Aquí relato nuestras salidas por los caminos del Berguedà y comarcas vecinas. Como lo pasamos muy bien, queremos comunicar sobre todo buen humor y alegría pero también tiene un fondo muy serio: el camino como bien patrimonial, pieza esencial para entender la historia y digno de conservación. Es nuestra misión desde hace más de 15 años.



miércoles, 3 de diciembre de 2014

21/11/2014 – El Torrente de Fumanya

Desde la última vez que salimos, el gobierno español ha optado por intensificar la vía legal y ha soltado a los fiscales. Ante la reticencia de los fiscales catalanes, la pelota ha pasado a la Fiscalía del Estado, que ha decidido querellarse contra el Presidente, la Vicepresidenta y la Consejera de Educación por cuatro delitos. No entiendo por qué el PSOE quiere hacernos creer que la solución está en reformar la Constitución para permitir un estado federal si ni el PP ni una parte importante de las propias filas socialistas lo consentirán jamás. Pero bueno, que continúen. Lo que están haciendo por la independencia de Cataluña no tiene precio.

En el Mikado, recuerdo a Pep que hoy podría ser el último día de temperaturas suaves antes de entrar en el invierno y, por lo tanto, la última oportunidad para mirar esos caminos que dejamos en la Baga de Fígols hace dos semanas. “No debería presentar complicaciones”, expongo. “Allí en el cruce debajo del Grau de l’Albiol, sólo había dos caminos. Igual nos da tiempo para mirar los otros dos más arriba”.

Dejamos el coche en la pista de acceso desde la carretera a la Carrerada – la pista de acceso principal a la Baga – que pasa debajo del cementerio de Fumanya. Salgo del coche. Aquí, de momento, de temperaturas suaves, nada. Josep Mª se frotaría las manos aquí. Miro el paisaje gélido donde todavía no ha llegado el sol y me arrepiento de haber propuesto venir aquí. Vemos un camino en la dirección contraria, hacia Fumanya, y lo seguimos. Muere al poco rato en unas pletas (ver Glosario) donde se debían guardar las ovejas antes de subirlas a los prados. Al lado, encontramos otro camino que debe ser el antiguo desde Fumanya hasta la Carrerada y lo seguimos hasta el cementerio.

Al ver esta perspectiva poco amable, deseaba haber mantenido la boca cerrada en el Mikado

Salimos al sol y me cubro los ojos ante el resplandor repentino. “Tranquilo, Steve”, me dice Pep, malinterpretando mi gesto. “Ahora bajamos y no volverás a ver el sol en todo el día”. Bajamos y cruzamos el torrente pero en esta media hora, el sol ha tenido tiempo para calentar el aire y ya no se ve la escarcha.

Pasamos por una ‘trumfera’ (ver Glosario) bastante bien conservada, al lado del torrente. No vemos ninguna continuación del camino y subimos sin camino hasta la pista de la Carrerada.

Volvemos a ver las conocidas marcas azules y en la zona indicada en el mapa como Sentiescos, tomamos una pista secundaria. Bajando esta pista, surge una primera complicación – un camino que marcha a la izquierda, hacia donde está el coche. Lo anotamos para la vuelta y continuamos. La pista acaba en un curioso ‘grau’ y continúa como camino con bastante pendiente, hasta llegar al cruce del otro día.

El 'grau'. A la izquierda se ven las piedras colocadas para sustentar el camino

Giramos a la izquierda y cruzamos el torrente hacia el norte. Entramos en un camino transversal. Dejamos la bifurcación a la izquierda para después y seguimos a la derecha, todavía con las marcas azules. Es un camino antiguo, empedrado en algunos puntos. Vamos dejando caminos que marchan a la izquierda. Está claro que no vamos a salir de este barranco en todo el día.

Una de las pocas vistas largas del día, encima del Torrente de Fumanya, con el Subrepuny detrás

Volvemos a salir al sol. El camino entra en una antigua explotación a cielo abierto y se convierte en una pista que conecta con Cal Casanova y, se supone, con Fígols. Aquí damos media vuelta.

Antes de volver a las sombras, comemos y después miramos los muchos caminos que hemos ido dejando, casi todos antiguos caminos forestales para bajar troncos. Sigue un continuo subir y bajar caminos mientras lentamente retrocedemos hacia el primer ‘grau’ de esta mañana y el primer camino a la izquierda que dejamos.

Prueba irrefutable del uso forestal del camino. La marca producida por el roce de troncos

Un último camino con marcas azules antes del ‘grau’ se muere a los pocos metros pero las marcas continúan cuesta arriba. Por fin, se nos hace la luz. Los cazadores han ido marcando redes de caminos en su coto. Llegamos a una haya en medio de la cuesta con unas piedras puestas a modo de asiento, unas iniciales y unas fechas. Nos hacemos la película: aquí venía un tal JPS cada año, fiel a su puesto y en el tedio de la larga espera, grababa la fecha en el árbol. Pero, sabiendo la media de edad de los cazadores de jabalís, llegó un día en que ya no se veía capaz de subir esas cuestas y dejó de acudir a su puesto de vigilancia.

