Aquí relato nuestras salidas por los caminos del Berguedà y comarcas vecinas. Como lo pasamos muy bien, queremos comunicar sobre todo buen humor y alegría pero también tiene un fondo muy serio: el camino como bien patrimonial, pieza esencial para entender la historia y digno de conservación. Es nuestra misión desde hace más de 15 años.



lunes, 22 de septiembre de 2014

11/9/2014 – La Diada

Hoy es la Diada de Cataluña. Hace 300 años, tal día como hoy, Barcelona capituló ante las tropas borbónicas y Cataluña dejó de existir como nación. Mientras estábamos en los Empedrats, había quedado con Josep Mª para bajar yo y Tewy con él a Barcelona a hacer la famosa “V”. “Trae una chaqueta”, me advierte. “Pasarás frío en el coche”. Y no es broma.

Llegamos a Barcelona, donde pasamos de los 15ºC en el coche a 28ºC en la calle. Después de aparcar el coche, vamos hacia el barrio de Gracia. Constatamos el colapso del sector de la restauración ante la invasión de camisetas amarillas y rojas.

Después de almorzar, vamos andando hacia nuestro tramo, el 53, el de los berguedanos. Ahora las calles son un ir y venir constante de gente, cada uno yendo a la zona asignada. En una hora la Gran Vía y el Diagonal se llenan y se forma la bandera. En los cruces, hay grupos musicales, castellers. Y así estamos media hora de pie, en fila, conversando entre nosotros. La Guardia Urbana calculó que hubo unos 1,8 millones de personas.

Volviendo a casa después en el coche, los comentaristas en la radio destacan que este tipo de acto no tiene ningún paralelo en Europa y que dice mucho de los catalanes como pueblo.

Yo destacaría tres cosas:
1) Lo original y ambicioso de la idea de formar una “V” en las dos arterias principales de la ciudad.
2) La capacidad de la organización – una organización puramente ciudadana – de planificarlo e ilusionar a un número importante de voluntarios para hacerse cargo de la coordinación en la calle.
3) Y el hecho de que 1,8 millones de personas pensaran que valía la pena recorrer la distancia – poca o mucha – hasta Barcelona, ponerse una camiseta amarilla o roja, ir a un segmento concreto de una calle y estar allí quietas de pie, durante al menos media hora.

Actuación de los Brams, un grupo de Berga, en nuestro tramo una vez finalizada la concentración

7/9/2014 – Els Empedrats y el camino de Escriu

Hacía tiempo que quería volver a los Empedrats y por fin tuve la excusa perfecta. Una amiga, Mary, pronto viajará a Inglaterra y, como tantos berguedanos, nunca ha ido a los Empedrats. “No puedes marcharte sin hacer los Empedrats”, digo y enrolo a Josep Mª y mi mujer para acompañarnos.

La entrada del camino dels Empedrats

Aparcamos el coche en el pequeño parking al lado de la Escola de Natura de La Salle, antiguamente Cal Cerdanyola pero totalmente reconstruida. Con tanta lluvia en agosto, todo es muy frondoso. Temía que nos pudiera pasar como cuándo lo subí en la primavera de 2011 cuando Josep Mª y yo tuvimos serios problemas para pasar por las piedras en el torrente, pero una cosa es la lluvia torrencial y otra cosa muy distinta es el deshielo. En el Bullidor de la Llet, salía agua de la base de la roca pero no de los agujeros en la pared y no hubo problemas para pasar sobre las piedras.

 El Bullidor de la Llet en horas bajas

Cruzando el río

Al ser Els Empedrats y el Cap de la Boixassa la entrada más visitada, tenía curiosidad por ver si alguien más había subido por el valle de Galigans. Pero lo encuentro tan tapado como siempre. Quizás la cruz roja pintada en una piedra tiene un efecto disuasivo. Si algún lector ha subido el camino de Galigans, le invito a enviarme un comentario.

Haciendo caso omiso de las quejas de mi mujer, dejo el camino señalizado para subir a Galigans. No me apetecía para nada hacer la subida final de casi 300 metros de desnivel por un camino de arrastre de troncos hasta el refugio, que es la ruta oficial. Y además, yo también tengo agendas ocultas y es que esta vez sí, quería encontrar la casa de Galigans.

Cuando ya estamos a punto de pasar la cresta para iniciar el largo flanqueo a la casa de Font del Faig, dejo aparcados a mis acompañantes bajo una sombra y, GPS en la mano, voy a buscar la casa. Esta vez no se me escapará. No tardo en encontrarla, cerca del camino pero totalmente perdida en la vegetación. Cuatro paredes formando un cuadrado y una columna central – una casa moderna me dirá después Pep, siglo XVIII o XIX.

Lo que queda de la casa de Galigans

Regreso, saco a mis acompañantes de su aparcamiento, pasamos la cresta e iniciamos el camino, tan entrañable como siempre, hacia la Font del Faig. Esta vez entramos en el refugio para tomar una cerveza. Allí nos atienden Toni y su pareja Mireia. Toni es hijo del primer guarda del refugio cuando se inauguró en 1961. Se inicia una conversación, con unas opiniones bastante contundentes sobre las actividades en la montaña y las carreras en particular. Dicen que el desastroso UltraTrail dels Cavalls del Vent de 2012, con un frío y lluvia inusual por la época que provocó el abandono masivo de corredores y, lamentablemente, la muerte de una corredora por agotamiento e hipotermia, no fue más desastroso gracias a la coordinación entre los refugios a cada lado del Moixeró.

