Aquí relato nuestras salidas por los caminos del Berguedà y comarcas vecinas. Como lo pasamos muy bien, queremos comunicar sobre todo buen humor y alegría pero también tiene un fondo muy serio: el camino como bien patrimonial, pieza esencial para entender la historia y digno de conservación. Es nuestra misión desde hace más de 15 años.



jueves, 12 de septiembre de 2013

6/9/2013 – Más caminos en Peguera

Hoy Carles no puede venir. Le llegan 60 suecos para una boda en Capolat y tiene que dejar todo a punto en el hotel. Pep opina que Peguera todavía ofrece muchas posibilidades y me propone mirar aquellos caminos que vimos en el bosque la semana pasada cerca del teleférico de Moripol. Pero … primero quiere buscar los caminos de Canals de Catllarí y Castellar de Riu indicados en la Minuta.

Ponemos rumbo al oeste. Pep cree que el camino sube por una línea rocosa al otro lado de la pista (si miráis la penúltima foto de la entrada de la semana pasada, veréis un surco ancho y una línea blanca en el margen izquierdo) pero antes de llegar, se desvía atraído por el color negro de la tierra. Sigue media hora anotando escombreras y galerías hundidas de unas viejas minas.

Cal Agutzil y Cal Bepó

Por fin, entramos en el pequeño barranco y vamos subiendo por un trazado todavía poco definido. Al final de la zona de roca, vemos un camino que marcha hacia la derecha y entra en el boj con un perfil inconfundible. Salimos a los prados con la Collada de Peguera a la vista, que es por donde baja el camino a Canals de Catllarí. Primer objetivo conseguido.

El camino de Castellar de Riu no es tan evidente. En la Minuta, se bifurca del camino de Canals de Catllarí y marcha hacia el norte. Yo había visto lo que podría ser un camino pero a Pep no le gusta y buscamos otras opciones, sin éxito. Finalmente, al no quedar otra opción, probamos mi camino. Parece más un ‘camí ramader’ o camino para subir ganado (lo que también tendría su lógica puesto que sube a los prados) pero cuando salimos del boj, Pep todavía no está convencido. Lo que sí está claro es que ninguno de los caminos está incluido en la Xarxa Lenta, cuyos postes y marcas de pintura vemos proliferar.

Caminando hacia el este, decidimos seguir el camino marcado como parte del PR. Sale del cementerio y hace una diagonal por el bosque hasta salir a la pista de Rasos de Peguera en el Tossal. Empieza muy bien pero pasados los campos y ‘trumferas’, pierde categoría y finalmente desaparece del todo, quedando indicada la ruta por marcas de pintura en los árboles.

Enésima vista de las ruinas de Peguera

Volvemos a bajar hacia el cementerio y, casi abajo, se produce un cambio en el guion. Existe un camino que marcha hacia el norte, marcado con estacas azules. Pep siempre lo había descartado como camino artificial creado para llevar los corredores de la carrera de montaña de Berga-Ensija hasta el punto más alto de Rasos de Peguera pero ahora, al verlo de cerca, la verdad es que tiene muy buena pinta. Decidimos seguirlo y vemos que, en realidad es un camino del todo auténtico, primero por las cicatrices dejadas en los pinos al arrastrar los troncos con mulas y luego por las carboneras que vamos encontrando. En cierto momento, el camino (ahora sí artificial) de los corredores marcha hacia la derecha, hacia el Pedró pero nosotros continuamos hasta la última carbonera, a 1.920 metros, donde el camino muere.

Aquí comemos y como sólo somos dos, he traído mi última botella de cerveza, Poacher’s Choice. Es tan buena que es un crimen compartirla entre tres.

Iniciamos un flanqueo hacia el oeste por el bosque, sin camino. “¿Por qué venimos por aquí?”, pregunto. “Por muchas razones”, contesta Pep. “(i) Para dar un paseo por el bosque, (ii) Para ver si encontramos algún camino nuevo, (iii) Para buscar setas, (iv) Para bajar con menos pendiente y por otro sitio, y (v) Para recordar viejos tiempos”. De setas, encontramos muchas pero no de las buenas. Y encontramos una carbonera antigua perdida en el bosque, sin camino de conexión. Sí que encontramos un camino de vacas más abajo, pero eso no cuenta.

La vista durante el flanqueo, mirando hacia Ferrús

Por fin salimos en el Tossal, cerca del poste del PR. Bajando hacia la Collada de Peguera, Pep me señala el dibujo medio borrado pero innegable de un camino que va descendiendo, llevándonos directamente hacia mi camino que no le convenció. Segundo objetivo conseguido.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 10,7 km; 590 metros de desnivel acumulado.

P.D. El día siguiente, Pep me llama a casa, eufórico. Ha colocado el track de mi GPS sobre el trazado de los caminos en la Minuta. “Lo hemos clavado”, exclama.

sábado, 7 de septiembre de 2013

Blog in English

You're interested in walking in the Pyrenees, found this blog, been intrigued by what you saw but couldn't understand a word? Not any more! Translations into English of blog entries from April 2010 onwards are now available.

Whether you want to keep up-to-date on the entries as they are published or are interested in a particular entry, you can now write to vic.pepper@btinternet.com and book your Word file.

P.S. If it's a particular entry you're interested in, please specify the walk date.

30/8/2013 – Los teleféricos de Peguera

Después del corto paréntesis del Catllaràs, Pep quiere volver a Peguera donde hay varios asuntos por resolver. Esta salida ha decidido dedicarla a los teleféricos. Básicamente, había dos teleféricos en Peguera: uno que bajaba carbón desde la Mina de Graell hasta el ferrocarril de Cercs y otro mucho más largo utilizado para el transporte de madera desde los bosques de Moripol hasta el mismo ferrocarril, una parte del cual ya seguimos en la salida del 16 de agosto.

