Aquí relato nuestras salidas por los caminos del Berguedà y comarcas vecinas. Como lo pasamos muy bien, queremos comunicar sobre todo buen humor y alegría pero también tiene un fondo muy serio: el camino como bien patrimonial, pieza esencial para entender la historia y digno de conservación. Es nuestra misión desde hace más de 15 años.



jueves, 17 de julio de 2014

11/7/2014 – El camino de Josa

Hoy sí que viene Carles y trae los caminos de la Minuta grabados en su GPS. Hoy le toca al camino de Gósol a Josa, ahora parte del Camí dels Bons Homes, creado para aprovechar la moda de los cátaros.

Aparcamos el coche a las afueras del Gósol, en la carretera que sube hacia del Coll de Josa. Seguimos las marcas del GR (y de manera más efímera, las cintas de la Caminada de Gósol de este domingo) por una pista, que al cabo de un rato se vuelve fangoso al ser utilizado como curso de un torrente.

El camino-torrente desde Gósol

Las marcas del GR marchan hacia la izquierda pero el track de Carles sigue recto, por un camino cada vez más enfangado. De repente, el track marcha hacia la izquierda pero no se ve nada, sólo campos. Seguimos rectos pero, cansándonos de hundirnos los pies en el barro, salimos por otra pista y de paso, recuperamos el track, el GR, y las cintas de la Caminada.

Poco antes de iniciar la subida al Coll de Josa

El camino deja la pista y empieza un camino tradicional entre campos hacia el NW. Hasta ahora, ha sido casi plano pero en el último tramo, sube con fuerte pendiente hasta el Coll de Josa, con un desnivel de 130 metros. Se abren las vistas, abarcando el pueblo de Gósol, sus campos, Pedraforca y la Gallina Pelada.

Vista de Gósol desde el Coll de Josa

En el collado, cruza la carretera y baja primero por una pista naturalizada y luego como camino. Este camino llevaba al menos 15 años en mi lista de caminos por hacer y hoy es el día. En cierto momento, las cintas de la Caminada marchan hacia la derecha. Pensamos que podría ser un camino a Cerneres. En el viaje de vuelta al coche, lo miramos. Enseguida pierde categoría y decidimos que es una bajada por el bosque hecha expresamente para la Caminada.

En el camino hacia Josa, por debajo del Coll de Josa

Pero ahora seguimos un camino muy agradable, siempre cambiante, ahora en el bosque, ahora más despejado. Las vistas van cambiando. Con el Cadí a la derecha, primero aparece el peñasco del Cadinell y luego el pequeño pueblo de Josa sobre un cerro. 

 Cadinell y las cuestas del Cadí

El pueblo de Josa, con la iglesia arriba. Aquí también estaría el castillo

En el siglo XIII, el señor de este pueblo fue simpatizante de los cátaros y les dio cobijo en su huida de la persecución en Occitania. Ya muerto, la Inquisición desenterró sus huesos y los quemó delante de los aldeanos, para dar ejemplo de lo que les pasa a los herejes que se apartan de la verdadera fe.

Canal de Baridana desde el sur. Una de las pocas vías directas para cruzar el Cadí de sur a norte. 
Para la vertiente norte de la canal, ver la salida del 26/8/2011

Cruzamos un torrente seco y caminamos por los campos, antes de iniciar la subida final al pueblo. Mi pie derecho pisa la hierba pero debajo hay un agujero y caigo al suelo con una fuerte torsión en el tobillo. Pep y Carles no se han dado cuenta y siguen caminando. Les llamo y vuelven. Tengo mucho dolor. Ya me veo llamando al helicóptero. Al cabo de un par de minutos, el dolor empieza a disminuir y me pongo de pie con mucho cuidado. Parece que no hay nada roto.

Nos ponemos en marcha otra vez y llegamos al pueblo. Vine aquí hace muchos años (unos 20) y estaba prácticamente abandonado. Pero ahora se ha resuscitado; las casas están arregladas, cada una con una placa de cerámica en la pared con su nombre, hay faroles y las calles están pavimentadas, hay gente e incluso hay un restaurante y un bar. Pep y Carles suben a la iglesia mientras yo descanso a la sombra, sentado en un banco. Pero algo no va bien. Siento unas ligeras náuseas; es el shock. El tobillo duele. Miro mi GPS: 5,6 km y 250 metros de desnivel hasta Gósol. Necesito algo que me dé fuerzas.

Interior del pueblo de Josa

Dicen que los animales, cuando están enfermos, saben instintivamente qué plantas comer para curarse. En ese momento, yo también lo sé. Voy cojeando al bar y en mi mejor catalán, pido un cortado: azúcar y cafeína. Viendo mi cara de sufrimiento reprimido, la señora del bar también me da una galleta. Lo consumo todo. Los efectos no tardan en hacerse notar y ya empiezo a ver el mundo de otro color.

Vuelvo a reunirme con Pep y Carles y con cuidado, bajamos otra vez al torrente seco e iniciamos la subida. Procuro mantener un ritmo constante y sin forzar la posición del tobillo.

Mirando hacia el este. En el fondo, el Collell, puente entre el Cadí y Pedraforca

Comemos en el bosque debajo del Coll de Josa. Pep cuenta cuando, de joven, subió al Cadí con un compañero de trabajo con unas mochilas tan pesadas que llegaron reventados a la Font Tordera. El día siguiente, abandonaron la idea de seguir por el Cadí y en su lugar, bajaron la cara sur del Cadí sin camino hasta Josa, donde un aldeano les dio de comer, y montaron la tienda en el cementerio de la pequeña iglesia de Santa Maria, fuera del pueblo, para dormir. Aquella noche, hubo una fuerte tormenta y esa decisión aparentemente fortuita les ahorró pasarla arriba en el Cadí.

