Aquí relato nuestras salidas por los caminos del Berguedà y comarcas vecinas. Como lo pasamos muy bien, queremos comunicar sobre todo buen humor y alegría pero también tiene un fondo muy serio: el camino como bien patrimonial, pieza esencial para entender la historia y digno de conservación. Es nuestra misión desde hace más de 15 años.



domingo, 19 de abril de 2015

20/3/2015 – La Riera de Navel

La semana que viene, estaré en Inglaterra y ya no volveré a esta zona. Por eso, Pep decide que merezco un recorrido turístico por la Riera de Navel, ahora convertida en reserva natural. Hoy también habrá un eclipse parcial que nos pillará en plena caminada.

Por enésima vez, aparcamos delante de la iglesia de Sant Joan de Montdarn. “Recuerda lo de los cinco caminos”, dice Pep para acallar mis protestas. Iniciamos lo que sería el camino a Montmajor, girando a la derecha justo antes de Les Casas y pasando por la casa de Buida-Sacs.

En algún punto, se ve algún resto de lo que podría haber sido el camino antiguo, pero básicamente estamos siguiendo pistas forestales. Situados en la cabecera de la Riera de Navel, nos encaminamos hacia el Molino de Cal Félix mientras la luna va comiendo el sol poco a poco, dejando una sensación precrepuscular. Pep y Carles, al igual que los trolls, no se atreven a mirar el sol pero yo no temo por mis retinas y aprovechando las nubes que tapan parcialmente el cielo, veo que el sol ahora se parece a un cuarto de luna.

Pasamos por el molino, con la arquitectura típica de una torre medieval. ¿Qué hace una torre metida en el fondo de un valle? pregunto a Pep. No me lo sabe decir con claridad pero especulo que podría ser para proteger la entrada, como esas estatuas que vigilaban la entrada de Góndor en la película del Señor de los Anillos.

La casa de Cal Félix con la torre medieval a la izquierda

Pasamos delante de Cal Rebotit, una casa que se está arreglando. Aquí el GR deja la pista y sube hacia Pujol de Planés. El primer tramo está inventado, cruzando antiguos campos, pero empalma con otro que viene de una casa en ruinas a media altura cerca de Cal Félix y ése sí es auténtico. Mientras vamos subiendo, voy vigilando el móvil para ver si tengo cobertura. Porque hoy es el cumpleaños de mi padre y tengo un plan: que todos le cantemos “Happy Birthday” por el móvil para hacerle pasar el trauma de cumplir 89 años. Llegamos a Pujol de Planés, donde también hay una pequeña zona de picnic y unos plafones explicativos de la reserva natural. Es el lugar perfecto.

Les explico el plan a Pep y Carles pero no están por la labor, a pesar de que los dos conocen a mi padre desde hace tiempo. Cantar a pleno pulmón agrupados alrededor de un móvil no les hace gracia; temen por su dignidad como personas serias y se niegan en redondo. Les recrimino su falta de sentido de humor, sus pocas ganas de divertirse, de hacer una buena obra y dar unos momentos de felicidad a un anciano; incluso les explico la vergüenza que tuve que pasar en el curso de Hablar en Público que hice hace un par de años pero no hay manera. Saludar sí, pero cantar no.

 La casa de Pujol de Planés con la iglesia de Sant Esteve

El plafón informativo de la reserva natural

Mientras tanto, vamos bajando otra vez al valle y pierdo cobertura. Pasan unas nubes un poco tormentosas y tememos la lluvia pero luego sale el sol y todo vuelve a la tranquilidad. Cantan los pájaros y revolotean las mariposas.  De repente, Pep deja la pista para bajar a la riera, que cruzamos saltando de piedra en piedra. Pep y Carles me miran desde la seguridad de la otra orilla para ver si caigo al agua pero no será aquí sino más adelante, cerca de Cal Rebotit.

Pep nos lleva a una especie de bodega en un antiguo campo de cultivo, que es lo que queda del molino medieval de Tremps. Aquí estaría la maquinaria, dice Pep, y las muelas posiblemente estén enterradas abajo. La casa estaría encima, pero no queda rastro.

Interior del Molí de Tremps

Buscamos la pista que sube por la otra orilla, pasando por El Llop y el Molí de Vilajussana. Cruzamos la riera encima del molino y otra vez frente a Cal Rebotit, pero tampoco aquí caigo al agua. Es un poco más arriba, donde un salto mal calculado me hace aterrizar en un lodazal. Consigo extraer las botas del fango, vuelvo a calzarme y continuamos por una antigua pista. Medio kilómetro después, todavía se están riendo a mi costa. Bordeando unos campos, llegamos a las ruinas de Cal Peirot, luego a Les Cases y el coche. 

Hemos hecho casi 21 kilómetros y me quedan fuerzas de sobras para continuar. Después de perder casi toda esperanza, la recuperación de mi pierna es un hecho.


Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 20,7 km; 520 metros de desnivel acumulado.

sábado, 21 de marzo de 2015

13/3/2015 – Caminos de Viver

Esta semana le toca a Viver. Pep aparca el coche cerca de los depósitos de agua encima del pequeño núcleo de Viver. La primera tarea es fácil: seguir el tramo de camino marcado en el GPS de Carles, hecho sobre una pista abandonada, hasta la casa de Sant Feliu para completar el tramo de la semana pasada. En las pistas vemos filas de orugas de procesionaria. Su aspecto produce una sensación instintiva de repugnancia que despierta los instintos asesinos hasta de la persona más pacífica y mientras Carles y Pep hablan de sus archivos, me dedico a romper filas de orugas con mi bastón.

Cruce de caminos cerca de la casa de Sant Feliu

Una vez de vuelta a los depósitos, Pep nos lleva a los pocos restos de lo que era el castillo de Viver y. En unos campos cercanos, se ven piedras talladas sacadas del castillo para hacer paredes. Y, un poco más allá, debajo de una roca de extrañas formas, algo que no me esperaba: unas tumbas excavadas en la piedra, de todos los tamaños, para adultos, para niños e incluso para bebés. Impresiona mucho ver esas formas cortadas en la roca. Del siglo VII, dice Pep. Y se habitaba aquí mucho antes, añade. 

 El castillo de Viver

Y las tumbas. Observad la forma recortada para la cabeza y la repisa para una losa que tapaba la tumba.

Volviendo al coche, pasamos por unos agujeros cortados en la roca, como la semana pasada, para fijar unas vigas de casas. Aquí una máquina de tiempo nos iría muy bien, para ir viendo cómo se vivía aquí en distintas épocas. ¿Los señores del castillo sabían que 5 siglos antes, los visigodos enterraban sus muertos aquí? ¿Y los visigodos sabían que 5 siglos antes, los íberos levantaban sus casas bajo las mismas rocas?

Con esos pensamientos, llegamos a las ruinas de la Vilanova Vella, que había sido una gran casa dedicada a la viña, antes de abandonarla por la casa actual, un poco más abajo, al lado de la iglesia. Y al lado de los restos de la casa, otras ruinas mucho más antiguas pero de uso desconocido.

Parte de lo que queda de la antigua casa de Vilanova

Pep también quería seguir el camino de Viver a Puigreig. Durante un kilómetro, sigue el recorrido de la carretera actual pero luego, se aparta hacia la izquierda, según el GPS de Carles. Aparcamos el coche y luego sigue un calvario por el bosque, vuelto impenetrable tras los incendios de 1994. Encontramos una pista que nos lleva a una cresta pero el trazado del camino se aleja y hay que bajar. Esquivando precipicios y peleando con las zarzas, intentamos conectar con algo que se pareciera a un camino. A media bajada, Pep da la vuelta para buscar el coche y traerlo a la pista que se ve en el fondo del valle. Carles y yo continuamos. Cada metro que avanzamos es una rascada más en las piernas o los brazos, a pesar de la ropa que llevamos. Las zarzas no tienen piedad, pero, por fin conseguimos llegar abajo, en el Torrent de la Barraca, pero sin haber encontrado el camino en ningún momento.

Abajo, en la pista, vemos Pep que viene caminando hacia nosotros. “Os llevaré a la Miranda de Esquerdivol, una torre de vigilancia medieval”, dice, a modo de consolación. Subimos hacia el Norte, hasta una pequeña cima donde hay los restos de una pequeña estructura. Sin los árboles actuales que lo tapan todo, desde aquí se controlaban todos los caminos importantes de la zona.

Volvemos a bajar unos metros y buscamos un sitio para comer. Y después, bajamos por otra cresta, por un paisaje que todavía intenta recuperarse de los incendios de hace 20 años, hasta llegar al coche.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 8,5 km; 275 metros de desnivel acumulado.

6/3/2015 – Caminos a Serrateix

La semana siguiente no pude salir por motivos de trabajo. Carles y Pep fueron al núcleo de Serrateix pero nunca llegué a saber qué exactamente hicieron allí. Esta semana, volvemos a estar al completo y para mi asombro, veo que aparcamos en la misma iglesia, Sant Joan de Montdarn. “¿Qué poder magnético tendrá esa iglesia?”, me pregunto.

Pero resulta que Carles ha bajado los caminos de la Minuta de Serrateix a su GPS y Pep no quiere desaprovechar la oportunidad para ligar otro tramo del camino de Cardona en este municipio, desde Sant Juan de Montdarn a Casserres. Desde la iglesia, empieza siguiendo el GR, luego se aparta, y luego se vuelve a juntar … y así hasta el límite del municipio. Bueno, pues ya está. Volvemos por otra pista; prensas, tinas, cerámica de distintas épocas desparramada por los taludes. Aquí hay mucho trabajo para los arqueólogos.

Una prensa cerca de la casa de Grataconills. La prensa se encajaba en el círculo grabado en la piedra y el tornillo se sujeta con unos hierros pasados por un agujero en la roca debajo. El mosto de uva o el aceite se acumulaba en el agujero a la izquierda.

