Aquí relato nuestras salidas por los caminos del Berguedà y comarcas vecinas. Como lo pasamos muy bien, queremos comunicar sobre todo buen humor y alegría pero también tiene un fondo muy serio: el camino como bien patrimonial, pieza esencial para entender la historia y digno de conservación. Es nuestra misión desde hace más de 15 años.



sábado, 30 de enero de 2016

18/12/2015 – El camino de Saldes a Gòsol y Cal Ninot

La semana pasada, bajando la carretera desde el Mirador de Gresolet, habíamos visto un camino marcado con los trazos amarillos de la Xarxa Lenta que marchaba hacia el Coll de Jou. Pep dijo que formaba parte del antiguo camino de Saldes a Gòsol. Se notaba que era un camino importante y además no lo teníamos en nuestros mapas.

Hoy, vuelve a hacer unas temperaturas inusualmente suaves por la época. Aparcamos en la carretera del Mirador, cerca de donde vimos ese camino. Primero marcamos en el GPS el tramo que baja hasta el pueblo. En algunos puntos, el camino marcado se desvía del camino auténtico para aprovechar pistas despejadas. Lo recorrimos todo, lo nuevo y lo viejo.

 Bajando a Saldes por el camino antiguo de Gòsol

Y volviendo hacia arriba

Volvemos al punto de partida e iniciamos la subida. Tras un corto tramo de camino, entra en una pista que forma parte de la antigua explotación a cielo abierto. Si hubiera más caminos, han quedado borrados. Llegamos a las ruinas de una casa. Sería Cal Ninot. Pep mira hacia Pedraforca.

Las ruinas de Cal Ninot

“En el libro de Jolís (un excursionista que escribió libros de itinerarios en los años 50 y 60), dice que hay un camino que subía por el Torrente de Cal Ninot”, y señala un valle amplio que sube al lado de la pared de roca que es la cara sur de Pedraforca, encima de las terrazas semi-desérticas de la explotación minera. Lo miro con un ojo crítico. “Desde aquí, no parece tan mal”, pienso.

El valle del Torrente de Cal Ninot. Su aparente asequibilidad resultó ser un engaño

Vamos subiendo las terrazas excavadas por la minería hasta plantarnos en la entrada del valle. Ahora, visto de más cerca, ya no es tan amable. Por el centro sube una ‘tartera’ empinada con un caos de bloques a cada lado. Vemos un camino claro con marcas pintadas de color rojo oscuro que busca un paso entre los bloques de piedra.

Entramos en el valle. “Esto es un camino de escaladores”, dice Pep. “Morirá delante de una pared”, y se desvía hacia la izquierda, siguiendo lo que él cree es el camino auténtico. Sigue una subida ardua por la ‘tartera’ en el lado izquierdo del valle, evidentemente sin camino. Al final, se rinde a la evidencia y busca la manera de volver al centro del valle. Yo sigo a Carles un rato más por el lado izquierdo antes de buscar también una manera de pasar al centro. Los huecos entre las rocas amenazan con romper mis tobillos en cada paso. Miro hacia arriba; de repente, los buitres circulando arriba parecen seguir nuestros movimientos con más interés.

Subiendo la 'tartera'

Por fin, en medio de una ‘tartera’ de piedra fina y resbaladiza, se ve un trazado zigzigueante con pequeños montículos de piedras o ‘fites’ en catalán y, de nuevo, la pintura roja. “¿Por qué nos hiciste dejar este camino?”, reprocho a Pep. “¿Esto lo llamas camino?”, me replica. “Esto no es nada”. “No subestimes el efecto psicológico que produce ver esas piedrecillas”, digo. “Tonterías”, refunfuña y señala una roca más arriba. “Por ahí pasa el camino que baja desde el Prat de Reu”.

Por fin, tras más de 300 metros de desnivel, otro camino hecho por los escaladores y pintado con marcas azules marcha hacia la izquierda y poco después, empalma con el camino de Prat de Reu, con las marcas de la Xarxa Lenta. Vuelvo a respirar, aliviado.

Por fin, llegamos a un lugar donde podemos descansar

Giramos a la izquierda para iniciar el descenso. Comemos en un pequeño promontorio con vistas a la cara sur de Pedraforca, mirando el vuelo de un quebrantahuesos que va pasando una y otra vez delante de la roca lisa. Últimamente, es cada vez más fácil ver estos pájaros enormes.

Aquí hay un quebrantahuesos. ¿Lo podéis ver?

“No sé por qué vienes con nosotros”, me dice Pep de repente. “No te interesan los archivos. Siempre te estás quejando. No participas en nuestro proyecto. Y además, para ver pájaros, no hace falta venir con nosotros”. Mientras vamos bajando por el bosque de pinos, voy reflexionando sobre lo que me ha dicho Pep.

El camino que baja desde el Prat de Reu

Salimos en el Coll de Jou, donde la excavación minera ha creado un pequeño lago. Toda esa explotación a cielo abierto se hizo para hacer más rentable la minería en el Berguedà, como también en Vallcebre y Figols. Pero el sector ya estaba tocado de muerte. Para tener 5 o 10 años más de trabajo, como mucho, se destrozó un paisaje y, a pesar de los intentos de restauración, sus efectos se van a notar durante unas cuantas décadas más.

Llegamos al coche y, como aún queda tiempo antes de la clase de canto, Pep y Carles deciden ir a Cal Bardines, cerca de Sorribes, donde hay un tramo recién recuperado del camino de Saldes a Gòsol que pasa por debajo de la carretera actual.

