Aquí relato nuestras salidas por los caminos del Berguedà y comarcas vecinas. Como lo pasamos muy bien, queremos comunicar sobre todo buen humor y alegría pero también tiene un fondo muy serio: el camino como bien patrimonial, pieza esencial para entender la historia y digno de conservación. Es nuestra misión desde hace más de 15 años.



miércoles, 20 de mayo de 2015

15/5/2015 – El tercer mas de Oreis

Por fin, Pep puede salir con nosotros. Pero yo, por la noche, de repente empecé a experimentar síntomas parecidos a un resfriado, pero prefiero pensar que es una alergia, por tanto polen y polvo que hay en el ambiente después del calor africano y luego las ventadas del norte, y decido salir. 

Al venir Pep, podemos volver a La Muga. Evidentemente, quiere buscar cruces pero, con la disciplina férrea que le caracteriza, también es consciente de que hay una red de caminos en la zona de La Muga que también hay que aclarar.

Subiendo en el coche, escucho a Pep y Carles comentando temas de actualidad de mil años atrás. Si hace mil años hubiera coches y radios que la gente escuchaba mientras conducían, del mismo modo que hoy se escucha a Mónica Terribas, yo creo que se parecería mucho a la conversación entre Pep y Carles. Así que me relajo en el asiento de atrás, escuchando la radio del año mil, mientras intento decidir qué es lo que tengo: un virus o una alergia.

Una vez más, aparcamos el coche en la Font de l’Adou y recorremos la larga pista que va hacia el Torrente de la Muga. Pero esta vez, nos desviamos a medio camino. Justo antes de que la pista cambie de ribera, hay un pequeño prado y allí tenía el arranque de dos caminos, uno que subía hacia el norte por el barranco y otro que se desviaba por la derecha. Carles elige el camino a la derecha y nosotros seguimos rectos. Dejamos el nuestro cuando vemos que va zigzagueando hacia arriba con fuerte pendiente y nos unimos a Carles.

El hombre del tiempo había dicho que seguiría haciendo viento hoy y ahora, en un espeso bosque de robles, se oyen rachas de viento que bajan desde Tancalaporta. Pep no está tranquilo pero yo me siento confiado: “Todos los árboles que van a caer, ya han caído en la ventada anterior”, le aseguro. “Siempre cae alguno más”, me replica Pep, prudente. Pero los árboles, aunque se mueven con el viento, no llegan a crujir.

Mientras tanto, seguimos el camino; está tapado pero tiene categoría. Sin embargo, empieza a difuminarse cuando entra en una zona de carboneras, y más arriba, cuando cruzamos bancales de antiguos campos.

Según Pep y Carles, los documentos hablan de tres 'masos' o casas en Oreis. Una está al lado mismo de la iglesia y otra la encontramos hace unos 10 años ya, orientada hacia el Clot de Vimboca. ¿La tercera podría estar por aquí, cerca de estos campos? Pero no se encuentra.

Los campos de Murcarols, visto desde el otro lado del valle

Y, con un poco más de zoom, la casa

Salimos al camino de Oreis a La Muga. Visitamos la iglesia y luego damos la vuelta, con la Cambra dels Bocs a la vista. Según el documento que Carles leyó hace un mes ya, la división de derechos de pasto entraba por la boca de la Cambra y seguía todo el contorno a pie de roca. Allí tendría que haber cruces.

Muy poco después de conocer a Pep, igual en la tercera salida, un día de mayo como hoy hace 16 años, le pedí que me mostrara los caminos de La Muga que yo no había sabido ver 4 ó 5 años antes. Recorrimos esa misma larga pista y subimos el camino donde yo me había perdido, llegando a las ruinas de la casa de La Muga sin novedad. Luego empezamos a recorrer ese camino a media altura hacia Oreis donde estamos hoy, y vimos un camino que subía hacia la Cambra dels Bocs, con marcas de pintura azul de los cazadores. Empezamos a seguirlo pero a medida que nos íbamos acercando a la Cambra, perdía definición. Además, se estaba acercando una tormenta y Pep optó por bajar en diagonal sin camino, intentando volver al coche antes de que estallara la tormenta. No lo consiguió; nos refugiamos bajo un árbol cerca de Oreis y no tardamos en quedar empapados.

 
La Cambra dels Bocs, uno de los lugares más perdidos del Berguedà, hasta ahora siempre visto por nosotros desde lejos.

Y allí, bajo ese árbol, escuchando los truenos que retumbaban a nuestro alrededor, Pep estaba convencido de que no volvería a ver a ese urbanita. Pero cuando uno conoce a una persona que le puede enseñar lo que uno quiere saber, estos contratiempos pasan a un segundo plano y, para su gran sorpresa, le llamé a los pocos días para volver a salir.

Campos en el camino de La Muga. Demasiado lejos de Oreis pero hoy no encontramos ninguna casa por aquí

Pero hoy no va a llover. Yendo hacia La Muga, tenía dos ‘colitas’ (ver Glosario) que bajaban y habíamos postulado la hipótesis de que una de ellas al menos enlazaría con el camino que dejamos abajo. Al llegar a la primera, resulta ser un espejismo y la borramos enseguida. Y la segunda, muy cerca del camino que sube a la Cambra dels Bocs, tiene mejor aspecto pero al cabo de unos 100 metros, ya dudamos si es camino humano o de animales. Entramos en pequeñas zonas de cultivo a media cuesta. Parece que continúa el camino hacia abajo pero al poco rato, vuelve a desaparecer. Yo creo que había muchos caminos que conectaban pequeñas ‘artigas’ (ver Glosario) desde las casas de Oreis y de La Muga pero hace mucho tiempo que se fundieron con el paisaje.