Eso hace que la conversación recupere un tema muy querido por nosotros. “Hemos estado en todas partes”, resume Pep. “De hecho, no creo que nadie conozca mejor el Berguedà que nosotros”. “Pero tú, con tus investigaciones en los archivos, además puedes dar un fondo histórico a todo lo que vemos”, le digo. “Y tú”, me dice Carles, “sabes cosas de los pájaros y las mariposas, y además, lo puedes explicar todo en inglés”. “Pero tú”, replica Pep a Carles, “conoces todos los atractivos turísticos y sabes orientar a la gente”.

Tras estos elogios mutuos, reclinamos satisfechos contra los árboles. ¡Qué bella es la amistad! Descansados, nos ponemos en marcha otra vez. Pasamos el Coll de Josa y bajamos hasta los campos. Con el track de Carles, vemos donde el camino antiguo se perdió, abandonado a favor de la pista. Lo seguimos como podamos hasta entrar en la pista/arroyo de esta mañana. Esta parte de su trazado había quedado prácticamente borrada.

Bajando hacia Gósol

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 11,7 km; 550 metros de desnivel acumulado.

4/7/2014 – El Coll de Mola

Volvemos a ser Pep y yo. Carles está en la playa. Hace tiempo que Pep hablaba de ir a Gósol para seguir los caminos de la Minuta. Es un municipio donde vamos poco, básicamente por lo lejos que queda de Berga.

Parte del antiguo pueblo medieval de Gósol

Ha decidido empezar por el camino de Coll de Mola, ahora parte del GR 150 y antiguo camino a Tuixen. Aparcamos el coche a la entrada del camino, cerca del cementerio de Gósol. Hasta el pequeño monumento llamado la Santeta, es un camino, empedrado en tramos. 

Inicio del camino

Pero a partir de aquí, es lo que llamaría un camino ensanchado y en algún momento se podría haber hecho con vehículo. Pasa por la ermita de Santa Margarida y sube 400 metros de desnivel, cortando las curvas de la pista moderna.

 La Santeta

La Iglesia de Santa Margarida

En el Coll de Mola, tomamos la pista que lleva a la Serra del Verd. Pasamos a la cara oeste, pasando por el lugar llamado Portell de l’Os, encima de las Roques de les Feus, y entramos en un pequeño valle llamado Prat Salvatge. Aquí le espera un regalo a Pep: dos cabañas de pastor y una ‘pleta’ con suficiente espacio para bastantes centenares de ovejas. Todavía estamos en el municipio de Gósol y sería para la gente de Gósol, ya que no hay un buen acceso desde otros puntos.

Oruga de Melitaea didyma (Spotted fritillary)

Pep siempre había sospechado su existencia pero nunca lo había encontrado por la simple razón que nunca había ido por esta pista. Igual que Pablo Picasso, que pasó un verano en Gósol que fue decisivo para su etapa ocre, Pep también ha pasado por muchas etapas antes de llegar a su esplendor actual como investigador histórico. Y en una de estas etapas, recorrió todas las montañas de aquí por las crestas: el Verd, els Cloterons y hasta el Cadí y evidentemente, no encontraba nada que no fueran pinos y rocas.

Seguimos subiendo y salimos al Pla de la Font, pasamos a la cara este y bajamos hasta una pequeña cabaña de pastor, esta vez moderna. Seguimos bajando hasta un prado donde comemos bajo la sombra de un pino con el pueblo de Gósol a nuestros pies y Pedraforca enfrente.

En el Pla de la Font, detrás, Pedraforca con la cima tapada por las nubes

Y aquí, en este entorno privilegiado, Pep me revela su visión del papel del historiador en la sociedad. Conocer nuestro pasado es clave para entender cómo hemos llegado a ser lo que somos hoy. Más allá de un papel como docente en la escuela o universidad, Pep cree que cualquier persona con cargo público debería tener a un historiador como asesor, para evitar que se repitan por enésima vez los errores del pasado y mirar más allá del corto plazo.  Una visión utópica, dirán algunos.

Pero es hora de emprender el camino de vuelta. Bajamos por una fea pista cortada en línea recta por la cresta (¿para subir el ganado más deprisa a los prados?) y entramos en la pista que nos llevará al coche.

Bajando hacia Gósol

Caminando por esta pista, me llega un SMS de mi ex socia. Una traducción corta pero muy urgente. Miro a mi alrededor; me faltan medios. “¿Cuánto nos falta para llegar al coche?”, pregunto a Pep. “Media hora, caminando rapidito”. Llamo a mi ex socia: “Lo podré entregar sobre las 5”. Pep alarga la zancada, acorta el bastón, lo coloca bajo el brazo como un bastón de mando militar y adopta un andar más marcial. De repente, veo que estoy quedando atrás. Troto hasta atraparle otra vez pero en cuanto dejo de correr, me deja atrás. Así que no me queda más remedio que seguir trotando a su lado. Y así durante más de un kilómetro. Creo que fue la parte de la salida que más disfrutó Pep. Lástima que no había nadie para filmarlo.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 13,6 km; 610 metros de desnivel acumulado.

jueves, 10 de julio de 2014

27/6/2014 – El camino de Vilada a La Clusa

Ya ha pasado la Patum, Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, pero hoy Carles tampoco puede venir: demasiado trabajo. Pero tenemos un plan. La noche antes, Pep me recordó la conversación que tuvo hace unos meses con uno de los habitantes de Rossinyol. “El camino de Vilada a Sant Romà de la Clusa no pasa por dónde pensábamos”, me dice.