Los guardas del refugio de Sant Jordi

Aquí le interrumpe Tewy, mi mujer: “Hice els Cavalls del Vent en 2006 con unos amigos. Pasamos la noche aquí cuando no estaba tan arreglado”. (Ahora hay aseos y duchas). “Pues yo estaba aquí entonces”, dice Toni. “Sí, ya me acuerdo”, contesta Tewy. “Un cascarrabias”. Se hace un silencio glacial. Debe ser la cerveza, pienso, que ha hecho que mi mujer, normalmente tan diplomática, se salte los filtros. Pero Toni sonríe de oreja a oreja; al estar al descubierto, está libre para ser tal como  es. Les explico mi blog y posan encantados para la foto. Recomiendo entrar, aunque sólo sea para tomar un café, y entablar conversación.

Mary y Tewy se preparan para iniciar el camino de regreso

Mary tiene una aplicación en su móvil que le predice el tiempo. Según la aplicación, en Bagà se pondrá a llover con rayos y truenos a las 3:30 horas. Saco la cabeza por la puerta; no hay nubes peligrosas, pero es hora de ponernos en marcha. El guarda también sale: “No lloverá aquí”, dice, y ponemos rumbo hacia la casa de Escriu por el camino señalizado. Pero a las 3:30 en punto, sale una nube desde detrás de la montaña y empieza a cubrir todo el cielo detrás nuestro y no tardan en escucharse los truenos. Normalmente, este camino, amplio y limpio, es una delicia, bajando de forma sinuosa por un bosque de hayas. Pero con los truenos acercándose, para nada quiero cruzar el río abajo con lluvia torrencial y paso toda la bajada con un ojo puesto en el cielo.

En el camino hacia Escriu

Llegamos a la pista de la casa de Escriu pero decido no tentar la suerte visitando la casa y giro a la derecha para ir directamente al río. Caen gotas y los truenos están cada vez más cerca. El paisaje es encantador, con un verdor excepcional para la época pero la meteorología desaconseja extasiarse. Aprieto el ritmo pero es inútil; las mujeres tienen un ritmo propio inalterable y cada 100 metros tengo que parar y esperarlas. Las gotas caen con más intensidad; apago la electrónica y la guardo en la mochila.

Entrando en el hayedo encima de Escriu

Y en el camino hacia el río

Pero al llegar al desfiladero de los Empedrats, las gotas dejan de caer y las nubes se apartan, dirigiéndose hacia el sur a cada lado de nuestro valle. Cruzamos sobre las piedras sin problemas y 15 minutos después, estamos en la Escola de Natura. Veo que el pajar de la casa de Hostalets ha sido convertido en una casa rústica/cafetería muy cuca y en la terraza fuera hay una familia tomando la merienda.

Esa noche, el hombre del tiempo dijo que cayeron 11 litros en Prat d’Aguiló, a unos 6 kilómetros de donde estábamos. Hemos tenido suerte.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 13,0 km; 615 metros de desnivel acumulado.

5/9/2012 – El camí ral de Berga a Bagà (1ª parte)

Vacaciones y mal tiempo en este agosto excepcionalmente lluvioso nos han impedido salir. Para hoy, también se había pronosticado lluvia y Pep se inclina por un sitio que esté cerca de casa y, concretamente, determinar una vez por todas el trazado del camí ral del Berga a Bagà entre la carretera de Malanyeu y el túnel de Guardiola.

Hay un tramo corto del camí ral que sube desde el restaurant Estany Clar hasta la antigua carretera de Cercs que forma parte de la Xarxa Lenta y también entre Guardiola y Bagà pero el resto ha quedado en el anonimato. Carreteras y tendidos de líneas de alta y media tensión por el valle del Llobregat se han encargado de borrar su trazado.

La casa del Far y un antiguo cargador, en la carretera de Bagà

Dejamos el coche cerca de la casa del Far, debajo de un antiguo cargador de carbón. Aquí el camí ral pasa un poco al este de la carretera actual, con un trazado bastante marcado, hasta entrar en las pistas para las torres de alta tensión. Por deducción e intuición, seguimos la pista abierta sobre el antiguo camino hasta una curva. El camino continuaría hacia el norte pero está totalmente perdido por los movimientos de tierras.

Uno de los tramos mejor conservados del camí ral

Una llamada pidiendo una traducción corta pero urgente me obliga a volver. Ya es la segunda vez que pasa esto este verano. Entrego mapas y GPS para que puedan continuar pero después de dejarme en Berga, Pep y Carles deciden volver a casa.

Más tarde, Pep me explica que tuvo un repentino dolor lumbar que le aconsejaba reposar. Y por la noche, una conferencia muy interesante en el Casal d’Europa sobre la Guerra de Sucesión en general y en Cataluña Central en particular.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 4,1 km; 100 metros de desnivel acumulado.

jueves, 28 de agosto de 2014

8/8/2014 – Entre Gòsol y Sorribes

Han pasado varias semanas sin poder salir: mal tiempo y un viaje a Inglaterra. Pero el mundo de los humanos ha seguido girando: el Honorable President Pujol dejó de ser Honorable, el President Mas fue a Madrid para mostrar al Presidente Rajoy una hoja con 23 puntos, incluyendo la famosa Consulta del 9N, mientras Oriente Medio se va hundiendo cada vez más en el caos.

Volvemos a Gòsol, esta vez para seguir el camino antiguo de Sorribes. Pero aquí surge el primer problema – el GPS de Carles no quiere buscar satélites y pasamos varias horas medio ciegos, obligando a Carles a hacer complicadas extrapolaciones desde mi GPS, que evidentemente, no pierde nunca la señal.