El puesto del cazador, perdido en el bosque

Volvemos al ‘grau’ con pensamientos lúgubres sobre la linealidad del tiempo y ya un poco cansados de estar subiendo y bajando continuamente, como Sísifo, la misma cuesta sin vistas. Entramos en el último camino. Tiene buena pinta. Nos lleva al torrente, un poco más corriente arriba. Lo cruzamos y entramos en otro camino transversal. ¿Esto no va a acabar nunca?, nos preguntamos. Giramos resignados a la derecha, alejándonos del coche. Llega a una pista para las torres eléctricas y allí lo dejamos, aparentemente apuntando hacia la casa de Cal Xacó.

Aguas cristalinas antes de llegar a la trumfera

Damos la vuelta y seguimos la otra rama del camino transversal. Nos lleva otra vez al lecho del torrente pero unos pasos cortados en la roca permiten remontarlo hasta la ‘trumfera’ de esta mañana. Así que al final, sí que había un camino. Llegamos al coche con la seguridad de no haber dejado ningún camino sin seguir, reconstruyendo en el GPS una red compleja que antiguamente debía conectar las casas entre Fígols y Fumanya con los bosques de la umbría. “Hoy, tendrías que ser feliz”, le digo a Pep en el viaje de vuelta a casa. “Más exhaustivo imposible”.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 9,4 km; 490 metros de desnivel acumulado.

sábado, 15 de noviembre de 2014

7/11/2014 – El Confós desde Fígols

Se acerca la fecha mágica del 9 de noviembre. Después de que la consulta original fuera suspendida por el Tribunal Constitucional en un tiempo récord, el gobierno catalán ha sacado una versión descafeinada llamada “proceso de participación”. El gobierno español primero hacía bromas sobre el tema pero al ver que la cosa iba en serio, fue corriendo una vez más al Tribunal Constitucional. Pero ahora, con más de 40.000 voluntarios que se encargan de su administración, ya es imparable. Lo que no ha impedido a la Soraya, como una madre preocupada por sus hijos que están a punto de cometer una gran temeridad, advertirnos de las consecuencias legales que podría comportar desafiar las órdenes de los tribunales.

Evidentemente, todo esto será tema de conversación a lo largo del día pero a nivel más práctico, teníamos que dar cumplimiento a un plan de Pep. En nuestros mapas, tenemos una zona extensa en blanco que corresponde a la Baga de Fígols. Pep nos ha dicho una y otra vez que allí no hay nada excepto pistas forestales pero quería mirar las aproximaciones a un interesante camino transversal en la cara sur del Confós que vimos en la salida del 2/5/2014.

Aparcamos el coche en la explanada de la Mina del Curro, por donde pasamos en la salida del 25/10/2013, y subimos por aquel camino de las marcas azules que tuvimos que dejar en aquella salida y que sería el antiguo camino al Coll de Sant Ramón.

Salimos a una cresta y desde allí otro camino medio difuminado se aparta de la pista, continúa por la cresta y desemboca en una antigua zona de cultivo, una ‘artiga’ (ver Glosario). Salimos del bosque frío de la umbría para entrar en un bosque más cálido, con los colores de otoño tocados por el sol y una pendiente más suave. 

Colores de otoño en la Baga de Fígols

En una zona llana, unas marcas azules marchan hacia la derecha, señalando un camino que baja al norte; podría ser el Grau de l’Albiol y lo reservamos para la vuelta. Seguimos subiendo. Pasamos por el Coll de la Veça y luego el Pla del Pou, donde había un pozo, ahora lleno de rocas y cubierto de ramas. Volvemos a entrar en la sombra de la montaña. La temperatura baja, la tierra está espolvoreada de escarcha y los charcos están helados.

Coll de la Veça

Efecto curioso producido por la congelación escalonada de un charco

Por fin llegamos arriba, en la cresta del Confós. Aquí hay sol, calor y vistas inmensas, sobre todo hacia el sureste. Vamos avanzando hacia el este hasta llegar a un buen sitio para comer, acompañados por los graznidos de las chovas que hacen piruetas sobre el vació.

La vista desde arriba, mirando hacia Picancel

Pep, al ver que estamos disfrutando tanto de las vistas, había pensado continuar por la cresta hasta la Collada de la Bena y luego bajar por las pistas hasta el coche desde el Coll de Sant Ramon. Sin embargo, eso supondría renunciar al Grau de l’Albiol y optamos por bajar en línea recta hasta el punto donde vimos las marcas. Entrego mi GPS a Carles como experto en apuntarlo hacia waypoints lejanos y ponemos rumbo sin camino hacia el NE. La cuesta es cada vez más empinada (“Es lo que tiene ir en línea recta”, replica Carles a mis protestas) pero tiene la ventaja de ir cruzando todo lo que viene en dirección transversal, incluyendo dos caminos que algún día habrá que dilucidar y que probablemente van al Coll de Sant Ramon o la Collada de la Bena.