El camino antiguo desde Vilada pasa por los campos de Espinagalls y desde allí, sube a la Collada de Picamill. A partir de aquí, habíamos pensado que volvía a bajar al Clot, pasando por la Font de l’Avet, y desde allí, subía el fondo del valle hasta llegar a Sant Romà. Pero resulta que había otro camino que pasaba cerca de Rossinyol y evitaba tanta subida y bajada.

Aparcamos el coche en la pista de Sant Romà de la Clusa, cerca de la casa de Comellas. Desde allí, tomamos la pista que pasa cerca de la casa de Espinagalls y acaba en la Collada de Pasquals. Desde esta pista, sale una ruta excursionista clásica para subir a Sobrepuny que pasa por el Grau de Dalt y sube el lado este o de umbría del valle hasta la Collada de Picamill. En el lado oeste del valle, subía una antigua pista naturalizada que pasaba debajo de la casa de Picamill y moría debajo de la Collada de Picamill. A partir de aquí era camino.

Pero desde el primer camino, un poco pasado el Grau de Dalt, salía otro camino que iba remontando en zigzag por el centro del valle. Resulta que éste era el camino auténtico. Hace muchos años, yo había seguido este camino en una salida solitaria pero lo había perdido a media cuesta porque me empecinaba en que era el camino de Picamill y que debía ser transversal, no vertical. ¿Por qué subir arriba si ya hay dos caminos que suben?, pensaba yo.

Vista desde el Grau de Dalt. En primer plano, el cerro donde está situado el Castell de Roset; detrás, Picancel; y en el fondo, Montserrat

Pep lo había seguido hacía unos meses y efectivamente iba zigzagueaba hacia arriba hasta entroncar con los otros caminos debajo de la Collada de Picamill. Hoy, entramos nuevamente en este camino, dispuestos a volver a casa con un track interesante en el GPS pero al poco rato, su trazado es interrumpido por una fea pista de desembosque. Pep frunce el ceño. Eso no estaba aquí la última vez que vino. Pero cruzamos la pista y recuperamos el camino al otro lado. Treinta metros después, otra pista cruza el camino y luego otra y otra, hasta llegar a una pista vertical que ha borrado todo lo que queda del camino.

Se ve que se ha decidido explotar a conciencia todo el centro de esta cuesta. Las pistas suben con fuertes pendientes y el agua de la lluvia ya está erosionando la tierra de la calzada. Fuera de las pistas, es un caos de ramas y de rocas empujadas por las máquinas. Con tanta pista cruzándose continuamente, ha dejado un impacto que va a durar muchos años pero sin llegar al camino excursionista a la derecha. Sin duda, subiendo este camino, nadie sospecharía que a pocos metros hay tantas heridas en el bosque. Me viene a la memoria eso que dicen de los Parques Nacionales, que se protege una pequeña parte del territorio para tener vía libre para destrozar el resto.

El enfado de Pep va en aumento y de su boca salen palabras malsonantes, dejando en muy mal lugar a los ingenieros forestales y sus modernos métodos de explotación de los recursos forestales. Ya es imposible seguir el camino y subimos una pista con fuerte pendiente hasta que entra en la pista del lado oeste, transformada en una autopista de al menos 6 metros de ancho. Para que puedan llegar los bomberos si hay un incendio, me imagino que habrán dicho al presentar los papeles. Me sabe mal y no creo que vuelva por aquí en mucho tiempo pero no puedo compartir la cólera de Pep. Antes sí, pero ahora pienso que, por mucho que lo estropeemos, en medio millón de años estará todo precioso otra vez. Incluso si provocamos un holocausto nuclear, lo pasaremos mal nosotros pero el planeta está vivo y, tarde o temprano, todo volverá a brotar.

Pero volvamos a nuestra ruta. Desde la Collada de Picamill, donde había un camino que flanqueaba a la izquierda hacia una antigua mina de carbón, ahora hay una pista, y donde antes bajaba el camino antiguo, por el costado izquierdo de la Baga Baixa de Picamill, hay otra pista que ha aniquilado el camino. Pero ya es un paisaje más abierto, de antiguos prados, con pendientes más suaves, y el impacto no es tan duro.

La pista que baja hacia el Clot desde el Coll de Picamill. No es muy bonita pero las pistas al otro lado son bastante peores

Bajamos la pista, anotando segmentos residuales del camino antiguo. Tras bajar unos 150 metros de desnivel, vemos un camino que se mete en el bosque hacia el NE mientras la pista da un giro y sigue bajando. Es el camino de La Clusa. Lo seguimos y al cabo de unos 250 metros llegamos a un cruce con cuatro ramales. Seguimos el más plano pero entra en unos campos y se difumina … Éste no es. Damos media vuelta y seguimos otro camino que sube hacia el SW y pasa por una amplia brecha en las rocas. Llegamos a un pequeño valle entre dos líneas de rocas con una pista forestal antigua. Nuestro camino ha desaparecido; además, no tiene sentido que suba 80 metros para volver a bajar. Bajamos la pista hacia la Foranca, una estrecha abertura que la pista cruza por arriba. Definitivamente, hemos perdido al camino y nos invade el amargo sabor de la derrota.

