace de líder encuentra un buen sitio, empiezan a roscarse como una broca, taladrando un agujero en el suelo.

 Una columna de gusanos cruza una pista forestal. En total, unos 3 metros de largo

 La columna se prepara para taladrar

miércoles, 22 de febrero de 2012

16/2/2012 – Descalabro en Soldevila o Buscando el camino de Vilada

Un viaje a Inglaterra al que siguió una ola de frío siberiano me han impedido salir. El 27 de enero, Pep y Carles recorrieron el camino entre Castell de l’Areny y la iglesia de Sant Julià de Cosp, ahora parte de la Xarxa Lenta, y localizaron algunas casas.


Pero por fin hoy el tiempo cambia y podemos salir. Después de despreciar el Catllaràs durante tanto tiempo, ahora Pep está entusiasmado con la zona. Como tarea para hoy, quiere localizar el camino de Vilada a Sant Jaume de Frontanyà que sale en las Minutas.

En el Mikado, Pep y Carles comparten progresos en sus respectivos árboles genealógicos. La conversación continúa hasta el coche y también en el trayecto. Eso de buscar las raíces atrae mucho pero las mías están muy lejos y me callo. Aparcamos encima del molino de Soldevila, cerca de la gran casa de Camprubí. Al bajar del coche, veo en la cara de Carles la mirada de un hombre que se esfuerza por recordar algo importante. Al abrir el maletero, descubre que dejó su mochila en Berga, distraído por sus antepasados. Había grabado en su GPS el trazado de los caminos antiguos que Pep quiere buscar pero ahora no tiene ni GPS ni cámara ni bastón ni, lo más importante de todo, comida o agua. Pep y yo estallamos en carcajadas. “No te preocupes”, dice Pep. “Steve te dará un trozo de lechuga con margarina”, en alusión al contenido poco catalán de mis bocadillos.

Mientras caminamos al molino para inspeccionarlo, no puedo reprimir la risa y, todavía 2 horas después, cada vez que veo a Carles caminando como un turista con las manos en los bolsillos, me entran ganas de reír. Carles hace tiempo dejó de verle la gracia pero a mí me ha ido de fábula. Todos los pequeños dolores que había ido acumulando durante estas semanas me han desaparecido de golpe.

La casa de Camprubí

Continuamos por la pista debajo de Camprubí. Al pasar por el molino de la misma casa, nos desviamos por la derecha y entramos en el bosque. Pasamos las próximas horas siguiendo caminos y pistas pero sin los tracks de Carles, estamos ciegos y no conseguimos dar con la llave que va a abrirnos esta cuesta. Aunque algunos caminos tienen categoría, su finalidad es eminentemente forestal.

Volvemos a la pista, ya más cerca de Cosp. Pasamos por el molino de Cosp y subimos a la casa de Cortines donde comemos, con vistas a la iglesia románica de Sant Julià.

Carles apela a los sentimientos más nobles de Pep

Aquí es fácil desplazarse en la imaginación unos cuantos siglos atrás, cuando las casas estaban todas habitadas, la tierra se trabajaba, había un trajín constante de personas y animales por los caminos y se decía misa los domingos en la iglesia.

Paisajes eternos; Sant Julià de Cosp

Subimos por el camino antiguo al Coll de les Lloberes. De allí sale el camino que iba a la casa de Cercosa y fue la ruta descrita por César August Torras para ir de Vilada a Sant Jaume pero, curiosamente, ese camino no sale en la Minuta. Nosotros, en vez de bajar al valle, seguimos un camino ya conocido que recorre la cresta, nuevamente en busca del camino de la Minuta, pero sin éxito, y acabamos bajando por caminos de bosque hasta el molino de Camprubí.

Para poner punto final al día, subimos a la casa de Soldevila para establecer la conexión con Camprubí. Era una casa bastante grande, con un pozo propio. Con las paredes de los Rocs del Castell como telón de fondo, hace un conjunto muy fotogénico.