La pequeña iglesia románica de San Romà d'Oreis. Aquí, apenas cabrían las pocas familias que vivían en estas cuestas

Con rasgadas y trozos de ramas  y hojas en el pelo y bajo la camiseta – y quizás también algún polizón de seis patas – llegamos abajo a la pista, pero muy desplazados respecto al camino de subida que habíamos encontrado esta mañana. En la larga pista de vuelta al coche, Pep y Carles retoman la tertulia de la mañana. Poder hablar durante tiempo de la misma cosa es algo digno de admiración. Pero yo sólo quiero llegar al coche.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 10,4 km; 530 metros de desnivel acumulado.

PD. Al poco de habernos recibido del Parque Natural de Cadí-Moixeró casi 100 mapas, hablamos con algunas personas mayores que vivían en Bagà. Una de ellas era un tal Sr. Puig, de más de 80 años cuando hablamos con él hace casi 15 años, que había vivido de niño y joven en Greixer. Nos ayudó a aclarar los caminos antiguos del Moixeró, pero su mujer era quizás la última persona viva que había habitado la casa de La Muga. Unos cinco años más tarde, empecé a darme cuenta de que debíamos haber aprovechado la oportunidad para hablar un poco más con ella.

8/5/2015 – El camí dels Matamatxos

El jueves, Pep me llama. No puede venir; vienen los arquitectos territoriales a mirar el castillo de Berga y tiene que estar con ellos.

Opto por una ruta turística que Carles no conoce y además, mi hijo nos acompañará. El camino de los Matamulas, como sería en castellano, recorre la cara norte de la Serra dels Tossals a media altura, desde el Túnel de la Mina hasta Vilella. Es básicamente bosque de hayas, lo que lo hace especialmente atractivo en primavera y otoño, por el color verde fresco y el color dorado, respectivamente, y también en verano porque es más fresco. En invierno, es una nevera.

Tiene otra característica, la de “trencacames” para usar otra expresión catalana, o “rompepiernas”. Es un continuo bajar para cruzar barrancos y subir para pasar pequeños collados y, por eso, supongo que también mataba a las mulas. Tiene la ventaja de estar señalizada íntegramente.

Dejamos un coche cerca de las casas de Taravil, que sería el punto final y continuamos por la carretera hasta llegar a la Mina, aparcando en el pequeño aparcamiento en la entrada lado Sant Llorenç del túnel.

 El camí dels Matamatxos, cerca del inicio

Y a mitad de camino

Vamos progresando, algunas subidas son más duras que otras pero a pesar de la falta de prisas, me doy cuenta que vamos a acabar muy rápido. La misma ruta la había hecho algunos años antes con un par de amigos y tenía la impresión que había durado mucho más. En aquella ocasión, o empezamos muy tarde o estaba fatal de forma física.

Ya llegando a la zona de Vilella, nos desviamos por un camino, también señalizado como parte de la Xarxa Lenta que pasa cerca del Tossal de les Monges y, en un intento de alargar la ruta, bajamos hasta la casa de Vilella. Habíamos pateado toda esta zona un par de inviernos antes de empezar el blog como parte de un encargo que tenía Pep para catalogar todos los caminos de Capolat. Recuerdo unas salidas gélidas por esta meseta expuesta.

El Tossal de les Monges. Detrás, Ensija y Pedraforca

Pero hoy hace más bien calor. Aquí en Vilella, huele a estiércol de vaca y decidimos subir hasta el Coll del Roure antes de comer. Comemos justo antes de pasar el ‘grau’, en una pequeña zona llana con el precipicio a pocos metros y una vista enorme delante.

 La casa de Vilella. Detrás, la Serra de Busa y Port del Comte

Justo antes de pasar el Coll del Roure

Al pasar el collado, giramos a la derecha, también indicado por un poste, rodeamos un pequeño ‘tossal’ y luego seguimos el lomo de la sierra en un descenso progresivo, con buenas vistas de esta parte de Capolat y, detrás, las llanuras y pequeños cerros del Baix Berguedà. Es una salida muy recomendable para hacer con dos coches.

Bajando hacia Taravill desde el Coll del Roure. Detrás, la meseta de Busa, cuartel general del ejército español durante la Guerra Napoleónica, y Port del Comte

Cal Sant, en Taravill

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 9 km; 500 metros de desnivel acumulado.

martes, 19 de mayo de 2015

24/4/2015 – Vilacorba

El jueves, Pep me llama. No puede venir; temas burocráticos relacionados con la Sociedad de Arqueología.

Pregunto a Carles dónde quiere ir. “Donde quieras”, me dice, generosamente. “¿No tienes ningún capricho?” “Bueno, un capricho sí que tengo”, contesta. “Por la casa de Bruc, en la Pobla de Lillet, había una zona muy habitada en la Edad Media, con castillo incluido, que se llamaba Vilacorba”. “Pues, que no se hable más. Allá vamos”, digo.

Como sabrán mis lectores, las piedras no me emocionan especialmente pero yo también tenía un capricho relacionado con esa zona. Detrás de la casa de Bruc, hay una larga sierra, al otro lado de la cual hay la casa de Meranges. Ya conocía un camino que daba la vuelta de la sierra por el este (ver la salida del 16/9/2011) pero, como los exploradores del siglo XVII que buscaban infructuosamente el Paso del Noroeste para comunicar directamente el Océano Atlántico con el Pacífico, guardaba esperanzas de encontrar un camino que usara una ruta más directa.

Aparcamos el coche en una curva de la carretera de Castellar de N’Hug y subimos hasta un collado encima de la casa de Les Comes. Para cubrir el expediente, Carles mira la cima del cerro pero no hay nada. Pero yo tenía la mirada puesta en los esperones rocosos hacia el norte. Encontramos un camino que marcha hacia el noreste pero muere en una dehesa. Igual se puede dar la vuelta pero eso no es lo que yo quería. Quería un camino que pasara directamente por algunos de los collados que indica el mapa.