Durante todo este tiempo, he estado caminando con un dolor muy molesto en el muslo, agravado por la semana tan sedentaria que he tenido. No lo he mencionado antes por no querer alarmar a mis lectores, pero desde que me torcí el tobillo el verano pasado, he tenido problemas musculares en el muslo que se han ido agravando con los meses. Al final, decidí que no se iba a arreglar sólo y me he puesto en manos de una fisioterapeuta.

Desde la iglesia, Pep nos manda a la cresta a buscar el camino de Sant Joan de Montdarn a Serrateix mientras él avanzará unos kilómetros con el coche nos veremos al otro lado. Vamos por la pista, Carles atento a su GPS. Tras unos 2 kilómetros, Carles deja la pista y busca la cresta para ver si ve indicios del camino. Mi misión, dice, es continuar por la pista. Al otro lado de un pequeño valle, veo una roca con unos agujeros alineados y, al lado, unos campos aterrizados de clara antigüedad. “Qué cosa más curiosa”, pienso, y saco una foto. Poco rato después, me reúno con Carles, que no ha encontrado nada, y 10 minutos después, oímos los gritos de Pep, que viene bajando de la cresta.

“Oye, Pep”, digo mientras enciendo la cámara. “Esos agujeros, ¿qué son?”. Pep mira la pantallita de la cámara y su cara se tensa. Me lanza una mirada penetrante. “¿Dónde has visto esto?”, me pregunta. “Allá atrás, delante de la pista”. “A mí no me ha dicho nada”, interrumpe Carles, dolido. Pero a Pep no le interesan las quejas de Carles. “Vamos allí ahora mismo”, dice. “Pero nos vas a hacer deshacer más de un kilómetro de camino”, protesto. “Estos agujeros son la clave de esta zona. Por fin, has encontrado algo útil”, dice Pep y se pone en marcha.

 La roca con los agujeros

Llegamos frente a la roca y dejamos la pista. El acceso no es fácil y llegamos a una roca frente a los agujeros, con un hueco rectangular debajo. En la roca donde estamos se ve unas formas cuadradas talladas. “Esto es una casa, podría ser medieval”, dice Pep. “Aquí ponían las vigas del tejado”.

“Un poco más arriba, la Minuta me pone una casa, la Muntanyeta”, dice Carles. Subimos como podemos por las rocas y las zarzas y tenemos en frente las ruinas de una casa más moderna que aprovecha los huecos entre las rocas.

Algunos de los restos de La Muntanyeta

Nos ponemos debajo de una encina a comer, cerca de la casa. Cuando nos volvemos a incorporar media hora después, noto que me falta algo: el dolor en la pierna. Volvemos a la misma pista y la seguimos hasta la carretera, donde está aparcado el coche.

Pero aún queda tiempo y Pep lo aprovecha para buscar el camino de Viver a Serrateix. Cruzamos la carretera y continuamos por la pista. Pasamos por la casa de Els Plans y debajo, en la Rasa de la Coma, el GPS marca un punto donde el camino cruza la pista. Giramos a la izquierda y subimos la cuesta, a veces siguiendo el trazado del GPS y a veces perdiéndolo, hasta llegar a la casa de Sant Feliu, donde volvemos a girar hacia la carretera. Llego al coche cansado pero sin dolor. Es buena señal.

El pequeño núcleo de Viver

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 15,3 km; 440 metros de desnivel acumulado.

20/2/2015 - El Camino de Cardona

Hoy Carles puede venir y además, ha traído un mapa militar de 1811 que ha encontrado en la web del Ministerio de Defensa que incluye esta parte de Cataluña Central. Volvemos a la misma iglesia de Sant Joan de Montdarn. ¿Por qué está tan obsesionado Pep con esa iglesia?, me pregunto. Resulta que de esa iglesia, salen cinco caminos según el mapa de 1811. Uno de ellos iba hacía la Riera de Navel. “Sería el camino de Cardona que llevaba la sal a Ripoll, pasando por Casserres”, dice Pep. “Llevo las tres últimas semanas buscándolo”. “O sea, en ese vagar sin rumbo de la semana pasada, al final resulta que hubo un propósito oculto”, pienso.

Entramos en una pista que marcha hacia el sureste, buscando la cresta. Los incendios de 1994 han borrado todo rastro de camino y parecemos condenados a deambular por cuestas una vez más. Pasamos por las ruinas de una casa y ponemos rumbo a la casa de Balaguer, donde antes había un castillo y aún hay una pequeña iglesia en la cima del cerro cercano. Pasamos por unos cortes en la roca pintados de blanco, son marcas de un límite de propiedad. “A veces los grandes caminos seguían límites de propiedad”, aventuro. Decidimos seguir el rastro de las marcas, que nos llevan a otra pista. Pep sigue paralela a la pista, un poco más abajo, buscando afloramientos de roca. De repente, se oye un grito. “Venid aquí”. 

Surcos delatadores; observad la pintura blanca que marca el linde de propiedad

Llegamos al afloramiento y vemos el surco inconfundible de un camino. “El camino de Cardona”, proclama Pep, triunfalmente. “Claro, como sabéis, a veces los grandes caminos siguen los límites de propiedad”, enuncia con cierta pedantería, haciendo suya mi propuesta de media hora atrás.