En el espacio de 2 kilómetros, bajamos 300 metros hasta situarnos delante del camino de las marcas azules. Al principio, todo discurre dentro de la normalidad pero, de repente, el camino desaparece. A nuestra izquierda, hay un precipicio y delante una cresta empinada, donde vuelven a aparecer las marcas. Como es mi costumbre, voy el último y, unos 20 metros más adelante, oigo a Pep que dice: “Esto no le va a gustar a Steve”. Cuando llego a donde está él, veo que el descenso es por una pared de roca de unos 10 metros, con presas para poner las manos y los pies, y después una cuesta de tierra de pendiente fuerte. Pep baja primero para marcar la ruta, y luego Carles. “Espera que haya bajado yo antes de bajar tú”, me dice. Por lo visto, piensa que voy a resbalar y no quiere ser arrastrado en la avalancha de piedras que sin duda provocaría con mi caída. Cuando veo que ya no voy a causar daños colaterales en caso de ir dando tumbos hacia abajo, inicio el descenso. Este ‘grau’, de subida, sería una escalada muy fácil pero, de bajada, es una lucha continua contra la gravedad.

El Grau de l'Albiol

Pero llego abajo sin novedad y se reanuda el camino marcado, que desciende hacia el NW. Tras unos 400 metros, llegamos a un cruce de caminos. Giramos hacia la derecha para descender hacia el torrente, dejando dos caminos para investigar en otra ocasión. Cruzamos el Torrente de Fumanya y empalmamos con un camino ya conocido de la salida del 25/10/2013 que bordea la ribera izquierda del torrente, hasta entrar en la pista donde tenemos el coche.

Así que resulta que aquí sí hay caminos pero desde las pistas, es casi imposible encontrarlos. Ahora se nos ha abierto una perspectiva nueva, con posibles caminos desde Fígols y Fumanya que buscan los prados y los pasos del Confós hacia el sur.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 12,5 km; 610 metros de desnivel acumulado.

9/11/2014. Hoy, voté con 2.350.000 personas más. Como era de prever, el gobierno español quitó validez al resultado y proclamó triunfalmente que votó menos de la mitad de la población, después de imposibilitar una votación legal y amenazar con todo tipo de consecuencias. Entrando en aquella aula de escuela, se palpaba un ambiente muy especial, de emoción contenida y esperanza. Pero también es evidente que mucha gente todavía no ve nada claro una separación de España.

jueves, 13 de noviembre de 2014

31/10/2014 – Canales de Val•lobrega

Constatando que lo hemos hecho casi todo y Carles no, y que los años van pasando, Pep recupera un tema muy querido por él: repasar todo, zona por zona, para que la posteridad no tenga que reprocharnos haber dejado todo a medias. Y tiene una nueva palabra que a él le llena de entusiasmo y a mí me da visiones de caminadas repetitivas y áridas: exhaustivo (“ex–haus–tiu” dice Pep en catalán, así, separando las sílabas).

En el Mikado, Pep me recuerda que hay unos cuantos caminos que suben hacia el Confós desde las casas, y concretamente dos que arrancan desde la casa de Val·lòbrega, cruzando el camí ral de Cercs a Peguera y que subirían la Canal de la Bena y la Canal Gavernosa, respectivamente.

Entrada del camino de Peguera en la Collada de Palou

Dejamos el coche en la Collada de Palou y entramos en el camino que va a Erola y Coll d’Hortons, uno de los más atractivos de la zona. No tardamos en percatarnos de una novedad: se ha arreglado la casa de Val·lobrega y donde antes había una humilde casa de pagès, abandonada y en un estado más bien precario, ahora hay un pequeño palacio, con amplias terrazas y piscina, dedicado al turismo rural. El dinero que se ha invertido allí debe ser impresionante. De momento, descartamos reservar habitación (más tarde, vi en su web que se puede alquilar la casa entera por 1.600 euros el fin de semana) y nos plantamos en la entrada de la primera canal.

La nueva casa de Val·lobrega

La primera parte de la subida está bastante despejada, limpiada por los cazadores. Vamos anotando carboneras y localizamos el hueco en la roca donde vivía el carbonero. Sin embargo, en cierto momento, los cazadores optan por un camino transversal y el resto de la subida hasta la última carbonera es bastante penosa.

Volvemos a bajar y tomamos el camino transversal hacia la Canal Gavernosa. El camino está bastante limpio hasta la última parada en un pequeño collado. Después de las sombras de la canal, es un placer volver a tener vistas extensas y nos dedicamos a fotografiar todo lo que tenemos delante, que es mucho. Pero a partir de la última parada, el camino desaparece y es más bien un paso de animales. Abrimos paso por las zarzas mirando el precipicio a nuestra izquierda, con la posibilidad siempre presente de quedar cortados y tener que volver atrás. Pero no, conseguimos llegar a la Canal Gavernosa, donde entroncamos con otro camino.

Mirando hacia la Canal de la Bena desde el paso transversal

Se repite la historia: carboneras y más carboneras, y también varias ‘baumas’ de carboneros. Eso da que pensar: o bien el carbonero podía elegir entre varias residencias según le apeteciera, como los millonarios de hoy, o había tanta madera que daba para varios carboneros.

Dejamos atrás la que debía ser la última carbonera y poco después, el camino desaparece. Ahora sólo queda bajar por este camino medio borrado, empinado y tenebroso, lleno de piedras que han caído de las rocas a nuestra izquierda y derecha, con ramas, zarzas y troncos caídos que nos obstaculizan continuamente. “Una excursión apta para toda la familia”, resume Carles.

