Aquí relato nuestras salidas por los caminos del Berguedà y comarcas vecinas. Como lo pasamos muy bien, queremos comunicar sobre todo buen humor y alegría pero también tiene un fondo muy serio: el camino como bien patrimonial, pieza esencial para entender la historia y digno de conservación. Es nuestra misión desde hace más de 15 años.



sábado, 18 de octubre de 2014

3/10/2014 – El camí del mig

Es viernes otra vez y, durante esta semana, los presidentes Mas y Rajoy han jugado al gato y ratón sobre la famosa consulta del 9N. Si algún día, Cataluña es independiente, los libros de historia del futuro sin duda contarán que la desafección masiva de la población catalana no habría sido tan masiva sin la ayuda inestimable de los políticos españoles en general y de la cúpula del PP en particular.

Pero nosotros no podemos esperar el desenlace. Aún nos quedan caminos en Gòsol. Primero dejamos el coche en el cementerio y buscamos el camino que bajaba a la fábrica de mantas. Luego subimos el camino a la antigua iglesia de Santa Maria. Pep nos explica que la nave es anterior a la torre y que además la torre había sido habitada. Incluso se ve el hollín dejado por una antigua chimenea.

 Parte de la iglesia y la torre

Una bonita vista desde el interior de la iglesia

Volvemos a subir al coche, dejándolo en el cruce con el llamado por nosotros “camí del mig”. Carles saca un mapa del libro de C.A. Torras sobre el Cardener, en el que describe unos itinerarios en Gòsol. En ese mapa, se ve una ruta que sale de Gòsol y sube hasta el Cap d’Urdet. El trazado sólo puede pasar por un sitio: el camino tan bonito que bajamos la semana pasada y la continuación hasta Gòsol podría ser nuestro “camí del mig”.

Una de les vistas desde la torre, con la sombra de Pedraforca en el sol de la mañana. Abajo, las ruinas del antiguo pueblo

Eso es lo nos proponemos confirmar ahora. Con mayor o menor fortuna, seguimos el camino desde la pista del Coll de Mola. Finalmente, lo tenemos que dejar a menos de 50 metros de donde lo dejamos el otro día, el paso cerrado por una barrera infranqueable de vegetación. Pero no sin ver una marca azul de una antigua caminada y que confirmaría la categoría de este camino. “Es que somos muy buenos”, dice Carles. “No se nos escapa nada”, coincide Pep. “Pero sin tener esos mapas antiguos y pasar los caminos al GPS, nunca habríamos visto esos caminos”, matizo.

Volvemos al coche y subimos la pista hasta aparcarlo cerca del camino bonito y que ahora sabemos que es la continuación de nuestro “camí del mig”. Caminamos por la pista hacia la Font de les Abeurades, que ahora, es de suponer, se hizo encima del camino. El sol se esconde detrás de las nubes y empieza a hacer frío. Estamos a 1.800 metros y nos ponemos los jerseys. Luego vuelve a salir el sol y los tenemos que quitar. Se vuelve a esconder y nos tenemos que abrigar otra vez. “Es el problema de estas estaciones entre tiempo”, pienso. “Nunca sabes qué ponerte”.

Font de les Abeurades

Pasamos la fuente. El Alpina marca un camino que baja a la Bauma del Grauet. “Podríamos bajar este camino y volver a subir por el barranco que subimos la semana pasada para volver al coche”, propone Pep. A mí no me apetece nada su plan. Subirlo una vez fue suficiente y así se lo hago saber. “Además”, continuo, “como tú no te cansas de decirnos, hay que tener en cuenta las opiniones de las minorías y lo mismo que vale para España respecto a Cataluña, también vale para vosotros respecto a mí”. Mi argumentación debe haberle impresionado porque pasamos media hora en silencio, antes de pararnos para comer.

“Me sacrificaré”, nos dice Pep teatralmente mientras comemos. “Tú bajarás el camino del Alpina con Carles para hacer el track y yo volveré al coche y nos veremos en la Borda del Tinent”. Le felicito: “Eso sí que es democracia”.

Nos dividimos y Carles y yo bajamos por una pista secundaria que nos tiene que llevar al camino de descenso. Pero el camino no está ni parece que estuvo nunca. En su lugar, hay unas pistas de desembosque asquerosas, de pendiente fuerte, auténticas heridas de tierra y rocas arrancadas, sólo aptas para vehículos con orugas. Por fin, encontramos un camino, también forestal pero hecho antes de que hubiera vehículos y lo seguimos, recogiendo ‘rovellons’ o níscalos en castellano. (Más tarde, Pep me contará que ese camino sale en el mapa excursionista de 1922 para bajar madera.) Salimos en una pista a unos 300 metros al SE de la Balma del Grauet. Definitivamente, no es el camino del Alpina. Ahora sólo nos queda bajar hasta encontrar el coche de Pep.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 12,1 km; 390 metros de desnivel acumulado.