Vista de La Pobla de Lillet y el Catllaràs, y detrás, Ensija y Pedraforca

Vemos rastros de caminos que se mueren en artigas (ver Glosario) a media cuesta. Empiezo a hacerme a la idea de que lo que estoy buscando no existe, como tantas otras cosas en la vida. Subimos otro camino por el bosque. De repente, Carles me dice: “Tienes una serpiente a tu derecha”. Me quedo clavado. Que diga que hay una serpiente y que no se escuche el ruido de algo que se escabulle sólo puede significar una cosa: una víbora. Giro la cabeza y allí está, a un metro y medio. Nos quedamos mirando, a ver quién cede primero y justo cuando estaba estaba buscando la manera de pasar sin acercarme demasiado, la víbora decide que, después de haberme aguantado la mirada durante dos minutos, ahora puede retirarse con dignidad y se marcha a mi izquierda.

Guía de identificación de serpientes para temerarios: Si la pupila es redonda, es inofensiva

Salimos en una pista antigua que sube con pendiente fuerte y zigzags cerrados para difuminarse en otra artiga. Miro las rocas detrás. “Es igual”, pienso. “Tampoco es lógico que se quiera subir esas cuestas asquerosas si se puede dar la vuelta de la montaña con una cuarta parte del desnivel”. Y nos paramos para comer.

Bajamos hacia la casa de Bruc. Aquí en los campos, hay piedra abundante, usada para hacer las terrazas. Si en alguna ocasión hubiera algo medieval, habría estado aquí, pensamos, pero no nos paramos a buscar. Por aquí, pasó una de las ediciones de la Caminada Popular de La Pobla de Lillet y decidimos que sería más fácil buscar el camino antiguo entre Bruc y Les Comes, que fue usado en esa Caminada, y que evitaría subir y bajar interminables barrancos en esta tierra rota. Con cierta dificultad, lo encontramos y nos lleva con elegancia a Les Comes.

La casa de Bruc. Detrás, las ásperas cuestas de la Carena de Les Comes 

Rodeamos la casa y en el proceso perdemos el camino. En el Torrente de Les Comes, encontramos otro camino, pero nos deja tirados en lo que debían ser los antiguos huertos de la casa. Hace calor y se me acaba el agua. Salimos como podemos del barranco del torrente y hacemos un flanqueo ascendiente por un calor cada vez más sofocante hasta llegar al collado que nos llevará al coche. Ha sido una salida demasiado técnica para mi gusto.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 10,7 km; 450 metros de desnivel acumulado.

lunes, 18 de mayo de 2015

17/4/2015 – El Roc de la Clusa

El jueves, Pep me llama. Tiene un congreso de arqueología y no puede venir. Toda la responsabilidad cae sobre mis hombros. A falta de otras opciones, decido continuar con la educación de Carles y propongo ir al Roc de la Clusa, que es una gran pared de roca que cierra el lado sur del valle de Sant Julià de Cerdanyola.

Desde el Coll de les Bassotes, sube un camino que fue uno de mis primeros descubrimientos del Berguedà, atraído por el canto de sirena de unas marcas amarillas pintadas en los troncos que me llevaron en una subida interminable a 35ºC un mes de julio.

Carles no conoce este camino, que es bastante atractivo, y además, había una zona en blanco en mi mapa encima de la casa de Espinedes.

Aparco el coche en el Coll de les Bassotes y emprendemos la subida. En un collado, giro a la izquierda para explorar unos comienzos de camino que tengo marcados desde hace 5 años o más. Podría haberme ahorrado el esfuerzo, porque mueren en un barranco.

Bifurcación de caminos: a la izquierda, la Collada de Sant Miquel; a la derecha, el Grau del Grapissot

Volvemos al camino principal y al poco rato, llegamos a una bifurcación, actualmente señalada con un poste. El camino que quería tomar va a la derecha, al Grau del Grapissot. Es una estrecha repisa que cruza una pared de roca. Ahora tiene un cable donde agarrarse pero cuando lo hice hace unos cuantos años, este cable no estaba y lo cierto es que su presencia se agradece.

El Grau del Grapissot. El cable ayuda a salvar un paso delicado

Pasado el ‘grau’, entramos en un hayedo y empezamos a explorar caminos que bajan la cuesta. Son antiguos caminos de carboneros, ahora convertidos en caminos para arrastrar troncos, pero uno lleva a la Font dels Coms, todavía con sus troncos ahuecados. Al final, me canso de tanto subir y bajar y dejamos lo que probablemente es el camino más importante de esta zona, ya que parece orientado directamente hacia la casa de Espinedes pero qué le vamos a hacer. Cuando por fin salimos del bosque a la cresta de la Serra de Sant Miquel, vemos un cielo amenazador.

La Font dels Coms

Vista hacia el oeste. Abajo, la Solana de Malanyeu y detrás, Pedraforca con la cima tapada por las nubes

“Típico”, pienso. “Se pondrá a llover ahora que estamos en el punto más alejado del coche”: Pero las nubes pasan y, después de almorzar cerca de la Collada de Sant Miquel, decido continuar con la educación de Carles.

Alargo la ruta hasta el Roc de Catllaràs. Es una enorme roca aislada clavada en un prado, como si hubiera caído del cielo. Por su situación aislada en la parte más alta del Catllaràs, es el punto de reunión de caminos que llegan desde todas las direcciones. Una novedad para mí son los caballos, ponies y mulas del Proyecto Miranda que ahora pasturan allí. Este Proyecto ha comprado la finca del Pla de l’Orri y se dedica a la equinoterapia. También hay un aviso de que la pista que pasa por la finca está cerrada al tráfico rodado. Al ser una ruta clásica de 4x4, no sé si le hacen mucho caso pero seguramente vale la pena intentarlo.