En la Canal Gavernosa

Pero ya cerca del camino de Peguera, hay una última sorpresa. La canal se ensancha momentáneamente, con unas grandes explanadas pobladas por hayas probablemente centenarias. “¿Cómo es que éstas no se cortaron?”, me pregunto. Ni siquiera Pep me sabe dar una respuesta definitiva. Superamos los últimos obstáculos y salimos en el camino principal. Ahora, sólo queda deshacer lo recorrido hasta la Collada de Palou. Hoy, los kilómetros recorridos valdrán el triple.

En el camino de Peguera

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 6,2 km; 420 metros de desnivel acumulado.

17/10/2014 – El Pas de la Barra

La semana del 10 de octubre, estuve en Inglaterra. Pep y Carles volvieron a Gòsol, mirando los prados encima de donde estábamos la semana anterior. Encontraron kilos de setas pero poca cosa más. Esta semana, Pep tiene un congreso de arqueología y seremos Carles y yo.

Desde hacía tiempo, quería volver al camino del Pas de la Barra. Es un camino que pasa por la Baga de Cellers, paralelo a la carretera de Sant Jaume de Frontanyà a La Pobla de Lillet pero unos 300 m más arriba y desemboca en las casas de Montclús. En un tiempo, era probablemente la ruta más directa desde Montclús a la La Pobla de Lillet. Lo habíamos hecho unos cuantos años antes de empezar el blog. En aquel tiempo, era difícilmente transitable porque la erosión había provocado deslizamientos de tierra, llevándose por delante tramos extensos del camino. Desde entonces, fue recuperado e integrado en la Xarxa Lenta y tenía curiosidad por saber cómo se había hecho la restauración.

Aprovechando la ausencia de Pep, propuse a Carles que volviéramos allí y utilicé como guía una de las caminadas populares de La Pobla de Lillet que hace un largo recorrido por esa parte del Catllaràs.

Aparcamos mi Patrol en la pista que va a la casa de Junyent, un poco antes de cruzar el Rec de Junyent para subir al Coll de Llevant. Mis lectores asiduos sabrán que, a pesar de tener un coche que es como un tanque y haber hecho un curso en la materia, soy un cobarde cuando se trata de rutas 4x4. Pero esta vez, no llevar el coche más lejos tenía una buena justificación. Volveríamos por la Casa del Castell y no convenía alejarnos mucho de la pista que unía esta casa con la pista de Junyent.

El camino que va al Coll de Llevant

Seguimos las marcas de la Xarxa Lenta que suben al Coll de Llevant. Empieza como pista pero no tarda en marcharse un camino que se adentra en la penumbra del hayedo. Dejamos un atajo que va directamente al Coll y seguimos una circunvalación de las cuestas que va pasando por todas las carboneras. A la derecha, marcha otro camino, que seguimos, dejándolo cuando empieza a bajar demasiado. Parece ser el camino de Junyent al Coll de Llevant. Desde este Coll, el camino sube hacia el Coll de l’Oració, pasando por un curioso ‘grau’, antes de iniciar el largo flanqueo hacia Montclús.

El camino del Pas de la Barra

Lo más destacable de la restauración del camino es que no se nota. Los deslizamientos de tierra se salvan con elegancia, con el mínimo de obra. La pega quizás es su distancia de cualquier punto de acceso con coche, que obliga a incluirlo en una larga ruta.

La Bauma del Xalat

Pasamos por la Bauma del Xalat con signos de haber sido habitado antiguamente, subimos un poco más y salimos del bosque. Vemos los primeros campos de Montclús y luego las casas, arregladas pero vacías. 

La gran casa de Montclús

Pasadas las casas, caminamos hacia la Collada de Montclús por una amplia avenida entre dos muros bajos de piedra. Hace un día espléndido, nos rodean unos prados inmensos y donde empiezan las montañas, bosques de pinos y hayas. El verde de los prados contrasta con los colores de otoño que empiezan a salir y el azul del cielo. “Quitando los pinos y las montañas y olvidando que estamos a 1.300 metros, esto podría ser Inglaterra”, pienso.

 El camino de acceso a las casas

Llegando a la Collada de Montclús

Pasamos por la casa de la Teuleria. Parece que la casa antigua se tiró al suelo y se construyó otra nueva. Lo único que falta es gente. Es como esas películas post-apocalípticas donde todo ha quedado pero la gente ha desaparecido. Hace 100 años, aquí habría gente trabajando en los campos y en los bosques y habría un ruido humano que ahora está totalmente ausente.

En la Teulería, dejamos la pista principal y bajamos por otra a la derecha que nos lleva a otra zona de pequeños prados, llena de encanto. Es el Racó de Ardericó. Cuando acaba la pista, continúa un camino que pasa por una carbonera al lado de un torrente. 

El Racó d'Ardericó

El paso se va estrechando hasta que finalmente, buscamos un pequeño desfiladero entre las rocas del torrente. Unos montículos de piedras nos dan la confianza de continuar y, en 30 segundos, salimos a los campos de Ardericó, una casa de pagès ahora convertida en refugio y cuyo tejado vemos a poca distancia.

