Aquí relato nuestras salidas por los caminos del Berguedà y comarcas vecinas. Como lo pasamos muy bien, queremos comunicar sobre todo buen humor y alegría pero también tiene un fondo muy serio: el camino como bien patrimonial, pieza esencial para entender la historia y digno de conservación. Es nuestra misión desde hace más de 15 años.



viernes, 10 de julio de 2015

29/5/2015 – La Cambra dels Bocs

El 24 de mayo, hubo elecciones municipales y algunas elecciones autonómicas. El resultado fue la pérdida de mayorías absolutas por los partidos tradicionales en prácticamente todos sus feudos, sobre todo el Partido Popular, y un voto masivo por agrupaciones surgidas de movimientos ciudadanos.

Hoy Pep tiene que estar en Berga a las 5 pero aun así propongo probar de llegar a la Cambra dels Bocs. Tengo la sensación de que es ahora o nunca y así vamos liquidando el tema de las cruces. Una persona mayor con quien contactamos hace bastantes años y que había vivido en Gisclareny nos contó que su nombre era porque allí se encerraban los carneros para que no molestaran a las ovejas después de fecundarlas.

Nada más bajar del coche en la Font de l’Adou, me doy cuenta que Pep imprime un ritmo más fuerte de lo habitual. Debe querer buscar todas las cruces en un solo día, pienso. Sus ojos tienen el brillo de un hombre centrado en el cumplimiento de una misión.

Probamos el camino de subida desde la pista que dejamos pendiente en la salida del día 15 pero no tarda en volverse intransitable, perdido en la vegetación del barranco y damos la vuelta. Optamos por subir por el camino de La Muga para buscar aquel camino de cazadores que seguimos hace ya 16 años. Pero debe hacer muchos años que ya no viene ningún cazador por allí y ese camino ha desaparecido. Pep señala una cresta despejada más hacia Oreis: “Subiremos por allí. Es lo más directo”.

El muro del corral de La Muga

Llegamos a la cresta y empezamos a subir. “Mientras puedas ver por dónde deshacer el camino, si hace falta, no hay problema”, me dice Pep. Poco sospechaba que sus palabras iban a ser proféticas. Con el ritmo de la subida, no tardo en quedar unos 50 metros atrás. Siguiendo el rastro lejano de Carles, supero un afloramiento de roca y entro en un pequeño llano cubierto de robles. Veo un camino que viene desde la izquierda, desde La Muga, y gira para encarar la Cambra. Quiero avisar a Pep y Carles pero ya están bajando a la derecha para entrar en una pequeña hondonada entre esta cresta y la siguiente hacia Oreis y no me oirán ni me harán caso.

La entrada de la Cambra dels Bocs

Vista impresionante de la cara norte de Pedraforca hacia el sur

Bajo una cuesta asquerosa, llena de piedras traidoras por lo sueltas y, cuando llego abajo, veo que han girado y vuelven a subir a la cresta de antes. Pero veo que la siguiente está más despejada y, mirando hacia arriba, parece que se juntan justo debajo de la Cambra. Así que emprendo una subida penosa hacia el lomo, con la vista de Carles y Pep que siguen subiendo por el bosque de robles en el otro lomo a mi izquierda.

Llego a la cuesta despejada. Por fin puedo caminar sin obstáculos. Pero ya no está tan claro que los dos lomos se vayan a juntar bajo la Cambra. Al final, me doy cuenta que tendré que hacer un flanqueo. Pep y Carles ya han llegado a la entrada y justo antes de desaparecer, Pep se para para saludarme. Encaro mi reto particular: tengo que cruzar una pequeña ‘tartera’ o cuesta de piedras sueltas que marca la cabecera de la hondonada y luego flanquear hacia la entrada. Veo una hilera de árboles grandes que parece que me llevarán directamente a la entrada. Por allí, tiene que estar más despejado, pienso.

Con cierta dificultad, llego a la tartera y la cruzo. Pero el camino de los árboles grandes es un espejismo. Un muro de vegetación me barra el paso al primer árbol y una vez superada esa barrera, veo que la cuesta es en realidad un campo de minas, llena de grandes rocas caídas desde arriba, con el boj que tapa los agujeros y las fisuras. Voy superando los obstáculos pero con cada paso que me acerco a la boca de la Cambra, más difícil se hace. Al final, recordando las palabras de Pep al inicio de la subida, me doy cuenta que pronto se me va a hacer muy difícil volver a bajar y necesito a alguien que me guíe para continuar. Llamo a Pep pero hay un muro de roca entre nosotros y no me oye. El móvil … hace mucho tiempo que no tenemos cobertura.

Hasta las rocas blancas a la derecha del árbol muerto llegué. La pared rocosa encima marca la entrada de la Cambra

Aquí se ve mejor el árbol muerto

Doy la vuelta y miro hacia el primer árbol grande, la ‘tartera’ y el lomo, donde estaría seguro, todos engañosamente cerca. ¿Me voy a quedar colgado aquí?, me pregunto. ¿Se va a repetir la historia de 20 años atrás? Analizo mi situación: bajar no es lo mismo que subir pero sólo me separan 200 metros y tengo muchísimo tiempo. Bajo poco a poco, buscando un paso por las rocas e intentando no caer por los numerosos agujeros que me acechan. Por fin, llego a la ‘tartera’, la cruzo y vuelvo a subir al lomo.