 
Vista de los prados de Gòsol, con el Coll de Mola al fondo

Con su GPS en huelga, Carles intenta navegar a partir de una foto de un mapa en su móvil, 
pero el invento no acaba de funcionar bien

Vamos por la pista de Fontanelles, que bordea el Serrat del Puig. Llega un momento que parece que el camino antiguo deja la pista para continuar un poco más abajo. Pero ha habido serios problemas de erosión y caminamos medio kilómetro por un camino perdedor hasta volver a encontrarlo bien marcado. Rodeamos el Puig hasta tener el vecindario de Sorribes a la vista. En el Torrent de les Agolies, damos la vuelta.


Las casas de Sorribes con Pedraforca al fondo

El camino de Sorribes marcado por viejos robles, una prueba más de mi teoría de los árboles viejos, 
falsamente atribuida a Carles por Pep

Mientras tanto, el GPS de Carles se ha acordado de que tiene que buscar satélites y nos sentamos en un prado para planificar los próximos pasos. Tanto en el mapa de la Minuta como en el mapa excursionista de 1922, aunque en posiciones ligeramente distintas, se marca una estructura al otro lado del Aigua de Valls, debajo de la casa de Serres. La sitúo en el mapa de papel y nos ponemos en marcha. En el camino hacia Sorribes, habíamos visto algún camino que bajaba pero al buscarlos, todos se desvanecen en hundimientos de tierra, dejando sólo alguna curva sospechosa. “¿La riada de 1982?”, especulamos.

Llegamos abajo al torrente, donde hay prados llenos de flores. Vemos una caseta, que en su interior todavía tiene el transformador con el que se hacía electricidad para Sorribes. Fuera, una muela de molina de aspecto medieval, pero ningún molino. Flanqueamos hacia el este por los prados, surcados por pequeños canales de riego, para cruzar el río por el puente de la pista desde Sorribes, desviándonos únicamente para subir un tramo del antiguo camino de Sorribes a Moripol y luego para inspeccionar otra rueda de molino, más moderna, apoyada contra un árbol al lado del río.

La caseta del transformador con la rueda de molino fuera. La carpeta azul contiene mis mapas; aún no los había perdido


Y el interior de la caseta, con el transformador todavía montado

Cruzamos el río por el puente y al otro lado almorzamos. Ahora toca buscar la estructura. Hacemos un flanqueo muy incómodo, por pendientes empinados. 

La pista de Sorribes a Moripol con el puente

Encontramos el edificio, una casa del siglo XIX, dice Pep, y luego subimos por feas pistas de desembosque hasta la casa de Serres. Hay que buscar el camino de vuelta a Gòsol pero en el GPS de Carles, todo está muy confuso. Necesitamos más referencias. “Dame tus mapas”, me dice Pep. “Por supuesto”, contesto alegremente y abro la mochila para sacarlos, pero ¡horror!, no están. ¡Quince años de trabajo perdidos! Se hace una reconstrucción detallada de todo lo que ha pasado desde que nos paramos para comer. Como hipótesis más plausible, decidimos que los dejé en las ruinas de la casa abajo y cruzamos los dedos, porque para nada quiero repetir ese asqueroso flanqueo. Carles y yo bajamos mientras Pep nos espera. Por suerte, los encontramos en la casa. Los había dejado en el suelo mientras me ataba los zapatos.

Cuando llegamos arriba otra vez, Pep está hablando con el dueño de la rectoría de la ermita de Santa Margarida. Nos recomienda que busquemos la fábrica de mantas, cerca del molino de Gòsol. Nos marchamos de la casa de Serres por una pista, que dejamos por un camino, que resulta ser de vacas, volvemos a la pista y entramos en el bosque. Carles nos habla de un camino de 1922 pero no se ve por ninguna parte; solo una cuesta de fuerte pendiente que nos empuja hacia abajo. Llegamos al Torrent del Salí y lo cruzamos. Desde allí, arranca un camino de vacas que cruza una cresta, desde el cual marcha otro camino más convincente que va bordeando los prados en las riberas del Aigua de Valls.

Caminando por los prados; quizás la parte más relajante de la salida de hoy

Ahora que hemos salido del bosque, todo vuelve a ser bucólico: las flores, las mariposas, los pájaros. Lo malo es que también hace bastante calor y estoy acabando mi agua.  Llegamos otra vez a la pista de la última salida que va a Moripol por el Col de Gòsol, pasamos por el molino/albergue e iniciamos la subida hacia Gòsol.

Pep y Carles se desvían para buscar la fábrica de mantas y les sigo un rato. Pero lo que realmente quiero es beber agua muy fresca. Me viene a la mente el anuncio de mi supuesto compatriota y experto en tés. “Necesito un Hornimans Fresh”, pienso y dejo plantados a los otros dos. Y ya no paro hasta llegar a la fuente al lado del Hostal Franciscó.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 12,3 km; 500 metros de desnivel acumulado.

lunes, 25 de agosto de 2014

18/7/2014 – El camino de Moripol

Si yo fuera Neymar Jr., probablemente aún tendría dos o tres semanas más de baja, recibiendo tratamientos carísimos para volver a estar al 100%. Pero no soy Neymar sino un simple ciudadano y me declaro apto para andar, con las debidas precauciones. “No te preocupes”, me aseguró Pep por teléfono la noche anterior, “serán todos caminos despejados y pistas”.

Para esta salida, Pep quería seguir el trazado del antiguo camino de Gòsol a Moripol, marcado en el mapa de la Minuta y ahora parte de la Xarxa Lenta. También había otros puntos de interés, algunos marcados en un mapa del Cadí de 1922 que Carles había encontrado en Internet.