El camino se mantiene hacia el suroeste, bajando suavemente. En cada afloramiento, volvemos a ver los surcos. “Poteras”, los llama Pep, en referencia al catalán de “patas” de animales, para diferenciarlas de las “roderas” creadas por las ruedas.

La Riera de Navel, cerca del Molí de Vilajussana

Ya tenemos delante la Riera de Navel con un pequeño embalse. El camino baja la cuesta en zigzags, donde entra en una pista que baja por la ribera izquierda de la riera. Pasamos por el Molí de Vilajussana y una casa en ruinas, El Llop. Pero hemos perdido el camino. “Pasaba por el otro lado”, concluye Pep.

Otra vista de la riera

Damos la vuelta y retrocedemos por donde venimos, pero esta vez seguimos las “poteras” hacia arriba hasta llegar a la casa de Balaguer. Al otro lado de la cresta, bajamos la pista hasta ver un tenue camino que marcha hacia la Rasa de Sant Martí. Peleando con las zarzas y espinos, cruzamos el pequeño valle y en el otro lado enlazamos con el tramo de camino que hicimos Pep y yo la semana pasada. Lo cierto es que es imposible ver el enlace si no lo sabes de antemano. “Un día histórico”, concluye Pep.

Más surcos debajo de Cal Balaguer

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 13,9 km; 360 metros de desnivel acumulado.

13/2/2015 - Sant Joan de Montdarn

Gripe, trabajo y una ola de frío se conjuran para impedirme salir pero Pep y Carles, en su afán incansable por reunir conocimientos han seguido saliendo, centrándose en el Baix Berguedà entre los municipios de Montmajor, Montclar y Viver i Serrateix. El 13 de febrero, por fin puedo salir, pero Carles no; la gripe también ha hecho estragos en su hotel y tiene que cubrir bajas. Aquel día, Pep me lleva a la iglesia de Sant Joan de Montdarn, situada en un punto visible desde muchos kilómetros a la redonda. Me regala una clase magistral sobre las diversas ampliaciones de la iglesia pero lo que realmente le interesaba eran unos surcos dejados por el paso de miles de mulas en la roca en un camino (ahora GR) que marcha hacia el oeste.

Sant Joan de Montdarn con el sol de la mañana

Toda esta zona fue gravemente afectada por los grandes incendios de 1994. Aunque quedan pocos restos visibles de aquellos días fatídicos de julio, tuvieron dos efectos que han perdurado: uno, para sacar la madera quemada, se abrieron multitud de pistas forestales que destruyeron muchos caminos y dos, fuera de las zonas de cultivo, los bosques de pinos han sido sustituido por pequeñas encinas, arbustos espinosos y zarzas, lo cual convierte cualquier intento de apartarse de las pistas forestales en un auténtico calvario.

Mirando hacia el norte

Pero yo nunca había estado en este municipio y me dejo guiar por Pep quien, al no tener a Carles con quien conversar, se muestra especialmente amable conmigo. El camino del surco desemboca en una pista de tierra y ya no volvemos a encontrarlo. Deambulamos aparentemente sin rumbo hacia el este. Antiguamente, aquí había viñedos y se pueden encontrar tinas excavadas en los afloramientos de roca donde se guardaba el vino en la Edad Media. Subimos crestas y pequeños cerros pelados y bajamos a los barrancos, llegando finalmente de vuelta a la iglesia sin que Pep me haya explicado realmente de qué iba todo eso.

En el primer plano, las ruinas de Cal Peirot y detrás, Les Cases. Al fondo, hacia la derecha, se divisa la torre de Sant Joan de Montdarn

viernes, 30 de enero de 2015

9/1/2015 – La Bauma de la Moneda

Una cadena de festivos nos ha impedido salir pero hoy es un buen día para volver al valle del Bastareny. En Berga, la temperatura ronda los 0 grados aunque la previsión es de temperaturas suaves al mediodía. En el coche, subiendo por el valle del Llobregat, Pep y Carles hablan de propietarios de casas que murieron hace 300 años, ajenos al display que marca la temperatura exterior pero yo, desde el asiento de detrás, tengo la vista clavada en los numeritos rojos, que en ningún momento suben por encima de -3ºC. “Empezamos mal el día”, pienso.

Pero el frío, con ejercicio, pasa rápido, dice Pep, y lo primero que quiere hacer es acabar el tramo inferior del camino de Els Trulls a Bagà. Cuesta de seguir, hay mucha interferencia por la pista que crea confusión con otro camino ya conocido que sube directamente hacia el norte, pero al fin logramos descifrar su recorrido y cerramos el expediente Trulls.

Nosotros lo investigamos todo ... piedra por piedra. Una barraca cerca del Pont de Sant Joan

Pero lo que realmente interesaba a Pep era ir a la casa del Molnell. Encima de esa casa, hay una cueva, la Bauma de la Moneda. Pep nos cuenta que sólo ha ido una vez, hace unos 30 años, cuando un cazador de Bagà le llevó allí, subiendo directamente montaña arriba. Pero está convencido que hay un camino y eso es lo que quiere encontrar.