Aquí, ya en un lugar seguro y con una vista despejada de la boca de la Cambra, me premio con el bocadillo del almuerzo. Termino de comer y todavía no han aparecido; decido ir bajando poco a poco hacia el camino de La Muga. Si Pep tiene que estar en Berga a las 5, supongo que dará la salida por acabada y hará lo mismo. En eso, salen Pep y Carles de la Cambra y Pep me grita: “Ya venimos. No te pongas nervioso”. “Los nervios ya los pasé”, pienso. “Ahora estoy tranquilo”. Pero me paro y les espero. Después de haberme dejado tirado en la subida, ahora debe querer acompañarme hasta el camino para asegurarse de que no me pase ningún percance. 

“No vimos ninguna cruz”, me dice Pep cuando me alcanza. También pone en duda lo de guardar los carneros: hay una pendiente muy fuerte allí dentro, no tendrían comida y la entrada es demasiado ancha para cerrarla. Tampoco vieron ningún camino que entrara en la Cambra y descarta el camino que yo vi como camino de jabalís. “Bueno, ¿qué se le va a hacer?”, le contesto y vuelvo a emprender el descenso. “¿Dónde vas?”, me dice. “Hay que mirar en las rocas allí arriba para ver si hay cruces”, y señala la línea de roca que marcha hacia el Clot de Vimboca y marca el final de la cuesta transitable.

Cuando le entra la fiebre del descubridor, es imposible razonar con Pep y resignado, doy la vuelta y subimos en diagonal hacia la roca. Luego seguimos hacia el este por un camino de rebecos, pero no hay cruces. Hay que pasar una línea de roca; el camino se acaba abruptamente, volver atrás es complicadísimo y la única salida es una especie de cornisa escalonada. Pep y Carles pasan sin problemas y ahora me toca a mí. De repente, parece que el bastón se me va a enredar en mis piernas, la mochila choca con la roca a mi izquierda y parece que quiere tirarme al vacío, la cámara estorba y no sé dónde poner las manos. Pero, evitando mirar hacia la derecha, franqueo el paso y al otro lado, ya es una cuesta sin obstáculos hacia Oreis.

El Grau

Pep se para para comer y con Carles, intenta sacar conclusiones respecto a la falta de cruces. ¿No buscó en los lugares adecuados? ¿O fueron borrados deliberadamente en algún momento? Yo ya he comido y me entretengo a mirar desde una nueva perspectiva el Clot de la Vimboca y el Cap de la Boixassa, donde estuvimos la semana pasada, mientras un quebrantahuesos patrulla la sierra encima nuestro.

El Cap de la Boixassa desde donde comimos

Reemprendemos la marcha. Primero por tierra blanda, con boj y rocas sueltas. Más abajo, empieza el bosque, con robles bajos y boj alto. El bosque se va espesando y finalmente entramos en un llano colgado sobre el barranco de Vimboca que antiguamente fue cultivado y de donde sale un camino hacia Oreis. Entramos en el camino. A pesar de tenerlo en nuestros mapas, yo nunca lo había hecho. Llegamos a una fuente, ya estropeada por los animales y aquí se bifurca el camino. Un ramal continúa hacia Oreis y el otro gira hacia Vimboca y ése es el que seguimos. Resulta ser el camino que Pep nos mostró desde el Clot de Vimboca la semana pasada. Sólo nos queda bajar la riera hasta la pista de Monnell que, ahora que estamos cansados y queremos llegar al coche, nos parece interminable tanto a mí como a Carles.

La Judith Mascó dice que, para mantener la piel joven y tersa, hay que beber 2 litros de agua diarios y yo le hago caso. Traje 2 litros y me los he bebido todos, y aún tengo ganas de beber más. Cuando llegamos al coche, pido permiso a Pep para ir al nacimiento del río Bastareny, justo detrás de la cascada, para buscar más agua. Magnánimo, me lo concede. Está fresquísima.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 10,3 km; 710 metros de desnivel acumulado.

jueves, 18 de junio de 2015

22/5/2015 – El Clot de Vimboca

Después de los preparativos de la semana pasada, hoy era el día que teníamos que llegar a la Cambra dels Bocs para buscar esas cruces grabadas en la piedra citadas como prueba judicial en aquel pleito que leyó Carles en Els Cortalets. Por lo tanto, después de ingerir la dosis requerida de cafeína para encarar el reto con arrojo, ponemos rumbo al norte. Al entrar en Bagà, me asalta una duda y hago parar el coche. Abro el maletero, miro mi mochila y efectivamente … he dejado el GPS en casa.

Sin GPS, no se pueden marcar cruces y se descarta inmediatamente la opción de ir a la Cambra dels Bocs. Reflexiono sobre cómo esos aparatos han pasado de juguete para personas demasiado mandrosas para usar una brújula a instrumento imprescindible para casi cualquier actividad al aire libre.

En eso, llegamos a nuestro parking en la Font de l’Adou. Al bajar del coche, notamos no sólo que hace frío sino también bastante viento. Pep propone subir el Clot de Vimboca; estaríamos protegidos del viento, el GPS no hace falta que, además, al estar metidos en un barranco, tampoco serviría para mucho y, por último, yo nunca había hecho este camino, a pesar de tenerlo marcado en nuestros mapas y también en el mapa del Alpina.

Es una profunda hendidura que sube hacia el norte, paralelo a su homólogo mucho más famoso, el valle de Pendís o Els Empedrats y separado por el Valle de Galigans y la Sierra de la Boixassa. En los años del maquis y del contrabando, el valle del Pendís estaba vigilado por un destacamento de soldados en Cal Cerdanyola (hoy reconstruido y reconvertido en el Aula de la Natura) y el valle de Vimboca seguramente fue una vía clásica para pasar al Berguedà desde Cerdanya.