 El tramo restaurado del camino de Gòsol bajo la carretera actual

Vista desde Cal Bardines. En el fondo, el pueblo medieval de Gòsol y, al lado de la bandera, el Coll del Cap de la Creu. Viniendo por el camino antiguo, sería la primera vista que un viajante medieval tendría del pueblo. 

Aparcamos el coche y lo seguimos hasta el Coll del Cap de la Creu, pasando entre antiguos campos. Tiene gracia. Luego volvemos al coche y subimos a Cal Bardines, donde el camino continúa subiendo hasta una pista, desde la cual arranca el camino al Col de Jou. Veo que ese último trozo está marcado en nuestros mapas pero no recuerdo haberlo hecho.

En el viaje de vuelta en el coche, paso revista a 15 años saliendo juntos. “Nunca hemos tenido un proyecto común”, le digo a Pep finalmente. “Tenemos intereses comunes. Otra cosa es la amistad y eso no tiene explicación”. En casa, leo en la web de la BBC que, según un estudio, una amistad que haya durado más de 8 años probablemente durará toda la vida. ¡Pobre Pep!

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 10,6 km; 630 metros de desnivel acumulado.

sábado, 9 de enero de 2016

11/12/2015 – El Coll del Pi Ajagut

El jueves, Pep me llama. “Propongo que busquemos el camino auténtico de la Jaça dels Prats a partir de la Font Seca, bajemos aquel camino de Els Cavalls del Vent que tú querías hacer, hagamos lo que nos quedó pendiente el otro día del camino de la Costa y luego subamos uno de esos caminos que encontramos la semana pasada hasta el coche”. “Vale”, digo y cuelgo.

Aparcamos cerca de la Font Seca, en la carretera. “El camino antiguo tiene que pasar por encima de la carretera hasta el Coll de la Cabana”, dice Pep. El camino lo encontramos rápido pero está cortado continuamente por la carretera, lo que nos obliga a subir y rodear el tramo cortado por el bosque, jugándonos el físico a 5 metros de la carretera para no caer por la talud rocosa. 

Al final, el camino se aparta definitivamente de la carretera y se revela como un camino importante para subir ganado a los prados. Llegamos al Coll y bajamos a la pista del Collell al otro lado. Pep empieza a hablar del camino de Saldes al Collell. Antiguamente, el Collell y sus prados eran propiedad del castillo de Gresolet y Saldes no tenían derecho de acceso. Sin embargo, con la Peste Negra, Gresolet quedó despoblado y el señor de Gresolet pactó con los habitantes de Saldes para que compartieran las pasturas. Desde entonces, dice Pep, tiene que haber un camino que sube desde Saldes hasta el Collell.

La cara norte del Pedraforca, escuela de escaladores (que yo no soy)

El primer tramo ya lo hemos encontrado. Bajamos el camino de Els Cavalls de Vent hasta una pista secundaria que va paralelo a la pista principal. “Sigamos la pista, a ver si encontramos el camino. Tiene que estar por aquí”.

Imágenes de desolación caminando hacia el Coll del Pi Ajagut

Aquí, con el sol tapado todo el día por el macizo del Pedraforca, la temperatura es gélida. Empiezo a sospechar que el plan original está a punto de cambiarse y que del plan que me explicó por teléfono era una cortina de humo. La pista acaba en un precipicio; imposible seguir.

Pep sube a la brava, a ver si cruza el camino. Carles y yo le esperamos en la pista, enfrascados en una discusión sobre el sentido de la vida. Pep nos llama. Lo ha encontrado. Subimos como podemos hasta un pequeño collado y allí está. Lo bajamos hasta la pista, donde su arranque queda oculto por una ‘tartera’. Volvemos al collado y continuamos hacia el Collell. Igual han pasado 40 o 50 años o más desde que se usó de manera regular; el trazado aún se ve con claridad pero los cruces de los barrancos ahora son precarios por la erosión sufrida. Pasamos por un hayedo sumido en la sombra y que probablemente ya no volverá a ver el sol hasta marzo. A poco distancia ya del Coll del Pi Ajagut, el camino se pierde y subimos directamente hasta la pista de Collell.

Es hora de comer. Aquí, el sol sólo toca un punto y es en la cima del Pi Ajagut, un pequeño cúmulo rocoso suspendido sobre el vacío. No me gustan los precipicios en general y los bilaterales en particular y esta cresta es uno de ellos. Pero el sol puede más y llego hasta nuestro comedor, intentando no apartar la vista de las piedras a mis pies.

La vista desde el Pi Ajagut

Por fin, el sol vuelve a esconderse detrás del Pedraforca y la temperatura baja inmediatamente unos cuantos grados. Recogemos todo y volvemos a la pista, que seguimos hasta llegar al coche.

El Coll del Pi Ajagut, con la subida por el hayedo y la pista secundaria debajo de la pista principal

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 10 km; 590 metros de desnivel acumulado.

4/12/2015 – El camino de la Costa

La semana siguiente, no pude salir a caminar pero sí fui a Puigcerdà con Josep Mª por la tarde para escuchar una ponencia que dio Pep y su coinvestigadora en el Archivo Comarcal sobre las fraguas de La Cerdanya. Muy interesante.

Este jueves, Pep me llama. “Como todavía hará buen tiempo, porque no bajamos del Coll de la Bauma a Gresolet por el camino antiguo, subimos al Collell y luego volvemos al Coll de la Bauma por la pista del Coll de Torn”, propone. “Podríamos acabar ese camino de las Costes de Roset”, añade para endulzar la píldora.