Entramos en los campos de Ardericó. El tejado de la casa se asoma por la derecha

Subimos por los campos hacia la Collada d’Ardericó y topamos con una relativa abundancia de rovellones. Carles no puede desaprovechar la ocasión y saca la bolsa. Me dedico a supervisar su labor recolectora, indicando los lugares donde tiene que buscar. “Acuérdate de mi 20 por cien”, le puntualizo, mientras corre arriba y abajo.

Llegamos a la Collada d’Ardericó y bajamos al otro lado, una cuesta empinada, terrosa, y una hilera de montículos de piedras que nos indican por donde bajar. Tras bajar unos 300 metros, marcha un camino a la izquierda que nos lleva a los campos de Arderiu, otra casa de pagès convertida en paraíso de fin de semana. Todas las veces que he venido aquí, nunca he visto a nadie pero es evidente que alguien viene a cuidar la casa y el jardín. ¡Hasta crecen tulipanes en primavera! Pasamos debajo de la casa y en una curva de la pista, tomamos el camino que va hacia la casa de Serra Pigota y la casa del Castell.

La casa de Arderiu

Ya hemos dejado atrás los bosques. Ahora es un paisaje más seco y abierto. Ya lo recuerdo bien de otras veces pero de repente, salimos en un inmenso claro de arenisca. El camino desaparece para reanudarse al otro lado pero ya más abajo. Entra en un bosque espeso de robles. “No me acuerdo de esto”, pienso. “¿Nos habremos equivocado en aquel claro?”. Luego el camino baja por una zona de rocas con unas curvas cerradas. “De eso sí que me acuerdo”, pienso. Pero el camino sigue bajando y me vuelven a asaltar las dudas. Estamos bajando demasiado, acabaremos en la pista de Junyent. Pero finalmente, salimos a los campos de Serra Pigota, con la casa arriba – una casa nueva que parece hecha con bloques de hormigón – y la pista que va a la casa del Castell.

Unas setas curiosas crecen sobre un tronco en el camino hacia Serra Pigota

Al final, no nos habíamos equivocado pero desde la última vez, mi memoria había comprimido el camino hasta dejarlo en una tercera parte. “Estas cosas no pasan a Pep”, pienso. Antes de llegar a la casa del Castell, nos desviamos por la pista que nos llevará al coche, pasando por una antigua fuente, los restos de un horno y la entrada de una antigua mina de carbón.

Los restos del castillo de La Pobla de Lillet

Ha sido un día muy completo.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 16,1 km; 870 metros de desnivel acumulado.

sábado, 18 de octubre de 2014

3/10/2014 – El camí del mig

Es viernes otra vez y, durante esta semana, los presidentes Mas y Rajoy han jugado al gato y ratón sobre la famosa consulta del 9N. Si algún día, Cataluña es independiente, los libros de historia del futuro sin duda contarán que la desafección masiva de la población catalana no habría sido tan masiva sin la ayuda inestimable de los políticos españoles en general y de la cúpula del PP en particular.

Pero nosotros no podemos esperar el desenlace. Aún nos quedan caminos en Gòsol. Primero dejamos el coche en el cementerio y buscamos el camino que bajaba a la fábrica de mantas. Luego subimos el camino a la antigua iglesia de Santa Maria. Pep nos explica que la nave es anterior a la torre y que además la torre había sido habitada. Incluso se ve el hollín dejado por una antigua chimenea.

 Parte de la iglesia y la torre

Una bonita vista desde el interior de la iglesia

Volvemos a subir al coche, dejándolo en el cruce con el llamado por nosotros “camí del mig”. Carles saca un mapa del libro de C.A. Torras sobre el Cardener, en el que describe unos itinerarios en Gòsol. En ese mapa, se ve una ruta que sale de Gòsol y sube hasta el Cap d’Urdet. El trazado sólo puede pasar por un sitio: el camino tan bonito que bajamos la semana pasada y la continuación hasta Gòsol podría ser nuestro “camí del mig”.

Una de les vistas desde la torre, con la sombra de Pedraforca en el sol de la mañana. Abajo, las ruinas del antiguo pueblo

Eso es lo nos proponemos confirmar ahora. Con mayor o menor fortuna, seguimos el camino desde la pista del Coll de Mola. Finalmente, lo tenemos que dejar a menos de 50 metros de donde lo dejamos el otro día, el paso cerrado por una barrera infranqueable de vegetación. Pero no sin ver una marca azul de una antigua caminada y que confirmaría la categoría de este camino. “Es que somos muy buenos”, dice Carles. “No se nos escapa nada”, coincide Pep. “Pero sin tener esos mapas antiguos y pasar los caminos al GPS, nunca habríamos visto esos caminos”, matizo.

Volvemos al coche y subimos la pista hasta aparcarlo cerca del camino bonito y que ahora sabemos que es la continuación de nuestro “camí del mig”. Caminamos por la pista hacia la Font de les Abeurades, que ahora, es de suponer, se hizo encima del camino. El sol se esconde detrás de las nubes y empieza a hacer frío. Estamos a 1.800 metros y nos ponemos los jerseys. Luego vuelve a salir el sol y los tenemos que quitar. Se vuelve a esconder y nos tenemos que abrigar otra vez. “Es el problema de estas estaciones entre tiempo”, pienso. “Nunca sabes qué ponerte”.