El camino pasa al lado de torrente al inicio del camino

Desde la pista de La Muga, sale un camino que sube el Torrent de Monnell, marcado claramente por un poste de madera que dice en letras blancas “Vimboca”. El primer tramo pasa por el fondo del barranco. Empalmamos con el camino que viene de Monnel y poco después, dejamos a la izquierda el camino que sube a Oreis. Intento imaginar cómo habría sido en los tiempos del contrabando; hombres bajando por la noche con un fardo a la espalda, intentando hacer el mínimo de ruido.

El camino va subiendo, con alguna ‘fita’ o montículo de piedras, y al cabo de poco más de 1 kilómetro, Pep se desvía para mostrarnos un camino que enlaza con la zona de Oreis y que él descubrió hace unas cuantas décadas. Dejamos el fondo del barranco para subir con un camino claro por una plataforma intermedia. A la izquierda, una pared vertical con ‘baumes’ o huecos en la roca; a la derecha una selva impenetrable que marca el curso del torrente.

Salimos momentáneamente del barranco para ver este paisaje quebrado

Volvemos a entrar en el barranco y empezamos a ver carboneras y caminos que entran en pequeños huecos, donde sin duda encontraríamos más carboneras. 

 Se divisa el final del cañón. Detrás, el Clot de Vimboca

Carbonera

Por fin salimos del cañón y entramos en el embudo que es el Clot de Vimboca. Ya hemos subido más de 300 metros pero el camino sigue subiendo implacablemente, alternando pendientes fuertes con algún tramo llano. Ya van 400 metros, 500 metros, 600 metros; esto no parece tener fin. Pep me mira doblegado sobre el bastón, con síntomas claros de extenuación. “Veo que estás decidido a llegar arriba del todo”, dice con tono irónico, y vuelve a dejarme atrás.

Uno de los pocos tramos llanos

Y de repente, se acabó. Entramos en el camino que va del Coll de Vimboca al Coll de Galigans y es maravilloso. Giramos a la derecha y ya no subimos más. Es un camino despejado con ese ambiente especial que dan los bosques de pino negro en esta zona del Moixeró. Salimos al Coll de Galigans y paramos para comer. Volvemos a estar expuestos a viento y buscamos infructuosamente un lugar donde refugiarnos pero no hay ninguna roca bien orientada y aguantamos hasta que el frío acaba obligándonos a movernos.

 La Roca de la Moixa

Mirando hacia el valle del Llobregat desde el Coll de Galigans

Seguimos el camino de la Boixassa. Recuerdo aquella salida con Josep María en 2011, donde la niebla nos impidió ver más de 50 metros. Hoy, hay vistas kilométricas y, gracias al viento del norte, con una gran nitidez. Me entretengo a sacar todas las fotos que no pude sacar hace 4 años.

Llegamos a la Collada de la Pelosa e iniciamos la bajada por la pista. Me detengo para fotografiar unos renacuajos en un estanque. Cuesta enfocarlos a través del agua y paso un buen rato allí. Hace tiempo que Pep y Carles se han marchado pero ya no temo el abandono, ya que sólo hay que seguir la pista.

Renacuajos

Voy bajando tranquilamente cuando veo que Carles viene a mi encuentro. “¿Dónde estabas?”, me pregunta, entre ansioso y aliviado. “Es que había unos renacuajos …”, empiezo. “Es que no venías”, me interrumpe. “Podrías haberte caído y roto una pierna, ya sabes lo torpe que eres a veces … Pep estaba muy preocupado”. “¿Pep estaba preocupado?”, pregunto incrédulo. “Sí, sí, por eso me mandó a buscarte”.

En eso llegamos a dónde estaba Pep esperando. “Siempre rezagado”, me dice, seguramente para disimular su alegría de comprobar que estaba sano y salvo. Nos ponemos en marcha y bajamos la pista con sus curvas interminables hasta la casa de Monnell.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. Kilómetros: muchos. Desnivel: la hostia.

miércoles, 20 de mayo de 2015

15/5/2015 – El tercer mas de Oreis

Por fin, Pep puede salir con nosotros. Pero yo, por la noche, de repente empecé a experimentar síntomas parecidos a un resfriado, pero prefiero pensar que es una alergia, por tanto polen y polvo que hay en el ambiente después del calor africano y luego las ventadas del norte, y decido salir. 

Al venir Pep, podemos volver a La Muga. Evidentemente, quiere buscar cruces pero, con la disciplina férrea que le caracteriza, también es consciente de que hay una red de caminos en la zona de La Muga que también hay que aclarar.

Subiendo en el coche, escucho a Pep y Carles comentando temas de actualidad de mil años atrás. Si hace mil años hubiera coches y radios que la gente escuchaba mientras conducían, del mismo modo que hoy se escucha a Mónica Terribas, yo creo que se parecería mucho a la conversación entre Pep y Carles. Así que me relajo en el asiento de atrás, escuchando la radio del año mil, mientras intento decidir qué es lo que tengo: un virus o una alergia.

Una vez más, aparcamos el coche en la Font de l’Adou y recorremos la larga pista que va hacia el Torrente de la Muga. Pero esta vez, nos desviamos a medio camino. Justo antes de que la pista cambie de ribera, hay un pequeño prado y allí tenía el arranque de dos caminos, uno que subía hacia el norte por el barranco y otro que se desviaba por la derecha. Carles elige el camino a la derecha y nosotros seguimos rectos. Dejamos el nuestro cuando vemos que va zigzagueando hacia arriba con fuerte pendiente y nos unimos a Carles.

El hombre del tiempo había dicho que seguiría haciendo viento hoy y ahora, en un espeso bosque de robles, se oyen rachas de viento que bajan desde Tancalaporta. Pep no está tranquilo pero yo me siento confiado: “Todos los árboles que van a caer, ya han caído en la ventada anterior”, le aseguro. “Siempre cae alguno más”, me replica Pep, prudente. Pero los árboles, aunque se mueven con el viento, no llegan a crujir.