Aparcamos fuera del Hostal Franciscó y bajamos hacia el sur por una pista amplia. Hace un día espléndido. Nos desviamos del camino de la Minuta para pasar por el Molino de Gòsol, ahora convertido en albergue, con un edificio al lado con una turbina que aprovechaba el agua para hacer electricidad. Aumenta el calor.

El albergue en el antiguo molino; observad la antigua rueda de molino reconvertida en mesa

Y detrás, el viejo edificio con la turbina

Volvemos a recuperar el camino de Moripol en el Riu de Torrentsenta y subimos hacia el Serrat dels Corners. Aquí Pep se desvía de la pista y nos lleva campo a traviesa hasta la cima del pequeño Serrat en busca de un poblado medieval del que tiene noticias. Allí no está pero Carles tiene cerca en su GPS el Molino de Sal, que estaba al lado de una mina, indicados en su mapa de 1922. Bajamos hacia los campos como podemos y allí, en un pliegue del terreno, hay los restos de un edificio rectangular y detrás, una surgencia de agua donde no crece vegetación y una serie de grandes depresiones en el terreno, llamadas ‘bòfies’ en catalán. Como un auténtico científico, Pep prueba el agua: muy salada. Carles no quiere ser menos científico y también la prueba: muy salada. “Pruébala tú, Steve”, me invitan. Pero me niego. Mirando los prados a mi alrededor, tengo serias dudas de que sólo haya agua allí.

Agua que mata

Subimos la cuesta hacia el sur. No hay camino pero sí hay rovellones, fruto de las cuantiosas lluvias, y Carles saca la bolsa. 

Botín micológico; pero a pesar de la lluvia, todavía hace demasiado calor y la mayoría de las setas estaban podridas por dentro

Tras una hora y medio cruzando campo abierto, mi tobillo empieza a quejarse pero por fin salimos en la pista que viene de Torrentsenta hacia el Coll de Gòsol. Allí cerca, hay un corral que anotamos y luego continuamos por la pista otro kilómetro y medio más hasta desviarnos a la Borda del Nin Xic, un corral y una cabaña en un amplio prado con chopos y fresnos. Invita tanto a quedarse que nos quedamos. Siguen 40 minutos de conversación plácida mientras comemos, contemplando el verdor del paisaje desde la sombra de los árboles, con la cara sur de Pedraforca como telón de fondo.

La Borda del Nen Xic

Llegamos a un cruce de pistas, donde recuperamos otra vez el camino de Moripol y las marcas de la Xarxa Lenta. Un rótulo anuncia un plan de mejora del bosque. Aquí hay signos inequívocos de una tala importante que ha clareado el bosque, aumentando su biodiversidad pero destrozando el camino de Moripol, que aquí dejó la pista para subir la cuesta hacia el Coll de Gòsol. Entre las ramas, los restos de troncos y la tierra revuelta, sólo queda algún indicio de una curva. Vemos alguna pintada amarilla de la Xarxa Lenta pero parece que finalmente se optó por la prudencia y se hizo pasar la ruta por la pista. Suerte de las fresas silvestres.

Dejamos la cuesta un poco antes de llegar al Coll de Gòsol y volvemos a bajar al cruce de pistas. Seguimos bajando hacia Gòsol, desviándonos nuevamente para subir por el bosque hacia una nueva borda, la Borda d’en Xisquer – un corral, las ruinas de una cabaña y un prado llano pero sin el encanto de la Borda del Nen Xic.

Seguimos bajando hasta llegar nuevamente al cruce en el Serrat dels Corners donde Pep dejó la pista para buscar sin éxito el poblado medieval, incumpliendo su promesa de la noche anterior. Ahora miramos un pequeño bosque al lado de la pista pero en la dirección contraria y allí se ve un dibujo familiar de piedras dispuestas en imprecisas formas circulares y rectangulares. Mientras Pep y Carles siguen explorando, yo me siento en una piedra fuera del bosque, contemplando las mariposas y la vista.

Pep siempre dice en momentos como éstos que estoy desconectado. Con eso, quiere decir que dejo de mostrar interés por las cosas que él encuentra tan interesantes. Pero en este universo todo tiende al equilibrio y si uno se desconecta de una cosa, es para conectarse a otra y de eso se podría hablar mucho … pero en otro momento.

En el camino antiguo cerca del camping, mirando hacia el sur

Ahora sólo queda bajar por donde hemos subido hasta el Riu de Torrentsenta, cruzar el río y subir por el camino antiguo, que bordea un prado lleno de jóvenes de campamento, pasa por un pequeño desfiladero en la roca y luego entra en Gòsol por el camping Cadí Vacances.

Otra vista del pueblo medieval de Gòsol

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 10,7 km; 385 metros de desnivel acumulado.

jueves, 17 de julio de 2014

11/7/2014 – El camino de Josa

Hoy sí que viene Carles y trae los caminos de la Minuta grabados en su GPS. Hoy le toca al camino de Gósol a Josa, ahora parte del Camí dels Bons Homes, creado para aprovechar la moda de los cátaros.

Aparcamos el coche a las afueras del Gósol, en la carretera que sube hacia del Coll de Josa. Seguimos las marcas del GR (y de manera más efímera, las cintas de la Caminada de Gósol de este domingo) por una pista, que al cabo de un rato se vuelve fangoso al ser utilizado como curso de un torrente.