Aparcamos el coche en la Font de la Dou, muy popular entre las familias en verano, pero hoy una auténtica nevera. Al no tocar nunca el sol en ese hueco, los árboles y la pista están cubiertos de una gruesa capa de escarcha blanca y del río sale un vapor blanco que da un aire fantasmagórico a todo. Pero a menos de 100 metros, ya toca el sol y vuelven los colores a la vegetación.

Un microclima polar en la pista de Molnell

Y una vista gélida del salto de l'Adou

Llegamos a la casa de Molnell y, pasado el pajar, vemos los restos del antiguo camino a la Pelosa, que seguimos. Años atrás, habíamos seguido algunos tramos más arriba, muy tapados, y este tramo, tan cerca de la casa, es nuevo para nosotros. Cruzamos una curva de la pista de Pelosa y volvemos a entrar en la maleza. Aquí vemos un camino algo perdedor que marcha hacia el oeste, primero bastante plano y luego con un ligero ascenso.

Pasamos por una zona de cultivo; buena señal. Seguimos subiendo y salimos a una zona llana, una especie de dehesa, con buenas vistas hacia Tancalaporta. Y al otro lado del Clot de la Vimboca, la pequeña iglesia románica de Sant Romà d’Oreis. Pero aquí no está la cueva. Pep señala otra zona llana que se intuye encima de una cuesta rocosa de fuerte pendiente. “Está allí arriba”, dice. “¿Y cómo llegaremos?”, pregunto mientras valoro las posibilidades de encontrar un paso. Pero Pep ya se ha marchado. Con cierta dificultad, superamos la barrera. Dos días después, todavía estoy sacando pinchos de las manos.

La pequeña iglesia de Sant Romà d'Oreis, perdida en las cuestas de la Moixa. 
Pep ha encontrado documentación para esta iglesia del siglo XIII

Vista de Tancalaporta desde la cueva

Una vez arriba, Pep nos guía con paso certero hacia un hueco en la roca, donde está la cueva. En el suelo, pisadas de rebeco. Y mucho humo en las paredes. Aquí vivía gente, de eso no hay duda. Comemos al sol con una temperatura casi primaveral, mirando las montañas de Gisclareny al sur. Sería un buen lugar para los neolíticos.

Desde el interior de la Bauma de la Moneda mirando hacia el suroeste

Es hora de iniciar el descenso. Nada más ponernos de pie, vemos el camino de bajada desde la cueva, que nos lleva a la zona llana abajo. Hay que decir que es imposible verlo subiendo desde abajo ya que se confunde con el bosque. Para no alargar demasiado la ruta, Pep decide bajar en línea recta, sin camino. Las hojas de roble en el suelo crean una superficie muy resbaladiza. Después de casi dos años yendo montaña arriba y montaña abajo, mis botas apenas tienen huella y más de una vez, patino sobre las hojas. Temo por mis ligamentos cruzados. Pero siguiendo rastros de animales, conseguimos llegar abajo sin novedad y volvemos al coche.

Pep se declara satisfecho con esta zona. Entre Molnell y La Muga, aún nos queda algún misterio. Y además, Pep tiene un nuevo proyecto: buscar las antiguas cruces grabadas en las rocas que marcaban los límites del municipio de Bagà. Ha encontrado un documento que las describe todas en el Archivo de la Corona de Aragón; ahora sólo falta encontrarlas sobre el terreno. Os iré informando.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 8 km; 450 metros de desnivel acumulado.

viernes, 26 de diciembre de 2014

19/12/2014 – Els Trulls

Un compromiso en Barcelona y luego un viaje a Inglaterra me impiden salir. Carles y Pep dedicaron las dos semanas a hacer unas salidas altamente académicas por algunas casas del valle de Bastareny: El Puig y Murcarols. Igual que las familias reales, Pep está preparando a su sucesor.

De hecho, 15 minutos después de aterrizar en Heathrow el 12 de diciembre, cayó el ordenador que controlaba el tráfico aéreo en el sur de Inglaterra, desatando el caos, y se suspendieron todos los vuelos de salida y entrada de varios aeropuertos. A pesar de las insinuaciones de Pep cuando hablé con él a la vuelta, me cuesta pensar que yo tuve algo que ver.

En el Mikado, Pep me propone continuar repasando el valle del Bastareny y concretamente, me propone la casa dels Trulls. Fuimos allí hace muchos años, antes de que se nos uniera Carles, cuando recibimos una remesa de unos 50 mapas de 1:5000 del Parque de Cadí-Moixeró, todos en blanco.

Es un pequeño valle que sube hacia el norte desde la pista que va al nuevo Centre de Natura y que antes era Cal Cerdanyola y al final del camino, justo en el límite de donde tocaba el sol en invierno, había los restos de una casa muy pobre.

Dejamos el coche en la pista, delante de la entrada del valle dels Trulls. Cruzamos el canal que lleva agua a la pequeña central eléctrica de Bagà y el valle se estrecha. El camino de la casa muestra interferencias por un surco profundo creado por el arrastre de troncos. Pep no para de estornudar. “Los estornudos son uno de los primeros síntomas de la peste bubónica”, le digo. “No tendrás unas ronchas circulares en la piel, ¿verdad?”, pregunto nerviosamente, alejándome un par de metros.