26/9/2014 – Torrentsenta

Hoy viene Carles y podemos volver a Gòsol. Carles ha bajado a su GPS desde el mapa excursionista de 1922 una serie de caminos que pasan debajo de la Ermita de Santa Margarida a distintos niveles, irradiando desde Gòsol como los rayos de un sol y muriendo cerca de barracas o corrales. Pero esto sería para la vuelta.

Primero Pep quería seguir un camino de la Minuta que sube encima del Forat de Torrentsenta y acaba a media altura con la leyenda “se pierde”. Y para eso, hay que pasar por la Borda del Tinent.

El Forat de Torrentsenta. En la pared de roca a la derecha, hay una mina tapiada

Dejamos el coche en la pista del Coll de Mola, poco antes de la bifurcación a Torrentsenta. Caminamos hacia Torrentsenta, pasando por el área recreativa, donde ahora hay una caseta con unos plafones explicativos. Desde aquí, un poste indica un camino hacia la Font de les Abeurades pero se desecha por inventado. También en la pista hay otro plafón en varios idiomas que explica cosas de Picasso y la Borda del Tinent. Por deformación profesional, leo la traducción inglesa y veo que Tinent lo han traducido como el rango militar. El traductor era inglés nativo, de eso no hay duda, pero se le escapó que ‘Tinent’ también significa una persona que posee muchas tierras y puso en su lugar un disparate.

 La nueva caseta del área recreativa

Y la fuente, a pie de pista

“El contexto lo es todo”, pienso mientras me reúno con los otros dos. Pasamos por la Font de Torrentsenta, visitando antes la entrada tapiada de una antigua mina, y subimos hacia la Borda de Tinent. Yo me separo de los otros dos y cuando nos volvemos a juntar, me dicen que se encontraron con dos buscadores de setas. “Pero sólo tenían setas de 2ª o 3ª categoría”, dice Pep. Y es que aquí, con tantas pistas forestales, seguro que todo ha sido revisado a fondo varias veces.

La Borda del Tinent. Aquí se ve la casa moderna. Las ruinas del corral antiguo están a la izquierda

Continuamos hacia nuestro camino, llegando a la Bauma del Grauet. Aquí la pista debía haberse cargado al ‘grau’ pero vemos que marcha un camino encima de la pista y decidimos seguirlo. Debía ser el camino antiguo y, al cabo de unos 700 metros, vuelve a entrar en la pista. Es una pista que ha sido cortada en la roca pero ha tenido tiempo para naturalizarse y es bastante atractiva. 

Una seta llamada 'lengua de gato'. Se come cruda con ensaladas

Subimos paralelo al Torrent Forcat con la vista de una pared vertical de unos 50 metros de alto al otro lado del barranco. La pista buena acaba en la unión de dos barrancos y sigue una pista medio borrada de desembosque. Mientras subimos, Pep cuenta que hace muchos años, subió toda esta pista con nieve e incluso asustó a un urogallo.

 La Bauma del Grauet, con Pedraforca detrás

La pista naturalizada que sube el valle desde la Bauma del Grauet

Salimos a la pista moderna que va a la Font de les Abeurades y giramos a la derecha para volver a Gòsol. Después de comer, continuamos por la pista. De repente, Carles se para y mira a la derecha. Allí, un poco más abajo, se ve claramente el perfil de un camino. Bajamos la talud y lo seguimos; sería el camino antiguo que subía a la fuente pero lleno de ramas de talas pasadas y rocas tiradas abajo al hacer la pista. “¿No es espectacular? ¿No es maravilloso?”, me pregunta Pep. “No”, contesto. “Está lleno de basura”. Pep mira a Carles con exasperación: “Yo no salgo más con este tío”, exclama. “No valora lo que hacemos”. “Todos tenemos derecho a opinar”, pienso, mientras peleo con las ramas.

Retrato de la desesperación. Un grupo de Erebias pelea por extraer alimento de una de las pocas flores que aún quedan por aquí

Salimos a una pista secundaria y, al final de esta pista, vuelve a continuar el camino, esta vez señalizado, limpio y anunciado por un letrero que dice “Vall de Gòsol”. Entra en el bosque y se desvanece la mala impresión que había tenido al principio. Está marcado en el Alpina y el topónimo es Obac dels Reguerons. Me paro para tomar fotos y cuando reanudo la marcha, Pep y Carles están parados, recogiendo ‘camagrocs’, que crecen con abundancia aquí.

 La entrada del camino

Un pequeño bosque de 'camagrocs'

Por fin salimos del bosque. El camino señalizado baja una cuesta hacia Torrentsenta. Es el tramo inventado que vimos abajo en el área recreativa. Dejamos el camino, buscando barracas y corrales. Encontramos restos de los caminos radiales que tenía Carles en su GPS del mapa de 1922. En estos 100 años, el dibujo de los caminos ha cambiado mucho. Las nuevas pistas se han encargado de hacer que los antiguos caminos se olviden y que se vuelvan prácticamente invisibles.

