Aquí relato nuestras salidas por los caminos del Berguedà y comarcas vecinas. Como lo pasamos muy bien, queremos comunicar sobre todo buen humor y alegría pero también tiene un fondo muy serio: el camino como bien patrimonial, pieza esencial para entender la historia y digno de conservación. Es nuestra misión desde hace más de 15 años.



lunes, 9 de junio de 2014

30/5/2014 – El Tramvia de Sang

Un viaje a Inglaterra, un resfriado pillado en el avión y una colonoscopia me mantienen bien entretenido y pasan dos semanas que no puedo salir. Pep y Carles repasaron caminos de la Minuta entre La Nou y Malanyeu.

Pero hoy, que por fin puedo salir, el tiempo no parece acompañar y amenaza lluvia. En el Mikado, todo son dudas. No conviene alejarse mucho del coche. Finalmente, Pep pone rumbo a Malanyeu, más por inercia que por otra cosa, pero al ver la cortina de lluvia hacia el norte, sale del Eix del Llobregat a la altura de Cercs para dar la vuelta. “¿Por qué no miramos el Tramvia de Sang?”, propongo.

El Tramvia de Sang fue el primer ferrocarril del Berguedà, que transportaba carbón – y también pasajeros – desde las minas de Figols hasta el Coll de Magdalena, al lado del Castillo de Berga. Funcionó durante más de 30 años, hasta que el carrilet llegó a Guardiola y a partir de entonces, cayó en el olvido. El nombre viene del hecho de que los vagones eran tirados por mulas.

Hace unos cuantos años, Xavier Campillo intentó sin éxito promoverlo como Vía Verde e incluso se llegó a acondicionar un tramo que va desde encima del Estany Clar hasta la carretera vieja, cerca del Coll de Magdalena. Hoy este tramo está integrado en la Xarxa Lenta y también forma parte de mi ruta de censo de mariposas. Como todo este ferrocarril, tiene un trazado muy sinuoso, ya que va siguiendo los pliegues del terreno para mantener la altura. En cada barranco, había un puente, algunos de los cuales todavía se mantienen en pie.

Vista del pantano bajo un cielo amenazador. Detrás, la silueta de Puigarbessós, en cuya cima hay los restos de un castillo medieval

Hace unos 10 años, yo había seguido un tramo desde el túnel de Cercs hasta la carretera de Casanova pero ni Carles ni Pep lo conocían. Subiendo hacia Casanova en el coche, vemos la entrada del ferrocarril por la izquierda y la guardamos para después, luego la vía sigue el trazado de la carretera (que aquí es plana) y cuando la carretera vuelve a coger pendiente, se marcharía a la derecha. Ese tramo era el que nos proponíamos encontrar primero.

Aparcamos el coche. El cielo está muy nublado pero aquí no llueve y más adelante, incluso sale el sol. Recorremos a pie la carretera, mirando por la derecha hasta ver el ferrocarril abajo en el cambio de pendiente. Bajamos pero está horriblemente tapado. Apenas podemos avanzar y es con mucha dificultad que llegamos al Torrente de Garrigues, donde vemos los restos de un puente. Damos la vuelta, salimos nuevamente a la carretera y buscamos la vía que iba hacia el túnel de Cercs. Aquí el trazado es mucho más fácil; es casi todo pista.

Ante la falta de dificultad del terreno, Pep y Carles se enfrascan en una discusión sobre un tema favorito: el turismo, la conservación del patrimonio histórico y la falta de visión de los políticos locales. Pasan media hora desahogándose pero me temo que una vez más, nadie les va a hacer caso. Al acercarnos al túnel de Cercs, veo que han abierto una pista sobre la vía, que se ha encargado de borrar los pocos indicios que aún quedaban de la existencia del ferrocarril.

 La pista nueva que ha rascado lo que quedaba de la vía

El túnel de Cercs; se ha creado un pequeño camino que pasa por la línea de árboles arriba

El túnel cortó la vía y hay una especie de camino que supera la boca del túnel. Al otro lado, continúa, pero un árbol caído nos impide continuar y damos la vuelta.

Llevamos el coche hasta el pueblo de Cercs y lo aparcamos en la Font Gran. Ha salido el sol y el torrente está precioso. Desde el pueblo mismo, subimos un camino, ahora parte de la Xarxa Lenta, que iba hacia el pequeño núcleo de casas alrededor del Pujolet de Dalt con la idea de buscar la continuación de la vía que dejamos en el Torrente de Garrigues.

La Font Gran en Cercs

A la izquierda, el trazado del ferrocarril ha quedado borrado, integrado en los campos, pero a la derecha marcha un camino (también marcado como Xarxa Lenta) y no tardamos en ver los taludes de piedra de la vía. 

El Tramvia de Sang antes de llegar al puente sobre el Torrente de Peguera; la vía pasaba a la izquierda, sobre el muro de contención

Hace algún tiempo, Pep y Carles habían hecho este mismo camino pero no habían comprendido el significado de estas piedras. Hoy se he hecho la luz. Finalmente el camino cruza el Torrente de Peguera sobre un puente restaurado bajo las imponentes columnas del ferrocarril de Peguera.

 El puente del Tramvia de Sang sobre el Torrente de Peguera

Una de las columnas del ferrocarril de Peguera (se intuye otra entre los árboles a la derecha)

Aquí, en el Berguedà, entre las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del siglo XX, hubo una actividad febril, con inversiones millonarias (y también quiebras millonarias). El Tramvia de Sang fue el primero, luego hubo el ferrocarril de Peguera y todas las instalaciones mineras en Peguera, el Canal Industrial, la colonia minera de Figols, el ferrocarril de Gisclareny a Guardiola (ahora la vía de Nicolau), la fábrica de cemento del Clot del Moro, la canalización de las aguas del Llobregat y las minas de carbón del Catllaràs. Y, en el Baix Berguedà, las colonias textiles. Un patrimonio inmenso.

El puente del ferrocarril de Peguera cuando aún funcionaba, en los años 20

Con esos pensamientos, llegamos de vuelta al pueblo de Cercs. Almorzamos en las mesas de cemento cerca de la Font Gran, mirando como corre el agua del Torrente de Garrigues, hasta que una lluvia persistente nos obliga a marcharnos.

El merendero cerca de la Font Gran

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 8,1 km; 200 metros de desnivel acumulado.