Mientras tanto, seguimos el camino; está tapado pero tiene categoría. Sin embargo, empieza a difuminarse cuando entra en una zona de carboneras, y más arriba, cuando cruzamos bancales de antiguos campos.

Según Pep y Carles, los documentos hablan de tres 'masos' o casas en Oreis. Una está al lado mismo de la iglesia y otra la encontramos hace unos 10 años ya, orientada hacia el Clot de Vimboca. ¿La tercera podría estar por aquí, cerca de estos campos? Pero no se encuentra.

Los campos de Murcarols, visto desde el otro lado del valle

Y, con un poco más de zoom, la casa

Salimos al camino de Oreis a La Muga. Visitamos la iglesia y luego damos la vuelta, con la Cambra dels Bocs a la vista. Según el documento que Carles leyó hace un mes ya, la división de derechos de pasto entraba por la boca de la Cambra y seguía todo el contorno a pie de roca. Allí tendría que haber cruces.

Muy poco después de conocer a Pep, igual en la tercera salida, un día de mayo como hoy hace 16 años, le pedí que me mostrara los caminos de La Muga que yo no había sabido ver 4 ó 5 años antes. Recorrimos esa misma larga pista y subimos el camino donde yo me había perdido, llegando a las ruinas de la casa de La Muga sin novedad. Luego empezamos a recorrer ese camino a media altura hacia Oreis donde estamos hoy, y vimos un camino que subía hacia la Cambra dels Bocs, con marcas de pintura azul de los cazadores. Empezamos a seguirlo pero a medida que nos íbamos acercando a la Cambra, perdía definición. Además, se estaba acercando una tormenta y Pep optó por bajar en diagonal sin camino, intentando volver al coche antes de que estallara la tormenta. No lo consiguió; nos refugiamos bajo un árbol cerca de Oreis y no tardamos en quedar empapados.

 
La Cambra dels Bocs, uno de los lugares más perdidos del Berguedà, hasta ahora siempre visto por nosotros desde lejos.

Y allí, bajo ese árbol, escuchando los truenos que retumbaban a nuestro alrededor, Pep estaba convencido de que no volvería a ver a ese urbanita. Pero cuando uno conoce a una persona que le puede enseñar lo que uno quiere saber, estos contratiempos pasan a un segundo plano y, para su gran sorpresa, le llamé a los pocos días para volver a salir.

Campos en el camino de La Muga. Demasiado lejos de Oreis pero hoy no encontramos ninguna casa por aquí

Pero hoy no va a llover. Yendo hacia La Muga, tenía dos ‘colitas’ (ver Glosario) que bajaban y habíamos postulado la hipótesis de que una de ellas al menos enlazaría con el camino que dejamos abajo. Al llegar a la primera, resulta ser un espejismo y la borramos enseguida. Y la segunda, muy cerca del camino que sube a la Cambra dels Bocs, tiene mejor aspecto pero al cabo de unos 100 metros, ya dudamos si es camino humano o de animales. Entramos en pequeñas zonas de cultivo a media cuesta. Parece que continúa el camino hacia abajo pero al poco rato, vuelve a desaparecer. Yo creo que había muchos caminos que conectaban pequeñas ‘artigas’ (ver Glosario) desde las casas de Oreis y de La Muga pero hace mucho tiempo que se fundieron con el paisaje.

La pequeña iglesia románica de San Romà d'Oreis. Aquí, apenas cabrían las pocas familias que vivían en estas cuestas

Con rasgadas y trozos de ramas  y hojas en el pelo y bajo la camiseta – y quizás también algún polizón de seis patas – llegamos abajo a la pista, pero muy desplazados respecto al camino de subida que habíamos encontrado esta mañana. En la larga pista de vuelta al coche, Pep y Carles retoman la tertulia de la mañana. Poder hablar durante tiempo de la misma cosa es algo digno de admiración. Pero yo sólo quiero llegar al coche.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 10,4 km; 530 metros de desnivel acumulado.

PD. Al poco de habernos recibido del Parque Natural de Cadí-Moixeró casi 100 mapas, hablamos con algunas personas mayores que vivían en Bagà. Una de ellas era un tal Sr. Puig, de más de 80 años cuando hablamos con él hace casi 15 años, que había vivido de niño y joven en Greixer. Nos ayudó a aclarar los caminos antiguos del Moixeró, pero su mujer era quizás la última persona viva que había habitado la casa de La Muga. Unos cinco años más tarde, empecé a darme cuenta de que debíamos haber aprovechado la oportunidad para hablar un poco más con ella.

8/5/2015 – El camí dels Matamatxos

El jueves, Pep me llama. No puede venir; vienen los arquitectos territoriales a mirar el castillo de Berga y tiene que estar con ellos.

Opto por una ruta turística que Carles no conoce y además, mi hijo nos acompañará. El camino de los Matamulas, como sería en castellano, recorre la cara norte de la Serra dels Tossals a media altura, desde el Túnel de la Mina hasta Vilella. Es básicamente bosque de hayas, lo que lo hace especialmente atractivo en primavera y otoño, por el color verde fresco y el color dorado, respectivamente, y también en verano porque es más fresco. En invierno, es una nevera.

Tiene otra característica, la de “trencacames” para usar otra expresión catalana, o “rompepiernas”. Es un continuo bajar para cruzar barrancos y subir para pasar pequeños collados y, por eso, supongo que también mataba a las mulas. Tiene la ventaja de estar señalizada íntegramente.

Dejamos un coche cerca de las casas de Taravil, que sería el punto final y continuamos por la carretera hasta llegar a la Mina, aparcando en el pequeño aparcamiento en la entrada lado Sant Llorenç del túnel.