Uno de los corrales que localizamos bajo la ermita de Santa Margarida

A fuerza de subir y bajar, logramos recomponer este dibujo y sólo nos queda uno, que apodamos el “camí del mig”. Volviendo al coche por la pista del Coll de Mola, vemos donde cruza la pista pero ya no hay tiempo. Lo tendremos que dejar para otro día.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 13 km; 475 metros de desnivel acumulado.

lunes, 6 de octubre de 2014

19/9/2014 – El Valle de l’Albiol

Llegamos al Mikado con el “No” de Escocia. Era un poco de esperar y supongo que los indecisos optaron por confiar en las promesas de mayor autonomía ofrecidas por los políticos de Londres. Aquí en Cataluña tenemos una amplia experiencia en promesas incumplidas. Ya se verá.

A lo nuestro … Íbamos a volver a Gòsol a buscar barracas encima de Torrentsenta pero Carles no puede venir y él es quien tiene grabados los tracks de los mapas antiguos.

Mirando los mapas hace unos días, me había dado cuenta que había un hueco bastante extenso en blanco en la zona de la Baga del Collet, un valle que va hacia el SE desde los pisos del Collet. Tendría que haber al menos los caminos de los carboneros, pensaba. Hace bastantes años, había subido un camino desde la Font de la Baga hasta una artiga (ver Glosario) llamada El Replà. En aquel tiempo, me parecía un camino importante y quería ver si todavía era así.

 Una perspectiva llamativa de Pedraforca desde la Creu del Terme

Y el Forcat, con Penyes Altes detrás

Dejamos el coche en el pueblo de Sant Julià de Cerdanyola y subimos hasta el Cap del Rec, donde llegué con Josep Mª en nuestra salida del 7/10/2012. Constato que la nueva pista para llegar a los bancos no ha perdido nada de su encanto. Bajamos el camino hacia el fondo del Valle de l’Albiol. Es un camino de mucha categoría, empedrado en algunos tramos, cuya finalidad parece ser la de acceder a los campos en la cuesta y en el fondo. Ahora tiene las marcas amarillas y blancas del PR que hace el perímetro del municipio.

El camino de bajada al Torrent de l'Albiol

Llegamos a la Font de la Baga e iniciamos la subida hacia el Replà. Con la experiencia adquirida en estos años, ahora se ve claramente que es un camino de arrastre de troncos. Es demasiado recto, demasiado empinado, y le falta categoría. Vemos una densa población de ‘camagrocs’ (o trompetas amarillas en castellano) que reservamos para la bajada. Llegamos a un collado bajo el Replà, convertido en parada por los cazadores. En toda la subida, sólo hemos visto un camino que marchaba de llano hacia la derecha. A partir del collado, el camino pierde toda su categoría y parece cada vez más un camino de animales aprovechado por los cazadores.

Una bañera de jabalís en el Replà

Salimos en la artiga del Replà, una zona antigua de cultivo, bien orientada pero lejos del pueblo. Echamos en falta una barraca pero no conseguimos encontrarla. Pasamos a la umbría, caminando hacia el camino que cruza el Mal Pas (ver salida del 6/12/2013). Entramos en el hayedo. En alguna ocasión he hablado del ambiente especial que se puede respirar en estos bosques. Basta con serenar la mente y desplegar las antenas.

Después de saborear la atmósfera durante unos minutos, nos volvemos a poner en marcha y es en ese momento que se rompe la esterilidad en el tema de los caminos. En las cuestas, descubrimos una red de antiguas carboneras, conectada con el camino del Mal Pas. A diferencia de la red de la semana anterior, que subía los barrancos, los caminos son horizontales, recorriendo la cuesta a una altura más o menos fija, con carboneras cada cierta distancia. Cada nivel se conecta mediante un camino de enlace diagonal. Pero entre estos caminos, destaca uno que empieza a bajar con unas curvas muy marcadas.

Aquí el lector me permitirá un inciso. El camino ‘oficial’ del Mal Pas que sube esta umbría tiene un problema. El tramo bajo el Roc Blanc nunca nos ha convencido: mucha pendiente, poca definición y entra en una pista moderna (la que viene del pueblo para ir a la Collada de les Bassotes) que en el punto de enlace, no tiene pinta de haberse hecho sobre un camino antiguo. ¿Podría ser este el camino auténtico?

Decidimos seguirlo. Tiene muy buena pinta. Su trazado se pierde por un hundimiento de tierras cerca de una curva de la pista de la Collada de Bassotes pero lo recuperamos un poco más abajo. Baja con una pendiente suave al Torrent de l’Albiol, lo cruza y vuelve a entrar en la pista al otro lado. Aquí habría un enlace fácil con un camino que baja directamente al pueblo por la cara norte del Puig.