Y justo antes de llegar a la Foranca, cuando lo hemos dado todo por perdido, vemos un camino que marcha llano hacia Rossinyol, cruza el lecho seco del torrente y sale en un collado del camino que baja desde Rossinyol al Clot. Desde allí, empalmaría con el camino de La Clusa a Rossinyol, sin el desnivel que supondría bajar al Clot y volver a subir. (Ya he hablado de estos caminos de Rossinyol en la salida del 6/12/2011.)

Había bajado muchas veces por este camino al Clot pero nunca me había dado cuenta que había otro camino que llegaba a ese collado. Pero lo cierto es que es imposible verlo desde el collado, al quedar oculto por unos campos.

Cerca del collado, comemos, saboreando el éxito. Con el calor y la humedad, las moscas se agolpan alrededor mío, dejando tranquilo a Pep. Ya había constatado esa atracción irresistible para las moscas en el pasado e incluso he adquirido cierta fama en este sentido. Sólo mi hermana me supera en poder de atracción y hoy la echo de menos. Pero evidentemente, Pep está encantado; es uno de los momentos cuando más me valora como compañero de caminada.

El camino continúa al otro lado de la Foranca 

Después de media hora de conversación, nos ponemos en marcha, volvemos a la pista y pasamos por la Foranca, esperando encontrar la continuación del camino. Y efectivamente, sale un camino a la derecha que, al cabo de unos 130 metros, entra en los mismos campos donde habíamos descartado el camino esta mañana.

La zona del Clot; detrás, Sant Romà de la Clusa

Llegamos otra vez al cruce y tomamos el único camino que nos quedaba. Desemboca en los campos de Borrells. Desde allí, llegamos a la pista principal de Sant Romà, que bajamos hasta el coche.

La pista, construida en los años 50, que sube desde Vilada

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 10,4 km; 555 metros de desnivel acumulado.

martes, 8 de julio de 2014

13/6/14 – El camino de Muntanyetes

Ha pasado una semana. El tiempo lo cura todo, dicen, y me dispongo a salir con un entusiasmo renovado. Volvemos a estar con los mapas de la Minuta. En el camino de La Pobla de Lillet a Sant Jaume de Frontanyà, sale una derivación curiosa a la casa de Muntanyetes y ese camino es el que Pep quería seguir hoy.

El hombre del tiempo había pronosticado tormentas de tarde pero de momento el cielo es radiante, sin ninguna nube.

Aparcamos en la pista que a la casa del Boix. El track que ha bajado Carles en su GPS nos lleva hacia el sur por una pista que sale de la carretera pasada una curva y va bordeando un pequeño torrente dentro del bosque. Todo muy apacible. Tras medio kilómetro, el track marcha hacia la izquierda, subiendo la cuesta por un camino más bien tenue, hasta salir en el Coll de Ginebre. Los documentos antiguos hablan de la iglesia de Sant Grau de Ginebret, cuyo emplazamiento se desconoce pero siempre se ha especulado que podría estar por aquí. Nosotros también lo hemos especulado y dedicamos una media hora a buscarla pero en vano. Rocas, árboles y mariposas, muchas.

Un fragmento del mapa de la Minuta de La Pobla. Arriba se ve donde estuvimos caminando la semana pasada y, en el centro, el desvío al este hacia Muntanyetes

Desde el Coll, seguimos otra pista en dirección sur, desviándonos por un camino al cabo de unos 800 metros. Entramos en una zona de carboneo y acabamos saliendo a otra pista superior, desviados del track. Caminamos por la pista hacia el SE y volvemos a recuperar el track. Volvemos a bajar por el bosque, siguiendo un camino medio borrado que zigzaguea hasta una carbonera donde habíamos perdido el trazado del camino en la subida.

Los 'coms' o troncos ahuecados de la antigua fuente de Muntanyetes

Volvemos a subir, pasando por la fuente de Muntanyetes y al final salimos en los campos de la casa. Mirando hacia el sur, el cielo todavía se ve despejado pero desde el norte, se empiezan a amontonar las nubes y vienen hacia nosotros. Aquí, en la casa de Muntanyetes, entre los campos y las pistas forestales, los caminos se han quedado difuminados. Se intuye un camino que va hacia una cresta y desde allí baja hasta la pista de la Creu de Soler. Según mi mapa, probablemente continuaba hasta el núcleo de casas alrededor de la casa de Soler.

Las ruinas de la casa de Muntanyetes

Continuamos sin camino hasta un pequeño collado al norte del Coll de la Batalola. Allí hay los restos de una casa cuyo nombre desconocemos. Ya la había visto hace años pero no sale en ningún mapa y preguntando a la gente de Sant Jaume de Frontanyà, tampoco me han sabido decir el nombre. Pero desde esta casa, salen dos caminos: uno ya conocido que vuelve a Muntanyetes y otro que baja. Éste lo seguimos y nos lleva a una curva de la carretera, cerca de la casa de Santa Eugenia de les Soïls. Concluimos que podría ser un tramo del antiguo camino de Sant Jaume a La Pobla de Lillet.

Y lo que queda de la casa sin nombre

Salimos a la carretera con un cielo cada vez más negro al norte y empiezan a oírse truenos. Caminamos hacia el coche. Un grupo de jóvenes ciclistas ingleses nos cruzan, yendo en la dirección contraria. ¿Llegarán a Sant Jaume antes de la tormenta?, nos preguntamos. Pero caminando directamente hacia la tormenta,  nosotros tenemos las mismas probabilidades de mojarnos, o quizás más.