Aparcamos el coche cerca de la mina pero en la corta bajada por la pista, Pep se ha fijado en la tierra negra y algo polvorienta y decide que hay que investigar eso. Por lo tanto, los próximos 30 minutos se dedican a recorrer escombreras y antiguas galerías, ahora hundidas, que indicarían una antigua explotación. Sigo a Pep con un ojo en las mariposas que empiezan a despertarse, pero no puedo compartir su emoción ante esas pilas de tierra negruzca.

El cargador de la mina de Graell

Luego, desde el cargador de la mina, vamos siguiendo la hilera de torres, construidas a media cuesta a la izquierda de la pista que baja a Peguera. Cada torre tenía su camino de acceso, ahora medio borrado. Pero en una llamada urgente de la naturaleza, les pierdo de vista y paso 20 minutos esperándoles en la pista. “¿Por qué me habéis abandonado?”, les reprocho. “No te abandonamos; tú te fuiste. Sólo tenías que seguir el camino”, me replica Pep. “¿Qué camino?”, protesto. “Si casi no se ven”. Pero es una discusión estéril y más vale ahorrar fuerzas para subir y bajar esas cuestas rocosas. La línea de torres continúa paralela a la pista de Col d’Hortons hasta que, en cierto momento, deja las rocas para cruzar los campos hacia el antiguo ferrocarril.

Una de las bases de teleférico, colgada entre las rocas

Antes de cruzar el torrente de Peguera, comemos. Ahora toca buscar las torres del teleférico de Moripol que nos saltamos en la salida de hace dos semanas. Nos plantamos en el descargador al lado del torrente y encaramos la cuesta delante nuestro. Es en este momento que empieza una de esas experiencias especiales, quizás similar, salvando las distancias, a lo que debían sentir los primeros exploradores que descubrieron los templos aztecos perdidos en la selva. En una distancia de unos 180 metros y 50 metros de desnivel, contamos 13 pares de columnas con la parte superior inclinada y un espacio horizontal de unos 5-6 metros entre cada columna, como si encima hubiera unos raíles para bajar los troncos de lado. Y arriba de todo, unos edificios y estructuras donde debía haber toda la maquinaria, y un camino que se aleja de todo eso hacia la derecha y la izquierda. 

 Uno de los pares de columnas

 El edificio principal 

Y este extraño arco en una posición desplazada de las columnas

Giramos hacia la derecha, nuevamente hacia Peguera, anotando otras dos posibles torres. Continúa un camino interesante, con derivaciones también interesantes, que decidimos seguir.

Finalmente, salimos en una antigua pista que acaba en una explanada elevada, desde la cual continúa otra pista antigua que muere en una base de puente frente a la Mina del Gorg, la mina que encontramos cerca del molino. Deducimos que sacaron el carbón con carros, cruzando el torrente por un puente de troncos.

El Gorg; la mina está en las rocas a la izquierda

Pasamos nuevamente por el pueblo. Para los que no lo sabéis, toda la finca de Peguera acabó siendo propiedad del Conde de Figols y, a su muerte, la heredó su familia. Sin duda, fue causa de mil discusiones agrias entre hermanos, primos, tíos y sobrinos que nunca pudieron ponerse de acuerdo sobre qué hacer con ese pueblo. Luego un alemán consiguió convencer a un jeque kuwaití que era una buena inversión y puso tanto dinero sobre la mesa que la familia se avino a vender.

Parece que la primera idea del alemán fue crear un centro de aves rapaces pero hubo problemas burocráticos y no prosperó. Pero luego hubo otra idea aún más ambiciosa: convertir la Cantina en un hotel de 5 estrellas y el pueblo en una urbanización de lujo. En plena crisis, todo el mundo, desde el ayuntamiento de Figols hasta la Generalitat, vio un proyecto que traería ese tan ansiado ‘turismo de calidad’, las trabas burocráticas se desvanecieron y se otorgaron todos los permisos necesarios. Desde entonces, por suerte para este entorno privilegiado, ha vuelto a quedar parado por falta de inversores.

¿No os parece un emplazamiento perfecto para un campo de golf?

Mientras caminamos hacia el Graell, intento ponerme en la piel de un especulador sin escrúpulos que no supiera que aquí es donde hay más días nublados en todo el Berguedà, lo duro y largo que es el invierno y lo corto que es el verano y, la verdad, yo también me lanzaría.

Bajando el grau de Graell

Bajamos el ‘grau’ del Graell, un estrecho y algo resbaladizo descenso por un pliegue en la roca seguido de un camino plano por el bosque que nos deja delante del coche. En el viaje de vuelta, Carles, normalmente tan discreto, no puede reprimir un comentario sobre mi comportamiento. “Desde luego, Steve, las dos primeras horas parece que estás en otra galaxia”. Miro a Pep en busca de apoyo. “Es verdad; eres más raro …”. Está claro que soy un incomprendido.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 8 km; 340 metros de desnivel acumulado.

viernes, 6 de septiembre de 2013

23/8/2013 – Una nueva mirada a las minas del Catllaràs

El 12 de agosto, Rosa Colomer, una de los responsables de turismo en el Berguedà, me envió un correo, diciéndome que había pasado mis datos a un tal Josep Maria Coll, que había decidido dedicar una parte de su tiempo como jubilado al estudio de las minas del Catllaràs. Unos días después, la persona en cuestión me contactó y hubo un intercambio de correos, cuyo resultado fue acordar una reunión entre todos en el hotel de Carles para el sábado, 24 de agosto.

Allí nos explicó que había veraneado durante muchos años en el Santuario de Falgars y había quedado intrigado por esos agujeros y estructuras que se veían perdidos en el bosque. Al jubilarse hace un año, había decidido esclarecer todo aquello. Ya había leído mi blog y había quedado maravillado por nuestros conocimientos. A medida que proseguía la reunión, fue sacando carpetas llenas de planos, fotos y mapas y explicó todos los archivos que había consultado. Pero todavía no había conseguido encontrar documentos de la propia Asland, propietaria de la fábrica de cemento y de las minas durante su época de máxima actividad.