Camagrocs en su punto

Bajando por este camino bajo la pista, topamos con auténticas alfombras de ‘camagrocs’. Sería un crimen dejar pasar esta oportunidad y pasamos media hora recogiendo setas, pero probablemente podríamos haber continuado durante un par de horas más. Definitivamente, este año es el de los ‘camagrocs’. Bajamos la pista al lado del torrente, pasando por antiguos campos aterrazados con imponentes paredes cubiertas de musgo. Es un lugar muy atractivo en verano pero una nevera en invierno. Llegamos otra vez a la Font de la Baga. Ahora, sólo toca deshacer el camino de llegada hasta el coche.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 6,7 km; 475 metros de desnivel acumulado.

jueves, 2 de octubre de 2014

12/9/2014 – El camí ral de Berga a Bagà (2ª parte)

En la Diada, vi a la mujer de Pep y me dijo que no había bajado. “Después de darnos la lata, se queda en casa”, pienso indignado. Hoy, en el Mikado, le recriminamos su actitud poco participativa. “Un historiador tiene que ver las cosas desde la distancia”, contesta con cierta pedantería. La verdad es que no le gustan las aglomeraciones pero lo estuvo siguiendo por la tele. Para él, lo más impresionante fue ver cómo se iba formando la V: “Piel de gallina”, dice.

La semana anterior habíamos dejado a medias el tramo del camí ral entre el Far y el Túnel de Guardiola y decidimos acabarlo. También hay una red de carboneras en las cuestas que sabemos que existe pero no la hemos explorado.

El puente románico, la pequeña central eléctrica y la entrada del camí ral

Dejamos el coche cerca de la central eléctrica de Guardiola y cruzamos el puente románico. Desde la central, marcha un tramo bien conservado del camino, hasta llegar a un collado donde vuelve a perderse en las pistas de las torres de alta tensión. De nuevo, por intuición y deducción, logramos reconstruir su trazado hasta que queda aniquilado por las obras de contención de la actual carretera, pero a la misma altura y a poca distancia de donde lo dejamos la semana anterior.

El camí ral, con el muñón de uno de los antiguos postes de luz

Satisfechos de haber determinado su trazado hasta dónde se podía en este tramo, nos dedicamos a explorar todos esos caminos carboneros medio borrados. No voy a aburrir al lector con un relato pormenorizado. Basta decir que subimos y bajamos y volvimos a subir y volvimos a bajar, enlazando plazas carboneras, por caminos tapados que me dejan los brazos hechos un mapa. La historia siempre era la misma: subir por un barranco hasta la última carbonera, donde moría el camino, y abajo otra vez.

Carles y Pep adoptan una pose muy decimonónica en esta carbonera. Sólo faltan los fracs y el libro de poemas

Finalmente, ya no nos queda ningún camino por mirar, excepto uno. Sale del camí ral y pasa un collado detrás de la central para luego bajar al Torrent de l’Albiol. Yo sólo había subido hasta el collado pero, cuando lo hice hace bastantes años, había pensado que podría ser un camino importante. Pero al volver a hacerlo hoy, vemos que tiene poca categoría y demasiada pendiente; en todo caso, sería un camino para pasar unos antiguos postes de luz.

El acueducto que lleva agua a la central de Guardiola

Llegamos al puente sobre el Llobregat cerca de los pisos del Collet. Ha caído uno de los arcos al río y en su lugar hay unas tablas de madera en un estado muy regular encima de unas vigas de hierro oxidadas. Por lo visto, lleva muchos años así. Cruzamos con cuidado, esperando que el primero llegue al otro lado antes de que cruce el siguiente. En la otra orilla, hay un aviso medio borrado que reza “Prohibido el paso por motivos de seguridad” y al lado, una de las marcas amarillas de la Xarxa Lenta que sube a Sant Julià de Cerdanyola. Como la vida misma, llena de contradicciones.


Y el puente precario sobre el Llobregat, con el aviso en el poste. 

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 6,10 km; 540 metros de desnivel acumulado.

lunes, 22 de septiembre de 2014

11/9/2014 – La Diada

Hoy es la Diada de Cataluña. Hace 300 años, tal día como hoy, Barcelona capituló ante las tropas borbónicas y Cataluña dejó de existir como nación. Mientras estábamos en los Empedrats, había quedado con Josep Mª para bajar yo y Tewy con él a Barcelona a hacer la famosa “V”. “Trae una chaqueta”, me advierte. “Pasarás frío en el coche”. Y no es broma.

Llegamos a Barcelona, donde pasamos de los 15ºC en el coche a 28ºC en la calle. Después de aparcar el coche, vamos hacia el barrio de Gracia. Constatamos el colapso del sector de la restauración ante la invasión de camisetas amarillas y rojas.

Después de almorzar, vamos andando hacia nuestro tramo, el 53, el de los berguedanos. Ahora las calles son un ir y venir constante de gente, cada uno yendo a la zona asignada. En una hora la Gran Vía y el Diagonal se llenan y se forma la bandera. En los cruces, hay grupos musicales, castellers. Y así estamos media hora de pie, en fila, conversando entre nosotros. La Guardia Urbana calculó que hubo unos 1,8 millones de personas.

Volviendo a casa después en el coche, los comentaristas en la radio destacan que este tipo de acto no tiene ningún paralelo en Europa y que dice mucho de los catalanes como pueblo.