El Roc del Catllaràs

Carles es acosado por un pony; quiere su bocata

Volvemos a la Collada de Sant Miquel, desviándonos para pasar por la Font del Llop. Esta fuente, construida con bidones vacíos de gasoil, está destrozada, probablemente por los jabalís y ahora mismo, no sirve para nada. Echo de menos una robusta bañera que aguantara los embistes de estos animalotes.

La Font del Llop; un ejemplo interesante de escultura postindustrial en plena montaña

El camino se acerca a la pared de roca y aquí empieza la parte más atractiva de la ruta, ya que la proximidad de la roca crea unos efectos interesantes. Lástima que dura poco y no tardamos en llegar de vuelta al poste de la bifurcación.

El camino que bordea el pie del Roc de la Clusa

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 10,7 km; 700 metros de desnivel acumulado.

sábado, 2 de mayo de 2015

10/4/2015 – Els Cortalets

“¿Alguien tiene una propuesta?”, pregunta Pep retóricamente en el Mikado. Se hace el silencio. “Bien, vamos a Els Cortalets”.

Mientras estaba en Inglaterra, Pep y Carles hicieron una última salida – muy académica (ver Glosario), me dijo después Carles – a Viver, buscando los grandes caminos hacia Puig-reig y Barcelona. Luego vino Semana Santa, la Caminada Popular del Vall de Lord (con muchos caminos inéditos para mí), y mi cumpleaños con cambio de década incluido.

Els Cortalets es una pequeña zona de prados al final del Torrent de la Muga, debajo de Tancalaporta. Es una de las zonas más solitarias y más agrestes del Berguedà. De las pocas veces que he pasado miedo en la montaña, una ha sido cerca de aquí, unos cuantos años antes de conocer a Pep.

La vista que nos aguarda al bajar del coche, con la casa de Monnell a la derecha. Nuestro destino está al fondo, bajo Tancalaporta

Aparcamos el coche en la Font de l’Adou, esa cascada tan bonita que sale en todas las postales de Bagà. Hace tiempo que no hay cobertura de móvil y no la volveremos a tener hasta volver a Bagà. Aquí hay una barrera para que no pasen los vehículos pero la pista continúa. A la derecha se puede ir a la casa de Molnell y la Boixassa; a la izquierda al Salt de Murcurols. Recto, la pista continúa por el fondo del valle, que se va estrechando alrededor nuestro, hasta formar una especie de cañón.

La pista de La Muga

Cuando finalmente se muere la pista ya tocando la riera, marcha un camino hacia arriba a la derecha, a la casa de La Muga, la última en este valle, y otro que cruza la riera y continúa hacia arriba a Els Cortalets. Había subido ese camino hace muchos años, con Pep y unos amigos más, en una larga caminada. Recuerdo una subida penosa, interminable, pasando por la barraca de pastores y continuando hasta el Pla de les Eugues, el Pas de la Moixa y luego bajando por el Coll de Vimboca y el valle de Galigans hasta els Empedrats. Pero en aquel tiempo, éramos jóvenes y guapos e incansables.

Pero dejadme que os cuente la vez que pasé miedo en La Muga. Unos cuatro años antes de conocer a Pep y armado sólo con el mapa viejo del Alpina (que es una garantía para perderse), decidí buscar solo la casa de La Muga. Llegué al final de la pista sin problemas y vi el camino que subía a la derecha. Pero ese camino hace muchas curvas extrañas y yo todavía sabía muy poco sobre cómo funcionaban los caminos en estas montañas. En una de esas curvas, pasé de largo y empecé a subir más o menos en línea recta por el bosque, siguiendo algún rastro de jabalí. Al final, me di cuenta de que no iba a llegar a la casa y si seguía así, mi próxima parada sería la Sierra de Cadí. Al dar la vuelta para bajar, vi el paso cerrado por la vegetación. Ese rastro que había seguido de subida se había esfumado y no veía la manera de bajar. Y para colmo, se estaba formando una imponente tormenta de verano detrás mío.

Reconociendo los síntomas del pánico, me obligué a sentarme y comer una madalena que llevaba en la mochila. Cuando volví a ponerme de pie, en vez de intentar ir abajo como sea, fui a la derecha, hacia el oeste. Entré en un hayedo con mucha pendiente pero despejado y allí abajo, pude ver lo que parecía un camino. Bajé como podía, a veces de pie, a veces de trasero pero llegué abajo. El camino era bueno y me llevó a la pista. A partir de allí, fue una carrera contrarreloj para llegar al coche antes de que estallara la tormenta. En aquella bajada, perdí mi reloj pero me parecía un precio barato a cambio de salir indemne de allí. En todas las veces que he subido y bajado ese camino desde entonces, nunca he podido ver en qué punto perdí el camino ni encontrar el hayedo por donde bajé.

Pero ha llovido mucho desde entonces y ahora estamos subiendo el camino a Els Cortalets. Al principio, hay bastantes tramos planos que mi memoria había borrado y en uno de ellos, vemos un camino que marcha a la derecha y que no teníamos presente hasta ahora. Está a la altura correcta para venir de la casa de La Muga y lo guardamos para la vuelta. Empieza a formarse una sospecha en mi mente: “¿Tienes cruces por aquí?”, pregunto a Pep, recordando su proyecto para encontrar cruces de linde. “Eso espero”, me contesta.

Mirando hacia Bagà desde el camino de subida a Els Cortalets

Ahora sí el camino empieza a subir de forma continuada. Como prueba de que los años no pasan en vano, se suceden paradas frecuentes para “disfrutar de las vistas” o comentar algún hallazgo en los archivos con Carles. Otra novedad que no había hace unos cuantos años son las “fites” o montículos de piedras cada pocos metros colocados por excursionistas voluntariosos y también alguna marca de pintura de los cazadores.

Por fin llegamos al prado y a la derecha está la barraca de pastores, protegida del viento del norte por la única roca de cierto tamaño que hay en ese prado. Detrás, hay un precipicio creado por el barranco excavado en la roca calcárea por la riera, el Afrau de Monnell. Impresionante. Y mirando hacia el este, hay todo el valle de Bastareny, hasta Bagà y más allá.