Caminamos un kilómetro bajo un cielo cada vez más amenazador. Con un kilómetro y medio aún por recorrer hasta el coche, propongo comer en la Font del Bisbe, ya que allí la cascada ha formado una gruta donde podremos refugiarnos. Pep accede de mala gana. Diez minutos después de llegar, empieza a llover. “Nos habría dado tiempo de llegar al coche”, refunfuña Pep. Por lo visto, sus investigaciones en los archivos le han provocado una especie de hiperactividad documental y considera cualquier inactividad, o sea, tiempo pasado sin hacer nada en particular, tiempo desaprovechado para sus documentos.

La Font del Bisbe (la columna en primer plano) y la cascada del torrente detrás

Una oreja de oso enganchada a la piedra de la fuente

Unos 20 minutos después, la lluvia empieza a aflojar y nos ponemos en marcha otra vez. No ha sido la lluvia torrencial que temía. Nos vamos de aquí con cierto desosiego. ¿Por qué el topógrafo se empeñó en cartografiar un camino que es claramente de importancia menor? Además, es un camino que queda colgado en el límite con Sant Jaume de Frontanyà. El topógrafo asignado a este segundo pueblo no le dio continuidad sino que se centró en otros caminos. ¿Le enredó la gente de La Pobla? ¿Quiso dar un paseo en horas de trabajo y para justificarlo, lo cartografió? La respuesta quizás nunca la lleguemos a saber.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 10,8 km; 440 metros de desnivel acumulado.

sábado, 14 de junio de 2014

6/6/2014 – Desorientados en Merolla

Llegamos al Mikado con una novedad: la abdicación del Rey de España. A ver si Felipe VI es un poco más amable con Cataluña que Felipe V.

Hoy, Pep quería buscar el antiguo ‘camí ral’ de La Pobla de Lillet a Gombren, que pasaba por el Coll de Merolla. Sólo hay un problema; no sale en el mapa de la Minuta porque ya existía la carretera y, por lo visto, era política en aquel tiempo de dar por desaparecido un camino si había sido sustituido por una carretera.

Sí que lo mostraba el libro de itinerarios de C.A. Torras pero es muy impreciso. Muestra que sigue el curso del Arija para luego subir, pasando cerca de Montverdor y luego al Coll de Merolla. Además, hay el agravante de la cantera de yeso, que podría haber aniquilado al menos una parte del camino.

Pep y Carles consultan el mapa de Torras nada más bajar del coche. De poco les iba a servir.

Ante esta situación, Pep opta por la improvisación. El recuerdo que me llevo de aquel día es subir y bajar cuestas empinadas sin camino y electrocutarme en las vallas electrificadas al pasar de una finca a otra.

Pero vayamos por partes. Aparcamos el coche en la carretera a Sant Jaume de Frontanyà, donde entra el ‘camí ral’ desde el Monasterio de Santa Maria. Después de subir y bajar una cuesta sin camino y pasar por las ruinas del Hostal de l’Argelaga, vemos una pista que después se convierte en camino y nos lleva a los campos de Montverdor. Entramos en una pista, dejando la casa a la izquierda. Nos desviamos, volviendo a perder el camino, porque Pep no quiere creer que el camino antiguo llegaba hasta la carretera actual en el Collet del Montverdor, lo volvemos a recuperar en el Passant dels Traginers, lo volvemos a perder al otro lado y finalmente salimos como podemos a la carretera, cerca del Coll de Merolla.

El refugio de Coll de Merolla, abierto básicamente los fines de semana

Llegados aquí, propongo buscar la casa de El Solà, cerca del pueblo de Aranyonet, que encontramos sin problemas, gracias al mapa del Alpina y aquí comemos. Apoyado contra un pino, algún bicho debe haberse fijado en mí porque el día siguiente amanezco con granos en el tronco y espalda.

Los restos de El Solà

Volvemos a bajar al Arija por un camino de cresta, subimos al otro lado por un bonito camino que perdemos en los campos debajo de Montverdor, seguimos una pista que nos deja tirados en una cuesta. Con cierto trabajo, llegamos a la parte superior de la cantera. 

La cantera de yeso, que ha cortado unos cuantos caminos

Aquí, el mapa del ICC nos indica un edificio con el nombre de La Guixera pero resulta que es un almacén de material. Vamos por una pista que nos llevaría a la casa del Guixer pero se muere en una cuesta y otra vez caminamos sin camino por el bosque hasta llegar a los campos de la casa.

La casa del Guixer, mirando hacia el oeste

Imponentes las ruinas de la casa pero no hay camino de bajada si no es pasando por la cantera. Bajamos una cuesta precaria hasta el río, que cruzamos una y otra vez por las piedras hasta llegar al coche, no sin volver a electrocutarme una vez más en la espalda mientras me arrastro bajo una valla, que me deja aturdido unos segundos. Desde luego, no es uno de mis mejores días. Y para colmo, Pep me recrimina mi falta de entusiasmo y compromiso. Suerte de las orquídeas y los corzos.

Junio - el mes de las orquídeas

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 12,8 km; 510 metros de desnivel acumulado.

lunes, 9 de junio de 2014

30/5/2015 – El Tramvia de Sang

Un viaje a Inglaterra, un resfriado pillado en el avión y una colonoscopia me mantienen bien entretenido y pasan dos semanas que no puedo salir. Pep y Carles repasaron caminos de la Minuta entre La Nou y Malanyeu.

Pero hoy, que por fin puedo salir, el tiempo no parece acompañar y amenaza lluvia. En el Mikado, todo son dudas. No conviene alejarse mucho del coche. Finalmente, Pep pone rumbo a Malanyeu, más por inercia que por otra cosa, pero al ver la cortina de lluvia hacia el norte, sale del Eix del Llobregat a la altura de Cercs para dar la vuelta. “¿Por qué no miramos el Tramvia de Sang?”, propongo.