El canal de la central eléctrica de Bagà

Seguimos subiendo por la sombra, buscando la línea del sol donde estará la casa. El silencio es casi total, sólo interrumpido por los estornudos de Pep. Los temporales de viento han hecho caer árboles sobre el camino y nos obligan a arrastrarnos como cucarachas bajo los troncos. Ya no tengo edad para esto, pienso. El camino se aleja momentáneamente del barranco y en una curva, vemos un camino que marcha hacia el SE. Cuando hicimos este camino hace unos 12 años, este camino no lo vimos. ¿Qué pasó? ¿Caminábamos con los ojos cerrados? ¿O son los cazadores que han abierto un nuevo camino que no se podía ver entonces? Lo reservamos para la vuelta.

Llegamos a la casa. Hay un pequeño edificio a la izquierda del camino que ya conocíamos. Pero, explorando un poco más, hay los restos de la casa principal a la derecha, que no conocíamos. Es la segunda novedad de hoy. Tiene una forma muy curiosa, como un pequeño castillo. Pep dice que el dibujo podría tener un origen medieval. La ilusión que le ha producido este hallazgo ha parado los estornudos en seco.

Los restos de la casa dels Trulls

Con el nuevo afán de exhaustividad, Pep nos hace subir sin camino para marcar el límite de los campos. Las terrazas se dividen por unas paredes imponentes que sugieren una presencia estable durante unas cuantas generaciones en este valle perdido. Seguimos subiendo, ya con pleno sol y temperaturas suaves, hasta el Coll dels Trulls, donde comemos.

 Una bañera de jabalís en el Coll dels Trulls, ¿creada por los cazadores?


Y la vista desde el Coll, con el pueblo de Guardiola en el valle y los campos de Sant Julià de Cerdanyola arriba

En el descenso, entramos en el camino nuevo que vimos en la subida. Su categoría es innegable y apunta directamente al Pont de Sant Joan con una pendiente suave pero constante. Sería el camino que usaba la gente de la casa para ir a Bagà.

El camino entra en una pista secundaria, donde su trazado se pierde. Decidimos dar por terminada la salida y bajamos la pista hasta entrar en la pista principal donde está aparcado el coche.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 6,6 km; 435 metros de desnivel acumulado.

jueves, 25 de diciembre de 2014

Tracks

Cada tanto tiempo, alguien me escribe pidiendo un track. Y le tengo que decir que no puede ser. Así que al final, he decidido escribir una entrada sobre el tema.

Es cierto que grabamos cada salida en el GPS pero es un trazado caótico, como la legendaria araña que se pone a caminar sobre una hoja de papel después de caer en un tintero, y no apto para mostrar al público. Y me sabría muy mal que alguien me dijera que se perdió por culpa de un track mío.

Tampoco es el típico blog excursionista con propuestas de rutas; es una crónica escrita para nosotros mismos y nuestros futuros nietos en la que, de paso, intento mostrar los muchos atractivos que tiene nuestra comarca.

Cuando hay caminos señalizados, sí que soy bastante explícito. También indico el mapa Alpina correspondiente a cada salida y con una lectura atenta, es posible seguir nuestros pasos en el mapa y, si tenéis ganas de descubrir, sobre el terreno.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

21/11/2014 – El Torrente de Fumanya

Desde la última vez que salimos, el gobierno español ha optado por intensificar la vía legal y ha soltado a los fiscales. Ante la reticencia de los fiscales catalanes, la pelota ha pasado a la Fiscalía del Estado, que ha decidido querellarse contra el Presidente, la Vicepresidenta y la Consejera de Educación por cuatro delitos. No entiendo por qué el PSOE quiere hacernos creer que la solución está en reformar la Constitución para permitir un estado federal si ni el PP ni una parte importante de las propias filas socialistas lo consentirán jamás. Pero bueno, que continúen. Lo que están haciendo por la independencia de Cataluña no tiene precio.

En el Mikado, recuerdo a Pep que hoy podría ser el último día de temperaturas suaves antes de entrar en el invierno y, por lo tanto, la última oportunidad para mirar esos caminos que dejamos en la Baga de Fígols hace dos semanas. “No debería presentar complicaciones”, expongo. “Allí en el cruce debajo del Grau de l’Albiol, sólo había dos caminos. Igual nos da tiempo para mirar los otros dos más arriba”.

Dejamos el coche en la pista de acceso desde la carretera a la Carrerada – la pista de acceso principal a la Baga – que pasa debajo del cementerio de Fumanya. Salgo del coche. Aquí, de momento, de temperaturas suaves, nada. Josep Mª se frotaría las manos aquí. Miro el paisaje gélido donde todavía no ha llegado el sol y me arrepiento de haber propuesto venir aquí. Vemos un camino en la dirección contraria, hacia Fumanya, y lo seguimos. Muere al poco rato en unas pletas (ver Glosario) donde se debían guardar las ovejas antes de subirlas a los prados. Al lado, encontramos otro camino que debe ser el antiguo desde Fumanya hasta la Carrerada y lo seguimos hasta el cementerio.