Pero a mí me parece una salida más bien árida. El camino del Collell fue desgraciado por una pista de desembosque hace 10 años o más. Hago una contrapropuesta: “¿Por qué no hacemos el camino de la Costa desde Saldes, subimos a la pista bajo el refugio por el camino de Els Cavalls del Vent y luego miramos el camino antiguo desde la Jaça dels Prats, que leí que había sido recuperado? Además, sé que Carles no conoce ese camino y si se lo muestras tú, quedarás muy bien”, añado con mala intención.

Tras unas reticencias, Pep acepta y el día siguiente, aparcamos el coche en el pueblo de Saldes y seguimos los postes indicadores hacia La Costa. Subimos al castillo con la pequeña iglesia de Santa María. 

Llegando al castillo de Saldes desde el pueblo

Pep hace un repaso a fondo, explicándolo a Carles, que nunca había estado aquí. “Siempre he querido venir aquí para conocer el castillo y el camino de la Costa”, exclama Carles. “Gracias, Pep”.

Pep y Carles meditan en la sala gótica, como antiguos caballeros custodiando la reliquia de un santo

La iglesia de Santa María

“Ah, pero Pep no quería venir aquí”, digo, interrumpiendo esta efusión de agradecimiento. “Quería hacer una ruta muy aburrida por Gresolet y el Collell”. “Es que por allí pasaban los límites de las propiedades del antiguo castillo de Gresolet”, confiesa Pep por fin. “Ya estamos otra vez con la agenda oculta”, pienso, pero ya hemos dejado el castillo de Saldes y entramos en una antigua zona de cultivo, ahora conquistada por robles y pinos, que tiene un aire de gran antigüedad, con pequeños campos delimitados por grandes bloques de piedra.

Campos antiguos con el Pedraforca de fondo

Pero aquí precisamente, parece que el camino está inventado, cruzando los campos de cualquier manera. El camino auténtico, lo encontramos al otro lado de los campos, y lleva directamente al pueblo. Desde aquí entramos en el camino de La Costa propiamente dicho.

Es una ruta muy recomendable. El camino tiene mucho encanto, las vistas son espectaculares en algunos puntos y hay el premio al final del Santuario de Gresolet. Van marchando caminos a la izquierda y la derecha. Algunos no los habíamos visto la última vez que venimos por aquí y se apuntan para seguir en otro momento.

El camino de La Costa

Llegamos a la casa de Cal Costa. Con el sol y el calor, los campos lisos y suaves como un césped y unos chopos a poco distancia, todo invita a quedarse un rato. Nos sentamos sobre la hierba para tomar un tentempié. Vemos que marcha un camino desde la casa que parece que baja hacia el fondo del valle.

La casa de Cal Costa

Y el camino que tendrá que esperar a otro día

Pero aún es muy pronto para hacer picnic y volvemos a ponernos en marcha. Llegamos a la cresta detrás, llamada la Feixetella. Aquí otro poste indica hacia arriba, hacia el mirador. Pep se para. “Si seguimos hasta el camino que tú decías, se nos hará muy tarde. Propongo que subamos este camino. Así, acortamos la ruta y además, es un camino que no hemos hecho”. “Vale”, accedo entusiasmado.

Pep mira a Carles. “¿Ves que fácil es convencer a Steve? Sólo hay que decir tres palabras mágicas: nuevo, corto y plano. Bueno, aquí plano no es pero ya ves que surte efecto”. Iniciamos la subida. El camino va en línea recta hacia arriba. Mala señal, será un camino para bajar troncos. Me arrepiento de mi ingenuidad. Pero vemos alguna curva que se desvía, como si fueran zigzags de un camino anterior. Marcha otro camino hacia la derecha que parece más para ir a pie. Empieza bien pero se muere al acercarnos al precipicio de les Cingles de Moronta. Esta caída vertical de 100 metros me pone nervioso y me alejo del borde. Sigue una penosa subida de más de 100 metros hasta el mirador de Gresolet.

Carles contempla el abismo desde Les Cingles de Moronta

Aquí comemos con la vista delante de gran parte de lo que hicimos este verano y otoño. Viendo abajo el Santuario de Gresolet y la casa de pagès, actualmente refugio de la ruta de Els Cavalls del Vent, Pep explica cómo descubrió dónde estaba el castillo de Gresolet. Recuerdo que hace muchos años dedicó unas cuantas salidas – a veces conmigo, otras veces solo – a buscarlo en los lugares más inverosímiles . Y resulta que lo tenía debajo de las narices; un día estuvo leyendo un documento del siglo XVIII que explicaba que la casa de Gresolet (lo que hoy es el refugio) se construyó sobre los restos del antiguo castillo.

Iniciamos el descenso por la carretera, buscando ese camino recuperado. Al lado de una balsa contraincendios, vemos un poste que dice “Camino antiguo de Saldes al Mirador de Gresolet”. Nos miramos perplejos. Aquí hay algo que no cuadra. ¿Cómo puede un camino ser antiguo si el Mirador es de los años 70 como mucho? “Igual fue el camino al Mirador antes de hacer la carretera”, aventura Carles, dudoso.

Bajamos unos 75 metros de desnivel por un camino inventado hasta entroncar con otro camino más claro que hace un flanqueo, que por la izquierda sale al mismo precipicio que subimos esta mañana. Por la derecha, va enlazando un par de fuentes. De hecho, Pep y yo lo habíamos hecho antes de que se nos uniera Carles. “Este camino es más bien forestal”, concluye Pep. Llegamos a una bifurcación; un camino sube a la derecha hacia la Font Seca. “Este sería el camino antiguo de verdad a la Jaça dels Prats”.