El Tramvia de Sang fue el primer ferrocarril del Berguedà, que transportaba carbón – y también pasajeros – desde las minas de Figols hasta el Coll de Magdalena, al lado del Castillo de Berga. Funcionó durante más de 30 años, hasta que el carrilet llegó a Guardiola y a partir de entonces, cayó en el olvido. El nombre viene del hecho de que los vagones eran tirados por mulas.

Hace unos cuantos años, Xavier Campillo intentó sin éxito promoverlo como Vía Verde e incluso se llegó a acondicionar un tramo que va desde encima del Estany Clar hasta la carretera vieja, cerca del Coll de Magdalena. Hoy este tramo está integrado en la Xarxa Lenta y también forma parte de mi ruta de censo de mariposas. Como todo este ferrocarril, tiene un trazado muy sinuoso, ya que va siguiendo los pliegues del terreno para mantener la altura. En cada barranco, había un puente, algunos de los cuales todavía se mantienen en pie.

Vista del pantano bajo un cielo amenazador. Detrás, la silueta de Puigarbessós, en cuya cima hay los restos de un castillo medieval

Hace unos 10 años, yo había seguido un tramo desde el túnel de Cercs hasta la carretera de Casanova pero ni Carles ni Pep lo conocían. Subiendo hacia Casanova en el coche, vemos la entrada del ferrocarril por la izquierda y la guardamos para después, luego la vía sigue el trazado de la carretera (que aquí es plana) y cuando la carretera vuelve a coger pendiente, se marcharía a la derecha. Ese tramo era el que nos proponíamos encontrar primero.

Aparcamos el coche. El cielo está muy nublado pero aquí no llueve y más adelante, incluso sale el sol. Recorremos a pie la carretera, mirando por la derecha hasta ver el ferrocarril abajo en el cambio de pendiente. Bajamos pero está horriblemente tapado. Apenas podemos avanzar y es con mucha dificultad que llegamos al Torrente de Garrigues, donde vemos los restos de un puente. Damos la vuelta, salimos nuevamente a la carretera y buscamos la vía que iba hacia el túnel de Cercs. Aquí el trazado es mucho más fácil; es casi todo pista.

Ante la falta de dificultad del terreno, Pep y Carles se enfrascan en una discusión sobre un tema favorito: el turismo, la conservación del patrimonio histórico y la falta de visión de los políticos locales. Pasan media hora desahogándose pero me temo que una vez más, nadie les va a hacer caso. Al acercarnos al túnel de Cercs, veo que han abierto una pista sobre la vía, que se ha encargado de borrar los pocos indicios que aún quedaban de la existencia del ferrocarril.

 La pista nueva que ha rascado lo que quedaba de la vía

El túnel de Cercs; se ha creado un pequeño camino que pasa por la línea de árboles arriba

El túnel cortó la vía y hay una especie de camino que supera la boca del túnel. Al otro lado, continúa, pero un árbol caído nos impide continuar y damos la vuelta.

Llevamos el coche hasta el pueblo de Cercs y lo aparcamos en la Font Gran. Ha salido el sol y el torrente está precioso. Desde el pueblo mismo, subimos un camino, ahora parte de la Xarxa Lenta, que iba hacia el pequeño núcleo de casas alrededor del Pujolet de Dalt con la idea de buscar la continuación de la vía que dejamos en el Torrente de Garrigues.

La Font Gran en Cercs

A la izquierda, el trazado del ferrocarril ha quedado borrado, integrado en los campos, pero a la derecha marcha un camino (también marcado como Xarxa Lenta) y no tardamos en ver los taludes de piedra de la vía. 

El Tramvia de Sang antes de llegar al puente sobre el Torrente de Peguera; la vía pasaba a la izquierda, sobre el muro de contención

Hace algún tiempo, Pep y Carles habían hecho este mismo camino pero no habían comprendido el significado de estas piedras. Hoy se he hecho la luz. Finalmente el camino cruza el Torrente de Peguera sobre un puente restaurado bajo las imponentes columnas del ferrocarril de Peguera.

 El puente del Tramvia de Sang sobre el Torrente de Peguera

Una de las columnas del ferrocarril de Peguera (se intuye otra entre los árboles a la derecha)

Aquí, en el Berguedà, entre las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del siglo XX, hubo una actividad febril, con inversiones millonarias (y también quiebras millonarias). El Tramvia de Sang fue el primero, luego hubo el ferrocarril de Peguera y todas las instalaciones mineras en Peguera, el Canal Industrial, la colonia minera de Figols, el ferrocarril de Gisclareny a Guardiola (ahora la vía de Nicolau), la fábrica de cemento del Clot del Moro, la canalización de las aguas del Llobregat y las minas de carbón del Catllaràs. Y, en el Baix Berguedà, las colonias textiles. Un patrimonio inmenso.

El puente del ferrocarril de Peguera cuando aún funcionaba, en los años 20

Con esos pensamientos, llegamos de vuelta al pueblo de Cercs. Almorzamos en las mesas de cemento cerca de la Font Gran, mirando como corre el agua del Torrente de Garrigues, hasta que una lluvia persistente nos obliga a marcharnos.

El merendero cerca de la Font Gran

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 8,1 km; 200 metros de desnivel acumulado.

domingo, 1 de junio de 2014

9/5/2014 – Castellsec y l’Oliba

Hoy llegamos al Mikado con una pregunta difícil, angustiante, que nos asoma a un vacío vertiginoso: ¿Dónde vamos?. Hemos estado en todas partes. Llega Carles. “¿Dónde quieres ir?”, le preguntamos. Lo único que sabe decir es que tiene que estar de vuelta pronto e irá en su propio coche. “¿Dónde vamos?”, preguntamos a Pere del Mikado, pero es como preguntar al viento.