Mientras Carles servía cafés a los otros huéspedes, Pep y yo nos quedamos mirando atónitos. Con todo este material que ha acumulado, ¿piensa que nosotros le podemos enseñar algo nuevo? Sería más bien al revés. Sin embargo, Josep Maria nos asegura que le podemos enseñar mucho porque, al no tener formación en la investigación arqueológica, tiene problemas para interpretar lo que ve. Al final, acordamos dedicar el próximo viernes a una nueva visita a las minas del Catllaràs.

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Llego medio dormido al Mikado. Allí están Pep y Josep Maria conversando animadamente. Consumo mi café en silencio, rezando para que haga efecto. Durante el viaje al Xalet del Catllaràs, zarandeado de un lado a otro por los baches en la larga pista desde Falgars, apenas abro la boca, pensando en si debía haber pedido un segundo café. Y para colmo, tiene toda la pinta de ser una salida sumamente académica.

La asombrosa carpeta de Josep Mª Coll fue una obra de consulta constante

Aparcamos en el Xalet. En el edificio al lado, que hace de refugio libre, hay unas personas un poco estrafalarias pero por lo demás inofensivas haciendo unas vacaciones ‘low-cost’. Subiendo por la pista al Roc de la Lluna, Josep Maria muestra a Pep una cisterna enterrada que posiblemente suministraba agua al Xalet y Pep muestra a Josep Maria el final de una tolva a la que llegaba una vía de tren y que ya descubrimos en la salida del 29/7/2011. Intento sin éxito reprimir un bostezo. Volvemos a bajar al Xalet y Josep Maria muestra los restos de un edificio rectangular grande para los trabajadores (nos muestra una foto antigua que demuestra su existencia), perdidos en el bosque bajo el Xalet y cerca descubrimos los restos de un teleférico.

Estado actual del Xalet de Catllaràs

Dejamos el Xalet y empezamos a subir hacia el Roc de la Lluna. Pasamos por antiguas escombreras y zanjas amplias que representan pequeñas minas hundidas, explotaciones de afloramientos. Pep corre de un lado a otro, entusiasmado. “Waypoint, please”, me dice desde un pequeño montículo. Sigo su ir y venir con ojos vidriosos. “Quiero ir a casa”, pienso.

Llegamos al Collet Fred, donde hay el camino plano que va al mirador. “Aquí estaba la vía que iba al teleférico del Roc de la Lluna”, informa Pep. “Un momento, un momento”, interrumpo, ahora más despierto. “¿Desde cuándo sabes que fue una vía? Porque de eso nunca me has dicho nada”. “Hace unos días, cuando volví a mirar el libro de Salmerón”, me contesta. Llegamos al pequeño merendero que, ahora me doy cuenta, tiene una estructura extrañamente escalonada. “Y desde aquí arrancaba el teleférico al Cable”. “¿Y tú lo sabías?”, pregunto a Josep Maria. “Sí, siempre”, y abre su carpeta para mostrar el plano de la vía con la trayectoria del teleférico. “¿Y qué pasa con la vía que sigue bajando al descargador de la tolva?”, pregunto perplejo a Pep. “Es de otra época. Luego te lo explico”, me contesta.  

Continuamos hacia la Sala de Máquinas, siguiendo lo que hoy es una pista y antes una vía de tren. Aquí hay una chimenea, unos cimientos sobre los cuales habría una máquina de vapor y un pozo. Al lado de la pista, una explanada que hoy Pep decide que es el perímetro de un edificio. El próximo paso es bajar a la Mina de Font Freda, que nosotros no conocíamos pero Josep María sí.

Las máquinas de vapor usadas en las minas del Catllaràs tendrían un aspecto similar a esta (foto facilitada por Josep Maria Coll)

Bajando la cuesta, se encuentran nuevos montículos y zanjas, correspondiendo a escombreras y antiguas minas. De hecho, siempre había visto este paisaje un poco parecido a las trincheras bombardeadas conservadas de la Primera Guerra Mundial en Francia pero hasta ahora no lo había sabido interpretar.  Pasamos los restos de una barraca y metida en una pequeña hondonada, tapada por los árboles, está la bocamina de la Mina de Font Freda.

La mina de Font Freda

Josep Maria nos había informado que había visto una argolla clavada en una roca al otro lado del torrente de Font Freda, cerca del camino que viene de la Mina de Moreno. Detrás, están los restos de una torre de teleférico y lo que parece ser un pozo, ahora rellenado de tierra.

Seguimos subiendo por el camino de la Pleta de les Vaques. Anotamos los restos de otro teleférico y, debajo de la chimenea y el pozo de la Pleta de les Vaques, otra zanja, una explanada estrecha y alargada que acaba en la cresta, donde hay los restos de otra torre de teleférico y otra argolla.

Estación superior del teleférico de la Pleta de les Vaques

Ahora estoy plenamente despierto y empiezo a hacerme cargo de la magnitud de los descubrimientos que nos ha ido indicando Josep Maria. Aquí comemos y es aquí dónde Pep me desvela los misterios de las minas del Catllaràs y su relación con el plano en el libro de Salmerón. Pido al lector paciencia y al final intentaré explicarlo todo.

Recogemos todo y subimos por la cresta, pasando por el teleférico  que vimos en la salida del 29/07/2011 y llegando a la chimenea. Aquí hubo otra máquina de vapor, alimentada por una cisterna que, se supone, traía agua de alguna fuente.

Bajamos al otro lado, buscando sin éxito una bocamina que muestra el plano de Salmerón, aunque sí encontramos otra cisterna de función desconocida en un camino ya conocido. Emprendemos el camino de vuelta, pasando por la Font Freda y desembocando en la pista del Xalet de Catllaràs, donde subimos al coche. El grupo en la caseta tiene invitados para comer.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 8 km; 325 metros de desnivel acumulado.

Ahora toca explicar todo lo que he contado en el buen entendido que podrá cambiar si surgen datos nuevos.