Yo destacaría tres cosas:
1) Lo original y ambicioso de la idea de formar una “V” en las dos arterias principales de la ciudad.
2) La capacidad de la organización – una organización puramente ciudadana – de planificarlo e ilusionar a un número importante de voluntarios para hacerse cargo de la coordinación en la calle.
3) Y el hecho de que 1,8 millones de personas pensaran que valía la pena recorrer la distancia – poca o mucha – hasta Barcelona, ponerse una camiseta amarilla o roja, ir a un segmento concreto de una calle y estar allí quietas de pie, durante al menos media hora.

Actuación de los Brams, un grupo de Berga, en nuestro tramo una vez finalizada la concentración

7/9/2014 – Els Empedrats y el camino de Escriu

Hacía tiempo que quería volver a los Empedrats y por fin tuve la excusa perfecta. Una amiga, Mary, pronto viajará a Inglaterra y, como tantos berguedanos, nunca ha ido a los Empedrats. “No puedes marcharte sin hacer los Empedrats”, digo y enrolo a Josep Mª y mi mujer para acompañarnos.

La entrada del camino dels Empedrats

Aparcamos el coche en el pequeño parking al lado de la Escola de Natura de La Salle, antiguamente Cal Cerdanyola pero totalmente reconstruida. Con tanta lluvia en agosto, todo es muy frondoso. Temía que nos pudiera pasar como cuándo lo subí en la primavera de 2011 cuando Josep Mª y yo tuvimos serios problemas para pasar por las piedras en el torrente, pero una cosa es la lluvia torrencial y otra cosa muy distinta es el deshielo. En el Bullidor de la Llet, salía agua de la base de la roca pero no de los agujeros en la pared y no hubo problemas para pasar sobre las piedras.

 El Bullidor de la Llet en horas bajas

Cruzando el río

Al ser Els Empedrats y el Cap de la Boixassa la entrada más visitada, tenía curiosidad por ver si alguien más había subido por el valle de Galigans. Pero lo encuentro tan tapado como siempre. Quizás la cruz roja pintada en una piedra tiene un efecto disuasivo. Si algún lector ha subido el camino de Galigans, le invito a enviarme un comentario.

Haciendo caso omiso de las quejas de mi mujer, dejo el camino señalizado para subir a Galigans. No me apetecía para nada hacer la subida final de casi 300 metros de desnivel por un camino de arrastre de troncos hasta el refugio, que es la ruta oficial. Y además, yo también tengo agendas ocultas y es que esta vez sí, quería encontrar la casa de Galigans.

Cuando ya estamos a punto de pasar la cresta para iniciar el largo flanqueo a la casa de Font del Faig, dejo aparcados a mis acompañantes bajo una sombra y, GPS en la mano, voy a buscar la casa. Esta vez no se me escapará. No tardo en encontrarla, cerca del camino pero totalmente perdida en la vegetación. Cuatro paredes formando un cuadrado y una columna central – una casa moderna me dirá después Pep, siglo XVIII o XIX.

Lo que queda de la casa de Galigans

Regreso, saco a mis acompañantes de su aparcamiento, pasamos la cresta e iniciamos el camino, tan entrañable como siempre, hacia la Font del Faig. Esta vez entramos en el refugio para tomar una cerveza. Allí nos atienden Toni y su pareja Mireia. Toni es hijo del primer guarda del refugio cuando se inauguró en 1961. Se inicia una conversación, con unas opiniones bastante contundentes sobre las actividades en la montaña y las carreras en particular. Dicen que el desastroso UltraTrail dels Cavalls del Vent de 2012, con un frío y lluvia inusual por la época que provocó el abandono masivo de corredores y, lamentablemente, la muerte de una corredora por agotamiento e hipotermia, no fue más desastroso gracias a la coordinación entre los refugios a cada lado del Moixeró.

Los guardas del refugio de Sant Jordi

Aquí le interrumpe Tewy, mi mujer: “Hice els Cavalls del Vent en 2006 con unos amigos. Pasamos la noche aquí cuando no estaba tan arreglado”. (Ahora hay aseos y duchas). “Pues yo estaba aquí entonces”, dice Toni. “Sí, ya me acuerdo”, contesta Tewy. “Un cascarrabias”. Se hace un silencio glacial. Debe ser la cerveza, pienso, que ha hecho que mi mujer, normalmente tan diplomática, se salte los filtros. Pero Toni sonríe de oreja a oreja; al estar al descubierto, está libre para ser tal como  es. Les explico mi blog y posan encantados para la foto. Recomiendo entrar, aunque sólo sea para tomar un café, y entablar conversación.