El camino que baja a Saldes. El poste advierte que el agua no está clorada pero seguro que es buenísima

Pero aunque cuestionamos su categoría, su atractivo queda fuera de toda duda, pasando por un bonito bosque de pinos. Dejamos caminos que bajan y que algún día habrá que seguir. Seguimos bajando. Entramos en una zona de cultivo con muros hechos con grandes bloques, entre los cuales el camino forma un pasillo. Salimos en las primeras casas encima del pueblo y bajamos al coche.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 10,5 km; 535 metros de desnivel acumulado.

20/11/2015 – El Serrat de les Hores

El fin de semana siguiente, fui a Inglaterra con el ojo derecho todavía ensangrentado. “¿Otra vez metiéndote en peleas?”, me preguntó mi hermana. Humor británico.

Mientras estuve en Inglaterra, Pep y Carles hicieron una salida histórica, volviendo a la zona de Cortalets. Bajaron por el camino que va al Pont (ver salida del 10 de abril), cruzaron el torrente seco y encontraron restos de caminos que iban hacia el Coll de Moixa y el collado donde estuvimos la semana anterior. Tal como insinúa el documento que leyó Pep en aquel salida, había una red de caminos que hoy está perdida en su mayor parte.

Hoy, nos reunimos en el Mikado con un dilema que afrontamos con cierta regularidad. ¿Dónde vamos? Tengo una propuesta. En la salida del 17/6/2011, se habían dejado unos caminos que subían al Tossal, uno de ellos por un valle con el sugerente nombre del Clot de les Carboneres y otro un poco más hacia Bagà, en el Coll de la Sala.

El valle del Llobregat mirando hacia La Pobla de Lillet desde el Coll de la Sala

Empezamos por el segundo, dejando el primero para la bajada. La entrada está muy clara, lo deben usar los cazadores. Pero enseguida empieza a subir en línea recta, el perfil típico de un camino de arrastrar troncos. “No irá a ninguna parte”, sentencia Pep. Pero aún se ve algún lazo de un camino para ir a pie y tras subir unos 50 metros de desnivel, se ve un camino que marcha a la derecha, con una pendiente más amable.

“Me gusta el aspecto de ese camino”, digo a Pep pero no me hace caso y sigue subiendo por el camino recto. Vamos pasando por paradas que han hecho los cazadores; gracias a ellos, se mantiene. Pasa por un pequeño pasillo de rocas y poco después, desaparece. Los cazadores debían quedarse en las rocas.

Subimos ya sin camino en diagonal hacia el collado arriba, llamado Collada del Faig, abriendo paso por el boj. “No estaríamos haciendo esto si hubiéramos ido por el camino que me gustaba”, me quejo. Son casi 200 metros de desnivel y justo cuando parece que no podremos continuar al quedar barrado el paso por las rocas, salimos a un camino tapado pero auténtico, de esos para hacer con animales. La pregunta obvia es ‘¿de dónde viene?’ pero hoy no la podremos contestar. Sin embargo, sí que nos lleva hasta un paso por las rocas y de allí al collado.

El 'grau' que permite pasar las rocas

Después de repasar nuestras opciones, caminamos un poco más hacia el oeste. Tras seguir un pequeño camino durante unos 300 metros, de repente da un giro y empieza a bajar. “Enlazará con el camino que hicimos hacia Cal Noguera desde Les Llenes (ver salida del 30/9/2011). Puede ser el paso antiguo a Guardiola desde aquellas casas,” dice Pep.

Volvemos al collado y pasamos al otro lado, comiendo en una cima secundaria del Cap del Tossal que permite ver toda la cuesta que hemos subido. “¿Por qué se llama Serrat de les Hores?”, pregunta Carles, señalando las rocas enfrente. “Es porque la gente del pueblo, Guardiola, supongo, podían saber la hora mirando dónde estaba la sombra del sol sobre las rocas”, explica Pep.

Pedraforca, con la plaga de procesionaria en primer plano

Es hora de volver. Nos encaramos al Clot de les Carboneres y empezamos a bajar sin camino una cuesta empinada y llena de obstáculos. Pero ya no tengo la fragilidad de hace dos semanas y bajo con paso seguro. Bajamos 150 metros de desnivel antes de encontrar la primera carbonera, donde empiezan las hayas. 

El camino de las carboneras. En el fondo, se dibuja un llano que es signo inconfundible de una carbonera

A partir de aquí, seguimos un camino que enlaza una carbonera tras otra hasta llegar a la pista. Aquí hay un salto y no es posible seguir bajando el barranco. Giramos a la derecha y un camino tenue, roto por el arrastre de troncos y una zanja para enterrar un tubo de agua, nos lleva hasta la pista, ahora encima de la casa del Villar y muy desviado del barranco.

Volvemos al inicio del barranco y seguimos el primer camino que habíamos visto. Se muere en una carbonera al cabo de 100 metros. Para hoy, ya no nos quedan más cosas para hacer.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 5,1 km; 490 metros de desnivel acumulado.

domingo, 27 de diciembre de 2015

6/11/2015 – La Muga

Ante la previsión de un tiempo muy benigno, propuse volver a la zona de La Muga para acabar de mirar esa red de caminos que descubrimos en la salida del 10 de abril. El martes anterior, llovió torrencialmente en todo el país, más de 200 litros por metro cuadrado en algunos puntos. Cuando llegamos a la Font de l’Adou, el rugido de la cascada ha subido unos cuantos decibelios y el agua baja con una fuerza que hace mucho que no veo. Pero hace un buen día con temperaturas suaves. A las hayas ya las ha caído la hoja y ahora los robles justo empiezan a cambiar de color.