El camino seguido por el carbón, tal como se mostró en una proyección vertical y horizontal en el libro de Salmerón, con comentarios y realce del trazado en amarillo por Josep Maria Coll

La imagen arriba está extraída del libro de Salmerón, Els Trens del Berguedà. Josep Maria ha añadido algunos comentarios explicativos en catalán y ha marcado en amarillo el recorrido del carbón. El problema con ese plano es que marca el origen en la mina del Teixó. Con el emplazamiento actual de la mina, hace un dibujo imposible y lo habíamos descartado por inverosímil. Sin embargo, si se omite el nombre de la mina o se cambia a “la mina antigua del Teixó”, todo empieza a encajar.

Empecemos en la zanja debajo del pozo en la Pleta de les Vaques. Esta zanja habría sido una mina. La escombrera fue aplanada y se colocó encima una vía que transportaba el carbón hasta el inicio del teleférico que bajaba hasta el pozo donde había la primera argolla. Desde allí, se bajaba hasta una galería que llevaba el carbón hasta la Mina de Font Freda donde otra galería lo llevaba hasta el pozo de la Sala de Máquinas. Desde allí se elevaba el carbón hasta la superficie, donde había otra vía hasta el cargador del Roc de la Lluna, donde se cargaba en otro teleférico que iba al Cable y de allí al Empalme abajo. Más adelante se construyó el pozo de la Pleta de les Vaques y se alargó el primer teleférico hasta el pozo. Las argollas tendrían tensores para soportar la carga al principio y final del teleférico. En resumen, un recorrido muy complicado forzado por la difícil orografía de la zona.

El teleférico del Roc de la Lluna data de 1912 pero el teleférico del Cable ya existía en 1906. Por lo tanto, en un primer momento, la vía iba desde la Sala de Máquinas hasta el descargador encima del Xalet (juntándose posiblemente con otra vía que venía de la cercana Mina de Arderiu), donde el carbón bajaba por una tolva hasta otra vía (la pista actual) que llevaba el carbón al posible pozo o teleférico que encontramos bajo el Xalet y desde allí al Cable, que está a muy poca distancia en línea recta.

La Mina del Moreno y la mina actual del Teixó probablemente son más modernas y tenían otro método de transporte mucho más eficiente. Desde la Mina del Moreno, el carbón bajaba en teleférico hasta el complejo del Teixó, donde se juntaba con la producción de la Mina del Teixó y, según lo que se cuenta, era transportado por una galería subterránea hasta el Cable.


Las escombreras y restos de minas que encontramos a cada lado del Roc de la Lluna corresponderían a explotaciones más antiguas de afloramientos y vetas más cercanos a la superficie, datando probablemente de finales del siglo XIX.

martes, 20 de agosto de 2013

16/8/2013 – En Peguera otra vez

Pep tiene muchos cabos sueltos en Peguera y nos propone una salida más bien técnica que giraría en torno a dos ejes: el camino de l’Escaleta y el teleférico que venía de Moripol. Además, según el pronóstico del tiempo, habría tormentas fuertes por la tarde y no convenía alejarse mucho del coche.

Mirando hacia el Valle de Peguera con la luz de la mañana. Se ve la torre de la luz y detrás, la Cantina

Aparcamos el coche en el mismo cruce de pistas cerca de la Font de Cal Coix y caminando hacia el pueblo, dejamos constancia de la casa auténtica donde nació Ramón Vila (Caracremada), Cal Peró, poco después de la fuente, al lado de la pista.

Placa conmemorativa en Cal Peró

Y lo que queda de la casa

Subimos al pueblo y pasamos por las ruinas de las casas. Detrás del Roc de Peguera, cuatro montículos con puerta delante y un agujero en el techo, como casas de hobbits pobres, nos recuerdan la importancia del cultivo de la patata en este pueblo. Su nombre en catalán es ‘trumfera’. 

Entrada de una 'trumfera'

Marcamos la entrada del ‘grau’ (ver Glosario) de la Cingle del Griell, un pliegue en la roca que permite subir en línea recta desde la casa del mismo nombre hasta el pueblo sin dar la vuelta de la sierra, y luego cruzamos la amplia zona de cultivo llamada el Planàs hacia el oeste hasta encontrar el camino que sube a la Escaleta. Es aquí donde Carles encuentra el primer ‘rovelló’ de la temporada – un bonito ejemplar.

Pero no puedo deshacerme de cierta sensación de cansancio. Las piernas me pesan, no tienen agilidad, las rodillas me molestan. ¿Será el efecto acumulado de tantos días de calor? ¿Me estoy haciendo viejo? ¿Serán los primeros síntomas de alguna enfermedad degenerativa? Es preocupante.

Pero Pep y Carles no quieren saber nada de mi precario estado de salud y les sigo por el camino hasta la carretera asfaltada, donde damos la vuelta y bajamos, dejando a la derecha el camino que va a Cal Salamó y otra ‘trumfera’ a la izquierda, saliendo finalmente en la pista de Peguera. Encontramos tres pilones de teleférico antes de dar la vuelta en la zona llamada Els Planells. Caminando hacia el pueblo, encontramos otro pilón más.

 
Un detalle de los edificios del pueblo

Hay al menos dos personas más buscando setas cerca de Cal Salamó porque oímos sus gritos. Y el buen tiempo también ha atraído a algunos excursionistas, incluyendo dos familias jóvenes. Primero vienen los papás con algún niño y unos 200 metros detrás, las mamás. Y entre los dos grupos, dos niños pequeños, de 5 y 3 años aproximadamente, parados en el paso canadiense, con los pies entre las barras de hierro, sobre la viga de hormigón que las sostiene. El riesgo de accidente es más que evidente. “No podéis estar así”, les digo y tiendo la mano al más pequeño para ayudarle a salir. “Som de Barcelona”, me dice mientras camina sobre las barras. “Ja es veu que sou de Barcelona”, contesto.