Al ver esta perspectiva poco amable, deseaba haber mantenido la boca cerrada en el Mikado

Salimos al sol y me cubro los ojos ante el resplandor repentino. “Tranquilo, Steve”, me dice Pep, malinterpretando mi gesto. “Ahora bajamos y no volverás a ver el sol en todo el día”. Bajamos y cruzamos el torrente pero en esta media hora, el sol ha tenido tiempo para calentar el aire y ya no se ve la escarcha.

Pasamos por una ‘trumfera’ (ver Glosario) bastante bien conservada, al lado del torrente. No vemos ninguna continuación del camino y subimos sin camino hasta la pista de la Carrerada.

Volvemos a ver las conocidas marcas azules y en la zona indicada en el mapa como Sentiescos, tomamos una pista secundaria. Bajando esta pista, surge una primera complicación – un camino que marcha a la izquierda, hacia donde está el coche. Lo anotamos para la vuelta y continuamos. La pista acaba en un curioso ‘grau’ y continúa como camino con bastante pendiente, hasta llegar al cruce del otro día.

El 'grau'. A la izquierda se ven las piedras colocadas para sustentar el camino

Giramos a la izquierda y cruzamos el torrente hacia el norte. Entramos en un camino transversal. Dejamos la bifurcación a la izquierda para después y seguimos a la derecha, todavía con las marcas azules. Es un camino antiguo, empedrado en algunos puntos. Vamos dejando caminos que marchan a la izquierda. Está claro que no vamos a salir de este barranco en todo el día.

Una de las pocas vistas largas del día, encima del Torrente de Fumanya, con el Subrepuny detrás

Volvemos a salir al sol. El camino entra en una antigua explotación a cielo abierto y se convierte en una pista que conecta con Cal Casanova y, se supone, con Fígols. Aquí damos media vuelta.

Antes de volver a las sombras, comemos y después miramos los muchos caminos que hemos ido dejando, casi todos antiguos caminos forestales para bajar troncos. Sigue un continuo subir y bajar caminos mientras lentamente retrocedemos hacia el primer ‘grau’ de esta mañana y el primer camino a la izquierda que dejamos.

Prueba irrefutable del uso forestal del camino. La marca producida por el roce de troncos

Un último camino con marcas azules antes del ‘grau’ se muere a los pocos metros pero las marcas continúan cuesta arriba. Por fin, se nos hace la luz. Los cazadores han ido marcando redes de caminos en su coto. Llegamos a una haya en medio de la cuesta con unas piedras puestas a modo de asiento, unas iniciales y unas fechas. Nos hacemos la película: aquí venía un tal JPS cada año, fiel a su puesto y en el tedio de la larga espera, grababa la fecha en el árbol. Pero, sabiendo la media de edad de los cazadores de jabalís, llegó un día en que ya no se veía capaz de subir esas cuestas y dejó de acudir a su puesto de vigilancia.

El puesto del cazador, perdido en el bosque

Volvemos al ‘grau’ con pensamientos lúgubres sobre la linealidad del tiempo y ya un poco cansados de estar subiendo y bajando continuamente, como Sísifo, la misma cuesta sin vistas. Entramos en el último camino. Tiene buena pinta. Nos lleva al torrente, un poco más corriente arriba. Lo cruzamos y entramos en otro camino transversal. ¿Esto no va a acabar nunca?, nos preguntamos. Giramos resignados a la derecha, alejándonos del coche. Llega a una pista para las torres eléctricas y allí lo dejamos, aparentemente apuntando hacia la casa de Cal Xacó.

Aguas cristalinas antes de llegar a la trumfera

Damos la vuelta y seguimos la otra rama del camino transversal. Nos lleva otra vez al lecho del torrente pero unos pasos cortados en la roca permiten remontarlo hasta la ‘trumfera’ de esta mañana. Así que al final, sí que había un camino. Llegamos al coche con la seguridad de no haber dejado ningún camino sin seguir, reconstruyendo en el GPS una red compleja que antiguamente debía conectar las casas entre Fígols y Fumanya con los bosques de la umbría. “Hoy, tendrías que ser feliz”, le digo a Pep en el viaje de vuelta a casa. “Más exhaustivo imposible”.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 9,4 km; 490 metros de desnivel acumulado.

sábado, 15 de noviembre de 2014

7/11/2014 – El Confós desde Fígols

Se acerca la fecha mágica del 9 de noviembre. Después de que la consulta original fuera suspendida por el Tribunal Constitucional en un tiempo récord, el gobierno catalán ha sacado una versión descafeinada llamada “proceso de participación”. El gobierno español primero hacía bromas sobre el tema pero al ver que la cosa iba en serio, fue corriendo una vez más al Tribunal Constitucional. Pero ahora, con más de 40.000 voluntarios que se encargan de su administración, ya es imparable. Lo que no ha impedido a la Soraya, como una madre preocupada por sus hijos que están a punto de cometer una gran temeridad, advertirnos de las consecuencias legales que podría comportar desafiar las órdenes de los tribunales.