Mary y Tewy se preparan para iniciar el camino de regreso

Mary tiene una aplicación en su móvil que le predice el tiempo. Según la aplicación, en Bagà se pondrá a llover con rayos y truenos a las 3:30 horas. Saco la cabeza por la puerta; no hay nubes peligrosas, pero es hora de ponernos en marcha. El guarda también sale: “No lloverá aquí”, dice, y ponemos rumbo hacia la casa de Escriu por el camino señalizado. Pero a las 3:30 en punto, sale una nube desde detrás de la montaña y empieza a cubrir todo el cielo detrás nuestro y no tardan en escucharse los truenos. Normalmente, este camino, amplio y limpio, es una delicia, bajando de forma sinuosa por un bosque de hayas. Pero con los truenos acercándose, para nada quiero cruzar el río abajo con lluvia torrencial y paso toda la bajada con un ojo puesto en el cielo.

En el camino hacia Escriu

Llegamos a la pista de la casa de Escriu pero decido no tentar la suerte visitando la casa y giro a la derecha para ir directamente al río. Caen gotas y los truenos están cada vez más cerca. El paisaje es encantador, con un verdor excepcional para la época pero la meteorología desaconseja extasiarse. Aprieto el ritmo pero es inútil; las mujeres tienen un ritmo propio inalterable y cada 100 metros tengo que parar y esperarlas. Las gotas caen con más intensidad; apago la electrónica y la guardo en la mochila.

Entrando en el hayedo encima de Escriu

Y en el camino hacia el río

Pero al llegar al desfiladero de los Empedrats, las gotas dejan de caer y las nubes se apartan, dirigiéndose hacia el sur a cada lado de nuestro valle. Cruzamos sobre las piedras sin problemas y 15 minutos después, estamos en la Escola de Natura. Veo que el pajar de la casa de Hostalets ha sido convertido en una casa rústica/cafetería muy cuca y en la terraza fuera hay una familia tomando la merienda.

Esa noche, el hombre del tiempo dijo que cayeron 11 litros en Prat d’Aguiló, a unos 6 kilómetros de donde estábamos. Hemos tenido suerte.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 13,0 km; 615 metros de desnivel acumulado.

5/9/2012 – El camí ral de Berga a Bagà (1ª parte)

Vacaciones y mal tiempo en este agosto excepcionalmente lluvioso nos han impedido salir. Para hoy, también se había pronosticado lluvia y Pep se inclina por un sitio que esté cerca de casa y, concretamente, determinar una vez por todas el trazado del camí ral del Berga a Bagà entre la carretera de Malanyeu y el túnel de Guardiola.

Hay un tramo corto del camí ral que sube desde el restaurant Estany Clar hasta la antigua carretera de Cercs que forma parte de la Xarxa Lenta y también entre Guardiola y Bagà pero el resto ha quedado en el anonimato. Carreteras y tendidos de líneas de alta y media tensión por el valle del Llobregat se han encargado de borrar su trazado.

La casa del Far y un antiguo cargador, en la carretera de Bagà

Dejamos el coche cerca de la casa del Far, debajo de un antiguo cargador de carbón. Aquí el camí ral pasa un poco al este de la carretera actual, con un trazado bastante marcado, hasta entrar en las pistas para las torres de alta tensión. Por deducción e intuición, seguimos la pista abierta sobre el antiguo camino hasta una curva. El camino continuaría hacia el norte pero está totalmente perdido por los movimientos de tierras.

Uno de los tramos mejor conservados del camí ral

Una llamada pidiendo una traducción corta pero urgente me obliga a volver. Ya es la segunda vez que pasa esto este verano. Entrego mapas y GPS para que puedan continuar pero después de dejarme en Berga, Pep y Carles deciden volver a casa.

Más tarde, Pep me explica que tuvo un repentino dolor lumbar que le aconsejaba reposar. Y por la noche, una conferencia muy interesante en el Casal d’Europa sobre la Guerra de Sucesión en general y en Cataluña Central en particular.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 4,1 km; 100 metros de desnivel acumulado.

jueves, 28 de agosto de 2014

8/8/2014 – Entre Gòsol y Sorribes

Han pasado varias semanas sin poder salir: mal tiempo y un viaje a Inglaterra. Pero el mundo de los humanos ha seguido girando: el Honorable President Pujol dejó de ser Honorable, el President Mas fue a Madrid para mostrar al Presidente Rajoy una hoja con 23 puntos, incluyendo la famosa Consulta del 9N, mientras Oriente Medio se va hundiendo cada vez más en el caos.

Volvemos a Gòsol, esta vez para seguir el camino antiguo de Sorribes. Pero aquí surge el primer problema – el GPS de Carles no quiere buscar satélites y pasamos varias horas medio ciegos, obligando a Carles a hacer complicadas extrapolaciones desde mi GPS, que evidentemente, no pierde nunca la señal.

 
Vista de los prados de Gòsol, con el Coll de Mola al fondo

Con su GPS en huelga, Carles intenta navegar a partir de una foto de un mapa en su móvil, 
pero el invento no acaba de funcionar bien

Vamos por la pista de Fontanelles, que bordea el Serrat del Puig. Llega un momento que parece que el camino antiguo deja la pista para continuar un poco más abajo. Pero ha habido serios problemas de erosión y caminamos medio kilómetro por un camino perdedor hasta volver a encontrarlo bien marcado. Rodeamos el Puig hasta tener el vecindario de Sorribes a la vista. En el Torrent de les Agolies, damos la vuelta.