La casa de Soldevila con la muralla de los Rocs del Castell detrás

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 13,6 km; 660 metros de desnivel acumulado.

sábado, 28 de enero de 2012

20/1/2012 – La Iglesia Vieja de Sant Jaume de Frontanyà

Pep se da por satisfecho de momento respecto a la zona de Tubau y me da carta blanca para elegir la siguiente zona. Sin embargo, rechaza mi propuesta y habla de unos arranques de caminos que vio hace algún tiempo en la zona de la Font dels Pastors, en Sant Jaume de Frontanyà. Además, continúa, Carles desconoce esa zona y se podría aprovechar la ruta para enseñarle los restos de la iglesia medieval que se llama Esglèsia Vella (Iglesia Vieja).


Carles llega tarde al Mikado. Está con gripe y dudaba si venir o no. Sé lo mal que se siente con estas infecciones y, por eso, le advierto que ni se le ocurra tocarme a mí o a cualquier objeto mío para no pasarme sus virus.

Dejamos el coche debajo de la casa de Frontanyà, cerca del Santuario dels Oms, una casa grande utilizada de vez en cuando para colonias. Por aquí pasa el GR4, hay un PR circular cerca y la Xarxa Lenta intenta enlazarlo todo. El GR4 sale del pueblo de Sant Jaume de Frontanyà siguiendo el viejo camino hasta empalmar con la pista de Frontanyà y luego sigue la tortuosa trayectoria de la pista hasta llegar al Coll de la Creu Melosa, pasando por el Collet de la Pleta y la Font dels Coms. A partir de aquí, sigue la cresta hasta Puig Lluent. Sin embargo, según el mapa de 1951, el camino antiguo no pasa por la casa de Frontanyà sino que va directamente al Collet de la Pleta.

La casa de Frontanyà

Pero todo esto tendrá que esperar. Desde el Collet de les Saleres, al oeste de la casa de Frontanyà, yo ya conocía otro camino que sube directamente al Collet pero el primer tramo desde la pista es un camino de arrastrar troncos. Quería localizar el camino auténtico desde la casa de Frontanyà. Efectivamente, allí donde acaba el camino de troncos y empieza el camino auténtico, encontramos el desvío y lo seguimos hasta la casa. Desde allí, seguimos otro camino despejado que nos lleva al Collet por el lado este de la cresta.
Continuamos hasta el Coll de la Creu Melosa. Aquí han puesto un poste indicador nuevo que dice claramente el ‘camí ral’ (camino real) a Sant Romà de la Clusa, señalando hacia la cresta. La Xarxa Lenta es una iniciativa magnífica para abrir el territorio al senderismo pero ya hemos visto unos cuantos ‘camins rals” un poco sacados de la manga, incluyendo el camino de cabras a Gisclareny descrito en la salida del 21 de octubre del año pasado. En el caso que nos concierne aquí, Sant Romà de la Clusa es sólo una iglesia y tres casas y, por lo tanto, dudosamente tendría un camí ral propio. Por otro lado, tampoco tiene sentido llevar un camino importante hasta más de 1.600 metros de altura por una cresta expuesta para luego bajar a 1.350 metros.

Pep mira con escepticismo el poste en el Coll de la Creu Melosa que indica el 'camí ral' de Sant Romà de la Clusa

Sea como sea, desde aquí marcha el camino que va a la Iglesia Vieja y aquí surge otro punto de desacuerdo nuestro con la historia popular. Siguiendo un camino estrecho, se llega en 15 minutos a una zona extensa de campos abandonados y una pequeña estructura con la forma de una iglesia. Cerca, hay unas paredes que podrían ser restos de habitáculos medievales. La historia local sitúa aquí la iglesia original de Sant Jaume de Frontanyà, consagrada el año 905 por el obispo de Urgell, acompañado por un numeroso séquito de cleros, aristócratas, notables y simples ciudadanos. Lo cierto es que nos cuesta mucho imaginar a tanta gente, muchos de ellos probablemente poco dados al ejercicio, recorriendo los caminos precarios hasta llegar a esta diminuta y remota iglesia. Sin embargo, los documentos también hablan de una iglesia parroquial llamada Santa Magdalena de Melosa y nos inclinamos por pensar que ésta es la ‘Iglesia Vieja’. Creemos que la iglesia primitiva de Sant Jaume de Frontanyà se hizo más o menos en el mismo sitio que la actual, que, dicho sea de paso, es un ejemplar único de arquitectura románica y bien vale una visita.