Otra vista del pueblo, con el cementerio y las ruinas de la iglesia en el primer plano

La última tarea del día es seguir el camino que bajaba a las minas desde el pueblo pero por el lado derecho del torrente. Está marcado en la Minuta Municipal y por aquí también bajaba el teleférico de Moripol. Lo encontramos sin mucha dificultad y también el primer pilón. Pero no encontramos más pilones hasta el último, donde el teleférico cruzaba el torrente para conectar con el ferrocarril. Pep quería encontrar sobre todo la Estació de l’Angle, que era donde el teleférico hacía un giro de 90º. Teníamos que haber seguido alguno de los caminos que marchaban hacia la derecha.

Pero no hay tiempo para más. El cielo se ha ido tapando rápidamente desde que dejamos el pueblo. Cruzamos el torrente y subimos hacia la pista de Coll d’Hortons. Anotamos dos pilones más, pero éstos corresponden a otro teleférico, el que venía de la Mina Realidad, cerca de la casa de Cal Griell.

Con los truenos cada vez más cerca, camino por la pista hacia el coche con paso vivo. La letargia de la mañana se ha desvanecido. Carles y Pep me llaman desde unos 50 metros atrás: “¿No estabas tan cansado?”. “Estoy motivado”, contesto. Dejamos los bastones en el coche, apagamos GPS y móviles y vamos a comer en la Font de Cal Coix, que, al ser un antiguo lavadero, tiene techo. El cielo es cada vez amenazador, se escuchan truenos fuertes pero aquí no llueve. Miro hacia arriba y justo donde estamos hay un pequeño círculo azul. Es como estar en el ojo del huracán.

En la Creu de Fumanya caen las primeras gotas. En Sant Corneli, ya llueve fuerte y abajo, en la antigua central térmica, es torrencial, con granizo que rebota sobre el parabrisas.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 8,3 km; 270 metros de desnivel acumulado.

sábado, 17 de agosto de 2013

9/8/2013 – Complicaciones en Pedra

Esta semana, Pep está en Roma con su familia, cumpliendo una promesa. Y nosotros, libres transitoriamente de la disciplina férrea impuesta por Pep, podemos ir donde nos plazca. La zona de la Coma es poca conocida por nosotros. El año pasado, aprovechamos la ausencia de Pep para ir a Pratformiu y la pasada Semana Santa, hice la Caminada Popular de Vall de Lord, que recorrió caminos entre Pedra y Pratformiu, y me había impresionado el paisaje abrupto de las Roques del Minguell, con la Serra del Verd detrás.

Una vez más, Carles tiene que estar detrás del mostrador en el hotel a las 4.30. No tengo mapas a gran escala en papel de esa zona y tengo que fiarme del mapa del Alpina. Mirando el mapa, planifico una ruta que sube desde Pedra a la ermita del Roser, luego flanquea a la antigua casa del Pujol del Racó debajo de las Roques del Minguell y finalmente baja a Pedra pasando por la ermita románica de Sant Andreu y la Torre dels Moros. Parece clara, asequible, no demasiado larga y llena de puntos de interés.

El pequeño núcleo de Pedra

Aparcamos el coche debajo de la iglesia de Pedra, una curiosa fusión de distintas épocas. Pasamos detrás del cerro del castillo y seguimos un camino con marcas verdes y amarillas de la red de senderos de Vall de Lord que va subiendo con una pendiente suave por el bosque hasta el Coll de la Creu con su ermita.

La ermita del Roser

Les Roques del Minguell y detrás, la Serra del Verd

Después de visitar la ermita, continuamos por la pista hormigonada hacia Cal Jepet. Pasado el lugar indicado como “El Grau” (aunque de “grau” no tiene nada porque fue dinamitado para pasar la pista), un poste indicador señala hacia la izquierda para ir a la iglesia de Sant Quirze y Santa Julita de la Coma. Es nuestro camino. Tras visitar la cercana casa de Cal Dam, giramos hacia el sur. El camino va siguiendo la ribera izquierda del Remosoll a cierta altura. Debajo se oye el ruido del agua, encajonada en un estrecho desfiladero. En los campos de Cal Marqueixanes, una casa arreglada de fin de semana, el camino encuentra la forma de bajar y desciende en eses estrechas.

El camino que baja a la riera de Remosoll

Cruzamos la riera e iniciamos el flanqueo de las Roques del Minguell. Aunque es un camino estrecho, está bien conservado y busca un paso entre las rocas. Sólo nos despista un pequeño desprendimiento de rocas pero volvemos a encontrar el camino al otro lado. Es altamente recomendable.

El camino hacia Cal Minguell

Llegamos a los campos de Cal Minguell, con la casa al lado del camino. Carles, como mejor alumno de Pep, sospecha que podría haber un poblado medieval en los alrededores y encuentra un trozo de cerámica. Ya que hemos hecho más de la mitad del recorrido, decidimos comer bajo la sombra de unos robles cerca de la casa. Lo que queda de la ruta no parece tener complicaciones: cruzar los campos de Cal Minguell hasta entrar en una pista al Pujol del Racó y luego buscar una pista bajo esta segunda casa.

Pero aquí es donde las cosas empiezan a torcerse. Un camino engañoso nos mete en una especie de pista/canal llena de maleza que nos sube por encima de la casa. Bajamos como podemos hasta la casa. En su día, habrá sido la gran casa del valle pero ahora está vacía aunque todavía entera. Un poste indicador nos muestra un camino al lado de la casa que baja al lado del torrente, la Ribereta de Pujol, para ir a la Torre de la Vila. Nosotros no vamos a esa torre pero, según mi mapa, tenemos que bajar para cruzar el torrente. Las señales nos empujan con insistencia hacia la izquierda, hacia lo que queda de la torre, pero resistimos su canto de sirena y seguimos bajando en línea recta.

