“¿Has
actualizado los mapas?”, pregunto a Pol nada más entrar en el bar. Pol hace un
gesto indeterminado con la cabeza que interpreto como un sí. “Bien”, pienso
aliviado. “Parece que mis mapas estarán en buenas manos”.
“Por
cierto”, digo entre sorbos de café. “¿Habéis leído el blog?”. “Sí, sí”,
contestan. “Todo el rato hablando de teleféricos pero no hay ni una sola foto
de una base de torre”, critica Pep. “Y la foto de la bocamina de l’Ínsula es
diminuta”, añade Carles. “Bueno, si creéis que lo haréis mejor…”, empiezo. “No,
no”, se apresuran a decir. “Son puntos menores”, puntualiza Carles. “Para
mejorar”, dice Pol. “De buen rollo”, concluye Pep.
Aparcamos en
la carretera de La Nou, al lado de la pista que va al Molino de La Nou, ahora
dedicado al turismo rural. Llegamos al Torrente de La Nou, anotando un camino
que sube al molino. Si no hubiera llovido tanto, cruzar la riera sería un
pequeño divertimiento. Pero ahora tiene una profundidad de unos 40 cm, 2 metros
de ancho y hay que usar piedras para cruzarla.
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| El Molí de La Nou y el Santuario detrás |
Pep pasa
primero, sonriendo como Trump cuando le dieron la medalla del Nobel de la Paz
cuando llega al otro lado. El siguiente es Pol, que lleva los mapas. Pero antes
de pasar, Pep le hace parar. “Tú puedes caer al agua pero los mapas no”, le
advierte, y le hace pasar los mapas. No los soltará hasta acabar la salida.
Tanto Pol como Carles cruzan sin novedad y llego yo el último. “¿Por qué
siempre espero al final cuando las piedras estarán mojadas y resbaladizas por
el paso de botas?”, me pregunto. Me acerco al agua y planifico la ruta: Un paso
un poco largo a una piedra grande con arista, luego un giro de 45º a la
izquierda a una piedra pequeña, otro giro de 90º a la derecha a otra piedra
pequeña y un salto y me planto al otro lado.
Subimos la
pista hacia la Collada de Vinyoles. Una escombrera con varias bocaminas
hundidas y, encima de la escombrera, un megaspa para jabalís, con baños de
fango, troncos para rascarse y, a unos 10 metros, una piscina para acabar de
eliminar los parásitos. Todo un lujo.
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| Vista parcial del spa de los jabalís |
Seguimos
subiendo. Más escombreras, una cabaña y, al otro lado del torrente, la base de
un teleférico. Cuando llegamos a la Collada de Vinyoles, hacemos un flanqueo
hacia el norte hasta llegar a la base y luego seguimos un camino, que
proponemos como el camino de Vinyoles al molino, hasta llegar a la casa de
Vinyoles.
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| Subiendo la pista a la Collada de Vinyoles |
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| Y la base de teleférico cerca de la casa de Vinyoles. |
Ahora Carles
tiene una línea que puede proyectar desde esta torre de Vinyoles hasta las
bases que visitamos hace dos semanas para buscar las plataformas intermedias.
Cruzamos la Collada de Vinyoles, nos situamos en la línea y empezamos a subir.
Anotamos tres plataformas de teleférico más hasta cerrar la línea con la
primera base que encontramos, la que aún tenía pernos clavados en la roca.
Pero esto no
es todo. Resulta que Carles ha visto en los antiguos mapas de 1:50000 que hay
una casa arriba de la cuesta llamada La Costa. Vemos un camino que sube y lo
seguimos. Lleva a una carbonera, luego a otra, y luego, ya más tapado, a los
restos de una barraca. Aquí se pierde. Pep y Carles han ido adelante mientras
me quitaba la chaqueta; solo Pol se queda conmigo. La vegetación nos empuja
cada vez más hacia el borde y acabamos subiendo una cuesta pedregosa con el
abismo a 2 metros a nuestra izquierda. Cuando llego arriba, Carles y Pep se
encuentran en una plataforma estrecha con vistas panorámicas pero ninguna casa.
Si apenas cabemos nosotros, ¿cómo va a haber una casa? “El mapa lo habrá puesto
en el lugar equivocado”, concluye Pep, e inicia la bajada.
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| La vista hacia el norte desde el punto más alto de la Costa de Viladomat |
Encontramos unas
marcas de color azul oscuro que habrán pintado los cazadores, que luego se
convierten en un camino cada vez más claro que, tras medio kilómetro de recorrido
y 150 metros de desnivel, desemboca en un claro. Me paro y miro a mi alrededor
y veo un perno clavado en la roca, y además, las piedras parecen dispuestas de
modo de formar una especie de cuadrado, y luego, mirando con más detalle, veo
otro perno. Los demás han continuado sin parar. ¿Cómo es que no lo han visto?
“¡Pep! ¡Tienes que volver!”, grito. “Aquí hay otra base de teleférico”. Desde
muy abajo, oigo a Pep que me dice: “Es la tercera vez que pasas por esa torre
desde que venimos aquí, y la segunda vez hoy. ¡Date prisa!”.
Vuelvo a
mirar el perno. Recupero la orientación y todo vuelve a ponerse en su sitio. Bajamos
la pista, volvemos a cruzar el torrente en el sentido contrario y subimos al
coche. Ahora, Pep aparca en el aparcamiento del Santuario. Quiere buscar el
“limpia”, el lugar donde se limpiaba el carbón que bajaba de la Mina Ínsula y
se quitaban los estériles.
Subimos por
los campos hasta encontrar un camino debajo de Cal Lledoner que pasa por encima
de una zona llana (ahora un campo) y un antiguo canal de agua. Pep lo considera
la posible ubicación del limpia. Cruzamos el torrente y subimos a la Mina de
Cal Patzí (hundida), con su poste informativo, y aquí comemos. Hoy es un día
soleado y hace una temperatura relativamente benigna.
Para la
vuelta, bajamos un camino ancho que va paralelo a la riera. Por la pendiente y
la anchura, podría ser una vía. Por arriba y por abajo, hay escombreras
extensas, presumiblemente procedentes del limpia y, en la curva de la carretera
donde está la Font del Sàlic, una zona aplanada con huecos excavados sugiere la
ubicación de la estación de carga y la sala de máquinas que impulsaban nuevamente
el teleférico hacia el Llobregat y el ferrocarril.
De vuelta en
el aparcamiento, Pep entrega sigilosamente los mapas a Pol y, en voz baja y en
catalán, como si yo no iba a entenderlo, le dice: “No los dejes en el maletero
otra vez. Ya van 2 salidas”.
Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 6,2 km; 325 metros de
desnivel acumulado.
PD. En casa,
decido investigar el tema de la casa La Costa. En los antiguos mapas de
1:50000, efectivamente, marca La Costa con un cuadrado rojo, que es el símbolo
para una casa. Sin embargo, estos mapas copiaron mucho de las Minutas
Provinciales de los años 20 y en la Minuta de La Nou, el topónimo La Costa se
acompaña de un triángulo negro, que indica una cima. Por lo tanto, algún
despistado en los años 30 copió mal la indicación y el error se fue perpetuando
a lo largo de las distintas versiones. Misterio resuelto.