 Lo que queda de la Esglèsia Vella y una posible barraca delante

Una pared sospechosa que sugiere un poblado medieval

Hecho este inciso, bajamos sin camino hasta la Font dels Pastors, ahora convertida en cisterna y canalizada hacia el pueblo. Sale un camino de llano hacia el oeste y otro que sube hacia el noreste. Seguimos primero el camino hacia el oeste, que nos deja encima de las casas de Llobateres, con derivaciones hacia la zona de Cosp que tendrán que esperar otra ocasión. Volvemos a la Font dels Pastors y seguimos el otro camino. Cerca está la Cova de Lloberes, una pequeña abertura con una cámara más grande detrás, pero esto sólo lo sé de segunda mano; no me siento cómodo en espacios estrechos bajo tierra. Pep es todo lo contrario: no le gustan espacios estrechos suspendidos en el aire. Pasada la cueva, hay otro cruce de caminos y seguimos el que va al Serrat de les Pintes. Aquí hay un pequeño laberinto de caminos, la mayoría probablemente de uso forestal. Marcamos colitas que algún día habrá que descifrar.

Carles mira hacia el Santuario dels Oms desde el camino que va de la Font dels Pastors a las casas de Llobateres

Almorzamos al sol cerca de la cresta del Serrat y luego volvemos al cruce para seguir el último camino, que nos lleva a los campos de la Esglèsia Vella.

El Catllaràs desconocido: la vista desde donde almorzamos con las imponentes rocas de Castell de l'Areny. Abajo se ve un pequeño claro donde está la casa de Cosp y detrás una pequeña mancha que es la iglesia románica de Sant Julià de Cosp

Vista con zoom de Sant Julià de Cosp

Volvemos al Collet de la Pleta y buscamos el camino antiguo. Tras algunas dudas, lo encontramos, que va bajando por donde corre un torrente cuando llueve. Su categoría es indudable. Sale en la pista de Frontanyá y tras una corta recta, vuelve a abandonar la pista en la cresta llamada Els Portets y, al cabo de poca distancia, empalma con el GR que viene desde Sant Jaume de Frontanyá.

A pesar de las incógnitas que hemos tenido que dejar, ha sido un día muy productivo. Además, Carles se declara muy mejorado con el ejercicio. Cerca del Santuario dels Oms, cinco ciervos cruzan la pista delante del coche.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 10,8 km; 630 metros de desnivel acumulado.

domingo, 22 de enero de 2012

13/1/2012 – El Faig General

Hoy somos Pep y yo. Hablando unos días antes, me dijo que los mapas antiguos mostraban una serie de casas en un triángulo entre La Riba, Llentes y Corrubí. Le gustaría aclarar todo esto y, si podía ser, llegar al Coll del Faig General, ya que todos sus intentos anteriores habían fracasado. Sin embargo, en el Mikado, admite que es un plan ambicioso. Además, su coche está temporalmente incapacitado y tenemos que usar mi viejo Nissan Patrol.

Tras 1 hora de viaje (más o menos lo que se tarda en hacer el trayecto de Berga a Barcelona), nos plantamos en la casa de La Riba por la pista hormigonada, la misma casa que la salida del 16 de diciembre. Emprendo la pista de tierra hacia el Molino de la Riba pero veo que tenemos que vadear la riera y además está helada. Hace muchos años, me apunté a un pequeño curso de conducción de 4x4 en el que hice cosas inverosímiles, pero era coche de otro. En el mío, soy un cobarde y doy la vuelta, aparcando fuera de la entrada de La Riba. Aguanto estoicamente los comentarios irónicos de Pep sobre mi perfil “cuatroporcuatrero”.

Tras cruzar el Rec de Llentes, entramos en la misma pista que bajamos desde Llentes en esa salida, pero la volvemos a dejar para seguir un camino que sube una cresta amplia hacia Llentes. En la cota 1.100 metros, topamos con los restos de una casa y delante, una barraca hecha con las piedras de la casa. Eso no estaba en el guión ya que no teníamos ninguna referencia de esta casa. Anotamos el hallazgo y seguimos subiendo, enlazando con el camino que Carles y yo seguimos desde Llentes. Está claro ahora que no es un camino transversal a Corrubí sino un camino vertical desde Llentes hacia la zona de La Riba, pasando por la casa sin nombre.