La cascada de la Font de l'Adou, que baja con una fuerza inusual 

A medida que vamos entrando por la pista de La Muga, vemos señales abundantes de la violencia del agua del pasado martes. Donde la pista se acerca al torrente o cruza pequeños barrancos, el agua se ha llevado trozos de la pista o excavado profundas zanjas. En un tramo, se llevó por delante la pista entera, dejando sólo un caos de rocas.

Esto hace una semana era una pista forestal

Llegamos al final de la pista y subimos el camino de Cortalets. De nuevo se ven los daños provocados por el agua. En un barranco, el camino ha desaparecido, obligando a cruzar por un paso precario.

Llegamos al mismo desvío de la salida de abril y volvemos a entrar. Se sucede un subir y bajar de caminos hasta completar la red. No voy a agobiar al lector con una descripción detallada. Es suficiente que tenga claro que entre La Muga y Cortalets hay dos sistemas de caminos: uno que tiene como punto de partida la casa de La Muga y que iba a Els Cortalets y los bosques del Bac de la Muga desde arriba y otro que tiene como punto de partida la pista en el valle abajo y que es el camino que ahora usan todos los excursionistas para subir a Els Cortalets y La Muga. Lo más probable es que la primera red cayó en desuso cuando se abandonó la casa y, de hecho, sospechamos que el camino que sube a La Muga desde el final de la pista es una media invención, al ir cruzando los campos con un recorrido más bien extraño y que fue creado precisamente para conectar con la pista.

Nos plantamos delante del último camino, que sube en línea recta hacia un collado encima de La Muga. Sin duda, es un camino de arrastrar troncos pero albergamos la esperanza de que se hizo encima de un camino auténtico. Con la lluvia de hace 3 días, el barro y las piedras arrastradas dificultan el progreso. Hay signos de que lo han limpiado los cazadores en alguna ocasión.

Tras hacer 50 metros de desnivel, el camino se acaba. Hasta aquí han limpiado los cazadores. Seguimos subiendo por la canal 50 metros más: empinado, resbaladizo, obstaculizado por ramas y piedras. Pep se desvía por la derecha, siguiendo un supuesto camino, y Carles sigue por el fondo de la canal. “¿Qué hago?”, pregunto a Pep al constatar que mantener una tercera ruta entre los dos no es practicable. “Sígueme a mí”, dice Pep, como uno de los antiguos profetas. “Parece que va mejor por aquí”.

Con cierta dificultad, llego a donde está él. Es cierto. Parece que hay un camino que hace un zigzagueo difuso y arriba, parece asomarse la cresta y el final de la subida. Pero es todo un espejismo; al poco rato el ‘camino’ se esfuma y por mucho que suba, peleando por abrir paso por el boj, nunca acabo de llegar al final.

Tras un flanqueo arduo y arriesgado, volvemos a la canal que ha subido Carles. La canal acaba y continúa un pequeño camino que acaba al pie de una pared de roca pero que se escala con facilidad. Al final, tras casi 200 metros de subida infernal, llegamos arriba y al otro lado, subiendo por la cara este de la cresta, se ve un camino muy claro. Bajamos al camino y luego giramos al norte, hasta llegar al collado. Aquí comemos.

 Els Cortalets desde nuestro comedor, con el cañón cortado por el Torrent del Pradell


Y una vista más amplia, mostrando el Prat de les Eugues y detrás, Tancalaporta

Pep no puede llegar tarde a la clase de canto y nada más acabar el bocadillo, ya se quiere marchar. En la subida sin camino, me había quitado las gafas para no perderlas entre los arbustos. Probablemente fue una buena idea quitarlas pero no volver a ponerlas fue un grave error.

Iniciamos el descenso por el camino recién descubierto pero, al poco rato, queda cortado por un muro impenetrable de vegetación. Al intentar buscar una manera de dar la vuelta a la barrera, una rama me pega en la cara, tocando el ojo. Esto no es un roce cualquiera y soy consciente inmediatamente que ha hecho daño. Me toco la cara; no hay sangre. Tapo el ojo bueno; todavía veo igual que siempre. Pero algo no va bien. ¿Perderé el ojo? Aquí estamos en el quinto pino y no hay cobertura de móvil. De repente, me siento muy frágil.

Llegamos a un claro y nos paramos. Carles me mira. “¿Qué te ha pasado? ¡Tienes el ojo fatal!”. Explico lo sucedido. “Eso te pasa por no llevar gafas”, me dice Pep, como si no lo supiera ya. Pero hay que tomar una decisión: o seguimos bajando por la pendiente de la cara este a la aventura o volvemos al punto de partida y bajamos por la canal que subimos. Y me mira a mí. Yo no me siento capaz de decidir sobre un tema tan importante pero evidentemente Pep ha decidido que decida el más débil, o sea, yo.

No me apetece bajar esa pared de roca y luego esa canal resbaladiza, embarrada, empinada, llena de trampas. Bajamos en diagonal por la cuesta soleada de roble y boj, cerca de la línea de roca y buscando el paso más fácil, ahora con las gafas puestas. De repente, vemos abajo el llano inconfundible de una carbonera. ¡Estamos salvados! Las carboneras siempre van asociadas a caminos y vemos cómo sale un camino tenue desde la carbonera. Este camino entra en otro más definido; es el camino que habíamos seguido hace tantos años hacia La Cambra, cuando se nos abrió el cielo encima. Seguimos bajando, ahora con paso seguro y salimos al camino principal de Oreis a La Muga.

Una vez llegado abajo en la pista, Pep me examina el ojo. La córnea ha empezado a adquirir un rojo intenso. “Esto me pasó a mí hace unos años”, me consuela. “Se irá sólo”.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 10,5 km; 640 metros de desnivel acumulado.