Font de les Abeurades

Pasamos la fuente. El Alpina marca un camino que baja a la Bauma del Grauet. “Podríamos bajar este camino y volver a subir por el barranco que subimos la semana pasada para volver al coche”, propone Pep. A mí no me apetece nada su plan. Subirlo una vez fue suficiente y así se lo hago saber. “Además”, continuo, “como tú no te cansas de decirnos, hay que tener en cuenta las opiniones de las minorías y lo mismo que vale para España respecto a Cataluña, también vale para vosotros respecto a mí”. Mi argumentación debe haberle impresionado porque pasamos media hora en silencio, antes de pararnos para comer.

“Me sacrificaré”, nos dice Pep teatralmente mientras comemos. “Tú bajarás el camino del Alpina con Carles para hacer el track y yo volveré al coche y nos veremos en la Borda del Tinent”. Le felicito: “Eso sí que es democracia”.

Nos dividimos y Carles y yo bajamos por una pista secundaria que nos tiene que llevar al camino de descenso. Pero el camino no está ni parece que estuvo nunca. En su lugar, hay unas pistas de desembosque asquerosas, de pendiente fuerte, auténticas heridas de tierra y rocas arrancadas, sólo aptas para vehículos con orugas. Por fin, encontramos un camino, también forestal pero hecho antes de que hubiera vehículos y lo seguimos, recogiendo ‘rovellons’ o níscalos en castellano. (Más tarde, Pep me contará que ese camino sale en el mapa excursionista de 1922 para bajar madera.) Salimos en una pista a unos 300 metros al SE de la Balma del Grauet. Definitivamente, no es el camino del Alpina. Ahora sólo nos queda bajar hasta encontrar el coche de Pep.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 12,1 km; 390 metros de desnivel acumulado.

26/9/2014 – Torrentsenta

Hoy viene Carles y podemos volver a Gòsol. Carles ha bajado a su GPS desde el mapa excursionista de 1922 una serie de caminos que pasan debajo de la Ermita de Santa Margarida a distintos niveles, irradiando desde Gòsol como los rayos de un sol y muriendo cerca de barracas o corrales. Pero esto sería para la vuelta.

Primero Pep quería seguir un camino de la Minuta que sube encima del Forat de Torrentsenta y acaba a media altura con la leyenda “se pierde”. Y para eso, hay que pasar por la Borda del Tinent.

El Forat de Torrentsenta. En la pared de roca a la derecha, hay una mina tapiada

Dejamos el coche en la pista del Coll de Mola, poco antes de la bifurcación a Torrentsenta. Caminamos hacia Torrentsenta, pasando por el área recreativa, donde ahora hay una caseta con unos plafones explicativos. Desde aquí, un poste indica un camino hacia la Font de les Abeurades pero se desecha por inventado. También en la pista hay otro plafón en varios idiomas que explica cosas de Picasso y la Borda del Tinent. Por deformación profesional, leo la traducción inglesa y veo que Tinent lo han traducido como el rango militar. El traductor era inglés nativo, de eso no hay duda, pero se le escapó que ‘Tinent’ también significa una persona que posee muchas tierras y puso en su lugar un disparate.

 La nueva caseta del área recreativa

Y la fuente, a pie de pista

“El contexto lo es todo”, pienso mientras me reúno con los otros dos. Pasamos por la Font de Torrentsenta, visitando antes la entrada tapiada de una antigua mina, y subimos hacia la Borda de Tinent. Yo me separo de los otros dos y cuando nos volvemos a juntar, me dicen que se encontraron con dos buscadores de setas. “Pero sólo tenían setas de 2ª o 3ª categoría”, dice Pep. Y es que aquí, con tantas pistas forestales, seguro que todo ha sido revisado a fondo varias veces.

La Borda del Tinent. Aquí se ve la casa moderna. Las ruinas del corral antiguo están a la izquierda

Continuamos hacia nuestro camino, llegando a la Bauma del Grauet. Aquí la pista debía haberse cargado al ‘grau’ pero vemos que marcha un camino encima de la pista y decidimos seguirlo. Debía ser el camino antiguo y, al cabo de unos 700 metros, vuelve a entrar en la pista. Es una pista que ha sido cortada en la roca pero ha tenido tiempo para naturalizarse y es bastante atractiva. 

Una seta llamada 'lengua de gato'. Se come cruda con ensaladas

Subimos paralelo al Torrent Forcat con la vista de una pared vertical de unos 50 metros de alto al otro lado del barranco. La pista buena acaba en la unión de dos barrancos y sigue una pista medio borrada de desembosque. Mientras subimos, Pep cuenta que hace muchos años, subió toda esta pista con nieve e incluso asustó a un urogallo.