Antes de llegar a la casa de Llentes, giramos a la izquierda hacia Corrubí. Desde allí sale una pista que nos llevaría en unos 40 minutos al Faig General. Vamos bien de tiempo y magnánimamente doy mi visto bueno al desvío. Casi en la cresta, dejamos la pista para seguir un camino señalizado que nos deja en un collado donde pasan caminos importantes hacia el norte pero el Coll de Faig General, donde pasa el camí ramader, es el siguiente hacia el este.

Poste en el cruce de caminos cerca del Coll de Faig General

Desde el camí ramader, C.A. Torras decía que se podían ver unos corrales abandonados. Pep quiere pasar por la cara norte pero yo propongo pasar por la cara sur y volver por el norte y, tras cierta reticencia, él accede. Entramos en lo que parece ser un camino pero se muere al cabo de poco y salimos en una cresta algo desviados del Coll de Faig General. “No sé porqué te escucho”, se queja Pep. “Siempre me traes por caminos de vacas que no van a ninguna parte”. Le señalo unas ruinas a 10 metros a nuestra izquierda. Y, casi en la misma respiración, me dice: “Gracias, Steve, por traerme aquí. Si no hubiera sido por tu tozudez, no habríamos encontrado eso”. Certifica que es una casa del siglo XIX, no son corrales. Seguramente tuvo una duración bastante efímera. Cruzamos los miserables campos que trabajaba y llegamos al camí ramader. Torras la pudo ver porque en aquel tiempo no había árboles que estorbaran la vista, pero hoy la tapan los pinos.

 Paso estrecho en el camí ramader

Vista hacia el noroeste desde el Faig General, con el Moixeró al fondo

Pasamos el Coll y volvemos al primer collado por el camino de la cara norte. Allí almorzamos en unas rocas, con vistas despejadas alrededor nuestro y el Santuario de Montgrony a unos 6-7 kilómetros al norte en línea recta. Volvemos a bajar a la pista a Corrubí y continuamos. Los mapas antiguos que nos había pasado Carles marcaban una casa, que no encontramos en el emplazamiento marcado, y una estructura mucho más antigua, que llamamos provisionalmente Castrum Caroli (Castillo de Carlos en latín) en honor a su “descubridor”. Esa estructura sí la encontramos pero es una casa, nada de castillo. Mirando el Alpina antiguo en casa, resulta que se llama Cal Cullera.

El pequeño 'grau' antes de llegar a Corrubí, con peldaños cortados en la roca

Al llegar al cruce de pistas delante de Corrubí, giramos a la izquierda para bajar hacía Caselles. Allí los mapas marcan Cal Moles, que encontramos en unos campos, pero antes vemos las ruinas de otra casa bastante más pobre que, de momento, no tiene nombre. Continuamos bajando. Miramos la casa de Caselles. Parece que alguien tenía la intención de arreglarla pero o bien murió, se aburrió o se le acabó el dinero. De todos modos, lo primero que hizo fue rodearla con una valla alta de alambre pero la casa está en un triste estado de abandono.

 La casa de Caselles

Y su cocina destrozada

Finalmente, bajamos al Molino de la Riba y desde allí por la pista hasta el coche. Ha sido un día muy completo y hemos recopilado mucha información.

El estanque detrás de la presa del Molino de la Riba, cubierto de una gruesa capa de hielo

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 16,8 km; 610 metros de desnivel acumulado.

sábado, 14 de enero de 2012

5/1/2012 – Progresos en Palmerola

Ayer me llamó Pep, acababa de volver pero tenía que cumplir con obligaciones familiares relacionadas con Reyes. Volvemos a ser Carles y yo y decido volver a Palmerola, esta vez respetando el plan original.

Aparco el coche en la Collada de Cal Jaume. Viendo la escarcha en el camino, temo lo peor pero al salir del coche, no hace tanto frío. Nuestra primera tarea es abrir paso entre un grupo de vacas que están convencidas que hemos venido a traerles algo. Intento explicarles que en realidad hemos venido a buscar caminos pero desisto ante las miradas de incomprensión.