30/10/2015 – La Solana de Murcurols (2ª parte)

Hoy Pep no puede venir; tiene una reunión MUY IMPORTANTE con el Consell Comarcal. “Es una buena oportunidad para acabar de mirar esos caminos en la Solana de Murcurols”, propongo a Carles en el Mikado.

Hay otro tema: al pasar en limpio en mi mapa de papel los caminos que hicimos la semana anterior, veo que los que tenía están mal colocados (se hicieron en la era pre-GPS) y eso explicaría porqué no vi el arranque del camino desde la gran ‘artiga’.

Volvemos a aparcar en el Coll de la Bena y entramos por la misma pista y seguimos la misma ruta de Sendero Local indicada hacia La Solana. Pero esta vez no nos desviamos y continuamos por el camino señalizado hasta el torrente, lo cruzamos y al poco rato, vemos el camino que marcha a la izquierda y que sería la continuación del camino de Murcurols al Coll de la Bauma que descubrimos la semana pasada. Lo seguimos con cierta dificultad, ya que está un poco perdido en algunos puntos, pero acabamos saliendo en el camino que Carles vio al final de la salida de la semana pasada.

Volvemos al camino señalizado y continuamos hacia la ‘artiga’. Justo en la entrada de la ‘artiga’, antes de que el camino empiece a subir, ahora veo el arranque del otro camino, que va de llano y bastante marcado. Mientras vamos caminando hacia el este, seguimos dos bifurcaciones hacia arriba pero en ambos casos, los caminos se acaban perdiendo en unos claros.

El valle de Bastareny desde nuestro camino de flanqueo con los campos y la casa de Murcurols a la derecha

El camino principal va perdiendo entidad. Pasamos por alguna ‘artiga’. ¿Sería un camino para enlazar ‘artigas’?, nos preguntamos. Finalmente, salimos en una zona extensa de cultivo que ya tenía marcada en el mapa desde una salida que hizo Pep hace mucho tiempo. También había marcado un camino que subía desde el Torrente de Murcurols por el borde de La Solana.

Sin embargo, al entrar en la zona de campos, el camino se esfuma. Vamos dando vueltas pero no encontramos el camino de bajada. Nos quedan 5 horas de luz. Salimos al borde del bosque en un claro que mira hacia el sur. Dos robles imponentes parecen crear un portal de entrada y después se esboza un camino.

Me siento para situarnos en el mapa. Estamos desviados del camino que había marcado Pep, que queda más hacia el oeste (y el precipicio), pero al haberse hecho sin GPS, lo más probable es que esté equivocado. Decido probar mi teoría del portal pero el camino que parecía haber visto es un espejismo y desaparece a los pocos metros. Volvemos a los robles. Quedan 4,5 horas de luz.

El falso portal

Entonces, empieza a germinar en mi mente una idea nueva, audaz, rompedora, revolucionaria incluso … y si Pep había marcado bien el camino y está donde él lo ha indicado. Hacemos un descenso en diagonal hacia el borde de La Solana y, de repente, detrás de un boj, sale el camino, inconfundible, que va buscando el paso hacia abajo.

Lo seguimos. Parece que alguien lo ha limpiado hace poco, cazadores sin duda. Pasamos un ‘grau’, el paso que da al camino su razón de ser y que nos permitirá llegar al torrente.

Casi abajo, hacemos una pausa para comer. Al reemprender la marcha, Carles de repente me dice que mire hacia arriba. Allí, clavado en la horquilla formada por dos ramas, hay el cadáver de una cría de jabalí. Los colectivos de cazadores siempre nos están diciendo que nadie cuida más el entorno que ellos y que ellos son auténticos ecologistas y amantes de la naturaleza. Por lo tanto, quisiera creer que mataron al pequeño después de matar a sus padres para que no tuviera una muerte lenta por inanición y pena y que luego lo pusieron allí arriba en el árbol para que diera sustento a los buitres, que también tienen problemas para encontrar comida después de lo de las vacas locas.

Cruzamos el torrente y el camino sube hacia la pista de Murcurols a Coll de la Bena. Casi arriba, marcha un camino interesante hacia la casa de Murcurols pero no nos desviamos ya para mirarlo. Continuamos por la pista, siguiendo el camino señalizado que, tras una subida larga y tediosa, nos deja en el Coll de la Bena.

La larga subida al Coll de la Bena

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 10,3 km; 660 metros de desnivel acumulado.

domingo, 1 de noviembre de 2015

23/10/2015 – La Solana de Murcurols (1ª parte)

El jueves llamo a Pep: “Estuve mirando el mapa de dónde estuvimos la semana pasada y tenemos unos cuantos caminos por mirar en la Solana de Murcurols. Ya viene siendo hora de liquidarlos”. “OK”, dice Pep y cuelga.

Aparcamos en el Coll de la Bena. Pep señala a Carles la cuesta que tenemos delante: “Steve dice que tenemos marcados unos inicios de camino que no hemos hecho. No creo que vayan a ninguna parte, pero hasta que no lo vea con sus propios ojos, no nos dejará tranquilos”.

Entre la pista que va al Coll de la Bauma y la que va a Murcurols, hay otra que va de llano y lleva las marcas verdes y blancas de un Sendero Local. También forma parte de la ruta dels Cavalls del Vent y cuando acaba la pista, empieza un camino que va subiendo por el fondo del valle hasta el Coll de la Bauma. En esa pista entramos. Hace calor. Si no fuera por los colores de otoño, uno pensaría que estamos en mayo. Un poste con la leyenda “La Solana” marca un desvío a la derecha. La ruta señalizada sigue un camino que acaba entrando en otra pista medio tapada de desembosque y cuando acaba esa pista, continúa como un camino que cruza la riera (Torrent de Murcurols) y sube hacia los prados de La Solana al otro lado. Todo eso encontraréis en el mapa del Alpina.