 La Bauma del Grauet, con Pedraforca detrás

La pista naturalizada que sube el valle desde la Bauma del Grauet

Salimos a la pista moderna que va a la Font de les Abeurades y giramos a la derecha para volver a Gòsol. Después de comer, continuamos por la pista. De repente, Carles se para y mira a la derecha. Allí, un poco más abajo, se ve claramente el perfil de un camino. Bajamos la talud y lo seguimos; sería el camino antiguo que subía a la fuente pero lleno de ramas de talas pasadas y rocas tiradas abajo al hacer la pista. “¿No es espectacular? ¿No es maravilloso?”, me pregunta Pep. “No”, contesto. “Está lleno de basura”. Pep mira a Carles con exasperación: “Yo no salgo más con este tío”, exclama. “No valora lo que hacemos”. “Todos tenemos derecho a opinar”, pienso, mientras peleo con las ramas.

Retrato de la desesperación. Un grupo de Erebias pelea por extraer alimento de una de las pocas flores que aún quedan por aquí

Salimos a una pista secundaria y, al final de esta pista, vuelve a continuar el camino, esta vez señalizado, limpio y anunciado por un letrero que dice “Vall de Gòsol”. Entra en el bosque y se desvanece la mala impresión que había tenido al principio. Está marcado en el Alpina y el topónimo es Obac dels Reguerons. Me paro para tomar fotos y cuando reanudo la marcha, Pep y Carles están parados, recogiendo ‘camagrocs’, que crecen con abundancia aquí.

 La entrada del camino

Un pequeño bosque de 'camagrocs'

Por fin salimos del bosque. El camino señalizado baja una cuesta hacia Torrentsenta. Es el tramo inventado que vimos abajo en el área recreativa. Dejamos el camino, buscando barracas y corrales. Encontramos restos de los caminos radiales que tenía Carles en su GPS del mapa de 1922. En estos 100 años, el dibujo de los caminos ha cambiado mucho. Las nuevas pistas se han encargado de hacer que los antiguos caminos se olviden y que se vuelvan prácticamente invisibles.

Uno de los corrales que localizamos bajo la ermita de Santa Margarida

A fuerza de subir y bajar, logramos recomponer este dibujo y sólo nos queda uno, que apodamos el “camí del mig”. Volviendo al coche por la pista del Coll de Mola, vemos donde cruza la pista pero ya no hay tiempo. Lo tendremos que dejar para otro día.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 13 km; 475 metros de desnivel acumulado.

lunes, 6 de octubre de 2014

19/9/2014 – El Valle de l’Albiol

Llegamos al Mikado con el “No” de Escocia. Era un poco de esperar y supongo que los indecisos optaron por confiar en las promesas de mayor autonomía ofrecidas por los políticos de Londres. Aquí en Cataluña tenemos una amplia experiencia en promesas incumplidas. Ya se verá.

A lo nuestro … Íbamos a volver a Gòsol a buscar barracas encima de Torrentsenta pero Carles no puede venir y él es quien tiene grabados los tracks de los mapas antiguos.

Mirando los mapas hace unos días, me había dado cuenta que había un hueco bastante extenso en blanco en la zona de la Baga del Collet, un valle que va hacia el SE desde los pisos del Collet. Tendría que haber al menos los caminos de los carboneros, pensaba. Hace bastantes años, había subido un camino desde la Font de la Baga hasta una artiga (ver Glosario) llamada El Replà. En aquel tiempo, me parecía un camino importante y quería ver si todavía era así.

 Una perspectiva llamativa de Pedraforca desde la Creu del Terme

Y el Forcat, con Penyes Altes detrás

Dejamos el coche en el pueblo de Sant Julià de Cerdanyola y subimos hasta el Cap del Rec, donde llegué con Josep Mª en nuestra salida del 7/10/2012. Constato que la nueva pista para llegar a los bancos no ha perdido nada de su encanto. Bajamos el camino hacia el fondo del Valle de l’Albiol. Es un camino de mucha categoría, empedrado en algunos tramos, cuya finalidad parece ser la de acceder a los campos en la cuesta y en el fondo. Ahora tiene las marcas amarillas y blancas del PR que hace el perímetro del municipio.

El camino de bajada al Torrent de l'Albiol

Llegamos a la Font de la Baga e iniciamos la subida hacia el Replà. Con la experiencia adquirida en estos años, ahora se ve claramente que es un camino de arrastre de troncos. Es demasiado recto, demasiado empinado, y le falta categoría. Vemos una densa población de ‘camagrocs’ (o trompetas amarillas en castellano) que reservamos para la bajada. Llegamos a un collado bajo el Replà, convertido en parada por los cazadores. En toda la subida, sólo hemos visto un camino que marchaba de llano hacia la derecha. A partir del collado, el camino pierde toda su categoría y parece cada vez más un camino de animales aprovechado por los cazadores.

Una bañera de jabalís en el Replà

Salimos en la artiga del Replà, una zona antigua de cultivo, bien orientada pero lejos del pueblo. Echamos en falta una barraca pero no conseguimos encontrarla. Pasamos a la umbría, caminando hacia el camino que cruza el Mal Pas (ver salida del 6/12/2013). Entramos en el hayedo. En alguna ocasión he hablado del ambiente especial que se puede respirar en estos bosques. Basta con serenar la mente y desplegar las antenas.