Las casas de Sorribes con Pedraforca al fondo

El camino de Sorribes marcado por viejos robles, una prueba más de mi teoría de los árboles viejos, 
falsamente atribuida a Carles por Pep

Mientras tanto, el GPS de Carles se ha acordado de que tiene que buscar satélites y nos sentamos en un prado para planificar los próximos pasos. Tanto en el mapa de la Minuta como en el mapa excursionista de 1922, aunque en posiciones ligeramente distintas, se marca una estructura al otro lado del Aigua de Valls, debajo de la casa de Serres. La sitúo en el mapa de papel y nos ponemos en marcha. En el camino hacia Sorribes, habíamos visto algún camino que bajaba pero al buscarlos, todos se desvanecen en hundimientos de tierra, dejando sólo alguna curva sospechosa. “¿La riada de 1982?”, especulamos.

Llegamos abajo al torrente, donde hay prados llenos de flores. Vemos una caseta, que en su interior todavía tiene el transformador con el que se hacía electricidad para Sorribes. Fuera, una muela de molina de aspecto medieval, pero ningún molino. Flanqueamos hacia el este por los prados, surcados por pequeños canales de riego, para cruzar el río por el puente de la pista desde Sorribes, desviándonos únicamente para subir un tramo del antiguo camino de Sorribes a Moripol y luego para inspeccionar otra rueda de molino, más moderna, apoyada contra un árbol al lado del río.

La caseta del transformador con la rueda de molino fuera. La carpeta azul contiene mis mapas; aún no los había perdido


Y el interior de la caseta, con el transformador todavía montado

Cruzamos el río por el puente y al otro lado almorzamos. Ahora toca buscar la estructura. Hacemos un flanqueo muy incómodo, por pendientes empinados. 

La pista de Sorribes a Moripol con el puente

Encontramos el edificio, una casa del siglo XIX, dice Pep, y luego subimos por feas pistas de desembosque hasta la casa de Serres. Hay que buscar el camino de vuelta a Gòsol pero en el GPS de Carles, todo está muy confuso. Necesitamos más referencias. “Dame tus mapas”, me dice Pep. “Por supuesto”, contesto alegremente y abro la mochila para sacarlos, pero ¡horror!, no están. ¡Quince años de trabajo perdidos! Se hace una reconstrucción detallada de todo lo que ha pasado desde que nos paramos para comer. Como hipótesis más plausible, decidimos que los dejé en las ruinas de la casa abajo y cruzamos los dedos, porque para nada quiero repetir ese asqueroso flanqueo. Carles y yo bajamos mientras Pep nos espera. Por suerte, los encontramos en la casa. Los había dejado en el suelo mientras me ataba los zapatos.

Cuando llegamos arriba otra vez, Pep está hablando con el dueño de la rectoría de la ermita de Santa Margarida. Nos recomienda que busquemos la fábrica de mantas, cerca del molino de Gòsol. Nos marchamos de la casa de Serres por una pista, que dejamos por un camino, que resulta ser de vacas, volvemos a la pista y entramos en el bosque. Carles nos habla de un camino de 1922 pero no se ve por ninguna parte; solo una cuesta de fuerte pendiente que nos empuja hacia abajo. Llegamos al Torrent del Salí y lo cruzamos. Desde allí, arranca un camino de vacas que cruza una cresta, desde el cual marcha otro camino más convincente que va bordeando los prados en las riberas del Aigua de Valls.

Caminando por los prados; quizás la parte más relajante de la salida de hoy

Ahora que hemos salido del bosque, todo vuelve a ser bucólico: las flores, las mariposas, los pájaros. Lo malo es que también hace bastante calor y estoy acabando mi agua.  Llegamos otra vez a la pista de la última salida que va a Moripol por el Col de Gòsol, pasamos por el molino/albergue e iniciamos la subida hacia Gòsol.

Pep y Carles se desvían para buscar la fábrica de mantas y les sigo un rato. Pero lo que realmente quiero es beber agua muy fresca. Me viene a la mente el anuncio de mi supuesto compatriota y experto en tés. “Necesito un Hornimans Fresh”, pienso y dejo plantados a los otros dos. Y ya no paro hasta llegar a la fuente al lado del Hostal Franciscó.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 12,3 km; 500 metros de desnivel acumulado.

lunes, 25 de agosto de 2014

18/7/2014 – El camino de Moripol

Si yo fuera Neymar Jr., probablemente aún tendría dos o tres semanas más de baja, recibiendo tratamientos carísimos para volver a estar al 100%. Pero no soy Neymar sino un simple ciudadano y me declaro apto para andar, con las debidas precauciones. “No te preocupes”, me aseguró Pep por teléfono la noche anterior, “serán todos caminos despejados y pistas”.