 El camí dels Matamatxos, cerca del inicio

Y a mitad de camino

Vamos progresando, algunas subidas son más duras que otras pero a pesar de la falta de prisas, me doy cuenta que vamos a acabar muy rápido. La misma ruta la había hecho algunos años antes con un par de amigos y tenía la impresión que había durado mucho más. En aquella ocasión, o empezamos muy tarde o estaba fatal de forma física.

Ya llegando a la zona de Vilella, nos desviamos por un camino, también señalizado como parte de la Xarxa Lenta que pasa cerca del Tossal de les Monges y, en un intento de alargar la ruta, bajamos hasta la casa de Vilella. Habíamos pateado toda esta zona un par de inviernos antes de empezar el blog como parte de un encargo que tenía Pep para catalogar todos los caminos de Capolat. Recuerdo unas salidas gélidas por esta meseta expuesta.

El Tossal de les Monges. Detrás, Ensija y Pedraforca

Pero hoy hace más bien calor. Aquí en Vilella, huele a estiércol de vaca y decidimos subir hasta el Coll del Roure antes de comer. Comemos justo antes de pasar el ‘grau’, en una pequeña zona llana con el precipicio a pocos metros y una vista enorme delante.

 La casa de Vilella. Detrás, la Serra de Busa y Port del Comte

Justo antes de pasar el Coll del Roure

Al pasar el collado, giramos a la derecha, también indicado por un poste, rodeamos un pequeño ‘tossal’ y luego seguimos el lomo de la sierra en un descenso progresivo, con buenas vistas de esta parte de Capolat y, detrás, las llanuras y pequeños cerros del Baix Berguedà. Es una salida muy recomendable para hacer con dos coches.

Bajando hacia Taravill desde el Coll del Roure. Detrás, la meseta de Busa, cuartel general del ejército español durante la Guerra Napoleónica, y Port del Comte

Cal Sant, en Taravill

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 9 km; 500 metros de desnivel acumulado.

martes, 19 de mayo de 2015

24/4/2015 – Vilacorba

El jueves, Pep me llama. No puede venir; temas burocráticos relacionados con la Sociedad de Arqueología.

Pregunto a Carles dónde quiere ir. “Donde quieras”, me dice, generosamente. “¿No tienes ningún capricho?” “Bueno, un capricho sí que tengo”, contesta. “Por la casa de Bruc, en la Pobla de Lillet, había una zona muy habitada en la Edad Media, con castillo incluido, que se llamaba Vilacorba”. “Pues, que no se hable más. Allá vamos”, digo.

Como sabrán mis lectores, las piedras no me emocionan especialmente pero yo también tenía un capricho relacionado con esa zona. Detrás de la casa de Bruc, hay una larga sierra, al otro lado de la cual hay la casa de Meranges. Ya conocía un camino que daba la vuelta de la sierra por el este (ver la salida del 16/9/2011) pero, como los exploradores del siglo XVII que buscaban infructuosamente el Paso del Noroeste para comunicar directamente el Océano Atlántico con el Pacífico, guardaba esperanzas de encontrar un camino que usara una ruta más directa.

Aparcamos el coche en una curva de la carretera de Castellar de N’Hug y subimos hasta un collado encima de la casa de Les Comes. Para cubrir el expediente, Carles mira la cima del cerro pero no hay nada. Pero yo tenía la mirada puesta en los esperones rocosos hacia el norte. Encontramos un camino que marcha hacia el noreste pero muere en una dehesa. Igual se puede dar la vuelta pero eso no es lo que yo quería. Quería un camino que pasara directamente por algunos de los collados que indica el mapa.

Vista de La Pobla de Lillet y el Catllaràs, y detrás, Ensija y Pedraforca

Vemos rastros de caminos que se mueren en artigas (ver Glosario) a media cuesta. Empiezo a hacerme a la idea de que lo que estoy buscando no existe, como tantas otras cosas en la vida. Subimos otro camino por el bosque. De repente, Carles me dice: “Tienes una serpiente a tu derecha”. Me quedo clavado. Que diga que hay una serpiente y que no se escuche el ruido de algo que se escabulle sólo puede significar una cosa: una víbora. Giro la cabeza y allí está, a un metro y medio. Nos quedamos mirando, a ver quién cede primero y justo cuando estaba estaba buscando la manera de pasar sin acercarme demasiado, la víbora decide que, después de haberme aguantado la mirada durante dos minutos, ahora puede retirarse con dignidad y se marcha a mi izquierda.

Guía de identificación de serpientes para temerarios: Si la pupila es redonda, es inofensiva

Salimos en una pista antigua que sube con pendiente fuerte y zigzags cerrados para difuminarse en otra artiga. Miro las rocas detrás. “Es igual”, pienso. “Tampoco es lógico que se quiera subir esas cuestas asquerosas si se puede dar la vuelta de la montaña con una cuarta parte del desnivel”. Y nos paramos para comer.

Bajamos hacia la casa de Bruc. Aquí en los campos, hay piedra abundante, usada para hacer las terrazas. Si en alguna ocasión hubiera algo medieval, habría estado aquí, pensamos, pero no nos paramos a buscar. Por aquí, pasó una de las ediciones de la Caminada Popular de La Pobla de Lillet y decidimos que sería más fácil buscar el camino antiguo entre Bruc y Les Comes, que fue usado en esa Caminada, y que evitaría subir y bajar interminables barrancos en esta tierra rota. Con cierta dificultad, lo encontramos y nos lleva con elegancia a Les Comes.