El camino-torrente desde Gósol

Las marcas del GR marchan hacia la izquierda pero el track de Carles sigue recto, por un camino cada vez más enfangado. De repente, el track marcha hacia la izquierda pero no se ve nada, sólo campos. Seguimos rectos pero, cansándonos de hundirnos los pies en el barro, salimos por otra pista y de paso, recuperamos el track, el GR, y las cintas de la Caminada.

Poco antes de iniciar la subida al Coll de Josa

El camino deja la pista y empieza un camino tradicional entre campos hacia el NW. Hasta ahora, ha sido casi plano pero en el último tramo, sube con fuerte pendiente hasta el Coll de Josa, con un desnivel de 130 metros. Se abren las vistas, abarcando el pueblo de Gósol, sus campos, Pedraforca y la Gallina Pelada.

Vista de Gósol desde el Coll de Josa

En el collado, cruza la carretera y baja primero por una pista naturalizada y luego como camino. Este camino llevaba al menos 15 años en mi lista de caminos por hacer y hoy es el día. En cierto momento, las cintas de la Caminada marchan hacia la derecha. Pensamos que podría ser un camino a Cerneres. En el viaje de vuelta al coche, lo miramos. Enseguida pierde categoría y decidimos que es una bajada por el bosque hecha expresamente para la Caminada.

En el camino hacia Josa, por debajo del Coll de Josa

Pero ahora seguimos un camino muy agradable, siempre cambiante, ahora en el bosque, ahora más despejado. Las vistas van cambiando. Con el Cadí a la derecha, primero aparece el peñasco del Cadinell y luego el pequeño pueblo de Josa sobre un cerro. 

 Cadinell y las cuestas del Cadí

El pueblo de Josa, con la iglesia arriba. Aquí también estaría el castillo

En el siglo XIII, el señor de este pueblo fue simpatizante de los cátaros y les dio cobijo en su huida de la persecución en Occitania. Ya muerto, la Inquisición desenterró sus huesos y los quemó delante de los aldeanos, para dar ejemplo de lo que les pasa a los herejes que se apartan de la verdadera fe.

Canal de Baridana desde el sur. Una de las pocas vías directas para cruzar el Cadí de sur a norte. 
Para la vertiente norte de la canal, ver la salida del 26/8/2011

Cruzamos un torrente seco y caminamos por los campos, antes de iniciar la subida final al pueblo. Mi pie derecho pisa la hierba pero debajo hay un agujero y caigo al suelo con una fuerte torsión en el tobillo. Pep y Carles no se han dado cuenta y siguen caminando. Les llamo y vuelven. Tengo mucho dolor. Ya me veo llamando al helicóptero. Al cabo de un par de minutos, el dolor empieza a disminuir y me pongo de pie con mucho cuidado. Parece que no hay nada roto.

Nos ponemos en marcha otra vez y llegamos al pueblo. Vine aquí hace muchos años (unos 20) y estaba prácticamente abandonado. Pero ahora se ha resuscitado; las casas están arregladas, cada una con una placa de cerámica en la pared con su nombre, hay faroles y las calles están pavimentadas, hay gente e incluso hay un restaurante y un bar. Pep y Carles suben a la iglesia mientras yo descanso a la sombra, sentado en un banco. Pero algo no va bien. Siento unas ligeras náuseas; es el shock. El tobillo duele. Miro mi GPS: 5,6 km y 250 metros de desnivel hasta Gósol. Necesito algo que me dé fuerzas.

Interior del pueblo de Josa

Dicen que los animales, cuando están enfermos, saben instintivamente qué plantas comer para curarse. En ese momento, yo también lo sé. Voy cojeando al bar y en mi mejor catalán, pido un cortado: azúcar y cafeína. Viendo mi cara de sufrimiento reprimido, la señora del bar también me da una galleta. Lo consumo todo. Los efectos no tardan en hacerse notar y ya empiezo a ver el mundo de otro color.

Vuelvo a reunirme con Pep y Carles y con cuidado, bajamos otra vez al torrente seco e iniciamos la subida. Procuro mantener un ritmo constante y sin forzar la posición del tobillo.

Mirando hacia el este. En el fondo, el Collell, puente entre el Cadí y Pedraforca

Comemos en el bosque debajo del Coll de Josa. Pep cuenta cuando, de joven, subió al Cadí con un compañero de trabajo con unas mochilas tan pesadas que llegaron reventados a la Font Tordera. El día siguiente, abandonaron la idea de seguir por el Cadí y en su lugar, bajaron la cara sur del Cadí sin camino hasta Josa, donde un aldeano les dio de comer, y montaron la tienda en el cementerio de la pequeña iglesia de Santa Maria, fuera del pueblo, para dormir. Aquella noche, hubo una fuerte tormenta y esa decisión aparentemente fortuita les ahorró pasarla arriba en el Cadí.

Eso hace que la conversación recupere un tema muy querido por nosotros. “Hemos estado en todas partes”, resume Pep. “De hecho, no creo que nadie conozca mejor el Berguedà que nosotros”. “Pero tú, con tus investigaciones en los archivos, además puedes dar un fondo histórico a todo lo que vemos”, le digo. “Y tú”, me dice Carles, “sabes cosas de los pájaros y las mariposas, y además, lo puedes explicar todo en inglés”. “Pero tú”, replica Pep a Carles, “conoces todos los atractivos turísticos y sabes orientar a la gente”.

Tras estos elogios mutuos, reclinamos satisfechos contra los árboles. ¡Qué bella es la amistad! Descansados, nos ponemos en marcha otra vez. Pasamos el Coll de Josa y bajamos hasta los campos. Con el track de Carles, vemos donde el camino antiguo se perdió, abandonado a favor de la pista. Lo seguimos como podamos hasta entrar en la pista/arroyo de esta mañana. Esta parte de su trazado había quedado prácticamente borrada.