Finalmente propongo buscar la casa de Castellsec, por encima de la carretera que va de La Pobla de Lillet a Sant Jaume de Frontanyà. Hace muchos años, intentamos buscarla sin éxito, engañados por la toponimia del mapa del ICC. Pero luego salió el mapa de Alpina y la marcaba muy claramente. Además, la zona de El Boix, al otro lado de la carretera, la tenemos en blanco.

Mientras íbamos en el coche, a Pep le vienen ideas. “El otro día, estuve hablando con el de Rossinyol y me habló de caminos en La Clusa que aún no tenemos”. “En la zona de Picamills, también tenemos colitas (ver Glosario)”, añado.

Aparcamos en el área recreativa al lado de la carretera y tomamos la pista que nos llevará a la cresta donde está Castellsec. La pista finalmente se muere bajo la cresta y continúa un camino un poco perdedor que pasa por una brecha en las rocas y nos plantamos en una zona llana donde efectivamente están las ruinas de la casa. Pep la data en el siglo XIX y seguramente tuvo una vida efímera, de pocas décadas. Buscamos más caminos hasta que finalmente Carles encuentra uno bastante marcado que baja la cara sur de la cresta y marcha hacia la casa de Rovires.

Lo que queda de la casa de Castellsec

“Hay que ver los progresos que ha hecho Carles”, dice Pep, orgulloso. El camino resulta ser interesante, auténtico, hasta llegar a las pistas cerca de Les Rovires. Tras inspeccionar los restos de la casa, bajamos la cuesta hasta la carretera y tomamos la pista de El Boix. Aquí Carles nos abandona, siguiendo un camino que pasa cerca de la casa y que le llevará a la Teulería de Montverdor y el área recreativa.

Nosotros continuamos por la pista hacia la casa de l’Oliba, una casa grande cuyas ruinas se ven en la cuesta al otro lado del Rec del Roquerol. Todo está muy verde. En las zonas de sombra, se han plantado pinos en los campos pero lo suficientemente espaciados para dejar crecer la hierba. Vuelan abundantes mariposas y todo tiene un aire muy apacible. Dejamos la pista y subimos por los campos hacia la casa. Vemos una línea de piedras y un pequeño surco que marca un camino por los campos. Sin duda, era el camino de Sant Jaume de Frontanyà. 

Parte de la casa de l'Oliba

Mirando hacia el Catllaràs desde los campos de l'Oliba

Llegamos a la casa. Pep da fe de su antigüedad, siglo XV o XVI. Buscamos un sitio de sombra encima de la casa y almorzamos. En la sobremesa, repasamos dolores musculares. Pep me muestra un bulto encima de la articulación del dedo índice, temiendo una artrosis. “Parece un quiste”, le digo para tranquilizarle. “Me salió uno en San Esteban. Se van solos”.

Es hora de buscar el camino de vuelta. Bordeamos los Terrers de l’Oliba, una zona de tierra erosionada que ha formado profundos barrancos y en una cresta vemos un camino que baja al final de una pista y que usan las ovejas para subir y bajar. Nos lleva al Rec de Roquerol donde vemos las marcas de la Xarxa Lenta, que nos hacen cruzar innumerables veces la riera, haciendo equilibrios sobre las piedras.

En el Rec del Roquerol

Finalmente, salimos a la Teuleria de Montverdor, con las ruinas del molino al lado. Quince minutos después, estamos en el coche.

 La Teulería de Montverdor

Y el molino

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 11,4 km; 420 metros de desnivel acumulado.

2/5/2014 – El Confós y la Colonia de la Vall

Ha pasado más de un mes desde la última entrada en el blog pero que no crea el lector que he pasado todo este tiempo tumbado en el sofá.

La semana siguiente (4/4/2104), Carles y yo volvimos a Peguera. Pep tenía un compromiso y no podía venir. Quería buscar el camino que enlazaba la estación de descarga del teleférico de Moripol con el final del funicular abajo. Lo encontramos pero está tapadísimo. Es más fácil hacer los 70 metros de desnivel en línea recta.

Después, fuimos caminando por la pista hacia la Colonia de la Vall (Cal Moreta) bajo un cielo cada vez más amenazador. El sentido común me decía de dar la vuelta pero casi habíamos llegado cuando sonó el móvil de Carles, en el límite de la cobertura. Era Pep. “Viene una tormenta directamente hacia vosotros desde el oeste”, nos advirtió. Dimos media vuelta ipso facto e iniciamos una carrera contrarreloj para ver quien llegaba primero al coche, nosotros o la lluvia. Ganó la lluvia.

Después hubo semanas de mal tiempo. En Semana Santa, hice la Caminada Popular del Val de Lord con Josep Mª. Muy interesante, pero esos eventos multitudinarios no cumplen los requisitos de inclusión en el blog.

Pero, por fin, hoy hará buen tiempo. Carles no puede venir; tiene el hotel lleno de mallorquines. Quería contestar las preguntas de la Colonia de la Vall que me habían quedado pendientes: la ubicación de la mina y del teleférico que la conectaba con la vía de tren al otro lado del valle. Pero también había otra cuestión: mientras Carles y yo estuvimos subiendo el camino a la Creu de Fumanya desde la pista de Coll d’Hortons el año pasado (ver salida del 19/7/2013), vimos un camino que marchaba hacia el Confós, una cuesta de peñascos y barrancos. Nos habían quedado ganas de seguir este camino.