Nos sentamos para comer y Carles saca un papel y empieza a leer:

Fol 210.- Conveni fet pels cònsols de Bagà amb Julià Climent de Foix, 6 abril 1695.
Dissabte 16 d’abril de 1695 a Bagà.- “Com se tingues algunas dificultats entre els magnífis Francesc Guitart i Josep Ripoll, el present any cònsols de la vila de Bagà, bisbat de Solsona, de una part, y l’ilustre Sr Julià Climent de Solanell de Foix, donzell en la vila de Bagà domiciliat, usufructuari de les coses dotals constant lo matrimoni entre ell y la Sra Francisca de Foix y Solanell sa consort, de part altra, sobre en que se dilataren los emprius de las herbas y pasturas ditas y anomenadas de Pradell en las quals tant la dita Universitat com lo dit Sr Solanell de Foix tenen la facultativa de emprivar aquellas, perso les dites respective parts han convingut en declarar aquella en lo modo següent; es a saber, que dits emprius contenen les terminacions següents: començant al capdemunt dels Cortalets confrontant ab lo Grau de Pradell, y de aqui baixa al camí fins el cap de la pleta de los Cortalets y de aqui passa tot de pla al Portell de la Sibina que hi ha una creu esculpida ab una roca, y de aqui passa al capdemunt de la devesa de la Muga, dret a uns avets, que hi ha un padró y senyal de creu á una roca, y de aquí al Portell de la Cambra tot dret seguint los padrons, y creus que hi ha fetes per divisió en las rocas, y de aquí entra en la cambra fins als avets, y de aquí sen torna per lo mateix camí, y tot de pla dels avets dret als Codrons, que ja hi ha creus per termes, despres serra serrejant, tot aiguaves fins al coll de la Moxa, y despres fins al Tancalaporta tot aiguaves; y en la forma sobredita ho declara tenir tant la vila de Bagà com los de casa de Foix empriu en ditas herbas sobre qual declaracio prometen no fer ni contravenir ...” (he puesto en negritas los topónimos)
(Còpia feta per Bonifaci Ignasi de Boix el 6 de setembre de 1789)

Resulta que había un pleito entre el Ayuntamiento de Bagà y la familia heredera de Foix por las pasturas de Cortalets a finales del siglo XVIII y, para ver qué les tocaba exactamente, se había buscado en los archivos hasta encontrar este documento de un siglo antes que definía claramente por dónde pasaban los límites de propiedad.

“'Capdemunt dels Cortalets’ sería esa roca allá”, dice Pep, señalando el peñasco más alto delante nuestro, pero ahora no hay nada que se llame ‘Grau de Pradell’”. “Eso es fácil”, digo. “Es el Pas de la Cabra”. Es un 'grau' que pasa al lado de esa roca y que permite pasar a la cara sur del Puig Terrer y llegar a Comabona. 

En el centro, la roca que sería el Capdemunt dels Cortalets. A la derecha, donde hay una mancha de nieve, se intuye el Pas de la Cabra

Hace unos cuantos años, fue nuestra ruta de regreso después de bajar a Els Cortalets desde el Pas de la Solana, lugar donde, durante un instante, vi el Ángel de la Muerte, pero esto será tema de otra entrada. 

El Pas de la Solana

Pep me mira sorprendido. “Pues sí, podría ser”, reconoce. “Y luego baja hasta el ‘Cap de la Pleta de los Cortalets’, que tiene que ser aquí”, y señala un pequeño cerro cubierto de pinos al final del prado.

Vista panorámica desde Els Cortalets, con la barraca de pastor. A la izquierda, la roca de Capdemunt dels Cortalets con el Pas de la Cabra; abajo, el pequeño cerro de pinos que, según Pep, es el Cap de la Pleta de Cortalets; y al fondo, Tancalaporta con el Prat de les Eugues abajo

Pero a mí no me cuadra esto. ¿Cómo va a ir de llano desde allí si está cortado por el Afrau y una pared de roca detrás? Después de comer, miramos un camino detrás de la barraca que baja al torrente y que es usado para acceder a un puente natural de roca (El Pont) al otro lado. Pero al cruzar el torrente, sólo hay una 'tartera' o pedregal. Volvemos a Els Cortalets y subimos un poco más, hasta tener a la vista el Prat de les Eugues y, detrás, todo el circo de Tancalaporta. La ribera norte del Afrau de Monnell es roca infranqueable hasta llegar a la altura de este prado superior. 

La vista hacia el este desde encima de Els Cortalets

A mí, el no científico y no académico, se me hace la luz. La línea divisoria tiene que pasar por el Prat de les Eugues y desde allí buscar este desconocido Portell de la Sibina. La verdad es que, como pastura, esa franja más alta hoy parece muy pobre. No sorprende que se hiciera un pleito en un intento de acceder a pastos más buenos.

A mí me resulta muy gracioso (y así se lo hago saber con mis carcajadas) que Pep, que declara regirse por procesos lógicos y científicos, tenga que seguir una ruta tortuosa, llena de baches y callejones sin salida, cuando para mí todo es diáfano. Pep, intuyendo que quien se ríe el último, ríe mejor, como decimos los ingleses, guarda silencio.

Pep y Carles intentan sacar algo en claro

Ya es hora de bajar. Llegamos al camino que parecía marchar hacia La Muga. Más que un camino de enlace con nuestro camino de subida a Els Cortalets, parece un camino para acceder al bosque ya que tiene continuidad hacia el Bac de la Muga. De todos modos, lo seguimos hacia La Muga. Llega al torrente, lo cruza y allí se bifurca. Un camino va hacia arriba y vuelve a bifurcar, uno de cuyos ramales vuelve a cruzar el torrente y sube en eses muy pronunciadas hacia Els Cortalets, mientras el otro camino va de llano. Está claro que aquí hay un pequeño laberinto pero, siguiendo los inicios de los caminos, hay dos cosas que sacamos en claro: La Muga tenía un camino particular para subir a Els Cortalets que no era el que está marcado con los montículos de piedras y también hay un camino de cierta categoría que marcha hacia el norte, donde hay un pequeño collado y, desde allí, ¿quién sabe?