Bajando hacia Gósol

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 11,7 km; 550 metros de desnivel acumulado.

4/7/2014 – El Coll de Mola

Volvemos a ser Pep y yo. Carles está en la playa. Hace tiempo que Pep hablaba de ir a Gósol para seguir los caminos de la Minuta. Es un municipio donde vamos poco, básicamente por lo lejos que queda de Berga.

Parte del antiguo pueblo medieval de Gósol

Ha decidido empezar por el camino de Coll de Mola, ahora parte del GR 150 y antiguo camino a Tuixen. Aparcamos el coche a la entrada del camino, cerca del cementerio de Gósol. Hasta el pequeño monumento llamado la Santeta, es un camino, empedrado en tramos. 

Inicio del camino

Pero a partir de aquí, es lo que llamaría un camino ensanchado y en algún momento se podría haber hecho con vehículo. Pasa por la ermita de Santa Margarida y sube 400 metros de desnivel, cortando las curvas de la pista moderna.

 La Santeta

La Iglesia de Santa Margarida

En el Coll de Mola, tomamos la pista que lleva a la Serra del Verd. Pasamos a la cara oeste, pasando por el lugar llamado Portell de l’Os, encima de las Roques de les Feus, y entramos en un pequeño valle llamado Prat Salvatge. Aquí le espera un regalo a Pep: dos cabañas de pastor y una ‘pleta’ con suficiente espacio para bastantes centenares de ovejas. Todavía estamos en el municipio de Gósol y sería para la gente de Gósol, ya que no hay un buen acceso desde otros puntos.

Oruga de Melitaea didyma (Spotted fritillary)

Pep siempre había sospechado su existencia pero nunca lo había encontrado por la simple razón que nunca había ido por esta pista. Igual que Pablo Picasso, que pasó un verano en Gósol que fue decisivo para su etapa ocre, Pep también ha pasado por muchas etapas antes de llegar a su esplendor actual como investigador histórico. Y en una de estas etapas, recorrió todas las montañas de aquí por las crestas: el Verd, els Cloterons y hasta el Cadí y evidentemente, no encontraba nada que no fueran pinos y rocas.

Seguimos subiendo y salimos al Pla de la Font, pasamos a la cara este y bajamos hasta una pequeña cabaña de pastor, esta vez moderna. Seguimos bajando hasta un prado donde comemos bajo la sombra de un pino con el pueblo de Gósol a nuestros pies y Pedraforca enfrente.

En el Pla de la Font, detrás, Pedraforca con la cima tapada por las nubes

Y aquí, en este entorno privilegiado, Pep me revela su visión del papel del historiador en la sociedad. Conocer nuestro pasado es clave para entender cómo hemos llegado a ser lo que somos hoy. Más allá de un papel como docente en la escuela o universidad, Pep cree que cualquier persona con cargo público debería tener a un historiador como asesor, para evitar que se repitan por enésima vez los errores del pasado y mirar más allá del corto plazo.  Una visión utópica, dirán algunos.

Pero es hora de emprender el camino de vuelta. Bajamos por una fea pista cortada en línea recta por la cresta (¿para subir el ganado más deprisa a los prados?) y entramos en la pista que nos llevará al coche.

Bajando hacia Gósol

Caminando por esta pista, me llega un SMS de mi ex socia. Una traducción corta pero muy urgente. Miro a mi alrededor; me faltan medios. “¿Cuánto nos falta para llegar al coche?”, pregunto a Pep. “Media hora, caminando rapidito”. Llamo a mi ex socia: “Lo podré entregar sobre las 5”. Pep alarga la zancada, acorta el bastón, lo coloca bajo el brazo como un bastón de mando militar y adopta un andar más marcial. De repente, veo que estoy quedando atrás. Troto hasta atraparle otra vez pero en cuanto dejo de correr, me deja atrás. Así que no me queda más remedio que seguir trotando a su lado. Y así durante más de un kilómetro. Creo que fue la parte de la salida que más disfrutó Pep. Lástima que no había nadie para filmarlo.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 13,6 km; 610 metros de desnivel acumulado.

jueves, 10 de julio de 2014

27/6/2014 – El camino de Vilada a La Clusa

Ya ha pasado la Patum, Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, pero hoy Carles tampoco puede venir: demasiado trabajo. Pero tenemos un plan. La noche antes, Pep me recordó la conversación que tuvo hace unos meses con uno de los habitantes de Rossinyol. “El camino de Vilada a Sant Romà de la Clusa no pasa por dónde pensábamos”, me dice.

El camino antiguo desde Vilada pasa por los campos de Espinagalls y desde allí, sube a la Collada de Picamill. A partir de aquí, habíamos pensado que volvía a bajar al Clot, pasando por la Font de l’Avet, y desde allí, subía el fondo del valle hasta llegar a Sant Romà. Pero resulta que había otro camino que pasaba cerca de Rossinyol y evitaba tanta subida y bajada.

Aparcamos el coche en la pista de Sant Romà de la Clusa, cerca de la casa de Comellas. Desde allí, tomamos la pista que pasa cerca de la casa de Espinagalls y acaba en la Collada de Pasquals. Desde esta pista, sale una ruta excursionista clásica para subir a Sobrepuny que pasa por el Grau de Dalt y sube el lado este o de umbría del valle hasta la Collada de Picamill. En el lado oeste del valle, subía una antigua pista naturalizada que pasaba debajo de la casa de Picamill y moría debajo de la Collada de Picamill. A partir de aquí era camino.