Para no caminar tanto por la pista, propongo a Pep que entre en la pista de Coll d’Hortons. Recorriéndola a pie, siempre la había visto bien. Al cabo de unos 200 metros, aparecen unos baches con piedras afiladas, dispuestas a reventar el cárter del coche como el iceberg que abrió el casco del Titanic. Pep me dirige una mirada de reproche y aparca en el primer lugar llano que encuentra.

Pero el día es magnífico y las hojas de las hayas han salido, con el verdor de la primavera recién estrenada. Entramos en el camino, que va subiendo en diagonal con pendiente suave. Poco a poco se van abriendo las vistas. Atrás, vemos la Cantina, luego el pueblo de Peguera y detrás, el Port del Comte. Delante, se nos abre el valle de Peguera con el hayedo de Nou Comes y el dibujo sinuoso del Clot de la Molina.

 El pueblo de Peguera con el Port de Comte en el fondo

El dibujo en zigzag del Clot de la Molina

El camino va cruzando pequeños collados. Las vacas lo conocen y también los cazadores, que parecen hacer un mantenimiento mínimo. Llegamos al Collet de la Solana. 

 Caminando hacia el Collet de la Solana

La vista desde la roca encima del Collet

Un camino baja hacia el Coll d’Hortons y otro sube. Giramos a la izquierda y nos adentramos en las rocas del Confós. Dejamos un par de caminos transversales para explorar otro día y nuestro camino sube por una canal ancha hasta salir arriba. 

Casi arriba

Cambia el paisaje. Ahora es un llano con antiguas pasturas conquistadas por el pino negro. Localizamos un pozo para dejar constancia electrónica, hacemos un ligero refrigerio con la enorme vista delante y luego bajamos nuevamente hasta el Collet de la Solana.

Tomamos el camino de bajada que no tarda en perder definición. “Ya verás”, me dice Pep. “Este camino nos va a dejar tirados y tendremos bajar a lo bruto”. “Mil vacas no se pueden equivocar”, replico. “Tiene salida, seguro”. Y en una curva, se vuelve a ver y nos lleva certeramente al Coll d’Hortons.

Volvemos a bajar a los edificios fantasmagóricos de la Colonia de la Vall. Fue aquí donde empezó la explotación del carbón de Peguera. Con la foto antigua en la mano, localizamos el emplazamiento de la mina, muy cerca de la casa pero totalmente hundida. Seguimos el trazado de la pequeña vía que iba hasta la punta de la roca, donde había un teleférico que cruzaba el valle hasta el ferrocarril que bajaba a Cercs.

La pequeña vía por donde se llevaba el carbón al teleférico de la mina de Cal Moreta

Aquí, al calor del sol, con el canto de los pájaros y una larga vista del valle de Peguera, comemos en la pequeña explanada del teleférico. Pero a pesar de este entorno idílico, le noto inquieto a Pep, con ganas de ponerse en marcha otra vez. “¿Tienes que volver a casa pronto?”, le pregunto. “No, no”. “¿Tu hija tiene llaves?”. “Está en casa, hacen puente en la universidad”. “Entonces, ¿qué te pasa?”. “Nada, nada”, y vuelve a reclinarse, con una tranquilidad fingida. Pero el encanto se ha roto y no puedo recuperar la paz.

Las cuadras de la Colonia de la Vall

Volvemos a subir la cuesta, inspeccionando todas las estructuras, y luego bajamos hasta el cargador del ferrocarril. Había que encontrar el punto de llegada del teleférico de la Mina de Cal Moreta, ya que inicialmente el ferrocarril llegaba hasta aquí. Lo encontramos en una cresta, unos 13 metros debajo del inicio del teleférico al otro lado. A través de las hojas, se intuye la pared de roca en frente.

Saliendo del túnel del ferrocarril de Cercs

Ya que estamos, propongo hacer la vía. Quería marcar en el GPS un apartadero que sale en las fotos antiguas pero no lo encontramos. ¿Estará en el nivel inferior? Pep, por su lado, no para de mirar los árboles muertos y por fin me explica qué le pasa. Resulta que el Instituto de Gironella le había pedido hacer una demostración de cómo se hacía fuego en la época neolítica. Usaban un trozo de sílex y un trozo de pirita para crear una chispa que caía sobre una seta que crece sobre los troncos de los árboles caídos y tiene una estructura densa en forma de esponja. El sílex se lo había traído yo desde Inglaterra y en vez de pirita, usaría un hierro pero le falta la seta y sólo le quedan cinco días.

De vuelta, le propongo que subamos el Clot de la Molina. Allí hay muchos árboles muertos y seguro que encontraremos algo. Lo subimos unos 100 metros. Pep continúa mientras yo me quedo sacando fotos. De repente, oigo que me llama, que ha encontrado un camino. Subo una cuesta empinada y entro en una especie de claro con antiguos caminos de arrastrar troncos. Pep aparece. “Aquí no hay camino”, dice. Tampoco ha encontrado setas. ¿Se han escondido?

En el Clot de la Molina

Volvemos a bajar el Clot de la Molina con un nerviosismo creciente. Nos dirigimos hacia la pista de Coll d’Hortons, anotando un par de torres más del teleférico de la Mina Realidad. Y allí, cuando parece que ya no queda esperanza, Pep encuentra su seta y la arranca triunfalmente del tronco.

“Hoy, los dos hemos conseguido nuestros objetivos”, resumo.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 13,3 km; 640 metros de desnivel acumulado.