El salto de l'Adou. Qué diferencia respecto a nuestra salida del 9/1/2015

Dejando todos estos misterios para otro día, entramos en el camino principal de La Muga y bajamos a la pista. Allí, aún me esperaba una última sorpresa: una Nymphalis antiopa o Camberwell beauty en inglés. Es una mariposa muy vistosa y difícil de ver aquí. Sólo sale en la primavera, cerca de cursos de agua.

Nymphalis antiopa. La foto no es mía.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 12,7 km; 800 metros de desnivel acumulado.

PD. Hablando hoy con Pep de los detalles técnicos de esa salida, me dice que en aquella época, según un documento que ha leído hace poco, 'portella' también se refería a un agujero en una pared y que el Portell de Sibina podría ser lo que hoy se llama el Pont. La prueba definitiva sería encontrar una cruz grabada en la roca. Mi teoría, que hace 3 semanas parecía tan sólida, empieza a tambalear.

domingo, 19 de abril de 2015

20/3/2015 – La Riera de Navel

La semana que viene, estaré en Inglaterra y ya no volveré a esta zona. Por eso, Pep decide que merezco un recorrido turístico por la Riera de Navel, ahora convertida en reserva natural. Hoy también habrá un eclipse parcial que nos pillará en plena caminada.

Por enésima vez, aparcamos delante de la iglesia de Sant Joan de Montdarn. “Recuerda lo de los cinco caminos”, dice Pep para acallar mis protestas. Iniciamos lo que sería el camino a Montmajor, girando a la derecha justo antes de Les Casas y pasando por la casa de Buida-Sacs.

En algún punto, se ve algún resto de lo que podría haber sido el camino antiguo, pero básicamente estamos siguiendo pistas forestales. Situados en la cabecera de la Riera de Navel, nos encaminamos hacia el Molino de Cal Félix mientras la luna va comiendo el sol poco a poco, dejando una sensación precrepuscular. Pep y Carles, al igual que los trolls, no se atreven a mirar el sol pero yo no temo por mis retinas y aprovechando las nubes que tapan parcialmente el cielo, veo que el sol ahora se parece a un cuarto de luna.

Pasamos por el molino, con la arquitectura típica de una torre medieval. ¿Qué hace una torre metida en el fondo de un valle? pregunto a Pep. No me lo sabe decir con claridad pero especulo que podría ser para proteger la entrada, como esas estatuas que vigilaban la entrada de Góndor en la película del Señor de los Anillos.

La casa de Cal Félix con la torre medieval a la izquierda

Pasamos delante de Cal Rebotit, una casa que se está arreglando. Aquí el GR deja la pista y sube hacia Pujol de Planés. El primer tramo está inventado, cruzando antiguos campos, pero empalma con otro que viene de una casa en ruinas a media altura cerca de Cal Félix y ése sí es auténtico. Mientras vamos subiendo, voy vigilando el móvil para ver si tengo cobertura. Porque hoy es el cumpleaños de mi padre y tengo un plan: que todos le cantemos “Happy Birthday” por el móvil para hacerle pasar el trauma de cumplir 89 años. Llegamos a Pujol de Planés, donde también hay una pequeña zona de picnic y unos plafones explicativos de la reserva natural. Es el lugar perfecto.

Les explico el plan a Pep y Carles pero no están por la labor, a pesar de que los dos conocen a mi padre desde hace tiempo. Cantar a pleno pulmón agrupados alrededor de un móvil no les hace gracia; temen por su dignidad como personas serias y se niegan en redondo. Les recrimino su falta de sentido de humor, sus pocas ganas de divertirse, de hacer una buena obra y dar unos momentos de felicidad a un anciano; incluso les explico la vergüenza que tuve que pasar en el curso de Hablar en Público que hice hace un par de años pero no hay manera. Saludar sí, pero cantar no.

 La casa de Pujol de Planés con la iglesia de Sant Esteve

El plafón informativo de la reserva natural

Mientras tanto, vamos bajando otra vez al valle y pierdo cobertura. Pasan unas nubes un poco tormentosas y tememos la lluvia pero luego sale el sol y todo vuelve a la tranquilidad. Cantan los pájaros y revolotean las mariposas.  De repente, Pep deja la pista para bajar a la riera, que cruzamos saltando de piedra en piedra. Pep y Carles me miran desde la seguridad de la otra orilla para ver si caigo al agua pero no será aquí sino más adelante, cerca de Cal Rebotit.

Pep nos lleva a una especie de bodega en un antiguo campo de cultivo, que es lo que queda del molino medieval de Tremps. Aquí estaría la maquinaria, dice Pep, y las muelas posiblemente estén enterradas abajo. La casa estaría encima, pero no queda rastro.

Interior del Molí de Tremps

Buscamos la pista que sube por la otra orilla, pasando por El Llop y el Molí de Vilajussana. Cruzamos la riera encima del molino y otra vez frente a Cal Rebotit, pero tampoco aquí caigo al agua. Es un poco más arriba, donde un salto mal calculado me hace aterrizar en un lodazal. Consigo extraer las botas del fango, vuelvo a calzarme y continuamos por una antigua pista. Medio kilómetro después, todavía se están riendo a mi costa. Bordeando unos campos, llegamos a las ruinas de Cal Peirot, luego a Les Cases y el coche. 

Hemos hecho casi 21 kilómetros y me quedan fuerzas de sobras para continuar. Después de perder casi toda esperanza, la recuperación de mi pierna es un hecho.


Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 20,7 km; 520 metros de desnivel acumulado.

sábado, 21 de marzo de 2015

13/3/2015 – Caminos de Viver

Esta semana le toca a Viver. Pep aparca el coche cerca de los depósitos de agua encima del pequeño núcleo de Viver. La primera tarea es fácil: seguir el tramo de camino marcado en el GPS de Carles, hecho sobre una pista abandonada, hasta la casa de Sant Feliu para completar el tramo de la semana pasada. En las pistas vemos filas de orugas de procesionaria. Su aspecto produce una sensación instintiva de repugnancia que despierta los instintos asesinos hasta de la persona más pacífica y mientras Carles y Pep hablan de sus archivos, me dedico a romper filas de orugas con mi bastón.

Cruce de caminos cerca de la casa de Sant Feliu

Una vez de vuelta a los depósitos, Pep nos lleva a los pocos restos de lo que era el castillo de Viver y. En unos campos cercanos, se ven piedras talladas sacadas del castillo para hacer paredes. Y, un poco más allá, debajo de una roca de extrañas formas, algo que no me esperaba: unas tumbas excavadas en la piedra, de todos los tamaños, para adultos, para niños e incluso para bebés. Impresiona mucho ver esas formas cortadas en la roca. Del siglo VII, dice Pep. Y se habitaba aquí mucho antes, añade. 

 El castillo de Viver

Y las tumbas. Observad la forma recortada para la cabeza y la repisa para una losa que tapaba la tumba.

Volviendo al coche, pasamos por unos agujeros cortados en la roca, como la semana pasada, para fijar unas vigas de casas. Aquí una máquina de tiempo nos iría muy bien, para ir viendo cómo se vivía aquí en distintas épocas. ¿Los señores del castillo sabían que 5 siglos antes, los visigodos enterraban sus muertos aquí? ¿Y los visigodos sabían que 5 siglos antes, los íberos levantaban sus casas bajo las mismas rocas?

Con esos pensamientos, llegamos a las ruinas de la Vilanova Vella, que había sido una gran casa dedicada a la viña, antes de abandonarla por la casa actual, un poco más abajo, al lado de la iglesia. Y al lado de los restos de la casa, otras ruinas mucho más antiguas pero de uso desconocido.

Parte de lo que queda de la antigua casa de Vilanova

Pep también quería seguir el camino de Viver a Puigreig. Durante un kilómetro, sigue el recorrido de la carretera actual pero luego, se aparta hacia la izquierda, según el GPS de Carles. Aparcamos el coche y luego sigue un calvario por el bosque, vuelto impenetrable tras los incendios de 1994. Encontramos una pista que nos lleva a una cresta pero el trazado del camino se aleja y hay que bajar. Esquivando precipicios y peleando con las zarzas, intentamos conectar con algo que se pareciera a un camino. A media bajada, Pep da la vuelta para buscar el coche y traerlo a la pista que se ve en el fondo del valle. Carles y yo continuamos. Cada metro que avanzamos es una rascada más en las piernas o los brazos, a pesar de la ropa que llevamos. Las zarzas no tienen piedad, pero, por fin conseguimos llegar abajo, en el Torrent de la Barraca, pero sin haber encontrado el camino en ningún momento.

Abajo, en la pista, vemos Pep que viene caminando hacia nosotros. “Os llevaré a la Miranda de Esquerdivol, una torre de vigilancia medieval”, dice, a modo de consolación. Subimos hacia el Norte, hasta una pequeña cima donde hay los restos de una pequeña estructura. Sin los árboles actuales que lo tapan todo, desde aquí se controlaban todos los caminos importantes de la zona.

Volvemos a bajar unos metros y buscamos un sitio para comer. Y después, bajamos por otra cresta, por un paisaje que todavía intenta recuperarse de los incendios de hace 20 años, hasta llegar al coche.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 8,5 km; 275 metros de desnivel acumulado.

6/3/2015 – Caminos a Serrateix

La semana siguiente no pude salir por motivos de trabajo. Carles y Pep fueron al núcleo de Serrateix pero nunca llegué a saber qué exactamente hicieron allí. Esta semana, volvemos a estar al completo y para mi asombro, veo que aparcamos en la misma iglesia, Sant Joan de Montdarn. “¿Qué poder magnético tendrá esa iglesia?”, me pregunto.

Pero resulta que Carles ha bajado los caminos de la Minuta de Serrateix a su GPS y Pep no quiere desaprovechar la oportunidad para ligar otro tramo del camino de Cardona en este municipio, desde Sant Juan de Montdarn a Casserres. Desde la iglesia, empieza siguiendo el GR, luego se aparta, y luego se vuelve a juntar … y así hasta el límite del municipio. Bueno, pues ya está. Volvemos por otra pista; prensas, tinas, cerámica de distintas épocas desparramada por los taludes. Aquí hay mucho trabajo para los arqueólogos.

Una prensa cerca de la casa de Grataconills. La prensa se encajaba en el círculo grabado en la piedra y el tornillo se sujeta con unos hierros pasados por un agujero en la roca debajo. El mosto de uva o el aceite se acumulaba en el agujero a la izquierda.

Durante todo este tiempo, he estado caminando con un dolor muy molesto en el muslo, agravado por la semana tan sedentaria que he tenido. No lo he mencionado antes por no querer alarmar a mis lectores, pero desde que me torcí el tobillo el verano pasado, he tenido problemas musculares en el muslo que se han ido agravando con los meses. Al final, decidí que no se iba a arreglar sólo y me he puesto en manos de una fisioterapeuta.