Las galerías de la casa de Pujol del Racó

Entramos en lo que parece ser un camino transversal que nos lleva a un cruce del torrente. Pero hay un problema: las piedras para cruzar están mal repartidas, muchas al principio y casi nada después. Llego a la mitad del caudal y me paro para estudiar la situación. Carles me sigue demasiado de cerca. Entre el objeto inamovible (yo) y la fuerza irresistible (él), la fuerza irresistible opta por cambiar de trayectoria y pone un pie en el agua. Pero conseguimos llegar al otro lado y arranca una pista. La seguimos pero al cabo de unos 200 metros, se convierte en un camino y al cabo de 200 metros más, en nada. Lo lógico sería volver atrás y volver a cruzar el torrente pero me resisto a enfrentarme otra vez a esas piedras. Saco el Alpina.

“Según esto, tenemos que subir”, digo. Subimos sin camino por el bosque y para gran sorpresa nuestra, entramos en un camino de categoría indudable pero horriblemente tapado. “¿Será esto que mostraba el Alpina?”, me pregunto. Lo seguimos. Va siguiendo el valle hacia la Coma en ligero descenso, entrando en los barrancos y saliendo a las crestas, estrechándose para bordear aristas rocosas. “Esto de línea recta nada”, pienso. “O me equivoco yo y se equivoca el Alpina. Y además hace décadas que no viene nadie por aquí”. Empieza a hacerse tarde pero estamos comprometidos y seguimos. Salimos a una cresta despejada con la Coma a la vista. Buscamos la forma de bajar hacia la riera entre la Coma y Pedra. Finalmente, llegamos a la casa de Cal Borrec. Subimos por la pista que va al Pujol del Racó para buscar un cruce de la riera marcado en el Alpina. Lo encontramos y subimos por el Obaga de Borrec por un camino interesante pero no tenemos tiempo de entretenernos. Pasamos por la casa de Cal Bernat y 15 minutos después estamos en el coche. Son las 4.30.

Aconsejo a Carles a avisar a su mano derecha en el hotel para que no sufra y a las 5.15, Carles por fin llega al mostrador. Al bajar el track al ordenador, veo que hemos pasado a poca distancia todo lo que nos proponíamos ver. Incluso vimos (y dejamos) caminos que nos habrían bajado directamente a nuestros objetivos; estuvimos a menos de 100 metros del Cementerio Viejo. Como dato positivo, hemos descubierto lo que probablemente es un camino olvidado de Pujol del Racó a la Coma.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 10,3 km; 600 metros de desnivel acumulado.

miércoles, 14 de agosto de 2013

4/8/2013 – Ensija

La semana pasada, mientras caminábamos bajo la cara sur de Ensija, reflexioné en voz alta que todavía no había ninguna entrada en el blog para Ensija. El problema es que recorrimos la sierra en todos los sentidos hace unos 4 años y todavía no habíamos encontrado motivos para volver. Pero el Señor obra por caminos misteriosos (nunca mejor dicho) y al cabo de unos días recibo un mail de Josep María preguntándome si quiero ir a Ensija.

“Vale”, le digo, “pero subiremos por el Barranc de les Llobateres”. La subida clásica es desde la Font Freda pero es una subida pedregosa, empinada, incluso aburrida, y expuesta al sol en todo el trayecto. La única ventaja que tiene es que es una línea casi recta hasta el refugio.

El Barranc de les Llobateres es una ruta señalizada que arranca desde la carretera, unos 700 metros más hacia Vallcebre. Es un barranco que llega hasta arriba; pasas la mayor parte en la sombra, resguardado del sol, y al tener cierta sinuosidad, es más ameno. Por lo tanto, es de lejos la mejor opción en verano. Y mucho menos concurrida.

Ganando altura en el Barranc de les Llobateres

Empieza como una pista. A medida que el valle se estrecha, se convierte en un camino amplio. Luego se aparta momentáneamente del fondo del valle y, cuando vuelve a entrar, ya es un sendero estrecho que sube por una especie de desfiladero.


El valle se estrecha

Tras recorrer 1,5 kilómetros y unos 350 metros de desnivel, el valle se ensancha brevemente, formando un pequeño prado con su ‘pleta’ y luego se divide. La ruta señalada hacia la derecha sube el Barranc d’Ensija, desembocando a unos 300 metros del refugio. La otra ruta continúa recto y sale bajo el Serrat Voltor, con el Serrat dels Bous, a cuyo pie está la Font dels Coms, a la vista. Es el extremo oriental de Ensija.

Mirando hacia el Cap del Llitzet

Tenemos unas vistas inmensas, con el valle de Peguera (el pueblo está escondido detrás del Roc de Peguera) y los Rasos de Peguera al sur y Pedraforca y el Cadí, el Moixeró y, detrás, el Pirineo al norte. En la subida, sólo vimos un corredor y un grupo familiar que venía bajando. Pero una vez arriba vemos varios grupos de personas que van deambulando por los prados.

Una parte del panorama desde la Creu de Ferro, mirando hacia Vall d'Ora

Empezamos a caminar hacia el oeste, subiendo a la Creu de Ferro, bordeando el Pla de les Tores, y llegando finalmente a la planicie central en cuyo extremo se encuentra el refugio. Vemos un grupo de parapentistas intentando ganar altura para pasar por encima de la sierra. Yo ya había tenido suficiente pero Josep Maria quería subir a la Gallina Pelada o Cap del Llitzet. La vez anterior que había subido, toda la sierra estaba envuelta en nubes y no pudo ver nada. Así que me sacrifico y hago otros 150 metros de desnivel bajo un sol de justicia.

 Un grupo de cabras, y detrás el Cadí

El refugio, con Pedraforca y el Cadí a la derecha

Tras las fotos de rigor, bajamos al refugio y comemos en la sombra creada por el propio edificio. Como sabrán mis lectores asiduos, Josep Mª es insensible al frío (pero hipersensible al calor) pero yo sí que empiezo a notarlo y entramos en el refugio para tomar un café. Los guardas son una pareja joven. Hay una familia joven que ha decidido almorzar allí.