La casa de Bruc. Detrás, las ásperas cuestas de la Carena de Les Comes 

Rodeamos la casa y en el proceso perdemos el camino. En el Torrente de Les Comes, encontramos otro camino, pero nos deja tirados en lo que debían ser los antiguos huertos de la casa. Hace calor y se me acaba el agua. Salimos como podemos del barranco del torrente y hacemos un flanqueo ascendiente por un calor cada vez más sofocante hasta llegar al collado que nos llevará al coche. Ha sido una salida demasiado técnica para mi gusto.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 10,7 km; 450 metros de desnivel acumulado.

lunes, 18 de mayo de 2015

17/4/2015 – El Roc de la Clusa

El jueves, Pep me llama. Tiene un congreso de arqueología y no puede venir. Toda la responsabilidad cae sobre mis hombros. A falta de otras opciones, decido continuar con la educación de Carles y propongo ir al Roc de la Clusa, que es una gran pared de roca que cierra el lado sur del valle de Sant Julià de Cerdanyola.

Desde el Coll de les Bassotes, sube un camino que fue uno de mis primeros descubrimientos del Berguedà, atraído por el canto de sirena de unas marcas amarillas pintadas en los troncos que me llevaron en una subida interminable a 35ºC un mes de julio.

Carles no conoce este camino, que es bastante atractivo, y además, había una zona en blanco en mi mapa encima de la casa de Espinedes.

Aparco el coche en el Coll de les Bassotes y emprendemos la subida. En un collado, giro a la izquierda para explorar unos comienzos de camino que tengo marcados desde hace 5 años o más. Podría haberme ahorrado el esfuerzo, porque mueren en un barranco.

Bifurcación de caminos: a la izquierda, la Collada de Sant Miquel; a la derecha, el Grau del Grapissot

Volvemos al camino principal y al poco rato, llegamos a una bifurcación, actualmente señalada con un poste. El camino que quería tomar va a la derecha, al Grau del Grapissot. Es una estrecha repisa que cruza una pared de roca. Ahora tiene un cable donde agarrarse pero cuando lo hice hace unos cuantos años, este cable no estaba y lo cierto es que su presencia se agradece.

El Grau del Grapissot. El cable ayuda a salvar un paso delicado

Pasado el ‘grau’, entramos en un hayedo y empezamos a explorar caminos que bajan la cuesta. Son antiguos caminos de carboneros, ahora convertidos en caminos para arrastrar troncos, pero uno lleva a la Font dels Coms, todavía con sus troncos ahuecados. Al final, me canso de tanto subir y bajar y dejamos lo que probablemente es el camino más importante de esta zona, ya que parece orientado directamente hacia la casa de Espinedes pero qué le vamos a hacer. Cuando por fin salimos del bosque a la cresta de la Serra de Sant Miquel, vemos un cielo amenazador.

La Font dels Coms

Vista hacia el oeste. Abajo, la Solana de Malanyeu y detrás, Pedraforca con la cima tapada por las nubes

“Típico”, pienso. “Se pondrá a llover ahora que estamos en el punto más alejado del coche”: Pero las nubes pasan y, después de almorzar cerca de la Collada de Sant Miquel, decido continuar con la educación de Carles.

Alargo la ruta hasta el Roc de Catllaràs. Es una enorme roca aislada clavada en un prado, como si hubiera caído del cielo. Por su situación aislada en la parte más alta del Catllaràs, es el punto de reunión de caminos que llegan desde todas las direcciones. Una novedad para mí son los caballos, ponies y mulas del Proyecto Miranda que ahora pasturan allí. Este Proyecto ha comprado la finca del Pla de l’Orri y se dedica a la equinoterapia. También hay un aviso de que la pista que pasa por la finca está cerrada al tráfico rodado. Al ser una ruta clásica de 4x4, no sé si le hacen mucho caso pero seguramente vale la pena intentarlo.

El Roc del Catllaràs

Carles es acosado por un pony; quiere su bocata

Volvemos a la Collada de Sant Miquel, desviándonos para pasar por la Font del Llop. Esta fuente, construida con bidones vacíos de gasoil, está destrozada, probablemente por los jabalís y ahora mismo, no sirve para nada. Echo de menos una robusta bañera que aguantara los embistes de estos animalotes.

La Font del Llop; un ejemplo interesante de escultura postindustrial en plena montaña

El camino se acerca a la pared de roca y aquí empieza la parte más atractiva de la ruta, ya que la proximidad de la roca crea unos efectos interesantes. Lástima que dura poco y no tardamos en llegar de vuelta al poste de la bifurcación.

El camino que bordea el pie del Roc de la Clusa

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 10,7 km; 700 metros de desnivel acumulado.

sábado, 2 de mayo de 2015

10/4/2015 – Els Cortalets

“¿Alguien tiene una propuesta?”, pregunta Pep retóricamente en el Mikado. Se hace el silencio. “Bien, vamos a Els Cortalets”.

Mientras estaba en Inglaterra, Pep y Carles hicieron una última salida – muy académica (ver Glosario), me dijo después Carles – a Viver, buscando los grandes caminos hacia Puig-reig y Barcelona. Luego vino Semana Santa, la Caminada Popular del Vall de Lord (con muchos caminos inéditos para mí), y mi cumpleaños con cambio de década incluido.

Els Cortalets es una pequeña zona de prados al final del Torrent de la Muga, debajo de Tancalaporta. Es una de las zonas más solitarias y más agrestes del Berguedà. De las pocas veces que he pasado miedo en la montaña, una ha sido cerca de aquí, unos cuantos años antes de conocer a Pep.

