Aquí relato nuestras salidas por los caminos del Berguedà y comarcas vecinas. Como lo pasamos muy bien, queremos comunicar sobre todo buen humor y alegría pero también tiene un fondo muy serio: el camino como bien patrimonial, pieza esencial para entender la historia y digno de conservación. Es nuestra misión desde hace más de 15 años.



lunes, 13 de abril de 2026

10/4/2026 – Regreso a l’Albiol

Una vez acabada la pausa obligada por Semana Santa y mientras no vuelva Pol, siempre quedan barracas que buscar. “Primero, unas barracas que quedaron sin visitar en El Puig, luego subir al Cap del Grau, bajar al Torrent de l’Albiol, subir al Replà y luego bajar por el Torrent del Mal Pas”, enumera Pep con entusiasmo en el nuevo Mikado, ahora llamado L’Oreneta, con un ambiente mucho más cálido. “Casi nada”, pienso con resignación.

Aparcamos en nuestro aparcamiento habitual cerca de la Font del Castell en Sant Julià de Cerdanyola y cruzamos el pueblo. Esta vez tomamos el camino de la piscina, antiguamente llamado Cinturón de Ronda por la gente que subía los fines de semana al pueblo, y luego casi enseguida enfilamos un camino que sube en dirección sureste hacia los campos en las sierras.

El camino que sube desde el pueblo

La primavera ha estallido desde la última vez que estuvimos aquí: cantan los pájaros, brotan hojas y flores y los campos del valle central lucen un verde intenso. Además, el camino sube con una pendiente suave y la temperatura es confortable. Todo inclina a disfrutar del momento pero Pep no tarda en desviarse por las terrazas en busca de barracas. A medida que entramos en el bosque, aparecen múltiples signos de los estragos producidos por los recientes temporales de viento, en forma de pinos tumbados que nos obstaculizan el camino.


Vista del valle central de Sant Julià

Con la eficacia que les caracteriza, Pep y Carles encuentran rápidamente las barracas que buscaban y ponemos rumbo al tramo final de la Vía, que acaba en el Cap del Grau. Ya con los bancos del Grau a la vista, viene una pareja caminando en el sentido contrario. Tras los saludos protocolarios, de repente nos reconocemos. Resulta que llevaron el bar durante una temporada en los años 90, cuando yo era uno más de los que subían al pueblo los fines de semana desde la gran urbe. Después de constatar la cantidad de años que han pasado y las edades de nuestros respectivos hijos, decido abordar el tema que más me angustia cada vez que vengo a Sant Julià: “¿Dónde se puede tomar un café aquí? Ya no quedan bares”. El Centro Cívico en el edificio del Ayuntamiento es el único lugar que sirve café, me explican, y abre a partir de mediodía.

Cuando atrapo a Carles y Pep, están sentados en los bancos con los mapas abiertos y miradas serias. “Hay un problema”, dice Pep. “El límite municipal pasa por el fondo del valle del Torrent de l’Albiol, luego sube por el Torrent del Mal Pas hasta la cresta. La Baga del Collet y El Replà quedan dentro del municipio de Guardiola y fuera de nuestro ámbito de estudio”. “Bueno, durante muchas décadas, Sant Julià estuvo integrado en el municipio de Guardiola”, digo en un intento de flexibilizar posiciones. Pero Pep es inamovible: “No puede ser. Si no somos serios, acabaremos en el caos”. En el fondo, me alegro. Ya me parecía muy ambicioso su plan.


El camino que baja al Torrent de l'Albiol

Seguimos el camino que baja al fondo del valle, que es una delicia. A cada lado, hay bancales perdidos en el bosque, con fuertes pendientes. “Tengo una barraca marcada más abajo”, dice Carles, consultando el mapa en su teléfono.

Llegamos abajo frente al límite municipal. Al otro lado, una pista, ya en Guardiola. “Si hubiera una barraca aquí delante, ¿qué haríamos?”, pregunto maliciosamente. “Nada”, contesta Carles taxativamente. “Ni mirarla”.

“Pero al menos vamos a dejar constancia de la Font de la Baga”, propone Pep. Llegamos a la fuente, perdida en la vegetación. Aquí yo tenía marcado en mi mapa un par de caminos de unas salidas de hace muchos años, incluido uno que subía al Replà. Pero con las talas de bosque y la extensión de una pista, todas las referencias han desaparecido y veo que habría que partir prácticamente de cero.

Volvemos a cruzar el torrente y Pep y Carles empiezan a buscar la barraca. Voy donde está Carles. “Según mi teléfono, la barraca está aquí”, me dice. Miro a mi alrededor: solo bancales y árboles, y un camino muy tenue que baja en diagonal. Mientras Carles va haciendo círculos concéntricos alrededor mío, me quedo plantado comiendo nueces y escuchando pájaros. Ya me llamarán si la encuentran. Por su parte, Pep va subiendo y bajando en zigzags verticales. Pero con el mismo resultado: nada.


La vista en un tramo despejado del camino desde el Grau, siempre con Pedraforca dominando el panorama 

Al final renuncian y volvemos al camino del Cap del Grau, con pequeñas excursiones para mirar otros campos aterrazados. Nada. Comemos en los bancos del Cap del Grau, con el agua del canal de riego que baja alegremente delante nuestro. 


Pep y Carles repasan fracasos y éxitos en el Cap del Grau

Hace calor y el pino detrás de los bancos proporciona una sombra imperfecta. A este ritmo, la próxima salida se hará con protección solar.


La bajada al lado del canal de riego

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 5,6 km; 195 metros de desnivel acumulado. Carles y Pep algo más.