Pero desde el primer camino, un poco pasado el Grau de Dalt, salía otro camino que iba remontando en zigzag por el centro del valle. Resulta que éste era el camino auténtico. Hace muchos años, yo había seguido este camino en una salida solitaria pero lo había perdido a media cuesta porque me empecinaba en que era el camino de Picamill y que debía ser transversal, no vertical. ¿Por qué subir arriba si ya hay dos caminos que suben?, pensaba yo.

Vista desde el Grau de Dalt. En primer plano, el cerro donde está situado el Castell de Roset; detrás, Picancel; y en el fondo, Montserrat

Pep lo había seguido hacía unos meses y efectivamente iba zigzagueaba hacia arriba hasta entroncar con los otros caminos debajo de la Collada de Picamill. Hoy, entramos nuevamente en este camino, dispuestos a volver a casa con un track interesante en el GPS pero al poco rato, su trazado es interrumpido por una fea pista de desembosque. Pep frunce el ceño. Eso no estaba aquí la última vez que vino. Pero cruzamos la pista y recuperamos el camino al otro lado. Treinta metros después, otra pista cruza el camino y luego otra y otra, hasta llegar a una pista vertical que ha borrado todo lo que queda del camino.

Se ve que se ha decidido explotar a conciencia todo el centro de esta cuesta. Las pistas suben con fuertes pendientes y el agua de la lluvia ya está erosionando la tierra de la calzada. Fuera de las pistas, es un caos de ramas y de rocas empujadas por las máquinas. Con tanta pista cruzándose continuamente, ha dejado un impacto que va a durar muchos años pero sin llegar al camino excursionista a la derecha. Sin duda, subiendo este camino, nadie sospecharía que a pocos metros hay tantas heridas en el bosque. Me viene a la memoria eso que dicen de los Parques Nacionales, que se protege una pequeña parte del territorio para tener vía libre para destrozar el resto.

El enfado de Pep va en aumento y de su boca salen palabras malsonantes, dejando en muy mal lugar a los ingenieros forestales y sus modernos métodos de explotación de los recursos forestales. Ya es imposible seguir el camino y subimos una pista con fuerte pendiente hasta que entra en la pista del lado oeste, transformada en una autopista de al menos 6 metros de ancho. Para que puedan llegar los bomberos si hay un incendio, me imagino que habrán dicho al presentar los papeles. Me sabe mal y no creo que vuelva por aquí en mucho tiempo pero no puedo compartir la cólera de Pep. Antes sí, pero ahora pienso que, por mucho que lo estropeemos, en medio millón de años estará todo precioso otra vez. Incluso si provocamos un holocausto nuclear, lo pasaremos mal nosotros pero el planeta está vivo y, tarde o temprano, todo volverá a brotar.

Pero volvamos a nuestra ruta. Desde la Collada de Picamill, donde había un camino que flanqueaba a la izquierda hacia una antigua mina de carbón, ahora hay una pista, y donde antes bajaba el camino antiguo, por el costado izquierdo de la Baga Baixa de Picamill, hay otra pista que ha aniquilado el camino. Pero ya es un paisaje más abierto, de antiguos prados, con pendientes más suaves, y el impacto no es tan duro.

La pista que baja hacia el Clot desde el Coll de Picamill. No es muy bonita pero las pistas al otro lado son bastante peores

Bajamos la pista, anotando segmentos residuales del camino antiguo. Tras bajar unos 150 metros de desnivel, vemos un camino que se mete en el bosque hacia el NE mientras la pista da un giro y sigue bajando. Es el camino de La Clusa. Lo seguimos y al cabo de unos 250 metros llegamos a un cruce con cuatro ramales. Seguimos el más plano pero entra en unos campos y se difumina … Éste no es. Damos media vuelta y seguimos otro camino que sube hacia el SW y pasa por una amplia brecha en las rocas. Llegamos a un pequeño valle entre dos líneas de rocas con una pista forestal antigua. Nuestro camino ha desaparecido; además, no tiene sentido que suba 80 metros para volver a bajar. Bajamos la pista hacia la Foranca, una estrecha abertura que la pista cruza por arriba. Definitivamente, hemos perdido al camino y nos invade el amargo sabor de la derrota.

Y justo antes de llegar a la Foranca, cuando lo hemos dado todo por perdido, vemos un camino que marcha llano hacia Rossinyol, cruza el lecho seco del torrente y sale en un collado del camino que baja desde Rossinyol al Clot. Desde allí, empalmaría con el camino de La Clusa a Rossinyol, sin el desnivel que supondría bajar al Clot y volver a subir. (Ya he hablado de estos caminos de Rossinyol en la salida del 6/12/2011.)

Había bajado muchas veces por este camino al Clot pero nunca me había dado cuenta que había otro camino que llegaba a ese collado. Pero lo cierto es que es imposible verlo desde el collado, al quedar oculto por unos campos.

Cerca del collado, comemos, saboreando el éxito. Con el calor y la humedad, las moscas se agolpan alrededor mío, dejando tranquilo a Pep. Ya había constatado esa atracción irresistible para las moscas en el pasado e incluso he adquirido cierta fama en este sentido. Sólo mi hermana me supera en poder de atracción y hoy la echo de menos. Pero evidentemente, Pep está encantado; es uno de los momentos cuando más me valora como compañero de caminada.

El camino continúa al otro lado de la Foranca 

Después de media hora de conversación, nos ponemos en marcha, volvemos a la pista y pasamos por la Foranca, esperando encontrar la continuación del camino. Y efectivamente, sale un camino a la derecha que, al cabo de unos 130 metros, entra en los mismos campos donde habíamos descartado el camino esta mañana.