La vista que nos aguarda al bajar del coche, con la casa de Monnell a la derecha. Nuestro destino está al fondo, bajo Tancalaporta

Aparcamos el coche en la Font de l’Adou, esa cascada tan bonita que sale en todas las postales de Bagà. Hace tiempo que no hay cobertura de móvil y no la volveremos a tener hasta volver a Bagà. Aquí hay una barrera para que no pasen los vehículos pero la pista continúa. A la derecha se puede ir a la casa de Molnell y la Boixassa; a la izquierda al Salt de Murcurols. Recto, la pista continúa por el fondo del valle, que se va estrechando alrededor nuestro, hasta formar una especie de cañón.

La pista de La Muga

Cuando finalmente se muere la pista ya tocando la riera, marcha un camino hacia arriba a la derecha, a la casa de La Muga, la última en este valle, y otro que cruza la riera y continúa hacia arriba a Els Cortalets. Había subido ese camino hace muchos años, con Pep y unos amigos más, en una larga caminada. Recuerdo una subida penosa, interminable, pasando por la barraca de pastores y continuando hasta el Pla de les Eugues, el Pas de la Moixa y luego bajando por el Coll de Vimboca y el valle de Galigans hasta els Empedrats. Pero en aquel tiempo, éramos jóvenes y guapos e incansables.

Pero dejadme que os cuente la vez que pasé miedo en La Muga. Unos cuatro años antes de conocer a Pep y armado sólo con el mapa viejo del Alpina (que es una garantía para perderse), decidí buscar solo la casa de La Muga. Llegué al final de la pista sin problemas y vi el camino que subía a la derecha. Pero ese camino hace muchas curvas extrañas y yo todavía sabía muy poco sobre cómo funcionaban los caminos en estas montañas. En una de esas curvas, pasé de largo y empecé a subir más o menos en línea recta por el bosque, siguiendo algún rastro de jabalí. Al final, me di cuenta de que no iba a llegar a la casa y si seguía así, mi próxima parada sería la Sierra de Cadí. Al dar la vuelta para bajar, vi el paso cerrado por la vegetación. Ese rastro que había seguido de subida se había esfumado y no veía la manera de bajar. Y para colmo, se estaba formando una imponente tormenta de verano detrás mío.

Reconociendo los síntomas del pánico, me obligué a sentarme y comer una madalena que llevaba en la mochila. Cuando volví a ponerme de pie, en vez de intentar ir abajo como sea, fui a la derecha, hacia el oeste. Entré en un hayedo con mucha pendiente pero despejado y allí abajo, pude ver lo que parecía un camino. Bajé como podía, a veces de pie, a veces de trasero pero llegué abajo. El camino era bueno y me llevó a la pista. A partir de allí, fue una carrera contrarreloj para llegar al coche antes de que estallara la tormenta. En aquella bajada, perdí mi reloj pero me parecía un precio barato a cambio de salir indemne de allí. En todas las veces que he subido y bajado ese camino desde entonces, nunca he podido ver en qué punto perdí el camino ni encontrar el hayedo por donde bajé.

Pero ha llovido mucho desde entonces y ahora estamos subiendo el camino a Els Cortalets. Al principio, hay bastantes tramos planos que mi memoria había borrado y en uno de ellos, vemos un camino que marcha a la derecha y que no teníamos presente hasta ahora. Está a la altura correcta para venir de la casa de La Muga y lo guardamos para la vuelta. Empieza a formarse una sospecha en mi mente: “¿Tienes cruces por aquí?”, pregunto a Pep, recordando su proyecto para encontrar cruces de linde. “Eso espero”, me contesta.

Mirando hacia Bagà desde el camino de subida a Els Cortalets

Ahora sí el camino empieza a subir de forma continuada. Como prueba de que los años no pasan en vano, se suceden paradas frecuentes para “disfrutar de las vistas” o comentar algún hallazgo en los archivos con Carles. Otra novedad que no había hace unos cuantos años son las “fites” o montículos de piedras cada pocos metros colocados por excursionistas voluntariosos y también alguna marca de pintura de los cazadores.

Por fin llegamos al prado y a la derecha está la barraca de pastores, protegida del viento del norte por la única roca de cierto tamaño que hay en ese prado. Detrás, hay un precipicio creado por el barranco excavado en la roca calcárea por la riera, el Afrau de Monnell. Impresionante. Y mirando hacia el este, hay todo el valle de Bastareny, hasta Bagà y más allá.

Nos sentamos para comer y Carles saca un papel y empieza a leer:

Fol 210.- Conveni fet pels cònsols de Bagà amb Julià Climent de Foix, 6 abril 1695.
Dissabte 16 d’abril de 1695 a Bagà.- “Com se tingues algunas dificultats entre els magnífis Francesc Guitart i Josep Ripoll, el present any cònsols de la vila de Bagà, bisbat de Solsona, de una part, y l’ilustre Sr Julià Climent de Solanell de Foix, donzell en la vila de Bagà domiciliat, usufructuari de les coses dotals constant lo matrimoni entre ell y la Sra Francisca de Foix y Solanell sa consort, de part altra, sobre en que se dilataren los emprius de las herbas y pasturas ditas y anomenadas de Pradell en las quals tant la dita Universitat com lo dit Sr Solanell de Foix tenen la facultativa de emprivar aquellas, perso les dites respective parts han convingut en declarar aquella en lo modo següent; es a saber, que dits emprius contenen les terminacions següents: començant al capdemunt dels Cortalets confrontant ab lo Grau de Pradell, y de aqui baixa al camí fins el cap de la pleta de los Cortalets y de aqui passa tot de pla al Portell de la Sibina que hi ha una creu esculpida ab una roca, y de aqui passa al capdemunt de la devesa de la Muga, dret a uns avets, que hi ha un padró y senyal de creu á una roca, y de aquí al Portell de la Cambra tot dret seguint los padrons, y creus que hi ha fetes per divisió en las rocas, y de aquí entra en la cambra fins als avets, y de aquí sen torna per lo mateix camí, y tot de pla dels avets dret als Codrons, que ja hi ha creus per termes, despres serra serrejant, tot aiguaves fins al coll de la Moxa, y despres fins al Tancalaporta tot aiguaves; y en la forma sobredita ho declara tenir tant la vila de Bagà com los de casa de Foix empriu en ditas herbas sobre qual declaracio prometen no fer ni contravenir ...” (he puesto en negritas los topónimos)
(Còpia feta per Bonifaci Ignasi de Boix el 6 de setembre de 1789)