Para esta salida, Pep quería seguir el trazado del antiguo camino de Gòsol a Moripol, marcado en el mapa de la Minuta y ahora parte de la Xarxa Lenta. También había otros puntos de interés, algunos marcados en un mapa del Cadí de 1922 que Carles había encontrado en Internet.

Aparcamos fuera del Hostal Franciscó y bajamos hacia el sur por una pista amplia. Hace un día espléndido. Nos desviamos del camino de la Minuta para pasar por el Molino de Gòsol, ahora convertido en albergue, con un edificio al lado con una turbina que aprovechaba el agua para hacer electricidad. Aumenta el calor.

El albergue en el antiguo molino; observad la antigua rueda de molino reconvertida en mesa

Y detrás, el viejo edificio con la turbina

Volvemos a recuperar el camino de Moripol en el Riu de Torrentsenta y subimos hacia el Serrat dels Corners. Aquí Pep se desvía de la pista y nos lleva campo a traviesa hasta la cima del pequeño Serrat en busca de un poblado medieval del que tiene noticias. Allí no está pero Carles tiene cerca en su GPS el Molino de Sal, que estaba al lado de una mina, indicados en su mapa de 1922. Bajamos hacia los campos como podemos y allí, en un pliegue del terreno, hay los restos de un edificio rectangular y detrás, una surgencia de agua donde no crece vegetación y una serie de grandes depresiones en el terreno, llamadas ‘bòfies’ en catalán. Como un auténtico científico, Pep prueba el agua: muy salada. Carles no quiere ser menos científico y también la prueba: muy salada. “Pruébala tú, Steve”, me invitan. Pero me niego. Mirando los prados a mi alrededor, tengo serias dudas de que sólo haya agua allí.

Agua que mata

Subimos la cuesta hacia el sur. No hay camino pero sí hay rovellones, fruto de las cuantiosas lluvias, y Carles saca la bolsa. 

Botín micológico; pero a pesar de la lluvia, todavía hace demasiado calor y la mayoría de las setas estaban podridas por dentro

Tras una hora y medio cruzando campo abierto, mi tobillo empieza a quejarse pero por fin salimos en la pista que viene de Torrentsenta hacia el Coll de Gòsol. Allí cerca, hay un corral que anotamos y luego continuamos por la pista otro kilómetro y medio más hasta desviarnos a la Borda del Nin Xic, un corral y una cabaña en un amplio prado con chopos y fresnos. Invita tanto a quedarse que nos quedamos. Siguen 40 minutos de conversación plácida mientras comemos, contemplando el verdor del paisaje desde la sombra de los árboles, con la cara sur de Pedraforca como telón de fondo.

La Borda del Nen Xic

Llegamos a un cruce de pistas, donde recuperamos otra vez el camino de Moripol y las marcas de la Xarxa Lenta. Un rótulo anuncia un plan de mejora del bosque. Aquí hay signos inequívocos de una tala importante que ha clareado el bosque, aumentando su biodiversidad pero destrozando el camino de Moripol, que aquí dejó la pista para subir la cuesta hacia el Coll de Gòsol. Entre las ramas, los restos de troncos y la tierra revuelta, sólo queda algún indicio de una curva. Vemos alguna pintada amarilla de la Xarxa Lenta pero parece que finalmente se optó por la prudencia y se hizo pasar la ruta por la pista. Suerte de las fresas silvestres.

Dejamos la cuesta un poco antes de llegar al Coll de Gòsol y volvemos a bajar al cruce de pistas. Seguimos bajando hacia Gòsol, desviándonos nuevamente para subir por el bosque hacia una nueva borda, la Borda d’en Xisquer – un corral, las ruinas de una cabaña y un prado llano pero sin el encanto de la Borda del Nen Xic.

Seguimos bajando hasta llegar nuevamente al cruce en el Serrat dels Corners donde Pep dejó la pista para buscar sin éxito el poblado medieval, incumpliendo su promesa de la noche anterior. Ahora miramos un pequeño bosque al lado de la pista pero en la dirección contraria y allí se ve un dibujo familiar de piedras dispuestas en imprecisas formas circulares y rectangulares. Mientras Pep y Carles siguen explorando, yo me siento en una piedra fuera del bosque, contemplando las mariposas y la vista.

Pep siempre dice en momentos como éstos que estoy desconectado. Con eso, quiere decir que dejo de mostrar interés por las cosas que él encuentra tan interesantes. Pero en este universo todo tiende al equilibrio y si uno se desconecta de una cosa, es para conectarse a otra y de eso se podría hablar mucho … pero en otro momento.

En el camino antiguo cerca del camping, mirando hacia el sur

Ahora sólo queda bajar por donde hemos subido hasta el Riu de Torrentsenta, cruzar el río y subir por el camino antiguo, que bordea un prado lleno de jóvenes de campamento, pasa por un pequeño desfiladero en la roca y luego entra en Gòsol por el camping Cadí Vacances.

Otra vista del pueblo medieval de Gòsol

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 10,7 km; 385 metros de desnivel acumulado.