Nos plantamos en esa colita (ver Glosario) tan bonita en Cal Jaume, dejando otro camino que marcha a la derecha y también marcado en la Minuta de Palmerola para la vuelta. Nos ponemos en marcha y seguimos un camino magnífico que va subiendo hacia Puig Miró. Todo va bien hasta que llegamos a una bifurcación inesperada que obliga a tomar una decisión y luego hay una segunda bifurcación y una tercera. Hay un pequeño laberinto debajo de la Roca de la Guilla del cual no vimos nada en nuestro intento fracasado de encontrar estos caminos el 5 de noviembre del año pasado.

Vista del Castillo de Palmerola a primera hora de la mañana desde el camino de Cal Jaume, con Montseny al fondo

Llegamos a un collado donde hay una unión de pistas. La Minuta (ver Glosario) marcaba un camino hacia la Serra de Pomeroles y allí lo tenemos delante, más claro imposible. Tengo el convencimiento de que hoy vamos a hacer historia y no puedo reprimir el deseo de llamar a Pep para decírselo. “Lo que te estás perdiendo”, le digo. “Hoy lo vamos a aclarar todo”. Cierro el móvil con satisfacción. Pero el destino reserva para la soberbia algunos de sus castigos más crueles. Al cabo de poco rato, el camino entra en una zona de antiguos campos … y desaparece. Ahora sólo vemos caminos tenues, probablemente de ciervos. Progresamos lentamente hacia la cresta de la sierra, buscando cuidadosamente cualquier rastro de un camino serio, pero en vano.

Ya que íbamos a venir aquí, me había propuesto buscar una vez más la casa de Pomeroles, que había buscado infructuosamente tanto ese día del 5 de noviembre como en una salida anterior con Josep Mª antes de empezar el blog. Carles había grabado en su GPS la posición indicada para esa casa tanto en los mapas antiguos como en el Alpina, ya que cada mapa marcaba un lugar distinto. Yo había buscado por donde la había puesto el Alpina pero sin éxito. En un cruce de caminos, nos separamos. Salgo a un llano en la cresta, con un camino a la vista que debería bajar a donde está la casa y espero a Carles. Al cabo de unos 15 minutos llega. La ha encontrado.

La casa de Pomeroles

Almorzamos rápidamente. Luego bajamos el camino y allí está la casa, aunque desviada de las posiciones marcadas en los mapas. Marcamos su posición en el GPS y continuamos. Ahora hay que buscar un camino de vuelta. Acabamos entrando en el camino de Moreta que seguimos el año pasado, que nos llevaría al coche pero dando unos enormes rodeos. En la próxima cresta, al final de la Baga de Pomeroles, decido dejar el camino y seguimos un camino incierto de vacas hacia el oeste, paralelo a la cresta. Vamos pasando ‘graus’ (ver Glosario) precarios, siempre pensando que quedaríamos cortados por las rocas pero como suelo decir, “Mil vacas no se pueden equivocar”, y acabamos saliendo en los mismos campos donde desapareció el camino anterior pero unos 150 metros más abajo. Al final de los campos, volvemos a encontrar un camino marcado, que luego se convierte en una antigua pista, que nos deja en el Collet del Bosc del Castell, donde quería buscar el segundo camino de Cal Jaume.

Nubes de viento en el Collet del Bosc del Castell

Nos paramos un rato para disfrutar del paisaje, con vistas despejadas del Pirineo al norte. Tras algunas vacilaciones, encontramos el camino que queríamos, que baja en diagonal por los campos, con pequeños ramales de acceso a las distintas zonas de cultivo, y, casi en línea recta, nos acaba llevando a la casa de Cal Jaume y de allí al coche.

Cal Jaume. A la izquierda se ve el pozo de agua y a la derecha el horno de pan

Pensando luego en el coche, postulo la hipótesis de que el topógrafo de la Minuta se equivocó, que el camino que pasa al lado de la Roca de la Guilla era un camino de acceso a zonas de cultivo más alejadas, igual que el último camino que seguimos de vuelta, y en realidad no tenía continuidad. Aún queda trabajo aquí.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 9,1 km; 500 metros de desnivel acumulado.