La zona del Clot; detrás, Sant Romà de la Clusa

Llegamos otra vez al cruce y tomamos el único camino que nos quedaba. Desemboca en los campos de Borrells. Desde allí, llegamos a la pista principal de Sant Romà, que bajamos hasta el coche.

La pista, construida en los años 50, que sube desde Vilada

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 10,4 km; 555 metros de desnivel acumulado.

martes, 8 de julio de 2014

13/6/14 – El camino de Muntanyetes

Ha pasado una semana. El tiempo lo cura todo, dicen, y me dispongo a salir con un entusiasmo renovado. Volvemos a estar con los mapas de la Minuta. En el camino de La Pobla de Lillet a Sant Jaume de Frontanyà, sale una derivación curiosa a la casa de Muntanyetes y ese camino es el que Pep quería seguir hoy.

El hombre del tiempo había pronosticado tormentas de tarde pero de momento el cielo es radiante, sin ninguna nube.

Aparcamos en la pista que a la casa del Boix. El track que ha bajado Carles en su GPS nos lleva hacia el sur por una pista que sale de la carretera pasada una curva y va bordeando un pequeño torrente dentro del bosque. Todo muy apacible. Tras medio kilómetro, el track marcha hacia la izquierda, subiendo la cuesta por un camino más bien tenue, hasta salir en el Coll de Ginebre. Los documentos antiguos hablan de la iglesia de Sant Grau de Ginebret, cuyo emplazamiento se desconoce pero siempre se ha especulado que podría estar por aquí. Nosotros también lo hemos especulado y dedicamos una media hora a buscarla pero en vano. Rocas, árboles y mariposas, muchas.

Un fragmento del mapa de la Minuta de La Pobla. Arriba se ve donde estuvimos caminando la semana pasada y, en el centro, el desvío al este hacia Muntanyetes

Desde el Coll, seguimos otra pista en dirección sur, desviándonos por un camino al cabo de unos 800 metros. Entramos en una zona de carboneo y acabamos saliendo a otra pista superior, desviados del track. Caminamos por la pista hacia el SE y volvemos a recuperar el track. Volvemos a bajar por el bosque, siguiendo un camino medio borrado que zigzaguea hasta una carbonera donde habíamos perdido el trazado del camino en la subida.

Los 'coms' o troncos ahuecados de la antigua fuente de Muntanyetes

Volvemos a subir, pasando por la fuente de Muntanyetes y al final salimos en los campos de la casa. Mirando hacia el sur, el cielo todavía se ve despejado pero desde el norte, se empiezan a amontonar las nubes y vienen hacia nosotros. Aquí, en la casa de Muntanyetes, entre los campos y las pistas forestales, los caminos se han quedado difuminados. Se intuye un camino que va hacia una cresta y desde allí baja hasta la pista de la Creu de Soler. Según mi mapa, probablemente continuaba hasta el núcleo de casas alrededor de la casa de Soler.

Las ruinas de la casa de Muntanyetes

Continuamos sin camino hasta un pequeño collado al norte del Coll de la Batalola. Allí hay los restos de una casa cuyo nombre desconocemos. Ya la había visto hace años pero no sale en ningún mapa y preguntando a la gente de Sant Jaume de Frontanyà, tampoco me han sabido decir el nombre. Pero desde esta casa, salen dos caminos: uno ya conocido que vuelve a Muntanyetes y otro que baja. Éste lo seguimos y nos lleva a una curva de la carretera, cerca de la casa de Santa Eugenia de les Soïls. Concluimos que podría ser un tramo del antiguo camino de Sant Jaume a La Pobla de Lillet.

Y lo que queda de la casa sin nombre

Salimos a la carretera con un cielo cada vez más negro al norte y empiezan a oírse truenos. Caminamos hacia el coche. Un grupo de jóvenes ciclistas ingleses nos cruzan, yendo en la dirección contraria. ¿Llegarán a Sant Jaume antes de la tormenta?, nos preguntamos. Pero caminando directamente hacia la tormenta,  nosotros tenemos las mismas probabilidades de mojarnos, o quizás más.

Caminamos un kilómetro bajo un cielo cada vez más amenazador. Con un kilómetro y medio aún por recorrer hasta el coche, propongo comer en la Font del Bisbe, ya que allí la cascada ha formado una gruta donde podremos refugiarnos. Pep accede de mala gana. Diez minutos después de llegar, empieza a llover. “Nos habría dado tiempo de llegar al coche”, refunfuña Pep. Por lo visto, sus investigaciones en los archivos le han provocado una especie de hiperactividad documental y considera cualquier inactividad, o sea, tiempo pasado sin hacer nada en particular, tiempo desaprovechado para sus documentos.

La Font del Bisbe (la columna en primer plano) y la cascada del torrente detrás

Una oreja de oso enganchada a la piedra de la fuente

Unos 20 minutos después, la lluvia empieza a aflojar y nos ponemos en marcha otra vez. No ha sido la lluvia torrencial que temía. Nos vamos de aquí con cierto desosiego. ¿Por qué el topógrafo se empeñó en cartografiar un camino que es claramente de importancia menor? Además, es un camino que queda colgado en el límite con Sant Jaume de Frontanyà. El topógrafo asignado a este segundo pueblo no le dio continuidad sino que se centró en otros caminos. ¿Le enredó la gente de La Pobla? ¿Quiso dar un paseo en horas de trabajo y para justificarlo, lo cartografió? La respuesta quizás nunca la lleguemos a saber.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 10,8 km; 440 metros de desnivel acumulado.