Pero nosotros, al llegar a la pista inferior, giramos a la derecha. Esta pista baja con fuerte pendiente y entra en otra pista más consolidada. Giramos a la izquierda y cuando acaba la pista consolidada, arranca un camino (que no está en el Alpina) que se encamina hacia el torrente, aguas abajo del camino señalizado. Su categoría es indudable. Cruza el torrente y al otro lado, continúa subiendo hacia el noroeste hasta entroncar con el camino de La Solana, donde tenía marcado uno de mis inicios de camino. Un poco más hacia el torrente, tenía marcado en mi mapa otro inicio de camino que iría encaminado hacia el Coll de la Bauma.

El camino de Murcurols a Coll de la Bauma

Una bañera de jabalís debajo del camino

“Podría ser el camino de Murcurols al Coll de la Bauma, va prácticamente en línea recta”, dice Pep. Y se queda pensativo unos segundos. “La verdad es que Steve tiene mucha paciencia conmigo. Otro me habría mandado de paseo hace años”. “¿Estás bien, Steve?”, pregunta Carles mientras me seco los ojos con un kleenex. “Nada, nada, una alergia repentina”,  digo.

Continuamos hacia La Solana. Entramos en una zona con signos evidentes de haber sido cultivado; es relativamente plana y abundan las paredes para hacer terrazas. Pep y Carles dedican unos minutos a explorarla. “Es muy probable que aquí en la Edad Media viviera gente; su tamaño lo justifica”, dice Pep.

Con la exploración de esta ‘artiga’ (ver Glosario), pierdo la conexión con otro inicio de camino que marchaba de llano hacia Murcurols. Salimos del bosque y entramos en los prados. “Ya que estamos aquí, subamos hasta el Pas de la Solana. Dice Steve en su blog que allí vio el Ángel de la Muerte”, propone Pep, con un leve tono de burla.

Caminando por los prados hacia el Pas de la Solana, que está a media altura entre los pinos


Mirando hacia el valle del Bastareny

Dejamos los prados y volvemos a entrar en el boj, con una pendiente bastante fuerte que no recordaba de la última vez que estuve por aquí. Pero finalmente llegamos a la canal, una muesca abierta en la roca que permite bajar a Cortalets. Me asomo al borde. La canal propiamente dicha es una especie de embudo herboso de fuerte pendiente al que se llega con un pequeño salto de 1 metro. La otra opción para no saltar es rodear la roca sobre una repisa colgada sobre el precipicio. No recuerdo qué opción escogimos aquel día pero, mirando lo expuesto que está el caminito de la repisa, sospecho que fue el salto.

La entrada del Pas de la Solana. Delante, la Serra de la Moixa

Nos sentamos para comer. “Cuéntanos cómo fue”, me dice Carles. “Recuerdo que bajaba una pendiente muy fuerte; había rocío en la hierba y mis botas no tenían mucha huella”, empiezo. “Bajaba tieso como una tabla”, interrumpe Pep. “Ya le dije que si no se soltaba, acabaría cayendo”. “Intenté pasar a una zona con menos hierba, con tan mala pata que resbalé y de repente estaba deslizando hacia abajo”. Había hecho un pequeño curso unos meses antes y una de las cosas que me enseñaron fue cómo parar una caída de espaldas. El truco está en darte la vuelta para ponerte de panza, levantar el trasero y clavar las manos y los pies en el suelo.

“Oí un ruido, giro la cabeza y le veo bajando a toda velocidad”, interpone Pep. “Intenté darme la vuelta”, continúo, “pero la canal tenía los bordes elevados como un tobogán que me impedía girar. Sabía que más abajo, la pendiente acababa en un precipicio, así que volví a intentar darme la vuelta. Fue entonces que de repente la canal se aplanó y me paré”. “Nada, fueron dos metros”, dice Pep, quitando importancia al tema.

Lo que no dije a Carles era que, durante el segundo y medio que duró el resbalón, mi atención estaba puesta totalmente en el presente y el tiempo se dilató y parecía durar mucho más. Otra cosa era una gran sensación de paz, a pesar del aparente peligro de mi situación. Esta percepción tan especial que produce estar en lo que llaman el aquí y ahora, la he tenido muchas veces sin tener que caer por la ladera de una montaña … pero aquí no es el lugar para explicarlo.

Desde el Pas de la Solana, el camino marcado continúa hacia el oeste, hacia el Coll de la Bauma. Va llaneando más de medio kilómetro y luego baja hasta entrar en la pista de desembosque que arranca desde la curva de la Barraca de l’Andal. Al poco rato, dejamos la pista para seguir bajando, primero por antiguos bancales de cultivos y después por el bosque, hasta llegar al camino de Els Cavalls del Vent que sigue el fondo del valle.

El camino por el fondo del Torrent de Murcurols, ahora parte de la ruta dels Cavalls del Vent

Giramos hacia el Coll de la Bena. El camino llega al agua del torrente y al otro lado, empieza la pista, la misma en la que entramos esta mañana en el Coll de la Bena. Carles señala un camino que baja por la izquierda. ¿Podría ser el enlace con el camino de Murcurols a Coll de la Bauma que descubrimos esta mañana?

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 8,2 km; 490 metros de desnivel acumulado.