Desde la iglesia, Pep nos manda a la cresta a buscar el camino de Sant Joan de Montdarn a Serrateix mientras él avanzará unos kilómetros con el coche nos veremos al otro lado. Vamos por la pista, Carles atento a su GPS. Tras unos 2 kilómetros, Carles deja la pista y busca la cresta para ver si ve indicios del camino. Mi misión, dice, es continuar por la pista. Al otro lado de un pequeño valle, veo una roca con unos agujeros alineados y, al lado, unos campos aterrizados de clara antigüedad. “Qué cosa más curiosa”, pienso, y saco una foto. Poco rato después, me reúno con Carles, que no ha encontrado nada, y 10 minutos después, oímos los gritos de Pep, que viene bajando de la cresta.

“Oye, Pep”, digo mientras enciendo la cámara. “Esos agujeros, ¿qué son?”. Pep mira la pantallita de la cámara y su cara se tensa. Me lanza una mirada penetrante. “¿Dónde has visto esto?”, me pregunta. “Allá atrás, delante de la pista”. “A mí no me ha dicho nada”, interrumpe Carles, dolido. Pero a Pep no le interesan las quejas de Carles. “Vamos allí ahora mismo”, dice. “Pero nos vas a hacer deshacer más de un kilómetro de camino”, protesto. “Estos agujeros son la clave de esta zona. Por fin, has encontrado algo útil”, dice Pep y se pone en marcha.

 La roca con los agujeros

Llegamos frente a la roca y dejamos la pista. El acceso no es fácil y llegamos a una roca frente a los agujeros, con un hueco rectangular debajo. En la roca donde estamos se ve unas formas cuadradas talladas. “Esto es una casa, podría ser medieval”, dice Pep. “Aquí ponían las vigas del tejado”.

“Un poco más arriba, la Minuta me pone una casa, la Muntanyeta”, dice Carles. Subimos como podemos por las rocas y las zarzas y tenemos en frente las ruinas de una casa más moderna que aprovecha los huecos entre las rocas.

Algunos de los restos de La Muntanyeta

Nos ponemos debajo de una encina a comer, cerca de la casa. Cuando nos volvemos a incorporar media hora después, noto que me falta algo: el dolor en la pierna. Volvemos a la misma pista y la seguimos hasta la carretera, donde está aparcado el coche.

Pero aún queda tiempo y Pep lo aprovecha para buscar el camino de Viver a Serrateix. Cruzamos la carretera y continuamos por la pista. Pasamos por la casa de Els Plans y debajo, en la Rasa de la Coma, el GPS marca un punto donde el camino cruza la pista. Giramos a la izquierda y subimos la cuesta, a veces siguiendo el trazado del GPS y a veces perdiéndolo, hasta llegar a la casa de Sant Feliu, donde volvemos a girar hacia la carretera. Llego al coche cansado pero sin dolor. Es buena señal.

El pequeño núcleo de Viver

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 15,3 km; 440 metros de desnivel acumulado.

20/2/2015 - El Camino de Cardona

Hoy Carles puede venir y además, ha traído un mapa militar de 1811 que ha encontrado en la web del Ministerio de Defensa que incluye esta parte de Cataluña Central. Volvemos a la misma iglesia de Sant Joan de Montdarn. ¿Por qué está tan obsesionado Pep con esa iglesia?, me pregunto. Resulta que de esa iglesia, salen cinco caminos según el mapa de 1811. Uno de ellos iba hacía la Riera de Navel. “Sería el camino de Cardona que llevaba la sal a Ripoll, pasando por Casserres”, dice Pep. “Llevo las tres últimas semanas buscándolo”. “O sea, en ese vagar sin rumbo de la semana pasada, al final resulta que hubo un propósito oculto”, pienso.

Entramos en una pista que marcha hacia el sureste, buscando la cresta. Los incendios de 1994 han borrado todo rastro de camino y parecemos condenados a deambular por cuestas una vez más. Pasamos por las ruinas de una casa y ponemos rumbo a la casa de Balaguer, donde antes había un castillo y aún hay una pequeña iglesia en la cima del cerro cercano. Pasamos por unos cortes en la roca pintados de blanco, son marcas de un límite de propiedad. “A veces los grandes caminos seguían límites de propiedad”, aventuro. Decidimos seguir el rastro de las marcas, que nos llevan a otra pista. Pep sigue paralela a la pista, un poco más abajo, buscando afloramientos de roca. De repente, se oye un grito. “Venid aquí”. 

Surcos delatadores; observad la pintura blanca que marca el linde de propiedad

Llegamos al afloramiento y vemos el surco inconfundible de un camino. “El camino de Cardona”, proclama Pep, triunfalmente. “Claro, como sabéis, a veces los grandes caminos siguen los límites de propiedad”, enuncia con cierta pedantería, haciendo suya mi propuesta de media hora atrás.

El camino se mantiene hacia el suroeste, bajando suavemente. En cada afloramiento, volvemos a ver los surcos. “Poteras”, los llama Pep, en referencia al catalán de “patas” de animales, para diferenciarlas de las “roderas” creadas por las ruedas.

La Riera de Navel, cerca del Molí de Vilajussana

Ya tenemos delante la Riera de Navel con un pequeño embalse. El camino baja la cuesta en zigzags, donde entra en una pista que baja por la ribera izquierda de la riera. Pasamos por el Molí de Vilajussana y una casa en ruinas, El Llop. Pero hemos perdido el camino. “Pasaba por el otro lado”, concluye Pep.

Otra vista de la riera

Damos la vuelta y retrocedemos por donde venimos, pero esta vez seguimos las “poteras” hacia arriba hasta llegar a la casa de Balaguer. Al otro lado de la cresta, bajamos la pista hasta ver un tenue camino que marcha hacia la Rasa de Sant Martí. Peleando con las zarzas y espinos, cruzamos el pequeño valle y en el otro lado enlazamos con el tramo de camino que hicimos Pep y yo la semana pasada. Lo cierto es que es imposible ver el enlace si no lo sabes de antemano. “Un día histórico”, concluye Pep.

Más surcos debajo de Cal Balaguer

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 13,9 km; 360 metros de desnivel acumulado.