Resulta que había un pleito entre el Ayuntamiento de Bagà y la familia heredera de Foix por las pasturas de Cortalets a finales del siglo XVIII y, para ver qué les tocaba exactamente, se había buscado en los archivos hasta encontrar este documento de un siglo antes que definía claramente por dónde pasaban los límites de propiedad.

“'Capdemunt dels Cortalets’ sería esa roca allá”, dice Pep, señalando el peñasco más alto delante nuestro, pero ahora no hay nada que se llame ‘Grau de Pradell’”. “Eso es fácil”, digo. “Es el Pas de la Cabra”. Es un 'grau' que pasa al lado de esa roca y que permite pasar a la cara sur del Puig Terrer y llegar a Comabona. 

En el centro, la roca que sería el Capdemunt dels Cortalets. A la derecha, donde hay una mancha de nieve, se intuye el Pas de la Cabra

Hace unos cuantos años, fue nuestra ruta de regreso después de bajar a Els Cortalets desde el Pas de la Solana, lugar donde, durante un instante, vi el Ángel de la Muerte, pero esto será tema de otra entrada. 

El Pas de la Solana

Pep me mira sorprendido. “Pues sí, podría ser”, reconoce. “Y luego baja hasta el ‘Cap de la Pleta de los Cortalets’, que tiene que ser aquí”, y señala un pequeño cerro cubierto de pinos al final del prado.

Vista panorámica desde Els Cortalets, con la barraca de pastor. A la izquierda, la roca de Capdemunt dels Cortalets con el Pas de la Cabra; abajo, el pequeño cerro de pinos que, según Pep, es el Cap de la Pleta de Cortalets; y al fondo, Tancalaporta con el Prat de les Eugues abajo

Pero a mí no me cuadra esto. ¿Cómo va a ir de llano desde allí si está cortado por el Afrau y una pared de roca detrás? Después de comer, miramos un camino detrás de la barraca que baja al torrente y que es usado para acceder a un puente natural de roca (El Pont) al otro lado. Pero al cruzar el torrente, sólo hay una 'tartera' o pedregal. Volvemos a Els Cortalets y subimos un poco más, hasta tener a la vista el Prat de les Eugues y, detrás, todo el circo de Tancalaporta. La ribera norte del Afrau de Monnell es roca infranqueable hasta llegar a la altura de este prado superior. 

La vista hacia el este desde encima de Els Cortalets

A mí, el no científico y no académico, se me hace la luz. La línea divisoria tiene que pasar por el Prat de les Eugues y desde allí buscar este desconocido Portell de la Sibina. La verdad es que, como pastura, esa franja más alta hoy parece muy pobre. No sorprende que se hiciera un pleito en un intento de acceder a pastos más buenos.

A mí me resulta muy gracioso (y así se lo hago saber con mis carcajadas) que Pep, que declara regirse por procesos lógicos y científicos, tenga que seguir una ruta tortuosa, llena de baches y callejones sin salida, cuando para mí todo es diáfano. Pep, intuyendo que quien se ríe el último, ríe mejor, como decimos los ingleses, guarda silencio.

Pep y Carles intentan sacar algo en claro

Ya es hora de bajar. Llegamos al camino que parecía marchar hacia La Muga. Más que un camino de enlace con nuestro camino de subida a Els Cortalets, parece un camino para acceder al bosque ya que tiene continuidad hacia el Bac de la Muga. De todos modos, lo seguimos hacia La Muga. Llega al torrente, lo cruza y allí se bifurca. Un camino va hacia arriba y vuelve a bifurcar, uno de cuyos ramales vuelve a cruzar el torrente y sube en eses muy pronunciadas hacia Els Cortalets, mientras el otro camino va de llano. Está claro que aquí hay un pequeño laberinto pero, siguiendo los inicios de los caminos, hay dos cosas que sacamos en claro: La Muga tenía un camino particular para subir a Els Cortalets que no era el que está marcado con los montículos de piedras y también hay un camino de cierta categoría que marcha hacia el norte, donde hay un pequeño collado y, desde allí, ¿quién sabe?

El salto de l'Adou. Qué diferencia respecto a nuestra salida del 9/1/2015

Dejando todos estos misterios para otro día, entramos en el camino principal de La Muga y bajamos a la pista. Allí, aún me esperaba una última sorpresa: una Nymphalis antiopa o Camberwell beauty en inglés. Es una mariposa muy vistosa y difícil de ver aquí. Sólo sale en la primavera, cerca de cursos de agua.

Nymphalis antiopa. La foto no es mía.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 12,7 km; 800 metros de desnivel acumulado.

PD. Hablando hoy con Pep de los detalles técnicos de esa salida, me dice que en aquella época, según un documento que ha leído hace poco, 'portella' también se refería a un agujero en una pared y que el Portell de Sibina podría ser lo que hoy se llama el Pont. La prueba definitiva sería encontrar una cruz grabada en la roca. Mi teoría, que hace 3 semanas parecía tan sólida, empieza a tambalear.