Después de saborear la atmósfera durante unos minutos, nos volvemos a poner en marcha y es en ese momento que se rompe la esterilidad en el tema de los caminos. En las cuestas, descubrimos una red de antiguas carboneras, conectada con el camino del Mal Pas. A diferencia de la red de la semana anterior, que subía los barrancos, los caminos son horizontales, recorriendo la cuesta a una altura más o menos fija, con carboneras cada cierta distancia. Cada nivel se conecta mediante un camino de enlace diagonal. Pero entre estos caminos, destaca uno que empieza a bajar con unas curvas muy marcadas.

Aquí el lector me permitirá un inciso. El camino ‘oficial’ del Mal Pas que sube esta umbría tiene un problema. El tramo bajo el Roc Blanc nunca nos ha convencido: mucha pendiente, poca definición y entra en una pista moderna (la que viene del pueblo para ir a la Collada de les Bassotes) que en el punto de enlace, no tiene pinta de haberse hecho sobre un camino antiguo. ¿Podría ser este el camino auténtico?

Decidimos seguirlo. Tiene muy buena pinta. Su trazado se pierde por un hundimiento de tierras cerca de una curva de la pista de la Collada de Bassotes pero lo recuperamos un poco más abajo. Baja con una pendiente suave al Torrent de l’Albiol, lo cruza y vuelve a entrar en la pista al otro lado. Aquí habría un enlace fácil con un camino que baja directamente al pueblo por la cara norte del Puig.

Camagrocs en su punto

Bajando por este camino bajo la pista, topamos con auténticas alfombras de ‘camagrocs’. Sería un crimen dejar pasar esta oportunidad y pasamos media hora recogiendo setas, pero probablemente podríamos haber continuado durante un par de horas más. Definitivamente, este año es el de los ‘camagrocs’. Bajamos la pista al lado del torrente, pasando por antiguos campos aterrazados con imponentes paredes cubiertas de musgo. Es un lugar muy atractivo en verano pero una nevera en invierno. Llegamos otra vez a la Font de la Baga. Ahora, sólo toca deshacer el camino de llegada hasta el coche.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 6,7 km; 475 metros de desnivel acumulado.

jueves, 2 de octubre de 2014

12/9/2014 – El camí ral de Berga a Bagà (2ª parte)

En la Diada, vi a la mujer de Pep y me dijo que no había bajado. “Después de darnos la lata, se queda en casa”, pienso indignado. Hoy, en el Mikado, le recriminamos su actitud poco participativa. “Un historiador tiene que ver las cosas desde la distancia”, contesta con cierta pedantería. La verdad es que no le gustan las aglomeraciones pero lo estuvo siguiendo por la tele. Para él, lo más impresionante fue ver cómo se iba formando la V: “Piel de gallina”, dice.

La semana anterior habíamos dejado a medias el tramo del camí ral entre el Far y el Túnel de Guardiola y decidimos acabarlo. También hay una red de carboneras en las cuestas que sabemos que existe pero no la hemos explorado.

El puente románico, la pequeña central eléctrica y la entrada del camí ral

Dejamos el coche cerca de la central eléctrica de Guardiola y cruzamos el puente románico. Desde la central, marcha un tramo bien conservado del camino, hasta llegar a un collado donde vuelve a perderse en las pistas de las torres de alta tensión. De nuevo, por intuición y deducción, logramos reconstruir su trazado hasta que queda aniquilado por las obras de contención de la actual carretera, pero a la misma altura y a poca distancia de donde lo dejamos la semana anterior.

El camí ral, con el muñón de uno de los antiguos postes de luz

Satisfechos de haber determinado su trazado hasta dónde se podía en este tramo, nos dedicamos a explorar todos esos caminos carboneros medio borrados. No voy a aburrir al lector con un relato pormenorizado. Basta decir que subimos y bajamos y volvimos a subir y volvimos a bajar, enlazando plazas carboneras, por caminos tapados que me dejan los brazos hechos un mapa. La historia siempre era la misma: subir por un barranco hasta la última carbonera, donde moría el camino, y abajo otra vez.

Carles y Pep adoptan una pose muy decimonónica en esta carbonera. Sólo faltan los fracs y el libro de poemas

Finalmente, ya no nos queda ningún camino por mirar, excepto uno. Sale del camí ral y pasa un collado detrás de la central para luego bajar al Torrent de l’Albiol. Yo sólo había subido hasta el collado pero, cuando lo hice hace bastantes años, había pensado que podría ser un camino importante. Pero al volver a hacerlo hoy, vemos que tiene poca categoría y demasiada pendiente; en todo caso, sería un camino para pasar unos antiguos postes de luz.

El acueducto que lleva agua a la central de Guardiola

Llegamos al puente sobre el Llobregat cerca de los pisos del Collet. Ha caído uno de los arcos al río y en su lugar hay unas tablas de madera en un estado muy regular encima de unas vigas de hierro oxidadas. Por lo visto, lleva muchos años así. Cruzamos con cuidado, esperando que el primero llegue al otro lado antes de que cruce el siguiente. En la otra orilla, hay un aviso medio borrado que reza “Prohibido el paso por motivos de seguridad” y al lado, una de las marcas amarillas de la Xarxa Lenta que sube a Sant Julià de Cerdanyola. Como la vida misma, llena de contradicciones.


Y el puente precario sobre el Llobregat, con el aviso en el poste. 

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 6,10 km; 540 metros de desnivel acumulado.