Ensija siempre ha tenido que hacer una competencia desigual con su vecino de enfrente, Pedraforca, y está claro que el refugio de Ensija no tiene la afluencia del refugio Lluis Estasen. Pero animaría a los que suben a Ensija a por lo menos tomar un café o un refresco en el refugio.

Aquí desemboca la subida por el Barranc de les Llobateres y el Barranc d'Ensija

Bajamos por la ruta clásica de Font Freda. Durante la primera parte tenemos delante el valle de Saldes y Pedraforca, con el Cadí detrás pero el camino deja los prados y entra en el Torrente de la Font d’Ensija. A partir de aquí, está fuertemente erosionado, con mucha piedra suelta y los patinazos están al orden del día. Prestando mucha atención, llegamos abajo sin percances.

Bajando por Les Planelles, con Pedraforca delante y el pueblo de Saldes abajo

Al llegar con el coche al cruce de la carretera de Saldes con la carretera de Guardiola, vemos a un hombre con una mochila enorme haciendo autostop. Paro el coche y lo subimos. Resulta que es uno de los que vimos haciendo parapente. Él aterrizó en Gósol, otro aterrizó en Bagà y aún queda un par que están volando.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 11 km; 740 metros de desnivel acumulado.

sábado, 3 de agosto de 2013

26/07/2013 – La Font del Pi

Al final de la salida de la semana pasada, había pedido a Pep que fuéramos a la Font del Pi, ya que siempre la había visto de lejos. La Font del Pi es un pequeño núcleo de casas en el límite de Peguera yendo hacia Llinars. Destaca por su fuente y haber sido el lugar donde nació uno de los últimos maquis de Catalunya, Ramón Vila Capdevila o Caracremada, que murió acribillado en 1963.

Durante la semana, se ve que Pep y Carles han estado hablando porque Carles llega con los caminos de la Minuta de Figols descargados al GPS. Había dos que interesaban especialmente: el camino de Peguera a la Font del Pi y el camino llamado del Grau de la Escaleta, que enlazaba con el camino que iba de Fumanya a la Font del Pi y que pasaba al norte de Peguera.

Hoy va a ser una salida eminentemente técnica. Y el hombre del tiempo había pronosticado calor. Dejamos el coche en la carretera nueva detrás del Serrat de les Eres, cerca de donde vendría el Camino del Grau de la Escaleta. El tramo de bajada a Cal Salomó, no lo acertamos a encontrar y seguimos el track del GPS sin camino claro hasta el empalme con el camino de Fumanya en un collado.

Bajamos la pista hacia la Font del Pi. Anotamos un camino a la derecha que Pep ya conocía y que accede a una zona de carboneo bajo Ensija. Siguiendo el track de Carles, concluimos que el camino antiguo de Fumanya básicamente sigue el trazado de la pista actual.

Nos desviamos por una pista que lleva a la casa de Ferrús, pasando por la Font de la Bruixa y la Font de la Teuleria. Con la imponente Roca Gran de Ferrús detrás, la casa es del siglo XVIII pero en salidas anteriores, hemos encontrado pruebas de que el lugar era ocupado en épicas muy anteriores.

Pep aún puede recordar cuando era camino, que la pista se encargó de destruir. Hace unos años, nos pareció ver un intento de arreglar los accesos a la casa. Quizás alguien quería reconstruir la casa como refugio para pasar la noche en la larga etapa de Berga a Gosol en el Camí dels Bons Homes, yo había especulado. Sea como sea, la cosa no fue a más y la casa sigue en ruinas.

Las ruinas de la casa de Ferrús con la Roca de Ferrús detrás. En el fondo, se ve el collado de l'Estret por donde pasa el Camí dels Bons Homes

Desde la casa de Ferrús, el camino señalizado sigue subiendo a l’Estret y luego hace un flanqueo bastante espectacular hasta el Portet, en el extremo occidental de Ensija. Es altamente recomendable pero hoy nuestro destino es otro. En ocasiones anteriores, habíamos visto algún camino que parecía bajar desde el Cap del Llís, encima de la casa. Sin embargo, Pep quería ver si había otro camino que bajaba directamente desde la casa hasta la Font del Pi. El resultado: hacemos toda la bajada sin camino porque no lo hay.

Llegamos frente a la casa de La Plana, casa donde nació Caracremada, según la placa en la fachada. 

 La casa de La Plana con los contrafuertes de Ensija detrás

Y la placa conmemorativa

El calor empieza a agobiar. Detrás vemos un camino que sube hacia Ferrús. Lo seguimos unos 200 metros para confirmar que es el camino bueno, damos la vuelta y bajamos hacia la casa del molino, todavía habitable y detrás, la Font del Pi, una surgencia abundante que brota de la tierra.

Un detalle del Molino de La Font del Pi. La depresión a la derecha corresponde a la balsa del molino

Después de comer, subimos por un camino ya conocido, el camino de Font del Pi a Peguera, que pasa al lado de los restos de una casa construida dentro de una ‘bauma’ o hueco en la roca. Este camino cruza el Reguer de l’Areny y entra en la pista de Fumanya. Hasta aquí llega lo marcado en el mapa del Alpina. Sin embargo, ahora, gracias al track de Carles, vemos cómo va cruzando las curvas de la pista y luego continúa bordeando la riera hasta empalmar definitivamente con la pista ya cerca del Coll dels Terrers.

Un detalle de la casa de La Bauma, incrustada en la roca

Esta pista continúa hasta Peguera pero nosotros lo dejamos para subir hacia el coche. En la última subida, antes de pasar lo que era el Grau de la Escaleta, Pep ve un camino que baja a la derecha. Carles y Pep lo siguen un rato y confirman que es el camino que sube desde Cal Salamó. Y volvemos a casa. Ya os había advertido que era una salida técnica.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 9,6 km; 410 metros de desnivel acumulado.