Evidentemente, todo esto será tema de conversación a lo largo del día pero a nivel más práctico, teníamos que dar cumplimiento a un plan de Pep. En nuestros mapas, tenemos una zona extensa en blanco que corresponde a la Baga de Fígols. Pep nos ha dicho una y otra vez que allí no hay nada excepto pistas forestales pero quería mirar las aproximaciones a un interesante camino transversal en la cara sur del Confós que vimos en la salida del 2/5/2014.

Aparcamos el coche en la explanada de la Mina del Curro, por donde pasamos en la salida del 25/10/2013, y subimos por aquel camino de las marcas azules que tuvimos que dejar en aquella salida y que sería el antiguo camino al Coll de Sant Ramón.

Salimos a una cresta y desde allí otro camino medio difuminado se aparta de la pista, continúa por la cresta y desemboca en una antigua zona de cultivo, una ‘artiga’ (ver Glosario). Salimos del bosque frío de la umbría para entrar en un bosque más cálido, con los colores de otoño tocados por el sol y una pendiente más suave. 

Colores de otoño en la Baga de Fígols

En una zona llana, unas marcas azules marchan hacia la derecha, señalando un camino que baja al norte; podría ser el Grau de l’Albiol y lo reservamos para la vuelta. Seguimos subiendo. Pasamos por el Coll de la Veça y luego el Pla del Pou, donde había un pozo, ahora lleno de rocas y cubierto de ramas. Volvemos a entrar en la sombra de la montaña. La temperatura baja, la tierra está espolvoreada de escarcha y los charcos están helados.

Coll de la Veça

Efecto curioso producido por la congelación escalonada de un charco

Por fin llegamos arriba, en la cresta del Confós. Aquí hay sol, calor y vistas inmensas, sobre todo hacia el sureste. Vamos avanzando hacia el este hasta llegar a un buen sitio para comer, acompañados por los graznidos de las chovas que hacen piruetas sobre el vacío.

La vista desde arriba, mirando hacia Picancel

Pep, al ver que estamos disfrutando tanto de las vistas, había pensado continuar por la cresta hasta la Collada de la Bena y luego bajar por las pistas hasta el coche desde el Coll de Sant Ramon. Sin embargo, eso supondría renunciar al Grau de l’Albiol y optamos por bajar en línea recta hasta el punto donde vimos las marcas. Entrego mi GPS a Carles como experto en apuntarlo hacia waypoints lejanos y ponemos rumbo sin camino hacia el NE. La cuesta es cada vez más empinada (“Es lo que tiene ir en línea recta”, replica Carles a mis protestas) pero tiene la ventaja de ir cruzando todo lo que viene en dirección transversal, incluyendo dos caminos que algún día habrá que dilucidar y que probablemente van al Coll de Sant Ramon o la Collada de la Bena.

En el espacio de 2 kilómetros, bajamos 300 metros hasta situarnos delante del camino de las marcas azules. Al principio, todo discurre dentro de la normalidad pero, de repente, el camino desaparece. A nuestra izquierda, hay un precipicio y delante una cresta empinada, donde vuelven a aparecer las marcas. Como es mi costumbre, voy el último y, unos 20 metros más adelante, oigo a Pep que dice: “Esto no le va a gustar a Steve”. Cuando llego a donde está él, veo que el descenso es por una pared de roca de unos 10 metros, con presas para poner las manos y los pies, y después una cuesta de tierra de pendiente fuerte. Pep baja primero para marcar la ruta, y luego Carles. “Espera que haya bajado yo antes de bajar tú”, me dice. Por lo visto, piensa que voy a resbalar y no quiere ser arrastrado en la avalancha de piedras que sin duda provocaría con mi caída. Cuando veo que ya no voy a causar daños colaterales en caso de ir dando tumbos hacia abajo, inicio el descenso. Este ‘grau’, de subida, sería una escalada muy fácil pero, de bajada, es una lucha continua contra la gravedad.

El Grau de l'Albiol

Pero llego abajo sin novedad y se reanuda el camino marcado, que desciende hacia el NW. Tras unos 400 metros, llegamos a un cruce de caminos. Giramos hacia la derecha para descender hacia el torrente, dejando dos caminos para investigar en otra ocasión. Cruzamos el Torrente de Fumanya y empalmamos con un camino ya conocido de la salida del 25/10/2013 que bordea la ribera izquierda del torrente, hasta entrar en la pista donde tenemos el coche.

Así que resulta que aquí sí hay caminos pero desde las pistas, es casi imposible encontrarlos. Ahora se nos ha abierto una perspectiva nueva, con posibles caminos desde Fígols y Fumanya que buscan los prados y los pasos del Confós hacia el sur.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 12,5 km; 610 metros de desnivel acumulado.

9/11/2014. Hoy, voté con 2.350.000 personas más. Como era de prever, el gobierno español quitó validez al resultado y proclamó triunfalmente que votó menos de la mitad de la población, después de imposibilitar una votación legal y amenazar con todo tipo de consecuencias. Entrando en aquella aula de escuela, se palpaba un ambiente muy especial, de emoción contenida y esperanza. Pero también es evidente que mucha gente todavía no ve nada claro una separación de España.