Tanto Pep como yo habíamos tenido la sensación de que era la primera vez que hacíamos el camino de flanqueo desde el Pas de la Solana hacia el Coll de la Bauma. Sin embargo, cuando miro mis mapas después en casa, veo que lo tenemos marcado. ¿Debemos empezar a preocuparnos?

16/10/2015 – El camino de La Cerdanya

El Presidente Mas, la vicepresidenta Ortega y la ‘consellera’ de educación Irene Rigau han tenido que declarar delante de los jueces como imputados por haber puesto los medios para que la gente pudiera expresar su opinión a través de una consulta no vinculante el 9 de noviembre del año pasado.

Pero si la Fiscalía del Estado tiene una misión, que es cortar de raíz la sedición catalana, nosotros también tenemos una nuestra: encontrar y seguir el camino antiguo de La Cerdanya, siguiendo las pistas reveladas en el documento de Pep.

Aparcamos en la pista de Coll de Torn, más o menos donde la cruzamos la semana pasada. El termómetro del coche de Pep marca 0 grados pero hace sol y no tardaremos en entrar en calor: nos espera un desnivel de unos 400 metros en línea recta y sin camino.

Afortunadamente para mí, Carles y Pep van parando cada tanto tiempo para hablar de sus documentos. Agradeciendo la oportunidad de descansar, no les interrumpo.

Mirando hacia el Coll de Torn

Vamos cruzando rastros de caminos que suponemos que son de rebecos. Dejamos atrás donde paramos para comer la semana pasada y continuamos hacia la siguiente línea de rocas. Antes de llegar, Pep se desvía hacia la derecha, haciendo una diagonal hasta llegar a la cresta que da al Clot de Comabona. Delante tenemos la gran olla del Clot y, 10 metros debajo nuestro, las señales inconfundibles de un camino. Lo tenemos que haber cruzado en la subida pero era imposible verlo.

Entrando en el Clot de Comabona 

Nos adentramos en el valle, donde hay un grupo de caballos pastando, y, una vez en el centro, subimos a un pequeño montículo. Desde aquí se ve el ‘grau’ por donde bajamos hace tantos años. Ahora, es evidente que por allí no podía pasar el camino: ¿por qué subir para luego bajar?.

Mientras descansamos, veo un grupo de rebecos arriba en la ladera. Así que tenemos tres grupos de mamíferos grandes en esta morena glacial. Los rebecos arriba, los caballos en el centro del valle, cada uno espaciado por unos 50 metros, y en un pequeño montículo, 3 humanos, 2 de ellos hablando de castillos.

El Clot de Comabona

Es hora de marchar. Volvemos a la cresta y nos preparamos para seguir el famoso camino de La Cerdanya. Tenue es decir poco. Con Carles por delante como explorador, vamos siguiendo un pequeño rastro. De hecho, de bajada es como mejor se ve. Cuando doy la vuelta y miro hacia atrás, el camino desaparece.

Pep es inusualmente atento conmigo, me espera, me dice por dónde pasar. “¿Y eso?”, le pregunto. “Es que quiero un track limpio y preciso de tu GPS”, me contesta. “Con un camino tan importante, no puede haber errores”.

En el camino de la Cerdanya

Pasamos el Clot de Palomar y el camino se convierte en una antigua pista. Un poco más abajo, vemos un camino muy marcado que bordea unos prados y que fue el camino que seguimos hace más de 10 años. Ese camino se difuminó pasados los prados; nunca lo volvimos a encontrar y acabamos subiendo demasiado alto.

Después de comer a la sombra de un árbol, acabamos de enlazar con la pista cerca del Coll de Torn e iniciamos el camino de vuelta por la pista. Con el lugar por donde pasamos delante nuestro, pregunto a Pep cómo supo dónde estaría el camino, con un margen de error de tan sólo 10 metros. “Es muy sencillo”, me contesta. “Por debajo, el terreno es muy malo, con paredes de roca, y además entraríamos en la ‘tartera’ del Clot de Comabona y allí no habría camino. Y la otra vez, pasamos por encima de esa línea de rocas y entramos demasiado arriba. Así que tenía que estar cerca de la línea de rocas, pero por debajo. Es obvio, ¿no?”. Le contesto que ahora que lo ha explicado sí, pero antes, no lo era tanto, al menos para mí.

Eso deriva en una conversación más general sobre la inteligencia y la educación. Según los psicólogos, hay 7 u 8 tipos de inteligencia distintos, todos igual de válidos, pero nuestro sistema educativo sólo prima uno, el del pensamiento matemático/lógico.
Y haciendo eco de un programa de televisión que se está dando actualmente, Economia en Colors, se calcula que para llegar a ser experto en algo, se necesitan al menos 10.000 horas de práctica. Y, decían los presentadores del programa, acumular esas 10.000 horas necesarias (que son muchas) es mucho más agradable y dará mucho mejor resultado si te dedicas a algo que realmente te apasiona y no algo que simplemente te proporciona una salida laboral.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 7,2 km; 450 metros de desnivel acumulado.

Un par de días después, Pep me reenvía un correo que le envió Carles. En el libro del Ayuntamiento de Saldes, dice que ya había a principios del siglo XX una propuesta para crear un Parque Natural que incluyera el valle de Gresolet. El famoso excursionista César August Torras dijo que, si se llegara a crear, sería bueno recuperar el antiguo camino de La Cerdanya que pasaba por el Clot de Comabona y Tancalaporta. Se ve que incluso hace más de un siglo, el camino estaba muy desdibujado. Y la propuesta de Torras sigue igual de válida hoy; sería un complemento magnífico de las redes actuales de rutas senderistas.