P.D. (12/8/2013): Después de una corta correspondencia (ver los comentarios abajo), ha quedado establecido fuera de toda duda que la placa conmemorativa en La Plana es un error y que Ramón Vila nació en Cal Peró en el núcleo de Peguera.

miércoles, 24 de julio de 2013

19/7/2013 – Las minas de Peguera

Hoy Carles tiene que estar a las 4.30 detrás del mostrador de su hotel y Pep tiene que madrugar mañana para un largo viaje, lo que obliga a buscar una salida cerca de casa. Propongo volver al pueblo abandonado de Peguera ya que, a pesar de haberlo visitado unas cuantas veces, aún quedan muchas cosas por ver allí.

Concretamente, las fotos antiguas muestran un edificio al lado del plano inclinado nº 4, frente al Cargador del Grau. Se ve un edificio bastante sólido pero nunca lo había visto a pesar de haber estado muchas veces en las inmediaciones. Al ver la foto, la tentación es convertirlo mentalmente en el propio cargador pero, después de examinar objetivamente cómo está situado en el paisaje, hay que admitir que no puede ser.

Dejamos el coche en la bifurcación de pistas, una que va al Coll d’Hortons y la otra que va al núcleo del pueblo. Con las tormentas de tarde, está todo muy verde y bucólico. Hay unas cuantas vacas pastando pero con tanto prado, no dan abasto y aún quedan extensas zonas sin tocar, repletas de flores. 

La pista que va al pueblo de Peguera, cerca de la Font de Cal Coix

Pero aunque hoy puede parecer un paraíso natural, que nadie se engañe; si sus habitantes se marcharon en los años 50, era para buscar una vida mejor, huyendo de los largos y gélidos inviernos y la miseria reinante.

 Vista parcial del pueblo de Peguera

Y la misma vista cuando las casas aún estaban en pie (Foto extraída del libro "Relleu fotogràfic de les mines del Berguedà")

El famoso excursionista Cesar August Torras de principios del siglo XX hablaba de un hostal en Peguera pero aconsejaba ir bien aprovisionado porque allí nunca tenían comida. Nosotros le hemos hecho caso y llevamos bocadillos, fruta, nueces, agua y una botella de cerveza inglesa, la muy preciada Dedo del Obispo.

Orquidea cerca del agua

Tomamos primero la pista hacia el pueblo y al llegar al cementerio, buscamos la forma de llegar al torrente, el Barranc dels Graus, ya que Pep había oído que había una bocamina colgada encima del torrente. Al final la encontramos, un agujero hecho en la roca, con otro agujero al lado (¿el polvorín?). 


Entrada de la mina cerca del molino

A partir de aquí, vamos a los restos del molino, cuyo canal parece que quedó aniquilado por las obras de la mina corriente arriba. Luego vamos ajando el valle, visitando por orden la torre de luz, la Cantina, la mina Pepita, desde donde arranca la vía de tren, la mina Porvenir, el edificio con los antiguos pisos y el Portell, que marcaba la entrada al complejo minero. Pasamos un grupo de ciclistas haciendo el circuito de Rasos de Peguera. “Falta poco”, les digo para animarles. Tanto yo como ellos sabemos que es mentira.



La torre del transformador que suministraba electricidad generada por una máquina de vapor a las otras instalaciones


 La Cantina, donde estaba la sede administrativa de las minas y la casa del gerente


La entrada de la mina Pepita. Hoy sólo se ve una zanja amplia con un pequeño agujero al final. Detrás, el cerro de Peguera donde estaba el pueblo y a la izquierda se intuyen los edificios de la Cantina. Esta foto permite apreciar el desastre ecológico que debía suponer la minería para esa zona. (Foto extraída del libro "Relleu fotogràfic de les mines del Berguedà")

 Entrada de la mina Porvenir

 Y el inicio de la galería

 El Portell, entrada del complejo minero

Continuamos por la pista de Coll d’Hortons hasta el inicio del Plano Inclinado 4, que bajamos. Tras algunas dificultades, llegamos abajo al torrente, con el cargador delante y a un paso del camino señalizado dels Bons Homes. Y allí perdido en los árboles, vemos una superficie plana; es el suelo de la planta baja y todo lo que queda de la Casa dels Graus. Las veces que hemos pasado al lado y nunca se nos ha ocurrido echar un vistazo.

 Lo que queda hoy de la casa dels Graus

Y cómo era, con el plano inclinado al lado. (Foto extraída del libro "Relleu fotogràfic de les mines del Berguedà")

Almorzamos encima del cargador. Hacia Ensija, el cielo se va tapando e incluso caen algunas gotas. Al final, decidimos poner rumbo al coche, subiendo por la pista. Con el calor de la tarde, las mariposas han salido y me entretengo a intentar fotografiarlas. Pasamos por el camino que va a la Creu de Fumanya. Yo no lo he seguido nunca pero Pep lo ha subido muchas veces. Así que Carles y yo nos desviamos para seguirlo y Pep nos esperará en el Pla de la Creu de Fumanya con el coche. Sigue una subida ingrata en línea recta que nos deja en el Collet Mercadal, bastante alejado del coche. Todo eso sugiere una red de comunicación que estaba montada al margen de la actual red de carreteras y habrá que investigarla.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 7,8 km; 350 metros de desnivel acumulado.

P.D. Hoy (24 de julio), hay un extenso reportaje de dos páginas en La Vanguardia sobre el declive en toda Europa de las poblaciones de mariposas. Se atribuye sobre todo a la pérdida de diversidad paisajística y la homogeneización de hábitats y, concretamente en la zona mediterránea, a las prolongadas sequías. En las zonas por donde caminamos, aún hay una relativa abundancia, al menos fuera de los bosques, pero soy consciente de vivir en una burbuja ecológica que no refleja la tendencia dominante.


 Algunas de las mariposas que pude fotografiar aquel día. Aquí, Vanessa cardui (Painted lady).

 Coenonympha arcania (Pearly heath)

 Brenthis daphne (Marbled fritillary)

Melanargia lachesis (Iberian marbled white)